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Marcia Alejandra Evelyn Merino Vega

 Agente DINA/CNI/DINA

Alias: "la flaca Alejandra"

 

Marcia Alejandra Merino Vega, agente de la DINA y CNI. Ex-dirigente del MIR que se transforma en agente de la represión, esta involucrada en la denuncia, detención, en tortura y desaparición de decenas sus ex amigos y compañeros del MIR.

Marcia Merino fue detenida en 2 oportunidades, una inmediatamente después del golpe cívico militar y la segunda oportunidad acaeció el 1ro de mayo de 1974, siendo trasladada a Curicó, donde fue torturada con electricidad por órdenes del fiscal militar Lautaro Bache. Bajo tortura reconoció su militancia en el MIR y comenzó entregando sus tareas partidarias hasta ese momento. Esa etapa de su detención estando detenida en la cárcel de Curicó se prolongó hasta el 1ro de agosto de 1974, cuando “oficialmente” fue dejada en libertad, libertad que nunca logro porque fue inmediatamente aprehendida por personal de la DINA, los agentes del organismo represor de inmediato la trasladaron a Santiago, específicamente a centro de torturas de Londres 38, donde encontró a Osvaldo Romo trabajando entre sus captores, hecho que no deja de sorprenderla ya que a Romo lo conocía desde que este era dirigente poblacional en Lo Hermida.

Osvaldo Romo sometió a Marcia Merino a las más crueles torturas, colgándola por largos periodos y poniéndola en la parrilla para aplicarle corriente hasta doblegarla y que comenzara a hablar.

Marcia Alejandra Merino ha reconocido que, luego de ser torturada en Londres 38 y en Villa Grimaldi, colaboró activamente en la entrega de sus compañeros. Inicialmente fue entregando nombres y puntos de contacto, para luego entregar hasta sus amigas como es el caso de Muriel Dockendorff y María Angélica Andreoli Bravo entre otras. En su proceso descendiente, Merino Vega continua su colaboración participando de “poroteos” acciones de búsqueda por las calles de Santiago donde Marcia Alejandra reconoció y denuncio a decenas de militantes.

Existe un gran número de sobrevivientes de los centros de tortura de Villa Grimaldi y de José Domingo Cañas que aseguran que Marcia Alejandra Merino Vega participo personalmente en interrogatorios y en la aplicación de tortura a detenidos. También lo aseguran agentes de la DINA que han declarado en diversos procesos judiciales  que investigan desapariciones de prisioneros,  ellos aseguran que el rol de “la Flaca” fue fundamental, ya que mientras Laureani o Romo ponían corriente a los detenidos, ella los interrogaba con certeras preguntas sobre su historial de militantes o sobre sus contactos políticos.

Después de unos meses de detención y colaboración, Marcia Alejandra Merino fue ubicada en una pieza que compartía con las otras 2 colaboradoras, Luz Arce y Alicia Uribe, la “Chica Carola”, en esta nueva situación, las colaboradoras tenían algunos “privilegios” como derecho a duchas, y pasearse por los distinto lugares de la Villa Grimaldi, también tenían acceso a las oficinas donde se relacionaban con los altos mandos del centro de detención y tortura. En el libro “Una mujer en Villa Grimaldi”, la sobreviviente escritora y ex militante del MIR Nubia Becker recuerda: “Había tres mujeres que se habían quebrado en la tortura y estaban colaborando con la DINA. Las ocupaban para reconocer y ablandar a sus camaradas, a fin de que delataran la identidad y el paradero de los militantes clandestinos. Estaban tan presas como nosotras, pero se movían sin venda, tenían asignada una pieza y se entretenían viendo televisión”.

Las condiciones para las tres detenidas cambiaron considerablemente desde que su cooperación fue abierta y ya sin remordimientos, las relaciones con los encargados del centro no podían ser mejor, situación que era reprochada por los agentes de la DINA, ya que ellas por ser bastante inteligentes lograban una comunicación más expedita con los oficiales a cargo del cuartel. Es en ese periodo que a Marcia Merino se le vincula emocionalmente (un pololeo) con el agente de la Brigada Purén de la DINA, el entonces capitán de ejército Manuel Vásquez Chauán, al mismo tiempo que Luz Arce mantenía un romance con el entonces capitán de ejército Rolf Wenderoth, (“Don Gonzalo”) quien era el encargado y dirigía el grupo de colaboradoras integrado por Luz Arce, Marcia Merino (Flaca Alejandra) y  María Alicia Uribe Gómez (Carola), y bajo cuyas órdenes trabajaron tanto en Villa Grimaldi como en el cuartel general de calle Belgrano.

Durante el verano del 75, las salidas de ambas parejas eran frecuentes, incluso Marcia Merino recuerda una en particular donde salieron a comer al restaurante Caledonia. En otra oportunidad fueron a comer al restaurante Pollo Stop.

Poco tiempo después, la colaboradora Merino se habría vinculado sentimentalmente con el funcionario de Investigaciones y miembro de la plana mayor de Villa Grimaldi Eugenio Fieldhouse Chávez.

Al tiempo que su afinidad con los agentes se acrecentaba, También crecía los niveles de responsabilidad de las tres mujeres para con la DINA, es así como en julio de 1975 dejan de ser colaboradoras para pasar a ser agentes de la DINA, con todo lo que implicaba como empleadas civil, es decir que ya perciben sueldo y vacaciones pagadas por el organismo represivo a la vez que ya pueden portar armas.

En Mayo de1975, las tres agentes fueron enviadas a vivir a un departamento en las Torres de la Remodelación San Borja, Torre 5, 5to. Piso. En este nuevo domicilio, las agentes eran frecuentadas por Manuel Contreras y eran constantes las fiestas que hacían con sus amigos de la DINA.

El 16 de octubre del 75, las agentes fueron recogidas urgentemente del departamento en remodelación San Borja para ser trasladadas a las afueras de Santiago, en el camino se les hizo entrega de armamento largo y se les dijo que iban a una misión especial. El objetivo era llegar de sorpresa a una parcela de Malloco donde se encontraba la dirección del MIR. Después de un largo enfrentamiento entre los miristas y la DINA, cae abatido Dagoberto Pérez en un arduo y desigual combate mientras cubre la retirada de sus compañeros, de ese modo logran romper el cerco Andrés Pascal, Martin Hernández y Nelson Gutiérrez quien se encontraba herido de bala.

Marcia Merino Vega, continuo en la DINA cumpliendo labores en la oficina central en calle Belgrano, alternado con especializaciones en cursos de Inteligencia en la ENI en Rinconada de Maipú. Es ahí donde en un curso de 4 meses salió distinguida con el 2do puesto de la graduación. En ese curso desarrollo amistad con la capitán de carabineros Ingrid Olderock.  También se ha sabido que Marcia Merino impartió cursos en esa escuela.

Poco tiempo después, en 1976, habría iniciado un romance con Juan Morales Salgado, jefe de la Brigada Lautaro. Son los mismos agentes de esta unidad quienes han ventilado esta versión.

En septiembre de 1977, periodo de transición entre la DINA y la CNI, la ahora agente de la CNI es enviada a La Serena y Coquimbo, con la idea de capear las peleas internas entre el antiguo mando y sus sucesores.  Donde conoce al integrante del órgano represor y ex Patria y Libertad David Jacob Helo, con quien  "Desarrollamos una suerte de pololeo", según sus propias confesiones.

Al año siguiente es enviada a Arica y según versiones de la época su misión habría sido controlar el ingreso de miristas a Chile. Fue cuando nació un romance con otro integrante de la DINA, Gabriel Hernández Anderson. Éste, en 1981, como máximo jefe de la CNI en Arica, junto a un cómplice, asesinó a dos funcionarios del Banco del Estado y robó un botín de 45 millones de pesos. Luego de ser descubiertos, el 22 de octubre de 1982 fueron fusilados en la cárcel de Calama.

En 1978 volvió a Santiago y conoció a otro oficial de la CNI con el que inició otro romance. Unos meses antes, la Flaca se había operado la nariz para evitar ser reconocida por el MIR que, según aseguraba, la buscaba para matarla. En 1979 se inicia su relación sentimental más larga. Su pareja es Alberto Badilla Grillo, oficial de la Armada con quien estuvo hasta 1981.

En 1984, la CNI le paga un viaje para visitar Isla de Pascua, donde residía su hermano Germán, oficial (R) de la Fuerza Aérea. Ahí conoció a Francisco Haoa, de quien se enamoró. Tras de un tiempo de estancia placentera, una militante del MIR la reconoció, denunciándola ante la comunidad como agente. Por ese motivo volvió a Santiago, acompañada de su pareja, y se instalan en un departamento de calle República pagado por la CNI

Sólo en 1992, después de ser interrogada por la ministra Dobra Lusic, salió del perfecto anonimato en que se mantuvo en la dictadura y dejo la protección que aun mantenía por parte de agentes del DINE. La investigación sobre la desaparición de su ex compañero Alfonso Chanfreau hizo revivir en ella los fantasmas que mantiene escondidos. Y reconoció que, luego de ser torturada en Londres 38 y en Villa Grimaldi, colaboró activamente en la entrega captura y tortura de decenas de sus ex compañeros.

Fuentes: Libro Mi verdad… Más allá del horror; yo acuso, La Epoca, El Mostrador, La Nación, Archivo Memoriaviva


http://www.casosvicaria.udp.cl/las-imperdonables/

La Imperdonables

Marcia Alejandra Merino, la Flaca Alejandra, fue una de las tres principales dirigentes mujeres del MIR hasta el Golpe de Estado. Después, fue detenida en dos oportunidades. Aunque advirtió que no sería capaz de soportar la tortura y pidió permiso para asilarse, el MIR mantuvo su política de prohibir que sus militantes salieran del país. En mayo de 1974, la DINA la secuestró y la sometió a brutales torturas. Desde entonces se transformó –junto a otras dos militantes de izquierda– en una activa colaborada de los servicios de seguridad de la dictadura. Varias amigas de ella y militantes del movimiento fueron detenidos y desaparecidos gracias a la información que entregó. En 1992, una vez en democracia, la Flaca Alejandra confesó el rol que había jugado y colaboró con la justicia. Sólo algunos la perdonaron; otros no. En ella está inspirado el personaje de la serie “Los archivos del cardenal” transmitido el jueves 21, en el que una mujer confirma que Fabián es militante del MIR y lo insta a colaborar con la dictadura. Esta es la historia real de esa delatora.

En 1990, el Presidente Patricio Aylwin creó la Comisión de Verdad y Reconciliación y las causas judiciales por violaciones a los derechos humanos comenzaron lentamente a desempolvarse. Abogados de la Comisión y policías de Investigaciones, por orden de algunos jueces, iniciaron la búsqueda de información. Así dieron a fines de 1991 con el paradero de Marcia Alejandra Merino, la Flaca Alejandra. La dirigente del MIR reconoció, desde la primera declaración, que había entregado a camaradas suyos en la tortura, varios de los cuales desaparecieron, y que luego se convirtió en colaboradora de la DINA y la CNI, con sueldo y vacaciones pagados por esos servicios de seguridad.

En noviembre de 1992, Marcia Merino ofreció una conferencia de prensa en la Comisión Chilena de Derechos Humanos. “Pido perdón”, dijo ese día, pero hoy, casi 20 años más tarde, la petición sigue incomodando y dividiendo a los hombres y mujeres a quienes iba dirigida.

En su historia, y la de otros ex militantes que se transformaron en colaboradores de los servicios de seguridad de la dictadura, está basado el personaje de la mujer que vive con Fabián en las Torres de San Borja en la serie “Los Archivos del Cardenal”. En el capítulo transmitido 21 de agosto pasado, el personaje que se inspira en Marcia Merino es quien confirma que Fabián es militante del MIR y lo insta a colaborar con los servicios de seguridad de la dictadura.

La Flaca, la dura

Marcia Merino es oriunda de Concepción, la menor de tres hermanos. Su padre murió cuando ella tenía cuatro años. Su madre, una profesora básica, puso a sus hermanos mayores en un internado. Marcia creció en medio de muchas dificultades económicas como una niña enfermiza, sola y tímida. Sólo cambió de personalidad cuando entró a la universidad, a comienzos de los 60. Allí conoció el MIR y abrazó la militancia con un compromiso completo y sin reservas. En su libro “Mi verdad… Más allá del horror; yo acuso”, admitió que “llegué a ser una militante rígida y dura”, para quien cualquier gesto de vacilación de sus camaradas constituía una “traición”.

Cuando el movimiento se lo pidió, Marcia Merino abandonó sus estudios y se trasladó a Santiago, semiclandestina. Hacia fines de los 60, ya se había convertido en una de las pocas mujeres dirigentes del MIR. Santiago se había dividido en cuatro Grupos Político–Militares (GPM). Ella fue nombrada la jefa del GPM–1, que abarcaba la zona sur de Santiago.

“Era una mujer muy asertiva, con un discurso político y una oratoria impresionante”, recuerda a condición de anonimato una ex militante, entonces bajo las órdenes de Marcia Merino. “Siempre andaba rodeada de un grupo de muchachos, sus favoritos, a los que otorgaba los privilegios de su confianza. Era dura y no tenía vida al margen del partido. Con los altos dirigentes, era a la inversa: cariñosa, afectiva”.

Enérico García, ex GAP y ex encargado de la seguridad del líder del MIR, Miguel Enríquez, recuerda que Marcia Merino tenía llegada directa a la casa donde operaba la Comisión Política (CP) del movimiento.

La Flaca Alejandra tenía una tremenda capacidad de organización. Incluso antes del Golpe, no todo el mundo tenía acceso ni sabía donde se reunía la CP. Marcia Merino era una de las pocas que llegaba libremente allí. Fue pareja de Alfonso Chanfreau, con quien en un momento hizo una especie de compromiso público, que fue ‘santificado’ por Bautista Van Schouwen”.

Galdys Díaz, entonces dirigente en otro GPM en Santiago, recuerda que había apenas tres mujeres con ese nivel de relevancia en la dirección del MIR: La Flaca Alejandra, Lumi Videla y la propia Gladys Díaz. Ellas eran un referente y un orgullo para el movimiento.

De prisionera a colaboradora

Marcia Merino ha relatado que en los primeros días tras el Golpe fue detenida, pero no fue torturada ni sus aprehensores parecían saber sobre su militancia, así que prontamente quedó en libertad. Después de un breve lapso en que el MIR la mantuvo “congelada”, se le ordenó que reorganizara la estructura partidaria entre Curicó y Chillán.

El 1º de Mayo de 1974 fue arrestada nuevamente y trasladada a Curicó, donde fue torturada con electricidad por órdenes del fiscal militar Lautaro Bache. Fue así como comenzó a ceder y reconoció ante el fiscal que era militante del MIR, dijo cuál era su responsabilidad en la zona y reconoció que su partido tenía dos conscriptos infiltrados en el Ejército.

“Cuando por primera vez le reconocí la información a Bache, sentí que había traicionado a mi partido. Mi mundo se derrumbaba absolutamente. Así como mi entrega a la revolución y al partido había sido total y absoluta, el haber dado antecedentes, aún conocidos por ellos, significaba para mí un quiebre también absoluto”, relata Merino en su libro.

El fiscal la trasladó posteriormente a la cárcel de Curicó. Allí escribió un informe a la Comisión Política del MIR en papel de cigarrillos, relatando que “no había podido tolerar la tortura y había reconocido algunas de las cosas que me preguntaban; que estaba desesperada”. El MIR, cuya política era que sus militantes no debían asilarse, guardó silencio.

Marcia Merino continuó en la Cárcel hasta el 1º de agosto, cuando fue “dejada en libertad” por el fiscal y secuestrada en el mismo lugar por civiles que la trasladaron al cuartel clandestino de detención conocido como Londres 38, donde conoció las formas más extremas de tortura. Un grupo comandando por Osvaldo Romo –uno de los agentes más sanguinarios de la DINA– la interrogó aplicándole corriente, particularmente en los genitales. Otras veces la colgaban o la ponían en la parrilla boca abajo. Hasta que comenzó a hablar.

“La verdad es que desesperadamente buscaba en mi mente algo que decir para detener la tortura. Di los domicilios de María Angélica Andreoli Bravo (…) También di el domicilio de Muriel Duckendorf Navarrete”. Ambas eran amigas de Marcia Merino y actualmente están desaparecidas. Además, mencionó el nombre de Adriana Urrutia, quien sobrevivió. La DINA la obligó a reconocer sus domicilios y a colaborar en los arrestos de ellas tres.

Luego comenzó la espiral. Entregó nuevos domicilios y cuando no tuvo más información que conociera personalmente, los agentes de la DINA la sacaban a “porotear”. Es decir, la llevaban a puntos de encuentros de dirigentes miristas. En cuanto ella reconocía a algún conocido, comenzaba a temblar. Así los agentes confirmaban la información que necesitaban. De este modo, cayeron secuestradas decenas de personas, muchas de las cuales se encuentran hoy desaparecidas. Entre ellas, su amiga Lumi Videla.

Después de varios meses de torturas y de entregar información sobre los militantes que conocía, Marcia Merino fue instalada en Villa Grimaldi junto a su amiga María Alicia Uribe Gómez, la “Chica Carola”, quien pertenecía a la estructura de Informaciones del MIR, y a Luz Arce (ex militante socialista). Las tres comenzaron a recibir privilegios (mejor comida, baño, fin de los “parrillazos”) en su calidad de colaboradoras. Marcia Merino relata que cada vez que podían, los agentes se jactaban de su colaboración ante los prisioneros, como una manera de demoler la moral de los detenidos.

Cada una de las colaboradoras cayó bajo la protección de algún jerarca de la DINA: Luz Arce, de Rolf Wenderoth; la “Chica Carola”, del subdirector Pedro Espinoza y Marcia Merino, de Miguel Krasnoff Marchenko, el agente operativo encargado de eliminar al MIR.

En julio de 1975, fueron dejadas “en libertad”, pero en las oficinas de Belgrano, el cuartel Central de la DINA, Manuel Contreras les ofreció, personalmente, continuar trabajando como empleadas de la estructura que él comandaba para eliminar a los partidos de izquierda. Las tres aceptaron y fueron enviadas a vivir juntas al departamento incautado al ex GAP Max Marambio, en las Torres de San Borja, muy cerca del edificio Diego Portales. Hacia 1978 Marcia Merino se mudó a otro departamento con Alicia Uribe, la “Chica Carola”, “en la Torre 4 o 5 de la remodelación San Borja, Nº 194, que era de Federico Willoughby”.

“Hubo hechos que me iban destruyendo cada vez más y que me hacían sentir como ‘la traidora’. Esto era acrecentado por la DINA , que me mostraba constantemente panfletos del MIR en los que se mentía respecto de mis ‘privilegios’ y se me condenada a muerte”, afirma Marcia Merino en su libro.

Merino, Arce y Uribe vivieron juntas por un largo tiempo y eran visitadas mensualmente por Contreras. En ese periodo, las mujeres se involucraron sentimentalmente con agentes, redactaron documentos proponiendo formas de fortalecer el apoyo social a Augusto Pinochet, asistieron a cursos de inteligencia financiados por el Ejército y fueron premiadas en una ceremonia. “En la graduación participó Mónica Madariaga, la que me hizo entrega del premio correspondiente, al segundo lugar o segunda antigüedad”. En 1977 Mónica Madariaga era ministra de Justicia. El hecho es que estas colaboradores consiguieron tal nivel de confianza que se les encomendaron tareas de inteligencia en el exterior. Su trabajo era remunerado y salían de vacaciones, como cualquier funcionario.

Las ex prisioneras, afirma Marcia Merino, temían a la posibilidad de ser citadas a declarar y, en lo que a ella respecta, siempre se negó a colaborar con las investigaciones judiciales cuando la oportunidad se le presentó. Hasta que llegó la democracia y, a pesar de que aún era controlada por la Dirección de Inteligencia del Ejército (DINE), se atrevió a dar el paso. Lo mismo hizo la ex socialista Luz Arce. Alicia Uribe, la “Chica Carola”, continuó sumergida en la sombra de protección de los ex aparatos de seguridad.

La conferencia liberadora

Un día de noviembre de 1992, la periodista Gladys Díaz –hoy sicóloga–, recibió un extraño llamado en su casa. Era el presidente de la Comisión Chilena de Derechos Humanos, Jaime Castillo Velasco (la Vicaría se había disuelto en 1990), conminándola a presentarse en la sede de esa entidad al día siguiente muy temprano. No le dijo por qué.

“Yo llegué un poco atrasada y al entrar a la sala donde se me esperaba, me encontré con una nube de fotógrafos y periodistas. En la testera había comenzado a hablar una mujer, sentada junto a Jaime Castillo, a quien no reconocí. Sólo cuando dijo: ‘Pido Perdón’ me di cuenta que era ella, la Flaca Alejandra”, recuerda Díaz.

Díaz gozaba de gran prestigio entre sus camaradas por haber tenido la conducta opuesta a la de Marcia Merino. A pesar de que su pareja desapareció y de haber sido brutalmente torturada en la temida Torre de Villa Grimaldi, se negó a colaborar con sus captores. Incluso cuando en una ocasión le llevaron a la Flaca Alejandra a la celda para que la conminara a hablar, Gladys Díaz respondió con desdén: “Esta es una colaboradora. Qué ascendencia puede tener sobre mí. Cómo se les ocurre pensar que ella me va a convencer de nada”. En otra ocasión, Marcia Merino le puso un cigarrillo en la boca y Gladys Díaz lo escupió.

“Sentada ahí, en esa conferencia de prensa, me di cuenta de que cualquier gesto que yo tuviera, tendría enormes consecuencias. Hice un esfuerzo tremendo para discernir qué era lo que sentía que debía hacer. En ese momento, fue una consideración casi funcional. Me di cuenta que ella tenía información muy valiosa que entregarnos y que si yo no la acogía, iba a quedar en terreno de nadie. Así que me paré y la abracé. Para ella fue un momento muy impactante. Todo se dijo en ese abrazo”, relata Díaz.

Con el tiempo, afirma la ex dirigente del MIR, ha elaborado con mayor profundidad el gesto que tuvo y, a pesar de que le costó la crítica de muchos de sus ex camaradas, sigue defendiéndolo.

“Yo pienso que lo que ella hizo fue tremendo. No lo justifico. Tuvo un costo altísimo para nosotros, pero yo no puedo dejar de ver que el quiebre que ella sufrió se debió primordialmente a la tortura”, dice.

Díaz, que soportó los peores tormentos sin delatar a sus compañeros, afirma que hacer frente estoicamente a la tortura no depende de la voluntad, ni del compromiso político de las personas, sino que de algo que normalmente está fuera de su control, como sus características biográficas.

“Ella era una mujer muy frágil. Ella le mandó a decir al MIR después de la primera tortura que sufrió que sabía que no iba a poder soportar una segunda sesión y pidió permiso para asilarse, pero no la escuchamos. Primó la consigna ‘el MIR no se asila’. En su quiebre somos todos responsables”, agrega.

Según el análisis de la profesional, las carencias afectivas de la infancia, la ausencia del padre, convirtieron a Marcia Merino en una presa fácil de la DINA que hizo un estudio de sus debilidades para explotarlas. “Yo me niego a creer que esta es una historia entre valientes y cobardes”, subraya.

 La jodida vida

Para Díaz, el período posterior, en que Marcia Merino, Luz Arce y María Alicia Uribe se convirtieron en empleadas a sueldo de los servicios de seguridad se explica por el miedo. El miedo corrosivo e inmenso a la muerte.

Para empeorar las cosas, dice, el MIR condenó a muerte a Marcia Merino y a otros ex militantes que habían colaborado con los servicios de inteligencia. Entre ellos, Hernán González,  Humberto Menanteaux, Cristián Mallol y Hernán Carrasco, quienes fueron forzados a dar una conferencia de prensa en 1975, en que declararon la derrota del MIR y pidieron poner fin a la resistencia armada (ver galería inferior).

Menanteaux y Carrasco, cuando quedaron en libertad, informaron a la dirección del MIR sobre la forma en que fueron obligados a dar esa conferencia de prensa –en que Bernardo de la Maza actuó como entrevistador– e intentaron pedir ayuda para salir al exilio. Sus comunicaciones fueron interceptadas por la DINA, que volvió a capturarlos y fueron asesinados arrancándoles en carne viva las entrañas, según han testificado judicialmente las ex colaboradoras.

La terapeuta que trató a Marcia Merino durante cuatro años, relata a condición de anonimato que la ex mirista sufría de constantes crisis de angustia y de pánico, pues temía que si no la mataba la DINA o la CNI, lo harían sus ex camaradas. Agrega que el temor la siguió aún después de decidirse a declarar públicamente. Sólo cuando se careó con Krassnoff y lo acusó como su victimario, logró romper con los sentimientos contradictorios de miedo y seguridad que él le provocaba.

Sin embargo, aún hay quienes no creen en la sinceridad de su arrepentimiento. “La vida no se hace sobre la base de discursos y convicciones”, afirma una ex mirista y ex prisionera, que conoce a Marcia Merino desde antes del Golpe de Estado. “La vida está constituida de pequeñas y cotidianas experiencias. Yo puedo comprender que ella se haya quebrado en la tortura, como muchos. Lo que no entiendo es lo que vino después. Cómo hizo para ganarse la confianza de la DINA al punto de que le pagaran sueldo y la dejaran tomar vacaciones. Qué les decía cuando salían de farra, cuando se metía con ellos. Por qué no tomó ninguna de las oportunidades que se le presentaron para escapar. Y por qué, si tomó conciencia del daño que hizo, no se enfermó, ni enloqueció en la contradicción entre lo que supuestamente creía y lo que hacía”.

Enérico García dice que no tendría valor para mirar a Marcia Merino a la cara: “No me siento capaz de perdonarla. Yo no tengo autoridad para perdonar en nombre de las decenas de personas que cayeron por causa suya”.

Marcia Merino estuvo en terapia por cuatro años después de romper sus lazos con la DINA, la CNI y la DINE. Al igual que Luz Arce, hizo largas declaraciones judiciales entregando información sobre los prisioneros que cayeron por su causa y los que vio en distintos centros de reclusión, muchos de los cuales hoy se encuentran desaparecidos. También entregó nombres de agentes y su posición en la estructura de los servicios de seguridad.

No obstante, los ex militantes que la acogieron fueron contados con las manos. Por ejemplo, Viviana Uribe y Erika Hennings, ex prisioneras y familiares de desaparecidos, pagaron un alto costo entre sus amistades por haberla protegido y hoy prefieren abstenerse de otorgar nuevas entrevistas sobre el tema.

Marcia Merino vive actualmente en Isla de Pascua con su esposo. Luz Arce se mudó a México, con su esposo e hijos. Alicia Uribe sigue oculta en algún lugar de Santiago, probablemente con identidad falsa.


LA EPOCA

21 JULIO 1991

El Testimonio de la "flaca Alejandra"

Marcia Merino, la "flaca Alejandra", como le decían en el MIR, ha sido uno de los mitos generados por el golpe de Estado de 1973.  Militante de ese partido, fue detenida y torturada, transformándose en uno de los mas temidos colaboradores de la DINA, junto al "Guatón" Osvaldo Romo y a la socialista Luz Arce, entregando a muchas personas que poco tiempo atrás habían sido sus amigos.  Hoy, dicen algunos, ha formado una pareja e intenta reconstituir su vida.  Recientemente debió concurrir a declarar ante tribunales del crimen por causas derivadas del Informe de la Comisión Verdad y Reconciliación y quienes la vieron dicen que esta avejentada y demacrada.  Esta es la primera vez que se publican declaraciones suyas sobre la trágica era que debió vivir.

Los jueces se basaron en lo declarado previamente por Luz Arce (quien, como ella, colaboro con la DINA durante varios años) para interrogarla.  Según fuentes judiciales, las diligencias que ha hecho la policía de Investigaciones, derivadas de los dichos de ambas, han permitido identificar, aproximadamente, a 30 militares, diez carabineros y tres marinos vinculados con violaciones a los derechos humanos de personas que ellas mencionan.  Pronto, afirmaron, comenzaran a ser citados.

Las mismas fuentes manifestaron que "la flaca Alejandra" fue ubicada por la policía civil para que prestara declaraciones.  Ella no concurrió voluntariamente.  Quizás por eso, destacaron, su grado de colaboración con los temas que se le consultan es menor que el prestado por Luz Arce.  No obstante, se dijo, su testimonio es valioso para el esclarecimiento de varios casos.  La siguiente es la versión de los hechos que protagonizo:

Los comienzos

"Nací en la localidad de Hualqui, pero viví en Concepción hasta el año 1963.  Realice mis estudios primarios en una escuela fiscal y las Humanidades en el Liceo Experimental de Niñas de esa ciudad, donde curse hasta el Quinto año.  El Sexto de Humanidades lo hice en el Liceo Experimental Darío Salas, en Santiago.  Luego rendí el Bachillerato en Concepción puesto que allí estaban todas mis amistades.  Posteriormente postule a las universidades y quede en la Chile, en la carrera de Arquitectura.  Estudie solo medio semestre y me retire, porque no me gusto la carrera.  Por este motivo estuve sin estudiar el resto del año 1965 y 1966, años en los que estuve en Santiago en la casa de mi madre, sin hacer nada".

"Casi a fines del año 1966, por motivos sentimentales, decidí volver a Concepción a la casa de mi abuela materna, donde di la Prueba de Aptitud Académica.  Ingrese a la Universidad de Concepción, a la carrera de Antropología y Arqueología, en el año 1967.  Pase los primeros seis meses dedicada exclusivamente a los estudios, pero como todas mis amistades eran de ideas y estaban relacionadas con el Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR), ingrese al el..  No sabia los motivos exactos de eso, pero creo que fueron rebeldía y deseos de justicia social, ya que durante mi infancia hubo cosas que me marcaron socialmente.  Fue así como me inicie, primero en reuniones y luego participando en la actividad política de la universidad, rayados murales, en elecciones, etcétera.  Recuerdo que los primeros dirigentes juveniles eran Miguel Henríquez, Bautista Van Schouwen, Luciano Cruz y otros de ese tiempo, quienes lideraban ese movimiento".

El Caso Oses

 Marcia Merino recuerda que en ese tiempo le iba bien en sus estudios.  "Si mal no recuerdo en el año 1969 se produjo dentro de la Universidad el secuestro y vejación del periodista Osses Santa Maria, donde yo tuve una participación indirecta, ya que sabia que se haría esa acción en su contra, puesto que recuerdo, al parecer, que Ricardo Ruz Zañartu planifico eso con el fin de amedrentarlo, para que no siguiera su campaña contra la Reforma Universitaria.  Pero lo que creíamos será algo sin mayores consecuencias, se transformo de trascendencia nacional.  Se allano la universidad y se me culpo, junto a otros estudiantes y militantes del MIR, como reos en rebeldía, lo que me significo, por orden del MIR, abandonar mis estudios y pasar a la clandestinidad".

Por ese motivo, señala Marcia Merino, se traslado a Tolten, donde permaneció oculta en la casa "de un amigo del partido".  Destaca que no recuerda con que la mantenían, "pero era la gente de esa casa quienes se preocupaban por mi".  Marcia le escribió a su madre para contarle las razones por las que abandono sus estudios.  Ella dice: "me comprendió y me dio todo su apoyo".  Respecto a la razón por la que asumió esa responsabilidad, según su testimonio, se debió al "temor de la sanción moral de mis camaradas de partido y estuve hasta el comienzo del año 1970 sin hacer nada".

Punto Cero

 Mas tarde, agrega, viajo a Santiago "por orden del partido" y aunque afirma que no recuerda la fecha exacta de eso, sí los motivos.  Llegue a una casa de seguridad del MIR, donde estuve realizando tareas políticas del Regional Santiago, que consistían en trabajos con pobladores, tomas de terreno, etcétera.  Debido a mis labores políticas, llegue a ocupar un cargo dentro del MIR Regional Santiago, después de haber tenido estructura de base a mi cargo".  Todo esto, dice, entre 1970 y 1972.

  "En 1972, los dirigentes o el Comité Central del MIR decide que los miembros del Comité que no tenían ninguna experiencia de tipo militar, teníamos que aprender a disparar, a practicar tiro, para lo que viaje a Cuba junto a otras personas que no recuerdo.  Realice dicha instrucción en un lugar llamado Punto Cero, pero ignoro donde queda.  En ese lugar estuvimos de quince a 20 días.  Practique con diferentes armas, tales como subametralladoras, pistolas y fusiles, cuyas marcas no recuerdo.  Desconozco como se financio el viaje.  Alojamos en un lugar de campo, donde había una casa no muy grande con varios camarotes.  Nuestro regreso fue normal y a la llegada al Aeropuerto, cada uno se fue a sus domicilios".

  Marcia Merino asevera que continuo con sus labores políticas hasta 1973.  "En el primer semestre de ese año, pase a depender directamente de la Comisión política del MIR y me toco realizar trabajos de organización y de infraestructura.  Es decir debía preocuparme de ubicar casas de seguridad, enlaces con los regionales y otras actividades.  El MIR para esa fecha era una organización que reunía lo político y militar, y, al parecer, dado que yo carecía de la capacidad suficiente para dirigir un grupo 'político-militar', fui designada a ese lugar".

Enfatiza que durante ese periodo "nunca" tuvo conocimiento de alguna acción armada de la colectividad, "como tampoco use ni porte armas".

  Golpe militar

 "El día 11 de septiembre de 1973 me encontraba en el domicilio de mi madre y por medio de la radio me entere del Golpe Militar.  después del bombardeo de La Moneda me traslade a una casa de seguridad, previamente convenida, donde teníamos que llegar diez personas, pero llegamos solo tres o cuatro.  Permanecimos allí como tres días y quedamos totalmente desconectados del resto.  Ahora, que paso después o lo que hice, no lo recuerdo.  Solo recuerdo que tiempo después retome contacto con el partido, no se por intermedio de quien,, pero inicie la entrega de la infraestructura que había conseguido.  Vale decir, casas de seguridad, para que fueran usadas, pero nunca supe por quien.  Yo solo hice entrega de la información".

"A fines de septiembre de 1973 fui a visitar a mi madre y como estaba cerca de la hora del toque de queda, que era a las 20 horas, y como nadie había llegado allí a preguntar por mi, decidí quedarme".  "Cuando eran aproximadamente las diez u once de la noche, llego una patrulla militar, acompañada de un hombre relacionado con el MIR, pero que no conocí o bien no recordé quien era.  Un oficial era el que hablaba.  Todos venían con uniforme, menos ese individuo.  Preguntaron por Alejandra y les dije que era yo.  El oficial manifestó que debía acompañarlos para prestar una declaración.  Mi madre les pregunto a que lugar era trasladada y el le respondió que a Colina.  Inmediatamente mi madre le explico que tenia un hijo que era oficial de la Fuerza Aérea y que trabajaba en Colina.  Con estos antecedentes el oficial solicito un teléfono para comunicarse con su unidad.  Como no pudo hacerlo, me dijo que lo esperara, ya que iba al Ministerio de Defensa para comunicarse y pedir instrucciones".

Marcia Merino relata que obedeció la orden del oficial, pero que aprovecho el tiempo para romper "toda la documentación comprometedora y le di instrucciones a mi madre para que avisara al partido que me detenían y que tomaran las medidas en relación con todo lo que yo sabia, especialmente las casas que había entregado.  No recuerdo el tiempo que transcurrió, pero pudo ser una media hora.  Llegaron nuevamente los mismos militares y en una camioneta, cuyas características no recuerdo, debido al nerviosismo, me sentaron adelante, en medio de dos militares.  Me condujeron hasta Pedehue donde fui interrogada por un mayor de Ejercito, cuyo nombre no recuerdo, solo su grado, porque así lo mencionaban quienes hablaban con el.  En ese lugar las preguntas giraban en torno a si era militante del MIR y si estaba metida en algo político, todo lo cual me hacia pensar que no tenían ninguna información respecto de mi.  Estos interrogatorios me los hicieron durante cinco días, en distintas horas".

Según su versión, los captores la trataron "muy bien" durante esos días, tanto en lo referente al trato físico, como al régimen de alimentación.  Lo apremiante estaba, dice, en el trato psicológico.  "Me presionaban mucho con amenazas de fusilamiento y de llevarme al Estadio Nacional, pero como supe que no tenían idea de mi vida política, negué todo."

Señala que fue dejada en libertad, en una fecha que ignora, "pero a los cinco días de estar allí, un teniente de Ejercito, cuyo nombre no recuerdo, me comunico que quedaba libre y me traslado en un jeep de la institución, supongo que a la casa de mi madre.  En ese lugar permanecí por algunos minutos y me traslade al domicilio de unos militantes del MIR ubicado en Santiago Centro, por la calle Andrés Bello, al que solo sabia llegar.  Se trataba de militantes que no eran dirigentes.  Sus nombres son Muriel Dockendorf; su marido, cuyo nombre no recuerdo; y el 'Reta chico', cuyo apellido era Retamales.  allí permanezco varios días y logre tomar contacto con el hermano de Retamales, o sea 'El Reta grande'.  Nos encontramos fuera de la casa, de día, en mi automóvil.  En esa oportunidad le comente de mi detención y los interrogatorios.  Me pregunto si me habían torturado y yo le dije que no.  El agrego: 'Yo te tenia reservada una bala'.  En seguida me dio ordenes de congelarme, que en términos políticos significa no realizar actividades políticas.  Para ello me llevaron a un departamento en el parque Forestal, ignoro a quien pertenecía.  allí estuve por espacio de cuatro meses, con un contacto de una vez a la semana con personas que me iban a ver para saber como estaba y conversar.  En esa estadía pensé en asilarme, sin imaginar embajada alguna, pero le tuve miedo a la sanción del partido, ya que calificaban de traidores a los que lo hacían".

Reactivada

 Marcia Merino afirma que en enero o febrero del año 1974, el partido le dio la orden de reorganizar la estructura partidaria del MIR en San Fernando, Curico y Talca, aunque asegura que no recuerda quien le dio esa instrucción.  Esa persona debía realizarla junto a una persona a la que llama 'Lira' quien era, según su descripción "miembro del Comité Central y Jefe de la Zona".  También se refiere a "El Flaco", como "el encargado de la parte militar, del que tampoco se su nombre, ya que usábamos muchas medidas de seguridad y estábamos compartimentados, lo que significaba que, en general, no conocíamos identidad, domicilios, ni nada mas de lo que una necesitaba saber para realizar su actividad".

La ex colaboradora de la DINA expresa que su acción "se concentro entre las ciudades de Curico y Talca, donde llegaba cada diez días.  allí tomaba contacto con los militantes que quedaban para mantenerlos políticamente y no estuvieran desvinculados del MIR.  También debía tratan que se preocuparan de buscar a los simpatizantes y de reorganizar la estructura del partido en la zona".

Un día, relata la mujer, sin tomar contacto "con la gente de San Fernando", decidió hablar con "Lira" y decirle que "con mis continuos viajes me estaba quemando.  Es decir, me estaba poniendo en evidencia ante los servicios policiales con mis visitas tan seguidas.  Fue así como 'Lira' decidió hacerse cargo por un tiempo de la misma función mía".

detención y torturas

 "Con fecha 1o. de mayo de 1974, me encontraba viviendo en la casa de una amiga de izquierda, pero que no tenia nada que ver con el MIR, cuyo departamento quedaba frente a los Almacenes Paris, por calle San Antonio, el que era conocido por el 'Lira y 'El Flaco', porque habíamos tenido una reunión allí los tres.  Ese día hicimos un punto de contacto, pero el 'Lira' no llego.  Yo me Bolivia con mi amiga, que me acompaño hasta cerca de su domicilio, donde era el lugar de encuentro, y en eso se acerco 'El Lira' por detrás nuestro, manifestándome que no había podido llegar a la cita.  Sin embargo,, me dijo que un militante de San Fernando, de nombre político Víctor, necesitaba hablar conmigo en la esquina de Alameda con San Antonio.  Fuimos, pero no llego nadie.  allí me di cuenta que tanto cerca del edificio, como en el lugar donde estábamos, éramos vigilados por dos o mas sujetos.  Le dije al 'Lira' que nos estaban chequeando, pero el me tranquilizo y me cito para otro punto a las siete de la tarde, en Pedro de Valdivia con Irarrazabal.  Pero en la tarde, cuando estaba con mi amiga, a punto de subirnos a su citroneta, para concurrir al lugar prefijado, fuimos sorprendidas por tres hombres, uno de los cuales me puso una pistola en la espalda, y nos subieron al vehículo.  Me esposaron las manos por delante y me interrogaron sobre Curico y acerca de nombres de militantes que conocía.  Ante esto me di cuenta que algo sabían.  Yo portaba un carne a nombre de Laura Sepúlveda, que me había entregado el MIR, por lo que negaba todo, pero ellos igual me nombraron como 'La flaca Alejandra".

"Fuimos trasladadas a una camioneta, donde nos sentaron delante y nos vendaron los ojos.  Realizamos un largo viaje, pero cuando nos hicieron agachar la cabeza para ocultarnos, me di cuenta que íbamos a Curico, ya que se trataba de un peaje.  En esa ciudad fuimos dejadas en un lugar donde permanecimos en un calabozo.  allí fui interrogada en relación con mis actividades en la zona, sin apremios físicos".

"Posteriormente, tuve que decir que no era Laura Sepúlveda, sino Marcia Merino, pero que no era del MIR.  Ellos no me creyeron, ya que una vez que llego el fiscal militar con uniforme de Ejercito, me dijo que como no quería hablar el trato cambiaba y que el no se hacia responsable de lo que pasara.  después fui sacada de la celda, con la vista vendada, y me sometieron a premios físicos por largas horas donde reconocí todo lo que me preguntaron.  Al día siguiente fui trasladada al Buen Pastor de Curico, donde permanecí tres meses.  En ese lugar el fiscal u otra persona me interrogaba.  Con respecto a mi amiga, a los seis días fue dejada en libertad".

El primero de Agosto de 1973 la madre superiora del Buen Pastor, cuando eran mas o menos las        horas, me comunico que estaba en libertad, lo que me produjo pánico pues creí que no podía ser cierto porque yo era la persona con mas cargos de las detenidas políticas que había allí.  La madre superiora, a esto, me mostró un documento firmado por el fiscal, cuyo nombre era Lautaro Bache.  En el, aunque no pude leer bien, indicaba al parecer que quedaba en libertad.  La madre superiora me entrego a dos individuos, quienes eran los encargados de llevarme donde el fiscal.  Salimos del lugar y me subieron a un automóvil marca Fiat, modelo 600, color rojo.  Me esposaron las manos atrás, me vendaron los ojos y salimos en un viaje largo.  Por lo que escuchaba y por las luces que podía ver a través de la venda, me di cuenta que habíamos llegado a Santiago".  Marcia Merino fue llevada a un lugar que, según supo después, "era Londres Numero 38", donde estuvo aproximadamente un mes y después, según señala, paso por varios otros centros de detención (Ver recuadro Pagina 12)

Las amigas delatadas

 Durante su periodo de detención, Marcia Merino estuvo, según supo después, en Londres 38.  "permanecí siempre con la vista vendada.  Recuerdo el lugar como un recinto amplio y yo siempre con mis manos esposadas.  Como a los tres o cuatro días que estaba allí toque la mano de una persona.  Nos dijimos nuestros nombres.  Ella se identifico como Luz…  Nos dábamos apoyo…"

"En Londres 38 estuve mas o menos un mes.  De allí fui llevada a Cuatro Álamos, donde estuve dos días, que me sirvieron para alimentarme bien y asearme.  después me llevaron  José Domingo Cañas, también con la vista vendada y al igual que en Londres 38, fui interrogada por varias personas, que me aplicaron electricidad en todo el cuerpo.  Las preguntas se relacionaban con la ubicación de Miguel Henríquez.  En ese lugar trate de suicidarme tomando una pastillas para dormir y cortándome las venas de mi mano izquierda, lo que no prosperó ya que fui atendida".  Añade que a fines de 1974 fue trasladada a Villa Grimaldi.

  Destaca, "que en los interrogatorios, tanto en calle Londres 38 como en José Domingo Cañas, debido a los apremios físicos, tuve que decir los domicilios de militantes del MIR que conocía.  Entre ellos, los de: Maria Angélica Andreli; Muriel Dockendorf; Liliana Maldonado; Adriana Urrutia;, ayudista (sic).  No recuerdo otras personas.  De ellas, Maria Angélica es detenida desaparecida y las otras se encuentran en el extranjero.  después que me interrogaban, salía con mis captores para mostrar las casas de estas personas.  Recuerdo que golpee la puerta de Maria Angélica por orden de un agente.  Salió la hermana de esta y yo pedí hablar con Maria Angélica.  Cuando se asomo y se acerco a la reja, fue detenida….  A mi me subieron violentamente a la camioneta.  De ella nunca mas supe, solo que en Londres 38 sentí su voz, cuando conversaba con alguien.  La nombre, pero nunca me contesto….  Mi deseo era pedirle perdón por haber entregado su domicilio.  Hasta la fecha nunca mas he sabido que paso con ella".  Sobre Muriel Dockendorf, declara que " estando vendada logre conversar con ella.  Le pedí perdón por haber entregado su domicilio.  Ella siempre me respondió con ternura y comprensión.  Me decía que entendía y que no me preocupara.  En Cuatro Álamos, compartí con ella la misma celda.  Esa fue la ultima parte donde la vi con vida y supe de ella, ya que hasta la fecha nunca mas supe de Muriel".

  Luz y Carola

 " No recuerdo la fecha exacta pero de haber sido a fines del año 1974 cuando llegue a Villa Grimaldi, en calidad de detenida.  allí tenia como habitación una pieza de material sólido, antigua, con una puerta.  La compartí con Luz Arce Sandoval y Maria Alicia González Gómez, cuyo nombre político era Carola.  Se que ella, aunque no consta, posteriormente cambio apellido paterno por el de Uribe".

según la versión de Marcia Merino, las tres mujeres tenían allí calidad de detenidas.

"En la pieza teníamos un camarote donde yo ocupaba la parte de arriba y Luz Arce, la de abajo.  Carola dormía en una cama.  Yo estaba prácticamente todo el día durmiendo.  Me levantaba temprano, hacia el aseo en la pieza y hacia mi cama, luego volvía a dormir.  Nos alimentaban dos veces al día, al mediodía y en la tarde.  Cuando queríamos ir al baño, éramos conducidas por guardias.  Esto por unos dos meses".


LA EPOCA

22 JULIO 1991

Segunda parte y final del testimonio de Marcia Merino, la Flaca Alejandra, ante los tribunales

"Nunca fui colaboradora de la DINA"

"En enero o febrero de 1975 llega, o bien al menos yo lo veía por primera vez, Rolf Wenderoth Pozo, oficial de Ejercito, al parecer con grado de mayor.  Con esta persona, a las tres nos cambio el sistema de vida, ya que se hizo mas flexible, y se debió a que Luz Arce Sandoval me manifestó que Rolf Wenderoth Pozo se había enamorado de ella, ya que le había obsequiado una rosa y al parecer le dijo algunas palabras de amor u otras cosas.  Es el caso que en virtud de esto, supongo, nuestro trato cambio totalmente con los espacio limitados que teníamos para transitar en Villa Grimaldi.  No existía libertad absoluta de movimientos.  estábamos limitadas a las necesidades de nuestro trabajo…rectifico; es decir, de las cosas que nos decíamos (sic) que teníamos que hacer, las cuales consistían en revelar fotografías en un laboratorio ubicado en la misma Villa Grimaldi, analizar documentos incautados al MIR, reconocer fotos de personas, careos con otros detenidos, escribir opiniones sobre temas contingentes, entre los cuales recuerdo uno destinado a ampliar la base social del gobierno militar y otras actividades relacionadas con esas áreas.  Por lo tanto no teníamos la libertad total".

 Marcia Merino no describe como fue que le empezaron a pedir estos trabajos, ni tampoco señala a que personas reconoció  en las fotografías, ni con quien fue careada.

 "después de dos o tres meses, no recuerdo bien, se nos asigna como vivienda dentro de la misma villa, una pequeña casa, consistente en dos pieza de madera con pisos del mismo material, la cual se ubicaba cerca de donde había una pieza instalada como laboratorio fotográfico.  Quedaba atrás de la construcción misma, pero estaba separada de todo.  No recuerdo su color.  teníamos allí el mismo camarote y la cama.  Una mesa mediana de madera con sillas, un televisor blanco y negro chico.  No recuerdo otras cosas.  Lo bueno de este cambio es que podíamos ducharnos diariamente y alimentarnos en la pieza.  En esta casita permanecimos hasta el mes de mayo de 1975".

Un hombre gordo y afable 

"En los primeros días del mes de mayo de 1975, Luz Arce nos llama a la Carola y a mi, para que nos encontráramos en la pieza.  Nos dice que vamos a salir, por lo tanto teníamos que arreglarnos.  Una vez que lo hicimos, creo que fue Wenderoth el que nos saco en horas de la tarde.  Estaba oscuro.  Nos trasladamos a calle Belgrano, donde se encontraba el Cuartel General de la DINA.  Recuerdo que nos hicieron pasar a una sala grande, muy elegante, donde nos quedamos esperando".

"De una fuimos pasando.  La primera fue Luz Arce u otra persona.  No lo recuerdo bien, pero cuando lo hice yo, fui llamada por un individuo joven, sin uniforme, de unos 30 años de edad, quien me hizo pasar a una oficina.  El me presento un señor que estaba detrás de un escritorio, de contextura gorda, muy afable, quien me comunico que las tres quedábamos en libertad, pero que era necesario que siguiéramos colaborando con la DINA en análisis de documentos, o sea como analistas, para lo cual nos daba un departamento para que estuviéramos seguras".

En su testimonio Luz Arce, al describir este episodio, afirma que el hombre que las atendió era el entonces director de la DINA, General Manuel Contreras Sepúlveda.

Marcia Merino, que señala desconocer el nombre de la persona con que trato, relata que este "me mostró una publicación del diario La Tercera, donde aparecíamos condenadas a muerte por el MIR.  Ante esta situación y viendo que era la única forma, sin haber otra alternativa de salir con vida, acepte".

Mas adelante Marcia Merino vuelve a la versión de Luz Arce sobre ese encuentro, afirmando que "sobre la entrevista con el jefe de la DINA, coronel Manuel Contreras Sepúlveda, ello ya lo conté anteriormente y es tal como ella (Luz) lo dice; solo que no recuerdo el numero 12 de la torre que ella nombra, como tampoco se a quien perteneció ese departamento".

Luego, prosigue: "Fue así como las tres nos trasladamos a la Villa Grimaldi nuevamente y con fecha 25 de mayo de 1975 nos llevaron al departamento, ubicado en Remodelación San Borja, Torre Cinco, Quinto Piso.  No recuerdo el numero del departamento.  En ese lugar, temprano en la mañana, nos pasaba a buscar Wenderoth, en un vehículo color blanco que el manejaba y nos llevaba a la Villa Grimaldi, donde yo debía hacer función de análisis de documentación de circulación interna, por ejemplo del Comité Central y otros.  Una vez leídos debía hacer conclusiones.  No recuerdo haber dejado escrito a maquina algo de ello.  Solo pudo haber sido en conversaciones o en manuscritos.  Cuando eran aproximadamente las 17:30 o 18:00 horas, Wenderoth nos regresaba a nuestro departamento.  En algunas oportunidades se bajaba y nos acompañaba.  Una vez allí se quedaba conversando con Luz y yo me encerraba en mi pieza".

  "No recuerdo en que fecha.  Pudo haber sido a fines de 1975, las tres comenzamos a trabajar en la oficina del Cuartel General de Belgrano, bajo las ordenes de Wenderoth, donde cumplíamos las mismas funciones de análisis.  En este lugar permanecimos por espacio aproximado de dos años y medio, comprendidos entre 1976, 1977 y supongo los primeros meses del año 1978.  No lo tengo muy claro".

Cirugía estética

 "No se en que fecha, pero en el año 1978, en circunstancias que trate de salir a almorzar, en la puerta del Cuartel de la DINA, en calle Belgrano, fui parada por un guardia, quien me manifestó que no era conveniente que saliera.  Cuando me devolví a mi oficina, parece que fue Wenderoth quien me informo que había un plan del MIR para asesinarme y que además tenían un estudio de todos mis movimientos.  Ante esta situación, igual salí y me fui al departamento, donde llore y quede muy preocupada.

"No tengo claro como fue, si llego Luz sola o acompañada de Manolo Provis, militar con grado de capitán, que es amiga de ella…  La cosa es que ellos se interesaron mucho por mi situación e incluso me plantearon que falleciera legalmente y adoptara otra identidad.  Como reacción, yo no fui mas a trabajar y ellos lo entendieron.  Con Wenderoth converse la solución de mi problema de seguridad y decidí pedir dinero para una cirugía plástica.  Me lo dieron y me sometí a una rinoplastia en la Clínica Santa Maria, el mismo año 1978.  No recuerdo quien me entrego el dinero, pero los tramites los hice yo sola.  Terminada la operación y tratamientos decidí irme a la ciudad de Arica, para olvidarme de todo.  Para ello pedí que se me entregaran, fuera de los pasajes aéreos, una cantidad mensual de dinero que me permitiera vivir y además que fuera una persona a esperarme al aeropuerto, con la cual tendría contactos de emergencias y para que supiera como estaba.  Todo esto dejando bien en claro que no iba destinada a unidad alguna.  Esto era solamente para mi seguridad personal y ellos lo entendieron así.

Hernández Alderson

 "En el aeropuerto de Arica fui esperada y recibida por un oficial de la DINA, quien se me presento como Gabriel Hernández Alderson".

"En esa ciudad arrendé una pieza de pensión en una población, donde me hice amigas.  Incluso estudie francés en un instituto del cual no recuerdo nombre.  Gabriel Hernández Alderson casi todos los días me visitaba y se preocupaba mucho por mi, ya que le conté por todo lo que había pasado, pero debido a ello empezó a tener problemas familiares.  Todo esto me provoco una crisis, porque el ya no venia diariamente.  Por esa razón decidí volver a Santiago, sin pedir dinero ni avisar a nadie".

  Una vez en la capital, Marcia se fue a la casa de su familia.  Como a  los quince días tome contacto con personal de la C.N.I. (Central Nacional de Informaciones), porque ya no era DINA.  No recuerdo con quien hable, pero llegamos al acuerdo de que si yo los necesitaba, ellos estaban dispuestos a ayudarme en caso de problemas de seguridad personal.  Todo esto ocurrió a mediados o bien en octubre de 1978, fecha en que me desligue totalmente de actividades para ese organismo de seguridad".

Asimismo, la ex-agente afirma no recordar - como si lo afirma Luz Arce - una conversación con Odlanier Mena (director de la CNI desde 1978), negando que haya continuado colaborando con ese organismo de inteligencia y que Luz Arce haya sido jefa de sección.

Respuestas a Luz Arce

 En su testimonio judicial, Marcia subraya que fue "obligada a entregar compañeros de partido cuando estuve en Londres 38.  Como lo indique anteriormente, fueron: Maria Angélica Andreoli, Muriel Dockendorf, Liliana Maldonado y Adriana Urrutia.  En José Domingo Cañas me obligaron a ir a un punto de contacto y entregue a la 'Carola', cuyo nombre es Maria Alicia Gomez.  En Villa Grimaldi no recuerdo haber salido a ubicar personas, como tampoco realice interrogatorios ni los presencie.  Solo escuchaba gritos, lamentos, quejidos de personas que eran torturadas, pero desconozco con que elementos se hacia.  No se tampoco si ello ocurría en forma diaria o en ocasiones, ya que perdí la noción del tiempo.  Sobre la 'Carola y la Luz, ignoro si ellas lo hicieron o presenciaron los interrogatorios".

Marcia Merino se refiere también en su declaración, a las afirmaciones hechas por Luz Arce a la Comisión Verdad y Reconciliación.  Sobre el particular señala que "sobre a lo que a mi se refiere, declaro y aclaro esos puntos donde me menciona".

"Con respecto a Chanfreau, es efectivo que lo conozco, ya que pololeamos por espacio de dos años, antes de su matrimonio.  Su nombre completo es Alfonso Chanfreau Oyarce.  En Londres 38 efectivamente hable con el, en dos oportunidades, pese a estar vendad de la vista, oportunidad en la que conversamos cosas cortas y breves, pero el me dio siempre animo". Alfonso Chanfreau se encuentra actualmente detenido y desaparecido.

"Sobre uno de los viajes a la Villa Grimaldi, donde (Luz) dice que ya éramos colaboradoras de la DINA y donde dice que yo fui asignada al Grupo Águila de Miguel Krasnoff debo manifestar lo siguiente: Primeramente nunca fui colaboradora de la DINA.  Ellos en todo ese tiempo me fueron quebrando, tanto física como sicológicamente poco a poco para que cada vez entregara mas información, por lo tanto allí se me ofreció un trato, salvo el de la libertad, ya que mi vida corría peligro, según versión de la prensa.  Sobre el Grupo Águila, lo ignoro ya que nunca supe de su existencia.  A Miguel Krasnoff si lo ubico.  Era oficial de Ejercito, ignoro su grado.  El me interrogo en su oficina sin apremios físicos.  No recuerdo haber trabajado directamente con el, puede que en alguna oportunidad le haya efectuado algún análisis".

Sobre una alucinación de paisajes e incoherencias de los cuales ella habla, solamente recuerdo que en Londres 38 la escuche hablar cosas extrañas, lo que asocie al momento que vivía.  Vale decir, interrogatorios y torturas, además dl ambiente que vivíamos".

"Sobre la Andreoli, ella es Maria Angélica y su situación la relate anteriormente.  Pero sobre una tal Cecilia Labrin Saso, desconozco si estuvo en Londres 38.  Tampoco la recuerdo como militante del MIR, ni tuve que ver algo con su detención.  En relación a que suponía que estaban muertas, ello no es efectivo.  Ignoro porque (Luz Arce) me las atribuye".

"En cuanto a que tratábamos de estar juntas, ello fue en Londres 38, porque sentía apoyo y para no estar sola.  Pudo haber sido otra persona.  Lo que necesitaba era estar con alguien y las circunstancias quisieron que quedáramos juntas.  Sobre si en es periodo empecé a colaborar, aclaro fue que por los apremios físicos que entregue información".

En cuanto a las festividades del 11 de septiembre de 1974, admite que las paso "en la oficina de Krasnoff, obligada a ver un programa que estaban dando sobre esa fecha.  Por lo tanto, no se a que parte me llevaron.  Sobre los poroteos (entregar a personas), ello es totalmente efectivo y el encargado de sacarme era 'El guatón (Osvaldo) Romo', porque el conocía a toda la gente y así no lo podía engañar".

En cuanto a los sucesos ocurridos un cinco de octubre descritos por Luz Arce, Marcia Merino señala que "ella manifiesta que esta en una pieza pequeña con la flaca, que seria yo; la Lumi, que seria Lumi Videla Moya; y la Chica Alejandra, que es como ella dice, Maria Cristina López Stewart.  No tengo claro cuando y como fue, ya que de esa situación tengo recuerdos muy vagos".

Acerca de los detenidos de Villa Grimaldi "donde Luz recuerda a una tal Carmen Bueno y que era a mi a quien pedían información, debo indicar que ello no es verdad, puesto que no la conozco ni la conocí en el MIR.

La ex colaboradora de la DINA admite, a renglón seguido, que "es efectivo que las tres - Luz Arce 'La Carola' y ella - vivimos en una pieza separada de los demás".

"En relación a que Wenderoth se llevaba bien conmigo y que un tal Tulio me quería mucho, debo decir primeramente que con Wenderoth, en ese periodo, no tuve mayor relación con el, razón por la que ignoro eso de que nos llevábamos bien.  Don Tulio era un señor de unos 45 años de edad, muy bueno conmigo, ya que se preocupaba dándome alimentación.  No se si era de Carabineros o del Ejercito, como tampoco nunca supe su nombre".

Donde se refiere a una Carmen Bueno Cifuentes y que estuvo detenida en Villa Grimaldi y que miembros del equipo Águila me consultaran permanentemente por ella, esto no obedece a la realidad.  Nunca escuche ese nombre en los lugares de detención, como tampoco en el MIR, o que haya sido careada con esa persona.  En relación a una vinculación internacional, de ello no tengo idea".

Los 119 

"Con respecto a la lista de 119 personas que aparecieron publicadas en la prensa y que tenían relación con personas desaparecidas, es efectivo que opinamos con Luz cuando conversamos.  Incluso, respecto de la aparición en esa lista de la Maria Angélica Andreoli, a quien yo había entregado, cuando me obligaron a hacerlo.  Pensamos que era absurdo lo que se decía (en cuanto a que habían muerto en enfrentamientos entre militantes del MIR) puesto que estuvieron con nosotras.  Sobre un tal Espejo, no lo recuerdo, ni lo conozco".

Marcia Merino proporciono mas precisiones al testimonio de Luz Arce.  Los párrafos mas relevantes son los siguientes:

  "Sobre los cambios que ella dice en el mes de marzo de 1977, donde nos trasladan desde Terranova al Cuartel General, y yo quedo trabajando en la subdirección provisoriamente con Iturriaga Neumann; de ello no recuerdo que sea verdad, pero si conocí a ese señor, que al parecer era mayor de Ejercito".

"Con respecto a la secciónn encargada de la Democracia Cristiana y el MIR, no la recuerdo.  Lo que si había (era) inteligencia interior, donde yo al igual que ella formábamos parte.  Al señor Augusto Deichler, lo ubico como militar y seguramente con el grado de mayor de Ejercito, pero nunca trabaje con el, y solo recuerdo que en alguna oportunidad reemplazo a Wenderoth".

  También se refiere a un abogado "bajo, moreno", identificado como Miguel Ángel Parra, que Luz Arce menciona "como la persona que me saco de la Fiscalia cuando fui detenida por Investigaciones al denunciar un robo, ello no es efectivo, ya que después de cinco días fui dejada en libertad  por falta de meritos y mi abogado siempre ha sido don Aníbal Salvatierra Linpsay".

Igualmente, desmintió que la Vicaria de la Solidaridad haya presionado a su madre, motivándole una crisis en 1978.  "A mi madre la Vicaria nunca la ha presionado, solo han querido conversar para llegar a mi".

Respecto al Comando Conjunto, Marcia Merino afirma que "no se absolutamente nada y sobre el individuo que menciona (Luz Arce), se trata de Alberto Papilla Grillo, oficial de la Armada de Chile, con el grado de capitán de corbeta, que trabajaba en el Ministerio de Defensa Nacional como encargado de las relaciones navales con los extranjeros, nunca participo en actividades de inteligencia hasta lo que yo se; por lo tanto lo único que es verdad es nuestra relación sentimental, que fue esporádica pero mantenida en el tiempo.  En la actualidad no se donde esta, y la ultima vez que estuvimos juntos fue en el año 1984, pero como amigos, porque ya se había roto la relación".

Al final de su relato, Marcia Merino recordó que en 1977 fue enviada a la Escuela Nacional de Inteligencia (ENI) por unos tres meses.  allí, afirma, obtuvo la segunda antigüedad del curso.  Luego, concluye así:

"Es importante que declare que yo no se nada sobre los detenidos, tanto desaparecidos como los fallecidos, puesto que como lo he declarado en esta ocasión, solo fui una victima mas, no se si de mi propio error o bien de los que me detuvieron, pero nunca participe en interrogatorios, como tampoco presencie estos, por lo tanto, nada se de sus paraderos".

Viaje a Colonia Dignidad

 Marcia Merino aporto también nuevos antecedentes sobre los detenidos por la DINA llevados a Colonia Dignidad, aunque no se refiere directamente a ese lugar.  No obstante, su relato confirma antecedentes denunciados por otros ex detenidos:

"Lo relacionado con enero de 1975, donde ella (Luz Arce) dice que se produce la detención de un grupo de dirigentes del MIR de Valparaíso, los cuales son conducidos a Villa Grimaldi y entre los que recuerda están un tal Carabantes, Erick Zott y un tal entre paréntesis; y donde afirma que Erick Zott habría sido trasladado a Colonia Dignidad, donde yo habría ido ya que ella no quiso, debo indicar lo siguiente:  Sobre las detenciones en el mes de enero de 1975, no tengo conocimiento.  Sobre Erick Zott, lo ubico, ya que era militante del MIR en Concepción".

En relación al viaje, este efectivamente se hizo, pero a los lugares que indicare.  Primeramente desde Villa Grimaldi salí con Erick Zott y tal vez con Enrique Peebles, miembro también del MIR de Concepción.  Es el caso que subimos a un furgón color azul, cerrado, que ellos denominaban la mosca azul, conducido por un individuo de ojos achinados y de lentes ópticos, supongo.  También subió un agente de la DINA del que no recuerdo ninguna característica.  Con estas personas nos trasladamos a Concepción, para lo cual en el trayecto nos sacaron o bien sacamos las vendas, pero íbamos mirando el paisaje.  En esa ciudad llegamos a una casa ubicada en la periferia del centro, cuya calle pudo haber sido Ongolmo u Orompello, donde la habitación estaba siendo excavada por gente que pudo haber sido de la DINA de esa ciudad, donde al parecer buscaban armas".

  "En ese lugar no puedo recordar si estaba sola o con mis compañeros Zott y Peebles.  Posteriormente fui llevada sola a un Hotel del Centro, donde estaba el 'teniente Pablito', amigo de Luz, ya que la protegía bastante.  allí me alojaron en una habitación y me cerraron la pieza por fuera.  Al día siguiente, no recuerdo con quien salí de la habitación, pero fui subida a una camioneta de una cabina, me parece de un color claro, que pudo ser blanco o beige, donde yo iba entre el conductor y otra persona.  De los dos no reconozco a ninguno, pero el que conducía me dio la impresión que era un oficial de alguna institución militar".

"Ellos me trasladaron en dirección norte, saliendo por la carretera, no se en que momento, me pusieron algodón y scotch y una venda en los ojos y seguimos en la misma dirección.  Recuerdo que también me pusieron algodón en los oídos.  Luego de un rato que yo no pude calcular, el vehículo se detuvo y sentí o percibí la sensación de estar frente a una entrada, con una reja o portón y nos alumbraron con un foco potente, porque la luz me pasaba por la venda de mis ojos.  No escuche conversación y luego el vehículo siguió su camino.  Cuando se detiene la camioneta, me tomaron del brazo y me ayudaron a bajar.  Me dejaron en un lugar que yo sentí que la tierra vibraba y creí estar al borde de una represa y que me matarían.  Me puse a gritar, una persona se acerco, sin hablarme, me saco de allí y me llevo a otro lugar.  Tuve que subir unos pocos escalones y allí me dejo sentada en una silla.  Yo preguntaba si había alguien allí, pero no recibí respuesta.  Momentos después, fui tomada de los brazos, al parecer por una persona y fui llevada a otro lugar, pero sin salir al exterior, el cual pudo ser un subterráneo.  No bajamos escaleras, pero fue la sensación que me dio".

  " En ese lugar me sacaron la venda y los algodones, tanto de los ojos como de los oídos y me dieron instrucciones para que me quedara mirando hacia el lugar donde quede sentada.  Yo obedecí.  Esa pieza tenia su techo muy bajo, estaba totalmente forrada en pluma-bic (sic).  De acuerdo a mi campo de visión, no le vi ventana, ni tampoco la puerta, pero supongo que esta estaba a mi espalda.  había luz artificial.  No recuerdo otras cosas.

"En ese lugar estuve varias horas o el día entero, pero no se con que persona, ya que siempre el se paro frente a mi y me conversaba cosas que no recuerdo.  No se en que momento aparece una maquina de escribir, que instalaron en un mueble empotrado, lo que yo escribía lo que Peebles me iba diciendo.  Era algo relacionado con una declaración de el.  Pero tampoco recuerdo lo que escribía.  No se como, pero dormí allí o en otro lugar, eso no tengo claro.  Lo que si era una pieza y había un catre de campana y allí me acosté.  además recuerdo que la alimentación era muy buena.  Cosas tales como emparedados de jamón en pan de molde, leche, que era lo que mas me llevaron.  En ese lugar, no se cuanto tiempo estuve como tampoco a que fui.  además no vi a Erick Zott en ningún momento.  Puede resultar extraño, pero tampoco recuerdo como salí de allí, ni el viaje a Santiago.  Ahora presumo que pudieron haberme drogado, puesto que nada se del viaje de retorno".

"A mi llegada lo que converse con Luz Arce, fue todo lo que dije, por lo extraño que me pareció el lugar, pero jamás ni siquiera insinué a la Colonia Dignidad, porque nunca he estado allí, ni se su ubicación".

"Sobre las condiciones que estaba yo con Wenderoth, y que ella dice que son similares a la suya, es decir, estar sentada todo el día en una oficina, redactar oficios, no es verdad en lo que a mi persona se refiere.  En relación a lo que describe sobre el laboratorio fotográfico, ello es efectivo, pero íbamos allí solo cuando había trabajo".  


La Nación

1 de Octubre 2007 

Perdida tras los moais

La imagen de la otrora destacada militante del MIR hasta 1973 y luego agente de la DINA genera una fuerte división entre quienes la conocieron. Y aunque hoy vive sin sobresaltos y se camufla detrás de un mostrador en Isla de Pascua sin que nadie sospeche qué hizo en la dictadura, Marcia Alejandra Merino pronto podría enfrentar una causa por derechos humanos, que revivirá todos los fantasmas que mantiene escondidos.

Detrás de una vitrina recibe a los turistas con diligencia y amabilidad. A menudo les sonríe mientras ellos consultan por la variedad de artesanías finas que tiene para ofrecer: platería y madera es la especialidad de Vai a Heva, la tienda ubicada en pleno corazón de Hanga Roa, Isla de Pascua. Cuando no hay clientes, la mujer fuma cigarrillos constantemente, se asoma a la puerta por unos instantes y luego entra. Pasa pocos momentos quieta, sus manos nunca se detienen, parece nerviosa, en espera de un acontecimiento desafortunado que pudiera venir.

Como cualquier isleño, cada día camina ida y vuelta a su casa, ubicada en la calle Ara Roa Rakei, a pocas cuadras de su lugar de trabajo. Sin embargo, no pasa desapercibida. Es delgada, alta y pálida. El cabello castaño, la falda larga y los zapatos con taco terminan de otorgarle el aspecto de una señora "del conti", como llaman los pascuenses a los chilenos continentales. Ella es Marcia Alejandra Merino Vega, una afuerina que prefiere evitar cualquier referencia a su lugar de origen, según asegura una habitante del pueblo. Aún más rechazo le produce que la llamen "Flaca Alejandra", su antigua chapa como militante del MIR, colectividad en la que participó desde su fundación.

En su destacada trayectoria fue conocida como una de las protegidas del máximo jerarca, Miguel Enríquez, y se desempeñó como una de las secretarias de la comisión política y también encargada de las comunicaciones del partido. Pero el motivo que tiene para no querer hablar de su pasado parece atendible. Para muchos chilenos detenidos en los centros de tortura de la DINA, ese nombre es sinónimo de la mujer que colaboró con la represión y que, luego, se transformó en una activa agente aborrecida por muchos miristas. Durante bastantes años, Marcia Merino negó su relación con cualquier organismo represor. Sólo en 1992, después de ser interrogada por la ministra Dobra Lusic, salió del perfecto anonimato en que se mantuvo en la dictadura. La desaparición de su ex compañero Alfonso Chanfreau hizo revivir en ella los fantasmas que mantiene escondidos. Y reconoció que, luego de ser torturada en Londres 38 y en Villa Grimaldi, colaboró activamente en la entrega de sus compañeros.

Una amiga suya recuerda que la Flaca Alejandra se negó a colaborar con la justicia y que la ministra Lusic le advirtió que la dejaría presa. Fue entonces que ex agentes de inteligencia comenzaron a hostigarla para que no colaborara con la justicia. "En ese tiempo pasaba por un período de alcoholismo que se extendía desde los años de la dictadura", asegura la misma fuente. En 1975, después de un sostenido calvario sicológico, la Flaca se cambió definitivamente de bando, como ella misma lo reconoció. La DINA le entregó un arma y ella la calzó en la cartuchera de cuero común al resto de los agentes. En 1993, Marcia escribió el libro autobiográfico "Mi verdad", donde explica cómo su interior se fue oscureciendo y asegura que la DINA finalmente le quitó su identidad. El trabajo operativo realizado se extendió hasta 1978 y fueron decenas de militantes que cayeron gracias a la información estratégica proporcionada a los organismos represores.

Los aparatos militares le facilitaron distintos domicilios y un salario con el que pudo sobrevivir. De hecho, cuando fue encontrada por la justicia vivía en un departamento ubicado en calle República 559 otorgado por la Dirección de Inteligencia Nacional del Ejército, en medio de los cuarteles de esa unidad. Al conocerse públicamente su estatus, las víctimas no le perdonaron haber sido una activa colaboradora de la DINA y hasta ahora piensan que debería pagar judicialmente varias de sus acciones. Otro grupo optó por considerarla una víctima y le brindó ayuda para realizar una terapia sicológica y también la impulsó a escribir el libro. Una de ellas es Viviana Uribe, ex prisionera política y esposa del ejecutado político Fernando Vergara. "Ella tenía una decisión de expresarse a través de esa publicación y así ayudar. Yo la perdoné, sin embargo también es comprensible no hacerlo", admite, y añade que "ahora está deprimida porque agentes de Investigaciones han viajado a interrogarla y la han tratado como una agente más de la DINA".

Un habitante de Hanga Roa cuenta que su imagen es la de una "dama educada" que prefiere mantener una vida social muy poco activa. Sus fines de semana generalmente transcurren en su casa, junto a su marido isleño, Francisco Haoa, viendo películas. Ya lleva cerca de ocho años viviendo allí, lejos de la vida citadina y de los problemas del Transantiago. Hace poco más de un mes, agentes de la policía civil la interrogaron por la denominada "causa de los Ocho", a cargo del juez de la Corte de Apelaciones Alejandro Solís, quien investiga la desaparición, en enero de 1975, de ocho miristas desde Villa Grimaldi.

La investigación logró acreditar que antes de llegar a Santiago, las víctimas fueron detenidas en Valparaíso junto a siete militantes más en un operativo realizado por la agrupación Vampiro, entonces comandada por el teniente DINA Fernando Laureani. Torturados en el Regimiento Maipo, este mecanismo posibilitó que se lograran las detenciones con éxito.

Según un integrante de la agrupación Vampiro, que confesó bajo reserva de identidad, el rol de la Flaca fue fundamental, ya que mientras Laureani ponía corriente a los detenidos, ella los interrogaba con certeras preguntas. Un segundo militar del Regimiento Maipo confirmó esta versión. Otros dos ex suboficiales señalan que la vieron entrar a la sala de tortura junto a los agentes de la DINA.

Es la primera vez que, en una investigación, agentes la acusan de actos de tortura. "Ella estuvo en Valparaíso cuando me detuvieron el 24 de enero del 75. Me sometieron a tres sesiones. Primero fue sólo tortura, sin preguntas. En una segunda ocasión, a cara descubierta, la Flaca me interrogó exhaustivamente, sin permitir la menor desviación de la verdad. Todo lo anotó en una máquina de escribir", dice Valquiria Jorquera, sobreviviente del operativo DINA. La Flaca recuerda que en esa fecha viajó a la V Región, pero desconoce su participación en las detenciones, mucho menos en las torturas. En su versión oficial, hasta ahora nunca ha reconocido su trabajo como interrogadora. Cuando en mayo de 1975 pasó a trabajar en el cuartel general de la DINA, su labor consistió en el análisis de datos, esencialmente en una oficina. Sólo en un testimonio, que hasta ahora se mantiene en reserva, reconoce haber actuado como un agente propiamente tal

LND conversó con otro agente de la DINA que prestó declaración en el reciente hallazgo de la Brigada Lautaro ubicada en Simón Bolívar 8800 , hasta ahora conocida porque en 1976 aniquiló a dos direcciones clandestinas del PC. Los datos que entrega podrían abrir una nueva arista en el destino de los detenidos desaparecidos. "Por Lautaro pasó gente de todas las militancias políticas. Socialistas y también muchos miristas", cuenta el ex DINA, quien agrega que "la Flaca Alejandra no estaba destinada ahí, pero iba en comisión de servicio siempre para interrogar a los miristas. Ella era muy dura y culta. Era difícil mentirle".

El recién fallecido miembro del Comité Central del MIR Martín Hernández siempre denunció la dicotomía entre la dureza de la Flaca durante su estadía en la DINA y su posterior salida a la luz pública como una mujer temerosa y llena de bondad. Él fue detenido en noviembre de 1975 cuando ella ya era agente , luego de haberse librado en el atentado en Malloco que le costó la vida a Dagoberto Pérez y marcó diferencias al interior del MIR. En ese momento el cura Gerardo Whelan (el mismo en que se inspiró Andrés Wood en "Machuca") lo tenía escondido en la parroquia de Lo Barnechea y un contingente de la DINA llegó hasta el lugar. No buscaban a Hernández, pero la Flaca lo señaló con el dedo desde unos cien metros de distancia.

"Luego, cuando me torturaban en Villa Grimaldi, ella entró a la sala alegando porque ese día nuevamente había empanadas de almuerzo", relató Hernández tiempo atrás.

En su libro la Flaca relata que el resto de los integrantes de la DINA siempre la miraron con desdén, haciéndole sentir inferior. La periodista Nancy Guzmán la entrevistó en varias ocasiones para su libro "Un grito desde el silencio" una reconstitución de la muerte de Bautista van Schowen y se llevó una impresión distinta. "El resto de las agentes, muchas con menor preparación que ella, no le tenían estima, pero porque se relacionaba a más alto nivel y, junto a Luz Arce, mantenían amores con oficiales de alto rango", explica.

El más antiguo se habría producido en Villa Grimaldi con el miembro de la Brigada Purén Manuel Vásquez Chauán, entonces capitán del Ejército. En su libro no lo especifica, pero señala que junto a Rolf Wenderoth y Luz Arce fueron a comer al Restaurante Caledonia y también al Pollo Stop en febrero de 1975. Por esta misma fecha se habría vinculado sentimentalmente al funcionario de Investigaciones y miembro de la plana mayor de Villa Grimaldi Eugenio Fieldhouse.

Poco tiempo después, en 1976, habría iniciado un romance con Juan Morales Salgado, jefe de la Brigada Lautaro. Son los mismos agentes de esta unidad quienes han ventilado esta versión.

Luego, en septiembre de 1977, debido a una crisis personal, es enviada por la DINA a La Serena y Coquimbo, donde conoce al integrante del órgano represor y ex Patria y Libertad David Jacob Helo. "Desarrollamos una suerte de pololeo", confiesa en una declaración reservada. Ese mismo año fue de vacaciones al cuartel Rocas de Santo Domingo, en San Antonio, donde inicia una relación con el cabo Patricio Soto, "cortada por la DINA posteriormente", añade.

Después es enviada a la Escuela Nacional de Inteligencia, donde recibe instrucción durante cuatro meses. Se graduó como la segunda mayor antigüedad y, de inmediato, fue elegida para impartir clases ahí mismo junto, entre otros, a Ingrid Olderock (la mujer que adiestraba perros violadores).

Al año siguiente es enviada a Arica y según versiones de la época su misión habría sido controlar el ingreso de miristas a Chile. Fue cuando nació un romance con otro integrante de la DINA, Gabriel Hernández Anderson. Éste, en 1981, como máximo jefe de la CNI en Arica, junto a un cómplice, asesinó a dos funcionarios del Banco del Estado y robó un botín de 45 millones de pesos. Luego de ser descubiertos, el 22 de octubre de 1982 fueron fusilados en la cárcel de Calama.

En 1978 volvió a Santiago y conoció a otro oficial de la CNI con el que inició otro romance. Unos meses antes, la Flaca se había operado la nariz para evitar ser reconocida por el MIR que, según aseguraba, la buscaba para matarla. En 1979 se inicia su relación sentimental más larga. Su pareja es Alberto Badilla Grillo, oficial de la Armada con quien estuvo hasta 1981. Y según revela en una declaración reservada, ese fue el peor momento de su vida, "sola y sin grandes amistades".

Pero luego de una crisis de angustia en 1984, la CNI le paga un viaje para visitar Isla de Pascua, donde residía su hermano Germán, oficial (R) de la Fuerza Aérea. Ahí conoció a Francisco Haoa, de quien se enamoró. Tras de un tiempo de estancia placentera, una militante del MIR la reconoció, denunciándola ante la comunidad como agente. Por ese motivo volvió a Santiago, acompañada de su pareja, y se instalan en un departamento de calle República. En 1990 contrajeron matrimonio. Desde entonces, su vida amorosa permaneció estable, lo que le ayudó cuando reapareció en 1992. Una amiga de la Flaca recuerda que la oleada de críticas y la dificultad de su marido para encontrar trabajo fueron determinantes para que volvieran a Rapa Nui. Él siempre le decía: "Allá uno puede ser pobre, pero siempre hay comida". Además, le explicaba que en la isla no la iban a condenar ni recriminar por nada.


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El estudiante que Alejandra envió "a Puerto Montt": Mauricio Jorquera Encina

Mauricio Edmundo Jorquera Encina tenía 19 años de edad, y estudiaba Sociología en la Universidad de Chile. Era militante del MIR, y fue detenido el 5 de agosto de 1974 cuando lo reconoció en la calle la "Flaca Alejandra", Marcia Merino, una colaboradora de la DINA. En el recinto de torturas de José Domingo Cañas, Mauricio comentó a otro preso que había sido condenado a "20 años de prisión en Puerto Montt". Hoy, por declaraciones de un agente arrepentido, se sabe que eso significaba la ejecución y entierro en un lugar desconocido. El nombre de Mauricio fue incluido un año después por la dictadura en un montaje publicitario que buscaba encubrir la desaparición de 119 chilenos. Pero ese mismo año, 1975, en Naciones Unidas, Sergio Diez dijo que Mauricio Jorquera era uno de los presuntos desaparecidos "sin existencia legal".

Pocas horas antes de la detención del estudiante, su madre, María de la Luz Encina lo había divisado en una calle céntrica de Santiago, y seguramente se sintió aliviada de verlo libre, porque tres días antes, a la medianoche, su hogar había sido allanado por agentes de la DINA que buscaban a su hijo, a quien nombraron como "Chico Héctor". Mauricio, uno de los cinco hijos del matrimonio, no se encontraba en la casa. Patricio, su hermano, esperaba verlo en la calle a las 5 de la tarde del 5 de agosto, pero Mauricio no llegó. La familia recibió el 6 de agosto una llamada telefónica anónima avisándole que su hijo había sido detenido en la calle el día anterior, por agentes de civil.

Entonces sus padres iniciaron su búsqueda por todos los recintos de detención, sin resultado alguno, a lo que posteriormente sumaron denuncias del hecho ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA, la División de Derechos Humanos de las Naciones Unidas y la Comisión Internacional de Juristas.

La respuesta oficial
Aunque la maniobra de inteligencia montada por la DINA en el exterior para encubrir las desapariciones quedó rápidamente desvirtuada por la inexistencia de pruebas, la dictadura aún recurría a esa versión en diciembre de 1976. Cuando la familia de Mauricio solicitó una audiencia al Ministerio del Interior ello fue denegado aduciendo que no había antecedentes de arresto ni de resolución alguna que pueda afectar a Mauricio Jorquera, y agregando: "Cúmpleme expresarle que la persona investigada aparece mencionada con el Nº30 de un total de 119 personas supuestamente abatidas en enfrentamientos guerrilleros con fuerzas regulares, en su mayor parte en la República Argentina, o en riñas o disensiones entre ellos mismos, según la publicación aparecida en el semanario "LEA", año I Nº 1 del 15 de julio de 1975 de Buenos Aires, Brandsen Nº 1845".

La revista mencionadas en la carta fue creada especialmente para la ocasión, y sólo tuvo una edición, en tanto que el gobierno argentino negó la versión allí publicada.

Sadismo policial
La familia del joven desaparecido recibió, en febrero de 1977, la "visita" de dos individuos de civil que dijeron ser funcionarios del Ministerio del Interior que solicitaron a sus padres firmar una declaración que señalaba "Yo, Mauricio Edmundo Jorquera Encina declaro que estoy en perfectas condiciones y que no he sido maltratado...". Posteriormente, el 30 de julio de 1977, la madre del afectado, fue citada a Investigaciones donde relató nuevamente los hechos a una funcionaria que le manifestó que, por orden del Presidente de la República (se refería al General Pinochet) debía investigar la situación de su hijo.

Testigos
Al reabrirse el proceso por presunta desgracia quedó acreditado el paso de Mauricio Jorquera por los centros de reclusión y tortura de Londres 38, José Domingo Cañas y Cuatro Alamos. Amanda de Negri, sobreviviente, detenida dos meses después que Mauricio, declaró que al ser llevada al recinto de José Domingo Cañas, el agente Osvaldo Romo la conminó a hablar ya que de lo contrario, "seguiría igual suerte que Mauricio Jorquera".

Ella atestiguó ante el 1er. Juzgado del Crimen, declarando que el estudiante desaparecido estuvo refugiado en su casa desde unos diez días antes de su detención, permaneciendo allí hasta el día de su arresto; y salió de la casa sabiendo que la vivienda de sus padres había sido allanada el día anterior. Compareció también ante el Tribunal, Patricio Jorquera, quien confirmó que había alojado con su hermano Mauricio en casa de Amanda de Negri la noche del 4 al 5 de agosto de 1974. Se encontraron a mediodía del 5 en la calle y quedaron de encontrarse en el mismo lugar a las 17:00 horas,. pero Mauricio no llegó.

Otra sobreviviente, María Teresa Adriana Urrutia Asenjo declaró haber visto al joven estudiante de sociología en calle Londres 38, en muy malas condiciones físicas. Escuchó su nombre de un guardia que lo conminó a hablar, de este modo sería enviado al hospital, de lo contrario moriría. El joven le dijo a la testigo que se sentía mal y que tenía mucha sed. El ex preso Ramón Barceló Olave también declaró que vio a Mauricio en Londres 38, de vuelta de un interrogatorio, muy decaído.

Otro sobreviviente, León Gómez Araneda declaró que mientras permaneció detenido en Londres 38, Mauricio le comentó que Marcia Alejandra Merino, conocida como la "Flaca Alejandra", detenida y obligada a colaborar con la DINA, lo había identificado en la calle cuando iba con varios agentes. A las dos horas de llegar, el joven fue conducido a su primer interrogatorio. León Gómez señala además que, entre el 18 y el 20 de agosto, ambos fueron llevados al recinto de "Cuatro Alamos" junto con otros detenidos, quedando en distintas celdas. A los tres días, Gómez fue conducido al recinto de calle José Domingo Cañas; llegando pocos días después Mauricio, quien continuó siendo interrogado.

Posteriormente, Gómez fue trasladado a un Regimiento en San Fernando, mientras Mauricio Jorquera permaneció allí. Estando aún juntos, Mauricio le dijo que lo habían condenado a 20 años de prisión en Puerto Montt. La clave para entender esta información proviene de la confesión del ex agente de la DINA, Samuel Fuenzalida Devia, relativa al destino de los detenidos desaparecidos.


La Nacion

7 de Diciembre 2008

Los vínculos de Osvaldo Heyder con la DINA y sus deudas Las sombras del capitán
 

La historia dice que fue asesinado por agentes de la dictadura debido al trato humano que brindó a los detenidos en Valparaíso. Pero en su hoja de vida aparece una felicitación por su colaboración con la DINA en 1975, una ex prisionera lo identifica en una sesión de torturas y testimonios judiciales afirman que durante su mando en Talca se apoderó de las remuneraciones de conscriptos.

El capitán de Ejército Osvaldo Heyder Goycolea era un hombre de la inteligencia militar. Así lo sorprendió el golpe de 1973. Murió en forma misteriosa dos años después, el 5 de julio de 1975, en Talca, y en la memoria popular pasó a la historia como una víctima de la DINA. Algunos dicen que, cuando era jefe de la Sección de Inteligencia (S-II) en el Regimiento Maipo de Valparaíso, fue un ejemplo de bondad en su trato hacia a los prisioneros, y que por ello habría entrado en conflicto con la gente de Manuel Contreras.

Pero su hoja de vida cuenta otra cosa. Heyder fue destacado por su comandante en el Maipo, el coronel Eduardo Oyarzún Sepúlveda, por haber trabajado codo a codo con la DINA en enero de 1975 capturando "gracias a su entusiasmo y dedicación y en largos períodos de trabajo" a toda la dirección clandestina del MIR en la Quinta Región. En esa misión, que terminó con ocho desaparecidos y un asesinado Alejandro Villalobos, el "Mickey" , participaron el capitán Heyder y sus hombres.

Tortura en el Maipo

El 17 de enero de 1974, la militante del MIR Rina Medina Bravo fue detenida en Santiago junto a otros integrantes del movimiento. El grupo fue trasladado a Villa Grimaldi, donde fueron interrogados, entre otros, por la ex mirista Marcia Alejandra Merino, la "Flaca Alejandra", primero en colaboradora y luego en activa agente, responsable de la detención y desaparición de decenas de sus compañeros.

Los servicios de seguridad seguían desde hacía tiempo los pasos de la dirección clandestina del MIR en Valparaíso, que había llegado a dirigir Villalobos desde Santiago. Medina y la "Flaca Alejandra" fueron llevadas al Puerto en un operativo a cargo de la agrupación Vampiro de la DINA, comanda por el teniente Fernando Lauriani. Es el comienzo de la redada.

Entre el 17 y el 28 de enero, más de veinte integrantes del MIR son detenidos en Valparaíso. Los llevaron al Maipo, en el Cerro Playa Ancha, donde Lauriani y sus hombres instalaron su cuartel general, con ayuda de Heyder y sus hombres de la sección de inteligencia de ese cuartel.

Una de las sobrevivientes de aquella razzia, Walkiria Jorquera, declaró en la investigación judicial por los ocho desaparecidos del MIR que "mientras la Flaca Alejandra era la encargada de tomar mis declaraciones, uno de esos interrogatorios los efectuó el capitán Heyder junto a su equipo del Regimiento Maipo, los que consistieron en maltrato físico y aplicación de corriente".

Otros ex prisioneros sostienen que recibieron buen trato de parte de Heyder. Pero lo que hasta ahora no está en discusión es lo que dice su hoja de vida. "En un operativo realizado por DINA en las ciudades de Valparaíso y Viña del Mar, entre el 17 y 28 de enero de 1975, tuvo a su cargo personal de inteligencia de la unidad para actuar en conjunto". Se le destacó incluso por extender su jornada laboral "en horas fuera del servicio", y porque "se logró destruir la organización del MIR, capturándose a varios extremistas, entre ellos al cabecilla apodado "El Mickey’".

Fuentes policiales vinculadas a la indagatoria afirman que el conflicto de Heyder con la gente de la DINA, más que por cuestionar los crueles métodos usados, fue por el celo en la cadena de mando: él era un capitán de inteligencia, pero en el operativo debió actuar bajo las órdenes del joven teniente Lauriani.

En medio de toda esta agitación, un helicóptero se posó en el patio del regimiento. De él bajó Marcelo Moren Brito, el "Ronco", a la fecha jefe de Villa Grimaldi. Fue el enviado del "Mamo" Contreras para supervisar a los encargados de desbaratar al MIR también en Valparaíso.

Autopsia desaparecida

TRES VERSIONES.- Oficialmente, Heyder es una víctima de la violencia política. Su muerte ha sido atribuida a la DINA, pero los antecedentes judiciales hoy cuestionan esta versión.
El 6 de febrero de 1975, Heyder fue trasladado desde el Maipo al Regimiento Reforzado de Montaña en Talca, también como jefe de la sección de inteligencia. Cuatro meses más tarde fue hallado muerto dentro de su automóvil en el cerro La Virgen, en las afueras de la ciudad. El protocolo de la autopsia original, practicada en las horas posteriores a su muerte por el médico legista Tarcisio Guerrero, simplemente desapareció, junto al resto del expediente de la primera investigación del caso, realizada durante la dictadura por el fiscal militar Helmuth Steuer. Pero éste último declaró, en la causa iniciada en 2002 en el Tercer Juzgado del Crimen de Talca, a raíz de una querella interpuesta por la familia, que la mencionada autopsia indicaba "que la muerte de este oficial de Ejército fue producto de un suicidio".

Como conclusión, el fiscal afirmó: "Puedo manifestar en forma fehaciente que la muerte del capitán Heyder se debió a un suicidio, sin haber antecedentes que terceros hubieran cooperado para que este oficial tomara esa drástica decisión".

Pero el informe de las nuevas pericias a los restos de Heyder, realiazas en diciembre de 2003 por el Servicio Médico Legal, sostiene otra cosa: "Presenta un traumatismo cránico por bala, y un corte en el tórax no autoinferido atribuible a un tercero".

Durante el velatorio de Heyder en 1975 en el casino de oficiales del regimiento Talca, Moren Brito y su gente irrumpieron y se llevaron el ataúd, con la excusa de realizar una nueva autopsia. "Esto se estimó necesario para despejar cualquier duda respecto de la muerte de este oficial. El resultado señaló que la causa de muerte fue una herida de tipo suicida. No recuerdo cual fue el resultado de la primera autopsia ni quien la realizó", declaró Moren en la causa abierta en Talca por la familia.

A pesar de todo esto, el Ejército entregó oficialmente una tercera versión: Heyder fue asesinado por un comando del MIR mientras vigilaba unas antenas telefónicas. Así aparece en su hoja de vida: muerte en acto de servicio.

Acosado por las deudas

Los testimonios casi todos similares que entregaron en las indagatorias los oficiales del regimiento Talca interrogados apuntaron a que Heyder mal utilizó dinero de los pagos de los conscriptos, y fue sorprendido sin poder devolverlo en el plazo que le fijó su comandante. Algo similar indica un informe policial. Antecedentes ligados a la causa señalan que Heyder intentó saldar su deuda recurriendo a distintos agentes financieros, pero no logró recolectar el dinero dentro del plazo, lo que podría haber precipitado su suicidio. ¿Cómo murió Heyder? Hasta ahora es una incógnita. De lo que sí hay suficientes antecedentes es de que Osvaldo Heyder fue un protagonista activo en la razzia del MIR en Valparaíso.

Algunos de quienes fueron sus subordinados en la S-II del Maipo, como el suboficial (R) Víctor Hidalgo Pereda, confirman la causa de la felicitación a Heyder en su hoja de vida, y admiten que sí trabajaron en ese operativo junto a la gente de Vampiro. Hidalgo Pereda sostiene además que Heyder fue designado "como el oficial coordinador entre el regimiento y la DINA". Otro ex integrante de la S-II en ese cuartel, el suboficial (R) Osvaldo Aguayo Quiñones, declaró judicialmente que su compañero Reinaldo Pulgar Garrido "se jactaba de haber participado junto a la DINA en operaciones de inteligencia donde se detuvo a personas".

Algunos de sus subordinados en Valparaíso han dicho que no recuerdan algún conflicto de Heyder con la gente de la DINA, y que siempre se mostró "contento" por su traslado a Talca. Pese a las incógnitas del caso, la Comisión Nacional de Reconciliación y Reparación -continuadora de la Rettig asumió en 1996 que Osvaldo Heyder Goycolea "fue víctima de la violencia política, por estimar que su muerte sólo pudo ser provocada por estas circunstancias, habiéndose descartado todo otro móvil posible". De acuerdo a las múltiples contradicciones no aclaradas en la causa por su muerte, esta afirmación no parece tan concluyente.


La Nación

8 de mayo de 2011

LOS AMORES DE LA DINA: RELACIONES SENTIMENTALES EN TIEMPOS DE SANGRE

  La muerte de Enrique Arancibia Clavel sacó a la luz antecedentes de su vida sentimental, la que llevó adelante intensamente incluso cuando era agente represor. Una historia que se repite al interior del organismo: ex detenidas que iniciaron romances con sus torturadores y otros que encontraron el amor verdadero son parte de esta historia.

EL AGENTE HOMOSEXUAL

Para la Policía Federal Argentina no hay dudas: las 34 puñaladas que le dieron muerte a Lautaro Enrique Arancibia Clavel, tuvieron un móvil pasional. Por estos días, las pesquisas se centran en un joven de 19 años quien confesó ser la pareja del ex agente de la desaparecida DINA.

El violento crimen reflotó la intensa historia sentimental de Arancibia, la que llevó adelante incluso con desfachatez. Vivió su homosexualidad abiertamente incluso en los momentos más álgidos de su colaboración con la DINA (como jefe de información clandestina en Buenos Aires) y a pesar de ser parte de un círculo social conservador en materia valórica.

A principios de 1974 (a poco de iniciar su trabajo en la DINA) conoce al peluquero y bailarín Humberto Zambelli, quien trabajaba para Susana Jiménez, una de las principales estrellas del ambiente artístico y de la TV argentina hasta hoy.

Todo comenzó a la salida de un espectáculo en el que el Zambelli participaba:

"Me espera una persona joven, de sexo masculino. Me invita varias veces a tomar café y charlar. Con el correr de los días acepto la invitación e incluso lo llevo a la casa de mis padres, en Lanús. Así fue como entramos de lleno en una relación amistosa con quien resultó ser Enrique Arancibia Clavel", dijo alguna vez Zambelli, consignado por la periodista Mónica González en Ciper.

Tiempo después se fueron a vivir juntos a un departamento en Buenos Aires. También, y para descansar, se hicieron una casa en el sector de Tortuguitas a unos 40 kms de la ciudad capital.

Ese 1974 sería importante para Arancibia, no solo por iniciar su trabajo para la policía política sino porque debió enfrentar la preparación del asesinato (30 de septiembre) del ex comandante en jefe del Ejército, Carlos Prats y su esposa Sofía Cuthbert. Por este crimen sería condenado a cadena perpetua.

Muchos años después, sin Zambelli a su lado, y una vez salido de la cárcel el 2007 (gracias a beneficios de la justicia trasandina que computo al doble sus años en la cárcel), Arancibia siguió con su vida. A propósito de su muerte y de las investigaciones que se hicieron, varios testigos afirmaron que Arancibia gustaba de la vida bohemia y de frecuentar a jóvenes homosexuales.

CUANDO EL MAMO ENCONTRÓ EL AMOR

Juan Manuel Guillermo Contreras Sepúlveda llevaba 20 años casado cuando en 1973 se hizo cargo de  crear la Dirección de Inteligencia Nacional -DINA-.

A su mujer, María Teresa Valdebenito Stevenson, la había conocido en unas vacaciones en Quillota en 1949, recién salido de la Escuela Militar. Ella le dio cuatro hijos (tres mujeres y un hombre) y llevaban una vida normal.

Sin embargo una vez que Contreras asumió oficialmente  la dirección de la DINA (junio de 1974) todo cambió. No solo por las labores que le tocó realizar, sino porque entabló una relación con su secretariaNélida Gutiérrez Rivera.

Con el tiempo, ésta pasó de fiel colaboradora (miembro del estrecho círculo íntimo de Contreras en la DINA) a ser la amante "oficial" del "jefe".

En medio de muertes, torturas y crueldad nació una relación fuerte que con los años se fue afianzando e incluso abarcó el rubro comercial.

Una vez disuelta la DINA, Nélida pasó a ser la secretaria privada de Contreras -todavía casado- en los negocios que éste emprendió. Además, con dinero aportado por él, puso una boutique de ropa llamada Mané (Manuel y Nélida) en el caracol Lyon, en Providencia.

En 1985 dieron el paso: se fueron a vivir juntos y Contreras abandonó a su mujer. En 2010, con Contreras en el penal Cordillera pagando por sus crímenes, decidieron casarse.

A través de un poder notarial y con separación de bienes ambos dieron el "sí". "Cumplimos un sueño de cualquier pareja que se ha amado toda la vida, en las buenas y en las malas. No queríamos que algún día se dijera que nosotros sólo convivimos", dijo Gutiérrez aquella vez.

AMAR DESPUÉS DE LA TORTURA

Luz Arce Sandoval; María Alicia Uribe Gómez ("Carola") y Marcia Merino Vega (la "Flaca Alejandra"); tienen varias similitudes: a principios de los 70' apoyaron a la Unidad Popular (la primera era del PS las dos últimas del MIR); tras el golpe de Estado de 1973 fueron detenidas y atrozmente torturadas; luego, y para salvar la vida, pasaron a colaborar con la DINA entregando a varios de sus ex compañeros; y por último iniciaron relaciones sentimentales con algunos de sus captores.

Si bien ellas lo niegan, testigos de la época, sostienen que tuvieron más de un romance con hombres de la DINA.

Luz Arce fue pareja del coronel (R) Rolf Wenderoth Pozo, integrante de la brigada Mulchén de la DINA que estuvo en Villa Grimaldi y participó en el crimen del funcionario de la CEPAL, Carmelo Soria.

María Uribe, quien jamás mostró arrepentimiento por su labor en la DINA y que siguió trabajando para los servicios de inteligencia del Ejército hasta bien entrada la democracia, mantuvo una relación con el brigadier (R) Pedro Espinoza Bravo, director de Operaciones de la DINA, de quien (al igual que los casos Arce y Gutiérrez) fue su secretaria.

Según testigos, la relación entre ambos era bastante paternal, en especial porque Uribe resentía la dura infancia que le tocó vivir sin su padre, que no la reconoció, y sin madre que no pudo vivir con ella.

De hecho, el por entonces coronel Espinoza jugó un papel importante en un episodio clave para la mujer, cuando en 1975 su padre decidió reconocerla. Se dice que Espinoza obligó al hombre a punta de pistola.

De la "Flaca Alejandra" se dice que habría estado relacionada, entre otros, con Manuel Vásquez Chauán(de la Brigada Purén); Juan Morales Salgado (jefe de la Brigada Lautaro e involucrado en el crimen de Prats) y con Eugenio Fieldhouse (uno de los jefes de Villa Grimaldi).

Eso es negado por Merino en forma tajante. En una carta a La Nación sostuvo que "desmiento haber tenido algún tipo de relación sentimental o similar con oficiales de alto o bajo rango, o con cualquier otro miembro de la DINA mientras estuve como prisionera. Jamás en ese periodo tuve una relación de ese tipo".


PuntoFinal.cl

edición Nº 747, 25 de noviembre, 2011

La Reaparición de Krassnoff

En un nuevo intento por presionar al gobierno del presidente Sebastián Piñera y conseguir el indulto para militares condenados por graves violaciones a los derechos humanos durante la dictadura del general Augusto Pinochet, el alcalde de Providencia, coronel (r) Cristián Labbé Galilea, encabezó una convocatoria para rendir homenaje al brigadier (r) Miguel Krassnoff Martchenko, jefe de la brigada Halcón de la Dirección de Inteligencia Nacional, Dina, quien purga alrededor de 24 condenas que suman más de 140 años de presidio por torturas, asesinatos y desaparición de personas entre 1973 y 1977.

La iniciativa surgió desde la Corporación por la Justicia, la Verdad Histórica y el Respeto por el Estado de Derecho en Chile, entidad estrechamente vinculada a la Fundación Augusto Pinochet, que convocó al Club Providencia el 21 de noviembre, a fin de rendirle homenaje y presentar la cuarta edición del libro Miguel Krassnoff. Prisionero por servir a Chile, escrito por la historiadora Gisela Silva Encina, nieta del historiador Francisco Encina. El pretendido homenaje derivó en una masiva e indignada protesta, de más de mil personas, que se congregaron en las afueras del Club Providencia reclamando por su realización, y acusando a los asistentes de ser cómplices de las violaciones a los derechos humanos ocurridas en la dictadura militar.

El alcalde Labbé y Krassnoff son compañeros de generación en su paso por la Escuela Militar. Ambos egresaron en 1967; el primero en el arma de caballería y el segundo en infantería. A esa promoción pertenecen también Cristoph Willeke, miembro del aparato exterior de la Dina y vinculado al asesinato del general Carlos Prats en Buenos Aires, en 1974; Germán Barriga, jefe de la brigada Lautaro de la Dina, encargada de exterminar a los dirigentes del Partido Comunista en 1976, quien se suicidó lanzándose del 18° piso de un edificio en Las Condes, en 2005; Jaime Lepe, miembro de la brigada Mulchén, involucrado en el asesinato de Carmelo Soria, y más tarde secretario personal de Pinochet; y Nelson Haase, jefe de la brigada Ongolmo e integrante de la Sociedad Pedro Diet Lobos, pantalla comercial de la Dina.

Krassnoff, que cumple en febrero 62 años de edad, participó como teniente en el asalto a la casa presidencial de Tomás Moro el 11 de septiembre de 1973 y luego, estuvo a cargo de los prisioneros de mayor rango recluidos en la Escuela Militar. Allí fue contactado por el entonces coronel Manuel Contreras Sepúlveda para que se incorporara como instructor, en las Rocas de Santo Domingo, del personal que se estaba reclutando para la naciente Dina. Los instructores, entre ellos Krassnoff y Labbé, quedaron al mando del comandante César Manríquez.

Una de las primeras tareas de Krassnoff en la DINA fue contactar a Osvaldo Romo Mena, dirigente poblacional de la Unión Socialista Popular, Usopo, como informante a sueldo para la identificación y búsqueda de los dirigentes del MIR en la zona oriente de Santiago, particularmente en las comunas de Ñuñoa, La Reina, Providencia y Las Condes. Romo afirmó ante los tribunales de justicia que a comienzos de 1974 acompañó a Miguel Krassnoff al Hospital Militar para identificar a un mirista que confundían con Miguel Enríquez, cuya identidad verdadera correspondía a la de Arturo Villabela.

Concluida la preparación inicial en Santo Domingo, un grupo de los agentes de la Dina fue destinado al cuartel secreto de calle Londres 38, en pleno centro de Santiago, a cargo del mayor Marcelo Moren Brito. A sus órdenes operaban los oficiales Miguel Krassnoff, Fernando Lauriani, Ricardo Laurence, Ciro Torré, Gerardo Urrich, Manuel Cárevic y Gerardo Godoy, cada uno al frente de un grupo. Krassnoff comandaba la Brigada Halcón, equipo integrado, entre otros, por Osvaldo Romo, Basclay Zapata, Italo Pino, el “Negro Paz”, el “Cara de Santo” y “El Muñeca”. Numerosos testimonios entregados en los tribunales de justicia, en la Comisión de Verdad y Reconciliación y en la Comisión Valech, señalan a Krassnoff como uno de los principales responsables de las torturas, muertes y desapariciones ocurridas en Londres 38, en el recinto secreto de José Domingo Cañas -denominado “Cuartel Ollagüe”- y en Villa Grimaldi.

Los acusadores

Los acusadores de Krassnoff no han sido sólo las víctimas, sus familiares, amigos y testigos de detenciones en los cuarteles de la DINA, sino también los ex agentes que la integraron, incluso varios de sus más cercanos subordinados.

Uno de ellos, Basclay Zapata, fue careado con Krassnoff el 12 de mayo de 2004. En ese careo Zapata afirmó que si participó en detenciones, fue porque se lo ordenó Krassnoff. Agregó que le parecía injusto aparecer planificando, ordenando y ejecutando detenciones y haciendo desaparecer detenidos. Pidió al brigadier Krassnoff que asumiera sus responsabilidades. En cuanto a las víctimas que le mencionó el tribunal, Basclay Zapata aseguró que a él nunca se le dijo el nombre de quien iba a ser detenido y se limitaba a conducir el vehículo con otros agentes de la DINA, añadiendo que esos operativos eran ordenados por Krassnoff. Los detenidos que condujo a Londres 38 eran puestos a disposición de Krassnoff, jefe de los grupos. Agregó que también llevó gente detenida a Villa Grimaldi y a José Domingo Cañas, todo ello porque se lo ordenó Krassnoff.

También oficiales de la DINA como Ricardo Laurence Mires, y colaboradores como Osvaldo Romo lo han sindicado como responsable de los crímenes por los que ha sido condenado, entre ellos los de Lumi Videla, Sergio Pérez, Manuel Cortez Joo, César Negrete Peña, Marta Neira, Alfredo Rojas Castañeda, Jacqueline Droully, Jaime Vásquez Sáenz, Juan Molina Mogollones, Alejandro Avalos Davidson, René Acuña Reyes, Hugo Ríos Videla, Martín Elgueta Pinto, Agustín Martínez Meza, Luis Palominos Rojas, Antonio Llidó, Luis San Martín Vergara, Muriel Dockendorff y Newton Morales Saavedra.

Marcia Alejandra Merino Vega, la “Flaca Alejandra”, declaró que fue detenida el 1º de mayo de 1974 y trasladada hasta Londres 38, cuartel que fue cerrado a fines de agosto. El día 15 de ese mes fue llevada hasta José Domingo Cañas, lugar en que Miguel Krassnoff la torturó, obligándola a “colaborar”. Agregó que en esa casa la última dependencia era la oficina de Miguel Krassnoff. La pieza de torturas estaba frente a ella.

Uno de los crímenes por los que está procesado Krassnoff es el de Diana Arón, una estudiante de periodismo, hija de judíos de derecha que estaban en contra de Salvador Allende. Diana fue detenida en 1974 en la avenida Ossa, en La Reina. Sus padres le escribieron a Pinochet para saber su paradero. Nunca recibieron respuesta. La muchacha, embarazada, fue internada en el Hospital Militar, para recuperarse de heridas a bala. Krassnoff la sacó de allí para torturarla. Osvaldo Romo, antes de morir afirmó que Diana fue “ultimada por el capitán Krassnoff cuando ya no podía sacarle ninguna declaración. Cuando torturábamos a Diana Arón, fui brutalmente apartado de mi trabajo y empujado violentamente por mi capitán Krassnoff que, completamente fuera de sí, gritaba: ¡A mí no me vas a engañar y aunque tenga que matarte, me dirás la verdad, perra puta!, dirigiéndose a Diana. Krassnoff la agredió con tal brutalidad que le produjo una hemorragia… Lo que más me impactó fue que Krassnoff salió de la sala de torturas con las manos ensangrentadas gritando: Además de marxista, la concha de su madre es judía… Hay que matarla”, contó Romo.

Algunos ex agentes, como Juan Urbina Cáceres, ex funcionario de Investigaciones adscrito a la Dina, han ido incluso más lejos, sindicando a ciertos oficiales no sólo como autores de torturas, asesinatos y desapariciones. Urbina declaró ante la justicia: “Yo me daba cuenta que la principal preocupación de los jefes de los grupos operativos, tales como Krassnoff y Moren Brito, no era desarticular al MIR ni emprender acciones patrióticas para salvar a los chilenos, sino que obtener utilidades de los operativos, apropiándose de las remesas que en dólares recibía la gente del MIR del extranjero, que sumaban grandes cantidades”.

Krassnoff y sus defensores, por su parte, han negado todo durante más de veinte años. Hoy, en cambio, parecen dispuestos a endosar las responsabilidades de sus crímenes a quienes fueron sus superiores militares. En una carta enviada a los asistentes al homenaje que se le rindió en el Club Providencia, el brigadier en retiro afirmó: “No me han llevado las autoridades a la cárcel sino a un verdadero campo de prisioneros políticos. Allí enfrento un encierro inexplicable, junto a un determinado número de soldados, los cuales -a la época de los hechos que constituyen las espurias acusaciones de inexistentes presunto ilícitos- éramos jóvenes uniformados subalternos, últimos eslabones de una larga y compleja cadena de mandos (…) Mis subalternos, mis camaradas y yo, que enfrentamos por ello gravísimas consecuencias personales -al igual que nuestras inocentes familias- actuamos en los sucesos de 1973 y años inmediatamente posteriores conforme a órdenes, instrucciones, organización, métodos y preparación que nos habían sido concedidas e inculcadas por el propio Estado y sus autoridades políticas nacionales”.

“Sólo fui analista”

Las versiones entregadas a la justicia por Miguel Krassnoff Martchenko resultan sorprendentes, por decir lo menos. En una de ellas, emitida el 9 de junio de 1992, aseguró que en abril o mayo de 1974 fue destinado, siendo teniente de ejército, a la DINA, como analista para estudiar y analizar documentación subversiva, lo que hacía en el cuartel general. Afirmó que por ello no le correspondía participar directamente en detenciones u operativos. Trabajaba bajo las órdenes del coronel Manuel Contreras. Durante los tres años que se desempeñó como analista fue unas cinco veces a Villa Grimaldi a retirar documentación de trabajo, la estudiaba unos tres o cuatro días y su análisis lo entregaba a Contreras. Insistió en que nunca participó en interrogatorios en Villa Grimaldi y jamás tuvo contacto directo con alguna persona que estuviese allí detenida.

En dichos del 31 de mayo de 1994, señaló que en algunas oportunidades estuvo en el recinto de Londres 38, afirmando ignorar quién era el jefe, ni recordar haber visto allí a Moren Brito. Insistió en que nunca interrogó detenidos y algunas veces conversó con ellos en su condición de analista. Reiteró que Villa Grimaldi no era un lugar secreto ni tampoco un lugar de exterminio de personas. Tampoco es efectivo que saliera de Villa Grimaldi en camioneta para regresar con personas detenidas. Sólo participó, como analista, en dos o tres enfrentamientos: cuando fue asesinado el sargento Tulio Pereira, o cuando cayó Miguel Enríquez. En careo con Rodolfo Concha Rodríguez reconoció que es posible que éste, que era su chofer, algunas veces hubiera trasladado a su señora a hacer compras y que algunos fines de semana se llevara el vehículo a su casa. En careo con Pedro Espinoza, frente a las aseveraciones de éste, en el sentido que Krassnoff no era analista y que, en cambio, tenía responsabilidad de aprehender personas y llevarlas detenidas a Villa Grimaldi y responder por esos detenidos, expresó que está “confundido”. En careo con Marcia Merino Vega la reconoció como una informante y dijo que le sorprendía que ella dijera que él torturaba y ordenaba torturar.

El 9 de septiembre de 1995, en tanto, afirmó que no integró un grupo con Romo, Moren Brito y Basclay Zapata. Dijo no saber quién era el jefe en Villa Grimaldi. Añadió que “en determinadas oportunidades tomé contacto con algunas personas que se encontraban detenidas en tránsito en dicho recinto, para aclarar algunas materias relacionadas con documentación subversiva”. No tiene conocimiento que la Dina estuviera formada por grupos de funcionarios con nombres de pájaros u otras denominaciones. Insistió en que nunca trabajó con Marcelo Moren y que dependía directamente de Manuel Contreras, quien jamás le dio orden de detener, torturar o hacer desaparecer personas y no sabe si Contreras impartió órdenes de esa naturaleza a otros funcionarios.


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