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Carlos Humberto Minoletti Arriagada

 

Mayor de Ejercito

C.I.: 4.336.700-5

El paso de la caravana de la muerte por Calama y Copiapó dejó un rastro de dolor y sangre por el gran numero de personas ejecutadas en ambas ciudades. Los oficiales y suboficiales que cometieron estos alevosos crímenes obedecían ordenes directas del General Sergio Arellano Stark, quien a su vez contaba con una autorización expedita de Augusto Pinochet.

En Calama esta comitiva dejo de acuerdo a las investigaciones un total de 26 dirigentes ejecutados, cuyos cuerpos en primera instancia fueron inhumados ilegalmente y luego, en 1976, desenterrados y arrojados al mar.

Fue el capitán en la época, Carlos Minoletti Arriagada,  quien fue encargado de elegir los fusileros y ejecutar los fusilamientos, también existen testimonios de que este criminal procedió a dar los tiros de gracia a los prisioneros ejecutados. Posteriormente, fue el quien participó en los entierros de los cuerpos en fosas clandestinas y después, a fines del año 76, tuvo la misión de ubicar las fosas para desenterrarlos, subirlos a un avión de la Fach en el aeródromo local para luego arrojarlos al mar.

Entre los criminales culpables de estos crímenes se encuentran además de Carlos Minoletti Arraigada, el coronel en retiro, Eugenio Rivera Desgroux, comandante del regimiento de Calama al tiempo de la caravana; el brigadier en retiro Carlos Lange Fonfurstenberg, el coronel en retiro, Víctor Santander Véliz, y el suboficial en retiro Gerónimo Rojo Rojo.

Cuando Carlos Minoletti Arraigada fue el oficial de seguridad del Campamento de Prisioneros de Chacabuco que estuvo encargado de dar la "Bienvenida" a presos políticos que fueron trasladados hasta ese lugar en noviembre de 1973, que cierta fueron sus palabras cuando amenazó a los prisioneros y le dijo "El desierto quiere sangre" hasta ese momento, ningún prisionero sabia que Minoletti Arriagada había regado la aridez del desierto de Atacama con la sangre de 26 personas en Calama.

Durante su paso por Copiapó la “Caravana de la Muerte”, y también bajo las ordenes directas del General Sergio Arellano Stark dejó otro rastro de dolor. Un total de 16 personas fueron ejecutadas en esta ciudad, de las cuales 13 fueron encontrados en una fosa común ilegal en 1990 y 3 aún permanecen desparecidos.

Todas estas personas fueron llevadas hacia el interior de la pampa por un grupo de oficiales comandados por el brigadier en retiro Patricio Díaz Araneda. Este oficial junto a los coroneles Ricardo Yáñez Mora y Marcelo Marambio Molina, mas el teniente coronel Waldo Ojeda Torrent, fueron quienes ejecutaron a 13 prisioneros el día el 17 de octubre de 1973

Los otros 3 prisioneros  fusilados el mismo día fueron ejecutados por el general retirado Erwin Gestaer Gálvez; y los oficiales en retiro Fernando Castillo Cruz, Oscar Pastén Morales y Ramón Zúñiga Ormeño

Fuentes de Información: La Nación; El Mostrador; El Mercurio, Archivo Memoriaviva;


El Mercurio, 22 de Marzo de 2006
Caso Caravana: Por homicidio procesan a 13 militares en retiro 

Ministro de fuero notificó ayer a los ex uniformados, quienes quedaron detenidos en un recinto castrense.
Trece oficiales de Ejército en retiro fueron procesados por el ministro de fuero Víctor Montiglio en el marco del proceso conocido como "Caravana de la Muerte", por los homicidios calificados de 42 personas en las ciudades de Calama y Copiapó.

Las encargatorias de reo afectan al brigadier (r) Patricio Díaz Araneda y a los oficiales (r) Ricardo Yáñez Mora, Waldo Antonio Ojeda y Marcelo Marambio Molina, por 13 víctimas que fueron detenidas en Copiapó la noche del 16 de octubre de 1973, y ejecutadas horas más tarde utilizando fusiles SIG.

El magistrado encausó además como coautores del homicidio calificado de tres dirigentes sindicales, asesinados también el 17 de octubre, a los oficiales (r) Edwin Herbstard Gálvez, Fernando Castillo Cruz, Ramón Zúñiga Ormeño y Oscar Pastén Morales, todos pertenecientes en ese entonces al regimiento Atacama de Copiapó.

Por la muerte de 26 víctimas de Calama, quienes fueron detenidos el 19 de octubre, Montiglio procesó al entonces comandante del regimiento de esa ciudad, Eugenio Rivera Desgroux; a los oficiales (r) Carlos Langer, Carlos Minoletti Arriagada, Víctor Santander Véliz, y al suboficial mayor Jerónimo Rojo Rojo.

Resolución

El ministro Montiglio resolvería hoy si otorga o no la libertad a los once encausados que fueron trasladados en la tarde de ayer hasta el batallón de Policía Militar de Peñalolén tras ser notificados en tribunales de su nueva situación procesal. Dos oficiales (r) no se presentaron, uno por estar fuera del país y el otro en el norte.


La Nación, 31 de Marzo 2006

Ex presos políticos localizan en Miami a procesado por Caravana de la Muerte

Ex oficial de Ejército, que dirigía la compañía de ingenieros del regimiento de Calama, fue el encargado de elegir a los fusileros que perpetraron los crímenes de la comitiva militar encabezada por Sergio Arellano Stark, así como también de darles el tiro de gracia a quienes sobrevivían. En el expediente, también hay indicios de su participación en la operación 'retiro de televisores'.

Dos días después de que el mayor de Ejército (R) Carlos Minoletti Arriagada fuese procesado por el juez Víctor Montiglio en el caso Caravana de la Muerte, residentes chilenos en Estados Unidos lograron localizarlo en el estado de Florida.

Según los antecedentes acumulados en el voluminoso expediente de dicho proceso, el ex oficial, que dirigía la compañía de ingenieros del regimiento de Calama, tuvo a su cargo la elección de los fusileros que materializaron estos crímenes de lesa humanidad, además de dar la orden de disparar y gatillar el tiro de gracia contra aquellas víctimas que quedaran con vida.

En este episodio que protagonizó la comitiva militar que el 19 de octubre de 1973 ejecutó a un total de 26 opositores al recién asumido régimen militar, Minoletti fue encausado como autor de homicidio calificado en contra de todas esas personas.

Sin embargo, fuentes allegadas a la causa precisaron que el retirado uniformado también habría participado en la denominada operación "retiro de televisores", la cual consistió en desenterrar los cuerpos sepultados de manera clandestina y su posterior traslado en helicópteros para ser arrojados al mar, hecho que ocurrió en el año 1978.

La Caravana de la Muerte operó en nuestro país en octubre de 1973, bajo el mando del general (R) Sergio Arellano Stark, y fue la responsable, según múltiples testimonios, de la muerte de 75 prisioneros políticos a lo largo de todo Chile en una de las más sanguinarias operaciones de exterminio de partidarios del gobierno del depuesto Salvador Allende.

En ese sentido, ha trascendido también que Minoletti tuvo como misión declarar ante los Consejos de Guerra que se realizaron de forma posterior a las ejecuciones de 1973, donde falseó los hechos con el fin de justificar legalmente los fusilamientos de estudiantes, profesores y dirigentes sindicales.

Quienes ubicaron a Minoletti no tienen ningún problema en entregar la información sobre su localización a la justicia para que se solicite su extradición y este ex militar pueda ser juzgado en nuestro país.

Uno de ellos es un ex preso político de Antofagasta, Fernando Torres, quien reside en Estados Unidos, desde 1976. Torres dijo que tras conocerse la información de que el ex oficial se encontraba radicado en el país del norte y que había sido procesado por el magistrado, se puso de inmediato, junto a otros exiliados, en una campaña de búsqueda de este individuo.

Cliente habitual de ”El Gaucho”

“Fue fácil localizarlo; a través de Google y otros buscadores logramos encontrarlo. Nosotros estamos dispuestos a entregar toda la información necesaria a la justicia sobre su paradero”, sostuvo Fernando Torres, en conversación telefónica con El Mostrador.cl.

“No sabemos desde cuándo está acá, ni por qué eligió Estados Unidos como refugio. Lo cierto es que nosotros estamos también en la tarea de buscar a otras personas que están prófugas”, añadió.

Aseguró que si bien no han visto personalmente a Minoletti saben que asiste con regularidad a un restaurant de parrilladas argentino que se llama “El Gaucho”, y que allí muchas personas señalaron que lo conocían e indicaron que cenaba en ese lugar frecuentemente.

"Su número de teléfono no está en el listado de la guía telefónica, pero no es difícil ubicarlo", sostuvo Torres, quien afirmó que el ex militar vive a unos 15 minutos del aeropuerto de Miami.

Extradición

Otro chileno, que prefirió no revelar su nombre, dijo que “me llamó la atención de que estuviese en Estados Unidos y había poca gente que sabía su paradero. Aquí hay muchos Minoletti, pero empezamos a buscar sobre todo en Florida”.

“Después de algunos días de llamadas y búsquedas por Internet, donde uno de nuestros principales colaboradores es el buscador Google, encontramos varios Minoletti en Florida, pero específicamente lo localizamos en el condado de Miami Dade”, dijo.

Minoletti Arriagada, de 62 años, nacido el 12 de septiembre de 1943, viviría en un edificio localizado en el 10833 NW 7th Street Miami (código postal 33172- 3140), junto a su esposa, Sonia, de 51 años. En tanto, fuentes judiciales aseguraron que el ministro Montiglio estaría dispuesto a pedir la extradición del ex oficial, en un corto plazo, en caso de que no se presente en los próximos días para ser notificado del procesamiento que pesa en su contra. No obstante, debido a las apelaciones que se han presentado por parte de otros encausados, dicha diligencia no podría llevarse a cabo de forma inmediata, pero "podría derivar en ello", se sostuvo en tribunales.

Montiglio y la Caravana

El pasado 21 de marzo, Montiglio procesó a 13 militares. Entre ellos figuran el coronel (R) Eugenio Rivera Desgroux, ex comandante del Regimiento Calama; el brigadier(R)Carlos Lange von Fürstemberg; el mayor(R) Carlos Minoletti Arriagada; el coronel(R) Víctor Santander Véliz y el suboficial(R) Jerónimo Rojo, por la desaparición de 26 personas en Calama.

El juez encausó, a su vez, por 13 de las 16 víctimas de Copiapó al brigadier(R) Patricio Díaz Araneda; el coronel(R)Ricardo Yáñez Mora; el teniente coronel(R) Waldo Ojeda Torrent; y el oficial (R) Marcelo Marambio Molina.

Por tres víctimas de Copiapó, los dirigentes mineros de El Salvador Magindo Castillo, Ricardo García y Benito Tapia, fueron procesados el general(R) Edwin Herbstädt Gálvez, y los oficiales (R)Ramón Zúñiga Ormeño, Fernando Castillo Cruz y Óscar Pastén Morales.


La Nación, 26 de Noviembre 2007

Caravana de la Muerte: se entrega Minoletti, el enterrador de Calama

Refugiado en Miami, el capitán Carlos Minoletti comandó el entierro clandestino de los 26 cuerpos de los ejecutados en 1973 por la Caravana de la Muerte en Calama. Dos años después, ubicó la fosa para el desentierro. Puede ser la soga al cuello para Trincado y compañía, procesados el sábado.

Junto a Armando Fernández Larios, el capitán (R) Carlos Minoletti Arriagada fue hasta ahora uno de los más duros para seguir negando su responsabilidad en los crímenes de la Caravana de la Muerte, aunque no integró el pelotón que en septiembre y octubre de 1973 dirigió el general (R) Sergio Arellano. El 31 de enero de 2000 el juez Juan Guzmán decretó el arresto del ex comandante de la compañía de ingenieros del regimiento Calama, pero Minoletti había huido a Estados Unidos el 5 de septiembre de 1998.

En principio, su arribo está establecido para hoy al aeropuerto de Pudahuel donde lo esperará la policía civil para conducirlo al despacho del ministro Víctor Montiglio, a cargo del proceso por los episodios de la Caravana de la Muerte. Pero la fecha de llegada podría retrasarse.

Su decisión de entregarse en Chile estaría influenciada porque su extradición desde Estados Unidos pondría en riesgo su residencia en ese país y su eventual nacionalidad norteamericana. Además, tendría una seria afección al corazón y ello habría minado su voluntad de resistencia a la justicia.

Siendo comandante de la compañía de ingenieros del Calama en octubre de 1973 con grado de capitán, Minoletti dirigió el entierro clandestino de los 26 cuerpos de los prisioneros que la caravana asesinó el 19 de octubre de 1973 en el sector Topater del desierto de Atacama.

Pero Minoletti también debe responder ante la ministra y presidenta de la Corte de Apelaciones de Antofagasta, Rosa María Pinto, que instruye la causa por el desentierro de los 26 cuerpos y su lanzamiento al mar. Por estos hechos, el sábado la magistrada procesó a los generales (R) Miguel Trincado y Julio Salazar, al coronel (R) Luis Aracena y a cinco suboficiales (R), todos ex del regimiento Calama, excepto Salazar que era jefe de inteligencia de la I División del Ejército de Antofagasta. Trincado comandó esta operación. Los cuerpos fueron desenterrados a fines de 1975 o comienzos de 1976, trasladados al aeródromo de Calama y subidos a un avión Fach C-47 y arrojados al mar. Minoletti fue quien ubicó la fosa para la exhumación y participó en ella. En el lugar también estuvo el general Carol Urzúa, entonces comandante de la División de Ejército de Antofagasta.

Minoletti ha sido interrogado por la policía civil en Estados Unidos, pero hasta ahora niega todo. Podría convertirse en el primer oficial (R) que reconozca la presencia en la zona del desentierro de los generales (R) Trincado y Salazar, lo que ellos niegan. Aunque a Trincado lo acusan varios suboficiales (R).

Cuando Minoletti inició el ocultamiento de los cuerpos en el desierto, estuvo acompañado de su personal de la compañía y del mayor Luis Rojas Delzo, médico del regimiento que constató el estado desastroso de los cuerpos masacrados. También verificó el estado de los cadáveres el capellán del regimiento, Luis Jorquera Molina. El capellán se encargó de engañar a los familiares diciéndoles que se desconocía el paradero de los cuerpos y que los prisioneros fueron ejecutados al intentar fugarse durante un traslado.


Emol.com, 26 de Noviembre de 2007

Tras casi 10 años prófugo, vuelve a Chile militar implicado en la llamada "Caravana de la Muerte"

El capitán (r) Carlos Minoletti Arriagada se encontraba desde 1998 en Miami (EE.UU.). Hoy volvió al país y se entregó a la Justicia.

SANTIAGO.- El prófugo capitán (r) del Ejército Carlos Minoletti Arriagada, acusado de comandar el entierro clandestino de 26 cuerpos de ejecutados en 1973 por la "Caravana de la muerte", volvió hoy a Chile desde Miami y se entregó a la Justicia, informaron fuentes judiciales.

Minoletti, ex comandante de la Compañía del Ingenieros del regimiento de Calama, huyó a EE.UU. en 1998 para evadir la investigación judicial en su contra que dirigía el juez Juan Guzmán.

Aunque no integró el grupo acusado de ejecutar fusilamientos que habría dirigido el general Sergio Arellano Stark, el juez Juan Guzmán decretó el 31 de enero de 2000 el arresto del militar, pero Minoletti ya había huido a Estados Unidos dos años antes.

Su regreso a Chile obedece, según fuentes de tribunales, a que una extradición pondría en riesgo su residencia en ese país y, además, a que sufriría una seria afección al corazón.

En el aeropuerto lo esperaron funcionarios de la policía civil que lo llevaron al despacho del juez Víctor Montiglio, actual encargado del proceso por los episodios de la "Caravana de la muerte".

La comitiva militar recorrió el país semanas después del golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 y ejecutó sin someter a juicio a 75 presos políticos en distintas ciudades.

El entonces capitán Minoletti dirigió el entierro clandestino de los 26 prisioneros que la "Caravana de la muerte" asesinó el 19 de octubre en el sector Topater del desierto de Atacama.

El militar también deberá comparecer ante la jueza Rosa María Pinto, a cargo del proceso por el desentierro de los cuerpos de las víctimas de Calama y su lanzamiento al mar entre 1975 y 1976.

Por estos hechos, el sábado pasado la magistrada procesó a los generales (r) Miguel Trincado y Julio Salazar, el ex coronel Luis Aracena y cinco suboficiales retirados, a los que les otorgó la libertad provisional previo el pago de una fianza de 50.000 pesos.

Trincado, ex comandante de la guarnición de Santiago y juez militar de la Región Metropolitana hasta 2006, comandó la operación del desentierro y el lanzamiento al mar de los cadáveres cuando ocupó la jefatura de la Sección de Inteligencia del regimiento de Calama.

Los cuerpos fueron desenterrados a fines de 1975 o comienzos de 1976, trasladados al aeródromo de Calama y lanzados desde un avión al mar.

Según establece el proceso que lleva la jueza Pinto, Minoletti fue quien localizó la fosa para la exhumación y también habría sido parte de esta operación.

El ex militar podría convertirse en el primer oficial que reconozca la presencia en el desentierro de los generales Trincado y Salazar, lo que ambos niegan, aunque a Trincado lo han imputado varios suboficiales.

El caso de Calama es el primer episodio de la llamada "operación retiro de televisores", que consistió en el desentierro a lo largo del país de todos los cadáveres de prisioneros que habían sido sepultados clandestinamente


La Nación, 27 de Noviembre 2007

Testigos acusan a Minoletti del desentierro

Hasta ahora se conoce que si bien el mayor (R) Carlos Minoletti reconoció comandar el entierro clandestino de los 26 cuerpos en 1973, entrega elementos “distractivos” sobre la remoción de 1975-1976.

Cuando el mayor (R) Carlos Minoletti fue interrogado -en septiembre de 2003- en Miami por la Policía de Investigaciones acerca de su participación en el entierro y desentierro de los 26 cuerpos de los prisioneros asesinados por la Caravana de la Muerte en 1973, admitió parte de los hechos, pero negó el resto.

Minoletti reconoció esa vez que comandó la sepultación de los cuerpos la noche del 19 de octubre de 1973, "me lo ordenaron". Pero negó dirigir también la operación de desentierro a fines de 1975 o primeros días de 1976. "Nunca recibí la orden de removerlos", dijo.

Ahora, el lunes pasado, ante el ministro Víctor Montiglio volvió a reconocer la sepultación, pero lanzó distractivos respecto de la remoción y su participación. Sin embargo, en la investigación existen declaraciones de oficiales y suboficiales (R) que lo involucran en el operativo de exhumación de los cuerpos para tirarlos al mar, junto a los hoy generales (R) Miguel Trincado y Julio Salazar Lantery.

El suboficial (R) Héctor Iturra Orrego era subordinado de Minoletti que entonces comandó la compañía de ingenieros, autor material del entierro y posterior remoción.

Iturra sostiene que a comienzos de 1976, junto a Minoletti fueron a a la pampa a ubicar la fosa para desenterrar los cuerpos, porque "llegó la orden" desde Antofagasta. "Minoletti me dijo que el general Carol Urzúa, -que entonces comandaba la I División de Antofagasta- ordenó ubicar los cuerpos".

Dice Iturra que encontraron la fosa "porque de ella sobresalía una pierna que se la estaba comiendo un zorro". El brillo de una botella de pisco vacía ayudó al encuentro.

Otro suboficial (R), Manuel Aguirre Cortés, afirma que la noche del desentierro para llevar los "sacos" al aeródromo de Calama y subirlos al avión FACH "Minoletti integró el equipo, junto a Trincado y Salazar Lantery ( ) Se usó una retroexcavadora y después Minoletti ordenó lavar el camión donde se transportaron los cuerpos, y se quemó la ropa que usamos".

Minoletti advirtió a Montiglio sobre su "grave afección cardiaca" para volver a subir a la altura de Calama, si se decretaba su presencia en la fosa.


La Nación, 22 de julio de 2013

CASO CARAVANA DE LA MUERTE: CAPITÁN (R) DE EJÉRCITO ESTÁ PRÓFUGO

Se trata de Carlos Minoletti Arriagada, que es buscado por la Policía de Investigaciones (PDI) porque hace un año y medio que no acude a firmar el libro de los encausados por crímenes de la dictadura que gozan de libertad provisional a la espera de la sentencia.

Un ex capitán del Ejército, procesado por el asesinato en 1973 de 26 opositores a la dictadura de Augusto Pinochet y por el posterior desentierro de los cadáveres y su lanzamiento al mar, está prófugo desde hace un año y medio, revelaron este lunes a Efe fuentes judiciales.

Se trata de Carlos Minoletti Arriagada, que es buscado por la Policía de Investigaciones (PDI) porque hace un año y medio que no acude a firmar el libro de los encausados por crímenes de la dictadura que gozan de libertad provisional a la espera de la sentencia, precisaron las fuentes.

Minoletti, quien en 1998 huyó a Estados Unidos y vivió varios años en Miami, se entregó en noviembre de 2007 y tras permanecer un tiempo en prisión preventiva se le concedió la libertad provisional, sujeta a una orden de arraigo, que supone una prohibición de abandonar el país.

Fuentes policiales dijeron a Efe que Minoletti no registra salida del país con su nombre real, por lo que se presume que pudo huir con identidad falsa o bien está oculto en algún lugar de Chile.

El diputado comunista Hugo Gutiérrez, que fue abogado querellante en los procesos por los crímenes de la Caravana de la Muerte, aseguró a Efe que hay "negligencia" del tribunal en la fuga de Minoletti.

"Aquí hay una clara negligencia del tribunal que tiene a cargo la causa por los episodios de la Caravana de la Muerte. Esto deja al descubierto que los controles judiciales a los militares encausados por crímenes de lesa humanidad que gozan de libertad provisional no están funcionando", precisó.

"La PDI tiene la obligación de detener a este asesino y ponerlo a disposición de la justicia para que reponga su arresto y le mantenga así hasta la sentencia definitiva", añadió.

La ejecución, el 19 de octubre de 1973, de 26 opositores en la ciudad de Calama, fue una de las operaciones de la llamada "Caravana de la Muerte", una comitiva comandada por el general Sergio Arellano Stark que recorrió Chile dejando una estela de opositores asesinados a su paso.

Arellano actuó como "oficial delegado" del comandante en jefe, es decir, de Pinochet y en los fusilamientos de cerca de un centenar de presos políticos hacía participar a militares de los regimientos locales.

Minoletti, en esa época, era el jefe de la compañía de ingenieros del regimiento de Calama y fue uno de los militares que junto a los hombres de Arellano sacaron a los 26 prisioneros de la cárcel, los llevaron al desierto y los acribillaron con armas de alto calibre, además de destrozar los cuerpos con cortes de corvo (cuchillo de combate).

Según el expediente judicial, en la noche del mismo día Minoletti comandó la inhumación clandestina de los cadáveres en una fosa excavada en pleno desierto, no sin antes ordenar a sus hombres cortar los cadáveres para apropiarse de los anillos de oro o plata que llevaban.

A comienzos de 1976, por orden de Pinochet, los cadáveres fueron desenterrados, echados en sacos y lanzados al mar desde un avión de la Fuerza Aérea.

La exhumación, efectuada con una excavadora que desintegró la estructura ósea de los cuerpos, estuvo a cargo del capitán Carlos Minoletti.

Ese desentierro se transformó en el primer episodio de la llamada "Operación Retiro de Televisores", que consistió en la exhumación de todos los cadáveres de prisioneros asesinados y sepultados clandestinamente en diversos puntos de Chile.

La mayor cantidad de esas exhumaciones ocurrieron en 1978, tras el descubrimiento de una quincena de cadáveres en una abandonada fábrica de ladrillos en las afueras de Santiago.

En todos los casos, los cuerpos fueron lanzados al mar, en sacos amarrados a trozos de rieles.


Memoria.telam.com.ar

Es Carlos Minoletti Arriagada, que participó de la "Caravana de la Muerte" 

Chile: Se fugó un capitán acusado de asesinar a 26 opositores al régimen de Pinochet, en 1973

El capitán (RE) del Ejército chileno Carlos Minoletti Arriagada, procesado por el asesinato en 1973 de 26 opositores a la dictadura de Augusto Pinochet, por el posterior desentierro de los cadáveres y su lanzamiento al mar, quien huyera en 1998 a los Estados Unidos, está prófugo desde hace un año y medio, tras ser dejado en libertad condicional por la Justicia. Minoletti, que vivió varios años en Miami, se entregó en noviembre de 2007 y tras permanecer un tiempo en prisión preventiva fue beneficiado con la libertad condicional, con prohibición de abandonar el país. Para el diputado comunista Hugo Gutiérrez, abogado querellante en los procesos por los crímenes de la Caravana de la Muerte, de la que fueron parte los 26 asesinados por Minoletti, afirmó, citado por la agencia EFE, que hubo "negligencia" del Tribunal en la fuga del capitán.

Fuentes judiciales precisaron que Arriagada, que ahora es buscado por la Policía de Investigaciones (PDI), hace un año y medio que no acude a firmar el libro de los encausados por crímenes de la dictadura y que gozan de libertad condicional a la espera de la sentencia. 
    
Por su parte, fuentes policiales señalaron que Minoletti no registra salida del país con su nombre real, por lo que se presume que pudo haber huido con una identidad falsa o bien estar oculto en algún lugar de Chile. "Aquí hay una clara negligencia del tribunal que tiene a cargo la causa por los episodios de la Caravana de la Muerte. Esto deja al descubierto que los controles judiciales a los militares encausados por crímenes de lesa humanidad que gozan de libertad provisional no están funcionando", precisó el diputado Gutiérrez. Añadió que la "PDI tiene la obligación de detener a este asesino y ponerlo a disposición de la justicia para que reponga su arresto y le mantenga así hasta la sentencia definitiva". 
    
La ejecución, el 19 de octubre de 1973, de 26 opositores en la ciudad de Calama, 1.564 kilómetros al norte de Santiago, fue una de las operaciones de la llamada Caravana de la Muerte, realizada por un grupo de tareas castrense comandado por el general Sergio Arellano Stark. El operativo recorrió Chile dejando una estela de opositores asesinados a su paso. 
    
Arellano actuó como "oficial delegado" del comandante en jefe, es decir de Pinochet, y en los fusilamientos de cerca de un centenar de presos políticos hacía participar a militares de los regimientos locales. Minoletti, en aquella época, era el jefe de la compañía de ingenieros del regimiento de Calama y fue uno de los militares que junto a los hombres de Arellano sacaron a los 26 prisioneros de la cárcel, los llevaron al desierto y los acribillaron con armas de alto calibre, además de destrozar los cuerpos con sus cuchillos de combate. Según el expediente judicial, en la noche del mismo día Minoletti comandó la inhumación clandestina de los cadáveres en una fosa excavada en pleno desierto, no sin antes ordenar a sus hombres cortar los cadáveres para robarles los anillos de oro o plata que llevaban. 
    
A comienzos de 1976, por orden de Pinochet, los cadáveres fueron desenterrados, echados en sacos y lanzados al mar desde un avión de la Fuerza Aérea. La exhumación, efectuada con una excavadora que desintegró la estructura ósea de los cuerpos, también estuvo a cargo del capitán Minoletti.    

Ese desentierro se transformó en el primer episodio de la llamada "Operación Retiro de Televisores", que consistió en la exhumación de todos los cadáveres de prisioneros asesinados y sepultados clandestinamente en diversos puntos de Chile, para ser arrojados al mar amarrados a trozos de rieles.
La mayor cantidad de esas exhumaciones ocurrieron en 1978, para evitar que alguna vez fueran hallados esos restos, tras el descubrimiento casual de una quincena de cadáveres en una abandonada fábrica de ladrillos en las afueras de Santiago.


Teleman, 23 de julio de 2013
Continúa prófugo ex capitán que participó en la "Caravana de la muerte"

El capitán (RE) del Ejército chileno Carlos Minoletti Arriagada, procesado por el asesinato, en 1973, de 26 opositores a la dictadura de Augusto Pinochet, por el posterior desentierro de los cadáveres y su lanzamiento al mar, quien huyera en 1998 a los Estados Unidos, está prófugo desde hace un año y medio, tras ser dejado en libertad condicional por la Justicia.
Disminuye Fuente

Minoletti, quien vivió varios años en Miami, se entregó en noviembre de 2007 y tras permanecer un tiempo en prisión preventiva fue beneficiado con la libertad condicional, con prohibición de abandonar el país. Para el diputado comunista Hugo Gutiérrez, abogado querellante en los procesos por los crímenes de la Caravana de la Muerte, de la que fueron parte los 26 asesinados por Minoletti, afirmó que hubo "negligencia" del Tribunal en la fuga del capitán.

Fuentes judiciales precisaron que Arriagada, quien ahora es buscado por la Policía de Investigaciones (PDI), hace un año y medio que no acude a firmar el libro de los encausados por crímenes de la dictadura y que goza de libertad condicional a la espera de la sentencia.

Por su parte, fuentes policiales señalaron que Minoletti no registra salida del país con su nombre real, por lo que se presume que pudo haber huido con una identidad falsa o bien estar oculto en algún lugar de Chile. "Aquí hay una clara negligencia del tribunal que tiene a cargo la causa por los episodios de la Caravana de la Muerte. Esto deja al descubierto que los controles judiciales a los militares encausados por crímenes de lesa humanidad que gozan de libertad provisional no están funcionando", precisó el diputado Gutiérrez. Añadió que la "PDI tiene la obligación de detener a este asesino y ponerlo a disposición de la justicia para que reponga su arresto y le mantenga así hasta la sentencia definitiva".

La ejecución, el 19 de octubre de 1973, de 26 opositores en la ciudad de Calama, 1564 kilómetros al norte de Santiago, fue una de las operaciones de la llamada Caravana de la Muerte, realizada por un grupo de tareas castrense comandado por el general Sergio Arellano Stark. El operativo recorrió Chile dejando una estela de opositores asesinados a su paso.

Arellano actuó como "oficial delegado" del comandante en jefe, es decir de Pinochet, y en los fusilamientos de cerca de un centenar de presos políticos hacía participar a militares de los regimientos locales. Minoletti, en aquella época, era el jefe de la compañía de ingenieros del regimiento de Calama y fue uno de los militares que junto a los hombres de Arellano sacaron a los 26 prisioneros de la cárcel, los llevaron al desierto y los acribillaron con armas de alto calibre, además de destrozar los cuerpos con sus cuchillos de combate. Según el expediente judicial, en la noche del mismo día Minoletti comandó la inhumación clandestina de los cadáveres en una fosa excavada en pleno desierto, no sin antes ordenar a sus hombres cortar los cadáveres para robarles los anillos de oro o plata que llevaban.

A comienzos de 1976, por orden de Pinochet, los cadáveres fueron desenterrados, echados en sacos y lanzados al mar desde un avión de la Fuerza Aérea. La exhumación, efectuada con una excavadora que desintegró la estructura ósea de los cuerpos, también estuvo a cargo del capitán Minoletti.

Ese desentierro se transformó en el primer episodio de la llamada "Operación Retiro de Televisores", que consistió en la exhumación de todos los cadáveres de prisioneros asesinados y sepultados clandestinamente en diversos puntos de Chile, para ser arrojados al mar amarrados a trozos de rieles.
La mayor cantidad de esas exhumaciones ocurrieron en 1978, para evitar que alguna vez fueran hallados esos restos, tras el descubrimiento casual de una quincena de cadáveres en una abandonada fábrica de ladrillos en las afueras de Santiago.


The Clinic, 26 de Julio 2013
Ex oficial del Ejército procesado por 26 crímenes en la “Caravana de la muerte” lleva un año y medio prófugo

Se trata de Carlos Minoletti Arriagada, que es buscado por la Policía de Investigaciones (PDI) porque hace un año y medio que no acude a firmar el libro de los encausados por crímenes de la dictadura que gozan de libertad provisional a la espera de la sentencia. El ex oficial fue uno de los militares que junto a los hombres de Arellano Stark sacaron a 26 prisioneros de la cárcel en Calama, los llevaron al desierto y los acribillaron con armas de alto calibre, además de destrozar los cuerpos con cortes de corvo.

Un ex capitán del Ejército chileno, procesado por el asesinato en 1973 de 26 opositores a la dictadura de Augusto Pinochet, por el posterior desentierro de los cadáveres y su lanzamiento al mar, está prófugo desde hace un año y medio, revelaron hoy a Efe fuentes judiciales.

Se trata de Carlos Minoletti Arriagada, que es buscado por la Policía de Investigaciones (PDI) porque hace un año y medio que no acude a firmar el libro de los encausados por crímenes de la dictadura que gozan de libertad provisional a la espera de la sentencia, precisaron las fuentes.

Minolettti, quien en 1998 huyó a Estados Unidos y vivió varios años en Miami, se entregó en noviembre de 2007 y tras permanecer un tiempo en prisión preventiva se le concedió la libertad provisional, sujeta a una orden de arraigo, que supone una prohibición de abandonar el país.

Fuentes policiales dijeron a Efe que Minoletti no registra salida del país con su nombre real, por lo que se presume que pudo huir con identidad falsa o bien está oculto en algún lugar de Chile.

El diputado comunista Hugo Gutiérrez, que fue abogado querellante en los procesos por los crímenes de la Caravana de la Muerte, aseguró a Efe que hay “negligencia” del tribunal en la fuga de Minoletti.

“Aquí hay una clara negligencia del tribunal que tiene a cargo la causa por los episodios de la Caravana de la Muerte. Esto deja al descubierto que los controles judiciales a los militares encausados por crímenes de lesa humanidad que gozan de libertad provisional no están funcionando”, precisó.

“La PDI tiene la obligación de detener a este asesino y ponerlo a disposición de la justicia para que reponga su arresto y le mantenga así hasta la sentencia definitiva”, añadió.

La ejecución, el 19 de octubre de 1973, de 26 opositores en la ciudad de Calama, fue una de las operaciones de la llamada “Caravana de la Muerte”, una comitiva comandada por el general Sergio Arellano Stark que recorrió Chile dejando una estela de opositores asesinados a su paso.

Arellano actuó como “oficial delegado” del comandante en jefe, es decir, de Pinochet y en los fusilamientos de cerca de un centenar de presos políticos hacía participar a militares de los regimientos locales.

Minoletti, en esa época, era el jefe de la compañía de ingenieros del regimiento de Calama y fue uno de los militares que junto a los hombres de Arellano sacaron a los 26 prisioneros de la cárcel, los llevaron al desierto y los acribillaron con armas de alto calibre, además de destrozar los cuerpos con cortes de corvo (cuchillo de combate).

Según el expediente judicial, en la noche del mismo día Minoletti comandó la inhumación clandestina de los cadáveres en una fosa excavada en pleno desierto, no sin antes ordenar a sus hombres cortar los cadáveres para apropiarse de los anillos de oro o plata que llevaban.

A comienzos de 1976, por orden de Pinochet, los cadáveres fueron desenterrados, echados en sacos y lanzados al mar desde un avión de la Fuerza Aérea.

La exhumación, efectuada con una excavadora que desintegró la estructura ósea de los cuerpos, estuvo a cargo del capitán Carlos Minoletti.

Ese desentierro se transformó en el primer episodio de la llamada “Operación Retiro de Televisores”, que consistió en la exhumación de todos los cadáveres de prisioneros asesinados y sepultados clandestinamente en diversos puntos de Chile.

La mayor cantidad de esas exhumaciones ocurrieron en 1978, tras el descubrimiento de una quincena de cadáveres en una abandonada fábrica de ladrillos en las afueras de Santiago.

En todos los casos, los cuerpos fueron lanzados al mar, en sacos amarrados a trozos de rieles.


Punto Final, edición 527

La “bienvenida” al infierno

El siguiente es un fragmento del primer capítulo de “Chacabuco. Pabellón 18, casa 89”, libro del escritor Adolfo Cozzi Figueroa que se presentará el 10 de septiembre en el Centro Cultural de España. Lleva por título “La bienvenida” y relata los primeros momentos en Chacabuco de los “prisioneros de guerra” que habían sido trasladados a esa oficina salitrera abandonada en el desierto de Atacama.

“Ustedes, señores, son una cáfila de individuos indeseables, descastados que no se merecen la menor consideración -así comenzó el discurso de bienvenida del capitán Carlos Minoletti Arriagada al millar de prisioneros recién internados en el campo de concentración de Chacabuco, a las cuatro de la tarde del día sábado 10 de noviembre de 1973-. Como un señor que estoy viendo, cantante, que ustedes conocen mejor que yo, dedicado a cantar puras huevadas, ¿es así o no, señor Ángel Parra? Pero yo les voy a enseñar a cantar, porque de ahora en adelante, señores, no vamos a cantar las huevadas ésas que a ustedes les gusta cantar, de ahora en adelante ustedes van a tener que cantar puras canciones de Los Huasos Quincheros, Los Cuatro Huasos y de muchos otros cantantes muy buenos que nosotros tenemos. 

Hay aquí otro señor, profesor de historia, también dedicado a enseñar puras huevadas. ¿Es así o no, señor Mario Céspedes? Pero yo le voy a enseñar a usted cuál es la verdadera historia de Chile, cuáles son los verdaderos héroes de Chile, porque sepan ustedes, señores, que aquí en Chile tenemos muchos héroes; yo les voy a enseñar a ustedes cuáles son esos héroes de la historia de Chile.

Ustedes, señores, para que nos entendamos desde el principio y no tengamos problemas, son prisioneros de guerra, y mientras yo sea el oficial de seguridad de este campamento, ustedes van a tener que cumplir estrictamente mis órdenes, y cualquier indisciplina va a ser duramente castigada. Si miran a su izquierda, verán una casa sola. En esa casa, señores, el que entra no sale, se los advierto desde ahora. Yo me voy a encargar personalmente de que no salga, porque ustedes son una lacra para nosotros y hartas ganas tengo de echarme a un huevón al pecho. Eso es todo. Les advierto: tengan cuidado -hizo una pausa y miró ceremoniosamente en derredor suyo-, la pampa es traicionera, en el día hace mucho calor y en la noche mucho frío; calor en el día, frío en la noche, ¿entendido? El que quiera suicidarse que lo haga, pero que no use una gillette para cortarse las venas sino cinco, para que así se despache más rápido y no nos cause problemas. 

Después de una pausa en que se abatió un profundo silencio, haciendo aún más desolador el vasto desierto que nos rodeaba más allá de las alambradas que marcaban el perímetro del campo, continuó: 
–Ahora los vamos a ir nombrando y formando en grupos de a doce. Cuando escuchen su nombre deben contestar ¡presente, señor! Y correr hacia ese sector de allá. Bien, vamos a comenzar.

–Cárcamo Cárcamo Juan.

–¡Firme señor!
El prisionero, semidesnudo, llevando sus ropas y pertenencias a cuestas, intentando sujetarse el calzoncillo con el elástico vencido, empezó a correr hacia el lugar que había indicado Minoletti, quien lo siguió con la mirada hasta que se detuvo.

–¡Ven para acá, huevón! -le gritó.

Extrañado de que lo llamase, Cárcamo se dirigió hasta él y como un equeco se cuadró imitando el gesto militar, tratando de que no se le cayeran las cosas de los brazos. Sin previo aviso, Minoletti le dio una tremenda cachetada.

–¿Cómo te enseñaron a contestar?

–¡Firme señor! -gritó de nuevo, siguiendo las enseñanzas que nos habían prodigado los suboficiales mayores en el Estadio Nacional sobre la forma disciplinada de responder a un llamado, y lo hizo incluso con más convicción, puesto que creyó que el castigo se debía a una cierta pusilanimidad en la respuesta.

Minoletti le dio otra sonora bofetada. Y después, en su típica actitud teatral comenzó a discursear de nuevo:
–Para que nos vayamos entendiendo, señores, dentro del ejército estamos acostumbrados a tratarnos de Firme Señor, y ustedes no son del ejército, ustedes son civiles, son prisioneros de guerra, y los civiles tienen que tratarnos a los del ejército de Presente Señor, ¿entendido? Se los repito: entendámonos bien, señores, para que no tengamos problemas.

Hizo una larga y premeditada pausa durante la cual recorrió con la mirada a todos los prisioneros que rodeaban el perímetro de la cancha de fútbol de tierra y sal apisonada, y prosiguió:
–Cárcamo Cárcamo Juan.

–Presente, señor -atinó esta vez el prisionero.

–Cereceda Parra Ángel.

–Presente, señor -respondió el músico, hijo de Violeta Parra, y se lanzó a correr hasta el lugar que le habían indicado. Minoletti lo alcanzó y ‘lo ayudó’ en la carrera con una patada. Después regresó al lugar en que estaba antes.

–Céspedes Mario -continuó la lista.

–¡Presente, señor! -gritó antes de empezar a correr el profesor de historia cuyo famoso programa de concurso en la televisión ‘¿Cuánto sabe usted?’ había marcado a principios de los años 70 los más altos niveles de audiencia-. Minoletti corrió detrás suyo y lo elevó en el aire con una feroz patada en las asentaderas. No podía creer lo que veía. ¿Tratar así a un señor de bastante edad, que hasta mi abuela, con todo lo conservadora que era, admiraba por su cultura? 
Minoletti volvió después a pasar lista en un tono que marcaba lo íntimamente satisfecho que estaba con su acción. Denigrar a ese respetable y conocido ciudadano debe haber sido miel para sus instintos.

–Jeria Espinoza Juan.

–Presente, señor. 

–Jiménez Augusto.

–Presente, señor.

–Lizama Antonio.

–Pre, pre, pre… -titubeó el prisionero- ¡Firme Señor! 
–¡Ven para acá, huevón!

Lizama se quedó estático, paralogizado, incrédulo del error que sus nervios le habían hecho cometer. Minoletti y sus soldados fueron donde él a grandes zancadas.

–¿Cómo te enseñaron a contestar?
Lizama temblaba, tratando de sacar la voz desde un tartamudeo incontrolable.
–Pre... pre... presen... ¡Firme Señor!

Minoletti le dio otro par de bofetadas y uno de los soldados le descargó un culatazo en las costillas.

–¡¡¿Cómo que firme señor, conchetumadre?!!
–Pre... pre... presente señor.

–Aprendiste, huevón; a ver, repite.

–Pre... presente señor.

–Para que nos vayamos entendiendo desde ahora, señores -despidió al prisionero con una patada-, se los voy a repetir por última vez: ustedes son prisioneros de guerra, y no se les va a tolerar ninguna muestra de indisciplina. Ahora van a tener que actuar disciplinadamente; nosotros aquí queremos que algún día ustedes lleguen a ser soldados, pero para eso falta mucho todavía, porque primero tenemos que enseñarles a ser personas, y para eso tienen que olvidarse pronto de todas las ideas que los marxistas les metieron en la cabeza. Porque aquí, señores, no queremos marxistas, aquí queremos soldados, ¿está claro?… ¡Cozzi Adolfo! -gritó.

Oí mi nombre y grité con todas mis fuerzas:
–¡Presente, señor!
El grito fue desmedido y Minoletti me quedó observando durante toda la carrera que di aferrando mis ropas hasta el grupo que me correspondía. Cuando paré de correr y me quedé inmóvil, mirando alternativamente el camino que había hecho para ver si no se me había caído nada, y a Minoletti, éste seguía observándome. Por un instante pensé que me iba a llamar pero de pronto desistió y leyó el siguiente nombre de la lista. Me reproché a mí mismo no haber seguido con la pauta autoimpuesta en el Estadio Nacional que me había servido para sobrevivir: no hacerme notar, pasar desapercibido, ser invisible, aunque involuntarios gestos míos traicionaran esa intención.

En esos instantes, sobre el horizonte apareció una bola roja que comenzó a ascender. Los soldados empuñaron sus fusiles en ademán de defensa y Minoletti también se quedó mudo, a la defensiva. La bola roja, incandescente, que despedía destellos de colores, siguió ascendiendo hasta desaparecer en el firmamento. Algunos dijeron que se trató de un objeto volador no identificado, alguien dio la explicación científica de que podía tratarse de gases inflamados que subían desde el cráter de algún volcán lejano y un chistoso de mi grupo comentó: ‘son los rusos que vienen a liberarnos’, lo que, no obstante el desmoralizador discurso del capitán Minoletti, despertó algunas risas”


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