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Michael Vernon Townley Welch

Agente DINA - CIA ; "Agrupación Quetropillán"

Chapas: “Manolo Torres”, “Kenneth Ennyart

Alias: "Welch"

 

 

Michael Vernon Townley Welch, agente de la CIA y jefe de la Agrupación Quetropillán de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA). Involucrado en un sin numero de crímenes en Chile y el exterior, incluyendo el asesinato en Buenos Aires del General Carlos Pratt, el asesinato en Washington D.C. del canciller chileno Orlando Letelier, el atentado en Roma contra del dirigente democratacristiano Bernardo Leighton,  el secuestro y asesinato del diplomático español Carmelo Soria.

En su casa de Lo Curro, Santiago, se utilizó para la fabricación gas Sarín que fue utilizado en el asesinato de presos politicos. Participo tambien en el entrenamiento de agentes de la DINA en "Colonia Dignidad", junto a otros "instructores" de tortura chilenos y brasileños.

Michael Vernon Townley era un norteamericano nacido en 1942 en Waterloo, Iowa, dedicado a “relaciones públicas”, e hijo del máximo ejecutivo de la Ford en Chile. En 1961 Michael Townley se casó con María Callejas (agente DINAl). En 1963 se fueron a Miami, desde donde regresaron en 1969.

En 1971 se acercó al consulado de EEUU en más de una ocasión “ofreciendo poner a la embajada en contacto con amigos de extrema derecha.  Efectivamente, Townley estaba en contacto con Patria y Libertad casi desde la creación del grupo. Despues del golpe miliatr Michael Townley pasaria a ser miembro activo de la  DINA.

Muchos años mas tarde Manuel Contreras, jefe de la DINA, aseguraria que nada de lo que hizo Townley fue por instrucciones suyas, sino de la CIA, en circunstancias que el Informe Hinchey, liberado por EEUU el 2000, establece que con quien la CIA sí tuvo relaciones formales fue con Contreras, al cual incluso se le llegó a efectuar un pago por información, en 1975.

En 1978 Michael Townley fue extraditado a Estados Unidos, por su responsabilidad en el crimen de Orlando Letelier y su secretaria Ronnie Moffit. Su detención implicó el fin de la carrera de Manuel Contreras y sus confesiones posteriores (acogido al programa de protección federal de testigos) permitieron la prisión para decenas de agentes de la DINA, por diversos delitos, aunque Townley –por cierto- no ha pasado ni pasará un día preso.

 

Fuentes de Informacion: la Nacion; El Siglo; Diario W5; El mercurio; El Mostrador; Archivo Memoriaviva


Diario W5

Michael Townley y el crimen de Concepción

Michael Vernon Townley, el hombre que se escondía detrás de seudónimo como “Manolo Torres” o “Kenneth Ennyart”, ha sido quizá el peor asesino que ha conocido Chile. Su mano accionó las bombas que mataron a Carlos Prats y Orlando Letelier. El consiguió a los sicarios italianos que dispararon contra Bernardo Leighton. En su casa de Lo Curro fabricaron gas sarín y mataron a Carmelo Soria, pero fue en Concepción donde, cual sabueso, le tomó el gusto a la sangre.

Eran ya el mediodía del 21 marzo en Concepción, el año era 1972 y el gobernante, Salvador Allende, cuando Mario Henríquez González acudió hasta la pensión en que vivía su hermano Jorge, de 35 años, en la esquina de calles Freire con Lincoyán, en pleno centro de la ciudad.

Al ingresar a la habitación quedó anonadado: su hermano yacía en el suelo amarrado de manos y pies y amordazado, sólo vestido con una camiseta blanca y unos calzoncillos algo cansados por el tiempo. Corrió desesperado por ayuda y justo en la esquina encontró a un carabinero.

La víctima, de 35 años, era un pintor de brocha gorda que vivía solo, pues con su pareja habían decidido que era mejor que así fuera, dado que ella tenía una hija menor de edad y una convivencia podía ser “mal vista”. Ese martes 20 de marzo habían ido los tres al Teatro de la U- de Concepción para ver la comedia “Operación risa”, luego de lo cual nunca más volvieron a verse.

Canal 5

Hacia 1972 Canal 13, dirigido en ese entonces por el sacerdote Raúl Hasbún, decidió instalar una filial en Concepción. Se trataba del principal medio de oposición a Allende y varias de las solicitudes para la transmisión en la zona penquista fueron rechazadas, lo que llevó a Hasbún a actuar sobre hechos consumados, poniendo al aire el canal de Concepción a principios de 1973, específicamente el 08 de febrero.

No obstante, como lo recordaría en 1999 Manuel Fuentes Wendling en su libro “Memorias secretas de Patria y Libertad”, lo anterior llevó al gobierno “a disponer secretas medidas para interferir la señal de Canal 5”. De ese modo, mientras los abogados de la administración se enfrentaban en tribunales con los del Canal católico, en Concepción había otra batalla: en algún lado había sido instalado un equipo que interfería las señales de Canal 5.

Fuentes relata que un día estaba en su oficina de Radio Agricultura cuando apareció en ella el norteamericano Michael Townley, un prodigio de la electrónica y las bombas molotov con efecto retardado que ya había prestado numerosos servicios al grupo de extrema derecha Patria y Libertad, del cual Fuentes era dirigente.

―Quiero pedirte por favor que me contactes con el cura Hasbún. Yo puedo neutralizar las interferencias que molestan al Canal 5, pero necesito algo de ayuda― asegura Fuentes que le pidió Townley.

De acuerdo a la versión del periodista, evaluaron el asunto con Roberto Thieme (por aquel entonces, jefe operativo de PyL) y decidieron que el asunto no los involucraría, así es que “a la mañana siguiente en Radio Agricultura pedí a Jaime Guzmán que me vinculara con Raúl Hasbún”, quien se limitó a decirle que lo llamara directamente.

El gringo

Según un informe desclasificado, emitido por el consulado de Estados Unidos en Santiago y relativo de Townley, este era un norteamericano nacido en 1942 en Waterloo, Iowa, dedicado a “relaciones públicas”, e hijo del máximo ejecutivo de la Ford en Chile, durante muchos años. En 1961 Michael Townley se casó con María Callejas (10 años mayor que él) y “es conocido por los oficiales consulares por sus numerosas visitas para inquirir acerca de la ciudadanía estadounidense de sus hijos nacidos en Chile”. Dichos niños eran dos, que se sumaron a los tres hijos que tuvo Callejas en su primer matrimonio. En 1963 se fueron todos a Miami, desde donde regresaron en 1969.

En 1971, agrega el documento, se acercó al consulado en más de una ocasión “ofreciendo poner a la embajada en contacto con amigos de extrema derecha. Sus ofertas fueron descartadas”. Efectivamente, Townley estaba en contacto con Patria y Libertad casi desde la creación del grupo, al tiempo que intentaba por todos los medios ser reclutado por la CIA, de lo cual quedaron varias constancias, todas negativas para él. Algunos años más tarde, sus ansias de ser “agente secreto” las satisfaría la Dirección de Inteligencia Nacional, DINA, creada por Manuel Contreras tras el golpe de Estado.

Irónicamente, muchos años después de todo ello, Contreras intentaría asegurar que nada de lo que hizo Townley fue por instrucciones suyas, sino de la CIA, en circunstancias que el Informe Hinchey, liberado por EEUU el 2000, establece que con quien la CIA sí tuvo relaciones formales fue con Contreras, al cual incluso se le llegó a efectuar un pago por información, en 1975.

En 1978 Michael Townley fue extraditado a Estados Unidos, por su responsabilidad en el crimen de Orlando Letelier y su secretaria Ronnie Moffit. Su detención implicó el fin de la carrera de Manuel Contreras y sus confesiones posteriores (acogido al programa de protección federal de testigos) permitieron la prisión para decenas de agentes de la DINA, por diversos delitos, aunque Townley –por cierto- no ha pasado ni pasará un día preso.

El plan de “Manolo Torres”

De regreso en Santiago en 1973, Manuel Fuentes logró reunirse con el padre Hasbún, junto a Michael Townley, en las oficinas del religioso, quien escuchó atentamente lo que Townley quería contarle. Tomó apuntes, asintió con la cabeza y con un apretón de manos selló el plan que consistía en que junto a una cuadrilla de Patria y Libertad comandada por el norteamericano se dirigiría a Concepción para determinar, mediante radiogoniometría, la ubicación del oscilador que interfería las frecuencias. Luego de ello, destruirían el aparato y listo. Sumaron al plan al director de Canal 5, Carlos de la Sotta,

Según detalla el expediente del caso, que aún se conserva en los archivos judiciales de Concepción, Michael Townley usó la chapa de “Manolo Torres” para llevar a cabo el plan con el que terminaría con las interferencias de Canal 5. El 14 de marzo, bajo ese nombre y junto a Rafael Undurruga y Juan Gustavo Etchepare se registró en la habitación 423 del hotel El Dorado. Frente a ellos se hospedaba una hermosa vedette llamada Gaby Santibáñez, quien fue blanco de los coqueteos de Undurraga y de un incidente a combos durante una noche de juerga.

Les costó poco dar con la ubicación de los equipos que interferían las transmisiones del Canal 5. De hecho, estaban al interior de la entonces Dirección de Servicios Eléctricos (ubicada en el número 592 de calle Lincoyán), desde cuyo patio sobresalía una enorme antena instalada allí en febrero. El inmueble de dos pisos de la dirección se compartía con una casa habitación, en cuyo interior vivía una familia que a su vez daba pensión, y a la cual se accedía por calle Freire 382. Es decir, se trataba del lugar donde vivía el pintor Henríquez.

Según la investigación del entonces juez Eleodoro Ortiz (quien llegaría a ser ministro de la Corte Suprema), De la Sotta consiguió las llaves de la pensión con la dueña de esta, las cuales entregó a Townley, quien se las devolvió el 18 de marzo, no sin antes quedarse con una copia.

Pese a que Undurraga y Cruzat dirían posteriormente que nunca pensaron siquiera en matar a alguien y que lo ocurrido con la víctima fue un lamentable error, sus acciones previas los desmienten, pues compraron una cinta adhesiva, cables, alicates, un martillo, cuerdas, paños… y cloroformo, seguramente sabiendo que podrían encontrarse a alguien en los metros que mediaban entre el acceso a la pensión y el robo de los equipos. Cabe mencionar que, según Fuentes Wendling, lo que en realidad llevaban era Pentotal sódico.

El operativo

La madrugada del 21 de marzo de 1973 Undurraga, “Manolo” y Etchepare llegaron hasta la pensión, donde tuvieron un ligero problema. La copia de la llave no entraba en la cerradura y Townley, en un acto desesperado y muy propio de su personalidad excesiva e imprudente, comenzó a agitar la puerta. La acción llamó la atención de un carabinero que pasaba por el lugar, ante el cual los conjurados se hicieron pasar por un trío de ebrios. Nada sospechoso a simple vista.

Una vez que el uniformado se alejó ingresaron a la pensión. Sabiendo perfectamente por dónde tenían que avanzar, recorrieron los pasillos interiores hasta encontrar una conexión con la Dirección de Servicios Eléctricos y allí, voilá, encontraron los equipos que interferían la señal del canal penquista, un oscilador y un ondámetro, ambos avaluados en 105 mil escudos, lo que ahora serían 105 millones de pesos.

Pese a que la intención era destruirlos allí mismo, Townley cambió de opinión y decidió llevárselos. Fue en ese momento cuando Henríquez se despertó con el ruido y comenzó a gritar, alertando sobre un robo en la vecina Dirección de Servicios Eléctricos. Undurraga fue el primero en llegar a su habitación, seguido por Townley, quien lo redujo rápidamente.

Lo ató de pies y manos, amarra que estaba unida entre ambas extremidades por la espalda. Asimismo, lo puso boca abajo sobre una frazada roída y luego tomó la cinta adhesiva, de 7 centímetros de ancho, y con ella supuestamente trató de cubrirle la boca, para que dejara de gritar. Al menos esa fue la versión que siempre defendió PyL, pero nunca fue la verdad, pues ―como lo señala el expediente― la cinta le fue puesta principalmente en el cuello, muy apretada, llegando a cubrirle parte de la boca. De hecho, ni siquiera le taparon las narices. Más aún, la causa de la muerte fue clara: asfixia por estrangulamiento.

En otras palabras, nunca intentaron sólo acallarlo, sino que lo mataron de buenas a primeras y, si bien se trató del primer homicidio comprobado cometido por Townley, los peritos de la Brigada de Homicidios de aquel entonces no dudaban en afirmar que se trataba de un crimen cometido por profesionales, por sujetos que sabían cómo matar.

El escape

Las detenciones comenzaron a sucederse con rapidez. A De la Sotta y dos de sus empleados se sumó pronto María Inés Füller, dueña de la pensión, luego de lo cual cayó Undurraga (quien siempre negó su participación en los hechos), tras lo cual se reveló que el ministro Ortiz buscaba a otros dos sospechosos: Uno de ellos era un tal Michael Vernon Townley, y el otro, un chileno llamado Juan Etchepare.

Pocos días después Townley, ayudado por PyL, contaría que decidió fugarse del país caminando hacia la frontera con Argentina. Su salida del país sólo le costó 2 botellas de pisco para los gendarmes que cuidaban un paso fronterizo.

Regresó después del golpe de Estado y lo que sigue es historia más o menos conocida: su llegada a la DINA, la casa de Los Curro, los experimentos químicos, los asesinatos internacionales, la botella de Chanel N°5 llena de gas sarín con que pretendía matar a Orlando Letelier, los contactos con los neofascistas italianos y con los ultranacionalistas cubanos, etc.

En marzo de 1978, cuando finalmente Chile ya no soportó más la presión de Estados Unidos por el crimen de Letelier (cometido por Townley en Washington, en septiembre en 1976) Augusto Pinochet tomó dos decisiones: Dejar caer a Contreras y poner a Townley en un avión. Cuando efectivos de la PDI lo detuvieron en Santiago, no le comunicaron de inmediato cuál sería su destino, aunque lo intuía.

Manolo Torres” preguntó si lo llevaban al sur y le dijeron que sí. El sabía que había una orden de captura pendiente en su contra en Concepción y la perspectiva de pasar un tiempo en la antigua cárcel de calle Chacabuco no parecía tan mala, como la de ser electrocutado en EEUU. Sin embargo, el automóvil de los detectives enfiló hacia Pudahuel y ahí Townley comprendió que su destino era inequívoco.

Se decidió a hablar, y nunca más paró.

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