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TODAS  IBAMOS A SER REINAS - Extracto

Estudio sobre nueve mujeres embarazadas que fueron detenidas y desaparecidas en Chile  - Serie Verdad y Justicia - Volumen 1 - CODEPU  - 1990


CECILIA BOJANIC ABAD.

 

Cecilia era la mayor de 3 hermanos. Su padre, Andrés Bojanic era empleado en la Farmacia Bristol de Providencia y su madre Eliana Abad, dueña de casa.

 

Cecilia nació el 7 de mayo de 1951. Desde chica tenía gustos mar­cados por el dibujo, la pintura, e incluso llegó a escribir dos o tres cuen­tos que su madre guarda celosamente. Siempre participaba o era la que organizaba los actos culturales de su colegio. Era además muy sociable. Por dificultades económicas de su familia debió terminar sus es­tudios secundarios en una escuela nocturna. Por esa época tomaba cla­ses de canto. “Tenía una gran sensibilidad frente a la pobreza, siempre es­taba tratando de ayudar a los niños más necesitados. La injusticia la de­sesperaba. Fue en el liceo donde conoció a Flavio”, quién era “brillante y generoso”. Se casó con él a los 20 años, la madre de Cecilia dice que ellos:“llevaban una vida humilde y eran felices en su sencillez’.

 

Cecilia trabajaba como secretaria. Primero en una empresa de publicidad y luego, al momento de su detención, en el laboratorio San­doz.

El día 2 de Octubre de 1974, individuos armados llegaron a la ca­sa ubicada en la calle Paraguay 1156 de la comuna de la Granja, donde vivían Flavio, Cecilia y su hijo Leonardo de un año y medio de edad. Los individuos luego de allanar la casa y al no encontrar a Flavio secuestra­ron a Cecilia y a Leonardo. Ella alcanzó a gritar a una vecina “dile a mi mamá que no sé cuando vuelva que no alcancé a lavar la ropa del niño”.

Su madre relata: “al día siguiente al ir al departamento, encontré las tazas servidas, el pan y el café y la mamadera que Leonardo no tomó. Además un gran desorden en toda la pieza”.

 

Los secuestradores, dos individuos vestidos de civil, en el mo­mento que huían con Cecilia y su pequeño hijo, se encontraron con una vecina en un pasadizo que separaba a ambas casas y la amenazaron con una pistola diciéndole: “usted no ha visto nada”.

Luego del rapto de madre e hijo, que fueron introducidos en un automóvil, los secuestradores se dirigieron a la casa de la hermana de Cecilia, Jimena Carolina, a buscar a Flavio Oyarzún. Este se encontra­ba en la casa de una vecina de Jimena Carolina siendo allí detenido. La señora Mary Walter, relatará más tarde estos hechos.

Todos estos hechos fueron detallados en la denuncia por el se­cuestro de Cecilia y Flavio, interpuesta un tiempo después por la madre de Flavio, señora Herminia Soto Almocid, C.I. No: 33.602 de Puerto Ayes, ante el Cuarto Juzgado del Crimen de Mayor Cuantía de Santiago, Causa Rol 9.746. En ella, doña Herminia declara: “el día 2 de Octubre de 1974, alrededor de las 6 de la tarde dos individuos, vestidos de civil y ar­mados y que, según presumían personas que los vieron, serían de los Servi­dos de Inteligencia, llegaron hasta el domicilio ya indicado del matrimonio ya individualizado y a viva fuerza, apoyándose en las Armas que por­taban y exhibían y aprovechándose de la superioridad de su sexo, procedie­ron a secuestrar a mi nuera y a mi nieto Leonardo Oyarzún Bojanic, de só­lo año y medio de edad”.

 

“Los secuestradores o aprehensores, que en ningún momento se identificaron, incluso en el momento que huían y ya habían sustraído al menor y a su madre, se encontraron en un pasadizo que separaba la casa de mi hijo con la casa colindante, con una vecina a quiénes amenazaron diciéndole: ‘usted no ha visto nada’. Esta vecina, que naturalmente esta muy asustada y que no ha sido posible que me diera su individualización completa, aún vive en la misma dirección, calle Paraguay No 1340, para­dero 22 de Santa Rosa, en esta ciudad”.

 

“Esa misma tarde estos individuos llevaron a mi nuera Cecilia Bo­janic, a casa de una hermana de ella (se refiere a doña Jimena Carolina Bojanic), en donde procedieron a aprehender o secuestrar a mi hijo, Fla­vio Arquimides Oyarzún Soto, ya individualizado, llevándoselo junto con su esposa a un lugar no precisado. El menor Oyarzún Bojanic fue devuel­to el mismo día en que fuera sustraído. Sin embargo a sus padres aún se les mantiene privados de libertad y ocultos”.

 

En el mismo proceso comparece, además doña Mary Walter Ar­mijo, domiciliada (al igual que la hermana de la afectada) en Plaza Sanfuente No 252, de las Condes quien declara a fs.14: “..fui testigo presen­cial de la detención de Flavio Oyarzún, hecho que ocurrió el día 2 de Oc­tubre de 1974 y mientras éste se encontraba de visita en mi domicilio. Lle­garon ese día dos personas vestidas de civil, las cuales traían detenida a la esposa de Oyarzún y al hijo de ambos, de meses de edad. Estas personas no se identificaron y solamente se limitaron a entrar y sacar a Oyarzún desde mi domicilio en calidad de detenido”.

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CECILIA BOJANIC y Flavio Oyarzún fueron detenidos el 2 de octubre de 1974, y luego fueron conducidos a la casa de José Domingo Cañas No 1369-1349 de la Comuna de Ñuñoa, centro de reclusión de la DINA, entre los meses de agosto y noviembre de 1974. En los días pos­teriores al golpe esta residencia fue utilizada por la Embajada de Pana­má, para alojar asilados. Al ser desocupada, fue tomada por la DINA. En la actualidad es un albergue de menores.

 

En este centro secreto operaba el Capitán de Ejército Marcelo Moren Brito y el Teniente Miguel Krasnoff Marchenko, alguien cono­cido como “Teniente Pablito” (‘Teniente Pablito” era el apodo que usaba el Teniente del Ejército Fernando Adrian Laureani Maturana) y también el Grupo Halcon 1 a cargo de “El Troglo’. Es posible que un hombre al que decían Capitán Maxy cu­yo nombre es Francisco Maximiliano Ferrer Lima haya sido el directa­mente responsable de este centro de Interrogatorio - tortura, muertes y desaparecimientos.

 

La estadía de Cecilia Bojanic en estos lugares fue confirmada por testimonio de otros detenidos que compartieron días de reclusión con ella, y que más tarde fueron liberados. A fs. 28 del proceso por secues­tro, se acompaña una declaración jurada ante Notario Público de Ale­mania Federal, fechada el 15 de octubre de 1975, en la cual la Sra. Mar­ta Caballero Santa Cruz, nacida el 1 de agosto de 1939, con domicilio en 6.000 Frankfurt am. Main, calle Metz 8, con pasaporte chileno No: 1.067203. afirma: “Durante mi permanencia en la Cárcel, sección investi­gaciones DINA, ubicada en la calle José Domingo Cañas, de Santiago de Chile, y en la sección 4 de la Cárcel Tres Álamos de Santiago, entre el 5 de octubre de 1974 y el 15 de octubre de 1974 vi a la Sra. Cecilia Miguelina Bojanic Abad, que se encontraba con un embarazo de 4 meses”

 

Entrevistada en Chile, en el curso de esta investigación, Marta Caballero Santa Cruz Ci. No: 4.550.643-6 de Santiago, relata así su en­cuentro con Cecilia Bojanic: “Fui detenida el día 3 de octubre y traslada­da con los ojos vendados a la casa de José Domingo Cañas. Allí fui inte­rrogada y torturada. Al cabo de 3 días, es decir el 6 de octubre fui traslada­da en carácter de incomunicada a Cuatro Álamos. Me introdujeron en una pequeña pieza y me quitaron la venda. Allí había 3 mujeres: Rosalía Mar­tinez; Inés Lamozay Cecilia Bojanic esta última estaba embarazada. Era de mediana estatura, ojos claros, pelo corto y liso, muy expresiva, alegre y espontánea, cantaba permanentemente a pesar que durante 3 días tuvo in­tenso dolor de muelas. Cantaba siempre una canción para que Flavio la oyera.... a la distancia se escuchaba una melodía en respuesta Recuerdo que me contó que vivían en un sector popular en un departamento pequeño, pobre pero que ella lo tenía hermoso y lleno de vida”.

 

“Cecilia se veía tranquila y segura Estaba confiada en que pronto la dejarían en libre plática y luego en libertad pues nos decía que ella no tenía caros políticos de responsabilidad. Estaba tranquila y trataba de dar­nos ánimo a nosotras. Recordaba permanentemente a su hijito Leonardo y nos contaba cosas hermosas de él cómo hablaba, sus gestos, sus expre­siones, sus sonrisas”.

 

“Con Rosalía Martinez Cereceda, artista y música, en voz muy ba­ja cantaban a dúo para estimularnos, para darnos fuerza y esperanzas”.

 

“El guardia que nos cuidaba que evidentemente estaba del lado nuestro, a escondidas introdujo una guitarra en la celda y luego una noche logró conducir a Cecilia frente a la pieza donde estaba Flavio para que lo viera .Este guardia a quien le decíamos “Mauro” fue posteriormente asesi­nado” ”. (Su nombre era Carlos Carrasco Matus. Fue detenido el 14 de Mar­zo de 1975 en su domicilio, por dos funcionarios de la DINA; días después un oficial de la DINA retiro de su casa el arma de servicio de Carrasco. El 26 de marzo el oficial de la DINA placa número 8869, comunico al padre que este se encontraba en la prisión de ‘Tres Álamos”. Dos días mas tarde ese mismo oficial concurrió a la casa de Carrasco, comunicando a sus familiares que este se habla fugado ignorándose donde se encontraba.’)

 

“Un día, debe haber sido el 9 o 10 de octubre, entró Mauro a bus­carla, le dijo que ella y su marido serían trasladados. Se despidió tranqui­lamente de nosotras estaba contenta, segura de que la liberarían. Nos be­só y nos dio ánimo; Cecilia  nunca llegó a Tres Álamos y con el tiempo su­pimos que nunca llegó a ningún lado y que ella y Flavio, junto a otros que fueron detenidos en esa época están también desaparecidos

 

Ratifica lo afirmado en el testimonio anterior, la declaración ju­rada ante Notario Público del 3 de diciembre de 1975, en la ciudad de Ulm, Alemania Federal, otorgada por don Eduardo Lebrecht, pasapor­te alemán No: 4.087261, este testigo señala: “.. 1) Fui detenido la noche del 30 de septiembre de 1974 por la DINA, en la vivienda de calle Carlos Silva Vildósola, parcela 178, en Santiago de Chile. 2) Fui llevado al centro de torturas de José Domingo Cañas, de la Comuna de Ñuñoa, en Santia­go de Chile, y estuve allí el l,2 y 3 de octubre de 1974, donde vi y hablé con las siguientes personas: Flavio Oyarzún Soto y su esposa, la cual estaba em­barazada...”. Esta declaración se encuentra acompañada a Ls. 39 en el proceso criminal antes mencionado.

 

El testimonio de doña Rosalía Martinez Cereceda, C.I. No:1.684.626, de Israel, que consta en declaración ante Notario Público otorgada en la ciudad de Tel-Aviv, Israel, el 3 de noviembre de 1975, agrega mayores detalles sobre la permanencia de la afectada y su cónyu­ge en centro de reclusión a cargo de la DINA. La testigo expresa: “...Que fui detenida por el Servicio de Inteligencia Nacional - DINA - el día 22 de septiembre de 1974 mientras me encontraba en mi casa, calle Alonso de Canas 1107”.

 

“Que fui conducida por el personal de la DINA a una casa, que después supe; estaba ubicada en José Domingo Canas esquina República de Israel En esta casa permanecí hasta el día 5 de octubre de 1974,fecha en que fui conducida al pabellón incomunicados, ubicado en el campo de prisioneros de Tres Álamos. Allí permanecí hasta el 9 de noviembre; fecha en que pasé a libre plática hasta fin de diciembre; mes en que fui expulsa­da del país”.

 

Durante mi estadía en la casa de José Domingo Cañas pude ver allí a Cecilia Bojanic y su marido, Flavio Oyarzún, que fueron detenidos aproximadamente el día 2 de octubre de 1974, también por personal de la DINA (las fechas no las puedo precisar con demasiada exactitud debido a que las condiciones no lo permitían). Cecilia estaba embarazada de 5 me­ses. Ellos fueron sacados de ahí el día 4 de octubre en la noche y fueron trasladados e incomunicados a Cuatro Álamos”.

 

“El día 5 de octubre, cuando llegué al pabellón de incomunicados, me encontré nuevamente con Cecilia, que estaba en la pieza No 2 de mu­jeres. Cecilia se encontraba muy bien de salud, pero necesitaba control mé­dico por su embarazo, por lo que fue revisada por el médico del pabellón, que le recetó vitaminas”.

 

“Ella se encontraba en la lista regular de detenidas ya que todas las mañanas y noches se pasaba lista con nuestros nombre”.

 

“Aproximadamente a mediados de octubre, Cecilia, su marido Fla­vio y otras personas, fueron sacadas como a las 11 de la mañana para ser llevadas a un lugar desconocido que no se mencionó. Nunca más los vimos ni supimos nada de ellos”.

 

 

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