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Fernando Patricio Zuñiga Canales

suboficial de la Fach

Agente SIFA

Alias: "Chirola"

(Foto facilitada por Comision Funa)

C.I.: 5.974.807-6
Domicilio: Pasaje Simón Bolivar 1298, San Bernardo

 

Fernando Patricio Zuñiga Canales, Suboficial de la FACH. Como soldado de la Base Aérea de El Bosque participó en la tortura de sus camaradas de armas. Luego es trasladado a la Academia de Guerra Aérea (AGA) para cumplir las mismas funciones y de allí pasa a formar parte del Servicio de Inteligencia de la FACH (SIFA), al menos hasta principios de los '90. En 1975 se incorpora al CC, en el que participa en el secuestro, tortura y desaparición de decenas de militantes de izquierda, entre ellos Víctor Cárdenas, Carlos Durán, Luis Maturana, Humberto Castro y Davíd Urrutia. También está presente en la ejecución de Bratti y Flores.  Fue procesado por el ministro Cerda y hoy aparece en los casos de Alonso Gahona y Víctor Vega.

 

Fuentes de Informacion: El Siglo; El Mostrador;


El Siglo

2002

Comando Conjunto, Quiénes son y dónde están: la confesión de ''El Barba'', de mirista a traidor

Hay ocasiones en que una entrevista puede convertirse en una tarea muy dura de realizar. Especialmente cuando en ella comienzan a develarse situaciones dolorosas, recuerdos de etapas muy duras en las que reaparecen una y otra vez los rostros sonrientes de amigos, o conocidos que hoy forman parte de la larga lista de detenidos desaparecidos o ejecutados en la etapa más negra de nuestra historia y que dieron la vida por sus convicciones. 

Hay quienes los sobrevivieron y optaron por otro camino. 

Leonardo Schneider, a quien sus antiguos compañeros del MIR en la Brigada Secundaria, de la que fue dirigente o de los equipos militares cuando ya era mayor de edad conocen como "El Barba" optó, como él declara con absoluta frialdad, por convertirse en un "traidor" y en un "criminal". 

Es como si al recordar su historia y referirse a hechos tan traumáticos como son entregar a los aparatos represivos a personas que confiaron en él, su alma se hubiera vaciado, dando paso a una indiferencia profunda respecto a todo lo que dice o hace. 

Esta es la primera vez que da una entrevista a un medio en Chile. Su versión dice que resolvió dar un vuelco a su vida en el momento en que descolgó el teléfono de la casa de sus padres, secuestrados por la SIFA y marcó el número que Edgard Ceballos Jones le había dejado. Convinieron una cita y se ofreció como colaborador. Agrega que todo lo que se ha inventado respecto a que su vinculación con la FACh es mucho más antigua, forma parte de la leyenda. Pero hay muchos que no le creen y él lo sabe. 

Quizás eso explica el resentimiento que le aflora al referirse a ciertas prácticas y normas por las que se regía el MIR, organización a la que ingresó a los 16 años y de la que no quiso retirarse a pesar de que, según reconoce, ya estaba "quebrado". Paradojalmente algo cambia en ese tono de voz, monótono y desapasionado, cuando se refiere a los oficiales que aceptaron su oferta de ser un colaborador, le asignaron algunas tareas y lo integraron a sus equipos operativos. Con un matiz de arrogancia, recuerda su apodo en el equipo de Ceballos: allí dejó de ser "El Barba" y se convirtió en el "Teniente Velasco". También pareciera que se siente reconocido por las misiones que le encargó el coronel Oteíza, superior de Ceballos. 

Sin embargo, son chispazos. La impresión que se mantiene es de alguien muy frío, sin inflexiones, ni siquiera cuando se enfrenta a los aspectos más duros de su historia. Hay algo de descuido en su aspecto personal y también en la casa-oficina donde funciona. A pesar de estar bien ubicada, la maleza terminó definitivamente con el jardín, y el orden no es precisamente lo que prima en la sala donde se realiza la entrevista. 

Schneider de 51 años, está separado de su segunda pareja y tiene cuatro hijos. El menor vive y trabaja junto a él y entre los dos hablan en hebreo. No tuvo ningún problema en acceder a esta entrevista, cuyo contenido es casi idéntico a las declaraciones, versión que, subraya, ha entregado a los tribunales, cada vez que han solicitado su presencia. 

La versión de Schneider 

¿Al momento del golpe, estaba en la universidad? 
Estaba inscrito primero en Ingeniería y luego en Sociología para tener alguna vinculación con la universidad, pero pertenecía a la fuerza central del MIR y funcionaba en la casa de la Comisión Política. 

¿Lo detuvieron? 
Sí, debe haber sido por septiembre, comienzos de octubre. Yo estaba junto con mi hermano y otro mirista cuya "chapa" era "Aquiles". Nos detuvieron los carabineros y después de interrogarnos por cuatro días nos enviaron al regimiento Chacabuco. Se dieron cuenta de que no éramos los trabajadores que decíamos ser. A mi hermano y a mí nos enviaron a la cárcel. Nunca supe lo que pasó con "Aquiles", aunque creo que lo fusilaron. 

¿Coincidió en la cárcel con el general Bachelet? 
Sí, pero ellos estaban en otra galería. Estuve ahí como hasta marzo. Había más miristas, pero finalmente nos acusaron de activistas estudiantiles, no nos probaron nada y salimos en libertad. Yo me reconecté con el MIR y seguí trabajando como antes. 

¿Cuándo lo detuvieron por segunda vez? 
Yo me entregué, producto de que detuvieron a mis padres más o menos a fines de septiembre. Supe que había sido el Servicio de Inteligencia de la Fuerza Aérea, SIFA. En ese tiempo ya se conocía la existencia del equipo de Ceballos. Yo podía entrar a la casa de mis viejos por un local comercial que estaba a los pies. Cuando fui ese día, estaba sólo la empleada, ella me informó que unos uniformados de la FACh se habían llevado a los viejos. Ceballos me dejó un papel con un teléfono. Lo llamé y le dije que quería entregarme. 

¿Le propuso un canje: usted por sus padres? 
No. En ese tiempo, el jefe de la SIFA era el coronel Oteíza. Nunca tuve claro cuál era la relación SIFA-AGA. La primera realizaba labores de inteligencia más institucional. El AGA era un lugar de detención y allí funcionaba Ceballos. Hasta donde yo sé, dos días antes del Golpe, por orden directa de Gustavo Leigh, él se fue a ese recinto y ahí me imagino que se quedó, pero no me consta porque en esa época yo no sabía de él. 

¿Tampoco supo nunca que formó parte del equipo que interrogó y torturó al general Bachelet, de quien fue subordinado, y a otros oficiales de su generación? 
No. En esa época yo no estaba en el AGA. 

¿A usted lo torturó? 
No. Quizás si me hubiesen presionado de esa forma, a lo mejor me habría convertido en un segundo "Guatón Romo". He pensado en ello. 

¿Cuál es la diferencia entre ambos? 
En torno a mí se ha construido una leyenda, pero yo no torturé, ni interrogué, ni repasé declaraciones de los presos que en ese momento estaban en el AGA. 

¿En qué época tuvo su primer encuentro con Ceballos? 
Conversé con él y con Oteíza. Me parece que fue por los días en que él intentaba sostener una negociación con Miguel Enríquez que consistía en canjear a los presos que había en ese momento en el AGA a cambio de que el MIR entregara las armas. El puente de esta conversación se hizo a través de Laura Allende y Monseñor Carlos Camus. Pero no resultó. Bueno, concretamente en esa primera conversación, yo me ofrecí a colaborar con ellos. 

¿En qué consistía su trabajo? 
Me arrendaron una casa en la calle Tomás Moro, muy cerca de la de Allende que fue bombardeada el 11. El coronel Oteíza quería utilizarme en tareas de inteligencia. Tenía unas ideas locas, como infiltrarme en Cuba. 

¿Y usted dividía su tiempo entre su trabajo en el AGA y en el MIR? 
Sí. Era ayudante del "Coño Molina" (José Bordaz Paz) que era de la Comisión Política del MIR. 

¿Cuándo lo conoció? 
Antes del Golpe. Yo era dirigente secundario y él formaba parte del Comité Regional y teníamos actividades juntos. Después de mi primera detención fui su ayudante. El me eligió para esa tarea. 

¿Y en ese momento usted ya trabajaba con Ceballos? 
No. Mi vinculación con la SIFA fue evaluada por Oteíza y Ceballos como un triunfo político. Si bien es cierto, ya existían en la DINA algunos colaboradores, no tenían a alguien vinculado al aparato militar del MIR. Por eso su objetivo era mantenerme lo más compartimentado posible. Yo no podía ir al AGA y participé en algunos operativos de detención de otros miristas. Oteíza quería emplearme en otras tareas. Cada vez que ellos me requerían, nos juntábamos en la casa de Tomás Moro. Ahí conocí también a Wally (Fuentes Morrison) y a otros que funcionaban esporádicamente en los equipos operativos. 

¿Cómo llegó él a formar parte del equipo del AGA? 
Hay mucha fantasía alrededor de cómo funcionaban estos equipos. No tenían la estructura ni de la CIA, ni de la KGB ni del Mossad. Había un grupo de civiles, militantes de Patria y Libertad que tenían algunos contactos con oficiales de la FACH y se acercaban para participar en algunas acciones. Pero era algo inorgánico. El Wally era un civil, bombero, y participaba en entrenamientos de salvataje y de allí tenía sus contactos. Pero yo diría que, siendo un civil, era el más militar de todos. No sólo por su contextura, sino por su disposición a estar como en combate permanente. Era duro. 

A ver, resulta bastante inverosímil que el objetivo de la SIFA al mantenerlo infilitrado en el MIR no fuera recoger toda la información a la que usted podía tener acceso por la función que desempeñaba. 
Sí, pero yo no manejaba toda la información que otros creen que conocía. Para tomar una decisión tan brutal como la mía, yo estaba quebrado mucho antes de haberme entregado. 

El asesinato del "Coño Molina" 

¿A cuántos de sus compañeros entregó? 
Participé en algunos operativos que terminaron en detenciones. Uno de ellos ocurrió el 30 de octubre del 74, donde incluso uno resultó herido en una balacera. 

Hay dos testimonios, uno de Ignacio Puelma y otro de Patricio Flores que lo reconocieron como uno de los miembros del equipo de Ceballos que los detuvo en aquella ocasión. 
Eso es efectivo y lo declaré ante el juez. A ambos los conocía. El Pato para mí es "Márquez". Cuando supe que se había dado la orden de operar, ya había partido el equipo que lo detendría. Yo iba en un vehículo MG con otros dos, a uno lo vi y me da la impresión de que forma parte del Comando Conjunto. (Se trata de Fifo Palma). Pero llegamos tarde y quedamos botados en un lugar, así que no participé directamente. Pero personalmente detuve a Puelma creyendo que me había identificado. El tenía una militancia muy tangencial, pero no era muy orgánico. 

¿O sea que el único delito de esa persona que permaneció presa durante muchos meses en uno de los campos de detenidos fue porque usted creyó que lo habían descubierto? 
Debe haber sido más bien por una cuestión administrativa que no se condescendía con la supuesta implicancia que tenía. 

¿En que otro operativo participó? 
Directamente en el que se montó para detener a José Bordaz y en el que cayó herido de muerte. La decisión de detenerlo se tomó después de que cayó una persona, alguien ligado al teatro. Descubrieron un papel del "Coño Molina" con un plan cuyo objetivo era poner unos "guatapiques" en el Diego Portales para hacer ruido, pero el fin era atentar contra Oteíza. Entonces se toma la decisión de neutralizarlo y se monta el operativo en el que yo me integro como parte del equipo de la SIFA. 

¿Qué sintió en el momento en que conversó por última vez con Molina sabiendo que lo estaba engañando para entregarlo? 
Me sentí un traidor. Es lo que soy, ¿no? 

Efectivamente, ese es un acto de traición. ¿Puede contar cómo fue ese operativo? 
Le di un punto para encontrarnos. Alonso de Córdoba y Vitacura. Iban varios vehículos al operativo y yo dirigía los movimientos por un radio. El apareció por otro lado y le dio un topón a una camioneta. Yo estaba en un auto con Wally y un suboficial que era el chofer, esperando. Entonces el suboficial se bajó y le disparó. El Wally hizo lo mismo y las balas atravesaron su asiento. Desde donde estaba vi cuando lo sacaron muy malherido del auto y se lo llevaron al hospital de la FACh rápidamente. En ese momento se produjo otro incidente ya que otro vehículo manejado por un civil atravesó en medio de la balacera y no se detuvo, sino que corrió a toda velocidad. También le dispararon al chofer el que chocó metros más allá, echándose un poste y murió. A los pocos segundos llegó la DINA al lugar. Ahí supimos que se trataba de un médico del ejército y que el auto era propiedad de Augusto Pinochet hijo. A la DINA le quedó la sospecha que el operativo contra el Coño había sido una pantalla para atentar contra el hijo de Pinochet. 

Volvamos al asesinato de José Bordaz. ¿Después de eso, usted siguió vinculado al MIR? 
Todavía quedé contactado con el MIR por un corto tiempo. 

Pero, ¿qué pasaba por su conciencia? O simplemente, ¿le dio lo mismo? 
Decidí abrirme y comencé a ir al AGA donde había presos que podían reconocerme. Pero ya no me importaba. Creo que fue mi reacción a la caída del Coño. Fue una acción criminal en la que yo participé. Por lo tanto, soy un criminal. Eso ya lo tengo asumido y procesado. Fui yo solito el que tomó las opciones que tomó y no me gusta andar de víctima por la vida. Simplemente tomé un camino y lo asumo, pero tengo que seguir viviendo y en eso he estado todos estos años. 

¿Antes de morir, José Bordaz supo que usted lo había entregado? 
Me parece que estuvo inconsciente los dos días que duró en el hospital. 


El teniente "Velasco" 

¿En qué momento el MIR tiene la certeza de que el "Inspector Velasco" -tal como aparece mencionado en algunos procesos- y usted era la misma persona? 
A mí, dentro del AGA nunca me dijeron inspector. Yo era el teniente Velasco, así me trataban los suboficiales y el resto del personal. Me parece que fue en el mes de enero del 75 cuando se supo que yo colaboraba. 

¿Usaba uniforme? 
Sí. 

¿Fue testigo de torturas a los prisioneros -antiguos compañeros suyos- presos en el AGA? 
No. Además quiero plantear algo. No se puede comparar lo que ocurrió en la DINA a lo sucedido en el AGA. Ceballos no es Marcelo Moren. No los coloco en el mismo plano y no es que yo sea el portavoz de Ceballos, simplemente constato hechos. La DINA aniquiló a la mayoría de los miristas que cayeron en sus manos. La SIFA neutralizó a la dirección del MIR. La mayoría de los detenidos desaparecidos son obra de la DINA, que actuó con una brutalidad que no tuvo la SIFA con sus detenidos. 

Creo entender que ese es el cuento que necesariamente se tuvo que construir y contar desde esa época para seguir parado en la vida hasta ahora. Pero para mí la tortura, quienes la aplican, llámense Ceballos o Moren, y sus equipos son igualmente despreciables. La tortura es un crimen contra la humanidad y quienes la ejecutan son criminales. 
Mi cuento, como usted dice, tiene para mí cierta validez y por eso enfrento la vida con la cara descubierta. Usted es demasiado absoluta para mirar las cosas. Hay muchos matices para observar estas situaciones. 

No se trata de ser absoluta. Se trata de tener una escala de valores y una ética que me permite tener serenidad en el alma y sentirlo todas las mañanas, cuando me miro al espejo. La tortura no tiene matices, es una aberración. 
En la SIFA hubo un solo muerto: el Coño Molina. Falleció en el hospital y no fue torturado. 

Usted formó parte del equipo de Ceballos y le reitero: es su cuento. En todo caso no es la opinión del juez que sustancia las causas de dos militantes comunistas muertos en el AGA y por el que está procesado Ceballos Jones. Por otra parte, ¿cómo se explica que sea justamente ese grupo de personas el que dio origen al Comando Conjunto? 
En algún momento, cuando se termina el funcionamiento de este equipo en el AGA, Wally les hace un discurso donde les dice que combatir al MIR había sido una cosa de fairplay. Pero que ahora comenzaba la guerra de verdad con el enemigo principal que era el partido comunista, donde no había muchachitos, sino hombres maduros, obreros, convencidos de su doctrina. 

La represión al MIR es la prolongación a la de los uniformados de la FACH. Cuando llegan a conocerlo, detienen a dirigentes de su Comisión Política, especialmente los de su aparato militar y tratan de neutralizarlo. Ese era el objetivo que buscaban. Pero tengo la impresión que con la caída del Coño se les acabó el objetivo. Esto es a fines del año 74 en los momentos en que había una guerra soterrada entre Gustavo Leigh y Pinochet. La lectura de este último era que la FACH no podía generar una unidad en su interior que tuviera el mismo o similar poder represor que la DINA que dependía directamente de él. Hay que recordar que Manuel Contreras conversaba todas las mañanas con Pinochet cuando éste viajaba desde su casa al Diego Portales. Entonces se toma la decisión de terminar con este equipo del AGA y sus integrantes se quedan sin pega. 

Pero en la realidad eso no fue así, allí Ceballos se integró a la Comunidad de Inteligencia. 
Es en ese momento en que comienzan a crear otras estructuras, la DIFA, y otros nombres y delegan sus funciones a estos otros organismos. Es la génesis del Comando Conjunto. En una ocasión, en los primeros días de enero, Ceballos debía realizar una operación de allanamiento y pidió ayuda a Carabineros. Le delegaron personal de inteligencia y algunos del grupo móvil. Creo que a partir de esa operación, inició una colaboración con algunos hombres de inteligencia de esa institución. En ese momento, tenía ya en su cabeza que el enemigo principal al que había que desintegrar era el Partido Comunista. 

¿Y usted también formó parte de ese equipo? 
En ese momento mis padres que estuvieron presos en el AGA son liberados y yo quería irme del país. Volviendo al origen del Comando. Creo que su diseño estuvo en la cabeza de Ceballos. El se orienta para la represión. Pero yo en ese momento cumplía una función que me asignó Oteiza en Perú a donde viajé con otros dos oficiales. 

¿Qué tipo de tarea? 
Típicamente militar de contrainteligencia. Viajamos con pasaportes falsos. Al regresar, Oteíza me preguntó si quería adscribirme a la FACH y cuando le dije que lo que quería era salir del país, me ayudó a preparar mi salida. Incluso me dice que tomaría medidas para que no me detenga la DINA. En esos días yo seguía viviendo en la casa de Tomás Moro y fui a verlo a una oficina que tenían en la calle Nataniel, en el sexto piso de un edificio ubicado en el vértice de la Alameda. Era un departamento grande donde vi mucho uniformado que antes no había visto en el AGA. Algunos civiles y otros con uniformes de la FACH. Allí revisaban fichas internas de los integrantes de esa rama y Oteíza trabajaba en la Policía Interna. Me envió a Punta Arenas a sacar el pasaporte. Estábamos en eso cuando muere producto del accidente aéreo. 

¿Fue un accidente o un atentado? 
Accidente. Estaban lanzándose paracaidistas y murieron bastantes milicos. Uno de los paracaídas se enredó en la cola del avión y éste cayó. Había familiares y mucha gente observando. 

La estadía en Villa Grimaldi 

¿A quién recurrió entonces? 
Fui a hablar con Ceballos como unos diez días después. Estaba a punto de viajar a China en una misión institucional. Pero nada de lo que planifiqué resultó porque nuevamente detuvieron a mi hermano y a mí me secuestró la DINA antes de viajar. Era el momento más duro de la pugna entre ambos bandos. 

¿Dónde estuvo? 
Me llevaron a la Villa Grimaldi directamente y me condujeron donde Marcelo Moren, quien estaba a cargo de ese recinto. Es un tipo torpe, poco inteligente, burdo. De inmediato me pasaron un cuestionario ridículo con varias preguntas para que informara de las conspiraciones de la SIFA contra la DINA. 

¿Vio a más detenidos? 
En ese momento solo estaba Lautaro Videla y "Joel" (Iribarren). Después llegaron más detenidos, estoy hablando de mediados del 75. Ahí estuve hasta fines del 76. 

¿Y su antiguo jefe no hizo ninguna gestión por ayudarlo, ni tampoco pudo tomar contacto con alguno de ellos? 
Pero si yo en la Villa Grimaldi estuve preso. A mí nunca me movieron. Si el cuento que, como usted dice, yo me cuento, tiene alguna validez, fue en ese tiempo, donde no tuve nada que hacer, que reflexioné sobre la cagada en que convertí mi vida. Ni Ceballos ni otros hicieron nada y menos mal que fue así porque de lo contrario habrían dado argumentos a Krasnoff que en los primeros interrogatorios, sin apremios, quería saber cuándo yo había ingresado a la FACH. Su prueba era que yo tenía una TIFA. Pero no estaba a nombre de Leonardo Schneider. 

¿Vio a algún detenido desaparecido durante su permanencia en ese lugar? 
Sí, a Jorge Fuentes, el "Trosko", mirista detenido en Paraguay y posteriormente traído a Chile. A él lo tenían en un lugar apartado porque llegó con sarna. Estuvo muy mal, pero no lo interrogaron mucho. Una mañana, después que en la noche habíamos visto que el guardia conversaba con él, observamos que este mismo tipo estaba quemando la ropa y la colchoneta donde dormía el Trosko. Yo lo miré y él levantó los hombros y me dijo "que le vamos a hacer, así son las cosas". Es decir, esa noche lo mataron. También vi a Víctor Díaz, el dirigente comunista, y sucedió la misma situación. Una noche estaba conversando y a la mañana siguiente ya no estuvo más. 

¿Tiene los nombres de esos guardias? 
No me acuerdo. Pero sí que esa noche en que mataron al Trosko hubo más silencio que nunca. Con los guardias existía una relación en que a veces nos convidaban cigarros y algo conversábamos, pero siempre me dio la sensación que pensaban que a nosotros también nos matarían. Esto yo lo declaré en los tribunales. 

¿Quién estaba a cargo de la Villa en ese tiempo? 
Cuando yo llegué era Marcelo Moren, pero después el oficial de más alto rango que se aparecía era Krasnoff. 

¿La SIFA no volvió a tomar contacto con usted? 
Más bien, yo lo hice, cuando salí de la Villa, en diciembre de 1976. Fui a la casa de los padres del Wally y lo esperé hasta que apareció. Le pedí cuentas de por qué no habían hecho nada por mí y me enteré de que Ceballos no estaba en Chile. Ellos, cuando se enteraron de que estaba en manos de la DINA, "limpiaron" la casa para que no encontraran nada si es que allanaban. Allí le reiteré que mi intención era irme de Chile, lo que hice tiempo después. Viajé a Israel. 

Los referentes 

Muchos de sus antiguos conocidos están hoy en las páginas de los diarios debido a las confesiones del ex agente Otto Trujillo y una vez más, reaparecen aquellos rostros de los presos que nunca más aparecieron. ¿Ha concurrido a los tribunales a entregar la información que posee? 
Sí, he ido al Noveno Juzgado donde hay una querella en contra del equipo que estuvo a cargo del AGA y también fui citado por el juez Carroza. He tenido careos con algunos antiguos miristas y también uno con Ceballos a quien no veía hace mucho tiempo. Hay testimonios que no tienen que ver con la realidad, al menos es lo que me recuerdo y otros que son coherentes con lo que ya he mencionado en esta entrevista. 

¿Por qué lo citó Carroza? 
Ellos pensaban que yo había pasado junto con Ceballos y compañía limitada al Comando Conjunto, pero a la fecha de lo que necesitaban saber del segundo semestre del 75 se dieron cuenta que yo estaba detenido en la DINA. Mi conocimiento sobre el Comando dice relación con la gente que yo conocí. En el tribunal me encontré con Otto Trujillo, que esperaba en el pasillo, y vi a otros que me parecieron conocidos. Me dio la sensación que estaban ahí para firmar y después salieron todos juntos. 

¿Conocía a Trujillo? 
Sí, en el AGA. El era una suerte de ayudante que tenía el Wally, circulaba por ahí. También lo hacía, Yerko, el Fifo Palma y otro que era de la Armada. Eran los civiles, tenían una relación de antes, desde Patria y Libertad. Era el lote del Wally y me parece que es a ellos a quienes convocó 
cuando se dio la partida a la represión al PC. 

¿Y usted, a quién reconocía como jefe a Oteíza o a Ceballos? 
Yo trabajaba con Oteíza y Ceballos, en ese orden. Pero no existía una orgánica en el AGA. Yo conozco más gente alrededor de diciembre del 74. De hecho fui a la casa de uno de ellos. 

¿De quién? 
Puede haber sido Yerko, pero no conozco su nombre. Ya en ese tiempo existía una cierta informalidad, además yo había decidido quemarme porque el MIR sabía que era un colaborador. 

Al escucharlo hablar de sus jefes en el AGA o de la FACH pareciera ser que ahí están sus referentes. Estableció un vínculo personal que se le nota cuando los menciona. 
Es cierto. Lo que voy a decir de Ceballos hoy puede parecer brutal. Me pareció en aquel entonces un leal enemigo del MIR que positivamente cumplía de manera estricta su diseño que no era aplicar una represión indiscriminada y brutal como la DINA. El cumplió además su palabra mientras estuvo a cargo del AGA. Generaba respeto intelectual, no era un patán. Creo que es en su cabeza donde se diseñó el Comando Conjunto. Pero cuando comenzó a operar, hubo un cambio de mano. Fue el Wally quien lo relevó y de este modo me explico que este organismo haya utilizado las mismas prácticas de exterminio de la DINA. O quizás peores. 

¿Ha vuelto a conversar con él? 
Sólo después del careo que tuvimos en el noveno juzgado hace un tiempo. Salimos caminando juntos y conversamos hasta que llegó a su auto. 

¿Siente que formó parte de ese grupo? 
No, tenía claro el papel que jugaba. Pero relaciones personales con ellos, salir juntos a tomar cerveza, no. Nuestra relación estaba marcada por la desconfianza. El trato de Wally para conmigo era de suspicacia absoluta. Ceballos tampoco confiaba, pero era lo suficientemente hábil para no hacérmelo notar. Oteíza sí confiaba. 

¿Y el resto? 
Eran rascas. Puede sonar clasista, pero es así. 

Vivió fuera de Chile más de 20 años. ¿Por qué volvió? 
Tenía que cerrar un círculo. Y lo hice. 

Usted tenía valiosa información para algunos familiares de detenidos desaparecidos, ¿por qué no tomó contacto con ellos en el curso de estas dos décadas? 
Fuera de las personas que ya le mencioné, no tuve más información y en la medida que tomaron contacto conmigo, colaboré con información. Pero hay muchas cosas que he entregado que los jueces no dan pelota. Están centrados en las cabezas de la DINA, y no han buscado, por ejemplo a los guardias que eran los que sacaban a los presos de sus celdas y los entregaban, o los eliminaban. Y hay algunos que seguramente tienen mucho que contar. 

¿Tiene alguna reflexión respecto de su propia historia? 
La hice cuando estuve en la Grimaldi. Tenía mucho tiempo y pocas cosas que hacer. Trato de emplear las categorías correctas y no me asustan las palabras de traidor o criminal. Hay hechos que cometí y siempre he estado claro en lo que hice. Es mi historia y me tomo como lo que soy. 


El Mostrador

Domingo 16 de Junio 2002

Comando Conjunto: Corte ratifica amnistía a 13 procesados

En un fallo que tendrá importantes repercusiones en las causas de derechos humanos, la Séptima Sala de la Corte de Apelaciones de Santiago ordenó la libertad de trece uniformados y revocó sus procesamientos al estimar que regía el principio de la cosa juzgada y la Ley de Amnistía.

El dictamen estima que no hay mérito para mantener los autos de procesamientos contra trece efectivos que pertenecieron al Comando Conjunto y que fueron sometidos a proceso por el titular del 25 Juzgado del Crimen, Carlos Hazbún, quien oficia como juez con dedicación preferente.

Esto, luego que el 2 de mayo, la titular del Primer Juzgado de Letras de San Bernardo, Cecilia Flores, se declarara incompetente para conocer la causa por el secuestro de David Urrutia Galaz, capturado por agentes del Comando Conjunto en 1975, y derivó los antecedentes al juez del 25º Juzgado del Crimen de Santiago, Carlos Hazbún.

La defensa de los ex uniformados a cargo del abogado Carlos Portales estimó que la resolución abre las puertas para seguir por el mismo camino con el resto del medio centenar de militares que en estos momentos son procesados por los jueces de dedicación exclusiva para estas causas.

Según El Mercurio, el Programa de Derechos Humanos del Ministerio del Interior ordenó una reunión especial para mañana con todos sus abogados para analizar el nuevo escenario. El director del organismo, Luciano Fouillioux, indicó que la última palabra respecto de la aplicación del principio de cosa juzgada y de la Ley de Amnistía se encuentra en manos de la Corte Suprema.

Esto, porque es la primera vez que un tribunal de alzada aplica un fallo de esta naturaleza en los casos por violaciones a los derechos humanos que son investigados por jueces especiales que fueron designados como resultado de la "Mesa de Diálogo".

El titular del 25º Juzgado del Crimen de Santiago, Carlos Hazbún, había procesado el 7 de enero de 2002 como autores de "asociación ilícita criminal" a los uniformados César Palma Ramírez, Otto Trujillo Miranda, Raúl González Fernández y Manuel Muñoz Gamboa.

Igualmente, al suboficial (r) FACh Pedro Caamaño Medina; al comandante (r) del regimiento Colina de la FACh Carlos Madrid Hayden; al suboficial activo FACh Robinson Suazo Jaque; al suboficial (r) FACh Fernando Zúñiga Canales; al suboficial (R) FACh Eduardo Cartagena Maldonado; al teniente (r) de Marina Daniel Guimper Corvalán; al suboficial (r) FACh Guillermo Urra Carrasco; al suboficial (r) FACh Pedro Zambrano Uribe y al suboficial (r) FACh Juan Chávez Sandoval, quienes ahora se vieron beneficiados con esta disposición


El Mostrador

27 de Marzo 2003

Cerro Chena: Jueza Flores dictó primeros procesamientos
La jueza Cecilia Flores Sanhueza, quien investiga casos de violaciones a los derechos humanos ocurridos al interior del Cerro Chena, San Bernardo, dictó ayer en la tarde los primeros autos de procesamiento producto de su labor como jueza de dedicación exclusiva en casos de detenidos desaparecidos.
Flores, titular del Primer Juzgado de Letras de San Bernardo, encausó, por los delitos de asociación ilícita y secuestro, a un total de 10 personas. Cuatro son oficiales en retiro de la Escuela de Infantería del cerro Chena: Magaña Bau, Alfonso Faúndez, Víctor Pinto y Sergio Rodríguez. Un quinto, Sergio Ávila Quiroga, fue funcionario de la Sexta Comisaría de Carabineros de San Bernardo.
Los otros cinco corresponden a ex miembros del Comando Conjunto, la mayoría de los cuales ya se encuentran procesados por el juez del 25 ° Juzgado del Crimen de Santiago, Carlos Hasbún. Se trata de Otto Trujillo, Manuel Muñoz Gamboa, Eduardo Cartagena Maldonado, César Palma Riquelme y Fernando Zúñiga Canales.
Los procesamientos dictados por la jueza Flores –informados por el diario La Hora- corresponden a la investigación que lleva por la desaparición del joven militante comunista David Edison Urrutia Galaz. También, por el secuestro del dirigente sindical
Manuel Ahumada Lillo y el hijo del gobernador de San Bernardo en la época, Fernando Ávila Alarcón


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