Testimonio de Benjamín TepliskyVice-presidente del Partido Radical de Chile Señoras
y señores. Dispongo de un tiempo limitado y de una rica experiencia respecto de la “organización hotelera” de la Junta militar de gobierno en Chile, de tal modo que se me hace bastante difícil en ese tiempo poder entregar a los miembros de la Comisión Internacional que investiga los crimenes de la Junta militar fascista, y a las demás personas que asisten como observadores a este importante evento, lo que ocurrió estos quince meses que me tocaron sufrir, y lo que sigue ocurriendo aún hoy al pueblo de Chile y a los compañeros que aún permanecen en las cárceles y en los campos de concentración. Yo quiero dejar claramente establecido de que soy un testigo además de un dirigente político, y por lo tanto sólo quiero testimoniar sobre lo que vi. Nadie me ha contado nada, todo lo vi yo, de tal manera que los nombres que puedo proporcionar y los hechos que puedo narrar son vivencias, son hechos concretos. Como diríamos en Chile, no soy testigo de oídas sino que soy testigo abonado en este proceso que hoy se celebra aquí en Ciudad de México, y que más pronto que tarde lo vamos a celebrar en Chile a los criminales que usurparon el poder y que asesinaron al Presidente Allende. Como les
decía anteriormente y sin entrar en detalles que la opinión pública conoce,
he recorrido todos estos campos de concentración y sitios de detención de la
Junta militar. Me tocó el alto
honor de enfrentar el problema de la sobrevivencia de la tortura y el vejámen
con compañeros ministros, subsecretarios y dirigentes políticos de todos los
partidos de la Unidad Popular y colaboradores del Presidente Allende. Puedo
empezar diciendo, no para todos los presentes pero sí para todos los
militantes de la izquierda chilena, que se pueden sentir orgullosos de la
conducta de todos esos compañeros que han sufrido mucho más de lo que se puede
narrar a través de la múltiple y no siempre exacta publicidad que en el
exterior se le ha dado a aquellos hechos, y que han resistido mucho más de lo
que cualquiera de ustedes se puede imaginar.
Es difícil concebir, construir intelectualmente lo que está ocurriendo
hoy en Chile y lo que ocurrió en esos meses que yo viví en esos sitios. ¿Qué
podría contarles? Podría
narrarles a los señores miembros de la Comisión el increible allanamiento
realizado bestialmente con nosotros en el Grupo 10 de la FACH, la tarde del 15
de septiembre de 1973, los golpes recibidos por los compañeros de las
dignidades de José Tohá, del doctor Edgardo Enríquez, de tantos otros
dirigentes que fueron bestialmente desnudados en la plataforma desde donde
despegaban los aviones del Grupo 10 de la FACH.
Contar po ejemplo el increíble treslado desde
la base aéreade Punta Arenas hasta el puero propiamente tal, para ser
embarcados rumbo a la isla Dawson, donde en la tanqueta en que íbamos tirados
en el suelo el compañero José Tohá, el compañero Daniel Vergara el y que
habla, entre otros, fue baleado el compañero Daniel Vergara, incrustrada una
bala en su mano, no atendido jamás hasta el mes en que empezó esta herida a
gangrenarse, y que sólo el doctor Arturo Girón trató en la medida de sus
posibilidades, utilizando como vendas las camisas, las ropas interiores o
algunos otros implementos personales de los detenidos. Contarles
a ustedes por ejemplo lo visto por las autoridades de la Cruz Roja Internacional
en el recinto en que vivimos en el primer campo de concentración de Dawson, ya
que estuvimos en dos, a cargo de la Compañía de Ingenieros Navales, donde en
22 metros cuadrados –esto está acreditado por la Cruz Roja Internacional-
dormíamos 42 personas. Podría
contarles además el tratamiento de “fusilamientos” entre comillas, todas
las noches, sufrido por ejemplo por el compañero José Cademartori, el muchacho
Osvaldo Puccio que no tenía otro delito –todos estos delitos son entre
comillas- que ser el hijo del Secretario del Presidente de la República, de 19
años de edad, y el que habla, de ser fusilados, de ser amenazados de ser
fusilados, de ser sacados a las cuatro de la mañana a un bosque para realizar
esa tarea. Y no nos fusilaron
porque realmente era todo una escena, pero teniendo los compañeros adentro,
escuchando los disparos que se presumía era los fusilamientos, las amenazas de
aplicación de la “ley de fugas”, las amenazas de fusilamiento inmediato en
caso que algún submarino de alguna potencia extranjera llegara a liberear a los
presos de Dawson. Los trabajos forzados; nosotros no le tenemos miedo al trabajo. Había muchos compañeros allí que surgieron de las filas de los obreros, compañeros militantes del Partido Comunista, del Partido Socialista, del Partido Radical, del Mapu y de otros que habían surgido de las filas de los obreros, no le tenemos miedo al trabajo. El trabajo no mata a nadie, pero en esas condiciones, teníamos que hacer los siguientes trabajos, con hombres de 65 años de edad como Leopoldo Zuljevic, con compañeros de la edad, de la agravada úlcera y de la sinusitis del compañero Corvalán, con compañeros de la edad y con dos infartos cardíacos como el compañero Edgardo Enríquez, con estos compañeros con esa edad y en esas condiciones sanitaria infectales, le contruímos la base de la isla Dawson de la marinera chilena32 kilómetros de postes; enterramos en zanjas 1,5 metros todas las cañerías de agua potable de la base de Puerto “Harris”; construímos todas las dependencias que tiene actualmente la cancha de aterrizaje de la isla Dawson, y ademas tuvimos que hacer otros trabajos que por respeto a las personas aquí presentes y por respeto a las dignidades de los compañeros que tuvieron que hacerlos, realmente prefiero callar. Ni en
ese recinto ni en ninguno que estuvimos, si no hubiétamos contado con la suerte
de tener entre los detenidos al ex Ministro de Salud Arturo Girón, eminente médico,
hubo atención médica de ninguna especie. Todo lo que se diga sobre la materia es absolutamente
inexacto; la atención médica llegaba, respecto del aporte de la Armada de
Chile, a un practicante, y él mismo reconocía que no estaba en condiciones de
realizar una atención sanitaria adecuada. Todo
esto en medio de continuos interrogatorios, con los ojos vendados, con las manos
y los pies amarrados a las sillas que nos proporcionaban para los
interrogatorios. Todo esto en medio
de la presión, en que se nos comunicaba todos los días la iniciación de
priocesos como aquí recordó el compañero Orlando Letelier, donde se hablaba
de fabulosas sumas de dinero malversadas por las autoridades del Gobierno
Popular, donde se inmiscuía a nuestras mujeres y a nuestros parientes en toda
clase de presuntos negociados y operaciones de todos tipos de carácter ilegítimo. Yo
quiero dejar constancia en esta tribuna que hoy, febrero de 1975, no hay ni un
solo proceso cursado por lo que se llama justicia en Chile, por los Tribunales
de Justicia, en contra de ninguna de los dirigentes de la Unidad Popular.
Las tres o cuatro farsas que han intentado por evasión tributaria y otro
tipo de fraudes, no les ha quedado otro camino que retirar esas querellas porque
los Tribunales de Justicia les señalaron la imposibilidad, a pesar de su buena
voluntad, realmente, de configurar o tipificar delitos que pudieron ser
perseguidos a través de la justicia ordinaria. No
quiero insistir mucho en lo de la isla Dawson porque sobre esto se ha escrito y
se ha dicho mucho. Es ciero que
somos, con Orlando Letelier y Clodomiro Almeyda, los priimeros que llegamos
hasta aquí de aquel recinto. Pero
quisiera enfatizar mucho en lo que hoy está ocurriendo en Chile, en los campos
de concentración. Lo que hoy están
sufriendo todos los militantes de la izquierda chilena, todos los dirigentes
sindicales, todos los represantes de las fuerzas trabajadoras y sobre todo las
compañeras, fundamentales heroínas de la revolución chilena.
Y del sacrificio de Chile en estos últimos meses de las mujeres y los niños
chilenos. En el
campo de concentración de Dawson se encontraban detenidos, a 150 metros de
nuestras barracas, alrededor de 120 muchachos de una edad no superior a los 18 años,
encabezados por Juan España, militante de la Juventud Socialista, Presidente de
la Federación de Estudiantes Secundarios de Magallanes.
Este muchacho hoy se encuentra internado en el hospital siquiátrico de
Punta Arenas. Arturo Girón, el médico
que he mencionado, hacertificado el grado de tortura a que estos muchachos de
esa edad fueron sometidos, y a pesar de la distancia de 150 metros nosotros
damos testimonio y fe de los gritos es estos compañeros y del tratamiento que
ellos recibieron. El diputado socialista por Magallanes Carlos González, que aún
se encuentra detendido, tiene grabada en la espalda una gigantesca zeta que no
va a perder nunca más en el resto de su vida, que le grabaron con un yatagán
los infantes de marina del regimiento “Lord Cochrane” de Punta Arenas, después
de haberlo desnudo en las playas del estrecho durante seis días.
El primero de febrero de 1974, ante la decisión del médico e no
responder más por la vida de nuestro querido compañero José Tohá, le
notificamos a las autoridades militares del campamento que era imprescindible
que este compañero fuera traslado pronto a Santiago y que recibiera atención médica
adecuada; el primero de febrero de 1974 el compañero José Tohá pesaba 50
kilos; tres días antes de morir, compañeros que están detenidos aún y que
vamos a omitir sus nombres, certificaron que el peso de José Tohá era de 40
kilos, y ustedes recuerdan y los los que no lo recuerdan pueden preguntarlo, la
estatura física del compañero Tohá,
ministro en varias carteras del gobierno popular. El 8 de
marzo de 1874 la Junta había decidido, por la presión internacional,
trasladarnos hacía el centro del país a un campo de concentración que se
estaría contruyendo en Colliguay. El
5 de marzo se realizó un bestial allanamiento en el cual desde luego no se
encontraron armas, ero sí los implementos facilitados por la dirección del
campo para tallar las piedras que de unau otra manera los presos de Dawson
–tanto los compañeros de Punta Arenas comop de los didrgentes de la Unidad
Popular han hecho un poco populares en todo el mundo-, esas escasas herramientos
facilitadas por el taller del campamiento por orden del comandante
Jorge Felay Fuenzalida, fueron calificadas al día siguiente por el
teniente coronel Aquiles Cáceres como armas cortantes, contundentes y
punzantes, y por ese hecho, a partir del reglamento penitenciario, los
prisioneros de guerra de Dawson se vieron sometidos durante casi dos meses al
tratamiento especial que nos brindó la Infantería de Marina, encabezada por el
teniente primero Eduardo Carrasco Morenco y el subteniente Jaime Wainsdenlaufer,
reservista incorporado a la Armada y jefe de “Patria y Libertad” en Valparaíso,
un grupo armando en la provincia de Valparaíso, y el subteniente Mario Tapia.
Estos tres son auténticos criminales de guerra, estos tres funcionarios
de la Marina de Punta Arenas llevaron a extremos inconcebibles, no sólo a los
compañeros que ya he mencionado, sino que intentaron liquidar definitivamente
al compañero Luis Corvalán. Yo
acuso a estos tres oficiales, más el capitán de Ejército Mario Zamora Flores
de haberse negado a que el compañero Corvalán fuera ayudado a trasladar
carretillas con 180 kilos de peso;cuando intentamos que un compañero con un
alambre cogiera la carretilla por la parte de la rueda delantera, y pusimos para
ello –los presos van ingeniándose en muchas cosas- al compañero Hernan Soto,
ex Subsecretario de Minería, con una fortaleza física acentuada, y al compañero
Orlando Cantuarias, ex Ministro de Minería, fueron castigadas por este hecho,
encerrados en calabozos ambos, y el compañero Corvalán debió seguir
trabajando solo, poniéndosele metas, haciendolo correr y siendo empujado por
atrás por los proios oficiales a golpe de culatazos.
Este hecho es desconocido, por lo que yo ye escuchado.
En una serie de oportunidades y en una serie de documentos, se negó, a
partir del 5 de marzo, el hecho que trabajaran los enfermos y los hombres de la
edad que ya he mencionado. El 8 de
mayo, cuando, a pesar de todo, este grupo no se quebró, cuando, a pesar de
todo, estos compañeros resistieron todo aquello, fuimos trasladados para ser
dirigidos a Santiago, caminando por 24 kilómentros cubiertos de nieve, con
todos los ríos desbordados por la nieve y por el agua.
En estas condiciones sanitarias, después de ocho meses en ese lugar,
vadeamos desnudos todos aquellos lugares, todos aquellos recintos.
Teníamos algunos compañeros como Andrés Sepúlveda, diputado
socialista por Valparaíso, cojo, compañeros absolutamente incapacitados físicamente
ya como el compañero Leopoldo Zuljevic, que felizmente hoy está en Bucarest,
Rumania. ¿Qué
se hizo de este grupo señores? Trasladadores
en un avión a Santiago nos distribuyeron de a nueve, entre las cuatro ramas de
las Fuerzas Armadas. A mi me tocó
en suerte, como he tenido la suerte en todos estos meses de convivir durante dos
meses y doce días con el compañero Jaime Tohá, hermano de José; el resto de
los compañeros fue distribuido en unidades militares, de Caabineros, del Ejército
y de la Aviación. Hasta el 20 de
julio permanecimos en el Regimiento de Infantería número 1 “Buin”.
En esos calabozos y desde ahí fuimos trasladados al campo de
“Ritoque”, donde se reunieron nuevamnete, y a raíz de la pronta visita que
se iba a realizar por la Comisión de Derechos Humanos de la OEA, a todos los
dirigentes de la UP. Se montó la farsa para que la OEA no comprendiera lo que
antes había ocurrido: se empezó en un tatamiento intensivo de alimentación,
de vitaminas, de negarse a que hiciéramos cualquier tipo de trabajo, a pedirnos
que entregaramos listas de libros o implementos que pudiéramos necesitar.
Lamentablemente para la Junta militar, a la OEA -¡aún a la OEA!,
recalco esto- no fue suficiente el show que se le montara y su informe está
siendo usado en estos momentos en la Comisión de Derechos Humanos de las
Naciones Unidas en Ginebra para formar parte del apéndice documental de
nuestras acusaciones y de las acusaciones del mundo contra la Junta militar. El 25 de
noviembre, para abreviar este relato, fui trasladado alcampo de “Tres
Alamos”. Yo quiero llamar la
atención, además de que ya lo hizo el compañero Cabieses, esta mañana, sobre
la situación en ese campo, donde la promiscuidad, el roce diario entre las
fuerzas de carabineros encargados de esecampo y los detenidos, lo hace un lugar
altamente explosivo, altamente peligroso, y en el cual en cualquier momento
puede suceder una desgracia que nadie quiere que ocurra.
Puedo entregar además más
adelante a la Comisión, antecedentes documentales que me han proporcionado
detenidos con sus nombres y apellidos y documentos de identidad, del
funcionamiento del campo de “Tres Alamos”, enel cual, como ustedes saben,
está el tal tristemente famoso pabellón de incomunicados de la DINA, donde
acaba de ser trasladado nuevamente, después de haber estado un tiempo en
“Ritoque”, el compañero Jorge Montes, con los objectivos y finalidades que
ustedes se imaginarán. En
“Tres Alamos” además hay mujeres. Así
como hemos visto jóvenes hasta ahora, ahora tuve la oportunidad de ver la
situación de la compañeras, repito, verdaderas heroínas de la masacre que con
el pueblo chileno está realizando la Junta militar fascista de gobierno.
Y llamo la atención desde esta tribuna, a la necesidad de intensificar
con la mayor fuerza posible los intentos por liberar a las compañeras detenidas
en “Tres Alamos”, en las casas correccionales y en las cárceles y los
campos de todo Chile, porque esa situación no puede prolongarse por más
tiempo. Estas compañeras además
son de una valentía, de una heroicidad realmente increíble, realmente superior
incluso a muchos compañeros que se quebraron en el curso del camino, y sus
cantos revolucionarios y sus desafíos a los carabineros y al Ejército que las
veja como sólo a una mujer se le puede vejar, son sin lugar a dudas un aliento
para los compañeros que en “Tres Alamos” y en otras partes están sintiendo
diariamente la conducta de estas compañeras. Finalmente, señor Presidente, quiero señalar que soy testigo y voy a entregar documentos sobre la materia, que hasta el 10 de diciembre a lo menos, el compañero David Silberman se encontraba vivo, destrozado pero vivo, en el pabellón de incomunicados de la DINA en “Tres Alamos”. Una compañera que acaba de llegar a Israel certificó por escrito ante la embajada de ese país que este compañero está vivo, ante los requerimientos de la familia y de quienes están pidiendo su libertad, de que se certificara por escrito que estaba vivo y que estaba detenido Actualmente,
señoras y señoras, se encuentran aún en prisión muchos compañeros nuestros,
de mi Partido y de todos los partidos y movimientos de la izquierda chilena.
Yo quiero llamar la atención sobre el hecho político que se puede
intentar algún tipo de maniobra internacional respecto de algunos partidos,
ante la necesidad que tiene la Junta de encontrar apoyo en algunos gobiernos de
Europa. En
Chile, al ex Ministro de Minería Orlando Cantuarias, al ex Ministro de Educación
y Secretario General de Gobierno Anibal Palma, al diputado y ex Secretario
Gerneral del Partido Radical Camilo Salvo, al ex Secretario General de la
Corporación de Fomento Roberto Ceballos, al ex Intendente de Curicó Leoncio
Saavedra, al ex Presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad Técnica
de Arica Juan Dini, al ex Gobernador de Yungay Fredi Weiser, al ex Gobernador de
San Javier de Loncomilla Perpetuo Labra, condenado a cinco años y un día, y a
los correligionarios Carlos Raigada y Patricio Espinoza en la penitenciaría de
Santiago, dirigentes del Regional de la Zona Norte.
Quiero rendirle aquí también un homenaje, en la primera tribuna que
ocupamos los radicales, a nuestros mártires, al compañero diputudo por Cautín
Gastón Lobos, paseado por las calles de Temuco desnudo con una metralleta vacía
en sus manos, colgado de una jaula en la plaza de Temuco y posteriormente
fusilado a las orillas del río Cautín. Está
aquí presente la viuda de nuestro compañero Patricio Weiser, dirigente
regional de Ñuble, fusilado por las fuerzas militares de esa provincia y que va
a prestar testimonio, y que va a contar además lo que ella sufrió. Finalmente
el nombre del compañero Jaime Alcázar, miembro del Comité Ejecutivo Nacional,
directiva máxima de mi Partido. Yo
quisiera terminar señor Presidente, poniéndome a disposición de los
integrantes de este tribunal, para contestar todo lo que quieran preguntar,
porque no queremos ocultar nada de lo allí ocurre, a ver si la fuerza de todos
ustedes logra detener lo que en Chile está ocurriendo hoy, y no hace un año
atrás, no a meses del golpe militar, sino que hoy, en las cárceles, campos de
concentración, calles, publos, campos y ciudades de mi patria, al la espera de
que otro tribunal con mayor fuerza, con mayor fuerza coercitiva –este es un
tribunal de fuerza moral-, juzque estos crímenes, más temprano que tarde, en
mi patria, después del triunfo de nuestra lucha y del triunfo de la revolución
chilena. |
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