Maldito pasado20 de Julio 2003 La Nacion
“Todos lo sabían y nadie dijo nada”, advirtió hace algunos meses atrás en un programa de televisión una periodista al comentar que la práctica de pagar sobresueldos en la administración pública era antigua y extendida, pero a nadie parecía haberle preocupado nunca, hasta que empezó a importar. Lo mismo podría decirse de las acusaciones de vejar sexualmente a una presa política que hoy tienen en calidad de “hombre muerto caminando” al otrora poderoso director de Investigaciones, Nelson Mery: todos lo sabían, pero nadie dijo nada... o casi nada. “No conozco a esa señora o señorita. Nunca la interrogué o entrevisté. Esas son imputaciones falsas que me levanta”, dijo en 1999 Mery al hoy desaparecido diario El Metropolitano, que publicó un extenso artículo de portada donde recogía las denuncias de Odette Alegría, aunque sin los detalles que ella ha dado ahora sobre los sórdidos episodios que habría protagonizado Mery durante su detención en la Escuela de Artillería de Linares. Con escasas variaciones, eso ha sido lo que ha repetido en las múltiples entrevistas que ha dado desde que el caso “reestalló”, hace un par de semanas. Lo del Metropolitano no era lo único. Unas semanas antes la revista Qué Pasa había elucubrado una bomba de tiempo para la candidatura de Lagos con Mery como detonante y la prensa local de Linares y Talca había dado amplia cobertura al testimonio de Alegría, que era parte de la primera querella por torturas -ingresó a tribunales el 29 de abril de 1999- que se presentaba en Chile tras la detención de Pinochet en Londres, pese a que a última hora no se incluyó el nombre de Mery entre los inculpados. Aún así, el tema desapareció rápidamente de la escena pública. Tampoco pasó a mayores la acusación que el 2000 le hizo la escritora Mónica Echeverría, esposa del prohombre DC Fernando Castillo Velasco, quien en su libro “Difícil Envoltorio” relata la historia de Tamara Callejas, una joven hija de detenidos desaparecidos que fue criada por padres pinochetistas y vino a enterarse ya adulta de su verdadero origen. Su madre, María Isabel Beltrán, fue detenida por una patrulla donde iba a Nelson Mery. Desapareció de la Escuela de Artillería de Linares sin dejar rastro. Echeverría confidenció ahora a LND que Mery trató sutilmente de convencerla de que no publicara el libro. Pero ahora Odette tiene una testigo de que contó su versión hace ya 30 años. Inés Carrasco, su compañera de celda en el centro de reclusión femenina del Buen Pastor, relata a LND que después de llegar del Batallón de Artillería, Odette le contó con detalles la vejación sexual y mencionó expresamente a Nelson Mery. La Moneda lo deja caer Fuentes de palacio admiten que es posible la versión de Odette Alegría, que a los 25 años Mery puede haber cometido algunos pecados y haberse convertido después, tal vez puede ser un oportunista o un hombre cuya inteligencia le permitió permanecer y ascender en la institución bajo la UP, la dictadura y la democracia. Pero para el caso es lo mismo, afirman, porque de una u otra forma, Mery ha sido clave en todos los avances que ha habido en este largo y tortuoso camino a la verdad y la justicia. Aún así, la reaparición de las acusaciones en su contra, en cuyo origen no parece vislumbrarse una operación de la derecha, como denuncian los parlamentarios socialistas que se han jugado por él contradiciendo al recién estrenado presidente de su partido, Gonzalo Martner (ver página 24), esta vez si han desatado un escándalo de proporciones que terminará con un nuevo director de Investigaciones, con total independencia de si el actual es culpable o no. ¿Por qué? Primero, porque las acusaciones reaparecieron en mal momento, justo cuando el gobierno se aprestaba a entregar su propuesta sobre derechos humanos. Segundo, La Moneda cree que es imposible reponerlo en su cargo, aunque se desvirtuara la denuncia, por el contexto político y mediático. Prueba de ello es que el gobierno se movió rápido para aprobar una ley que estaba hace un año en el Congreso, y según la cual el director de la policía civil durará sólo seis años en el cargo y podrá ser un civil. Una actitud radicalmente distinta a la que en palacio había tenido hasta ahora durante los 11 años en que el policía ha estado a cargo de Investigaciones, básicamente porque Mery ha jugado un rol clave en la investigación de derechos humanos a riesgo de su propia vida -el viernes contó a Siete +7 que ha sido amenazado de muerte varias veces- y no le ha temblado tampoco la mano cuando ha tenido que hacer cumplir órdenes tan complicadas como detener a Manuel Contreras, atrincherado durante semanas en su fundo Viejo Roble. La férrea voluntad de Mery no está en cuestión. Al mismo semanario declaró que “a mí no me van a reventar”, dejando en claro que su intención es pelear, que está acostumbrado a jugar fuerte, que conoce bien al adversario y que no va a pasarle lo que a otros menos duros que él. La derecha lanza piedras Pese a ello, no hay nadie en el gobierno que no dé a Mery por perdido. Más ahora que la derecha, con Pablo Longueira a la cabeza, puede lanzarle piedras por temas de derechos humanos, un escenario impensado antes de que presentara su propio proyecto de solución al tema y redujera así a cenizas sus propios esqueletos en el clóset. A Mery, hasta entonces, la derecha sólo lo había criticado por ineficiencia policial o por exceso de ella. En RN Pía Guzmán, su más ácida detractora, siempre reclamó que utilizaba su cargo para acumular información política, la misma labor por la que fue despedido su antecesor, Horacio Toro, quien luego de que el ejercicio de enlace tomara por sorpresa al gobierno de Aylwin, decidió poner en marcha los planes Halcón para saber en qué diablos estaban los militares, que en ese tiempo eran bastante más “revoltosos”. Hasta que lo pillaron a él. El escándalo puso a Mery como interino durante largo tiempo, pero Patricio Aylwin lo confirmaría no sin antes poner a investigar al entonces diputado por Linares Jaime Naranjo (PS), quien cimentó su carrera política en la defensa de los derechos humanos. El ex secretario del obispo Carlos Camus no encontró nada malo en la trayectoria del policía que hizo sus estudios secundarios y luego pasó diez años como detective en esa ciudad, pese a que la labor de Mery como enlace entre el mando militar e Investigaciones el ’73 era de público conocimiento y a que tenía oficina propia en la Escuela de Artillería de Linares, centro de detención y tortura tras el 11 de Septiembre. La reacción del ‘99 Cuando apareció en el Metropolitano el ‘99 que Mery había vejado a Odette Alegría, Naranjo jamás se enteró porque no lee la prensa local y porque ese diario, dice, “era marginal”. El ahora senador, en todo caso, habla ahora de Mery como un “converso”, una palabra que en su boca tiene un significado especial, por la cercanía de este socialista con la iglesia. El gobierno, en tanto, no se preocupó porque sólo se trataba de una acusación y porque en la querella por torturas que presentaron los ex presos políticos de Linares el nombre de Mery no aparecía. Había sido borrado por el abogado socialista, el mismo que más tarde se convirtió en gobernador de la zona. Pese a que se le enviaron cartas al ministro del Interior de la época, Raúl Troncoso, y al presidente del PS, Ricardo Núñez, avisándoles de las acusaciones contra Mery, nadie dio respuesta. Pero en el 2003 el escenario es distinto y parece que Mery ha acumulado demasiado en sus once años a cargo de Investigaciones: los errores policiales en Alto Hospicio y la Red Paidos, por los que terminaron pagando subalternos; la compra de informes de inteligencia a un personaje tan dudoso como Lenin Guardia -aunque otros importantes personeros de gobierno habían hecho lo mismo por años-, y que hasta hoy no ha podido encontrar a Paul Schaeffer en Colonia Dignidad, pese a los publicitados y masivos allanamientos en los últimos años; sospechas veladas de relaciones con el FPMR que habrían permitido la huida de algunos inculpados del secuestro de Cristián Edwards; operaciones encubiertas de la mano de Marcelo Schilling en La Oficina para desbaratar grupos subversivos y hasta acusaciones de pertenencia a redes de protección para el tráfico de oro. El ataque como defensa Pero Nelson Judas Lenin no lo ha hecho mal para defenderse. A nadie le pareció extraño que hace años Mery hiciera publicitara su vinculación con la influyente Masonería, considerando que en general la prensa tiene más sospechas que certezas sobre la calidad de “hermanos” de algunos personajes públicos. Eran un apoyo. Tampoco que paulatinamente se fueran de la institución los policías con más perfil para sucederlo, al punto que quien lo subroga ahora, Luis Henríquez, no tiene más contacto con La Moneda que haber estado en ella el 11 de septiembre. Otra razón para apurar la ley “express” sobre la sucesión de Mery. La férrea voluntad del policía para ayudar a la justicia en los casos de derechos humanos, desde el asesinato de Orlando Letelier hasta la detención de altos oficiales, le ha ganado una buena cuota de agradecimiento entre los abogados dedicados a este tema. Durante su mandato en la institución ha participado en la investigación de más de 3.000 casos de este tipo, algunos de gran connotación y que han importado un gran costo para las ex autoridades militares y civiles de la dictadura, como el caso Prats, Carmelo Soria, Caravana de la Muerte, Operación Albania y, últimamente, en los peritajes de exhumaciones ilegales de restos de detenidos desaparecidos. Reconstruyendo a Nelson De la permanencia de Mery en la Escuela de Artillería en los meses posteriores al 11 de septiembre de 1973 hay muchos testimonios, su propia confesión y decenas de declaraciones judiciales. De su participación en detenciones y su presencia en sesiones de torturas, también algunas declaraciones judiciales. Pero de su intervención directa en vejaciones a los presos que allí se encontraban, una sola: el impactante relato de Odette Alegría, detenida en noviembre de 1973, cuando tenía 18 años. “Tal vez sea un poco crudo decirlo, pero como a mí me llevaban a ver las torturas, muchas veces me quedaba sola, porque era desde las 9 de la mañana hasta las 8 de la noche, y él (Mery) muchas veces pasaba desde su oficina al baño y, al salir del baño, venía con su cierre abajo y el pene afuera, lo sacudía en mi cara y lo introducía en mi boca. Esto ocurrió a lo menos tres o cuatro veces”, señaló ante las pantallas de televisión el pasado 11 de julio. La reaparición de Odette Alegría relatando con crudeza lo que le pasó mientras estuvo detenida en Linares es sin duda el elemento más impactante de este capítulo de la historia que nos ocupa. Pero no fue el que la inició. Los acontecimientos de esta semana partieron con una entrevista al general (r) Humberto Julio, uno de los siete procesados por el juez Solís por la desaparición de María Isabel Beltrán, publicada en La Segunda el 2 de julio. De ello da cuenta la propia Alegría: -Julio mencionó al señor Mery como partícipe en la detención de María Isabel Beltrán, un tema que nos llega a muchos de los que fuimos detenidos en esta zona. A raíz de eso, el alcalde de Linares, Carlos Villalobos, hizo unas declaraciones a la prensa regional donde mencionó el paso del señor Mery por Linares. Se le preguntó por algunos casos puntuales de personas detenidas, él dio mi nombre y un canal de televisión, Megavisión en honor a la verdad, llegó a mi casa, hablaron conmigo y yo acepté contar mi versión que ya es demás conocida y que, si me disculpa, no voy a volver a repetir-, cuenta en entrevista con La Nación Domingo. Odette Alegría Vargas, en la actualidad cuenta 48 años, tiene un hijo, Arturo, que es profesor en Linares y que concibió con muchos problemas, que la llevaron a perder a otros dos. Odette ahora también es abuela, pero cuando fue detenida en Linares, en noviembre de 1973, tenía 18, estudiaba en el liceo politécnico de la ciudad y practicaba basquetball. Ines, la testigo “Ella era una de las mujeres más bonitas y jóvenes, las otras éramos viejas, mujeres viejas”, dice a LND Inés Carrasco, compañera de celda de Odette en el Buen Pastor de Linares, centro de detención a donde las llevaron tras su paso por el centro de torturas que funcionaba en la Escuela de Artillería. Inés, quizás es también la primera persona a la que Odette le contó lo sucedido con Mery. “Me preguntó primero lo que me habían hecho a mí, le dije que a mí me habían flagelado mucho”. - Me dijo, a mí no me han flagelado, ni me han pateado, pero ha sido peor. Le pregunté qué te han hecho, le dije... ¡dime!. Mira, eh, me manosearon y, de repente, el señor Mery sale del baño, cuando va al baño sale con su marrueco abierto... y me lo pasa por la cara, por la boca, y me lo mete en la boca. Yo le pregunto ¿una vez?, ¿dos veces?... No, me dice, cada vez que me mandan a buscar. Inés todavía vive en Linares, en la comuna de Villa Alegre, cerca de la línea del tren, y lo que más quisiera es olvidar y seguir con su vida sin sobresaltos. Pero no puede. Inés está indignada por lo que el diputado socialista Juan Bustos dijo de su amiga. “Jamás, jamás, si hubiera sido de Patria y Libertad no sería mi amiga, ni tampoco la agrupación la habría aceptado, además en Linares la conocen todos. Eso no se lo perdono al PS”, dice. Villalobos, el organizador Efectivamente, Odette Alegría es miembro de la agrupación de ex presos políticos de Linares desde su formación, y en 1999 era parte de la directiva. Como lo era también Carlos Villalobos, militante del PS de toda la vida, actual alcalde de Linares y otro de los acusadores de Mery. Villalobos aclara que a él nunca lo torturó Mery, pero presenció algunas de las sesiones a las que fue sometido mientras permaneció en la Escuela de Artillería. Villalobos también cuenta a este medio que desde 1990 que los ex presos políticos trataban de organizarse en Linares, pero sin resultados hasta 1999. Desde los inicios de la democracia incluso intentaron presentar querellas por las torturas que habían sufrido, pero ningún abogado quería tomar el caso. En el ‘99, también les costó mucho encontrar uno que los quisiera representar, por eso está “muy agradecido” de Sergio Monsalve, también socialista, pese a que el profesional retiró a último momento el nombre de Mery del escrito sin consultarles. Explica Odette Alegría: “Cuando se iba a presentar la querella, a nosotros se nos entregó un borrador que incluía el nombre de Nelson Mery, leímos, corregimos nombres y vimos los detalles. Al día siguiente se ingresó y nosotros, como directiva, y otras personas más acompañamos al abogado Monsalve hasta el juzgado. Luego nos fuimos a una sala de la Gobernación que conseguimos para conversar sobre este trámite. Delante de todos, el señor Monsalve toma la palabra y dice ‘Odette, amiga mía, te debo una disculpa. Sabes, saqué el nombre de Nelson Mery’. Pero cómo Sergio, le dije, si tú sabes de mi situación. Sí, me dijo, pero no importa porque basta con lo que se ingresó, igual se va a saber’. Todos quedamos plop. Es difícil entender y nunca he podido entender de fondo el asunto”, dice Odette. Y agrega: -Después de este impasse, hubo una conferencia de prensa donde yo dije que había sido vejada por el señor Mery. No conté todos los detalles porque era muy crudo. -¿Por qué el tema no causó más impacto en esa oportunidad? - La cobertura fue más que nada local y provincial, algo regional, pero no más allá con todos los canales viniendo a Linares como ahora-, dice Odette. Pero hay suspicaces que consignan que Monsalve fue nombrado gobernador provincial en marzo del 2000, cuando asumió Lagos. La abogada de Alegría, diputada PPD Laura Soto, ensaya otra explicación: “Tal vez, las condiciones no estaban dadas, quizás pesó la gran influencia de Mery, el blindaje que lo protege, tal vez también influyó el hecho de que había miles de casos peores”, dice desde su lata experiencia como defensora de estas causas. Pedro Matta, el escribidor La semana que recién termina, Pedro Matta envió dos email a 33 diputados de la Concertación, uno el miércoles y el otro al día siguiente. En ambos aportaba algunos datos del caso Mery y ofrecía una carpeta de documentos que podría esclarecer algunos episodios de la historia. Hasta el cierre de esta edición, ningún honorable lo había contactado (lo más cercano fue el llamado del secretario de Laura Soto para decirle que volverían a hablar el lunes). -Periodistas, esos sí que me han llamado, de todos los medios. Parece que los diputados ocupan a la prensa como mascarón de proa-, comenta. Pedro Matta Lemoine es un ex preso político, que pasó la Venda Sexy y Villa Grimaldi en 1974. Al momento del golpe de Estado era el secretario político de la juventud del PS en la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile, tras ser liberado partió al exilio en Estados Unidos y 15 años después regresó al país e inmediatamente comenzó a participar en la organización de la Agrupación Nacional de Ex Presos Políticos (ANPP). Hoy, Pedro Matta vive en uno de esos chalets de clase media que aún quedan en Vitacura, es representante del Trinity College en Santiago y continúa con sus investigaciones de violaciones a los derechos humanos durante la dictadura, incluso para juicios que se llevan en el extranjero. Matta, como dirigente nacional de la ANPP, estuvo presente en ingreso de la querella por detención arbitraria y tortura que se presentó en Linares el 29 de abril de 1999 y guarda copia del primer borrador de la querella. También guarda en su carpeta el original de un croquis que Odette Alegría hizo para él en abril de 1999, donde indica la disposición de las dependencias de la Escuela de Artillería de Linares, cuando le contó sobre las vejaciones sexuales que había sufrido a manos de Mery. - En algún momento evidencié incredulidad, entonces tomó el papel y me detalló la ubicación de donde ella estaba en la relación a la oficina de Mery y del baño, y ese papel está disponible para ser entregado al tribunal. Matta también fue quien alertó, en uno de sus email a los diputados, de la existencia de las cartas que la ANPP les envío al ministro del Interior del gobierno de Frei, Raúl Troncoso, y al presidente del PS, Ricardo Núñez, el 17 y 18 de mayo de 1999, respectivamente. De hecho, copias de ambas están en la carpeta que ofreció a los diputados. Consultado al respecto, Troncoso dijo a LND que no recuerda haber recibido la misiva, que va a averiguar. Núñez si la recuerda, pero dice entre tanta cosa que pasaba entonces, su memoria no registra qué paso con ella. “Pinochet estaba detenido en Londres y eso copaba casi toda la política nacional. Además, quienes la enviaron no insistieron en ella. Creo que tal vez, en medio de todo eso, no tomamos conciencia de su importancia”, dijo a LND. De arteagabeitia, el asesor Cuando le preguntamos a Matta por qué cree que el caso provoca conmoción ahora si no lo hizo antes, dice que no sabe a ciencia cierta. Pero recuerda una historia que, cree, podría dar luces. -Un par de días después de que enviáramos las cartas a Troncoso y Núñez, recibí una llamada telefónica del entonces relacionador público de Investigaciones, don Rodrigo de Arteagabeitia, quien me solicitó una reunión personal. Esa reunión se realizó en el Tavelli de Providencia-, cuenta. A Rodrigo de Arteagabeitía –quien en realidad es y ha sido todo este tiempo el asesor de comunicaciones del Director de Investigaciones-, Matta lo conoció con ocasión de la inauguración del Parque por la Paz que se construyó sobre las ruinas de Villa Grimaldi y, además, sabía de su condición de ex funcionario de la Vicaría de la Solidaridad. -El me manifestó que podía asegurarme con absoluta certeza que el señor Mery no había torturado, ni había sido partícipe de tortura en la Escuela de Artillería de Linares y me solicitó que el tema de Mery no se siguiera moviendo. -¿Y usted qué le contestó? - Le manifesté que, entre lo que decía una ex detenida política y víctima de violación a los derechos humanos y lo que decía un ex integrante de los equipos de interrogatorio y tortura por los que pasó esa misma detenida, a través de un tercero, yo no tenía ninguna duda sobre donde me posicionaba... Consultado por LND, De Arteagabeitia admite el encuentro del Tavelli. “Me junté con él para saber qué es lo iba a hacer porque sabía que se estaba tratando de montar una querella para posicionar el tema de la tortura que había quedado excluido del Informe Rettig”, dice. También dice que le ofreció la entrevista con Mery “pero él nunca la pidió”. |
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