Labarca Sanhueza CarlosEjercito - Suboficial - DINA
1 de Febrero 2004 La Nacion El falso mártir El suboficial y comando Carlos Labarca Sanhueza mató en 1974 a su compañero José González Ulloa. Ambos eran instructores de la Escuela Nacional de Inteligencia de la DINA. Pero el Ejército puso en 1990 a González en la cuenta de sus “mártires” muertos en “enfrentamientos”, engañando a la Comisión Rettig. Sin embargo, no fue más que un crimen entre la elite de la guardia de Pinochet. Labarca le destrozó la cabeza de un disparo. Hasta hoy no se sabe si lo que sucedió esa mañana del 20 de septiembre de 1974 fue una riña de comandos DINA borrachos, o Labarca mató a González por encargo del ‘Mamo’ Contreras o ‘Don Rodrigo’, chapa de Pedro Espinoza. Víctima y victimario eran suboficiales de elite, instructores de la Escuela Nacional de Inteligencia que la DINA mantenía en el Cajón del Maipo. Ambos integraban desde noviembre de 1973 la “avanzada de seguridad” de Pinochet, junto a hombres como Armando Fernández Larios. Cometido el crimen, el ‘Mamo’ habló con Pinochet y decidieron sacar a Labarca a Argentina. “Sumariado”, según dijo Espinoza al juez Alejandro Solís hace un par de meses. El “sumario” de Labarca fue extraño. El 30 de octubre de 1974, Carlos Hernán Labarca Sanhueza llegó a Buenos Aires cobrando 480 dólares al mes. Miembro de la suboficialidad más preparada, fiel e incondicional a los crímenes de la dictadura, Labarca era malo como el solo. El “sumario” fue para ayudar a armar la oficina de la DINA al interior de la embajada de Chile en esa ciudad. La pantalla de ‘Alberto Zúñiga González’, su chapa, fue aparecer como “guardaespalda” del agregado militar en Buenos Aires, coronel Joaquín Ramírez Pineda. El mismo que, siendo comandante del regimiento Tacna, ordenó, por orden superior, los crímenes de los detenidos en el Palacio de La Moneda el día del golpe militar. Semanas después, llegó a Buenos Aires “Don Vicente”, chapa del coronel Víctor Barría Barría, que fue el jefe de Labarca para esa misión en Argentina. El Ejército puso el crimen a la cuenta de sus “víctimas del extremismo”, y así se lo presentó a la Comisión Rettig en 1990. Y ésta lo creyó sin investigar más allá. Por eso José Nelso (sic) González Ulloa, aparece en ese informe como víctima de quienes “actuaron por motivos políticos”. “Falleció el 20 de septiembre de 1974 en un enfrentamiento con grupos armados desconocidos al interior del Cajón del Maipo” que “presumiblemente actuaban por motivos políticos”, dijo la Comisión Rettig. Y agregó que ésta “se formó la convicción de que la muerte de la víctima fue una violación de los derechos humanos”. La familia La familia de ‘Necho’, como le decían, quedó impactada en San Fernando cuando le avisamos lo descubierto. Fue una conversación difícil con su hermana Josefina. No creyó al principio. “Pero si el Ejército nos trajo el cuerpo y nos dijo que lo habían matado los extremistas”, dijo sollozando. “¡No señor, eso no es cierto, cómo nos viene a decir eso 30 años después, cuando todavía llevamos el dolor de la muerte de ‘Necho’, que Dios lo tenga en su santo reino”. Poco a poco se fue abriendo para preguntar por el nombre del asesino, porque así se lo describió Pedro Espinoza al juez Solís: “fue un asesinato”. Se lo entregamos. “Esto nos derrumba todo señor, pero a lo mejor ‘Nechito’ también habría terminado hoy día en la cárcel”, dijo la hermana. Pero los seis hermanos tienen miedo de que, si se conoce la verdad, “el Ejército nos quite la pensión que recibimos por él. Por eso no vamos a hacer nada. Nos vamos a quedar con este dolor inmenso”. “Todo esto pone en entredicho los casos presentados al Informe Rettig por el Ejército. Aquí se pretendió hacer creer que hubo un enfrentamiento, cuando esta persona fue ejecutada por sus propios compañeros”, sostiene el abogado de la familia Prats-Cuthbert, Hernán Quezada, para quien “este caso debe ser investigado”. De acuerdo al acta de defunción, la muerte ocurrió a las 07.30 horas del viernes 20 de septiembre de 1974. La causa, muy escueta, “hemorragia subcranoidea”. Como lugar de sepultación aparece “Cementerio General”. Pero ‘Necho’ está enterrado en la calle Los Boldos del Cementerio de San Fernando. Todo se hizo en sigilo. La documentación de la Comisión Rettig consigna que la prensa no registra antecedentes de su muerte, a pesar de ser un “mártir del extremismo”. La defunción, como los datos de la muerte, fueron escritos por el médico Werner Zanghelini Martínez. Como lugar de defunción aparece “Santiago, Carrera 214”. Ese era uno de los locales del MAPU del cual se apropió el Ejército. La Comisión Rettig no recibió el protocolo de autopsia cuando en su momento lo pidió al Servicio Médico Legal. No hubo autopsia. En ese servicio respondieron a LND que “esa persona no registra ingreso ni autopsia”. Zanghelini era de los mismos, un agente de la DINA que entonces se desempañaba en la clínica Santa Lucía de ese servicio de inteligencia. Integró la Brigada de Sanidad y hoy trabaja como cardiólogo en la calle Galvarino Gallardo 1983, en Providencia. Ahí fue “funado” hace un tiempo por la Comisión Funa. Un perro grande Un día antes del 11 de septiembre de 1973, Labarca se graduó como “comando” en la Escuela de Paracaidistas, teniendo como su jefe directo al teniente Emilio Timmermann Undurraga. Hoy general retirado, Timmermann será probablemente uno de los próximos procesados en la investigación por el crimen del ex químico de la DINA Eugenio Berríos. El currículum de Labarca no es menor: instructor militar de montaña, tenía el curso de paracaidista, el curso de guerra especial, el de asalto, el de guía, y el de explosivos y municiones. También era instructor de la Escuela Nacional de Inteligencia de la DINA y había aprobado el curso de comando. Como tal, era profesor de oficiales que le tenían aprecio por sus capacidades. O sea, no era para cruzarse con él por la calle mirándolo feo. El día del golpe militar Labarca fue destinado con una unidad de la Escuela de Paracaidistas como “reserva estratégica del comandante en jefe del Ejército”. Pocos días después, integró al mando del coronel Alejandro Medina un destacamento de comandos paracaidistas que viajó a Neltume, cordillera de la X Región, en una “operación guerrilla”, como el mismo la define. En ese destacamento también viajó el instructor de la DINA Cristián Labbé Galilea, hoy coronel retirado y alcalde de Providencia. El 18 de septiembre de 1973 Labarca participó en esa zona en la detención del mítico ‘comandante Pepe’, ejecutado el 3 de octubre de ese año en Valdivia por la Caravana de la Muerte. En palabras de Labarca, en la zona estuvieron unos 25 días. Por lo tanto el 10 de octubre de ese año el destacamento todavía estaba ahí. Por eso el juez Alejandro Solís investiga en calidad de inculpados a Medina Lois, a Labbé y todos quienes integraron ese grupo, por los asesinatos de 15 campesinos del Complejo Maderero Panguipulle en la localidad de Liquiñe. Sus cuerpos fueron lanzados al río Toltén esa misma noche, desapareciendo para siempre. La “avanzada de seguridad” de Pinochet la integró Labarca a partir de noviembre de 1973 junto a sus compañeros Jorge Vial, Carlos Pinolevi Rocha, Reginaldo Valdés Alarcón y ‘González’, según el mismo Labarca. Tal era la importancia que la DINA le asignó a este grupo selecto de suboficiales, que les arrendó un departamento en la remodelación San Borja frente al edificio de la Unctad, llamado Diego Portales después del golpe. Arribado a Buenos Aires a cumplir el “castigo del sumario”, Labarca se codeó con la flor y nata de los oficiales y suboficiales, agentes del Departamento Exterior de la DINA, que preparaban los atentados a Bernardo Leighton y Orlando Letelier, y echaban las bases de la Operación Colombo, parte de la Operación Cóndor, por la cual pretendían hacer creer que 119 militantes del MIR que permanecían presos en Chile o que ya habían sido asesinados, habían salido a Argentina siendo ejecutados por sus propios compañeros exiliados por “traidores”. Un mes antes de la llegada de Labarca a Buenos Aires, la DINA asesinó al general Carlos Prats y a su esposa. Buenos Aires era en 1974 un hervidero de agentes para operar en el extranjero. Fue Labarca quien en 1975 envió a Chile al ‘Yiyo’ Raúl Iturriaga Neumann, jefe del Departamento Exterior en Santiago con el apodo de ‘Luis Gutiérrez’, el sobre con las 119 cédulas de identidad de los chilenos que serían presentados como las víctimas de sus propios compañeros en la Operación Colombo. El 10 de abril de 1976 Labarca volvió a Santiago adscrito al Departamento Exterior de la DINA. Tal era su reputación, que la Brigada Mulchén, autora entre otros asesinatos del crimen de Carmelo Soria, se lo quiso llevar a sus filas. Pero “Luis Gutiérrez” no lo soltó. Disuelta la DINA, Labarca pasó a la CNI. “Ahí todos los puestos claves los tenían los comandos del Ejército”, dijo al Departamento Quinto, y continuó tirándose flores. “El acceso a lo que tuve yo no lo tuvo nadie que no fuera un comando”, manifestó a sus interrogadores, comentando sus amistades con el ‘Yiyo’ Iturriaga y contando que el hombre de los “corvos afilados” que también dirigió el trabajo exterior de la DINA y comandó la Escuela de Paracaidistas, José Zara Holger, “era bueno para el trago”. De cuántos balazos mató Labarca a González no se sabe, pero Pedro Espinoza se acordaba muy bien de los detalles y las fechas del crimen frente al juez Solís. Labarca es uno de los muchos suboficiales comandos de elite que hasta ahora pasan piola. Nunca ha sido procesado. Pero esta vez la espada le podría caer encima
20 de Octubre 2004 La Nacion Dictan acusaciones por secuestro de David Silberman El ministro Jorge Zepeda dictó acusación en el caso por el secuestro del ex funcionario de Cobrechuqui, David Silberman, causa que se acerca ahora a la etapa de sentencia y en que hasta el momento se mantienen los cargos contra los cuatro procesados. El magistrado estimó que el ex director de la DINA Manuel Contreras y el brigadier (r) Marcelo Moren Brito son responsables en calidad de autores del secuestro de Silberman, mientras que mantuvo la tipificación de cómplices en el mismo ilícito que compromete a Marcos Derpich Miranda y Carlos Labarca Sanhueza. El 4 de octubre de 1974 miembros de la DINA sacaron a Silbermann de la Penitenciaría en donde permanecía recluido tras ser sometido a Consejo de Guerra en Calama. De acuerdo a testigos el supervisor de la actual Codelco fue visto en cuarteles de la DINA como José Domingo Cañas y Cuatro Alamos. Las partes ahora podrán adscribir o rechazar la acusación y una vez que el ministro recabe todos los antecedentes comenzará la fase final que incluye la dictación de las sentencia de primera instancia. |
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