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Direccion de Inteligencia Nacional - DINA


Si hay un símbolo de los años de plomo de la dictadura chilena es la DINA, una criatura perversa y despiadada creada por el general Augusto Pinochet en noviembre de 1973, a sólo dos meses del golpe de Estado contra Salvador Allende, cuando el Estadio Nacional y los cuarteles se llenaban de prisioneros políticos.

Al frente puso a un general, Manuel Contreras, a quien conocía desde 1944, desde su inicio como soldado chileno en la Escuela Militar y de quien fue su instructor.

En sólo cuatro años, la Dirección de Inteligencia Nacional fue responsable por el asesinato de 2.279 personas y la desaparición forzada de otras 957.

Esa maquinaria encontró su razón de ser en las palabras de Contreras cuando puso en funciones a sus primeros miembros.

"Ustedes han sido elegidos entre miles y miles de hombres de las fuerzas armadas para cubrir un lugar de privilegio en la lucha destinada al exterminio total del marxismo", dijo el general, acaso con el pecho inflado por la emoción.

"En ese ejercicio -agregó- tendrán carta blanca para cumplir todas las órdenes que se les impartan
".

Con 1.000 hombres entrenados para matar, la DINA no sólo sembró el terror en Chile sino que además extendió su poder más allá de sus fronteras. En coordinación con los servicios de inteligencia de la Argentina, Brasil y Uruguay planificó, financió y ejecutó los crímenes más sonados de esta parte del continente.

Para financiar este proyecto, Contreras, hoy en prisión por muchos de los asesinatos cometidos por la DINA, contaba con fondos estatales, pero además con dinero de algunas compañías que creó para ese fin.

Y en el marco de la denominada "Operación Cóndor", un acuerdo supranacional destinado a "combatir el marxismo en todo el mundo", sumó a la SIDE y la Triple A de la Argentina, al MNC de los cubanos anticastristas, a los ultraderechistas del italiano Stefano Delle Chiaie y a los terroristas del coronel croata Vlado Sescen.

Con esa red montada, la DINA ejecutó los asesinatos del general Carlos Prats en Buenos Aires, en la primavera de 1974, y de Orlando Letelier -quien había sido cadete militar a las órdenes de Contreras- en Washington en 1976.

El atentado contra Bernardo Leighton en Roma, en 1975, también figura entre los penosos antecedentes de la DINA.

Pero además de un perfeccionado método de tortura, la DINA se enfrascó también en la elaboración del gas sarín, fabricado en un laboratorio montado en la residencia del agente de la CIA Michael Townley, responsable por el asesinato de Letelier y estrecho colaborador de Contreras.

El escándalo internacional por el asesinato de Letelier, nada menos que en los Estados Unidos, firmó el certificado de defunción del organismo de inteligencia, que fue disuelto y sustituido por otro en 1977.

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