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María Alicia Uribe Gómez

Agente DINA/CNI

Chapa: "Carola"


Maria Alicia Uribe Gomez,"Carola", militante del Movimiento de Izquierda Rolucionaria (MIR), se transformo   en colaboradora en colaboradoras de los servicios de inteligencia, la DINA, CNI y DINE. Conocidas son las historias de las colaboradoras Marcia Alejandra Merino Vega y de Luz Arce. Sin embargo, Carola, a diferencia de las dos anteriores, nunca se arrepintió de lo que hizo. Hasta 1991 Carola era funcionaria del DINE a cuyas oficinas de República concurría a diario.

En los primeros días de octubre de 1974 la estudiante de Servicio Social de la Universidad de Chile, Alicia María Gómez Gómez, con nombre político "Carola" e integrante del equipo de informaciones del MIR, cayo en manos de la DINA. Las presiones y torturas ejercidas sobre ella la llevaron a colaborar con sus captores,. Gran parte de la información entregada por Marcia Merino sería corroborada por "Carola", con lo cual la DINA asestaría golpes letales al MIR, que condujeron a la caída de su propio jefe, el militante Emilio Iribarren Lederman, "Joel" quien también en primera instancia sería reclutado por la DINA.

Durante 25 años, María Alicia Uribe trabajó como una funcionaria más en los servicios de inteligencia del Ejército, hasta que el año 2000 jubiló de la institución como empleada civil.

Fuentes de Información: "Dónde están hoy los dinos de ayer",  Revista Análisis.;Que pasa; Archivo Memoriaviva


Que Pasa

3 de Septiembre 2010

Historia de una Traicion

-Buenas tardes, ¿podría comunicarme con María Alicia Uribe?
-Aquí no hay ninguna señora con ese nombre.

-¿Ésta no es su casa?
-No, ésta es una oficina comercial. Disculpe. Hasta luego.

La vida de María Alicia Uribe Gómez sigue siendo un misterio hasta hoy. En sus declaraciones ante la justicia ha reiterado que la dirección donde reside es un departamento situado en la calle Santa Rosa y es ahí donde la Policía de Investigaciones la contacta cada vez que requiere su testimonio por causas de violaciones a los derechos humanos. Sin embargo, en esta conversación telefónica, ocurrida el martes 24 de agosto, quienes habitan el antiguo edificio donde ella dice vivir niegan conocerla. En este céntrico barrio de Santiago, además, ningún vecino sabe quién es.
Tal vez porque hace mucho tiempo que no se aparece por ese lugar o, como suele hacer cuando camina por la calle, llega hasta allí ocultando su rostro con unos anteojos oscuros y una bufanda. De esta manera, busca que nadie la identifique en sus escasas salidas por la ciudad. El miedo a ser agredida por su pasado la transformó en un personaje solitario, casi en una ermitaña, que pasa la mayor parte del tiempo recluida en su hogar.

Su temor obedece a que, de ser una decidida militante con formación militar en Cuba, se convirtió con la misma vehemencia en una colaboradora fundamental para los organismos de seguridad del régimen militar. Ahí, quien fue conocida como "Carola" por sus antiguos compañeros del MIR, pasó a llamarse "Gloria Vilches".

Como muchos otros detenidos, no toleró las sesiones de tortura que sufrió durante un mes en el centro de detención de Villa Grimaldi. Pero a diferencia de la mayoría de ellos, esta mujer de 62 años rompió todo vínculo afectivo e ideológico con su pasado revolucionario y se integró para siempre al mundo militar. Primero delató a quienes trabajaron con ella por años en el MIR, varios de los cuales se encuentran desaparecidos. Luego, durante 25 años, María Alicia Uribe trabajó como una funcionaria más en los servicios de inteligencia del Ejército, hasta que el año 2000 jubiló de la institución como empleada civil.

María Alicia Uribe era un cuadro político atípico en el MIR. No vestía con los atuendos artesanales característicos de las jóvenes miristas y destacaba por su preocupado look. Ángeles Álvarez, quien compartió militancia con ella, recuerda que era "un poco frívola".

Es el caso más extremo entre quienes son considerados un símbolo de la deslealtad en las filas de izquierda. Como sí lo hicieron la ex militante del PS Luz Arce, y, en menor medida, la ex mirista Marcia Merino, "Carola" nunca mostró el menor indicio de arrepentimiento. Tampoco quiso colaborar con la justicia cada vez que fue citada a declarar. En 2001, al ser interrogada por la Policía de Investigaciones, dijo: "Ya traicioné una vez en la vida. No lo volveré a hacer".
Su historia es la más desconocida y desconcertante sobre el tema de la delación en el gobierno militar y, por ese motivo, estuvo entre las fuentes de inspiración para construir a Irene, el personaje principal de la novela La Vida Doble, de Arturo Fontaine. Entre Carola e Irene hay muchas coincidencias. Ambas pasaron por la tortura y entregaron a mucha gente. Pero, además, justifican en mayor o menos medida su traición. En uno de los párrafos, la protagonista del libro dice: "Hay algo indigno en el arrepentimiento y el deseo de perdón, algo cristianoide que me molesta. El demonio, incluso en la derrota, sigue siendo fiel a sí mismo y a su propia contradicción".
Entre el maquillaje y las armas

María Alicia Uribe Gómez llevó siempre una vida solitaria. Desde su época como alumna en el Liceo Darío Salas hasta que ingresó a la carrera de Trabajo Social en la Universidad de Chile debió acostumbrarse a pasar las noches en distintas pensiones de Santiago. Su padre no la reconoció durante muchos años y su madre, quien trabajaba como asesora del hogar puertas adentro, no pudo vivir con ella.

Sus ex compañeras de colegio no recuerdan haber conocido a su familia materna, pues dicen que "Carola" evitaba hablar sobre su historia personal. "Le avergonzaba su origen social y el hecho de ser hija de madre soltera", precisa una de ellas.

En 1969, mientras cursaba primer año de universidad, ingresó a una brigada estudiantil del MIR, donde se reflexionaba mucho acerca de las diferencias de clases y sobre las caminos que existían para superar la desigualdad y el capitalismo. Eso la hizo sentirse acogida y "su realidad social dejó de ser un motivo de complejo para ella durante un tiempo", según sus compañeros de la U.

A pesar de la sintonía que lograba con las ideas revolucionarias, María Alicia Uribe era un cuadro político atípico en este movimiento. No vestía con los atuendos artesanales característicos de las jóvenes miristas y destacaba por su preocupado look. Ángeles Álvarez, quien compartió militancia con ella, recuerda que era "un poco frívola. Le gustaba usar mucho maquillaje y ser el centro de atención". Bajo su perspectiva, Uribe se sumó al MIR más atraída por la aventura que por una convicción ideológica profunda. No obstante, Álvarez admite que tuvo "un gran nivel de entrega a la revolución". Lo anterior, sin embargo, es interpretado por quienes investigaron su historia como el resultado de "una desmedida aspiración de poder", lo que habría determinado su conducta a lo largo de su vida política.
En cualquier caso, "Carola" sobresalió por sus destrezas como parte del equipo de informaciones del movimiento fundado por Miguel Enríquez. Ahí tuvo una labor importante en la unidad "Tarea en F", la instancia que buscaba, entre otras cosas, infiltrar a las Fuerzas Armadas. Además, durante su formación militar y de inteligencia en La Habana demostró una gran habilidad con las armas. Después de seis meses de entrenamiento, regresó a Chile convertida en una mujer de confianza para la cúpula del MIR. Con posterioridad al golpe militar, esta condición la llevó a asumir un cargo de jefatura en la unidad donde se clasificaban los antecedentes más confidenciales de la organización insurgente. Y aunque paradojal, esto la llevó a prisión y la salvó de la muerte.

Del miedo a la delación
Cerca de las 11.00 del 12 de noviembre de 1974, "Carola" caminaba por Irarrázaval, cuando de pronto el pánico se apoderó de ella. Enfrente suyo estaba su amiga Marcia Merino, quien ya colaboraba con los servicios de seguridad. Su primera impresión no estaba errada. Casi de inmediato, la temida "Flaca Alejandra" la apuntó con su mano y un grupo de agentes de la DINA se abalanzó sobre ella para capturarla. Su última visión en libertad fue una renoleta roja hasta donde la subieron luego de taparle los ojos con scotch.

"Hay un período de cuando uno está detenida en el cual no habla nada. Luego por la presiones y torturas, uno comienza a hablar, y posteriormente se produce un quiebre absoluto. Eso fue lo que me pasó a mí a fines de diciembre de 1974", relató María Alicia Uribe.

La primera imagen que volvería a ver fue la cara de un militar que la interrogaba mientras sufría golpes de corriente. Así pasó cerca de un mes en Villa Grimaldi, hasta que el miedo al dolor físico terminó por destruir su lealtad con el MIR. María Alicia describió el horror vivido esas semanas en una declaración que prestó ante la justicia hace seis años: "Hay un período de cuando uno está detenida en el cual no habla nada. Luego por la presiones y torturas, uno comienza a hablar, y posteriormente se produce un quiebre absoluto. Eso fue lo que me pasó a mí a fines de diciembre de 1974".

"Carola", sin embargo, omite en este testimonio un hecho que sus ex camaradas políticos consideran clave en su determinación de trabajar para el organismo que dirigió el general Manuel Contreras. En esos días, el brigadier Pedro Espinoza llevó a la madre de Uribe al centro de detención situado en Peñalolén. Nunca se supo qué ocurrió en ese encuentro, pero luego de eso "Carola" decidió unirse al organismo de seguridad.

Con el paso de las semanas, Espinoza estableció un vínculo muy estrecho con "Carola". En un principio, el militar se percató de la información privilegiada que ella manejaba no sólo sobre el MIR sino también sobre el Partido Comunista. Y ése fue el principal motivo por el cual decidió no hacerla desaparecer. Más tarde, ese vínculo entre ambos se transformó en una relación sentimental, según diversas fuentes que conocieron de cerca esta situación.
Los otros detenidos en Villa Grimaldi se percataron del vuelco que ella experimentó a principios de 1975, cuando se trasladó desde los calabozos oscuros a una pequeña cabaña situada en el patio de ese recinto, donde vivían también Luz Arce y Marcia Merino. Desde ese lugar, María Alicia Uribe regresaba a las celdas en forma ocasional, vestida con la ropa de los prisioneros. "Ella se paseaba con un chaleco mío y parecía no importarle", recuerda Ángeles Álvarez.
A su antigua compañera de militancia no le sorprendió demasiado el giro rotundo de su ex camarada. Pero a muchos sí les impactó la crueldad de su actuación durante los interrogatorios a los detenidos. Recuerdan, por ejemplo, una frase recurrente. Cuando alguien no colaboraba, decía: "A éste hay que repasarlo".

La nueva vida de Carola
Las carcajadas de "Carola" dentro de Villa Grimaldi eran inconfundibles para varios de los detenidos. Era una risa "desfachatada", dicen, en medio del lenguaje soez que utilizaba con Pedro Espinoza y con el oficial Ricardo Lawrence, quien semanas antes había estado a cargo de su tortura. A principios de 1975, ella ya estaba del todo integrada a esa nueva vida y evitaba encontrarse de frente con quienes habían sido sus amigos y entonces se encontraban presos.
Debido a su capacidad como analista, su primera labor en la DINA fue descifrar microfilms en negativo con información estratégica del MIR. Más tarde, asumió funciones en la Dirección de Operaciones, instancia donde se decidía a quiénes detener. Corría 1976 y María Alicia Uribe ya disfrutaba de cierto ascendiente sobre los agentes de inteligencia. Dos años después su lealtad fue premiada: permitieron su ingreso a la CNI como analista de información subversiva y como asistente directa del oficial de la Armada Alejandro Campos Rehbein, en el cuartel central del organismo de seguridad.

Ya en ese entonces, "Carola" era una mujer solitaria. En sus nuevas funciones hablaba poco con sus compañeros de trabajo, con quienes no tenía una relación personal fluida. Además, había perdido a todas sus antiguas amistades formadas en la vida política universitaria. Su vínculo más estrecho era el que tenía con el brigadier Pedro Espinoza, quien fue su principal protector en el mundo militar y, a veces, también en el ámbito personal. El abogado socialista Pedro Matta, quien ha investigado las actividades de seguridad, relata que en 1975 la ex mirista fue reconocida legalmente por su padre y dejó de llamarse María Alicia Gómez Gómez para llevar el apellido Uribe. En este cambio tan importante para ella, según el profesional, fue determinante la gestión de Pedro Espinoza. De acuerdo a quienes han investigado esta historia, la intermediación del oficial consistió en apuntar con un arma al padre de "Carola" para obligarlo a asumir su reponsabilidad.

En 1994, esta mujer, de estatura media y pelo castaño, fue reconocida por un ex mirista en la calle. Afortunadamente, era uno de los pocos militantes que la veían como una víctima de la represión. En ese encuentro, Uribe le dijo que había asumido por completo su nueva vida en el mundo militar.
Después del retorno a la democracia, ella siguió ligada a la Dirección de Inteligencia del Ejército (DINE), primero como analista y luego en labores más administrativas. A principios de los años 90 era usual verla caminar por calle República, el barrio donde funcionaban varias oficinas de los organismos de inteligencia.

En 1994, esta mujer, de estatura media y pelo castaño, fue reconocida por un ex mirista en la calle. Afortunadamente, era uno de los pocos militantes que la veían como una víctima de la represión. En ese encuentro, la otrora estudiante de la Universidad de Chile le dijo que había asumido por completo su nueva vida en el mundo militar. En ese tiempo, según ha comentado Marcia Merino en más de una oportunidad, María Alicia se refería a los integrante del MIR como terroristas.

Hoy, "Carola" dice vivir desvinculada del Ejército, aunque en la Policía de Investigaciones afirman que ella recibe una pensión mensual de la Caja de Previsión de la Defensa Nacional (Capredena). Esto le permitió cuidar a su madre enferma, a quien le dedicó en los últimos años la mayor parte de su tiempo. A diferencia de Luz Arce y de la "Flaca Alejandra", María Alicia Uribe no formó una familia. Según un amigo, vive sola en un departamento cerca de La Moneda.


La Nacion

8 de Mayo de 2011L

LOS AMORES DE LA DINA: RELACIONES SENTIMENTALES EN TIEMPOS DE SANGRE

La muerte de Enrique Arancibia Clavel sacó a la luz antecedentes de su vida sentimental, la que llevó adelante intensamente incluso cuando era agente represor. Una historia que se repite al interior del organismo: ex detenidas que iniciaron romances con sus torturadores y otros que encontraron el amor verdadero son parte de esta historia.

EL AGENTE HOMOSEXUAL
Para la Policía Federal Argentina no hay dudas: las 34 puñaladas que le dieron muerte a Lautaro Enrique Arancibia Clavel, tuvieron un móvil pasional. Por estos días, las pesquisas se centran en un joven de 19 años quien confesó ser la pareja del ex agente de la desaparecida DINA.

El violento crimen reflotó la intensa historia sentimental de Arancibia, la que llevó adelante incluso con desfachatez. Vivió su homosexualidad abiertamente incluso en los momentos más álgidos de su colaboración con la DINA (como jefe de información clandestina en Buenos Aires) y a pesar de ser parte de un círculo social conservador en materia valórica.

A principios de 1974 (a poco de iniciar su trabajo en la DINA) conoce al peluquero y bailarín Humberto Zambelli, quien trabajaba para Susana Jiménez, una de las principales estrellas del ambiente artístico y de la TV argentina hasta hoy.
Todo comenzó a la salida de un espectáculo en el que el Zambelli participaba:

"Me espera una persona joven, de sexo masculino. Me invita varias veces a tomar café y charlar. Con el correr de los días acepto la invitación e incluso lo llevo a la casa de mis padres, en Lanús. Así fue como entramos de lleno en una relación amistosa con quien resultó ser Enrique Arancibia Clavel", dijo alguna vez Zambelli, consignado por la periodista Mónica González en Ciper.

Tiempo después se fueron a vivir juntos a un departamento en Buenos Aires. También, y para descansar, se hicieron una casa en el sector de Tortuguitas a unos 40 kms de la ciudad capital.
Ese 1974 sería importante para Arancibia, no solo por iniciar su trabajo para la policía política sino porque debió enfrentar la preparación del asesinato (30 de septiembre) del ex comandante en jefe del Ejército, Carlos Prats y su esposa Sofía Cuthbert. Por este crimen sería condenado a cadena perpetua.

Muchos años después, sin Zambelli a su lado, y una vez salido de la cárcel el 2007 (gracias a beneficios de la justicia trasandina que computo al doble sus años en la cárcel), Arancibia siguió con su vida. A propósito de su muerte y de las investigaciones que se hicieron, varios testigos afirmaron que Arancibia gustaba de la vida bohemia y de frecuentar a jóvenes homosexuales.

CUANDO EL MAMO ENCONTRÓ EL AMOR
Juan Manuel Guillermo Contreras Sepúlveda llevaba 20 años casado cuando en 1973 se hizo cargo de crear la Dirección de Inteligencia Nacional -DINA-.

A su mujer, María Teresa Valdebenito Stevenson, la había conocido en unas vacaciones en Quillota en 1949, recién salido de la Escuela Militar. Ella le dio cuatro hijos (tres mujeres y un hombre) y llevaban una vida normal.
Sin embargo una vez que Contreras asumió oficialmente la dirección de la DINA (junio de 1974) todo cambió. No solo por las labores que le tocó realizar, sino porque entabló una relación con su secretaria Nélida Gutiérrez Rivera.
Con el tiempo, ésta pasó de fiel colaboradora (miembro del estrecho círculo íntimo de Contreras en la DINA) a ser la amante "oficial" del "jefe".

En medio de muertes, torturas y crueldad nació una relación fuerte que con los años se fue afianzando e incluso abarcó el rubro comercial.
Una vez disuelta la DINA, Nélida pasó a ser la secretaria privada de Contreras -todavía casado- en los negocios que éste emprendió. Además, con dinero aportado por él, puso una boutique de ropa llamada Mané (Manuel y Nélida) en el caracol Lyon, en Providencia.

En 1985 dieron el paso: se fueron a vivir juntos y Contreras abandonó a su mujer. En 2010, con Contreras en el penal Cordillera pagando por sus crímenes, decidieron casarse.

A través de un poder notarial y con separación de bienes ambos dieron el "sí". "Cumplimos un sueño de cualquier pareja que se ha amado toda la vida, en las buenas y en las malas. No queríamos que algún día se dijera que nosotros sólo convivimos", dijo Gutiérrez aquella vez.

AMAR DESPUÉS DE LA TORTURA
Luz Arce Sandoval; María Alicia Uribe Gómez ("Carola") y Marcia Merino Vega (la "Flaca Alejandra"); tienen varias similitudes: a principios de los 70' apoyaron a la Unidad Popular (la primera era del PS las dos últimas del MIR); tras el golpe de Estado de 1973 fueron detenidas y atrozmente torturadas; luego, y para salvar la vida, pasaron a colaborar con la DINA entregando a varios de sus ex compañeros; y por último iniciaron relaciones sentimentales con algunos de sus captores.

Si bien ellas lo niegan, testigos de la época, sostienen que tuvieron más de un romance con hombres de la DINA.
Luz Arce fue pareja del coronel (R) Rolf Wenderoth Pozo, integrante de la brigada Mulchén de la DINA que estuvo en Villa Grimaldi y participó en el crimen del funcionario de la CEPAL, Carmelo Soria.

María Uribe, quien jamás mostró arrepentimiento por su labor en la DINA y que siguió trabajando para los servicios de inteligencia del Ejército hasta bien entrada la democracia, mantuvo una relación con el brigadier (R) Pedro Espinoza Bravo, director de Operaciones de la DINA, de quien (al igual que los casos Arce y Gutiérrez) fue su secretaria.
Según testigos, la relación entre ambos era bastante paternal, en especial porque Uribe resentía la dura infancia que le tocó vivir sin su padre, que no la reconoció, y sin madre que no pudo vivir con ella.

De hecho, el por entonces coronel Espinoza jugó un papel importante en un episodio clave para la mujer, cuando en 1975 su padre decidió reconocerla. Se dice que Espinoza obligó al hombre a punta de pistola.
De la "Flaca Alejandra" se dice que habría estado relacionada, entre otros, con Manuel Vásquez Chauán (de la Brigada Purén); Juan Morales Salgado (jefe de la Brigada Lautaro e involucrado en el crimen de Prats) y con Eugenio Fieldhouse (uno de los jefes de Villa Grimaldi).

Eso es negado por Merino en forma tajante. En una carta a La Nación sostuvo que "desmiento haber tenido algún tipo de relación sentimental o similar con oficiales de alto o bajo rango, o con cualquier otro miembro de la DINA mientras estuve como prisionera. Jamás en ese periodo tuve una relación de ese tipo".

 

 


El Siglo

El "escalafón femenino" de la tortura

Junto a los torturadores consumados, entre los agentes más crueles en la sala de torturas aparecen las mujeres que se pusieron al servicio del terror. Un número muy importante estuvo en labores administrativas que permitieron el funcionamiento de los aparatos represivos, pero también las hubo en funciones operativas directas, en secuestros, torturas, ejecuciones y desaparición de prisioneros. Esta es una muestra.

El importante caso del secuestro de Miguel Angel Sandoval se une al conocido como "de los 119", por el número de quienes se intentó hacer aparecer como muertos en riñas internas en Argentina en la denominada "Operación Colombo". Testigos del secuestro de Sandoval relatan haberlo visto en Villa Grimaldi hasta el 10 de febrero de 1975, día en que es sacado junto a María Isabel Joui Petersen, María Teresa Eltit Contreras, Renato Sepúlveda Guajardo, Jorge Herrera Jofré y Claudio Silva Peralta, todos desaparecidos.

El testimonio de María Isabel Matamala entrega otro dato: fue detenida por Osvaldo Romo y llevada a Villa Grimaldi, torturada durante 15 días por el mismo Romo y Basclay Zapata, e interrogada por Moren, Krassnoff, Laureani, Ricardo Lawrence, Ferrer y una mujer apodada "la comandante", cuyo nombre era Rosa Humilde Ramos.

Las torturadoras de la DINA

La sobreviviente María Salinas Farfán señala que vio a muchos detenidos que hoy están desaparecidos y que, entre los agentes, puede reconocer a Romo, Laureani, Krassnoff, Moren Brito, Luz Arce, Marcia Merino y Alicia Gómez (María Alicia Uribe Gómez), "la Carola".

Osvaldo Romo reconoce que entre los torturadores de Villa Grimaldi estaban César Manríquez, Wenderot y Palmira Almuna. Basclay Zapata, alias "el Troglo", declara que "en 1975 se casó con Teresa Osorio Navarro, también funcionaria del organismo" y que salía junto a Luz Arce a "porotear" en un vehículo por las calles de Santiago. Teresa Osorio dice haber "ingresado como empleada civil de la Armada en 1974, siendo destinada a trabajar en la DINA, en el cuartel de Villa Grimaldi, como secretaria de Krassnoff. Supo que los agentes de la DINA estaban divididos en grupos, denominados ‘Halcón’, ‘Purén’, ‘Aguila’ y otros, llamándose ‘Caupolicán’ el conjunto de éstos. Reitera sus dichos en careo con Eugenio Fieldhouse (también agente), insistiendo que ella no salía a detener".

Fieldhouse, proveniente de Investigaciones, admite que entre los agentes de Villa Grimaldi se encontraban Teresa Osorio, Rosa Humilde Ramos y Palmira Almuna. Mientras que el sobreviviente Raúl Flores Castillo relata que fue detenido "por sujetos armados, uno de los cuales se identificó como Osvaldo Romo, lo subieron a un vehículo en el que había más personas, una mujer a la que le decían ‘la negra’ (Teresa Osorio) y un sujeto al que llamaban ‘el Troglo’".

Si bien muchas de las mujeres que pertenecieron a la DINA realizaron labores administrativas, existe un equipo que ha sido catalogado por los sobrevivientes como "las más sádicas y crueles". Entre ellas destacó la subteniente de Carabineros Ingrid Felicitas Olderock Oelckers, quien fuera instructora de torturadores ya en la escuela inicial de Tejas Verdes. Como integrante de la Brigada Purén fue adiestradora de los perros usados en las vejaciones sexuales cometidas contra hombres y mujeres en el cuartel secreto "Venda Sexy".

También subteniente de Carabineros, Palmira Isabel Almuna Guzmán, alias "la Pepa", fue integrante de la Brigada Purén y torturadora en José Domingo Cañas bajo las órdenes de Ciro Torré Sáez, posteriormente trabajó bajo las órdenes de Pedro Espinoza Bravo. Era la encargada de seleccionar e instruir a futuras agentes, que eran infiltradas como mujeres frívolas y bonitas en diversos ámbitos de relevancia política nacional. Pasó a la CNI y en 1985 retornó a Carabineros, desempeñándose en un centro correccional de menores en Iquique con el grado de comandante del escalafón femenino. Fue denunciada en su casa de Luis Beltrán 1000, en Pudahuel, el 31 de mayo de 2003, luego de lo cual no se le ha vuelto a ver por el barrio, probablemente viviría en Iquique.

Nélida Gutiérrez Rivera fue secretaria privada y amante de Manuel Contreras. Luego de la detención de su jefe, continuó como su secretaria a media jornada en las oficinas que éste tenía en la calle Ricardo Lyon, el resto del tiempo lo dedicaba a su Boutique "Mané" (Manuel y Nélida) en el caracol de Lyon y Providencia.
Si bien no se conoce con certeza el rol que cumplió Viviana Pincetti Barra, que aparece recibiendo sueldos de la DINA y es hija de Osvaldo Pincetti Gac, alias "charla", su padre la llevaba de "visita" a Villa Grimaldi y otros cuarteles del organismo represivo.

Variados testimonios hablan del terrible rol que cumplió Marcia Alejandra Evelyn Merino Vega, alias "la flaca Alejandra", como agente tras ser militante del MIR. Por estos días vive en una zona insular de Chile, desde la que viaja a Santiago para prestar declaraciones en los diversos juicios contra la DINA.

Otra mujer convertida en agente fue Luz Arce Sandoval, quien pasó de militante del PS a la DINA. Sobrevivientes la recuerdan presente en las sesiones de tortura en Villa Grimaldi, Londres 38 y Cuatro Alamos. Continuó su trabajo en la CNI y en 1990 se puso a disposición de los tribunales para declarar en casos de desaparecidos. Hoy vive fuera de Chile y retorna circunstancialmente para aportar datos en procesos judiciales.

María Alicia Uribe Gómez, alias "Carola", de militante del MIR pasó a ser agente de la DINA, luego de la CNI y después de 1990 fue integrada al DINE. Junto a otras colaboradoras efectuaban verdaderos "desfiles de moda" con la ropa de prisioneras asesinadas en los cuarteles de la DINA. Fue vista en Villa Grimaldi, Cuatro Alamos y José Domingo Cañas.

Como "la comandante" era conocida Rosa Humilde Ramos Hernández, torturadora en José Domingo Cañas y Villa Grimaldi e integrante de la Agrupación Aguila de la Brigada Caupolicán. Su recuerdo es imborrable entre los sobrevivientes por su apariencia masculina y el sadismo que aplicaba en las torturas. Cruel es también María Teresa Osorio, alias "Soledad" o "la negra", esposa de Basclay Zapata.

En la Brigada Purén, dedicada a la represión del PS, el PC y la DC, aparecen con funciones la detective Ximena San Juan, Elsa del Tránsito Lagos Salazar, Francisca del Carmen Cerda Galleguillos y Nancy Edulia Vásquez Torrejón, alias "Pelusa".

En la Agrupación Halcón II de la Brigada Caupolicán, grupo que participó en el enfrentamiento con Miguel Enríquez, estaba María Gabriela Ordenes, alias "Marisol", a quien se vio presente en sesiones de tortura.

Agentes en funciones administrativas eran Mirtha Espinoza Caamaño, secretaria de la DINA, que trabajó bajo el mando de Augusto Deitchler en la Subdirección de Inteligencia Interior. María Gabriela Coll Webar, secretaria del staff del Cuartel General. Marta Smock Teixido, secretaria del staff del Cuartel General en la Subdirección de Inteligencia Económica. Sandra Montecinos Sepúlveda, secretaria del staff del Cuartel General. Eliana Quilodrán, alias "Ely", agente de la Dirección de Operaciones que actuaba bajo el mando de Pedro Espinoza Bravo en la sección de Educación e Informática. Teresa Aburto, secretaria de la Sección C-2, que continuó trabajando en la CNI y luego en el DINE. Enriqueta Salazar Contreras, secretaria de la Subdirección de Inteligencia Interior con labores directas con Rolf Wenderoth y que luego sería integrada a Carabineros. Maribel Maringue Moya, secretaria del Subdirector tras la salida de Wenderoth, y que posteriormente continúa cumpliendo funciones en la dirección de la CNI.

También aparecen Ana María Rubio de la Cruz, alias "Carmen Gutiérrez", Suboficial del Ejército y secretaria de la Subdirección de Inteligencia Exterior, implicada en el asesinato del general Carlos Prats y su esposa. María Eliana Moncada Prieto, secretaria de la Subdirección de Inteligencia Exterior, que luego se integra al Departamento de Contrainteligencia. Sara Aguila Márquez, asistente social de la Subdirección de Personal. Carmen Avila Ferrada, Secretaria de Arturo Ureta Siré en la Subdirección de Inteligencia Exterior, posteriormente pasa a cumplir el mismo cargo en la CNI, bajo el mando del Coronel Suau. Alejandra Damián Serrano, que utilizaba el alias "Roxana", era secretaria de Michel Townley.

La enfermera María Eliana Bolumburú Taboada (Bolumburó según la lista de "Elissalde y Poblete") integró la Brigada de Salubridad de la DINA, trabajando en las clínicas clandestinas junto a varios médicos que asesoraban las torturas. El último dato de su paradero la ubicaba trabajando en una empresa farmoquímica de la calle Ejército y viviendo en una villa de Maipú.

La chica del Comando Conjunto

Parece que la única mujer del Comando Conjunto es la famosa Pochi, a quien se le vio vestida de uniforme escolar preguntando por personas que luego serían secuestradas. También estuvo activa en las torturas que se le infligieron a decenas de prisioneros en los centros clandestinos de tortura conocidos como Nido 20 y Nido 18.

Viviana Lucinda Ugarte Sandoval, fue soldado (r) de la FACH, con destinación a la DIFA y al Comando Conjunto. Esposa del general Patricio Campos Montecinos, Director General de Aeronáutica Civil hasta la denuncia realizada por el diario La Nación. Procesada en dictadura por el ministro Cerda como autora de asociación ilícita criminal y cómplice de la desaparición de Reinalda Pereira y Edrás Pinto, amnistiada por el juez Manuel Silva Ibáñez. Por estos días sigue siendo involucrada en los procesos que se llevan contra el Comando Conjunto.


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