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Paul Schäfer Schneider

 

11.04.2004 La Nación
Colonia dignidad,
MÁS ANTECEDENTES SOBRE DETENIDOS DESAPARECIDOS EN COLONIA DIGNIDAD
Recuerdos del infierno
Antes de viajar a Alemania, José Efraín Morales, secuestrado 36 años en Colonia Dignidad, entregó antecedentes sobre el ocultamiento los autos de los detenidos desaparecidos y la muerte de Boris Weisfeiler.

Pascale Bonnefoy M.

Por años Paul Schäfer se movilizó en distintos autos con patentes falsas o modificadas con huincha aisladora, pero el vehículo favorito era un Chevrolet café y beige de doble cabina, afirma José Efraín Morales Norambuena, quien huyó de la ex Colonia Dignidad, tras permanecer allí 36 años contra su voluntad y donde fue rebautizado como José Efraín Vedder Veuhoff.

En 1988, recuerda Morales, ese Chevrolet fue enterrado en un valle interior de Villa Baviera junto a otros doce autos desarmados que pertenecieron a detenidos-desaparecidos. Como a sus dueños, los vehículos también debían desaparecer.

Sólo un puñado de colonos sabe dónde ocultaron los restos del centenar de prisioneros políticos cuyo rastro se pierde al interior del enclave alemán, cuando tras el golpe militar de 1973, la DINA utilizó el recinto como centro de detención y tortura, con la complicidad de los colonos.

Del entierro de autos se enteraron muchos más. No era todos los días que se desmantelaban vehículos perfectamente operativos –algunos incluso recién pintados- para cargarlos a un camión y darle “sepultura” en algún lugar de las 17 mil hectáreas que posee Dignidad, a 40 kilómetros de Parral.

Los colonos no saben cuando llegaron los vehículos a Colonia –con o sin sus dueños-, pero sí supieron que la quincena de vehículos guardados en un galpón a disposición de los jefes del enclave había pertenecido a los detenidos-desaparecidos.


Sólo un puñado de colonos sabe dónde los jerarcas de Villa Baviera ocultaron los restos del centenar de prisioneros políticos, cuyo rastro se pierde al interior del enclave alemán, cuando tras el golpe militar la DINA utilizó el recinto como centro de detención y tortura.
Años antes de su insólito entierro, los vehículos –incluyendo el Chevrolet favorito, un jeep verde y una citroneta- habían sido pintados, refaccionados sus motores y cambiadas su patentes para pasar los controles. Estaban plenamente funcionales cuando Schäfer ordenó deshacerse de ellos. Por largos años nadie los había molestado, pero en 1988, sin sus aliados en el poder la situación iba a cambiar

Ese año el ministro Guillermo Navas había sido designado por la Corte Suprema para investigar los vínculos de Colonia Dignidad con las violaciones de los DD.HH, por petición expresa del gobierno de Alemania, que había retenido un crédito a Chile a condición de ello. A pesar de la actitud amistosa del ministro Navas hacia los colonos, la jerarquía de Villa Baviera temió que detectaran los vehículos en un eventual allanamiento.

Por precaución, Schäfer mandó a Willi Malessa, uno de sus hombres máxima confianza, que ocultara la torpe evidencia. Malessa, epecialista en manejo de armas y experto karateca, junto a Ulrich Schmidtke Miottel, desmantelaron y cargaron los vehículos en un camión. Por dos semanas, Malessa sepultó los restos con ayuda de una retroexcavadora Caterpillar 235 en un valle cercano, bajó la atenta protección del jefe de seguridad del enclave, Erwin Fage, otro incondicional de Schäfer.

José Morales recuerda que a fines de 1988, Malessa y Fege –instructores de tiro de los colonos más leales, en el largo subterráneo de la bodega de papas- también fueron los encargados de hacer desaparecer los restos de los prisioneros.

Schäfer les habría ordenado “remover (versetzen) el paquete (paket)” y ocultarlo en alguno de los valles fuera del cerco, ante posibles excavaciones por orden judicial. Otra vez, Malessa partió solo a un valle interior, llevándose el paket, que según los colonos más antiguos, se refería sin duda, a los restos de los gesuchten, los buscados, los desaparecidos.

“Hoy quizá ya creció un bosque en ese lugar y es imposible saber dónde están los restos. Pero están preocupados, porque el tema no está cerrado. ¿Cuándo despertarán y ayudarán a tantos chilenos diciendo lo que saben? Malessa y Fege algún día van a llegar al cielo y tendrán que dar cuentas a su Dios. Pero hoy tienen casas en el sur y viven como reyes,” afirmó Morales.

LOS REYES DEL SUR

Tanto Malessa como Fege viven hoy fuera de Villa Baviera, sin embargo, hay fuertes sospechas, que sólo cumplen nuevas ordenes de Schäfer.

A mediados de 2002, Willi Malessa, recibió 90 millones de la ex Colonia para instalarse en una casa-villa con 12 habitaciones y 12 baños en Los Angeles, VIII Región.

Erwin Fege salió en marzo de 1998, luego que el ministro en visita Hernán González ordenara una vigilancia policial de 30 días al interior del enclave. Junto a su esposa Brigitte Malessa, abandonaron el recinto y pidieron protección al gobierno de Alemania. Allá vivieron algunas semanas hasta que Fege se enteró que lo citarían a declarar, viajó a Canadá pero como no lo autorizaron a quedarse regresó a Chile y se radicó en Purranque, cerca de Osorno. Aunque Fege dijo que huía de la Colonia en busca de libertad, al retornar a Chile, estrechó relaciones con los directivos de Dignidad.


José Morales Norambuena estuvo secuestrado 36 años en Colonia Dignidad. Ante la indiferencia del estado chileno viajó a Alemania en busca de ayuda.
En mayo de 2000, Fege, su esposa y cuatro socios alemanes, compraron por $100 millones de pesos el Lote A-2 del Fundo Tres Puentes, en Purranque, donde instalaron la Sociedad Agroindustrial Tierra Nueva, Ltda. Sus antiguos amigos colonos le regalaron ganado, camiones cargados de forraje y diversos productos.

A pesar de haber sido el responsable de la seguridad y los sistemas de vigilancia, control y comunicaciones en todo el predio y sus edificaciones desde 1970 hasta 1998, Fege le asegura a la policía chilena no saber nada de lo que ocurría en el enclave.
Pero según Morales, Erwin Fege también puede aclarar la suerte que corrió el ruso-norteamericano Boris Weisfeiler

EL “ESPÍA” JUDÍO

Fue Fege quien, en enero de 1985, recibió a Boris Weisfeiler de manos de una patrulla militar. Según un suboficial de Ejército y miembro de la CNI que participó en la detención del matemático, “el prisionero fue entregado al jefe de seguridad de Colonia”. Así lo informó a la embajada de Estados Unidos, cuando usando el seudónimo de ‘Daniel’, tomó contactos en 1987, 1990 y 1997.

La patrulla militar habría estado compuesta por siete hombres de distintas unidades que vigilaban el perímetro noroeste de Colonia. Bajo órdenes perentorias del vice comandante del Ejército, Julio Canessa, debían arrestar a cualquier extraño y entregarlo a los alemanes.

Weisfeiler estaba mochileando cerca del cruce de los ríos Ñuble y Los Sauces, a pocos kilómetros de Villa Baviera, y casi a los pies de Cerro Maravilla, donde se sospecha que eran enviados los prisioneros políticos a campos de trabajo, en complicidad con el Ejército, que controlaba esos terrenos.


En el cementerio de Villa Baviera no han sido encontrados restos de detenidos desaparecidos.
Tras arrestar al turista, acusándolo de ser espía judío, la patrulla lo condujo hasta un puesto de guardia en el perímetro sur del enclave, donde el teniente a cargo lo entregó al jefe de seguridad. Gran parte de las pertenencias del detenido fue enviada a la sede de la CNI en Santiago.

Entre enero y mayo de 1985, “Daniel” dijo haber visto a Weisfeiler desde lejos trabajando dentro de la propiedad de Colonia. Otras dos veces entró al enclave germano por el lado oriente, oportunidades en que conversó con un joven guardia, quien le preguntó si él había participado en el arresto del “judío”. El guardia le expresó su angustia por lo que otros colonos le habían contado: que Weisfeiler era torturado en Colonia, y vivía como “un perro judío en condiciones de animal”.

El guardia era Miguel Becerra Monsalve, quien a los 13 años fue llevado a Colonia por su padre, el agente de la DINA Miguel Angel Becerra Hidalgo, quien creía que el niño recibiría una buena educación de los colonos. Hoy Becerra Monsalve continúa en Colonia, es experto karateca y ha recibido entrenamiento en el uso de armas por parte de Erwin Fege.

“Daniel” dijo que en junio 1987 fue informado por otro ex integrante de la patrulla militar que arrestó a Weisfeiler, que éste aún vivía en la Colonia, pero que hacía poco se había dado la orden de “limpiar” las zonas subterráneas que pensaba se utilizaban para mantener prisioneros.

En octubre de 1997, “Daniel” afirmó que Weisfeiler fue asesinado “por los alemanes, sin presencia de chilenos”, pero no especificó en qué fecha. A esas alturas el matemático había sido declarado muerto por inmersión y el caso sobreseído. Aunque el norteamericano no fue incluido como víctima de violaciones a los DD.HH en el Informe Rettig, el caso fue reabierto en el 2000.

Cuando “Daniel” tomó ese último contacto, Colonia atravesaba uno de sus peores momentos. Ya había perdido su personalidad jurídica como “sociedad benefactora”, y en 1996 se habían reactivado las investigaciones sobre abuso sexual de menores, abriéndose más de diez procesos en contra de Schäfer. A mediados de 1997, Dignidad acumulaba una treintena de juicios legales por delitos que iban desde fraude, obstrucción de la justicia, evasión tributaria, y encubrimiento, a violaciones sodomíticas y secuestro, involucrando a gran parte de la cúpula.

“No recuerdo fechas, pero los jerarcas se preocuparon del caso Weisfeiler cuando hubo una protesta de organizaciones de DD.HH. con letreros en la entrada de Colonia Dignidad. Yo escuché hablar de él. Se decía que fue asesinado allí, pero las huellas fueron borradas”, afirmó el ex colono José Morales a LND, quien abandonó el enclave alemán en diciembre de 2002, y en marzo pasado salió del país.

Morales recuerda que Ricardo Alvear, chileno y vocero de Villa Baviera, recopiló y procesó toda la información de prensa, radio y televisión sobre el caso Weisfeiler. Personalmente comunicaba sus conclusiones a Schäfer. A éste le preocupaba el caso y quería saber cuán implicada estaba Dignidad, en ojos del público y los investigadores.

Alvear es el encargado de mantener contactos con el exterior. Se afirma que tiene lazos en las Fuerzas Armadas, ministerios, intendencias y el Congreso. También se servía de sus relaciones con funcionarios del SAG en Parral, con médicos y políticos. Además organizó un club de caza en Colonia Dignidad, para que los colonos estuvieran autorizados para portar armas.

NOMBRES DE GUERRA

Para evitar su arresto, en 1998 Paul Schäfer se esfumó de Villa Baviera con tres de sus ayudantes -Friedhelm Zeitner, Peter Schmidt y Mathías Gerlach. Una semana después, la jerarquía se deshizo de documentación comprometedora. En la cocina y con una alegre complicidad, Rudolf Cöllen, Karl Van Den Berg y Hans Jürgen revisaron una gran cantidad de archivos.

“De los documentos leían los ‘nombres de guerra’ que habían usado en sus operaciones con los militares, y se mataban de la risa” cuenta Morales, quien estaba a cinco metros detrás de una cortina. “A veces se levantaban y quemaban algunos documentos en el horno de la cocina grande”.

Dos años más tarde, el 19 de septiembre de 2000, la Policía de Investigaciones incautó los depurados “archivos” de Colonia Dignidad, expuestos en un pasillo y organizados en tres kárdex metálicos y cientos de archivadores. Decenas de carpetas se encontraron vacías, incluyendo la caratulada “Boris Weisfeiler”.



 

 

23 de Julio 2006 La Nación

¡Quemados con fósforo químico!

Con las luces encendidas de la vieja retroexcavadora Fuchs, Erich Fege salió ya oscuro desde el sector habitado del fundo y se alejó cinco kilómetros hasta el sector Chenco, dentro de Colonia Dignidad. Tenía la orden de Schäfer de cavar un hoyo ancho y profundo. Fege, nacido en Alemania en 1926, hizo la excavación y por radio le mandaron: “¡Aléjate 200 metros del lugar y mantente alerta!”.

Un grupo de efectivos del Ejército estaba ya dentro del predio. Venían desde Parral, pero pertenecían a la Escuela de Artillería de Linares.

El “Doc”, como le decían a Schäfer los militares, llamó a Gerhard Mücke y le ordenó conducir a los huéspedes hasta la fosa cavada por Fege. Él obedeció sin chistar y, con trato amistoso, guió a los visitantes. Al acercarse al lugar indicado, Mücke (mosquito) se retrasó un poco, pero antes les mostró el sitio preparado. Desde una camioneta, los militares bajaron a un grupo de detenidos, presumiblemente cinco, los mataron a tiros y los arrojaron a la fosa.

Mücke, el guardaespaldas de “Glasaugen” –como también le decían a Schäfer por su ojo de vidrio–, llamó a Fege por radio para que acercara la máquina: “¡Ahora tapas el hoyo y no preguntas nada!”, le ordenó. Enseguida guió a los oficiales, suboficiales y soldados hacia las casas de Dignidad, donde el “Doc” los agasajó con los típicos manjares de la tradición bávara.

Dentro de las alambradas de la secta caían y desaparecían los primeros prisioneros políticos. Habían transcurrido sólo algunas semanas desde el golpe militar de 1973.

Otros prisioneros –colonos sometidos por la violencia y el terror impuesto por Schäfer y sus jerarcas– sobrevivían bien alimentados en el predio, pero sufriendo como peones al servicio del rigor maléfico.

Pocos días después, Schäfer repitió la orden a Fege. “¡Sales oscuro!”, le dijo. Con la antigua Fuchs que operaba con un sistema de huinchas, el alemán enfiló hacia el mismo lugar y cavó otro hoyo similar. Un nuevo contingente del Ejército arribó al fundo desde las cercanías. Cumplida la tarea, Fege volvió a alejarse a la espera de que lo llamaran por radio, poco después de escuchar los disparos. Presumiblemente, esta vez los detenidos también fueron cinco. Murieron de la misma manera y tuvieron el mismo destino. El agasajo se repitió. “Glasaugen” era un excelente anfitrión, aunque muy mal vecino.

Los desaparecidos de parral

El macabro ritual se repitió al menos dos veces más. En total, durante los dos meses tras el golpe, al interior de Dignidad fueron eliminados y sepultados “unos 20” prisioneros, recuerda Mücke en el proceso judicial contra Colonia Dignidad.

Cifra que se aproxima a los 22 parralinos que desaparecieron entre septiembre y octubre de 1973 en cuatro oportunidades distintas. Primero, el 26 de septiembre, cinco detenidos fueron trasladados desde la cárcel de Parral a un lugar desconocido por orden del gobernador de la zona, el hoy coronel (R) de la Escuela de Artillería de Linares Hugo Cardemil Valenzuela. Otros cinco desaparecieron desde la comisaría, entre el 11 y el 15 de octubre de 1973. El tercer grupo, también de cinco, desapareció el 13 de octubre desde el retén policial de Catillo, a unos 10 kilómetros de Colonia Dignidad. Y, por último, el 23 de octubre fueron sacados siete prisioneros desde la cárcel de Parral por orden de Cardemil.

Los datos coinciden con los recuerdos de Mücke y Fege. Ellos no mencionan a otros detenidos eliminados en la colonia, aunque sí señalan que en 1974 llegó otro montón de prisioneros, pero después fueron sacados por la DINA hacia un destino desconocido.

Pero el autor material de las 40 mil fichas de amigos y enemigos de la colonia, empresarios, militares, curas, monjas y autoridades políticas de diversas épocas, el “filósofo” Gerd Seewald Lefevre, presentado siempre como el “director de la escuela de Villa Baviera”, devela que otros prisioneros sí desaparecieron desde el fundo.

Menciona a Hernán Sarmiento Sabater y Haroldo Laurie Luengo, detenidos en Parral; Pedro Merino Molina, en Coronel; Adán Valdebenito Olavaria; en Lota, y a José Hilario San Martín Llancán, que no figura en ninguna lista oficial, y a otro de apellido Santibáñez. Todos corresponden al período de 1974, año en el que fue internada una gran cantidad de prisioneros en Dignidad. En aquel tiempo, Schäfer le comentó a Seewald: “Sie dürfen nicht überleben” (ellos no deben sobrevivir). Los mencionados aparecen en fichas incautadas el año pasado en el predio alemán.

“Todos fueron quemados”

Corría 1978 cuando un día Schäfer convocó a su fiel “tío Mauk”, como llamaban a Mücke, y le ordenó: “¡Hay que limpiar el fundo! ¡Anda, sácalos y deshazte de ellos!”.

El pintor de brocha, como se autodenomina Mücke ante los jueces, pidió ayuda a Rudy Collen y Willy Malessa. La “limpieza” les tomó un par de semanas. Fue durante ese año cuando por orden de Pinochet se inició a la “Operación Retiro de Televisores”. En las distintas guarniciones militares se debían ubicar las fosas clandestinas, desenterrar los cuerpos de los detenidos asesinados y lanzarlos al mar, amarrados a un trozo de riel para hacerlos desaparecer definitivamente. La alarma había sonado en los cuarteles poco después que en una mina abandonada en Lonquén fueran ubicados los restos de 15 campesinos desaparecidos. Aunque se sospechaba, hasta ahora no se sabía que la orden también llegó a Colonia Dignidad.

Esta vez la vieja Fuchs la manejó Collen, mientras el “tío Mauk” dirigía las obras y se ensuciaba las manos enguantadas. El trabajo avanzó bajo la supervisión del “Doc”, empeñado en cumplir la orden de su general. Tras desenterrar los cuerpos ya putrefactos, “aunque aún con partes blandas”, como recuerda “Mauk”, éste y Collen metieron a cada uno en un saco bien amarrado y luego puesto dentro de otro “que tenía una sustancia que era fósforo y que quemaba fuertemente. Todos los cuerpos fueron quemados”, confesó Mücke.

Cuando la siniestra operación concluyó, “las cenizas se arrojaron al río Perquilauquén en un camión”, dijo el alemán con su gruesa voz de barítono a mal traer. Y afinó más el cálculo: “Fueron entre 18 y 21 cuerpos y conté cuatro o cinco fosas”.

Una versión, aún más escabrosa, no confirmada pero no ajena a la sofisticada ferocidad de los “benefactores”, indica que los desechos se los habrían arrojados a los chanchos.

Frente a frente

Veintiocho años después, encarcelados y respondiendo a la justicia por los crímenes de lesa humanidad, en julio pasado Mücke y Schäfer fueron careados. Mücke enfrentó a su jefe por primera vez:

“¡Basta! Ya está bueno que reconozcas tu responsabilidad. Tú diste las órdenes y después me dijiste: ahora hay que limpiar el fundo. ¡Sácalos, y deshazte de ellos!”.

Schäfer miró a Mücke con frialdad y en mal castellano dijo: “No tengo idea de qué me habla este señor”.

Mücke contraatacó: “¡Los militares entraron al fundo por orden tuya y tú me ordenaste que los guiara por los caminos interiores!”.

“Bueno, ellos entraban a la villa y hacían lo que les daba la gana, eran el Gobierno. Es cierto que pasaron centenares de militares y carabineros. Llegaban sin avisar. Pero de eso que tú dices no sé nada. ¡Estuvimos 40 años juntos, Gerhard, y todo lo que se hizo se decidió en comunidad!”.

“¡No, señor, usted daba las órdenes!”, le espetó “Mauk”.

Decepcionado, “Mosquito” se sumaba a lo que un par de semanas antes habían sido las duras quejas ante la justicia de otro peligroso hombre del politburó de Dignidad, Kurt Schnellenkamp, en contra del “Ewige Onkel” (el “Tío Permanente”):

“Paul nos engañó a todos y más encima se quedó con nuestro dinero”.

Algo parecido había proferido en el juicio “el filósofo” de las fichas, Seewald. Nacido en 1922, sostiene que estudió filosofía en la Universidad de Hamburgo y ahí aprendió “a fichar”.

“Él nos manejó a todos”, manifestó.

Ahora, todos se sentían engañados por la sagacidad extrema del ex cabo nazi que, según cuentan, no perdió el ojo en la guerra, sino desatándose la amarra de los bototos con un tenedor.

De Carrasco a Mertins

 “Ku”, como todavía llaman a Schnellenkamp dentro de Dignidad y por fuera sus amigos chilenos, tenía razones de sobra para estar enojado con el “Doc”. Por años, fue él quien dio la cara por el sur y el norte para cumplir la orden de Schäfer de conseguir armas y municiones para defenderse “de los comunistas”. Tarea que cumplía en paralelo como jefe de la planta chancadora de Bulnes, donde producen ripio y otros materiales que todavía venden a empresas de la construcción e, incluso, dicen, al Estado.

Es en sus recientes palabras en el proceso de Colonia Dignidad donde aparecen nuevos nombres de altos oficiales que, durante la dictadura, tuvieron estrechos lazos con la secta. Dedicado a conseguir pertrechos de guerra o chatarra militar que creativamente transformaban dentro del fundo, afirmó que “fue en esta oportunidad cuando tomé contacto con algunos señores oficiales de Concepción, como Washington Carrasco, Luciano Díaz Schneider y Dante Iturriaga, y otros cuyos nombres en este momento no recuerdo”.

Si de ellos también recibieron prisioneros que llevaron al predio, no lo dice.

Asimismo se relacionó con suboficiales armeros de distintos regimientos del país, con los que también conseguía algunas armas y municiones bajo cuerda “a cambio de quesos y cosas de ese tipo”.

Los alemanes habían decidido incrementar su arsenal, que más tarde fue “subiendo de pelo” y sofisticación, por ejemplo, en negocios con el traficante de armas internacional y ex oficial de las SS hitlerianas Gerhard Mertins. El mismo “Ku” admitió los contactos que, acompañado por Helmuth Seelbach, otro alemán de la colonia, tuvo con Mertins en sus fundos de Durango (México) y Bonn (Alemania). Éste se transforma en el primer reconocimiento abierto de estos negocios con Mertins hecho por un miembro de la jerarquía de esta asociación ilícita criminal.

A Solas con Willoughby

A “Ku” la memoria tampoco le falla para recordar que un día de 1974 condujo el bus Mercedes Benz de la colonia hasta el estadio de Talca:

“El viaje fue para trasladar hasta Villa Baviera a unos 15 prisioneros. Cuando llegué de vuelta los dejé en el galpón de las papas en medio de la noche y le dije a Paul: ¡misión cumplida!”.

Qué pasó con ellos después no está seguro, dice, pero afirma que le parece que la DINA los sacó en un bus.

En julio de 1974, Schäfer dijo a Schnellenkamp: “Me vas a llevar al fundo Las Palmas, entre Melipilla y Las Cabras. En el camino hablamos”.

Cuando arribaron al lugar, Schäfer le explicó: “Bueno, ahora me esperas aquí porque tengo una reunión importante con el señor Federico Willoughby, él es como un ministro de nuestro Gobierno”.

“Ku” sostiene que esperó cerca de una hora. Cuando el “Doc” salió y partieron de vuelta en el vehículo, le contó:

“El agente de la DINA Miguel Becerra murió en la villa, y no conviene que se sepa que murió adentro. Cuando lleguemos, tú y Rudi [Collen] van a cargar su camioneta en el Magiruz [Deutz, un camión] con su cuerpo adentro. Lo sacan, en Parral bajan la camioneta con su cuerpo, Rudi se vuelve, y tú conduces la camioneta hasta la carretera en Linares. Te desvías por algún camino no muy transitado y lo dejas ahí, sentado al volante. Que parezca cualquier cosa. Alguien te va a seguir para traerte de regreso”.

“Así lo hice. El cuerpo ya estaba descompuesto. Creo que Becerra, a quien apodamos “Uno” porque siempre andaba solo y vivía con nosotros adentro, quería salirse de la DINA”, contó “Ku” en el proceso.

Quién sabe por qué, “Glasaugen” pareció recobrar el don del recuerdo cuando, interrogado por el episodio Becerra, expresó casi en una alegoría:

“Alguien vino un día a mostrarme una manzana mascada que estaba en la pieza de Becerra. Corté un pedazo y se lo di a las lauchas. Cayeron muertas de inmediato. A Becerra le gustaba comer de noche una manzana. Mi teoría es que lo envenenaron, por lo de las lauchas, creo.

El perrito de Magaña

El operativo militar que los alemanes llamaron “Cerro Gallo”, monte ubicado al este del río Perquilauquén, que cruza el predio de 17 mil hectáreas, se realizó en 1974. Según Mauk, “Ku”, Fege y un nuevo testigo, Franz Baar –un chileno robado a sus padres cuando niño y adoptado ilegalmente–, a Dignidad llegó una tarde un contingente de unos 500 efectivos del Ejército. Durmieron dentro y al amanecer salieron de cacería, pero humana, apoyados por helicópteros. Ninguno dijo hasta ahora si se detuvo gente, aunque algunos lo presumen.

Sin embargo, el episodio arrojó otro nombre desconocido hasta ahora –fuera de los de Manuel Contreras, Pedro Espinoza y el mismísimo Pinochet, que se pasearon por el fundo–. Un oficial de apellido Magaña que, según los testigos, pertenecía al Regimiento Chacabuco de Concepción, iba a cargo del operativo.

“Andaba con un perrito bajo el brazo”, recordaron Baar y Mücke.

Lo que les pareció fuera de toda marcialidad militar fue que Magaña, antes de iniciarse el operativo rastrillo, armó un gran escándalo porque se le había perdido su mascota y puso a alemanes y soldados de cabeza a buscarlo.

“Lo raro es que, cuando lo encontraron, se subió al helicóptero con la mascotita”, comentó socarronamente el “tío Mauk”.

Al final del operativo, Magaña le entregó a Schäfer un diploma de agradecimiento que decía: “Al General, Doctor y Profesor”.

 

31 de Enero 2007 El Mostrador

Miguel Ángel Becerra fue envenenado: Juez Zepeda acusa a Schaefer por crimen de ex colaborador de la DINA

Ministro del caso Villa Baviera estableció que Miguel Ángel Becerra, nexo entre enclave y la DINA, fue envenenado con una manzana cubierta de pesticidas para evitar que desertara de su labor en los organismos represivos. Hijo de la víctima permaneció por años trabajando en el enclave germano, ignorándolo todo, y fue un estrecho colaborador de Paul Schaefer y su grupo.

El ministro en visita Jorge Zepeda Arancibia cerró uno de los capítulos más lúgubres de las relaciones de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) y la ex Colonia Dignidad y dictó acusaciones en contra de Paul Schaefer Schneider y otros dos integrantes del enclave por la muerte del colaborador del organismo represor Miguel Ángel Becerra Hidalgo.

El magistrado dictó acusación en contra de Schaefer como autor del homicidio de Becerra Hidalgo, colaborador de la DINA que trabajaba en la Villa Baviera, y formuló cargos contra Kurt Schnellenkamp Nelaimischkies y Rudolf Collen Franzkowsky, como encubridores del mismo hecho. El juez logró establecer que Becerra Hidalgo fue envenado con algún tipo de pesticida fosforado en aparente represalia porque iba a abandonar sus labores de colaboración con los grupos represores.

A los familiares de Becerra se les informó que el agente, que antes del golpe militar había sido colaborador del grupo ultranacionalista Patria y Libertad, había muerto por inhalación de monóxido de carbono al interior de su camioneta, que habría sufrido algún tipo de desperfecto en un camino aledaño a la Colonia.

La resolución del juez Zepeda establece que “Entre el lunes 26 y el jueves 29 de julio de 1974, al interior del predio de la denominada Colonia Dignidad, compuesta por inmigrantes de nacionalidad alemana, ubicado al Este del pueblo de Catillo, cercano a la ciudad de Parral. Se dio muerte por envenamiento a Miguel Ángel Becerra Hidalgo de 33 años a esa fecha, militante –con antelación al golpe militar de 1973- del denominado movimiento Patria Y Libertad y –con posterioridad- miembro de la Dirección Nacional de Inteligencia Nacional (DINA) y agente irregular de la labor de 'inteligencia' implementada en la ex Colonia Dignidad, donde se le asignó al efecto la designación de 'Uno'”.

La investigación de Zepeda logró determinar que el agente Becerra se había ido a vivir al interior del enclave germano para desarrollar una mejor labor de inteligencia y coordinación entre la DINA y el enclave alemán que consistían en la detección y control de personas partidarias de la Unidad Popular cuyo rastro se perdió en el fundo germano.

Asimismo Becerra fue muchas veces conductor de vehículos para los alemanes donde se transportaron detenidos y también piloteó las máquinas retroexcavadoras con las que se cavaron fosas para inhumar ilegalmente a personas al interior del fundo de la ex Villa Baviera.

Las indagaciones del juez Zepeda lograron determinar que “La causa de muerte de Miguel Ángel Becerra Hidalgo, de acuerdo a los antecedentes obtenidos por el Instituto Médico Legal –determinadamente, del exámenes químicos toxicológico de las muestras de sus vísceras- fue el envenamiento por ingestión de elementos órganos fosforados del tipo oxi fosforados del tipo “Bidrin”, “Tapona” o “DDVP”; sustancias altamente tóxicas, capaces de producir la muerte de una persona”. Las mismas investigaciones establecen que “el arma homicida” fue una manzana que se dio a comer a Becerra y cuyos restos se encontraron como último alimento que había ingerido en su estómago.

El magistrado establece que por las circunstancias del hecho y los preceptos del de Derecho Internacional el homicidio de Becerra es un crimen de lesa humanidad, “debido a que la conducta que determinó la muerte de la víctima, está relacionada y fue ejecutada por quien entendía el contexto amplio y general en que ocurrió, esto es, formando parte de un ataque sistemático y generalizado contra parte de la población civil, sobre una base política”.

Un hecho que marca aún más este caso es que el hijo de Becerra, Miguel Ángel Becerra Monsalve, fue llevado en diciembre de 1973 por su padre hasta la escuela del enclave alemán para que fuera instruido por los germanos y desde esa fecha se le mantuvo aislado de todo contacto con sus familiares, tal como ocurrió con cientos de niños de las cercanías del predio.

Los alemanes le informaron a Miguel Ángel Becerra Monsalve, que tenía 11 años al momento del homicidio, que su progenitor había muerto en las cercanías de Linares producto de un accidente automovilístico. Los alemanes además lo aislaron de su madre y le dijeron que su familia lo había abandonado con lo que el niño se convirtió en un activo colaborador del enclave.

Sólo hace un par de años y luego de leer un artículo periodístico Miguel Ángel Becerra Monsalve pudo enterarse acerca de cómo había fallecido su progenitor y desde ese día cortó todo vínculo con quienes consideraba como su círculo de confianza y protección.

 

12 de Febrero 2008   La Nacion

Francia juzgará en ausencia a trece represores chilenos

Luego de casi diez años, desde que la justicia francesa se decidió a juzgar a un grupo de represores chilenos y un argentino por el secuestro y desaparición de cinco ciudadanos franco-chilenos, el Gran Tribunal Penal de París fijó fecha para el juicio entre el 19 y 23 de mayo próximo.

Los 13 chilenos y el argentino serán juzgados en rebeldía (según la figura legal francesa) pues ni Chile ni Argentina acogieron las demandas de extradición formuladas en su momento por Francia. Entre los chilenos están el ex jefe de la DINA, Manuel Contreras y el líder de la secta alemana Colonia Dignidad, Paul Schafer.

Cuatro de los chilenos requeridos inicialmente ya están muertos: el dictador Augusto Pinochet, el general Javier Palacios que comandó el asalto desde tierra a La Moneda el 11 de septiembre de 1973, el coronel de aviación Andrés Pacheco Cárdenas, comandante de la base aérea de Temuco, y el ex agente civil Osvaldo “Guatón” Romo.

Los oficiales chilenos (todos en retiro) que serán sometidos a juicio son, además de Contreras y Sch fer: Emilio Sandoval Poo, empresario sureño; Joaquín Ramírez Pineda, ex comandante del regimiento Tacna; Rafael Ahumada Valderrama; el teniente coronel de Carabineros Gerardo Godoy García (“El Cachete Chico”); Basclay Zapata Reyes (“El Troglo”), DINA suboficial de Ejército; Miguel Krassnoff Martchenko, brigadier DINA ex jefe de la brigada Águila; Marcelo Moren Brito, coronel DINA ex jefe de Villa Grimaldi; Pedro Espinoza Bravo, brigadier ex segundo jefe de DINA; Raúl Eduardo Iturriaga Neumann, general DINA ex jefe de su departamento exterior; José Zara Holger, brigadier DINA, ex jefe de su departamento exterior; y el ex agente civil DINA Enrique Arancibia Clavel, que el año pasado terminó de cumplir una pena de presidio en Buenos Aires por el asesinato en 1974 del general Carlos Prats y su esposa Sofía Cuthbert. También será juzgado el ex jefe de la inteligencia del Ejército argentino (SIDE) en Mendoza y Bahía Blanca durante la última dictadura, José Osvaldo Riveiro, alias “Balita”.

Los catorce criminales, la mayoría con un largo prontuario por delitos de lesa humanidad, serán juzgados por el secuestro y desaparición de Alfonso Chanfreau Oyarce, Jean Ives Claudet Fernández, René Marcel Amiel Baquet, George Klein Pipper, y Etienne Pesle de Menil.

Las cinco víctimas Chanfreau fue detenido en julio de 1974 en Santiago y su nombre aparece en la lista de los 119 desaparecidos de la Operación Colombo -preámbulo de la Operación Cóndor- por la que la dictadura chilena pretendió hacer creer que habían huido a Argentina.

Claudet fue detenido en Buenos Aires en noviembre de 1975 como parte de la Operación Cóndor, en la que también participaron los servicios de inteligencia de Argentina, Paraguay, Bolivia y Uruguay. En este caso, Arancibia Clavel o “Luis Felipe Alemparte”, envió desde Buenos Aires (noviembre de 1975) un memorándum dirigido a “Luis Gutiérrez”   -chapa del cargo de jefe exterior DINA, en ese entonces Iturriaga

Neumann- que decía: “A Claudet se le sometió a interrogatorio. .. Ya no existe, es RIP (Réquiem in pace)”.

El memo, junto a otros similares, fue pesquisado en Buenos Aires por la jueza María Servini y formó parte del expediente abierto allá por el crimen de los Prats-Cuthbert.

Amiel fue arrestado en Mendoza por agentes chilenos y argentinos en 1977. Klein era asesor de Allende y fue detenido en La Moneda el día del golpe militar. Pesle era un sacerdote secuestrado en Temuco en septiembre de 1973.

5 de Marzo 2008 El Mostrador

Defensa busca salvar a Schäfer por demencia progresiva

Por demencia, el mismo expediente mediante el cual el ex dictador Augusto Pinochet fue sobreseído definitivamente en el proceso por los crímenes de la Caravana de la Muerte, la defensa del jefe de Colonia Dignidad, Paul Schäfer, busca su sobreseimiento en las causas que le afectan.

Este intento tuvo ayer un primer resultado, cuando la Cuarta Sala de la Corte de Apelaciones de Santiago acogió la petición del abogado José Luis Sotomayor, para que a Schafer (87) se le practiquen exámenes siquiátricos.

Con ello y en una batalla judicial progresiva, la defensa pretende dejarlo afuera de todos los procesos que se instruyen en su contra.

Si bien su representante legal pidió sólo un test siquiátrico que había sido denegado por el juez de las causas contra Colonia Dignidad, Jorge Zepeda, la sala amplió el rango de las pruebas a un examen general del estado de salud del alemán. Schäfer cumple hoy tres años recluido en el hospital de la ex Penitenciaría de Santiago, luego de su captura en Argentina.

"El se encuentra realmente mal, prácticamente ya no escucha ni ve por el único ojo que tiene, y no coordina sus pensamientos. Come muy poco y su estado está en franco deterioro físico y mental", explicó el abogado Sotomayor.

Pero de acuerdo al abogado querellante Hernán Fernández "esto no es más que una estrategia para salvar a Sch fer, que no está demente sino que finge sordera, simula no comprender, e inventa no tener visión para leer las preguntas que le hace el tribunal".

Fernández recordó que hace dos años, el Servicio Médico Legal (SML) elaboró un primer informe siquiátrico de Sch fer que lo consideró con "plenas facultades mentales" para enfrentar un juicio.

En el caso de Pinochet tras su regreso a Chile en marzo de 2000 desde su arresto en Londres, y luego de ser sobreseído en la causa Caravana, la mayoría de los ministros de las cortes de Santiago y Suprema cambiaron su opinión respecto de la pretendida demencia argumentada por su defensa, dándose cuenta de que fueron engañados como varios lo reconocieron en privado.

A los pocos días después de que la Sala Penal de la Corte Suprema dictó en julio de 2002 su sobreseimiento definitivo en este proceso, Pinochet salió a las calles a hacer vida ciudadana, asistiendo a reuniones sociales, restaurantes, librerías y dio una entrevista de más de una hora a un canal de Miami.

Para plantear la solicitud fallada ayer favorablemente, la defensa de Sch fer eligió una causa por lesiones a colonos alemanes que ya emigraron a su país, que no tiene contraparte querellante.

Pero el abogado Fernández afirmó que "vamos a pedir un informe de cómo Sch fer tiene una vida normal, aquejado sólo de males de la edad, y finge cuando se le interroga".

Schafer está condenado a 20 años de presidio en primera instancia por el juez Hernán González (Parral) por violación sodomítica y abuso sexual de menores, y a tres años por el hallazgo de armas en Dignidad. 

Además, tiene otros juicios abiertos por asociación ilícita y secuestro y desaparición de personas.

Jueves 3 de julio de 2008   La Nación

Centro de Justicia de Santiago Corte Suprema confirma condena contra Paul Schäfer

La Corte Suprema ratificó las condenas a cuatro integrantes de la ex Colonia Dignidad por infracción a la Ley de Control de Armas debido a los arsenales encontrados en Parral y Bulnes, en 2005. En fallo unánime, los ministros Nibaldo Segura, Jaime Rodríguez, Rubén Ballesteros, Hugo Dolmestch y Carlos Künsemüller rechazaron los recursos de casación presentados ante la sentencia de la Corte de Apelaciones que condenó a Paul Schäfer (3 años y 300 días), Karl Van der Berg (2 años y 300 días remitidos), Kurt Schnellenkamp (2 años y 300 días remitidos), Harmut Hopp (90 días. cumplidos en prisión preventiva). Esta es la primera condena que dicta la Suprema por los delitos cometidos en la ex Villa Baviera que indaga el ministro en visita Jorge Zepeda Arancibia

 

Miércoles 13 de mayo de 2009          Cooperativa.cl 

Corte Suprema confirmó condena a Schaefer por torturas

La Sala Penal de la Corte Suprema confirmó la condena a tres años y un día en contra de Paul Schaefer por lesiones graves y menos graves en el proceso que investiga las torturas que sufrieron ocho colonos durante 10 años al recibir distintas medicaciones para tenerlos controlados en la ex Colonia Dignidad entre 1980 y 1990.

El juez Jorge Zepeda también estableció que se autorizó la utilización experimental de de electroshock, somníferos y otros medicamentos en contra de los colonos para poder tenerlos supervisados y controlados para realizar trabajos forzados.

De esta forma, se ratifica la segunda condena a Schafer, quien sigue recluido en la Cárcel de Alta Seguridad en el Hospital Penitenciario debido a sus 87 años de edad.

El 2 de julio del 2008, la Sala Penal de la Corte Suprema sentenció a tres años y 300 días de presidio al ex jerarca de Colonia Dignidad por infracción a la Ley de Control de Armas, debido al arsenal de guerra que mantenía en el enclave.

Lunes 13 de julio de 2009   El Mostrador

Corte de Apelaciones dicta sentencia contra Paul Schäfer

La Corte de Apelaciones de Santiago confirmó este lunes un fallo que condena a siete años de prisión a Paul Schaefer, ex líder de la Colonia Dignidad, por el homicidio, en 1974, de Miguel Ángel Becerra Hidalgo, agente de la DINA, la policía secreta de la dictadura de Augusto Pinochet.

En fallo unánime, los magistrados de la Octava Sala del tribunal de alzada condenaron también a Kurt Schnellenkamp Nelaimischkies y Rudolf Cöllen Frankowsky, colaboradores de Schaefer, a 541 días de prisión como encubridores del delito, aunque a ambos les concedió el beneficio de la libertad vigilada, informaron fuentes judiciales.

Además, el tribunal determinó que los tres condenados deben pagar solidariamente una indemnización total de 170 millones de pesos a nueve querellantes del caso, todos parientes de la víctima.

Schaefer, de 87 años, cumple actualmente una pena de tres años y 300 días de prisión por el almacenamiento de armas de guerra, otra de tres años y un día por torturar a miembros alemanes de la Colonia Dignidad y una tercera de 20 años como autor de cinco violaciones y 21 abusos sexuales contra niños residentes en el enclave.

El ex suboficial del Ejército nazi ha estado desde hace más de dos semanas internado en un hospital penitenciario en estado grave a causa de problemas cardíacos progresivos, según los médicos, que han señalado que su pronóstico es incierto.

Miguel Ángel Becerra Hidalgo fue un antiguo miembro del grupo ultraderechista "Patria y Libertad", que empleó el terrorismo contra el Gobierno de Salvador Allende, que se convirtió en agente de la DINA tras el golpe militar de 1973.

Según consta en el proceso, tenía 33 años cuando fue envenenado entre el 26 y 29 de julio de 1974 en el interior de la Colonia Dignidad, en la que vivía, y su cadáver apareció días después en un paraje cercano, al que fue llevado por Schnellenkamp y Cöllen, que trataron de simular que el hombre había sido arrollado por un vehículo.

El motivo del crimen fue que Becerra se manifestaba disconforme con las torturas y malos tratos que se aplicaban a los presos políticos.

 

Viernes 17 de julio de 2009     La Nacion

Ministro Zepeda dicta acusación en caso de DDHH

El ministro Jorge Zepeda dictó acusación en la investigación por el secuestro calificado de Pedro Juan Merino Molina, ocurrido a partir del 14 de septiembre de 1974 en la ciudad de Coronel, región del Bio Bio.

El magistrado acusó a Sergio Rigoberto Aplazaba Rojas, Manuel Rioseco Paredes, Orlando José Manzo Durán, Juan Manuel Guillermo Contreras Sepúlveda, Pedro Octavio Espinoza Bravo, Paul Schäfer Schneider, Fernando Gómez Segovia y Gerd Seewald Lefevre como responsables del delito antes señalado.

El magistrado determinó que la víctima: “después de ser detenido por agentes de Estado, la madrugada del catorce de septiembre de 1974, en la vivienda que ocupaba de la población Yobilo Dos, calle Aconcagua N 817, de la ciudad de Coronel, fue trasladada al retén de Carabineros “Lo Rojas” y enseguida conducida a Parral, determinadamente, al centro clandestino de detención de la ex Colonia Dignidad, donde quedó registro de los interrogatorios que le fueron hechos por colonos alemanes actuando éstos junto a agentes de Estado pertenecientes a la Dirección de Inteligencia Nacional, DINA; con quienes los primeros cooperaban en la persecución, privación de libertad y eliminación de civiles por razones políticas o ideológicas; procediendo dichos agentes a mantener privada de libertad a la referida víctima, haciéndola desaparecer hasta hoy”.

 

Miércoles 29 de Junio 2011 La Nacion

Manuel Contreras condenado por caso de DDHH en Colonia Dignidad

El ministro en visita Jorge Zepeda dictó sentencia de primera instancia en la causa por la desaparición del militante comunista Pedro Merino Molina, ocurrida el 14 de septiembre de 1974.

El caso de refiere a una de las aristas de los procesos por violaciones a los derechos humanos ocurridas al interior de la ex Colonia Dignidad. De esta forma el magistrado determinó absolver de todos los cargos a quien fue el principal inculpado, Paul Schäfer, quien por estar fallecido no puede ser sujeto de acción penal.

Sin embargo, dictó penas de 5 años de presidio menor en su grado máximo sin ningún tipo de beneficio, a quien se desempeñó como jefe de la disuelta DINA, general (r) Manuel Contreras Sepúlveda.

La misma sentencia recibieron el jefe del órgano represor en la ciudad de Parral, Fernando Gómez Saravia y el brigadier (r) Pedro Espinoza Bravo. La resolución determina además que el Fisco de Chile debe pagar una indemnización total de $155 millones para la madre y los hermanos de la víctima, que se dividen en $50 millones para la mujer y $15 millones para cada uno de los siete hermanos de Merino Molina. El juez Zepeda dispuso también liberar de cargos por falta de participación a Orlando Manzo, Sergio Apablaza, Manuel Rioseco y el ex colono Gerd Seewald

 

 

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