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Hechentaimer Hechentaimer Hugo Jose

Ejercito - Teniente Coronel

20 de Enero 2003 PrimeraLinea

Juez Dolmestch acumularía procesos por muerte de miristas

 Diecinueve años después del operativo de la CNI que buscaba terminar con la presencia del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) en el sur del país, se está a las puertas de que el ministro en visita Hugo Dolmestch se haga cargo del caso. Todo depende de que el juez siga encontrando similitudes entre esas muertes y los procesos que lleva adelante: la Operación Albania, los asesinatos del periodista José Carrasco, Abraham Muskablit, Eugenio Rivera y Gastón Vidaurrázaga; y el último caso de desaparecidos de la dictadura.

Se espera que Dolmestch tome la decisión cuando se concrete la detención y procesamiento de dos oficiales implicados en las muertes de Nelson Herrera Riveros y Mario Octavio Lagos Rodríguez, acribillados a balazos en el sector de la Vega Monumental de Concepción. Ellos formaron parte de un grupo de siete personas, casi todas clandestinas, asesinadas en similares circunstancias entre el 23 y 24 de agosto de 1984.

Las órdenes de aprehensión contra Hugo José Hechentaimer y Víctor Muñoz Orellana fueron decretadas por la Segunda Fiscalía Militar de Concepción en noviembre del año pasado. Sin embargo, a la fecha, todavía no ha sido posible dar con el paradero de estos dos oficiales, ex agentes de la CNI, que estarían en servicio activo, según los antecedentes que manejan los querellantes.

Las pesquisas en manos del Fiscal Rodrigo Sandoval tuvieron un lento paso en primera instancia, básicamente porque en 1997 sobreseyó la causa. La casación, inmediatamente interpuesta por los querellantes en el caso de Concepción, significó que la Corte Suprema ordenara en 1998 la reapertura del proceso y, al mismo tiempo, dictara orden de detención y encargara reos a dos ex agentes identificados como Antonio Martínez López y Jaime Marinovic Palma.

Pasó el tiempo y no hubo ningún resultado. Sólo el año pasado y motivado por la presión de los querellantes, se ordenó al Departamento Quinto de la Policía de Investigaciones que desentrañara si eran nombres o chapas y, de ser falsos, se develaran las verdaderas identidades. En pocas semanas los detectives respondieron que se trataba de oficiales en servicio activo que utilizaron esas chapas y cuyos nombres reales eran Hugo José Hechentaimer y Víctor Muñoz Orellana. De inmediato se cambió el auto de reo y, pese a que desde noviembre del año pasado rige una orden de captura, todavía no se sabe el paradero de los ex agentes de la CNI.

El caso cobra mayor relevancia considerando que los antecedentes que manejan los querellantes indican que los inculpados siguen en ejercicio, pese a la doctrina del Ejército de no amparar a presuntos inculpados en denuncias de violaciones a los derechos humanos.

Los querellantes en la causa, Carlos Cabrera en Concepción y Héctor Salazar en Santiago, confirmaron que hasta el momento la justicia no ha tenido a su disposición estos dos procesados y, curiosamente, no se ha explicado por qué aún no son hallados.

A la espera de la decisión de Dolmestch, que para los familiares de las víctimas significaría avanzar de manera concreta en el esclarecimiento de la verdad, existen varias especulaciones sobre la participación de otros conocidos ex agentes de la CNI, vinculados a la Operación Albania.

Conversaciones de familiares con agentes de la disuelta CNI, no formalizadas en los tribunales, indican que Marcos Derpich, ex subdirector de la CNI, tendría cuotas de participación al ordenar las acciones. Otros testimonios, igualmente no oficiales, indicarían que el teniente coronel (r) Krantz Johans Bauer Donoso -procesado como autor de homicidio calificado en Operación Albania- también estaría implicado en estos crímenes.

En el caso de Derpich se dictó su procesamiento en Operación Albania, sin embargo la Corte revocó el auto de reo en enero de 2000. Distinto es el caso de Bauer Donoso, quien enfrenta la fase final del proceso en calidad de acusado y aguarda la dictación de condenas en su contra. Bauer, acosado por su conciencia, entregó detalles de la operación que terminó con la vida del periodista.

De comprobarse las coincidencias entre los casos habría mérito para que Hugo Dolmestch asuma en plenitud este proceso, acumulando no sólo el capítulo de Concepción –donde se dictaron los procesamientos- sino que también las otras cinco muertes de Los Angeles y Valdivia

Siete asesinatos en 48 horas

 Entre el 23 y 24 de agosto de 1984 –según indica el Informe Rettig- la CNI “con agentes enviados desde Santiago, ejecutó una operación destinada a eliminar a los dirigentes del MIR en la zona sur del país, específicamente en Concepción, Los Angeles y Valdivia. Muchos de ellos habían ingresado ilegalmente al país y se encontraban realizando trabajo clandestino. Todos estaban siendo seguidos por agentes de seguridad con anterioridad y por lo mismo éstos tenían claridad absoluta sobre sus actividades. En todos los casos se informó públicamente de la existencia de enfrentamientos a consecuencia de los cuales murieron las víctimas. Sin embargo, por los diversos antecedentes reunidos, la Comisión ha llegado a la convicción de que ellas fueron ejecutadas”.

El primer episodio se registró en la mañana del 23 de agosto de 1984 en Hualpencillo, cerca de Concepción. En la zona fue ejecutado próximo a su casa el obrero Luciano Humberto Aedo Arias quien -según testigos- fue asesinado con disparos a poca distancia sin que opusiera ninguna resistencia.

Más tarde, y en un hecho en el que hubo al menos una decena de testigos, fueron interceptados en el bus en que viajaban Mario Octavio Lagos Rodríguez y Nelson Herrera Riveros, obrero y comerciante, respectivamente, en el sector de Lorenzo Arenas de Concepción. El conductor del vehículo fue obligado por agentes de la CNI a detenerse frente a la Vega Monumental. Las dos personas ejecutadas bajaron del bus con los brazos en alto, no obstante, y tal como lo prueba la autopsia de uno de ellos –Herrera- fueron asesinados a corta distancia e incluso con un disparo en el cráneo.

Ese mismo día, a las 18:00 horas, fue muerto a disparos en Los Angeles Mario Ernesto Mujica Barros. La víctima de profesión contador fue interceptado cuando entraba a su domicilio y tampoco –relata la Comisión Rettig- existe constancia que haya opuesto resistencia que justificara la tesis del enfrentamiento.

Casi en paralelo, otro equipo de la CNI se trasladó hasta el camino que une a Valdivia con Niebla, dando muerte a Raúl Jaime Barrientos Matamal y Rogelio Humberto Tapia de la Puente. Al respecto el Informe señala que “las víctimas habrían sido detenidas en Valdivia y conducidas a ese lugar para su ejecución por los agentes de la CNI”.

La jornada de horror tuvo una segunda partida al día siguiente cuando fue muerto Juan José Boncompte Andreu. El economista fue sorprendido en su domicilio por un elevado número de agentes. Testigos indicaron que él intentó huir, pero fue cercado por los efectivos quienes le dispararon en varias oportunidades, falleciendo de inmediato.

Con estos datos obtenidos, la Comisión de Verdad y Reconciliación estimó que “está convencida de que estas siete personas fueron ejecutadas por agentes estatales, en violación de sus derechos humanos”.

Ahora, y por primera vez, los auto de reo dictados en el caso de las víctimas de Concepción, abren la puerta para que se agrupen los cinco episodios que se asemejan demasiado a las tres masacres de la Operación Albania, develando el modus operandis de la desaparecida CNI

 

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