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Cristián Arturo Gantes Young

Vicealmirante de la Armada

En marzo de 2009, una querella criminal fue presentada contra Gantes Young, ya que se ha establecido su presencia en el buque Escuela Esmeralda durante las torturas y posterior muerte del sacerdote chileno británico Michael Woodward y en las contradicciones en las que habría entrado Gantes Young en sus declaraciones.

La participación de Cristián Gantes Young en estos hechos han influenciado en su paso a retiro y el no haber logrado llegar a comandante en jefe de la Armada

Fuentes: El Mostrador, La Nación, Archivo Memoriaviva


Lunes 23 de marzo de 2009    El Mostrador

Presentan querella y piden procesar al segundo hombre de la Armada por torturas en La Esmeralda

Una querella criminal por una causa de derechos humanos fue presentada la semana pasada en contra del segundo hombre de la Armada, el vicealmirante Cristián Gantes Young, en la causa que tramita la ministra Eliana Quezada de la Corte de Apelaciones de Valparaíso por las torturas cometidas en el Buque Escuela Esmeralda, donde murió el sacerdote Miguel Woodward.

El libelo fue presentado por la abogada Daniela Marzi, la que también incluye al actual procurador fiscal del Consejo de Defensa del Estado (CDE) de la Quinta Región, Enrique Vicente, quien al momento del Golpe Militar ofició como fiscal de esa rama de las Fuerzas Armadas.

De acuerdo a fuentes allegadas al caso, la querella se funda en las contradicciones en las que habría entrado Gantes Young, un experto en electrónica que está a punto de pasar a retiro.

La acción legal podría empañar la administración del comandante en jefe Rodolfo Codina, quien ha mantenido buenas relaciones con el gobierno, dando señales positivas respecto al tema de violaciones de Derechos Humanos, entre otras, la visita hecha por los detenidos después del golpe a la base de Isla Dawson, donde estuvo el actual ministro de Obras Públicas, Sergio Bitar (PPD). Se suma además la entrega al proceso de la bitácora de La Esmeralda, la cual estuvo “perdida” por más de tres décadas.

Según se indicó, Gantes habría declarado que el mismo 11 de septiembre, siendo teniente, habría sido trasladado desde la Esmeralda a otro buque y luego a la isla Juan Fernández, versión que para los querellantes no es verosímil, debido a la poca antigüedad que tenía por esos años.

El año pasado Gantes fue citado a declarar en calidad de inculpado por la magistrada, para determinar si estuvo en la Esmeralda al momento en que Woodward falleció.

La primera pista con que contó la jueza fue una carta anónima enviada, con copias a La Moneda, al Senado y al tribunal porteño, según consigna una nota publicada el año pasado por el diario La Nación. El contenido de la misiva relataba con detalles quienes fueron los oficiales que estuvieron en el buque escuela por esa fecha, donde se incluye a Gantes.

En su testimonio, Gantes señala que estuvo en la Esmeralda justo hasta el 11 de septiembre, momento en el cual salió su destinación al destructor Blanco Encalada.

“En mi caso fui transbordado al destructor Blanco Encalada (…). Desde ese momento me desentendí por completo del curso de instrucción del buque escuela Esmeralda”, declaró Gantes.

Este último, en 1973 estaba en pleno curso de guardiamarinas, a cargo de Fernando Espinoza Simonetti y había regresado recién desde un viaje a Europa.

Según Gantes “el día 12 de septiembre de 1973 debí dirigirme vía aérea hasta la señalada ciudad (Talcahuano), donde abordo dicha nave (el Blanco Encalada) y me integro a su dotación alrededor del mediodía”.

Posteriormente, sigue su declaración, el buque de guerra regresó a Valparaíso el 17 de septiembre y cinco días más tarde enrumbó a la isla Juan Fernández.

Otros procesados

Actualmente se hallan procesados por la muerte de Woodward, en calidad de autores de secuestro calificado, el capitán de navío Ricardo Riesco Cornejo, entonces a cargo de los interrogadores de la Marina y Carabineros en la Esmeralda y en la Academia de Guerra. Le siguen Juan Mackay quien llegaría al almirantazgo años más tarde, los vicealmirante Sergio Barra von Kretschmann, quien ocupó el cargo de subdirector de la DINA; Gullermo Aldone y yAdolfo Walbaum Wieber, comandante de la Primera Zona Naval y el entonces teniente primero de Sanidad Carlos Costa Canessa. Este último aparece procesado en calidad de encubridor, ya que fue quien firmó el acta de defunción de Woodward.

En el documento, Costa escribió que el sacerdote falleció por un paro cardíaco en la calle. Sin embargo, jamás vio el cuerpo para certificar su decisión.


La Nación, 31 de mayo 2008

El sacerdote Woodward murió oficialmente a bordo de la Esmeralda

Así lo establece la bitácora del buque escuela
La investigación de la jueza Eliana Quezada revela detalles respecto al caso del sacerdote, torturado hasta morir en dependencias de la Marina. Los documentos señalan que fue sacado del buque escuela a las 12:30 del 22 de septiembre de 1973, media hora después de su fallecimiento.

El último respiro de Miguel Woodward habría sido arriba de la Esmeralda y no camino al Hospital Naval, como aseguran los marinos que han testificado en el caso por la muerte del sacerdote anglo-chileno. Probablemente no querían que fuera un hombre de la Iglesia la primera y única víctima mortal a bordo de la “Dama Blanca”. Pero el dato que así lo ratifica es la investigación judicial, realizada a partir de la propia bitácora del buque escuela.

A 34 años de la muerte del religioso, las pesquisas lograron establecer que Woodward fue sacado del buque el 22 de septiembre a las 12:30 del día. Si a este dato se suma que el certificado de defunción señala que el deceso se produjo exactamente al mediodía, es lógico concluir que el religioso murió antes de llegar a tierra.

En 2006, y luego de que la Armada le entregara una fotocopia de la bitácora de la Esmeralda, la ministra de la Corte de Apelaciones de Valparaíso, Eliana Quezada, a cargo de la investigación, citó a declarar a los dos guardiamarinas que dejaron inscrita la entrada y salida de Woodward desde el buque escuela. Se trata de los oficiales en retiro Thomas Ilich y Humberto Toro Santa María.

Consultados por la jueza respecto de si conocían el motivo de la citación, ambos respondieron afirmativamente, según dijeron, porque ya habían sido entrevistados sobre el tema por el entonces auditor general de la Armada, el contraalmirante José Antonio Galván Bernabeu, quien se acogió a retiro en diciembre de 2006. Hace dos semanas, y citado a declarar por este motivo, Galván tuvo que dar explicaciones en los tribunales sobre las diligencias realizadas.

Hace alrededor de un mes, el senador UDI Jorge Arancibia señaló mediante una carta que la investigación de la ministra era “oscura” y defendió a los procesados por el caso. Pero, pese a sus dichos que recibieron el apoyo de la bancada gremialista y le costaron una funa en el Congreso , prácticamente no quedan dudas de los aspectos fundamentales del caso Woodward. Incluso los propios procesados, en sus confesiones judiciales, echan por tierra la versión de Arancibia, como lo publicó LND hace dos semanas.

Hoy, las pesquisas buscan aclarar la única arista del caso que no está totalmente despejada: quiénes y a qué hora detuvieron al sacerdote. Sólo se sabe que fue en la noche, probablemente el 20 de septiembre, en su casa del cerro Los Placeres, y que desde allí fue llevado a la Academia de Guerra, en Playa Ancha, donde sufrió torturas. En este lugar habría permanecido por lo menos tres días.

TESTIMONIO CLAVE

El vicealmirante Cristián Gantes Young
El principal testimonio de la causa, y que confirma los apremios que recibió Woodward en ese lugar, fue el capitán (R) de Carabineros Nelson López Cofré, quien fue miembro del equipo que interrogó al religioso. Según declaró López a la justicia, Woodward fue amarrado a una silla, golpeado e interrogado durante cerca de una hora por un grupo de 10 personas, entre las que se encontraban funcionarios de la Armada y Carabineros. En su declaración, el ex policía nombró a los procesados Juan Mackay Barriga y Ricardo Riesco Cornejo, ambos marinos, y a cinco carabineros, entre ellos el sargento (R) Jorge Leiva Cordero. El policía también dijo que el equipo de torturadores había utilizado una máquina que producía corriente y, si bien aseguró que no había participado en los apremios ilegítimos más allá de uno que otro golpe, detalló minuciosamente el tipo de cable y la caja de madera utilizados, así como las secciones del cuerpo del detenido donde “los otros” ponían la corriente.

Otra declaración judicial en este caso de María Elena Gálvez Valdenegro, detenida en ese mismo recinto a partir del 18 de septiembre de 1973 da luces sobre el estado en que se hallaba Woodward en su paso por la Academia de Guerra. Gálvez dice que vio en el frontis del edificio a un hombre que los custodios identificaban como un “cura revolucionario que adiestraba universitarios en los cerros”. Según su testimonio, se trataba de un hombre alto, de contextura delgada, que tenía la vista vendada, las manos atadas detrás de la espalda y estaba de pie y descalzo sobre una baldosa. Cuando perdía el equilibrio, sus carceleros lo hacían volver a su posición original a punta de violentos culatazos.

LOS ÚLTIMOS MOMENTOS

Tampoco está claro aún el motivo por el cual Woodward fue sacado de la Academia de Guerra y llevado, en pésimas condiciones físicas, a la Esmeralda, que estaba atracada en el molo de abrigo. Cuando la camioneta que lo transportaba llegó a ese lugar, de ella bajaron dos hombres vestidos con traje azul de mezclilla, encargados de su custodia. Ahí, según declaraciones del proceso, se produjo una fuerte discusión entre el comandante del buque escuela, el capitán de navío (R) Jorge Sabugo Silva, y su segundo en el mando, Eduardo Barison Roberts. Mientras este último insistía en que Woodward no debía subir al buque escuela, debido al pésimo estado en que se encontraba y a las heridas que lo hacían sangrar profusamente, Sabugo, quien hoy está muerto, señalaba lo contrario. Finalmente, el comandante del buque impuso su jerarquía y el sacerdote fue subido a bordo.

En el proceso, sin embargo, se responsabiliza de la decisión al entonces jefe de Estado Mayor de la Primera Zona Naval, Guillermo Aldoney Hansen. Éste declaró que había recibido un llamado de Sabugo solicitándole aprobación para embarcar al detenido, y que le ordenó proceder debido a que el comandante del buque le aseguró que Woodward padecía una pulmonía.

En su declaración judicial, Barison confirma las malas condiciones en que llegó el sacerdote. Y su testimonio es refrendado por la declaración de otro detenido durante esos días en el buque escuela, Jorge Basaude Sagredo. Según este último, cuando llegó prisionero al molo de abrigo, antes de que lo subieran a la nave, vio en dicho lugar a un hombre que, luego supo, era un sacerdote que trabajaba en el sector del cerro Los Placeres. El detenido, relata, estaba casi inconsciente, aunque logró exhalar un quejido agónico, y los dedos de sus manos estaban quebrados y de un color negruzco.

El entonces marinero primero Lorenzo Felipe Rivas añade en el proceso que vio a tres o cuatro personas ajenas a la Esmeralda trasladar el cadáver de una persona, de cerca de 35 años, con una herida en la frente. Y señala que luego se enteró que se trataba de un sacerdote.

Ahora los esfuerzos de la jueza Eliana Quezada están centrados en reconstruir los momentos que precedieron a la detención del sacerdote: dónde y a qué hora fue detenido, y también si fue llevado a otro sitio antes de la Academia de Guerra. Esos hallazgos no sólo podrían dar lugar a nuevos procesamientos. También permitirían cerrar uno de los casos más controvertidos de la dictadura.

La declaración del tercer hombre de la Armada

El momento exacto de la muerte de Miguel Woodward no es la única novedad en la causa que sustancia la ministra Eliana Quezada. En abril de este año, la tercera antigüedad de la Armada, el vicealmirante Cristián Gantes Young, fue citado a declarar en la causa, debido a antecedentes que indican que él habría estado a bordo de la Esmeralda en los días en que murió Woodward. La pista principal fue una carta anónima que, a mediados de 2007, llegó simultáneamente a La Moneda, al Senado y al tribunal porteño. La misiva detalla, con un extremo grado de conocimiento, los nombres de cada uno de los altos oficiales que habrían permanecido en el buque escuela después del golpe de Estado. De todos ellos, sin duda el nombre más revelador es el de Gantes, actual director de Servicios de la Armada y el único de todos los oficiales mencionados que permanece en servicio activo.

En su declaración ante la jueza Quezada, Gantes señala que permaneció en la Esmeralda justo hasta el 11 de septiembre, día en que se dio a conocer una resolución en la cual se transbordaba personal guardiamarina del buque escuela. “En mi caso fui transbordado al destructor Blanco Encalada (…). Desde ese momento me desentendí por completo del curso de instrucción del buque escuela Esmeralda”.

Por ese entonces, Gantes estaba en pleno curso –bajo el mando del instructor de guardiamarinas Fernando Espinoza Simonetti–, y el 10 de septiembre, junto a una extensa dotación de oficiales, había llegado de vuelta del viaje anual por Europa. La Esmeralda partió a Talcahuano esa misma noche, pero se devolvió para estar el día del golpe absolutamente operativa en el molo de Valparaíso.

La declaración de Gantes también señala que para alcanzar al Blanco Encalada, recalado en Talcahuano, “el día 12 de septiembre de 1973 debí dirigirme vía aérea hasta la señalada ciudad, donde abordo dicha nave y me integro a su dotación alrededor del mediodía”. Más adelante, el vicealmirante relata que, una vez a bordo del Blanco Encalada, el buque se dirigió a Valparaíso, donde llegó el 17 de septiembre, para zarpar al día siguiente a la isla Juan Fernández, desde donde volvió el 22.

LND solicitó a la Dirección de Relaciones Públicas de la Armada la hoja de vida y la orden de trasbordo de Gantes, pero no hubo respuesta formal a este requerimiento.

El martes, el Programa de Derechos Humanos del Ministerio del Interior, una de las partes querellantes en el caso, solicitó a la jueza que llame a declarar al instructor de Gantes, Fernando Espinoza Simonetti, y a otros tripulantes del buque escuela.

Los procesados

En abril de este año, la ministra Eliana Quezada procesó a seis oficiales (R) de la Armada, en una resolución que, esencialmente, responde a la estructura jerárquica de la época. Cinco están encausados como autores de secuestro calificado:

• El capitán de navío Ricardo Riesco Cornejo, quien habría sido uno de los jefes de los equipos de interrogadores –compuesto por infantes de Marina y carabineros– tanto en la Esmeralda como en la Academia de Guerra. A la cabeza del grupo se encontraba el fallecido Jorge Román. Según la declaración de Riesco, en los interrogatorios se aplicaba corriente para que los detenidos entregaran información.

• Por sobre Riesco en la cadena de mando estaba Juan Mackay Barriga, quien era el jefe operativo, supervisaba interrogatorios y, además, rendía cuentas directamente al Servicio de Inteligencia de la Comandancia del Área Jurisdiccional de Seguridad Interior (SICAJSI).

• Por sobre Mackay se encontraba el vicealmirante Sergio Barra von Kretschmann, jefe del SICAJSI. Barra se desempeñó más tarde en el Comando Conjunto y después llegó incluso a ser subdirector de la DINA.

• Siguiendo la cadena de mando, el jefe de Estado Mayor de la Primera Zona Naval era el vicealmirante Guillermo Aldoney Hansen, encargado de dictar las normas a seguir al SICAJSI. Su superior y máxima jerarquía de la época era el vicealmirante Adolfo Walbaum Wieber, comandante de la Primera Zona Naval.

• El único procesado como encubridor es el entonces teniente primero de Sanidad Carlos Costa Canessa, quien firmó el certificado de defunción de Woodward –donde señala que murió por un paro cardiorrespiratorio en la vía pública–, sin ver jamás el cuerpo del sacerdote.


Generacion80.cl, 25 de marzo 2009

 El número dos de la marina chilena debe pasar a retiro según familiares de detenidos desaparecidos
VICEALMIRANTE DE LA ARMADA CRISTIÁN GANTES ENFRENTA QUERELLA POR TORTURAS EN LA ESMERALDA

La querella criminal por causas de derechos humanos presentada la semana pasada en contra del segundo hombre de la Armada, el vicealmirante Cristián Gantes Young, por las torturas cometidas en el Buque Escuela Esmeralda, donde murió el sacerdote Miguel Woodward, es para la dirigenta de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos (AFDD) Mireya García "un gran aporte para la causa de la justicia en casos de violaciones a los derechos humanos".

"La presentación de la querella sirve para que los violadores de derechos humanos nunca sientan que la justicia no les va a llegar, porque es una responsabilidad social el que en este país haya justicia por las violaciones a los DD.HH.", afirmó.

Garcia le restó importancia al hecho que Gantes aún se encuentre en servicio activo, ya que a su juicio "son muchos los que están servicio, porque aún no les ha llegado la mano de la justicia. Hay toda una generación que participó en las violaciones a los derechos humanos que ha logrado mantenerse incólume y libre de toda responsabilidad, pero en algún momento les va a llegar la hora de la justicia".

En cuanto a las repercusiones que el libelo presentado por la abogada Daniela Marzi pueda tener al interior de la Armada, la dirigente de AFDD señaló que "sin duda, la postura de ellos será la misma de siempre: una postura de justificación y de que no son responsable, en definitiva me imagino escuchando lo que he escuchado siempre, sin asumir una responsabilidad social en los hechos".

En esta línea, agregó finalmente que la Armada "debería llamar a retiro a Gantes, pero no lo harán, porque con eso sentirían que dejan de lado a uno de sus hombres y que no lo están cubriendo, dando la seguridad que le han dado durante todos estos años a los violadores de los derechos humanos". Añadió que "correspondería que lo hicieran desde el punto de vista moral, pero lo veo muy difícil. Además independiente de la posición que él ocupe (activo o en retiro) lo importante es que un grupo lo identifica como violador a los derechos humanos

 

 

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