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Alfonso Faundez Norambuena

Teniente Coronel de Ejército

Curso en la Escuela de las Américas en enero de 1969

Jefe de la Sección II (de Inteligencia) de la Escuela de Infantería de San Bernardo

Jefe de la Brigada Purén

Alias: Don Pedro

C.I.: 5.454.077-1

El 11 de septiembre se desempeñaba como  jefe de la Sección II (de Inteligencia) de la Escuela de Infantería de San Bernardo participando en las ejecuciones y desapariciones de 11 trabajadores de la Maestranza Central de San Bernardo asesinados en el Cerro Chena el 6 de octubre de 1973. Continuó su labor en la DINA, dirigiendo la Brigada Purén llego a ser jefe de Villa Grimaldi. Siempre se destaco por su crueldad para con las víctimas.

Posteriormente continúo sus labores represivas en la CNI.

Tras el fin de la dictadura se radicó en Talca, donde tiene una empresa que provee de forraje y granos al Ejército.

Fuentes de Información: El Siglo Digital, El Mostrador, Archivo Memoriaviva


Miércoles 27 de Marzo, El Mostrador
Cerro Chena: Jueza Flores dictó primeros procesamientos
La jueza Cecilia Flores Sanhueza, quien investiga casos de violaciones a los derechos humanos ocurridos al interior del Cerro Chena, San Bernardo, dictó ayer en la tarde los primeros autos de procesamiento producto de su labor como jueza de dedicación exclusiva en casos de detenidos desaparecidos.
Flores, titular del Primer Juzgado de Letras de San Bernardo, encausó, por los delitos de asociación ilícita y secuestro, a un total de 10 personas. Cuatro son oficiales en retiro de la Escuela de Infantería del cerro Chena: Magaña Bau, Alfonso Faúndez, Víctor Pinto y Sergio Rodríguez. Un quinto, Sergio Ávila Quiroga, fue funcionario de la Sexta Comisaría de Carabineros de San Bernardo.
Los otros cinco corresponden a ex miembros del Comando Conjunto, la mayoría de los cuales ya se encuentran procesados por el juez del 25 ° Juzgado del Crimen de Santiago, Carlos Hasbún. Se trata de Otto Trujillo, Manuel Muñoz Gamboa, Eduardo Cartagena Maldonado, César Palma Riquelme y Fernando Zúñiga Canales.
Los procesamientos dictados por la jueza Flores –informados por el diario La Hora- corresponden a la investigación que lleva por la desaparición del joven militante comunista David Edison Urrutia Galaz. También, por el secuestro del dirigente sindical
Manuel Ahumada Lillo y el hijo del gobernador de San Bernardo en la época, Fernando Ávila Alarcón


La Nación, 16 de Febrero de 2008

El conscripto comunista de Infantería

Camilo Balbontín tenía 18 años cuando entró a la Escuela de Infantería de San Bernardo. Recuerda quiénes eran los oficiales más crueles. Después que le liberaron, le obligaron a entrar a la DINA, pero él se negó.

En enero de 1973 se fue a cumplir con el servicio militar obligatorio a la Escuela de Infantería de San Bernardo. Su decisión fue, en parte, porque le gustaba la cuestión militar. Pero también porque su familia lo empujó para que me olvidara de la cuestión del comunismo, recuerda después de casi 35 años.

Pero al cabo de unos meses sintió el rigor. Mientras hacía guardia, un día lo arrestaron. Le tajearon las manos con un corvo, le arrancaron las uñas de una mano, le quemaron los brazos con cigarrillo, y le amarraron a un catre metálico sin colchón, donde dormía. Por las noches, a veces lo despertaban con un balde de agua y lo sacaban a trotar. Para que nunca se olvidara de que era un comunista traidor, y siempre recordara que Allende era un hijo de puta.

Camilo Balbontín es un nombre supuesto. Dice que en los procesos Paine y Cerro Chena todavía rondan las amenazas de los criminales de entonces. Por eso se cuida y entrega su testimonio con esa chapa. Vivió el horror después del golpe militar en esa escuela y en el campo de prisioneros de Cerro Chena, el Cuartel Dos de ese regimiento.

Tenía 18 años, un fusil que después le quitaron, y las ideas firmes que le acompañaron en el martirio. Militante de las Juventudes Comunistas y dirigente de la educación secundaria, se codeaba con Gladys Marín en las reuniones de partido. La Pasionaria chilena, bastante más lozana que la española Dolores Ibárruri, le alentaba a seguir adelante por la senda proletaria.

Cuando se vistió de conscripto congeló su militancia en acuerdo con su estructura política. Éramos varios los militantes de la Jota que ese año entramos a la Escuela de Infantería. No queríamos infiltrar a nadie, sólo cumplir con el deber de la patria, pero alguien nos denunció, dijo a LND frente a su esposa, que sigue cada palabra suya, transportándola a esos tiempos difíciles.

UN ENCUENTRO

El día que por contactos familiares con la oficialidad de Carabineros le dejaron libre, y cuando todavía sus heridas de la tortura no sanaban bien, le llamó el capitán Alfonso Faúndez Norambuena.

Mira, huevón, no moriste porque te salvaron los pacos, pero ahora tenís que trabajar pa nosotros en la DINA, le rugió amenazante.

Camilo se negó y le contestó: Quisiera que un día nos encontremos en la calle, los dos de civil y frente a frente.

Ya se sentía salvado, pero además era terco. Pasó el tiempo y el encuentro se produjo. Hace unos diez años lo encontré en uno de esos pasajes medio siniestros que hay en la calle Zenteno y le dije de todo. No sé si todavía estaba en el Ejército, pero Faúndez andaba de civil, cuenta con orgullo.

Faúndez era el jefe de la Sección II (de Inteligencia) de la Escuela de Infantería y se movía entre ésta y el campo de Cerro Chena, poco distantes una del otro. Era uno de los más temidos por los prisioneros. Su yunta era el capitán Víctor Pinto Pérez, a quien se le identifica en los crímenes de Paine y Cerro Chena como el subteniente Andrés Magaña.

Mataron a mucha gente en Cerro Chena, y después escondieron sus cuerpos en una mina de cal por ahí cerca. Yo conviví con los prisioneros, amarrados de pies y manos todo el día, tirados en el suelo, recuerda.

Por momentos pareciera que va a explotar en lágrimas mirando sus manos marcadas por el filo del corvo, pero sigue hablando con entereza.

RECUERDOS ARDIENTES

Recuerda al teniente Juan Carlos Salgado Brocal. Él, después, llegó a general y fue a mentir a la Mesa de Diálogo el año 2000, porque era comandante de una compañía de fusileros en Cerro Chena y sabía todo lo que pasó con los detenidos que desaparecieron desde ahí, afirma con un dejo despectivo.

A los actuales generales en servicio activo Guillermo Castro, Cristián Le Dantec, Eduardo Aldunate y Julio Baeza los ubica llegando a la Escuela de Infantería en agosto de 1973, recién egresados como subtenientes desde la Escuela Militar.

Ellos estuvieron también en Cerro Chena, pero no puedo decir si cometieron actos que violaron los derechos humanos. Tampoco sé si alguno de ellos acompañó a Magaña en los operativos. Lo que sí está claro es que a Magaña lo acompañaron otros oficiales menos antiguos que él, porque operaciones tan delicadas como matar prisioneros, en el Ejército no las comanda un solo oficial que todavía era un subteniente, reflexiona.

Pero los más crueles que recuerdo, además de Faúndez, eran los oficiales Julio Cerda Carrasco y Juan Carlos Nielsen Stambuck (ambos en retiro), afirma aportando los nombres completos.

Ambos alcanzaron el alto mando del Ejército, y Cerda, ex agente DINA y CNI y ex jefe del Batallón de Inteligencia del Ejército, está procesado como coautor del asesinato de cinco militantes del FPMR en septiembre de 1987.

Faúndez, alias Don Pedro, llegó después a jefe de la Brigada Purén en la DINA y en su contra pesan dos procesamientos. Revisada una lista de oficiales adscritos a la Escuela de Infantería de San Bernardo a septiembre-octubre de 1973 que existe en el proceso Paine, surgen sorpresas. No pocos pasaron a la DINA y luego siguieron carrera en la CNI. Y varios llegaron a integrar el cuerpo de generales del Ejército.

Camilo levanta un dedo en señal de que quiere agregar algo. Se trata de unas visitas ilustres que conocí en Cerro Chena, comenta sonriente. Nada menos que los ases de la Caravana de la Muerte, el general Sergio Arellano, el brigadier Pedro Espinoza y el teniente Fernández Larios, que también servía en la Escuela de Infantería.

Llegaron un día que estaba de guardia, antes de mi detención, debió ser noviembre de 1973. Se metieron donde estaban los prisioneros. Después de su visita se intensificó la tortura y asesinatos. No sé si habrá sido el último episodio de la Caravana de la Muerte, afirma quien fuera conscripto hace 35 años. Hoy ya no milita en el PC.

 

 

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