“Nosotros , los sobrevivientes, acusamos”, es una documentada denuncia
de los responsables de los crímenes de lesa humanidad que ocurrieron entre el 11
de septiembre de 1973 y el 11 de marzo de 1990, que los ex presos (as) políticos
(as) entregan al país para hacer verdad y consignar a la historia los nombres de
los hombres y mujeres de los aparatos represivos de la dictadura militar.
Lea el documento entero en PDF:
Paginas 1-110;
Paginas 111-222;
Paginas 221-300;
Paginas 301-400;
Paginas 401-514
El documento “Por un Mañana con Verdad Justicia y Reparación”, resume
su visión histórica de las violaciones a los derechos humanos y del
proceso en que el país ha ido asumiendo esta historia y las demandas para
establecer la verdad sin apellidos, la justicia y la reparación integral.
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el documento completo

The Clinic
22 de Diciembre 2004
Insulza, el torturado
Insulza lo dijo, la
tortura en Chile es un crimen, no hay que demandar a nadie por esas nimiedades.
Ratas en la vagina, electricidad en los testículos, golpes, meada en la cara,
eran simples bromas que hay que olvidar en aras de la paz social. Que no vayan
los torturadores a dormir mal mientras los torturados siguen sin dormir.
Inútil es alegarle a Insulza que en el mundo civilizado la tortura es
considerada un crimen peor que el asesinato, porque la tortura se sigue
perpetrando en el tiempo, la tortura vive en el torturado, la tortura le quita
al hombre algo mucho más valioso que la vida, la dignidad.
¿Cómo alguien inteligente como Insulza puede no entender eso? La respuesta es
que lo entiende demasiado bien. Los torturados (Ruiz-Tagle, Carlos Bau, Juan Ruz)
fueron sus compañeros de partido, de clase, de generación. El habría podido ser
uno de esos torturados. Ese es uno de los peores efectos de la tortura, que hace
sentir a todos los que se salvaron de ella, que la sufren, que viven solo con un
permiso condicional siempre a merced de ese enemigo tan omnipresente que se
convierte en tu Dios. Insulza no puede no sentir el dolor que algunos hombres
murieron por creer lo mismo que él creía, no puede dejar de sentirse un
sobreviviente que agradece al todopoderoso torturador estar vivo. Respira en esa
vaga ficción de creerse representante del Estado, como toda la gente que se
piensa por encima del bien y el mal, ha terminado por debajo del bien y tan
mediocre que no alcanza a llegar al mal. Minúsculos en las prerrogativas de un
cargo que le ha permitido defender todo lo que desprecian, los torturadores han
logrado lo que querían.
Ruiz-Tagle murió. Insulza se salvó. Brunner se salvó, se salvó Garretón,
Fernando Flores, se salvaron y nadie los culpa por ello. Morir no es ningún
honor, sobrevivir es lo heroico, crecer sobre las heridas, tener hijos, tener
éxitos, reconocer sus errores, todo eso es heroico, pero es heroico solo si uno
no borra lo que fue, si uno no niega su dolor, si uno no olvida que el bien
existe y el mal existe. Eso es lo que los torturadores intentaron minar en los
torturados, la seguridad en sus convicciones, la fe en sus cuerpos, la
integridad de sus dichos y hechos. Alojando el miedo, la torpeza, la inseguridad,
crearon en sus víctimas un fantasma. A Insulza, como a la Luz Arce o la Flaca
Alejandra, el dolor los hizo cambiarse de bando y negar ese dolor y negar a los
muertos, y admirar a los secuestradores, y servirlos, y amarlos tanto como los
odia y hacerles, de vez en cuando, unos trabajitos. La verdadera víctima de esas
patadas en Cerro Moreno no es Ruiz Tagle, son sus sobrevivientes, los verdaderos
extorsionados, los reales torturados, es toda la izquierda de ayer, hoy triste
defensora del estado de derecho que, por cierto, tiene que pasar cuantas veces
sea necesario por encima del estado y del derecho.
Un político debe ser hábil, tragarse golpes bajos, saber mentirle a los demás,
pero ser para sus adentros por completo honesto, saber quién fue y quién ha sido
y darse cuenta que ante la tortura de sus amigos, de sus compañeros, de sus
hermanos, de sus compatriotas, solo caben dos alternativas: estar del lado de
los torturadores o de los torturados. Los neutrales son finalmente los mejores
colaboradores del torturador.
Insulza hace lo posible por demostrar que él está del lado de los torturadores,
pero finalmente no comprueba sino que es un torturado más, una víctima tan
condolida que está impedido de actuar según la más mínima lógica. Un ministro
del miedo, como diría Graham Greene, de su propio miedo.