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Miguel Arturo Estay Reyno

Agente Comando Conjunto

Alias: "El Fanta"; "Samuel"

 

C.I. 6.444.545-7

 

Miguel Estay Reyno, civil, ex-militante del partido comunista que se transformo en torturador y asesino; agente del Comando Conjunto. Fue detenido el 20 de diciembre de 1992 al arribar a Chile expulsado desde Paraguay.

Miguel Estay Reyno participo en el secuestro y degollamiento en 1985 de Manuel Guerrero, José Manuel Parada y Santiago Nattino. En la referida causa, Miguel Estay Reyno tenía encargatorias de reo, por ser autor del delito de ilegítima privación de libertad del arquitecto Ramón Arriagada Escalante, en febrero de 1985; por ser co-autor del delito de secuestro de un grupo de profesores de la AGECH en marzo de 1985; y por ser presunto autor de los delitos de secuestro y homicidio de José Manuel Parada, Manuel Guerrero y Santiago Nattino. Por otra parte, en el 5° Juzgado del Crimen de Santiago, estaba encargado reo en una causa por usurpación de persona y por presunta falsificación de instrumento público.

En octubre de 1995 la Corte Suprema confirmó la condena a cadena perpetua  más una pena de cinco años y un día y dos de 541 días de prisión.

 

Fuentes de Informacion: La Nación; El mercurio; Revista Que Pasa; Revista Punto Final; Memoriaviva


El País

28 de octubre de 1995

Chile dicta 5 cadenas perpetuas por los comunistas degollados en 1985

Un civil y 15 carabineros, procesados por los tres asesinatos

Culpables del asesinato de tres dirigentes comunistas durante la dictadura militar, degollados con un cuchillo corvo para espantar, cuatro ex carabineros y un soplón civil fueron condenados a cadena perpetua por la Corte Suprema chilena. La Sala Penal mantuvo ayer las penas impuestas en primera instancia al paisano y otros quince ex oficiales o suboficiales del instituto armado, salvo en el caso del ex capitán Patricio Zamora, cuyo castigo a cadena perpetua quedó reducido a 15 años. Terminó así un proceso de más de una década, el más impresionante por la vileza de los homicidas.

Fueron condenados a perpetua Guillermo González, ex coronel de Carabineros, Miguel Estay Reyno, El Fanta, comunista devenido en colaborador de la policía secreta, y los ex-suboficiales José Fuentes-Castro, Alejandro Saez Mardones, y Claudio Salazar Los demás reos fueron sancionados con penas que oscilan entre los cinco años y 41 días de privación de libertad. Los cinco magistrados de la Corte Suprema rechazaron por unanimidad todos los recursos de casación de fondo y forma interpuestos por la defensa en un proceso que enfrentó al Gobierno con el director de Carabineros, general Rodolfo Stange, y recientemente precipitó su abandono.En marzo de 1985, con Chile en estado de sitio, José Manuel Parada, militante comunista, trabajaba como jefe de Departamento de Análisis de la Vicaría de la Solidaridad. Su amigo Manuel Guerrero era profesor del Colegio Latinoamericano, y la tercera víctima, Santiago Nattino, publicista. La policía secreta sospechaba que también se ocupaban de investigar la estructura del Comando Conjunto, organismo de la represión integrado por miembros de las Fuerzas Armadas y de Orden Público. Decidido su secuestro, los tres activistas fueron encerrados en el maletero de un coche y conducidos a un descampado el 31 de ese mes. Saez asesiné a Guerrero, Fuentes acaba con Nattino y Claudio Salazar apuñala a José Manuel Parada. Aterrado, no puede ultimarle. Con un cuchillada en el abdomen, Parada grita de dolor. Un tercero baja del coche y le degüella.

Cinco años después, el 10 de mayo de 1990, llegó la venganza. En un atentado atribuido al Frente Patriótico Manuel Rodríguez, caía asesinado en el centro de Santiago el coronel Luis Fontame, principal organizador de la operación. En las conclusiones de primera instancia, el juez Miltón Juica se refirió a los ataques a cuarteles y personal de carabineros registrados el año del triple crimen pero subrayando siempre la perversa naturaleza de los métodos utilizados en su combate, la alarma y horror causados cuando los servidores de la dictadura (1973-90) no respetaron los principios mínimos de humanidad.

El fallo del "caso degollados" era el más esperado después de la condena de siete años dictada el 30 de mayo contra el general retirado Manuel Contreras, jefe de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) durante los años de exaltación represora. Sus argucias médicas exasperaron a la mayoría de los chilenos pero no evitaron su ingreso en el presidio de Punta Peuco, donde come palmitos, se aplica en la lectura del pensamiento de Pinochet y cumple la pena impuesta con "gran tranquilidad y paz interior", según el arzobispo de Santiago.

Mientras, la sucesiva aplicación de la Ley de Amnistía de 1978 por el régimen castrense en beneficio propio ha sublevado a grupos de derechos humanos, familias y abogados querellantes. Desde mayo, se han sobreseído 24 procesos sobre personas desaparecidas o ejecutadas sumariamente.


Copesa - Tribunales - 1995

Degollados: cinco a cadena perpetua

La Segunda Sala en lo penal de la Corte Suprema confirmó casi en su totalidad el fallo emitido por la Cuarta Sala de la Corte de Apelaciones de Santiago, que condenó a los 16 implicados en el caso degollados.

Dicho fallo mantiene cinco de las seis condenas a presidio perpetuo de la segunda instancia, y rechaza los recursos de casación, en la forma y en el fondo, interpuesta por los abogados de los inculpados.
La sentencia también rebaja a 15 años y un día de presidio la pena de presidio perpetuo que enfrentaba el ex oficial de Carabineros Patricio Zamora Rodríguez.

En cuanto a los restantes 10 condenados, inculpados en los homicidios de los profesionales comunistas Santiago Nattino, Manuel Guerrero y José Manuel Parada, se mantuvieron las mismas penas menores aplicadas en la sentencia emitida por la Cuarta Sala de la Corte de Apelaciones de Santiago.

Conforme a una revisión de los antecedentes, en el caso del ex oficial Zamora ponderó, al asistirle '"una apreciación menor en la presunción de cargo". Sin embargo, en contraposición a la rebaja del presidio perpetuo, a 15 años y un día de cárcel, se le mantuvieron las dos condenas de 541 días '"por asociación ilícita y lesiones en perjuicio del profesor Leopoldo Muñoz de la Parra".

En el caso de del ex coronel Guillermo González la condena sentenciada fue de presidio perpetuo, más dos penas de cinco años y un día, como autor de los delitos de secuestro, homicidio, robo con intimidación y asociación ilícita.
A Patricio Zamora Rodríguez, ex capitán, se le rebajó la pena de presidio perpetuo a 15 años y un día, más dos penas de 541 días, por asociación ilícita y autor de lesiones graves al profesor Leopoldo Muñoz.
El ex cabo primero Alejandro Sáez se le corroboró la condena a presidio perpetuo, más 541 días como autor de secuestro y homicidio, además de asociación ilícita.

En el caso del civil Miguel Estay Reyno '"El Fanta", el alto tribunal confirmó la sentencia a presidio perpetuo, más una pena de cinco años y un día y dos de 541 días, acusado de secuestro, homicidio, asociación ilícita, usurpación de nombre y uso malicioso de pasaporte falso.

José Fuentes Castro, ex sargento segundo, deberá cumplir presidio perpetuo, más una pena de 541 días, como autor de secuestro, homicidio y asociación ilícita.

Al ex cabo Claudio Salazar se le confirmó la pena de presidio perpetuo, más 541 días, como autor de asociación ilícita y secuestro.

La sentencia está contenida en más de 40 fojas y fue entregada pasadas las 18 horas de ayer por Eduardo Meneses, secretario de la Corte Suprema.


The Clinic

4 de Diciembre 2007

Miguel Estay, El Fanta: Las razones de un verdugo

Su apodo hace pensar en muerte, en brutalidad, pero sobre todo en  traición. Miguel Estay Reyno, alias “El Fanta”, condenado a cadena  perpetua por el Caso Degollados, forma parte de la zona más dolorosa y  delicada de las violaciones a los derechos humanos: la de los  militantes de izquierda que se volvieron perseguidores; la de los que  fueron torturados y terminaron torturando. Aquí trata de explicar por  qué hizo lo que hizo.

¿Cómo un hombre llega a delatar a sus amigos, a ser el verdugo de sus  compañeros? La pregunta ronda en la cabeza de Manuel Guerrero  Antequera como una gran obsesión. Su padre, Manuel Guerrero Cevallos  fue degollado junto a José Manuel Parada y Santiago Nattino, en 1984.  En el asesinato participó Miguel Estay Reyno, El Fanta, un hombre que  era amigo de la familia, un compañero de su padre en el Partido  Comunista. ¿Cómo pudo hacerlo?

Estay Reyno cumple cadena perpetua por ese crimen y lleva 12 años  preso. Las canas asoman en su pelo cortado al ras y las bolsas bajo  sus ojos delatan el paso de los años, pero se mantiene en forma a  punta de una intensa rutina de ejercicio y pichangas dos veces a la  semana con los que él llama la “Sub- 60” de los presos de Punta Peuco.

Habla pausado, sin grandes gestos. Y a pesar de que aborda capítulos  feroces de su vida, todo el tiempo se muestra tan racional como cuando  era parte de los escogidos del Partido Comunista para la secreta  actividad de inteligencia. Este hombre que parece tranquilo y cerebral  colaboró con el Comando Conjunto y la Dicomcar, presenció torturas,  entregó a sus compañeros y fue uno de los últimos rostro que vio  Manuel Guerrero padre, antes de ser asesinado.

-Tengo deseos de verlo a la cara, mirarlo a los ojos. No sé por qué  tengo la idea de que en sus ojos puedo ver aún algún destello de lo  que mi papá miró en ese momento. Creo que si nos encontramos, al verme  a mí ya adulto, Manuel Guerrero también, alcanzaré a ver algo en esos  ojos. Quiero que me cuente su verdad extrajudicial, su versión de los  hechos. Quiero tratar de entender lo inentendible, dice Guerrero hoy.

Estay sabe que más allá de las responsabilidades judiciales, tiene  pendiente una explicación moral de sus actos. Aquí ensaya una respuesta.

Mis compañeros o yo

Es diciembre de 1975 y Estay ha sido capturado y torturado por el  Comando Conjunto. Lo entregó René Basoa, su superior en el aparato de  inteligencia del Partido Comunista. Al poco tiempo cae también su  hermano Jaime, su cuñada Isabel Stange y su amigo Víctor Vega  Riquelme. Los detienen cuando acuden a una cita con Estay, que resulta  ser una trampa. Hoy sus parientes están vivos pero Víctor Vega  continúa desaparecido.

Para los que en esos años hacen frente a la dictadura está claro que  Estay ha empezado a formar parte de la cadena de delaciones y  traiciones; que le ha tendido una trampa incluso a su hermano. Lo  ponen en una lista negra.

Estay dice hoy no ser culpable de la detención de sus familiares ni de  la muerte de Vega y muestra un fallo de la jueza Graciela Gómez que lo  exculpa de esos hechos. Por el contrario, afirma haberle enviado a su  hermano un mensaje para que no fueran a ninguna cita con él. -¿Por qué mi hermano llega a un encuentro al que jamás debió haber  llegado?  No tengo ninguna explicación- dice recordando el episodio.

Luego agrega: -La situación de mi hermano es gatillante de todo lo que  pasa conmigo. Me obliga a tomar una decisión bajo una condición de  apremio inmensa. Se puede entender que haya colaborado para salvar a su hermano y  cuñada. Pero con el tiempo usted empezó a hacerlo con mucha convicción.

-Nadie es tocado por una varita mágica y se transforma de la noche a  la mañana. Es un proceso.

¿La elección fue :mis compañeros o yo?

-Sí. Y esa fue la concepción con la que trabajaron los servicios de  seguridad. Yo opté y la verdad es que he pagado con creces mi  decisión. No digo que haya sido una buena elección. Fue solamente la  elección posible, lo que es muy distinto. Y no sé si alguien puede  atreverse a juzgar tan duramente una elección por la vida.Si hubiera tomado una decisión distinta hoy sería un detenido  desaparecido más. No habría tenido la oportunidad de haber tenido a mi  familia y muy probablemente sería juzgado de una manera completamente  distinta. Pero hice una elección.

-En el camino me fui encontrando con otra gente, con otras ideas y las  empecé a asumir. La verdad es que como una parte importante de los  chilenos, yo creí en el sello que logró imponer el gobierno militar,  fundamentalmente en términos económicos. Y como además tenía cierto  grado de especialización en el área de inteligencia, se dio una  vinculación relativamente natural con gente de los servicios, por el  interés que podían tener en esos conocimientos. Debo reconocer que ya  en 1984 ó 1985, cuando me meto en esta sección (Dicomcar), yo tenía un  grado de afinidad importante con la visión del gobierno militar.

No parecen razones suficientes para participar en operaciones?

-Es mucho más complejo. La gente se moría- Lo que quiero decir es que  si hoy se examinara con verdadera justicia, a la luz de los convenios  internacionales contra la tortura, los elementos de presión que están  presentes en mi decisión, yo no podría ser juzgado. Por otra parte,  hacia fines de 1976, ya estaba en una lista negra del PC. Y eso  estableció un trazado de cancha bastante distinto para mí. Significaba  no sólo la imposibilidad de retornar a lo mismo, sino también una  postura personal que va alejándose cada vez más de lo anterior.

¿Pero cómo se fue al extremo contrario?

-Yo tenía una formación ideológica, un molde con el que me movía. Ese  molde, de alguna manera, se volvió una especie de necesidad. Y en las  condiciones en que me encontraba fue mucho más fácil cambiar a otro  modelo, que rechazar todos los modelos, porque eso deja muchas cosas  en el mundo sin explicación.

¿Su hermano entendió que él y su pareja están en el origen de lo que  usted hizo?

-Nunca quiso entender. Jaime sigue militando en el PC. Está en México,  con él no tengo mayor vinculación.

¿Tuvo oportunidad de explicárselo?

-No personalmente. Pero ahora, a través de una tercera persona, le  envié el fallo, bastante sustantivo.

¿Qué espera que pase?

No tengo intención de que él cambie su postura, pero sí sentar mi  verdad y con un fallo judicial.

Martirologio

A usted lo entregó su amigo y dirigente del PC, René Basoa.

-A mí me fue a buscar, acompañando a mis aprehensores, una persona que  lamento mucho que no esté viva. Pero no podría decir que él me entregó  voluntariamente. Estaría desconociendo el efecto de la tortura. Por  otra parte mi detención no fue el resultado de la información de una  persona. Hubo una sumatoria. Una de las cosas que aún se maneja con  mucha cautela es cuánta información aportaron los que desaparecieron o  los que fueron torturados y que después recuperaron la libertad. Creo  que muchos sobrevivientes no han sincerado sus propias actuaciones. En  la Comisión Valech, por ejemplo, se evidenció que la gente que no  entregó información es más bien escasa. Claro, no se les puede achacar  la misma responsabilidad que la que tiene alguien que lo hace  voluntariamente. Pero insisto, toda la gente de mis características y  mi generación que no estableció una forma de colaboración, hoy forma  parte de los detenidos desaparecidos.

¿Cómo vive después de haber entregado a mucha gente que desapareció?

- Dolorosamente. Yo he reconocido mi responsabilidad en la  identificación de una cantidad de militantes del PC? Uno intenta  justificarse. Eso siempre está presente. Y eso me lleva de nuevo a la  pregunta sustantiva: si todo ello justifica la necesidad de ser un  detenido desaparecido. Algunos pudieron hacer la opción voluntaria del  martiriologio.  Pero avalar o respaldar eso me parece éticamente dudoso.

Usted participó más tarde en la Dicomcar y en el degollamiento de  Santiago Nattino, José Manuel Parada y Manuel Guerrero. Nunca ha  pedido perdón respecto de esos asesinatos.

-En eso hay que ser cauteloso. Esto lo he conversado con el padre  Fernando Montes, que ha tenido la inmensa generosidad de acompañarme  muchas veces. Lo clave es cómo establecemos la forma en que pedimos  perdón. Para algunos, podría ser suficiente algo entre esa persona y  Dios. Quiero que me entienda que no existe una forma única de pedir  perdón. Por ejemplo, yo me acogí a la Ley de Arrepentimiento Eficaz,  la forma que estableció la justicia de poder colaborar con las causas,  algo tan sentido para los familiares de las víctimas. Eso fue muy  cuestionado en la época. Muchos vieron en esto una forma de  aprovechamiento. Y yo les garantizo que si de algo puedo estar  arrepentido es de haberme acogido a esa ley, porque me significó, por  votación popular de mis compañeros de causa, 6 años en Colina II y  aislamiento. Asumir la verdad - como la han asumido Carlos Herrera y  otros-, significa un verdadero problema. No es fácil, lo garantizo.

Manuel Guerrero

En el último tiempo Estay Reyno ha cultivado una insólita relación con  Nelson Caucoto y Héctor Salazar, dos de los abogados querellantes del  Caso Degollados. Ambos conducen el programa  “Hablando en voz alta”, en  radio Tierra y Estay los escucha y les envía sus comentarios.

-No es que todo el mundo en Punta Peuco sea del fans de Salazar y  Caucoto, dice el ex agente. Pero reconoce que ese programa los  mantiene al tanto de los juicios.

Fueron justamente Caucoto y Salazar quienes le comunicaron que Manuel  Guerrero Antequera quería conocerlo.

 ¿Cuál era su relación con Manuel Guerrero? Su hijo dice que estuvo en  su casa y jugó con él.

-Lo conocí en 1969, cuando ingresé a la Juventud Comunista. Tenía un  rango de dirección y yo era un militante más. Empecé a tener algunas  responsabilidades y lo veía diariamente en diversas actividades, pero  nunca tuvimos ese grado de cercanía. No recuerdo haber estado nunca en  su casa. Conocí a su señora perfectamente bien, pero insisto, no creo  que haya habido un grado de amistad. Sí de cercanía.

Manuel Guerrero hijo quiere conversar con usted.

-En agosto de 2006 recibí a través de una tercera persona, una  solicitud de Manuel Guerrero Antequera para visitarme acá. Entendiendo  que es una situación muy difícil para él y para mí, accedí  inmediatamente. Pero no se ha concretado la autorización. Se me ha  dicho que él todavía está pensando sobre esta alternativa. Tengo la  más absoluta disposición a recibirlo.

Seguramente le va a preguntar por qué mataron a su padre. ¿Como se  responde eso a un hijo?

-Es inmensamente difícil poder responder algo así? Espero poderle  responder algo que sea lo más cercano a la verdad y que él pueda, de  alguna manera, entenderlo. Pero la respuesta tengo que entregársela a  él.

La familia cree que una razón por la cuál Guerrero fue asesinado es un  relato que escribió en 1976 en donde lo identifica a usted como uno de  los hombres que lo torturó en su primer secuestro.

-No he leído el testimonio. Sí he encontrado una multitud de  testimonios de esas mismas características. Gente que ha pretendido  identificarme y que no correspondería con actuaciones mías.

¿Cómo justifica hoy ante los ojos de la sociedad esos asesinatos?

- Es imposible poder justificar ese tipo de cosas hoy. Nada ni nadie  puede justificar las muertes ocurridas.

¿Se refiere a todas las muertes?

- Absolutamente todas las muertes. No es por escudarse detrás de los más  grandes siendo el más chico del curso, pero a mí me han tocado 15 años  de cárcel, lo he perdido absolutamente todo y creo que hay muchas  responsabilidades que nunca han sido asumidas. Obviamente que esto no  empezó el 11 de septiembre de 1973 ni partió por el mal humor de algún  general que ese día tuvo la idea de tomarse el poder. Hubo muchas  cosas previas, una exacerbación de los ánimos, una sobreideologización  en todas partes.

Usted estuvo en la posición más extrema de ambos bandos.

- Sí. Soy como el personaje de “La Hora 25”: siempre eligiendo mal. Es  parte de las desacertadas decisiones que he tomado toda mi vida. Yo me  he equivocado casi siempre.

¿Qué ha sido lo peor?

- Indudablemente el tener participación en quitarle la vida a una  persona. En cualquier condición es una muy mala cosa.

Doce años junto a Romo

Dice que en estos 15 años lo ha perdido todo.

-Han sido años duros, difíciles. Lo más duro ha sido la lejanía con mi  familia.

¿Su quiebre matrimonial fue posterior a la condena?

-Sí, claro. Queda bastante claro que es parte de todo esto.

¿Quiénes son sus cercanos aquí en Punta Peuco?

-Tengo una cercanía muy grande con el suboficial de carabineros  Armando Cabrera. También tuve mucha cercanía con Osvaldo Romo. Era mi  vecino de pieza y estuve mucho tiempo con él en Colina. En total,  pasamos juntos 12 años. En muchas ocasiones me tocó avisar de sus  emergencias médicas, de asistirlo porque era altamente dependiente.

¿Cómo era su relación con Romo?

-Ahora, era un anciano diabético, hipertenso, con las siete plagas,  incapaz de desplazarse ni apoyarse sobre sus pies. Conservaba sí una  buena memoria de largo plazo. Y podía ser incluso entretenido. Tenía  muchas historias, aunque no me consta que todas hayan sido verdad. En  una docena de ocasiones lo vi muy cerca de la muerte. En una ocasión  se lo llevaron agónico. Yo he tenido un reencuentro con la fe  católica, por ello creo que había suficientes jueces que lo juzgaban,  así es que yo no estaba entre ellos.

¿Él le heredó todas sus pertenencias?

-No, la verdad es que vivió muy pobremente los últimos años. Hubo años  completos en que no tuvo ninguna visita. Vivía muy afectado por la  situación de su familia en Brasil, indocumentada. Él recibió de la  caridad de organizaciones religiosas algunas cosas, especialmente de  alguien que siempre fue muy cercano y sigue siéndolo: Sor Yolanda. Lo  quería entrañablemente. Los nietos de Osvaldo vinieron desde Brasil al  sábado siguiente de su muerte. Cuando fui a saludarlos, me  manifestaron que había muchas cosas que no se iban a llevar y que  querían dejármelas. Lo agradecí. Una parte fue donada a otro lugar,  otras las conservamos yo y otros que las necesitaban.

¿Qué sintió cuando vio su funeral?

-Lo habíamos conversado varias veces. Él tenía un concepto muy claro  de que se aproximaba a su fin. Hace un par de años un cardiólogo del  hospital Barros Luco lo desahució. A partir de eso se conversó sobre  la posibilidad de que se pudiera disponer de sus restos y que la  familia pudiera a su vez cremarlo.

Era un paria de la sociedad y la manifestación más física es que nunca  se había visto un funeral tan

-De tanto abandono. Creo que él lo esperaba. El verdadero funeral fue  el segundo: fueron las personas a quienes importaba Osvaldo Romo. Sus  nietos, esta señora que lo visitaba, un par de religiosos, no más. En  los 12 años que estuve aquí nunca conocí otros familiares que lo  visitaran. Algunos amigos de repente se aparecían.

El padre Montes contó que vino a una graduación universitaria suya.

-Sí, estando en Colina tomé un diplomado en técnicas de Manejo  Conductual de la Universidad Católica del Norte. Duró varios  semestres, y la universidad tuvo la generosidad de hacerme una  ceremonia acá en Punta Peuco. Y el padre Fernando, a quien quiero  inmensamente, tuvo la generosidad de acompañarme. Antes tuve que dar  la prueba de aptitud (y muestra el certificado: verbal 745, matemática  679, historia y geografía 749) Le habría alcanzado casi para cualquier carrera.

-Sí. Mi trabajo de titulación lo hice sobre autismo. (tiene un hijo autista)

La PAA y el diplomado hablan de una actitud frente al encierro, ¿cómo  es su vida cotidiana?

-Una de las cosas que uno debe evitar es preguntarse qué voy a hacer  hoy. Yo sigo más o menos una misma rutina: me levanto muy temprano,  tomo desayuno a las 5:30, escucho noticias, soy bastante fanático en  eso. En la tarde me dedico a la lectura. Tengo un montón de intereses  distintos. Tenemos la intención de organizar una biblioteca en Punta  Peuco y un taller literario. El desencierro es a las 8 de la mañana. A  esa hora empiezo las actividades físicas. Hago bastante gimnasia,  pesas, corro. Y ahora nos autorizaron a jugar unos partidos de baby  fútbol dos veces a la semana. Es la Sub- 60 más o menos.

Culpas ajenas

Aunque está condenado a cadena perpetua Estay Reyno no está dispuesto  a cargar con culpas ajenas. Por eso, durante la última visita a Punta  Peuco del presidente de la Corte de Apelaciones, Cornelio Villarroel,  Estay le pidió estudiar su inculpación en el secuestro de Reinalda  Pereira , embarazada de 3 meses y Edrás Pinto. La investigación del  ministro Víctor Montiglio en el llamado Caso Conferencia hizo aparecer  otros responsables. Estay pide que lo des-amnistíen y lo juzguen.  Existe una demostración de mi no participación en esos dos casos,  habiendo ya personas incluso confesas, argumenta.

Usted está condenado a cadena perpetua, ¿Por qué le importa acreditar  su inocencia en esos casos?

-Hoy existe un esfuerzo por fijar judicialmente todas estas  situaciones lo más cercano a la verdad. Por ello, también es  importante discriminar entre culpables y no culpables. No veo por qué  yo debiera cargar con hechos que no me corresponden.

¿Cree que aclarando esos casos podrían indultarlo?

-Siendo bien honesto, no creo que exista el espacio político. Lo  solicité el 97, pidiendo la conmutación de la pena por la de  extrañamiento en Paraguay. Se demoraron 7 años en decirme no. Pero  sí creo que establecer la verdad es importante. Hoy hay una masa de  información acumulada que no existía cuando partieron estos juicios y  era más fácil quedarse con aquellos que creaban menos problemas. Pero  gracias a los jueces con dedicación exclusiva empezaron a aparecer una  serie de personajes que estaban bastante protegidos por las  instituciones. A los jueces les empezó a resultar sin sentido que  personajes muy menores hubieran tenido las responsabilidades, mandos y  las posibilidad de acción que se les atribuían.

En el Caso Degollados, ¿qué tan arriba delimita las responsabilidades?

-Tengo la convicción de que hubo una autoría intelectual de la  superioridad, pero no tengo las pruebas. Tendría que hablar otra  gente, la que sí tenía acceso a esas reuniones. Hoy, ya se ha  establecido la verdad: que no se movía ni una hoja sin el conocimiento  de las jefaturas de las instituciones. Pero durante mucho tiempo hubo  una intencionalidad clara de silenciarlo con equipos y departamentos  de contrainteligencia.

Recuadro 1: Testimonio de Manuel Guerrero Antequera: de una forma muy perversa y  dolorosa, el Fanta es casi un familiar.

El padre de Manuel Guerrero fue uno de los tres degollados de 1985,  caso por el cual Miguel Estay Reyno cumple condena a cadena perpetua. Pero la familia Guerrero vive con el fantasma del Fanta desde 1976,  cuando Manuel Guerrero Cevallos lo reconoció como su torturador.

El Fanta es un personaje que me causa muchas contradicciones. Por un  lado es uno de los asesinos de mi padre, de alguna manera uno de los  autores intelectuales y también materiales de su degollamiento. Él  estuvo tanto en el momento en que lo tuvieron detenido desaparecido el  76 y participó en sus torturas -reconocido por mi padre-, como también  el 85 participó en el momento en que lo deguellan. Pero también el Fanta es para mí un ex militante de las Juventudes  Comunistas de Chile, que fue compañero y camarada de mi padre, de José  Weibel, de Ricardo Weibel, de una serie de comunistas jóvenes de esa  generación y por lo tanto me despierta una angustia muy grande este  ser humano: cuáles fueron las condiciones y posibilidades que hicieron  que un militante comunista, que un joven chileno, pudiese convertirse  de un día para otro no solamente en alguien que hablara bajo tortura,  que sería algo absolutamente normal o humano, sino también en un  delator, en un asesino más.

El Fanta para mí es un personaje que extrañamente me causa rechazo y  al mismo tiempo una fascinación perversa. Es como ominoso, la maldad  misma, pero es un rostro familiar, que alguna vez fue amigo, que  alguna vez me tuvo muy cerca cuando niño. Bajo ese rostro de  normalidad aparece toda la maldad que como seres humanos también  estamos en condiciones de realizar.

Soy un convencido de que tanto los torturados como los torturadores  son víctimas que están en posiciones diferenciales en cuando a  condiciones sociales y políticas, a cierta forma de ser de la sociedad  chilena, salvaje, que permitió la explosión de la práctica fascista en  Chile, del aniquilamiento del otro. Son víctimas diferenciales porque  algunos fueron convertidos en torturadores y otros fueron convertidos  en los objetos a torturar. Sin embargo, estamos hablando de personas  que jugaban a la pelota juntos, comían asados juntos, que es el caso  del Fanta.

Por lo tanto para mí el Fanta también es una víctima, pero como todo  ser humano tuvo la oportunidad de decir no, de por último morderse la  lengua y morir. Siempre tuvo la opción, como lo hicieron tantas otras  personas, de no volverse no solamente delatores, sino torturadores  ellos mismos. Por esa falta de coraje, de decisión y su  responsabilidad directa en los crímenes, él tiene que cumplir las  condenas en forma plena.

Durante muchos años yo he vivido con el fantasma de El Fanta, un  fantasma que está presente desde mi infancia. Luego de que mi padre  sobreviviera a las torturas del Comando Conjunto y nos fuimos al  exilio, yo loa acompañé a las sesiones de recuperación a raíz de los  choques eléctricos que le daban. Viví muy de cerca su tortura en él y  es un personaje que estuvo presente en los relatos de mi padre, orales  y también escrito. Él dejó testimonio de esta voz familiar que también  participó en la tortura, que había sido un ex camarada y que ahora era  parte de las hordas fascistas, como decía él. El Fanta le habló  directamente diciéndole que él conocía a mi madre, a la Vero, a  Manolito, le habló de toda nuestra estructura familiar, de detalles  que sólo alguien muy de confianza puede conocer. Ése fue uno de los  momentos en que mi padre quedó completamente desarmado, más que por la  violencia física.

Por lo tanto este fantasma estuvo siempre presente y luego reaparece  el 84 y el 85 en los relatos del Papudo (Andrés Valenzuela, agente que  desertó), que son publicados y que conoció mi padre. Ahí se sabe  nuevamente que en distintas instancias estuvo el Fanta. Es alguien que ha cruzado mi vida y tengo deseos de verlo a la cara,  ya preso. Mirarlo a los ojos porque él fue una de las últimas personas  que vio vivo a mi padre. No sé por qué tengo la idea de que en los  ojos del Fanta puedo ver aún algún destello de lo que mi papá miró en  ese momento. Creo que si nos encontramos, al verme a mí ya adulto,  Manuel Guerrero también, alcanzaré a ver algo en esos ojos. Quiero que

me cuente su verdad extrajudicial, su versión de los hechos. Quiero  tratar de entender lo inentendible. Quizás no tiene mucho sentido,  pero el Fanta de alguna manera también me constituye. De una forma muy  perversa y dolorosa, es casi un familiar y me duele, me da bronca el  Fanta. En el momento en que los abogados le plantearon mi petición de  encontrarme con él, accedió inmediatamente. El Fanta está dispuesto y  creo que está a la espera de que lo vaya a ver a Punta Peuco. Creo que  hay verdades que no son del ámbito judicial sino de la cotidianeidad  humana. Son verdades muy materiales y creo que algo puede aflorar en  ese encuentro. No sé exactamente qué, pero por último saber qué le  pasó a él mismo, porque él tuvo el privilegio de estar en los últimos  minutos de vida de mi padre. Por lo tanto para mí, siendo incluso su  asesino, es una persona cercana.

Recuadro2: El Wally y Basoa: los funerales de El Fanta

En 1982, el miedo paralizó a Miguel Estay tras la muerte de su amigo  René Basoa, con quien compartió funciones en el Comando Conjunto y ex  camarada del PC. Tanto, que no se atrevió a ir a su funeral. Años más  tarde se recriminó su cobardía y decidió que no volvería a pasar. Por  eso, cuando en 1989 Roberto Fuentes Morrison, “El Wally”, fue  acribillado en la puerta de su casa, tal como Basoa-, vino desde  Paraguay donde se había refugiado con un pasaporte falso proporcionado  justamente por el difunto. Llegó tarde, pero visitó la tumba.

Ambos muertos son claves en la vida de El Fanta. René Basoa fue su  superior en el aparato de inteligencia del PC, juntos pasaron a la  clandestinidad y fue quien lo entregó al Comando Conjunto en diciembre  de 1975, tras ser torturado. Luego ambos encabezaron la lista negra de  comunistas identificados como agentes de Pinochet. En 1982, Basoa fue asesinado y aunque durante mucho tiempo se pensó en  un ajusticiamiento, lo que gatillo el terror de Estay, la  investigación por el asesinato de Tucapel Jiménez arrojó otras luces.

En ese tiempo Basoa trabajaba con el tío de Estay, el importador del  arma con la que se ultimó al dirigente sindical. Él revólver fue  entregado en consignación a la Armería Italiana y Basoa jugó un  confuso rol con el recibo que probaba su origen. Está en la cuenta  del DINE, así de sencillo, concluye Estay.

Su relación con Fuentes Morrison surgió tras su cautiverio en 1975 en  el Comando Conjunto. El agente de la FACh lo reclutó como colaborador  hasta que en 1984 se unió a las filas de la Dicomcar. Bajo su alero se  sentía protegido. “Había elementos de su personalidad que me  resultaron atractivos. Tenía gran capacidad de hacer amigos y me dio  mucha confianza”, dice Estay.


 Radio Cooperativa

1 de Septiembre 2011

Hertz y la inclusión de "El Fanta" en informe Valech: Para las víctimas ha sido un agravio

La abogada Carmen Hertz criticó este miércoles la inclusión de Miguel Estay Reyno, más conocido como "El Fanta", en el listado de la comisión Valech y, en contrapartida, defendió que Sergio Galvarino Apablaza sí aparezca en el informe.
En conversación con Una Nueva Mañana de Radio Cooperativa, la jurista expresó que "no conozco, porque no han sido
publicados, los fundamentos de esta calificación de víctima de ‘El Fanta', pero sí puedo transmitir que para las víctimas de violaciones de derechos humanos, para las agrupaciones, ha sido un agravio".

Hertz sostuvo que "al contrario de lo que ocurre con otros colaboradores que fueron rehenes de la DINA o de la CNI, 'El Fanta' fue un agente absolutamente convencido de la misión de hacer desaparecer personas o ejecutarlas, como queda de manifiesto en todas las declaraciones que él hace". "En segundo lugar, es una persona que está cumpliendo cadena perpetua por el degollamiento de tres profesionales y, en particular en el caso de 'El Fanta', es el autor material del degollamiento de José Manuel Parada. Entonces, yo creo hay connotaciones éticas que tienen que considerarse al momento de la aplicación de una disposición", agregó.Respecto de Apablaza, cuya inclusión fue criticada por personeros de la UDI, Hertz comentó que "fue preso político, fue torturado sin duda alguna y, además, lo que determina la calidad de la víctima es que haya sido víctima del terror de estado". Asimismo, recalcó que el ex líder del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) "no está ni procesado ni condenado por el crimen del senador (Jaime) Guzmán", por lo que "es extraordinariamente discutible su participación en ese asesinato".


Revista Que Pasa

22 de Septiembre 2011

El Fanta después del Informe Valech

Dentro de una semana, Miguel Estay Reyno, alias "el Fanta", condenado a pena perpetua por el Caso Degollados, recibirá su primera pensión de $ 135 mil mensuales como víctima de torturas durante el régimen de Pinochet. También, tendrá beneficios, como poder estudiar él, sus hijos o sus nietos, una carrera universitaria.

La inclusión de su nombre en el Informe Valech, entregado a fines de agosto al presidente Piñera, provocó un terremoto en los familiares de ejecutados políticos y de desaparecidos: no entienden cómo alguien que en los 70 delató a militantes de izquierda y que en 1985 asesinó, junto a un comando de la Dirección de Comunicaciones de Carabineros (Dicomcar), a tres ex compañeros suyos del Partido Comunista -Manuel Guerrero, José Manuel Parada y Santiago Nattino-, reciba esa condición de parte del Estado.

La historia de Estay Reyno, hoy de 59 años y detenido en Punta Peuco junto a varios militares acusados de violaciones a los derechos humanos, no sólo está cruzada por el dolor, también por la delación. Después de haber sido un importante militante comunista que se había hecho experto en inteligencia en la Unión Soviética, en 1975 fue detenido y torturado, como muchos ex compañeros suyos del PC, por agentes del Comando Conjunto. Pero la diferencia es que poco después fue reclutado por sus mismos aprehensores para perseguir y denunciar a opositores al régimen.

"Yo soy lo que soy, llevo mi mochila con todas las piedras que debo llevar", dice desde Punta Peuco.

Junto a Marcia Merino, alias "la Flaca Alejandra" y Luz Arce, ambas incluidas también en el Informe Valech, "el Fanta" es parte de uno de los episodios más dramáticos de la izquierda tras el golpe: los quiebres después de duras sesiones de torturas.

En el caso de Estay, la ruptura no sólo fue con el PC, sino también con su familia: su padre y su madre, un siquiatra y una dueña de casa, eran comunistas. También sus hermanos. Aunque no perdió del todo el contacto con sus padres, sí con su hermano Jaime Estay y su cuñada, Isabel Stange: siempre sospecharon que fue él quien permitió sus detenciones y la de su amigo Víctor Vega, hoy desaparecido. "Pero está establecido que no fue así, porque ellos recibieron un recado de que no fueran a ningún encuentro", se defiende el ex agente 35 años después.

Justamente por esa historia, y especialmente por el Caso Degollados, es que su inclusión entre las 9.795 nuevas víctimas que acaba de reconocer el Informe Valech -él aparece con el número 2.877- ha provocado tanta polémica. ¿Puede un victimario también ser víctima?

"Es probable que mi vida, con la trayectoria que llevaba y por las características de mi familia, no hubiera sufrido mayores modificaciones si mi detención no hubiera ocurrido. Pero la verdad es que desde la detención hasta ahora, ha sido una vida sumamente complicada. El no colaborar o acatar las posturas de quienes te detenían significaba el término de la vida", dice Estay.

- Pero usted no sólo fue víctima, también fue victimario.

- La Comisión Valech es una fotografía de lo que se vivía en ese entonces y yo encajo en un momento determinado como víctima. Fui detenido a finales de 1975, cuando se había acabado el Comité Pro Paz y aún no se creaba la Vicaría de la Solidaridad. Fue una época en que no había una defensa para las personas que eran detenidas y en la que se rechazaban los recursos de amparo. Estuve cuatro meses preso ¿qué se podía hacer?

En el caso de Estay, la ruptura no sólo fue con el PC, sino también con su familia: su padre y su madre, un siquiatra y una dueña de casa, eran comunistas. También sus hermanos.
- El 2003 hubo una primera Comisión Valech. ¿Por qué no postuló entonces?

- La primera vez supuse que por mi condena y porque había un gobierno de la Concertación iba a ser muy difícil que aceptaran mi postulación. En cambio, ahora existe un fallo que demuestra que estuve detenido. Yo no fui preso voluntariamente ni me presté para ser torturado. De hecho, días antes de mi detención, con un grupo estábamos escondiendo personas y tratando de transparentar detenciones.

- Pero después de ser torturado, usted trabajó como civil para Dicomcar. ¿Cómo se produce el quiebre?

- Fue una situación de años. Es algo que se da en las relaciones humanas. No toda la gente que militaba conmigo en el partido ni toda la gente que me detuvo y con la que después trabajé eran buenos o eran malos: hay gente valiosa y menos valiosa en todos lados.

- Está condenado a pena perpetua. ¿De qué le sirve que quede acreditado como víctima?

- Que se sepa mi verdad. Hay gente que ha sostenido de manera malintencionada que yo era un agente que trabajaba antes de mi detención, y esto establece que hay un antes y un después.

- ¿Gente que sospechaba que usted era un traidor?

- Exactamente. Muchas sospechas eran manejadas para debilitar mi postura frente a defensas jurídicas.

- ¿No cree que al entrar al Comando Conjunto y a la Dicomcar dio razones para esas sospechas?

- Al revés, se me quería sindicar como lo peor de lo peor. Y resultaba difícil de entender, especialmente para el PC, que una persona al interior de ellos se hubiera transformado.

- ¿Y se ha sentido lo peor de lo peor?

- No me he sentido precisamente bien.

Inteligencia en la URSS
Quienes conocieron a "el Fanta" en los 70, en plena Unidad Popular, cuando todavía era de izquierda y recién se empinaba por los 20 años, lo describen como temerario y de cabeza fría. "Siempre andaba con una pistola y pasó mucho tiempo clandestino, incluso antes del golpe", cuentan.

"Era un hombre al que nunca se le notó lo que sentía y que se preocupaba especialmente de que nadie supiera lo que pensaba", agregan. Parte de esos rasgos los aprendió en 1971: el PC lo envió, junto a otros nueve militantes, a un curso de Inteligencia en Moscú. "Era el más joven, tenía 19 años. Esos conocimientos que yo tenía en inteligencia también crearon un grado de sintonía con mis aprehensores. Indudablemente, ellos los valoraron", agrega Estay, aun con un dejo de orgullo.

-¿En qué consistían esos cursos?

- La organización responsable era la KGB, específicamente el Departamento Latinoamericano. Los ramos: inteligencia; análisis de situación operativa, trabajo con agentes e informantes, contrainteligencia; seguridad de la información, contraespionaje y trabajo operativo, como técnicas de penetración, escuchas, seguimientos, fotografía, tiro y defensa personal. También había materias políticas, como historia del Partido Comunista de la URSS. Además, teníamos actividades prácticas y, dependiendo de las decisiones de la jefatura en Chile, algunos tuvimos cursos individuales de especialización. En mi caso, trabajo con agentes de infiltración, técnicas de selección, reclutamiento, acercamiento y atención de agentes e informantes. Otros se especializaron en infiltración a las FF.AA. y el resto en seguimientos, fotografía, escuchas, etc.

-¿Todavía siente empatía con la inteligencia?

- Son temas del pasado.


La Nacion

11 de Noviembre 2013

“El Fanta” se confiesa por el caso Degollados en “La Noche de los Corvos”

Miguel Arturo Estay Reino (61), alias “El Fanta” y “Samuel”, proporcionó el corvo atacameño con que degollaron a José Manuel Parada, Manuel Guerrero y Santiago Nattino en marzo de 1985. Lo tenía colgado en una oficina de la Dirección de Comunicaciones de Comunicaciones de Carabineros (DicImagen foto_00000002omcar) de calle Dieciocho en la capital.

El entonces director de la Dicomcar, coronel Luis Fontaine –asesinado en 1990 por el FPMR-, ya lo tenía elegido como arma para perpetrar uno de los crímenes más horrorosos en la historia de Chile. Cuando le comunicaba a Estay Reyno la orden de asesinar a los tres profesionales comunistas, el coronel Fontaine apuntó al siniestro elemento y le dijo “eso es lo que vamos a ocupar”.

Estay Reyno, que integró el equipo que llevó a las víctimas hasta el camino al aeropuerto internacional, ha dado varias entrevistas sobre el tema, pero la que incluye el libro “La Noche de los Corvos”, de los abogados querellantes en el caso, Nelson Caucoto y Héctor Salazar, abunda en detalles poco conocidos. La entrevista fue realizada en el penal de Punta Peuco, donde “El Fanta” cumple cadena perpetua por este delito de carácter terrorista.

En efecto, el 31 de marzo de 1994, el ministro Milton Juica condenó a Estay Reyno a 18 años de cárcel por los secuestros terroristas de 6 miembros de la Asociación Gremial de Educadores de Chile (Agech) y los homicidios. Otros 15 carabineros también fueron sentenciados a distintas penas. En 1995, La Corte Suprema le aumentó la pena a “El Fanta”.

FUE UN CASO DE “HORRORISMO”

En esta entrevista, Estay Reyno admitió que el brutal asesinato de los profesionales comunistas fue un “error” y que la manera de cometerlo consistió en un acto de “horrorismo”. Lo que “El Fanta” quiso decir fue que se trata de un delito terrorista, tal como fue calificado por el ministro Milton Juica en su fallo condenatorio del 31 de marzo de 1994.

Tras recibir la orden del coronel Fontaine, Estay Reyno, el único empleado civil de Carabineros implicado en los hechos, le manifestó que “tengo claro cuál va a ser el resultado de esta operación. Le digo que es un error, además, le digo que hacerlo de esa manera nos vamos a hacer cargo del primer cargo de horrorismo. Él me dice que hay una orden y que la vamos a cumplir”.

“El Fanta” también afirmó que el baleo del profesor Leopoldo Muñoz de la Parra, frente al Colegio Latinoamericano, cuando intentó defender a Parada y Guerrero, desencadenó el asesinato de los tres profesionales comunistas. Tras los secuestros, los agentes de la Dicomcar llegaron al cuartel de calle Dieciocho convencidos de que Muñoz de la Parra había muerto.

En cuanto a la decisión de cometer un crimen de características tan atroces, Estay Reyno indicó que el coronel Fontaine tenía la tesis de “por cada carabinero muerto, un comunista muerto”. Consultado si Fontaine tenía instrucciones del alto mando para proceder por vías violentas, “El Fanta” respondió que “yo creo que sin duda. Lo digo sin ninguna duda”.

Además de la entrevista a Estay Reyno, ex militante de las Juventudes Comunistas y de la Brigada Ramona Parra, el libro incluye antecedentes poco conocidos sobre el proceso, como el respaldo que tenía el general César Mendoza en la Corte Suprema y, sobre todo, el vacío que le hizo el gobierno a Carabineros. La institución de las carabinas cruzadas debió defenderse sola y cayó en el más profundo de los desprestigios.


CIPER

4 de Noviembre 2014

Historia de Miguel Estay Reyno: “El Fanta” antes de la traición

El domingo 9 de noviembre se lanzó en la Feria del Libro de Santiago “Los Archivos del Cardenal 2: Los Casos Reales”, con el sello de Editorial Catalonia y la Escuela de Periodismo de la Universidad Diego Portales. Este extracto cuenta la historia de Miguel Estay Reyno, “El Fanta”, y su recorrido antes de convertirse en el mayor traidor de la historia del PC. Era un militante comprometido, brillante y arrojado, que se ufanaba de tener como único amor juvenil a “la Revolución”. Venía además de una familia probadamente comunista. La suya fue una trayectoria política vertiginosa. De ser un brigadista callejero pasó en pocos meses a manejar parte de los secretos mejor guardados de la colectividad.

Los dos dirigentes estaban sorprendidos. Se habían enterado que la célula de las Juventudes Comunistas (JJ.CC) del liceo Gabriela Mistral, en Independencia, se estaba transformando en una academia de artes marciales. En momentos en que el Partido Comunista se preparaba con todo para apoyar la campaña presidencial de Salvador Allende del año siguiente, el decisivo 1970, los jóvenes de ese establecimiento tenían botado el trabajo político y se adiestraban en patadas voladoras y bloqueos.

Los dirigentes, miembros de la Dirección Regional de Estudiantes de Enseñanza Media de las Juventudes Comunistas de Santiago, decidieron citar al líder de esa célula a una reunión, en el local central que por entonces tenía la “Jota” ─como se llama a las JJ.CC─ en calle Marcoleta. El que llegó era un muchacho de 17 años, vestido de escolar, de tez clara y pelo castaño, algo bajo pero fornido. Era precisamente a quien se le había ocurrido el giro hacia la lucha corporal y que oficiaba como instructor de sus compañeros.

El joven era callado y casi ni habló, salvo cuando se definió como un entusiasta de las artes marciales. Algunos años mayores que él, los dos dirigentes le explicaron en tono paternal que sus gustos eran legítimos, que los jóvenes comunistas necesitaban defenderse, especialmente ad portas de una campaña como la del año entrante. Pero le aclararon que la “Jota” resolvía “orgánicamente” sus necesidades de defensa, con la debida reserva, nunca a nivel de una organización de base, sino siempre a cargo de una instancia superior. Por lo mismo, le hicieron una propuesta: que él se incorporara a la Brigada Ramona Parra (BRP), cuya labor tenía “mucho de aventurera”, le dijeron.

El muchacho aceptó encantado. “Durante toda la reunión nunca nos contradijo”, recuerda uno de los dos dirigentes que hablaron con él. Era la primera vez que este entrevistado se topaba con Miguel Estay Reyno, quien en las filas del PC pasaría a ser conocido como “El Fanta”.

La reunión marcó un hito en la vida política de Estay Reyno. De ser un simple militante pasó a desempeñar tareas de propaganda y luego de autodefensa. Poco más tarde dio un salto al área de la inteligencia, donde se compenetró con la información más sensible y reservada del partido. Gracias a su disciplina, bajo perfil, inteligencia y gusto por el riesgo, la suya fue una carrera vertiginosa. Además, tenía el aval de la confianza: era de familia probadamente comunista.

Ese mismo ascenso abriría la puerta a una de las peores traiciones en la historia del PC. Dos años después del golpe militar, en 1975, con la estructura partidista en el exilio o sumergida en la clandestinidad, “El Fanta” fue quebrado por los servicios de inteligencia de Pinochet, tras ser traicionado por su superior, René Basoa. Luego, ambos se convirtieron en activos represores. Trabajando en equipo, la información que el PC les había confiado a los dos se transformó en un bumerang que costó la vida de decenas de militantes.

UN TIPO “BIEN EDUCADO”

Todos los entrevistados que lo conocieron en esos años lo recuerdan como un adolescente serio, quitado de bulla y muy introvertido. Un retraimiento que algunos atribuyen en parte a la temprana separación de sus padres, ambos comunistas, ella sicóloga y él un médico siquiatra con vínculos con la intelectualidad del partido. Luego del quiebre matrimonial, la mamá se fue del hogar y el papá se quedó con los tres hijos pequeños, en un amplio departamento de avenida Santa María, en Providencia, frente al puente curvo sobre el Mapocho que ahora es conocido como “De los candados”.

“Era un cabro muy solo, tranquilo, buena leche”, cuenta “Lolo”, un militante de la “Jota” que en la adolescencia se convirtió en uno de sus mejores amigos y que habla a condición de reserva de su identidad, como casi todos los consultados para esta investigación.

“Lolo” visitaba a menudo el departamento familiar. Nunca vio rastros del papá. Siempre estaba Miguel solo con sus dos hermanos: la mayor, Patricia, estudiante universitaria de danza; y Jaime, unos tres años menor que Miguel, alumno de enseñanza media del Instituto Nacional.

Otro amigo de la “Jota” cuenta que los tres hermanos tenían una fuerte veneración por el padre, “que era un tipo callado, lejano. Les daba bastante bienestar material, pero no tenían con él un contacto de confianza”.

Los tres jóvenes hacían su vida sin que nadie les pusiera mucho freno.

La primera en comenzar a militar fue Patricia, una atractiva muchacha a la que le decían “La Gata”. Poco después lo hizo Miguel, seguido por Jaime, a quien su hermano mayor trataba siempre de proteger, asumiendo una suerte de rol paterno. Lo mismo hacía con Patricia. A Miguel no le caían en gracia las bromas de sus amigos sobre la belleza de la chica.

No era de gustos sencillos; le gustaban la ropa de calidad y la buena comida. “Lolo” recuerda a su amigo siempre ordenado y pulcro, vistiendo un elegante vestón. Casi no bebía alcohol. Otro ex “jotoso” recalca su obsesión por no engordar. Para estilizar su figura, Miguel Estay se vestía de negro. “Le preocupaba mucho ocultar su incipiente barriga y era potón. Nosotros lo jodíamos con el poto y se ponía furioso”.

Tocaba piano, clarinete, saxo, flauta traversa. Su padre le daba dinero para comprarse instrumentos y para asistir a conciertos de música clásica. “Era como bien educado, tradicional”, recalca un amigo de esos días. “Mi mamá lo adoraba porque siempre llegaba a mi casa con algo, pastelitos, flores. Ella me decía: «No es como tus otros amigotes»”.

“NOVIO” DE LA REVOLUCIÓN

Luego de aceptar la oferta de los dos dirigentes de la “Jota”, Miguel Estay Reyno empezó a trabajar en con la Brigada Ramona Parra (BRP), la agrupación muralista callejera del PC.

La “Jota” por esos días vivía un crecimiento exponencial. Ser de sus filas estaba de moda; grupos completos de amigos entraban.La BRP no estaba ajena a este auge. Aunque había sido fundada solo un año antes, ya tenía un creciente número de miembros.

Estay Reyno se hizo habitual en la sede de la “Jota” de Marcoleta. Bastaron pocas semanas en la brigada para que ascendiera a un cargo en el área de propaganda. Desde su nueva posición le dio a la BRP una disciplina casi militar. “A él le gustaba que marcháramos”, recuerda un ex muralista.

Si bien en el liceo no era un estudiante destacado, con sus nuevas responsabilidades los estudios perdieron para él casi toda relevancia. Según un amigo, “vivía y moría por la «Jota»”. Tampoco parecía darle gran valor a lo amoroso. Era atractivo y llamaba la atención femenina. Pero también era tímido y sólo sus más cercanos le conocieron un par de conquistas, siempre “jotosas”. “Yo le preguntaba si tenía polola y él me respondía: «Mi novia es la Revolución»”, cuenta “Lolo”.

“Miguel se obsesionó con el cargo; era un hombre muy entregado, lo cual en ese momento en las Juventudes Comunistas se veía como algo muy positivo”, asegura un dirigente secundario comunista de ese tiempo.

Un miembro del aparato de seguridaddel PC asegura que rápidamente sus superiores en la BRP descubrieron su potencial y lo promovieron. “El «Fanta» tuvo una vida corta dentro de las Juventudes Comunistas y subió rápido porque era muy inteligente”, comenta este consultado.

Además, en la BRP había probado ser un hombre de acción. Lo que a él le gustaba era proveer seguridad, gracias a su arrojo y dominio de las artes marciales. “Era un milico, un cabeza de pistola”, resume un testigo. La nueva oferta fue pasar a integrar la rama secundaria del Frente de Autodefensa de la “Jota”. Una vez más aceptó encantado. También lo hicieron sus hermanos Patricia y Jaime, además de otros cercanos suyos de la BRP.

FOGUEADOS EN LA CALLE

Al Frente de Autodefensa le decían el “Equipo”. Había sido creado por el PC como grupo de choque para escoltar actos y otras actividades. No solo la “Jota” tenía autodefensas, sino que también otros órganos. Antes de la llegada de Allende a La Moneda eran comunes las peleas callejeras con otras agrupaciones, especialmente con el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). Para repeler esas agresiones estaba el “Equipo”. Si bien algunos de sus miembros podían portar armas cortas, la orden era usarlas solo en casos extremos y en defensa propia.

La rama secundaria del “Equipo”, a la que Estay se integró, tenía unos 60 o 70 estudiantes. Había mística y una fuerte camaradería entre sus miembros. Se sentían unos elegidos. Asistían a talleres de defensa personal de 3 o 4 horas al día, tres noches por semana. Tenían que demostrar su compromiso y valentía en refriegas callejeras que a veces terminaban a palos y cadenazos, reflejo de la creciente polarización de esos días. Además, debían evitar comentar asuntos personales. La instrucción era operar con una “chapa” o alias, manteniendo su identidad en reserva.

Para Miguel Estay, era la manera perfecta de compatibilizar el compromiso político con su gusto por el peligro. Además de las artes marciales y la música clásica, le gustaban las armas de fuego. Pero su mayor apego era por los libros y películas de misterio y ciencia ficción. Devoraba obras de estos subgéneros y a ratos daba la impresión de que se sentía uno de sus personajes. Su favorito era “Fantomas”, el oscuro protagonista de una serie de novelas policiales escritas en las primeras décadas del siglo XX por los franceses Marcel Allain y Pierre Souvestre. En su versión original, “Fantomas” es retratado como un archivillano sádico, carente de toda lealtad e infinitamente hábil para camuflarse en personalidades diferentes.

Eligió “Fantomas” como su “chapa”, del que derivaría el apodo de “Fanta” con el que sería conocido. Su hermano Jaime también optó por un alias fantasioso: “Spectre”.

“¡LE DI, LE DI!”

Comenzó a moverse en un automóvil Volvo blanco de su padre. Mantenía su muy cuidada presentación personal, pero dejó su elegante vestón y empezó a usar chaquetas verde oliva y bototos con punta de fierro. La vestimenta ideal para la lucha callejera. Era el uniforme del “Equipo”. Todos sus integrantes compraban los bototos en un local de Mapocho. Salvo el “Fanta”, que “los mandaba a hacer a un lugar donde hacían zapatos a mano, con la caña más alta, y eran carísimos”, detalla un ex miembro.

Otra de sus misiones era servir de guardaespaldas a dirigentes de la “Jota” como el joven profesor Manuel Guerrero Ceballos, lo que le dio acceso a su entorno familiar. Un testigo del PC de entonces señala que, en privado, el “Fanta” menospreciaba a aquellas figuras partidistas que destacaban en inteligencia y oratoria, pero que nunca habían tenido a su cargo tareas confidenciales y de peligro. “Si por ejemplo yo era un dirigente callado, que nunca hablaba, pero que de repente aparecía dirigiendo un aparato secreto que si te descuidas te mata, eso a él le merecía palabras como «¡qué interesante este tipo!»”, cuenta este entrevistado.

A punta de osadías fue haciendo crecer el respeto de los suyos. “Lolo” recuerda cierta vez en que con un grupo del “Equipo” iban en un microbús por el centro de la capital. En el trayecto uno de ellos provocó a un carabinero de Fuerzas Especiales, que subió al bus para detenerlos. El policía bloqueó la puerta. Sin dudarlo, el “Fanta” saltó y lo derribó de un puñetazo. Todos lograron escapar pasando por encima del carabinero.

La entonces militante comunista Avelina Cisternas tenía 17 o 18 años cuando comenzó a trabajar en la Brigada Ramona Parra, en 1970, el año de las decisivas elecciones presidenciales entre el socialista Salvador Allende, el DC Radomiro Tomic y el independiente de derecha Jorge Alessandri. Los muralistas de la BRP salían de noche a pintar murallas, en un emblemático camión de la brigada. A lo lejos Avelina solía ver al “Fanta”. Varias veces hubo tiroteos con opositores de derecha. Los muralistas tenían la instrucción de tirarse al suelo, mientras el “Fanta” y el “Equipo” repelían el ataque.

En una de esas salidas el camión se topó con muralistas DC. De los insultos se pasó a los piedrazos. De los piedrazos a los golpes. Uno de los “Jotosos” que iba en el camión recuerda que el “Fanta” descendió de otro vehículo y, autorizado por un superior, disparó. “Lo lógico era que disparara al aire. Pero lo que hizo fue apuntar al pecho de uno de estos propagandistas. Tiró a matar”.

Según este testigo, cuando regresaron a la sede de la “Jota” en Marcoleta, se enteraron que el muralista DC había sido gravemente baleado. “Yo vi al «Fanta» eufórico. Decía: «Le di, le di». Se sentía un héroe”.

El incidente motivó una fuerte discusión interna en la “Jota”, además de una investigación judicial, que nunca logró aclarar los hechos. Dirigentes del PC hicieron saber su enfado a la dirección de las Juventudes Comunistas. Pero el “Fanta” no fue castigado, ya que esgrimió que había acatado instrucciones superiores.

En una época de fuertes convulsiones políticas, Estay era visto en el PC como un militante modelo. A fin de dedicarse a tiempo completo a la presidencial de 1970 dejó el liceo y terminó la secundaria con exámenes libres. Un miembro del equipo que se rehusó a dejar el colegio recuerda que fueron recriminados por un dirigente, que puso al “Fanta” como ejemplo: “Dijo que él había postergado sus intereses personales por la causa”.

Dados su obediencia y compromiso, no le fue difícil convertirse en el encargado máximo de la Dirección Regional de Estudiantes de Enseñanza Media de Santiago (DREMS), entre principios y mediados de 1971. Lo primero que hizo en su nuevo cargo fue formar un equipo de autodefensa. “Cuando llegaba a algún organismo del partido, al poco tiempo se convertía en jefe”, afirma un consultado que fue su superior.

UN CURSO EN LA UNIÓN SOVIÉTICA

Luego del triunfo de Allende, el trabajo de autodefensa se intensificó, a medida que la crispación política fue copando la vida nacional. En la derecha surgieron el Comando Rolando Matus, grupo de choque del Partido Nacional, y el paramilitar Frente Nacionalista Patria y Libertad. Los enfrentamientos callejeros con los adherentes al gobierno de la Unidad Popular se hicieron cada vez más usuales. “Si había que pegarle a alguien le pegábamos; todo era muy frío y duro”, recuerda un ex miembro del “Equipo”.

Cierto día de 1971 el “Fanta” le envió un recado a Avelina Cisternas, la joven brigadista de la BRP que solía verlo a lo lejos, en sus labores de escolta. Quería reunirse con ella. En el encuentro le dijo sin preámbulos que había sido seleccionada para integrar uno de los grupos de autodefensa. Ella recuerda que su estilo era parco, al grano, muy serio. Cuando ella aceptó, le pidió que escogiera una “chapa”. Como a Avelina no se le ocurría ninguna, le comunicó: “Te vas a llamar «Valentina»”. Un homenaje a la primera cosmonauta soviética, Valentina Tereshkova.

Aproximadamente en agosto de ese año, cuando Avelina y otros seis seleccionados iniciaron su instrucción, el “Fanta” desapareció del mapa. En una decisión estrictamente reservada, había sido seleccionado por el PC para viajar a Moscú, la capital de la Unión Soviética, donde asistiría a un curso de seguridad junto a un puñado de elegidos.

A partir de 1965, el PC había comenzado a enviar a estos cursos a militantes cuidadosamente elegidos, para profesionalizar su aparato de seguridad, en caso de un triunfo presidencial de Allende. Además, este aparato se transformó en una estructura de dirección, la que a su vez fue dividida en dos áreas: Inteligencia y Seguridad. La primera se ocupaba de analizar información de coyuntura, encriptar comunicaciones propias y de infiltrar desde partidos y gremios adversarios, hasta a las fuerzas armadas. La segunda, Seguridad, tenía a su cargo la integridad de los líderes máximos, los grupos de autodefensa y la contrainteligencia, para detectar posibles infiltraciones en las filas propias.

Los cursos en el exterior duraban entre uno y siete meses. Otros lugares de instrucción eran la República Democrática Alemana y Cuba.

El “Fanta” tenía 19 años y era el más joven del grupo que partió a la Unión Soviética. El curso duró unos cuatro meses y se realizó en la pequeña localidad de Odintsovo, unos kilómetros al oeste de Moscú. Según un dirigente que por entonces tenía responsabilidades de seguridad en el PC, ese curso capacitaba en prácticas conspirativas tales como el chequeo y contrachequeo (seguimientos y elusión de seguimientos), defensa personal y formación paramilitar, entre otros ámbitos. “Se enseñaba a la gente a practicar la actitud y personalidad de aquel que tiene una vida secreta”, resume.

El “Fanta” regresó al país en los últimos meses de 1971, todo indica que a mediados o fines de noviembre. Su paso por la Unión Soviética fue muy bien evaluado por uno de los jefes de la delegación. “Todo lo hacía bien. Era el que disparaba mejor y más rápido, y aprendió el uso de todas las armas que le presentaron”, señala un ex miembro del aparato de seguridad del PC.

“PARA QUE TE ACORDÍS DE NOSOTROS”

El 1° de diciembre de ese mismo año ocurrió la primera gran manifestación callejera contra Allende. Organizada por la oposición de derecha, la “Marcha de las cacerolas vacías” concentró a cientos de mujeres de sectores medios y altos, que marcharon haciendo sonar ollas por la Alameda. Las escoltaban piquetes de Patria y Libertad y de la Brigada Rolando Matus.

Junto al cerro Santa Lucía, frente a la calle San Isidro, aguardaba a la columna una treintena de miembros del Frente de Autodefensas de la “Jota”. Los lideraba el “Fanta” y tenían la orden de cortar la marcha, cargando hacia el sur. En su avance debían llegar hasta San Isidro, donde se suponía que habría refuerzos. Cuando la marcha pasó frente a ellos “entramos a cortar y lo logramos”, cuenta “Lolo”. “Pero en medio de la pelotera nos dimos cuenta que al otro lado no había nadie. Se nos vino toda una masa de «fachos» encima y nos rodearon”.

Al percatarse que a sus compañeros les ganaba el miedo, “Lolo” sacó su arma y disparó al aire.

¿¡Qué estás haciendo!? recuerda que le recriminó el “Fanta”, en medio de la pelea.

¡Te estoy salvando a vos y a todos, conchetumadre!

“Lolo” y otro ex “jotoso” recuerdan otro episodio, ocurrido poco después, durante un acto en el Paseo Bulnes. Según “Lolo”, a él este incidente le dejó una gran evidencia: lo mucho que había cambiado su compañero desde que comenzó a escalar puestos en el partido.

En la manifestación las autodefensas de la “Jota” decidieron aleccionar a un trotskista (comunista de una facción no prosoviética) que repartía panfletos. Iban a liberarlo luego de darle algunos combos, pero se acercó el “Fanta” y antes de soltarlo le dijo: “Para que te acordís de nosotros”. Entonces sacó una navaja y se la clavó en el estómago. La víctima caminó unos pasos y cayó al piso, antes de ser rescatado por unos tipos que lo subieron a un auto y huyeron.

“Lolo” dice que todos quedaron helados con la escena, a su juicio “un acto sádico, irresponsable y criminal”. Junto a otros dos compañeros redactaron un informe confidencial a sus superiores, denunciando al “Fanta”. Por razones que nunca supo, sin embargo, el “Fanta” no fue sancionado. A “Lolo” lo sacaron del “Equipo”.

Otro dirigente de esos días recuerda un incidente casi calcado, durante una concentración en el Teatro Caupolicán, antes del triunfo de Allende. En una pelea el “Fanta” golpeó violentamente a un mirista. Una vez que lo redujo sacó una navaja y lo apuñaló. “Hizo lo que hacen los malos en las películas: limpió la navaja en la ropa del tipo, sin que se le moviera un músculo de la cara”.

Aunque sus superiores lo reprendieron, tampoco fue castigado.

“Su gusto por la música muestra que era un tipo de una alta sensibilidad. Pero en situaciones de acción esa sensibilidad se trastocaba en una crueldad fuera de control”, señala un ex amigo, quien menciona como ejemplo uno de los pasatiempos del “Fanta”, cuando terminaba su labor partidaria: reunir por las noches a sus amigos del “Equipo”, para ir a golpear marihuaneros y homosexuales en el Parque Forestal. “Esas salidas eran como los trabajos voluntarios, porque la otra parte era la profesional. Y él siempre pegaba más de lo que había que pegar”.

DESACTIVADO Y SUMERGIDO

Poco después de su retorno de la Unión Soviética el “Fanta” se esfumó de las tareas de autodefensa. Había sido discretamente incorporado al aparato de inteligencia del PC, reservado solo para los militantes de mayor confianza y con aptitudes para esta área.

Asumió como responsable de un equipo de trabajo secreto, encargado de seleccionar, entrenar e infiltrar a agentes enquistados en organizaciones rivales como Patria y Libertad. La red contaba con unos 30 infiltrados, todos con perfiles que hacían difícil sospechar de ellos. “Elegimos a compañeros estudiantes de la Universidad Católica, con buen estándar de vida, de familias de derecha. Así podíamos saber lo que planeaban, que normalmente eran ataques a locales o personas nuestras”, explica uno de los integrantes de la cúpula de ese equipo.

Como todos los que entraban al aparato de inteligencia del PC, el “Fanta” debió desactivar públicamente su militancia. No volvió a aparecerse por locales partidarios y dejó de lado su ya por entonces escasa vida social. Ante cualquier consulta, incluso de compañeros de confianza, la orden para todos los reclutados era decir que se habían aburrido del partido.

Su dedicación era a tiempo completo. Empezó a recibir un sueldo. A pesar de que la mayoría de los encuentros o “puntos” se realizaban en la calle, el aparato disponía de casas y departamentos. Uno de estos inmuebles estaba en el barrio Lastarria y era conocido como “La Biblioteca”, pues tenía muchos estantes con libros. El “Fanta” guardaba ahí una pequeña colección de pistolas y revólveres.

Arriba del “Fanta”, como su superior, estaba René Basoa, un estudiante de sociología de la Universidad de Chile y miembro de la Comisión Nacional de Control y Cuadros del PC, a cargo de las labores de infiltración. Basoa era un tipo extraño. Nadie sabía de su vida privada. Además, era fofo, colorado y tenía voz de niño. En palabras de hoy, un “viejo chico”, lo que contrastaba con la marcialidad del “Fanta”. No, Basoa no era un combatiente. Era un cuadro político especializado en el manejo de información.

Según varios consultados, Basoa fue clave para que el “Fanta” fuera promovido al área de Inteligencia. Todo indica que el “Fanta” nunca olvidó eso. Era el primer dirigente que veía en él condiciones que iban más allá de las destrezas físicas.

FOTOS PARA PATRIA Y LIBERTAD

A principios de 1973, la situación política era cada vez más volátil. El gobierno de Allende llevaba meses denunciando el peligro de una guerra civil y había convocado a los militares al gabinete, mientras era atenazado por la oposición de derecha y por la exigencia de “avanzar sin transar” de la ultraizquierda y de su propia colectividad, el Partido Socialista.

Arreciaban los rumores sobre un inminente golpe de Estado derechista. El propio Allende sabía que había una conspiración en marcha en las filas militares. Las grandes dudas eran su extensión, quiénes la lideraban y cuándo sería activada.

El aparato de seguridad del PC se reestructuró para afrontar el peor escenario. Sus mandos cortaron todos los lazos orgánicos visibles con la “Jota”. La relación se mantuvo solo con el partido adulto, a través de un contacto directo entre el jefe del aparato, que se sumergió por completo, y el secretario general, Luis Corvalán.

En abril de ese mismo año se inició la huelga de los mineros de El Teniente. Dos meses después, más de cuatro mil huelguistas marcharon sobre la capital. Fueron reprimidos por Carabineros. Cientos de ellos se concentraron en un gimnasio de la Universidad Católica de Santiago, protegidos por militantes y mandos de Patria y Libertad.

El aparato de inteligencia del PC dio la orden de infiltrarse en el gimnasio y fotografiar a todos los líderes ultraderechistas. A cargo quedaron el “Fanta” y “Lolo”, quien también se había integrado al dispositivo. Equipados con una cámara fotográfica en un bolso, lograron ingresar sin ser detectados. “Les sacamos fotos a todos los de Patria y Libertad que estaban ahí, armados, a sus jefes y dirigentes máximos. Yo estaba aterrorizado de que nos pillaran”, afirma “Lolo”.

LA PRIMERA TRAICIÓN

En una entrevista publicada en el libro La noche de los corvos, de los abogados Nelson Caucoto y Héctor Salazar (2013), el “Fanta” cuenta que el golpe del 11 de septiembre lo vivió en su departamento de Providencia, en constante comunicación telefónica con su red. Así detalla lo que ocurrió posteriormente: “Pocos días después tenemos noticias que [los militares] han ido a buscar a mi papá al hospital, entonces se toma la decisión de dejar el departamento. Mi hermana se va a la casa de mi mamá, con mi hermano estuvimos arrendando piezas, en casas de seguridad. Mi papá se fue a casas de personas amigas, estuvo en la casa de unas hermanas, hasta que finalmente él se asila en octubre de 1973. Ahí no volví a verlo nunca más”.

En esa entrevista define lo que vivió en adelante su familia como “un desastre”: víctima de una severa depresión, su hermana Patricia también abandonó el país.

A pesar de este caos, él siguió operando. Salvo algunas deserciones, su red se mantuvo activa. En los primeros meses en la clandestinidad, la estructura del PC casi no recibió golpes. Muy distinto ocurría con el PS y el MIR, las dos primeras víctimas de los aparatos represivos.

El “Fanta” estuvo durante meses refugiado en el departamento de una familia comunista, en avenida Carlos Antúnez. Un dirigente clandestino recuerda haberse cruzado con él cerca de Vicuña Mackenna, en el centro. Estay Reyno mantenía la misma fisonomía. “Simplemente nos miramos sin decir nada”.

Mientras, los jefes máximos del aparato de seguridad del PC tomaban nuevas medidas para intentar sobrevivir. Se eliminó la dirección vertical, con una sola jefatura, y se constituyó un colectivo de tres miembros. En adelante las decisiones se tomarían en conjunto, pero con cada mando siendo responsable de un área específica y conectado, a su vez, con un integrante distinto de la comisión política clandestina. Además, la gente bajo su mando comenzó a ser evaluada periódicamente, tratando de medir su compromiso y templanza. En el caso de René Basoa, a mediados de 1975 decidieron no darle más tareas y apartarlo poco a poco de la estructura. El tipo parecía acobardado. “Nos daba la impresión de que su fortaleza física y psíquica no era suficientemente dura para resistir lo que se iba a venir encima”, acota uno de los responsables del aparato.

El “Fanta” no. Era visto como un “duro”. De él nadie tenía dudas.

Por esos mismos días se trasladó a una casa de seguridad en el paradero 19 de Vicuña Mackenna, donde vivía la familia de Mauricio Lagunas Sotomayor, uno de los miembros de su red.

Según una reconstrucción posterior de hechos elaborada al interior del PC, en la segunda mitad de 1975, cuando ya vivía con los Lagunas, el “Fanta” fue contactado por un viejo amigo del aparato de seguridad. Se trataba de Víctor Vega Riquelme, un muchacho que luego del golpe se asiló en una embajada sin el permiso del partido y partió a Alemana Oriental. Una falta grave, que no pasó a mayores cuando Vega explicó que había dejado el país porque estaba en peligro, pero que quería volver y colaborar con el trabajo clandestino.

Carlos Toro –dirigente del PC que había estado a cargo del aparato de inteligencia–, consideró que Vega debía especializarse como radista y cifrador de comunicaciones, una labor que sus compañeros en Santiago necesitaban con urgencia, para mantener el contacto con la cúpula en el exilio. La especialidad era muy sofisticada para la época. Incluía manejar tecnología de punta.

Una vez terminada su instrucción, Vega regresó clandestinamente a Chile. Sin embargo, su enlace para conectarse con la estructura partidaria falló. Durante semanas, “Vitoco” buscó la forma de revincularse. Y lo logró a través de Jaime Estay e Isabel Stange, el hermano menor y la cuñada de Miguel Estay Reyno. Así retomó también contacto con “El Fanta”. En todos ellos confiaba plenamente.

Quienes trabajaban en el aparto de inteligencia del PC en esa época, consideran muy probable que Vega le haya contado a Miguel Estay sobre su nueva misión.

Vega debió ser uno de los últimos compañeros en ver al “Fanta” libre. Según una declaración judicial entregada por este último en septiembre de 1985, la noche del 22 de diciembre de 1975 en la casa de los Lagunas en Vicuña Mackenna irrumpieron varios civiles armados. Encapuchados y con la vista vendada, se llevaron al “Fanta” y a Mauricio Lagunas Sotomayor.

Se trataba de agentes del Comando Conjunto. El aparato represivo liderado por la Fuerza Aérea había comenzado su embestida contra el PC, el único partido de la UP que mantenía casi incólumes sus estructuras.

En su citada declaración de 1985, el “Fanta” omitió un dato muy relevante: los agentes de seguridad llegaron a la casa guiados por René Basoa. Su superior lo había entregado. Según diría años después, todas sus medidas de seguridad estaban dirigidas a evitar una delación “desde abajo”. Jamás pensó que la traición vendría de su jefe.

UNA REUNIÓN CONCERTADA

El “Fanta” siempre ha dicho que en sus primeros días detenido no tuvo intención de colaborar con sus captores, a pesar de que fue sometido a salvajes torturas. Ha señalado también que en un momento fue sacado de su celda y llevado a la casa de la familia Lagunas, para incautar material político. Según su versión, en esa salida alcanzó a enviar el recado de que ya nadie del partido se podía reunir con él, especialmente su hermano menor, Jaime. Todos debían tener claro que si pedía cualquier encuentro era porque lo estaban obligando a montar una trampa.

A principios de enero de 1976, sin embargo, Jaime Estay Reyno concurrió a un punto de reunión callejero con su hermano mayor. Lo hizo acompañado de su pareja, Isabel Stange, y de Víctor Vega Riquelme, el radista llegado de Alemania Oriental. “Lo extraño es que mi hermano concurre a un punto conmigo, eso para mí es lo que verdaderamente me descoloca, porque yo confiaba en que no llegaría él, no debía haber llegado nadie”, señala el “Fanta” en el libro de Caucoto y Salazar.

Con su hermano detenido, afirma, se habría visto obligado a colaborar, para salvarle la vida a él y a su pareja. Gracias a eso, Jaime Estay y su mujer lograron exiliarse. A cambio, dice el “Fanta”, no tuvo otra salida que entregar toda la información que tenía del PC, elaborando una lista de muchos de los militantes a los que había conocido, desde el Liceo Gabriela Mistral hasta el aparato de seguridad.

Distinta fue la suerte de Víctor Vega Riquelme: hoy es un detenido desaparecido. Si bien el “Fanta” ha alegado que no tuvo nada que ver con su asesinato, sus ex compañeros del aparato de seguridad no le creen. Están convencidos de que entregó a Vega, pues estaba al tanto de su delicada misión como radista y encriptador de comunicaciones. Y que sus captores lo liberaron algunas horas para que el “Fanta” concertara la cita en la que Vega iba a ser detenido. La inclusión de su hermano Jaime y su cuñada habría sido para que el radista no sospechara y efectivamente asistiera. “El «Fanta» esperaba un trueque: su vida por la de Vega. Pero cuando tuvieron a Vega no hubo trueque, porque Vega debió contar lo importante que era su amigo. Al «Fanta» no lo soltaron, le siguieron dando duro”, señala un ex miembro del aparato de seguridad.

La traición fue sin retorno. Luego de colaborar bajo tortura pasó a ser un represor convencido, sentenciando a muerte a decenas de sus ex camaradas. Hasta hoy es imposible saber cuántos. El ex dirigente de la “Jota” Manuel Guerrero Ceballos, de quien el “Fanta” había sido guardaespaldas, fue apresado por el Comando Conjunto en 1976. Bajo tortura reconoció la voz del “Fanta” como uno de sus interrogadores. Guerrero Ceballos pudo salvar su vida ya que en su detención había sido gravemente herido, lo que dejó al descubierto el secuestro. Una vez que salió al exilio dio la voz de alarma a todo el PC: el “Fanta” había cambiado de bando.

A partir de entonces, su nombre pasó a ser sinónimo de máxima traición en el PC.

TRES CUERPOS EN QUILICURA

Casi diez años después, en marzo de 1985, con el país en estado de sitio, unos campesinos encontraron en un camino de Quilicura el cuerpo de Guerrero Ceballos, quien había retornado del destierro en 1982 para colaborar en la lucha contra Pinochet. A unos metros estaban los cadáveres del sociólogo José Manuel Parada y del publicista Santiago Nattino, también comunistas. Los tres habían sido degollados por efectivos de la Dirección de Comunicaciones de Carabineros (Dicomcar), el dispositivo de inteligencia de la policía uniformada.

La investigación judicial por este caso logró establecer que Miguel Estay Reyno integró el comando asesino, en su calidad de empleado civil adscrito a la Dicomcar, donde recaló luego del desmembramiento del Comando Conjunto. Por ese triple crimen el “Fanta” cumple hoy cadena perpetua en Punta Peuco. Desde su celda, sin embargo, logró en 2011 que el Estado chileno –a través de la comisión Valech II– reconociera su condición de víctima de torturas, por lo cual recibe una pensión mensual, entre otros beneficios.

“Nadie es tocado por una varita mágica y se transforma de la noche a la mañana. Es un proceso. Pero si hubiera tomado una decisión distinta hoy sería un detenido desaparecido más”, dijo en una entrevista a Ciper, en noviembre de 2007.

En marzo de 1982 su ex jefe en el PC, René Basoa, fue asesinado por agentes de inteligencia del Ejército, todo indica que en el marco de una pugna interna con ex miembros del Comando Conjunto adscritos a la Fuerza Aérea.

El padre y los dos hermanos del “Fanta” rehicieron su vida en México. La traición del mayor de los hijos hombres supuso un quiebre en la familia.Hasta mediados de 2014 no lo habían vuelto a ver.

MIRARLO A LOS OJOS

Un ex miembro del aparato de seguridad lo define como “un sicópata”. Señala que él jamás habría aprobado su nombramiento como jefe de infiltración. “Nunca se convirtió en un agente hecho y derecho, porque no tuvo tiempo. Cuando él se muestra así es porque está usando una máscara de hombre súper inteligente, que le quedó pegada desde niño, porque era adicto a las revistas de superhéroes”.

“El gran error fue haberle entregado tareas delicadas sin haberle hecho un perfil sicológico, porque él era un sicópata”, coincide otro ex dirigente. A su juicio, hubo indicios que nadie quiso ver, como su extrema frialdad y disciplina, que lo llevaba a nunca discutir ninguna orden, pero también su tortuosa relación con las mujeres. Como ejemplo, menciona que años después se enteró de primera fuente que Estay Reyno tuvo una aventura sexual de una noche con una militante, a principios de los ’70, la que no funcionó debido a una disfunción erectil. “Y él reaccionó violentamente en contra de la compañera, le echó toda la culpa”.

“Lolo”, su viejo amigo de las autodefensas, tiene otra explicación. Sostiene que lo que el “Fanta” intentó con el Comando Conjunto fue emular la trama de uno de sus libros de espías favoritos, La orquesta roja, de Gilles Perrault. El texto narra las aventuras de Leopold Trepper, un espía soviético que dirigió una red infiltrada en la Alemania nazi. Bajo la máscara de colaborar con el nazismo, Trepper salvó a compañeros. “Yo creo que eso es lo que él en su fantasía intentó hacer: una delación acotada que a la larga no le funcionó”, señala “Lolo”.

Como indicio menciona que un familiar, militante comunista también y de quien el “Fanta” había sido muy amigo, se cruzó con él en la calle, cuando ya era un activo colaborador del Comando Conjunto. Iba acompañado con otros agentes represivos. “El «Fanta» lo vio y le cerró un ojo. Nunca lo denunció”.

Entre 2006 y 2007, cuando habían transcurridos más de 20 años del triple degollamiento de Guerrero, Parada y Nattino, el “Fanta” inició un silencioso proceso de acercamiento para reunirse en su celda con Manuel Guerrero hijo, a través de un par de intermediarios. Al joven, sociólogo y profesor universitario, en un principio le interesó la idea. “Yo tenía la imagen de que él miró a los ojos por última vez a mi papá y mi papá lo miró a los ojos a él antes de morir. A mí me interesaba rescatar, en los ojos del «Fanta», la última mirada de mi papá”, cuenta.

Sin embargo, Guerrero hijo declinó cuando el “Fanta” hizo públicos los sondeos en una entrevista concedida en noviembre de 2007 a Ciper. Para él fue obvio que no se trataba de un gesto sincero de arrepentimiento. “Me di cuenta de que estaba operando, que esto era administración de la información para obtener beneficios carcelarios, que no era un encuentro, sino que otra cosa”.

¿Cómo es que alguien que conoció de cerca a su familia devino en delator, luego en un activo torturador y finalmente acabó participando en el asesinato a sangre fría del hombre al que había protegido, en uno de los crímenes más horrendos de la dictadura? Manuel Guerrero hijo ensaya una respuesta: “La de ellos no era amistad, sino una relación jerárquica entre militantes, lo que para la estructura de personalidad del «Fanta» probablemente era irritante, dada su obsesión con el poder. Más que fraternidad entre compañeros, el «Fanta» sentía que siempre estuvo para los mandados, para entregar protección a dirigentes como mi padre. Cuando él se vuelve torturador al fin puede tener el control y puede decir: «Ahí te tengo, Manuel, yo soy el que tiene la sartén por el mango ahora». Durante la tortura mi papá, estando vendado, reconoció su voz. El «Fanta» le decía: «No niegues más Manuel, habla. Conocemos a tu papá, a don Manuel, a tu compañera, la Vero, y al Manolito. Habla, si ellos ya saben todo». Efectivamente, el «Fanta» en ese momento ejercía el poder total, pero reconvertido en traidor, delator y torturador”.


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