Testimonio de Luis Fuentes Urra
Fui detenido el día 18 de Agosto de 1976 aproximadamente a las 15:00 horas en
la casa ubicada en la Calle Juan Fernández N° 5266 de la entonces comuna de
Conchalí, hoy Huechuraba por aproximadamente unos 30 hombres y mujeres que
dijeron ser de la DINA.
Entraron a la casa, de propiedad de mi padre, donde vivían Ricardo Alarcón y
Teresa Izquierdo, que eran perseguidos por la DINA y vivían escondidos en ese
lugar; en forma violenta y golpeándome a mi y destruyendo todo lo que había en
el interior de la vivienda.
El primero en abordarme fue un individuo corpulento, que después sabría que se
trataba de uno que apodaban “El Troglo”. Fui golpeado y se dirigieron a mi
persona por el nombre con que era conocido en el MIR, lo que indicaba que
conocían mis datos y no tenían dudas acerca de mi militancia política.
Registraron absolutamente todo en el interior de la vivienda y lo que
consideraron pertinente lo envolvieron en las cortinas de la casa y en una manta
de mi propiedad y lo sacaron.
Me esposaron y vendaron la vista, me golpearon antes de sacarme de la casa.
Luego fui subido a un automóvil Fiat 125 de Color Blanco, esposado en la espalda
y me tendieron en el piso. Dos individuos iban sentados en el asiento trasero y
pusieron sus pies sobre mi cuerpo y cada cierto tiempo me daban de puntapiés en
el cuerpo, recuerdo que no me golpearon en la cabeza.
Fui trasladado en esas condiciones hasta un cuartel que después pude identificar
como Villa Grimaldi porque poco antes de llegar se sentía el movimiento del auto
al pasar el puente que hay sobre el canal San Carlos. También durante mi estada
en ese lugar se sentía con cierta regularidad el ruido de aviones provenientes
del aeródromo de Tobalaba.
Una vez en ese lugar se me dejó de pie durante varias horas esposado y con la
vista cubierta con scotch y un trozo de las cortinas que sacaron de la casa y,
cada cierto tiempo, pasaban hombres y mujeres diferentes y me golpeaban en los
riñones y espalda diciéndome que ellos y solo ellos sabían donde yo estaba y que
podrían hacer lo que quisieran conmigo.
En un momento un individuo que no se quien es, me hizo sacar los zapatos sin
quitarme las esposas y los calcetines. A pie descalzo me hizo correr por un
espacio de tierra hasta que choqué con una pared o algo así. Luego se acercó y
me dio de puntapiés y golpes de puño por tener los pies sucios. Recuerdo que mi
cara quedó con algunos rasguños producto del choque con la pared.
Después de un rato me condujeron a una pieza amplia donde había varias personas
que en ese momento no pude identificar y además estaba allí Teresa Izquierdo a
quien reconocí por su voz. Ella les dijo que yo no sabía nada, la hicieron
callar violentamente y acto seguido se me introdujo una pistola en la boca. El
individuo que lo hizo parece ser, por la voz que después de mucho tiempo pude
identificar, Pedro Espinoza; me gritó que si quería que disparara, yo entendí
que lo hacía por amedrentar puesto que aun no me habían interrogado.
Me sacaron a golpes del lugar y me arrastraron hasta una pieza en la que había
una especie de catre de campaña. Allí me obligaron a quitarme toda la ropa y me
tendieron en el somier desnudo. Me ataron en diferentes partes del cuerpo:
Tobillos, rodillas, vientre, Pecho, brazos, muñecas y cuello.
Me dijeron que me conectarían a un “detector de mentiras” y que cuando quisiera
hablar debía levantar los dedos de mis manos.
Luego empezaron a aplicar corriente eléctrica en los genitales. Lo hacía un
individuo que tenía un guante de goma con el que tomaba los cables, Los pusieron
en los testículos, pene, lo introdujeron por el conducto urinario.
Posteriormente aplicaron la corriente en el ombligo y en partes de mi cara,
específicamente cerca de los ojos y en las sienes.
Durante el transcurso de la aplicación me preguntaban por el paradero de Arturo
Mora y con quienes mas tenía que juntarme. Negué conocerle y me dijeron que
tenían todo claro, que ellos sabían que tenía que verlo y que si no les decía
donde me matarían.
En un momento uno de los individuos se paró sobre mi garganta y me indicó que
presionara la lengua sobre el paladar para que no me muriera. Lo hice.
Transcurrido un tiempo que no se cuanto fue, salieron todos menos uno que quedó
solo conmigo y cogió un palo grueso y me empezó a golpear el pecho y, cada vez
que lo hacía nombraba a alguien del MIR diciendo que ellos lo habían matado.
Recuerdo que nombraron a alguien que llamó El Tano.
Fueron muchos golpes en el pecho porque quedó un hematoma que tardó varias
semanas en desaparecer. Durante todo este tiempo también me recordaba que podían
hacer lo que quisieran conmigo porque nadie sabía donde estaba.
La sesión de tortura debe haber durado un par de horas tras lo cual se me obligó
a vestir y fui trasladado a una pieza donde había una colchoneta y siempre
estuvo la luz encendida. Transcurridas algunas horas me sacaron de allí y me
hicieron ir al baño en una fila con otros prisioneros. Recuerdo que estaba muy
mal y mis piernas no soportaban el peso de mi cuerpo, por lo que un prisionero
me dijo que me apoyara en su chaqueta para poder mantenerme en pie. Me hicieron
entrar al baño y luego me dieron medio pan duro y una paila con una papa y algo
parecido a la chuchoca que tuve que comer untando en el pan. El prisionero que
me ayudó a mantenerme en pie lo identifiqué posteriormente como Víctor Díaz por
las fotografías que he visto y a los otros no les identifico.
Debo agregar que uno de los individuos indicó al que estaba repartiendo las
pailas que a mi se me diera comida seca porque estaba recién con corriente.
Después, siempre esposado me llevaron a la pieza que tenía puertas metálicas y
me dejaron allí, está pieza estaba subdividida por un tabique de madera y la
puerta que comunicaba se les quedó abierta.
Me dormí y al otro día pude ver la puerta y miré hacia el otro lado donde había
dos mujeres prisioneras también que se asustaron mucho al verme: Una de ellas
tenía una edad madura de unos 40 años o más, la otra era joven, de más o menos
20 años. Les pregunté sus nombres lo que me negaron informar y me dijeron que
saliera de ahí porque si no nos golpearían a todos.
Luego de ello me sacaron del lugar y me llevaron nuevamente a una pieza parecida
a una mediagua donde un individuo mayor, de unos 50 años me dijo que
“conversaríamos como caballeros” y se sentó frente a una máquina de escribir y
empezó a llenar un cuestionario que traía escrito. Entretanto se sentó a mi lado
El Troglo quien me dijo que tomara algo que me pasó entre mis manos, me dijo que
lo identificara y le respondí que era unos alicates. A ello me dijo que si no
decía la verdad y ocultaba algo me sacaría personalmente los dientes con él.
Acto seguido se puso de pie y me dio algunas patadas en el pecho. El individuo
que me interrogaba reía y me decía que “ese es muy violento”. Las preguntas eran
todas relativas a mi militancia en el MIR y si tenía algún contacto horizontal
con otros militantes que no hubiera denunciado
Luego entró alguien que parecía ser el Jefe del lugar e identificó al
interrogador como Lalo y le indicó que dejara de preguntar porque tenían que
sacarme de allí.
En ese momento pensé que era para matarme pero me bajaron en el mismo auto y me
llevaron hasta la calle Antonio Maceo Esquina de Panamericana donde yo les había
dicho que tenía que ver a Arturo Mora. Me quitaron la venda en la Esquina de
Salvador con Providencia y me indicaron que si no resultaba el punto me matarían
allí y dejarían mi cuerpo botado en la calle, para lo que me preparé (si es que
se puede) pues el punto era falso.
Al llegar allí me dijeron que si yo creía que eran imbéciles (no usaron esas
palabras) pues habían descubierto entre mis ropas un papel anotado con la calle
General Saavedra con Independencia. Me condujeron allí y en ese lugar se
encontraba Arturo Mora al que apuntaron con un fusil ametralladora y lo subieron
al auto a mi lado diciéndole que yo le había entregado. Arturo estaba muy
nervioso y, según me dijo después no me reconoció.
En la calle Olivos a una cuadra de la calle Recoleta sacaron a Arturo del Auto y
lo llevaron a otro vehículo, no supe mas de él hasta la noche de ese día.
A la vuelta me volvieron a encerrar en la misma pieza pero ya no había nadie al
lado. Nunca más he visto a ninguna de esas mujeres.
En la noche me volvieron a sacar de allí hasta la pieza grande donde habían
metido la pistola en mi boca donde había muchas personas, entre las cuales pude
percibir que estaba el Troglo y uno que usaba una peluca y que según identifico
se trata de Leonardo Schnneider a quien conocí en el Liceo Valentín Letelier y
que en el MIR era conocido como El Barba. Recuerdo que nombraron a un a quien le
decían Miguel o algo así, el que hacía de Jefe hizo que nos paráramos en
posición firmes y allí pude saber que estábamos Teresa Izquierdo, Ricardo
Alarcón, Arturo Mora y yo.
EL Jefe nos dio una charla acerca de que entendiéramos que nada podíamos hacer
contra el Gobierno, que nosotros “nunca pasamos por allí” y nos hizo jurar que
en ninguna parte y bajo ninguna circunstancia podríamos decir que estuvimos en
ese lugar.
Además agregó que si nos sorprendían otra vez en lo mismo nos matarían y que
nadie sabría nunca más de nosotros.
Después de eso a mi me sacaron hasta el patio donde me sentaron en una jardinera
al lado de otro prisionero que se identificó como “El Pato Malo” a quien conocía
desde antes del 11 de Septiembre de 1973 y que después supe que se trata de
Mario Maureira, quien se encuentra hoy desaparecido.
Luego me hicieron poner de pie y me pusieron al lado de Arturo Mora y nos
hicieron marchar y girar como ejercicios militares los que yo no podía hacer
pues mi cuerpo estaba adolorido y no respondía y varias veces caí al suelo.
Después de ello nos subieron a Arturo y yo a un auto siempre con la vista
vendada y amontonados se dirigieron al campo de prisioneros de 4 álamos.
En el campo de prisioneros me mostraron una serie de papeles que tenían mi letra
y corroboraron que yo los había escrito, nos pusieron en un pasillo largo a
Teresa, Ricardo, Arturo y a mi y nos hicieron pasar de a uno a una pieza pequeña
donde había tres individuos. Uno escribía y otro hacía preguntas. El que hacía
las preguntas vestía muy elegante y era gordo. En ese lugar nos identificaron
por nuestros nombres y datos personales que nunca antes habían preguntado.
Nos llevaron a piezas separadas de bastante mejor calidad que en la Villa, donde
estuve yo los primeros días había dos camarotes dobles con varias frazadas y
había además un baño por cada pieza. Allí se me dio de comer en plato y con
cuchara, y podía repetirme si lo quisiera. Las piezas tenían ventanas con
barrotes que permitían comunicarse a gritos con las otras. Así supe que también
estaban en otras piezas Arturo y Ricardo.
Algunos días después me cambiaron durante la noche de pieza, al parecer llegaban
otros prisioneros y necesitaban la pieza. Me llevaron a la que ocupaba Ricardo
Alarcón y allí pudimos por primera vez hablar pero, lo hicimos solo de cosas sin
mayor sentido pues suponíamos ambos que nuestras conversaciones eran escuchadas.
Hasta ese momento aun conservaba los moretones de los golpes recibidos y en mi
pene y mi ombligo se podía observar quemaduras producto de la electricidad,
mismas que duraron varias semanas más.
Una noche, sin saber precisar cual, me condujeron nuevamente a la pieza pequeña
donde tomaron mis datos y en ella había un individuo con un delantal blanco que
me dijo que era médico, me preguntó como me sentía y que si estaba mal o
enfermo, no podía salir de allí. Respondí que me encontraba bien y el usó la
frase: “¿Así que está impeque?” lo que respondí afirmativamente con lo que llenó
un papel y lo firmó.
AL otro día, aproximadamente a las 7 de la mañana nos sacaron de allí y nos
condujeron con la vista descubierta a otro lugar que después supe que era el
campo de prisioneros de 3 álamos. Allí supe que 4 álamos era un pabellón de 3
álamos que manejaba exclusivamente personal de la DINA.
En 3 álamos fuimos recibidos por Carabineros. Éramos unas treinta personas y
carabineros en primer lugar nos hizo un chequeo médico y a mí al menos, me
pidieron que dijera todo lo que sentía pues ya no estaba en manos de la DINA y
que ellos respondían por mí. Le dije al médico que estaba allí y que era un
funcionario de carabineros pues usaba uniforme debajo del delantal, que orinaba
con demasiada frecuencia por lo que diagnosticó “principio de cistitis”.
Desde allí fuimos distribuidos a diferentes pabellones del campo y fui a dar,
creo, al pabellón 2 donde había otros prisioneros entre los cuales reconocí a un
ex compañero del Liceo de apellido Bórquez.
Durante el día por primera vez pude probar un cigarrillo después de muchos días
y los presos nos ayudaron a armar catres para dormir y nos dieron comida y
dulces y uno de ellos cantó en lo que llamó “la bienvenida maldita”.
Al otro día en la noche nuevamente nos sacaron de allí individuos que venían de
civil y que se identificaron como miembros de investigaciones de Chile mismo que
dudamos mucho pensando que serían de la DINA.
Nos sacaron a los mismos que caímos detenidos juntos y nos llevaron al cuartel
de Investigaciones que estaba ubicado frente a la Plaza Almagro, donde hoy está
la Universidad Central creo.
Carabineros del campo de prisioneros nos dijo que nosotros salíamos de allí
porque se investigarían delitos comunes que supuestamente nosotros habíamos
cometido.
En el cuartel de investigaciones nunca se nos preguntó de esos delitos y, al
menos a mi se me interrogó acerca de cómo ingresé al MIR y que hacía dentro de
la organización.
El interrogatorio se llevó a cabo en el tercer piso del edificio donde se me
hizo sentarme en una silla y me ataron a ella con los brazos por detrás y los
tobillos a las patas de la misma. Luego se me envolvió la cabeza con un paño y
recibí golpes en diferentes partes del cuerpo.
Uno de los detectives me dijo que si en la DINA me habían puesto corriente en
los genitales ellos lo harían en el ano si no les contaba todo. Además me
dijeron que violarían a mi madre y uno de ellos gritó hacia fuera de la sala que
la fueran a buscar de inmediato. Al poco rato y siempre vendado pude oír gritos
de una mujer que pedía que no la violaran intentando hacerme creer que era ella.
Nos tuvieron allí dos noches y sus días, durante este tiempo pude observar que a
Ricardo Alarcón le pusieron corriente eléctrica con una linterna grande que
tenía una especie de cargador de batería. A Teresa la maltrataron porque fue al
baño y se encontraba en su período menstrual y había dejado el lugar en malas
condiciones.
EL tercer día nos llevaron al Cuartel Central ubicado en la calle Teatinos con
General Mackenna donde se nos fichó y se nos exhibió a la prensa dando una
entrevista el entonces director General Baeza, Arturo Mora y yo gritamos que
éramos presos políticos y no delincuentes cosa que los periodistas ignoraron,
excepto el diario Las Ultimas Noticias que publicó que éramos un comando
extremista llamado G-21.
Los policías siempre estuvieron preguntando acerca de la militancia en el MIR y
nunca se me preguntó acerca de los supuestos asaltos.
Ese mismo día fuimos sacados de allí y nos condujeron a la cárcel pública donde
fuimos objeto de maltrato verbal y violento por parte del funcionario de
gendarmería encargado de hacer la documentación de ingreso.
Esa noche dormimos en una celda de la galería de detenidos y al otro día fuimos
sacados al 8° Juzgado del Crimen donde se nos tomó declaraciones y volvimos a la
cárcel en calidad de incomunicados.
Debo mencionar que en la celda en que dormimos la primera noche Arturo y yo
hicimos un rayado en la pared con un palo que encontramos y que decía “nuestro
delito fue pensar en pan, trabajo, justicia y libertad” y mas abajo escribimos
con letras grandes MIR.
En calidad de incomunicado fui a dar a la galería 3 si no recuerdo mal y, se me
prohibió todo contacto e incluso se me sacaba al baño con un gendarme que me
apuntaba permanentemente con un fusil. No me era permitido cerrar la puerta del
baño mientras lo usaba.
En el juzgado hice notar a la persona que me interrogó que yo era preso político
y que me habían torturado en la DINA y en Investigaciones, el funcionario me
dijo que si hacía algún reclamo estaba en mi derecho y que le mostrara alguna
marca. Aun estaba nítido el moretón de mi pecho y las quemaduras del ombligo,
mismas que le mostré a esta persona. El insistió en que podía reclamar pero que
no se responsabilizaba por lo que los detectives hicieran después si yo salía
libre.
Al terminar el período de incomunicación quedé libre por falta de méritos y salí
en libertad.
Durante mucho tiempo, posteriormente tuve miedo de salir a la calle, tuve miedo
de subir a una micro pensando en que alguien podía detenerme allí.
Hasta ahora siento dolores en las 6° y 7° costillas del lado izquierdo que
fueron fracturadas por las patadas recibidas en la parrilla.
Hasta ahora también sufro de pesadillas que me transportan a la detención y por
mucho tiempo después sentir el ruido de un auto cerca de mi casa me ponía muy
tenso y cuando ocurría esto y estaba durmiendo despertaba y sin darme cuenta
quedaba sentado en la cama.
Hoy, aparte de los dolores en las costillas y en la cadera izquierda cada vez
que hago una fuerza excesiva orino sangre y coágulos que, al menos en dos
oportunidades, me han hecho obstruir la orina.
Además vivo con permanente acidez estomacal y la irritabilidad es evidente y la
nota mi familia.
Con posterioridad fui detenido nuevamente por investigaciones en los días
anteriores a contraer matrimonio y fui conducido a la Penitenciaría y desde allí
al Juzgado de San Miguel donde se seguían investigando los delitos de que se nos
acusó.
El magistrado de este tribunal al escuchar mi declaración me liberó de inmediato
y, eso si, debo anotar que me fue sustraído de mis cosas personales, el dinero
que portaba desde el Cuartel central de Investigaciones, por lo que salí del
tribunal sin documentos y sin dinero para dirigirme a mi casa que se encontraba
en el otro extremo de la ciudad.
Luis Fuentes Urra
Profesor de E.G.B:
Run: 6.285.533-9
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