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Rodolfo Alejandro Depix Díaz

Teniente de Ejercito

Curso en la Escuela de las Américas en 1971

 

Este oficial robo pertenencias al abogado Reinaldo Salvador Poseck Pedreros, detenido el 7 de octubre de 1973 y desaparecido hasta la fecha.  Así lo denuncio el capitán Andrés Jesús Morales Pereira, jefe de Seguridad del Regimiento de Infantería de Montaña Nº 9 de Chillan, comandado por el Coronel Guillermo Toro Dávila.

Rodolfo Depix también participo en la detención del actual detenido desaparecido Juan Mauricio Poblete Tropa

Fuentes: Primeralinea.cl; Archivo Memoriaviva

 

Primeralinea.cl  miércoles 20 de noviembre de 2002

“Fue entonces que Morales le confidenció que el culpable de todo había sido el coronel Toro, jefe del regimiento, que el teniente Depix se había quedado con el anillo, el carnet y el reloj Longines del abogado Poseck, y los responsables directos de su muerte habían sido los carabineros de la Segunda Comisaría de Chillán”

¿Qué pasa cuando un coronel busca a su cuñado desaparecido?

Una mujer baila con oficiales del Ejército y años después desaparece su hermano. Un jefe del Partido Nacional entrega listas de “revolucionarios”. Un capitán confiesa su crimen a una mujer. La verdad por doscientos dólares. Muchos militares lloran a sus familiares torturados, desaparecidos y exiliados. El ex coronel José Ramos es uno de ellos.

“En acuerdo” se encuentra en la Corte Suprema un fallo relacionado con el proceso 782-95 del Tercer Juzgado Militar de Concepción, donde se investigó la desaparición del abogado socialista Reinaldo Salvador Poseck Pedreros, ex jefe zonal del Instituto de Desarrollo Agropecuario (INDAP) de Chillán.

El 23 de octubre de 1998, el tribunal militar determinó el sobreseimiento total y definitivo de la causa, fallo que fue confirmado por la Corte Marcial el 3 de octubre del 2001. Raquel Mejías, abogada del Programa de Derechos Humanos del Ministerio del Interior, interpuso entonces un recurso de casación ante el máximo tribunal, señalando que “la investigación es incompleta, y más aún desde el momento en que este proceso fue de competencia de la justicia militar, se transformó en una investigación meramente formal, destinada a cumplir con todos los trámites de un proceso, pero no a conocer la verdad de lo ocurrido con el abogado Reinaldo Poseck Pedreros”.

El 29 de noviembre de ese año, la fiscal de la Corte Suprema, Mónica Maldonado, recomendó a la instancia acoger el recurso. Entre los argumentos estaba que el artículo 413 del Código de Procesamiento Penal que dispone que “el sobreseimiento definitivo no podrá decretarse sino cuando esté agotada la investigación con que se haya tratado de comprobar el cuerpo del delito y de determinar la persona del delincuente”. Hasta la fecha el máximo tribunal sigue sin pronunciarse.

“No sé nada de esa persona”

El ex coronel Ramos narra la búsqueda de su cuñado en su libro “El Piloto Wenche” (Editorial Tierra Mía, 2001). La otra parte de esta historia está en el expediente Nº 46060 rotulado como “presunta desgracia” en el Segundo Juzgado de Letras de Chillán, al cual tuvo acceso Primera Línea.

El oficial recuerda cómo el 1 de octubre de 1973, ni bien terminó el toque de queda, se dirigió al Estado Mayor del Ejército, para reunirse con el general Augusto Lutz, jefe de Inteligencia Militar, y plantear la desaparición de su cuñado, el abogado socialista Reinaldo Poseck.

Hasta el día del golpe militar, Ramos había sido jefe del Estado Mayor del Comando de Institutos Militares. Su negativa a participar terminó con sus 30 años de carrera. Debió abandonar la “familia militar”, aunque no fue detenido.

Su cuñado Poseck, jefe zonal del Instituto de Desarrollo Agropecuario (INDAP), casado y padre de tres hijos, había sido detenido el día anterior en su casa de Chillán por orden del comandante Guillermo Toro Dávila. Lo delató un vecino.

El coronel Ramos había sido compañero de promoción de Lutz en la Academia de Guerra, por lo cual esperaba que su ayuda le fuera útil. Mientras lo visitaba en su oficina, Lutz llamó por teléfono al general Washington Carrasco, jefe de la III División de Ejército de Concepción, para buscar una respuesta, sin éxito. Lutz le recomendó entonces comunicarse directamente con el comandante Toro, quien llegaría al día siguiente a Santiago.

Luego de la reunión, Ramos volvió a intentar comunicarse con el general Lutz, sin resultados. El 3 de octubre averiguó que el comandante Toro había volado a Santiago en un avión civil del Club Aéreo de Chillán para asistir a otra conmemoración del 'Desastre de Rancagua'.

Ramos conocía a la madre de Toro y sabía que el oficial la visitaría en su casa de Pedro de Valdivia en algún momento. Estuvo esperándolo allí y cuando llegó, a las seis de la tarde de ese día, el encuentro fue muy breve: el oficial negó que hubiera ordenado detener a Poseck y dijo que 'nada sabía de esa persona'.

Al terminar esa semana, Toro entregó su cargo al teniente coronel Christian Guedelhoeffer (hoy fallecido).

“No vacilaría hasta encontrar la verdad”

El 11 de octubre, Ramos tomó el tren a Concepción, para hablar con el general Carrasco, intendente de esa ciudad, quien conocía a Poseck y su familia. Al día siguiente, Ramos se dirigió a la intendencia y fue atendido por el comandante Luis Ortiz Sallorenzo. Éste llamó a Chillán, para consultar la lista de los detenidos, y le fue negada la detención de su cuñado.

El día siguiente, Ramos llamó nuevamente a Sallorenzo. El oficial le informó que Poseck efectivamente había sido detenido en Chillán el 30 de septiembre, pero había sido liberado dos días después por 'falta de méritos'. Ramos tomó entonces el tren a Chillán.

Sin embargo, Poseck no estaba en su casa. En la estación de tren se encontró con el comandante Guedelhoeffer, quien había sido alumno suyo en la Academia de Guerra en 1968. 'Al oírme preguntar por el abogado Poseck, palideció y nada pudo responder. (...) Lo noté nervioso y vacilante cuando me despedí de él, y le advertí que no descansaría hasta obtener la verdad', escribe Ramos.

El oficial regresó a Santiago con las manos vacías. Su esposa 'lloró, se recluyó en casa, y tejió por toneladas lana y más lana, rezó y pidió a Dios todos los días que le devolvieran a su hermano. No desea a nadie la maldad que le hicieron a ella sus amigos infantes, aquellos a quienes conociera en su juventud, con algunos de los cuales bailara en amistosas recepciones'.

En octubre la prensa local informó que se había logrado desarticular una escuela de guerrillas, supuestamente liderada por Poseck. Se afirmaba que el abogado estaba prófugo junto a su lugarteniente, Cecil Patricio Alarcón Valenzuela. Este último, militante socialista y también funcionario del INDAP, de 23 años, está desaparecido desde el 16 de septiembre del mismo año.

El 3 de noviembre de 1973, el diario “Crónica” de Concepción reveló que había caído “la plana mayor del Plan Zeta de Chillán”. Allí se mencionaba al “ex diputado Rogelio de la Fuente y Reinaldo Poseck”.

“Ya basta de engaños...”

Durante el verano de 1974, un mayor enviado por el general Carrasco comunicó a los padres del abogado que debían estar tranquilos, 'ya que su hijo no había sido detenido aún, pero que era buscado en la región, y él estaba preocupado, pues era un prófugo de la justicia militar. Finalmente, les aconsejaba que tuvieran confianza en que estaba con vida en algún lugar apropiado para su accionar como dirigente en Ñuble del bando opuesto por la junta militar'.

Meses después, la esposa de Ramos recibe una carta de su cuñada en Valdivia. Esta le relata un encuentro con un coronel retirado, amigo de su marido, quien le señaló que 'ya estaba bueno de engaños, pues el abogado Poseck había sido ejecutado la misma noche de su detención', y le aconsejó que 'no siguieran buscando, ya que la ejecución sería negada por el Ejército, pues todos estaban juramentados a no dar información sobre asuntos de presos o desaparecidos'.

En tanto, Ninette Martignoni, esposa del abogado desaparecido, fue contactada por una joven luego de una reunión de la Cruz Roja Internacional, donde acudían familiares de presos y desaparecidos.

La muchacha era hija de una enfermera del hospital Herminda Martín de Chillán, que atendió a varias personas que llegaron con señales de tortura desde las unidades militares locales en los primeros días del golpe militar. 'Le comunicó que su madre había hablado en casa de don Reinaldo, quien había llegado herido una noche de septiembre, con una pierna quebrada, y ella lo había atendido con el doctor Parr'. El abogado 'había quedado bien, con su pierna enyesada y recuperado', pero 'al amanecer fue requerido por
una patrulla militar, cuyos integrantes dijeron estar cumpliendo órdenes del general Carrasco, y se lo llevaron del hospital'. Parr negó en el proceso haber atendido a Poseck.

El mayor retirado Oscar Poseck, hermano del desaparecido, había sido compañero de armas del general Carrasco en el regimiento Tucapel de Temuco, donde ambos se habían desempeñado como tenientes en 1942. Le pidió una entrevista para preguntarle acerca del caso, pero el general nunca aceptó recibirlo.

Soledad Poseck, hija mayor del abogado, decidió interponer un recurso de amparo en favor de su padre, el cual fue rechazado. Ella y su madre viajaron entonces a Santiago y se asilaron en la embajada de Venezuela. 'Los suegros del señor Poseck y sus padres', en tanto, 'murieron destruidos por la desintegración de la familia', escribe Ramos. La mujer del desaparecido y su hijo Ariel abandonaron el país en 1975 y se refugiaron en Cuba. Volverían al país recién en 1986.

El proceso por la muerte de Poseck se inició en el Segundo Juzgado del Crimen de Chillán el 29 de septiembre de 1977. Las investigaciones no tuvieron mayores resultados. El juez Hugo Neira Carrillo dictó el sobreseimiento temporal en diciembre de ese año.

“Se le pasó la mano con la tortura”

Pasaron 17 años. En 24 de junio de 1994, el abogado de la Corporación Nacional de Reparación y Reconciliación, Alejandro González, solicitó al tribunal de Chillán el conocimiento del sumario, así como la realización de varias diligencias. El juez Guillermo Arcos Salinas dictó entonces una serie de órdenes.

En el tribunal de Chillán, Ramos se encontró con el ex mayor Eduardo Torrealba Pacheco, quien había servido en el regimiento de esa ciudad durante 1973.

Torrealba le relató que a fines de septiembre de ese año había visto a Poseck en la oficina del coronel Toro, lo cual le extrañó profundamente, porque no había cargos en su contra. También le indicó que estaba seguro que el abogado había sido ejecutado en el mismo cuartel.

Ramos también se enteró que un jefe del Partido Nacional de la zona, Pedro Guzmán Alvarez, había oficiado como informante del coronel Toro y su jefe de seguridad, el capitán Andrés Jesús Morales Pereira. Las opiniones de Guzmán habían sido determinantes para efectuar las detenciones de ciertos funcionarios de la Unidad Popular.

José Pedro Guzmán Álvarez declaró en 1994 desde su domicilio en Viña del Mar que a fines de septiembre de 1973 ingresó como oficial de reserva al regimiento de Infantería No. 9 de Chillán, pero indicó haber desempeñado labores administrativas en la intendencia de Chillán. En cuanto a Poseck, dijo nunca haberlo conocido. Agrega que a partir de noviembre del 73 cumplió funciones en resguardo del toque de queda, pero “nunca participé ni pertenecí a ningún organismo de seguridad, ya sea de los propios del Ejército, como tampoco en otros”. Es más: señaló que “en mi desempeño como oficial de guardia del regimiento, jamás vi ingresar un detenido por los servicios de seguridad”.

Asimismo, Ramos fue informado que el capitán Morales había confesado a una mujer ser el autor de la muerte del abogado Poseck, 'por el solo hecho de no haber podido sacarle información sobre otra personas consideradas enemigas del régimen militar. Durante la noche del 30 de septiembre de 1973, cuando lo interrogaba, 'se le pasó la mano' con las torturas'. Morales, quien sería expulsado del Ejército, había repetido esta misma versión ante un ayudante del regimiento de Chillán, el capitán Lutgardo Fuentes Contreras, apodado 'El Paddy', quien laboraba como veterinario.

En el proceso, Julia Fernández Cisternas, ex funcionaria del Servicio Agrícola Ganadero, quien también fue encarcelada luego del golpe militar, declaró que a fines de septiembre el oficial Morales concurrió a su casa una madrugada, “se abrazó a mí y se puso a llorar, a la vez que me decía que se encontraba en problemas, ‘que se le había pasado la mano con Reinaldo Poseck y su jefe, el mayor Arellano, se iba a enojar porque se le había ido sin hablar nada’. Agregó que con la corriente le produjo un paro cardíaco”. También dijo en el proceso que posteriormente Morales la amenazó de muerte por su confesión. Hasta el 11 de septiembre la funcionaria se había desempeñado como secretaria del intendente Juan de Dios Fuentes Rojas, en Chillán.

La educadora de párvulos Raquel Valdés, en tanto, confirma haber visto a Poseck detenido en el regimiento. En el proceso declaró que concurrió al recinto a visitar a un amigo, Claudio Reyes, ya que ambos eran militantes de las Juventudes Comunistas. “Poseck vestía una chaqueta de castilla de color negro y era revisado por un teniente, al parecer de apellido Depix, quien le quitaba sus pertenencias, entre estas el anillo de compromiso”. Reyes, en tanto, señaló en el juicio que durante su detención en el regimiento también vio a Poseck en compañía del capitán Morales. Poseck “se sienta a mi lado y conversamos por unos cinco minutos a solas, donde me dice: ‘compañero, a mí me van a matar, pero no hay que desilusionarse, ya que la vida de los revolucionarios es así’. Seguidamente entra el capitán Morales y se lo lleva… Nunca más supe de Reinaldo Poseck”.

Ana María Andrades, quien fue detenida el 2 de octubre, en virtud de su militancia socialista y labor como funcionaria del Servicio de Cooperación Técnica (Sercotec) de Chillán, también dice haber visto a Poseck en el regimiento. Fue en un hoyo donde eran arrojados los detenidos. Andrades dijo que vio a Poseck vendado.

Quieren dinero

En agosto de 1988, cerca del mediodía, el ex oficial Morales se presentó sorpresivamente en la casa del coronel Ramos.

Le señaló que estaba en el cuartel el día que su cuñado fue detenido, que lo hizo registrar y ordenó a su aprehensor, el teniente Rodolfo Depix Díaz, que le tomara los datos. Luego, al llegar la noche, 'di cumplimiento a la orden del coronel Toro, quien me dijo que lo entregara a Carabineros, porque así no tendríamos que responder con él'.

Según Morales, el abogado había sido subido a un jeep y trasladado a la Segunda Comisaría de Carabineros de Chillán, donde había sido puesto a disposición del teniente Patricio Jéldrez Rodríguez. El oficial de la policía uniformada, quien llegaría a ser general de su institución, declaró en 1994 y negó todas las acusaciones. Confirmó que en la época se desempeñó con el grado de teniente en la Segunda Comisaría de Chillán y que conocía a Poseck por ser una persona de figuración pública. Sin embargo, negó haber participado en su detención y tampoco en la tortura.

'Yo tuve que ver con muchos casos en Chillán', dijo Morales en 1988, 'y como ya se está cumpliendo el tiempo límite para las acciones judiciales, ando trayendo en mi portafolios una lista de personas, además de usted, para darles información concreta sobre lo que en verdad ocurrió con sus desaparecidos. Sólo le pido una cantidad que necesito, para poder pagar yo también los servicios de un abogado que me defienda de los eventuales cargos que me pudieran hacer los involucrados. ¿Qué me dice?'.

Morales pidió cincuenta mil pesos (unos 200 dólares de la época) y Ramos dijo que lo pensaría. Le pidió que volviera dos días más tarde.

Así lo hizo. Sin embargo, esa vez Ramos prefirió no recibirlo en su casa. Fue entonces que Morales le confidenció que el culpable de todo había sido el coronel Toro, jefe del regimiento, que el teniente Depix se había quedado con el anillo, el carnet y el reloj Longines del abogado Poseck, y los responsables directos de su muerte habían sido los carabineros de la Segunda Comisaría de Chillán.

Además señaló que sólo él sabía donde podrían encontrar el cuerpo de Poseck, pero que para saberlo tendrían que pagar y puchas, ¿por qué no habló conmigo antes, en vez de hacerlo con mis superiores?'. Al despedirse, Morales le aconsejó 'no irse de lengua' para no poner en riesgo 'su seguridad personal'.

En 1994, Investigaciones intentó ubicar a Morales en su domicilio de La Florida. Sin embargo, no pudo ser hallado. Mientras se realizaba su búsqueda, el abogado de la Auditoría del Ejército, René Alegría, en conocimiento del trámite, señaló que el oficial se presentaría a prestar declaraciones ante el juez. En el proceso, Morales negó todo los cargos. También desmintió haber pedido dinero al ex coronel Ramos.

“Momento de hablar”

En 1990, Ramos recibió una llamada del veterinario Fuentes. Telefónicamente le informó que estaba desahuciado por los médicos y consideraba que había llegado el momento de hablar, pese a que estaba juramentado, al igual que el resto de los oficiales, a mantener silencio.

Según Fuentes, la mañana del 1 de octubre escuchó al capitán Morales informar sobre el deceso de Poseck, mientras era interrogado, y que de inmediato había concurrido a verificarlo al lugar de detención preventiva, unos fosos horadados en el fondo del cuartel. Allí había encontrado a Poseck tendido con varios balazos en el pecho y su pierna derecha enyesada. 'Fue sepultado en el campo militar de Quilmo, desde donde meses más tarde se exhumaron sus restos, por orden del comandante Guedelhoeffer, para ser llevados en dirección desconocida por funcionarios del retén de Carabineros de Huambalí', dijo Fuentes.

El oficial Fuentes reiteró esta versión en 1994 ante el tribunal. Señaló que a fines de septiembre de 1973, el entonces capitán Morales le señaló que “Reinaldo Poseck se les había ido a los carabineros en la Segunda Comisaría de Chillán, en un interrogatorio a cargo de un carabineros de apellido Jeldres, de grado subteniente, quien le aplicó corriente”. También señala que el traslado de Poseck se habría hecho por orden del comandante del regimiento, Guillermo Toro Dávila).

Fuentes recuerda que en marzo de 1974, unos conscriptos que se bañaban en el río Ñuble, en el predio “Quilmo”, encontraron dos cuerpos. Al concurrir el oficial pudo observar “los restos de dos personas amarradas espalda con espalda con alambre de fardo. Sus vestimentas estaban hechas jirones, los cuerpos se notaban deformados e hinchados por acción del agua y arrastre, también presentaban mordeduras de roedores”.

El oficial reconoció a uno de ellos como el abogado Poseck. “Presentaba su pierna derecha enyesada, además yo lo ubicaba perfectamente por su bigote entre rubio y blanco, y contextura física. También se notaba que vestía una chaqueta de color café amarillento tipo escocesa de cuadro grande. En la otra persona reconocí a Patricio Alarcón, quien era el otro jefe del ‘Plan Z’. Éste vestía un sweater de color rojo. Ambos presentaban cuatro o cinco impactos de bala en su pecho”.

El ex oficial Fuentes recuerda haber avisado al comandante del regimiento de Infantería de Montaña No. 9 de Chillán, comandante Cristian Guidelefer (Guedelhoeffer), “y desconociendo totalmente qué procedimiento siguió a dicho hallazgo”.

También el padre de coronel Ramos, un ex suboficial de Ejército, le confesó antes de morir que había hablado con un amigo suyo, quien los primeros días de octubre de 1973 había visto el cadáver de Poseck con varios tiros en el pecho en el polígono de tiro del regimiento de Chillán.

El 30 de mayo de 1995, en tanto, casualmente Ramos se encontró con el ex general Guillermo Toro en el Hospital Militar. Nuevamente le preguntó por el caso Poseck, advirtiéndole que había una investigación judicial en curso. Sin embargo, Toro le respondió que, en caso de ser llamado a declarar, lo haría por oficio, y que en su oportunidad había dado instrucciones a Carabineros para que el abogado detenido fuera interrogado 'con las consideraciones que el caso ameritaba'.

Toro reconoció que el ex teniente Morales y el veterinario Fuentes habían estado bajo sus órdenes, pero señaló que el primero era un 'mal elemento', que había sido dado de baja luego de un sumario. Luego declinó entregar cualquier otra información.

Efectivamente, el 9 de marzo de 1995, el mayor general de Ejército, Juan Guillermo Toro Dávila, se negó a declarar ante el tribunal en virtud de su cargo y sólo accedió a responder un cuestionario por escrito.

El 15 de marzo de 1995, el Tercer Juzgado Militar de Concepción, encabezado por el brigadier general Raúl Carvajal Davidson, solicitó el traspaso de la causa a la justicia militar. Sin embargo, el juez Arcos se negó a la solicitud.

El 21 de abril, el fiscal militar Eduardo Benavides Meneses, solicitó a la Corte Suprema que el tribunal civil se inhabilitara en la causa, al haber ex uniformados involucrados. El 18 de mayo, el fiscal René García Pica recomendó que la causa siguiera en manos de la justicia civil. Sin embargo, pese a ello el proceso fue trasladado a la justicia militar, donde fue sobreseído.

 

 

 

 

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