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Sergio Fernando Contreras Mejías

Coronel Fach

Comandante de Escuadrilla

Torturador de la AGA (Academia de Guerra Aérea)

Alias: Loquillo

C.I.: 6.273.264-4

Domicilio: Amapolas 5581, Ñuñoa

 

Oficial de la Fach involucrado en la aplicación de tormentos a los prisioneros en la AGA, fue la ultima persona que interrogo al General Bachelet

 

 

Reproducimos abajo la entrevista que dio Contreras Mejías a la revista Ercilla, donde aparece como confesión a pesar de que no confiesa nada y cuenta puras fantasías:

Revista Ercilla, No. 3221 - Agosto 2003

Las confesiones de "Loquillo"
"LAS ORDENES VENIAN DE MUY ARRIBA"

Eugenio González Z.


Los ex agentes de seguridad siguen rompiendo su silencio. Curiosamente, uno de estos, con actuaciones en la Academia de Guerra de la Fach y en el Comando Conjunto, no había pisado los tribunales hasta hace muy poco. Hoy, dice estar colaborando para "sacarse la mochila" y con el fin de encontrar a los detenidos-desaparecidos. Su testimonio, su verdad, transita entre lo aclaratorio, lo dantesco, la responsabilidad y la justificación.


"Es una cuestión de conciencia. Nadie se imagina lo que es llevar esta mochila en la espalda durante treinta años, con hijos, con nietos". Así comienza su conversación con Ercilla "Loquillo", un ex oficial de la Fuerza Aérea que dejó la institución en 1989, como resultado de un sumario en su contra.

Sergio Contreras Mejías tuvo una activa participación en la Academia de Guerra, en el proceso que se siguió por la infiltración del MIR a la Fach y, con posterioridad, en el Comando Conjunto. Curiosamente, a pesar de todo cuanto sabe de los primeros años del régimen militar y su secuela de muertes, desapariciones y torturas, hasta hace menos de un año no había sido citado a declarar. Ahora, prácticamente vive en los tribunales.

Y está "colaborando y hablando con la verdad", asegura. Llegó a esa primera cita receloso, sin saber a qué realmente se enfrentaría. Pero, a poco andar, dice que su actitud cambió. "Estábamos acostumbrados a que, si había cuarenta nombres en el proceso, todos eran declarados reos. El juez (Christian) Carvajal es el primero que empieza a decir... usted sí, usted no. Pone a los que tienen que estar en base a declaraciones, no a presunciones. Diría que él es el gran artífice de todo esto, tiene un gran mérito".

Carvajal fue sucedido como juez especial en la investigación del Comando Conjunto por la titular del Tercer Juzgado del Crimen, Graciela Gómez, quien -según Contreras- habría continuado esa línea: "Llega ser hasta un agrado conversar con ella, uno no se siente interrogado".

Pero más allá de este cambio a nivel judicial, habría también una actitud diferente de parte del alto mando de la Fuerza Aérea; si no de colaboración, al menos de no obstrucción en este tema. Así lo dejó entrever Ercilla a mediados de marzo del presente año, y ahora es ratificado por Contreras, un ex agente que, casi 30 años después de ocurridos los hechos, quiere narrarlos e intentar aclararlos, o justificarlos. Es su verdad, la que asevera está volcando en tribunales.

Ingresó a la Academia en enero de 1974, "subteniente recién egresado, con olor a cadete. Uno es idealista, cree en todo lo que está pasando, está totalmente convencido". Admite que estaba "en guerra", pero -aclara- "con la gente nuestra. Nosotros sólo queríamos desbaratar el sistema que habían montado, sacar de las filas a todas aquellas personas que se habían organizado para atacarnos".

¿Era tan fuerte la infiltración como se decía en esos años?
-Era un movimiento fuerte. Quien comandaba todo era el general (Alberto) Bachelet. También estaban René Miranda, Alamiro Castillo, el capitán Carvacho, Donoso, Vergara. Yo tuve muchos compañeros de curso detenidos. A ellos les hacían clases, intercambiaban notas, se peleaban por escuchar su verborrea constitucionalista, antigolpe. Eso que estábamos concertados para un golpe... ¡negativo!".

¿No tuvieron ningún tipo de información del golpe militar?
-Igual uno tiene acceso a información. Sabíamos de los traslados de grupos aéreos de Antofagasta a Concepción, por ejemplo. En esa época el ambiente estaba convulsionado. Recuerdo estar haciendo guardia todo el año 73 en bombas de bencina, en panaderías. Participo en allanamientos de Sumar, en el Cementerio Metropolitano, y llegábamos al lugar, y nos estaban esperando. Entonces, nos preguntábamos... pero cómo, si era una operación secreta.

¿Y cómo la descubren?
-Casi por casualidad. Sabíamos del general Bachelet, porque lo había hecho presente en todos lados: él apoyaba y participaba en el Gobierno (de la Unidad Popular). Todos los generales que eran ministros vuelven a sus cuarteles, y él es el único que se queda. Ya no había simpatía por él. No recuerdo bien si fue el día 11 o 12, se allanó el Banco del Estado. Se hace salir a toda la gente y se le dice que deje todo como estaba. Nosotros, a diferencia de los militares, que por su doctrina entran avasallando, disparando...ta, ta, ta... fuimos a buscar papeles.

BACHELET Y OMINAMI

Bajo el mando del general Osvaldo Sarabia, asegura nuestro entrevistado, existe la disposición a que los procesos se aclaren y se aceleren.

¿Qué encontraron?
-De repente aparece un acta de reunión. Allí vemos que participan el señor Castillo, de la Fuerza Aérea, el señor Carvacho, de la Fuerza Aérea. Tomamos los papeles, los llevamos y comenzamos a analizarlos. En dos o tres días teníamos todos los antecedentes de la infiltración nuestra. Por supuesto que aparecía el general Bachelet.

Así es detenido el general...
-Quiero dejar en claro una situación. Yo tuve mucha participación con esta persona, lo conocí bien. Al general Bachelet nunca se lo torturó, tuvo un muy buen trato. Estuvo, primero, con arresto domiciliario, y cuando no lo cumplió porque hizo una salida por ahí, se le arrestó en el Hospital de la Fach. La enfermera jefe lo atendía, tenía el trato de un general, con visitas diarias y todo.

Su condena la cumple en la cárcel pública. ¿Qué pasó ahí?
-Yo era suboficial custodio, todos los días estaba en la cárcel pública. Se ha dicho que fue torturado y que murió al día siguiente. ¡Negativo!, yo estaba ahí...

Existen antecedentes de que habría muerto por las torturas recibidas...
-No, él muere de un ataque al corazón. Estuvo jugando baby-fútbol, si no me equivoco. Lo que pasa es que ahí la atención médica era bastante deficiente, y ya tenía dos o tres infartos.

Pero no tuvo la atención adecuada.
-Me acuerdo perfectamente. Lo atendió un enfermero y un médico que estaba detenido. Claro, claro. Pasó como media hora antes de que lo pudiéramos sacar; ya salió prácticamente fallecido. Pero le aseguro que no fue torturado. Dentro de todo, igual era un general, aunque pensara diferente.

Sí, pero un general "traidor", como fue catalogado hasta hace poco.
-Estos oficiales son considerados traidores por nosotros. Hay dos suboficiales que salen el día 11 o 12 (de septiembre) en la noche, con una gran cantidad de armas de puño para pasárselas a un contacto del MIR, que no llega, y después se tienen que devolver. Eso es una traición. Entregar el plan de defensa de la base aérea El Bosque al MIR es una traición.

¿A quién se lo entregan?
-A Ominami padre. Le tomaron fotos sobre una mesa, donde aparece un parquet que es del living de la casa de Ominami. Esas fotos están en el proceso. Ese plan lo agarra su hijo Carlos, el que ahora es senador, se lo lleva al MIR, y empieza a circular. Lo encontramos en el Banco del Estado. ¿Cómo se puede llamar eso? Traición, no le conozco otro nombre.

Hasta ese momento, todos los detenidos eran de la Fach. ¿Cómo empiezan a llegar los civiles?
-Con toda la información que se recopila del Banco del Estado, aparecen todos esos próceres que estaban en la isla Dawson: (Clodomiro) Almeyda, (Orlando) Letelier, (Carlos) Lazo, (Erich) Schnake, (Alfredo) Joignant... A esa gente se la trae a la Academia. Tengo grandes recuerdos de algunos, de (Orlando) Letelier, de José Tohá.

Pero entre ellos no había ningún mirista.
-Después que llega la gente de Dawson, empieza a entrar el MIR. ¿Por qué? Los oficiales jóvenes nuestros tenían contacto con los mandos medios del MIR. En realidad, no teníamos ninguna opción de llegar más arriba por la compartimentación que tenían.

¿Cómo consiguen llegar a la cúpula?
-Ahí nos llega otro regalito. De repente, aparece una persona prácticamente tocando el timbre de la Academia, y dice: "Quiero vender información, ustedes me pagan, y yo les entrego al MIR completo". Ese señor resultó ser Schneider, el famoso "Barba", el que dicen que andaba de uniforme, pero nunca fue así. Nos entregó todo en bandeja.

Y así los desarticularon.
-Les desarmamos todo el aparataje logístico: autos, plata, casas. A su vez, nosotros mismos habíamos asilado a muchos miristas. Les decíamos: Mira, tú eres tal persona, estas son tus chapas, nos falta sólo esto; cuéntanos y te dejamos en la embajada que quieras.

¿Así, tan simple, tan limpio?
-Así era, o se los entregábamos a los curitas. Se transaba. Si nuestra política no era el aniquilamiento ni combatir el pensamiento. No nos interesaba si era marxista; nos interesaba el extremista, el que nos tocaba directamente a nosotros, como institución.

Pero había miristas que resistían...
-Claro, mire... yo siempre cuento este caso. En una oportunidad, estamos deteniendo a un contacto en el sector Andrés Bello. Yo voy caminando, y veo que me cruza; me devuelvo y choco con otro tipo. Partimos detrás del que andábamos buscando, lo metemos en un negocio y lo detenemos. Detrás mío se para el otro tipo, y después se va. Yo no veo nada de eso. A la semana siguiente, en otro operativo, cae esa persona. Lo primero que me dice es: "Yo a usted lo conozco". ¿Dónde, cómo?, le pregunto. "En tal oportunidad -me dice- pasó esto y esto lo otro", y relata el mismo hecho. "Yo iba detrás suyo y le apunté, pero nosotros no matamos por la espalda". Ese es el pensamiento del MIR. Cuando se enfrentó con nosotros, siempre fue cara a cara, mirándonos.

LA DINA ESPERA

Contreras tuvo conocimiento que en el Fuerte Arteaga (en la imagen, cuando la jueza Amanda Valdovinos realizó pesquisas en el lugar) se mató gente y se realizaron exhumaciones.


¿Y cómo se explican, entonces, las desapariciones y muertes de la Academia?
-(Piensa). Esto va a causar escozor a más de alguien, pero... bueno. Nosotros los interrogábamos y los soltábamos, pero afuera los estaba esperando gente de la Dina de ese entonces. Los tomaban, les daban duro; hay algunos casos de éstos que están desaparecidos y que han intentado achacarlos a nosotros.

No todas las desapariciones y muertes se le pueden endosar a la Dina.
-Nosotros sí tenemos dos situaciones por las que hoy estamos siendo enjuiciados: los casos de los señores Carreño y (José Luis) Baeza Cruces. El primero cae con el diputado (Jorge) Montes. En otra unidad de la Fach estaba la señora de Montes y dos hijas, y sufre un ataque de histeria porque piensa que a su marido lo han matado. El fiscal me ordena ir con ella a su casa para que lo viera. Allí dejamos gente nuestra. Más tarde llega Carreño, y nos dice que iba a buscar a Montes porque tenía que llevarlo a una reunión. "Bueno, le dijimos, vamos todos a la reunión". Allí cae Baeza Cruces, que es un desaparecido nuestro.

¿Cómo murió Carreño?
-El es un hombre enfermo, ulceroso. En la noche, cuando llegamos a la Academia, se le da un tazón de café con un sandwich de mortadela. Como a la media hora, le dan unos vómitos explosivos. El tipo estaba reventado adentro, por la úlcera... Con el veneno que le di, sin querer... el café. Se le opera, no se salvó, y se le entrega a los familiares. Dicen que fue torturado, pero ni se alcanzó a conversar con él.

¿Y el desaparecido Baeza Cruces?
-Baeza Cruces sí pasa por la Academia, y después aparece desaparecido. Es un hecho que está investigando el Noveno Juzgado. Está en pleno secreto del sumario; por eso, discúlpeme que no le entregue mayores antecedentes, pero eso ya está aclarado.

¿Qué sucede después con los detenidos?
-En diciembre del 75, más o menos, nos trasladamos a una casa de la Academia que estaba en Apoquindo cerca del teatro el Golf. La identifican en los juzgados como la "casa amarilla". Ahí habían unos cinco o seis detenidos; era para terminar los procesos, porque la Academia había que entregarla.

¿Hay gente que todavía esté cumpliendo condena?
-Creo que no. Salieron fuera del país y algunos ahora han llegado. De hecho, son las querellas que estamos soportando por torturas.

¿Cuánta gente ha presentado querellas?
-Entiendo que son como veinte querellas.

¿Veinte personas que están inventando que fueron torturados?
-No diría inventado, para no desatar más problemática. Justifico su actitud, pero el trato hacia una persona que está acusada de traidor es así. Yo no le puedo decir: señor, por favor, siéntese, venga a conversar. El trato es humano, pero duro, enérgico, sin que esa energía se transforme ni en corriente ni en golpes.

De acuerdo, pero créame que no me calza este trato tan considerado del que usted habla y la cantidad de denuncias que existen.
-Es que todo esto va generando una leyenda. Así como nosotros la tenemos de gente muy mala, ellos se generan su leyenda de gente muy buena, que han sido torturados y han pasado por miles de cosas. Si los detenidos recibían visitas, ¿cómo les vamos a mostrar gente torturada a sus familiares?

EL "WALLY" A ESCENA

"Los problemas que voy a tener hay que enfrentarlos. No sé si son más graves los que puedo tener ahora, o los treinta años que viví con esa mochilita arriba".


¿Qué sucede después de la "casa amarilla"?
-Yo hago un viaje y me pierdo un par de meses. A mi vuelta, me encuentro que se ha creado la Difa (Dirección de Inteligencia de la Fuerza Aérea), al mando del general (Enrique) Ruiz.

Y entonces llegan los civiles a la Fach.
-En ese momento era tanta la información que había sobre el MIR y el Partido Comunista, que este grupo del "Wally" (Roberto Fuentes Morrinson) y todos sus secuaces, me da la impresión que convencen a Ruiz y siguen funcionando.

¿Cómo aparece el "Wally"?
-Es presentado al general (Gustavo) Leigh. El y Otto Trujillo. Es de un espíritu avasallador, fuerte, muy simpático, un hombre de muchas historias. El toma contacto con otras instituciones; una comunidad de inteligencia que funcionaba en Juan Antonio Ríos. Ahí empezamos a deambular por los que se llaman los Nidos: Nido 18, Nido 20, y Remo Cero, una unidad carcelaria que había en Colina para los detenidos del mal llamado Comando Conjunto. No me acuerdo qué nombre tenía, pero nunca se llamó así...

Pero así se le conoce.
-Sí, y ahí termina la Academia de Guerra...

Usted insiste en volver a la Academia de Guerra...
-Es que quiero dejar claro que somos responsables sólo de las dos muertes que le he comentado. Le reitero que hubo muchos miristas que salieron del país. Después, algunos de ellos volvieron clandestinos, y los mató la CNI. Está el caso de (Arturo) Villavella. Nosotros lo dejamos fuera del país.

Ni siquiera admite que hubo tortura sicológica.
-Hay que entender que vivíamos en una situación de riesgo permanente. Por eso, hacíamos simulacros, por ejemplo, de ataque, si se corta la luz, para ver la reacción de los detenidos y de los que están a cargo de ellos. De repente, a las tres de la mañana... ¡pum!, les cortaba la luz. ¿Es ese un método de tortura sicológico? ¡Negativo! Era un simulacro que hacía cada dos o tres días, a diferentes horas.

Está bien... dejemos la Academia.
-Bueno, termina la Academia y empieza a funcionar esto que no sé como llamarlo (el Comando Conjunto). Se asigna una casa que está en Santa Teresa, en la Gran Avenida, y ahí se trasladan los detenidos que empezaron a ingresar ya con este grupo de "Wally".

Estamos hablando ya de la Difa.
-De la Dirección de Inteligencia, que tenía de primero al general Ruiz, y después el general Sergio Linares. Yo vuelvo de mi viaje y, como soy el oficial más antiguo, nuevamente me hago cargo de la seguridad, de los conscriptos, que estaban muy desordenados.

¿Estaba relajado el ambiente?
-Muy relajado. Trato de poner un poquito de orden, pero no se podía porque "Wally" ya estaba metiendo su grupo, y empieza a llegar gente de otras instituciones también.

¿Quiénes son esos civiles que lleva el "Wally"?
-Ese es el grave problema que tenemos. Llegan tan compartimentados y con tantas "chapas", que hasta el día de hoy casi no se les puede identificar.

¿Qué sucede después de la casa de Gran Avenida?
-Se activa Nido 18, en la Avenida Perú, en La Florida. Mientras tanto, el general Leigh hace construir esa cárcel en Colina. Por octubre o noviembre del 75 se desactivan esas dos casas y nos trasladamos allá.

¿Cuáles eran sus funciones y las de quienes estaban bajo su mando?
-Los que trabajaban conmigo, los conscriptos y los suboficiales, tenían prohibición estricta de participar en nada de lo que estuvieran metidos ellos (el grupo de "Wally"). Ni interrogatorios, nada. Cualquier cosa que vieran me avisaban a mí. Yo asumo toda la responsabilidad de la gente. Esto lo he remarcado muy bien en los tribunales.

¿Usted asume la responsabilidad de sus conscriptos?
-El responsable de la actuación de los conscriptos, suboficiales y oficiales que estaban bajo mi mando soy yo. Si hicieron algo malo, me sancionan a mí; a mí se me arrancaron, yo no cumplí bien.

¿Por qué adopta esta decisión?
-Hasta antes que me llamaran a los tribunales, ellos estaban solos. Nadie entendía cómo andaban puros conscriptos y un suboficial. Hasta el día de hoy, nadie, absolutamente nadie es capaz de tomar su responsabilidad frente a todos estos hechos, se esconden. Todos niegan... yo estaba aquí, o allá, yo no sabía.

ESE ES "LOQUILLO"

"Siempre hemos pensado que todas las acciones que cometió (el "Wally") las hacía previa conversación con Leigh".


¿Cómo se ve involucrado?
-La gente me protegió mucho, por cariño, por una lealtad malentendida. Los iba a ver cuando estaban detenidos, y me decían: "No jefe, no lo vamos a nombrar". Hasta que llegó una persona, y dijo: " 'Loquillo' es tal persona". Me mandaron a buscar, y dije: "Sí soy yo, y soy el jefe de todos estos cabros".

Cabros que están procesados...
-Lo están porque no había a quien procesar. Procesan a un conscripto por secuestro en el caso XX. Siempre es lo mismo, el conscripto tanto, el suboficial tanto, y allí topa. Pero, ¿quién les ordenó a ellos? ¿Qué oficial? Identifiquémoslos...

"Loquillo"...
-Claro, pero es que "Loquillo"... ¿Qué hacía "Loquillo"? Había muchos reclamos míos contra "Wally", por su forma de ser y todo. Un día, me ordenan que debo ir a todos los operativos. Había uno, y tenía que andar mirando. Ibamos como guardia externa. Por eso tengo conocimiento de muchos hechos, pero no recuerdo mayormente los nombres de los detenidos. Cuando me ilustran el lugar, me empiezo a ubicar. Con estas mismas personas hemos ido rehaciendo la historia. Ahí está nuestra cooperación con la justicia.

¿Qué casos recuerda?
-Hay uno bien especial. Es un poquito dantesco, pero pongámoslo como ejemplo. (Juan Luis) Rivera Matus era un señor que estaba detenido en Colina, y le interesaba al Ejército. Bueno, llega a interrogarlo... (duda) ¡Ya, vamos con nombres no más! ¡Qué cuestión! Llega el señor (Alvaro) Corbalán (Castilla) y otro más, como a las seis de la tarde. Yo ya me había ido a mi casa. Como a las nueve o diez se les muere, y lo dejan ahí. Un suboficial me llama y parto de inmediato. Ordeno que lo vistan, y pido que ubiquen a "Wally" por radio. El era el único que tenía un vehículo con radio, tenía todas las garantías, mucho poder, recibía platas aparte. "Wally" llega alrededor de las dos de la mañana. Todo esto está declarado en el tribunal. Se comunica con Corbalán y llegan a un acuerdo: éste le dice que él va ir a buscar a este señor a las tres de la mañana. Como a las diez de la mañana llegaron los del Ejército. Siempre andaban en un Chevy Nova amarillo o café. Pero como este señor era relativamente alto, no encuentran mejor solución que, para meterlo adentro de la maleta del auto, pedir un serrucho para cortarle las piernas. Entonces, mi suboficial que estaba ahí se altera muchísimo y no lo permite. De alguna manera lo meten en la maletera y se lo llevan. Después, tengo entendido que aparece en el Fuerte Arteaga, pero se lo lleva el Ejército.

¿Alvaro Corbalán?
-No tengo clara la información, si fue Corbalán o no (piensa)... No, sí, fue él, me acuerdo por una discusión que tuvo con el suboficial de servicio. Ese suboficial logré encontrarlo, lo llevé al tribunal y declaró todo. Otro que estaba es (Andrés) "Papudo" Valenzuela. El andaba buscando el serrucho para cortarle las piernas.

¿Qué otra situación de este tipo conoce?
-Tenemos otro caso en el que también hay problemas con el Ejército: el de (David) Urrutia Galaz. Este señor, en su celda, sacó el tirador del cierre de su pantalón y, con mucha paciencia, le sacó filo en el piso. Con eso se hizo un corte. Un conscripto lo encuentra prácticamente muriéndose; un suboficial lo mete en su citroneta y parte "soplado" al hospital Fach. En el camino tiene un paro cardíaco; este hombre le hace reanimación y sigue al hospital. El señor Urrutia Galaz tiene una sangre bastante especial, que no había allí. ¿Y sabe quién la tiene? El mismo suboficial que lo lleva; se pone a su lado, y se recupera. Está un par de días en el hospital, y se lo lleva el Ejército: otro detenido desaparecido.

De la Fuerza Aérea...
-Claro. Nosotros lo salvamos, y un suboficial nuestro hoy día está enjuiciado. Por eso estamos en esta postura. Su participación es mínima. Sabemos que somos cómplices, porque debimos haber hecho esto hace tiempo.

¿Y por qué no lo hicieron?
-Porque las condiciones ahora son diferentes. Hoy día los jueces dan la opción de hablar; antes, no.

Y también existió un "pacto de silencio"...
-Eso es cierto. El pacto de silencio es muy usado, en forma tácita. Había que hacerlo, porque si yo hablo... mañana te mato.

LA LINEA DE MANDO

"El pacto de silencio es muy usado, en forma tácita. Había que hacerlo, porque si yo hablo... mañana te mato".


Usted daba órdenes a sus subordinados; pero, a su vez, me imagino que las recibía de otros oficiales...
-Por supuesto, yo no era subdirector de contrainteligencia ni comandante en jefe de la Fach, era un subteniente.

¿Y cree que esos oficiales superiores estén dispuestos a hablar?
-Hasta donde sé, no. Son todos blancas palomas.

¿Ha recibido alguna proposición "por las buenas" para dejar de hablar?
-Al principio se conversó para que dejara de trabajar en esto...

¿Quién le ofrecía eso?
-Surgía de las conversaciones, pero no con la Fach. Pero a mí la plata no me va a tentar. ¡Si yo recibo un puto peso, paso a ser vendido! Quiero que esto sea puro y transparente, que se crea.

¿Qué otro caso de detenidos-desaparecidos recuerda?
-Hay uno bien complicado, el que mayores problemas me está generando, con amenazas y calificativos de traidor. Algo se sabe, pero hay muchos antecedentes más. En diciembre del 75, creo que antes de Pascua, estaba en Remo Cero y me dicen que se va a hacer un traslado de prisioneros bien especial, que no puede haber conscriptos, sólo oficiales y el suboficial de servicio, y que en la madrugada irá un helicóptero a buscarlos. Como a las seis o siete de la mañana llega un helicóptero del Ejército, un Puma, de los de la Caravana de la Muerte, y se lleva a diez personas. Estaban dopados, a uno lo sacan arrastrándose.

¿Ustedes, su personal, inyectaron a esos detenidos?
-No. El helicóptero llega con gente del Ejército, piloto del Ejército, un enfermero del Ejército. Allí sube el "Wally" y se van. Después supimos que el traslado lo hicieron al mar.

Usted, ¿ha declarado esto judicialmente?
-Claro, y nos ha significado un montón de situaciones que están... Bueno, he sido careado con el señor Corbalán...

¿Quiénes eran esas diez personas?
-Me ha costado acordarme de los nombres, pero me parece que la magistrada lo tiene más o menos claro. Había 25 celdas, detenidos que entraban y salían; sacaban gente, como esa madrugada.

El Ejército niega que ellos los hayan sacado.
-Dicen que nunca fue un helicóptero para allá. Siempre he dicho en mis declaraciones, y en los careos, que no tengo afán de mentir ni de maquinar esto. En realidad, si yo no empiezo y digo estos diez detenidos los botaron al mar, no se sabe. Entonces, ¿para qué inventar? Si yo no gano nada; al contrario, me tiré encima mil enemigos más.

¿Quiénes son esas diez personas?
-(Sonriendo) Le podría dar dos o tres nombres, pero a lo mejor le creamos falsas expectativas a sus familiares.

¿Sólo fue careado por este tema con Alvaro Corbalán?
-Con él y con gente de más abajo. ¡Todos blancas palomas! ¿Sabe una cosa? ¡Los que tengan responsabilidad que se afirmen los pantalones y la reconozcan!

Pero podrían pasar 30 años más para saber la verdad...
-Creo que ni con cien años más. Ya están las etapas muy definidas. Pienso que esto llega hasta aquí, hacia arriba no pasa.

Entonces, si las etapas están definidas, toda la responsabilidad es de "Loquillo".
-Habrá que aguantar, no más. Mientras sepa que cuento con el apoyo de mis subordinados, que son ciento por ciento leales, y mientras sienta que los tribunales escuchan y creen en la versión, sigo. El día en que cambie alguna de esas dos condiciones, paro.

Bueno, al menos podría conseguir alguna benevolencia de los tribunales.
-Siempre he dicho en los tribunales que no se vaya a entender que estoy canjeando una impunidad por esto. Mi responsabilidad la asumo; sé bien a lo que voy y donde voy a terminar.

¿Nunca participó en un hecho de sangre?
-Los que estamos en esto tenemos calidad de cómplices, no somos ejecutores, no somos torturadores. No tenemos ese tejado de vidrio, por eso nos sale fácil hablar.

Pero participó en operativos.
-Sí, en operativos, en detenciones, sin entrar a la interrogación o al fusilamiento de una persona. Hay un sexto sentido que me decía... no te metas. Daban ganas, si este asunto de jugar a los cowboys era muy bonito, simpático, pero algo me decía que no.

Su gente, ¿tampoco?
-Nunca permití a ninguno de los míos participar. De repente, cuando yo no estaba, "Wally" me agarraba un conscripto y lo llevaba a un operativo.

Y ahí no se podían oponer...
-No, no podían.

¿Y si les ordenaba matar a alguien?
-No, nunca se le ordenó a uno de mis conscriptos matar. Es que, si había algo, lo hacía directamente "Wally"; era una persona que gozaba disparando. Era un asesino de una frialdad impresionante. Ese tipo llegaba después de enterrar gente, y como si nada.

¿Qué sucede con él después?
-De ahí viene el período que se llama "La Firma", en la calle 18. Eso ya lo maneja "Wally". Ahí matan mucha gente, está el caso (Carlos) Contreras Maluje, que está muy avanzado. Ya van a salir los procesamientos, y habrá sorpresas.

UNA AMISTAD

En las exhumaciones de la Cuesta Barriga, en 1984, los cuerpos fueron metidos en cajas de municiones, llevados en helicóptero y lanzados al mar.


"Wally" era bastante cercano al general Leigh.
-Creo que había una amistad. Un ejemplo. Me correspondió hacer varias pruebas de seguridad en la casa del general Leigh. Uno, sin avisar, entra disfrazado, por una muralla, para ver la reacción de los centinelas y todo. En dos oportunidades me encontré que "Wally" estaba ahí, tomando once, comiendo. Ese era el nivel de relación que tenían. Siempre hemos pensado que todas las acciones que cometió las hacía previa conversación con Leigh.

Aparte de Rivera Matus, que murió en Remo Cero, ¿qué otro caso hay allí?
-Es que estamos entrando en el secreto del sumario... La magistrada se va a enojar.

A lo mejor le ayudamos en su trabajo...
-O me declara reo.

Bueno, esa es una posibilidad más que cierta...
-Sí, lo tengo muy claro.

¿Y en ese entonces, cuando sacaban a alguien muerto de un recinto del que usted era el responsable, no medía las consecuencias, lo que podría venir?
-Bueno, esa es la gran mochila.

¿No se lo comentaba a nadie?
-¿A quién se lo podía comentar, si ya había pasado lo del soldado Bratty, Otto Trujillo... detenidos, interrogados y torturados porque se suponía estaban entregando información a la Dina? Yo debo suponer que si viene un helicóptero del Ejército y aterriza en nuestra base aérea, eso trae una coordinación a otro nivel, a uno muy alto, de directores de inteligencia, por ejemplo. Tiene que haber conocimiento de la Junta de Gobierno, que sé yo. Estamos matando a diez personas de una sola vez. Entonces, uno dice: ¿A quién le voy a informar? Mejor me quedo callado.

Pero ahora podría tener más problemas.
-Los problemas que voy a tener hay que enfrentarlos. No sé si son más graves los que puedo tener ahora, o los treinta años que viví con esa mochilita arriba.

Hemos hablado mucho de Roberto Fuentes, el "Wally", un tipo siniestro. Pero él ya está muerto, y me queda la sensación de que, como no puede defenderse, hay que "cargarle los dados".
-Es lo más fácil. Eso se da, pero pienso que los magistrados lo tienen claro. Hoy día, todos los malos están muertos. El tipo que muere era impresionante, mataba gente, torturaba, y vamos cargándole todo. Yo me hago responsable de lo que digo, como lo he hecho frente a frente en los careos. Yo estaba ahí, y no tengo ningún interés en mentir.

Usted, naturalmente, tenía un superior.
-Por supuesto. Sólo era subteniente.

Por lo tanto, recibía órdenes.
-Claro.

El nombre de esa, o esas personas, ¿están en el proceso?
-Están en el proceso, pero todos dicen que no tienen nada que decir.

¿Les han tomado declaraciones?
-Sí, pero todos... na' que ver, no, no, no sé. Al final, todo termina en "Wally"; era el más malo de todos los malos.

Es lo que yo le decía...
-Sí, pues. El hombre ejecutaba las órdenes, pero las recibía. ¿Quién se las daba? Me imagino...

Allá va mi pregunta. Usted, ¿lo sabe?
-No, porque él llegaba con todas las órdenes. Supongo de donde vienen, pero no tengo certeza; por tanto, no lo puedo declarar.

Pero lo supone...
-No me pida ese nombre, es el peor enemigo que tengo hoy día.

El, ¿tenía contacto directo con el "Wally"?
- ......

¿Está procesado?
-Sí, pero es impresionante como niega.

En Remo Cero también conoció a Alvaro Corbalán Castilla. ¿Cómo era él?
-Igual de prepotente que "Wally", que todos. Ahora han cambiado. Estuve en un careo con uno de ellos y es otra persona. En esa época no le "bajaban el moño" a nadie, tenían mucho poder, se notaba.

¿Imaginaba la importancia que Corbalán adquiriría después, la cantidad de procesos en los que está involucrado?
-Ya se visualizaba. Desde el momento en que tienen el poder de eliminar a una persona, es porque vienen con un resguardo grande, una espalda muy fuerte.

¿Fue llamado a declarar por el ministro Carlos Cerda, en 1984?
-No. Suponía que me iba a llamar; nunca entendí por qué no lo hizo. Claro que bajo el contexto en que vivíamos en ese tiempo, por supuesto no iba a hablar.

Y ahora comenzaron estos nuevos procesos.
-Así es. Con el tiempo me voy enterando que mi gente está detenida. Los voy a visitar y sé todas las cosas que les van pasando, lo mal que los han tratado. La Fach también los trató muy mal, todo el mundo dado de baja.

La Fach, ¿ha hablado con ustedes?
-Sí, aquí hay una etapa bien especial. Este mando, con el general (Osvaldo) Sarabia y el auditor general de la Fach, el general Renato Nuño, ha tenido bastante preocupación para que los procesos se aclaren, se aceleren y se hable con la verdad.

¿Diría que hay un cambio de actitud?
-La Fach tomó otra actitud después del problema del general Ríos y el general Campos. Al principio todo el mundo estaba preocupado por las declaraciones de Otto Trujillo, pero después se dio cuenta que había que tomar otro camino. Seguramente ese es el pensamiento de Sarabia: aclaremos todo esto, terminemos ya; por una vez, enfrentemos la justicia como tiene que ser.

¿Cómo volvió a contactarse con la Fuerza Aérea?
-Lo hice con el auditor general. Le explico cuál es mi postura, lo que estoy declarando y lo que voy a declarar. Me dice: "Aquí, cada uno es libre de declarar lo que quiere. Sí te puedo decir que nos sentimos bien que estén diciendo la verdad y que se aclaren las cosas".

EXHUMACIONES

Un tema que ha causado mucho revuelo en el último tiempo es de las exhumaciones. ¿Qué sabe de ello?
-El año 84, después que se conocen las declaraciones de "Papudo", por ahí por septiembre, "Wally" está acá. Permanece como seis meses, porque estaba en Sudáfrica. Lo traen, y él se preocupa de remover los cuerpos que tenían enterrados.

¿Quién le da esa orden?
-(Piensa)... Voy a dar una opinión... No, es que no puedo, es secreto del sumario... pero está ciento por ciento...

Está bien, pero esas exhumaciones las hace el "Wally".
-El con un grupo de personas que ya ha ido a declarar.

¿Los mismos de siempre?
-Sí, los mismos cabros, conscriptos. Van a Cuesta Barriga y sacan cuatro, cinco o seis cuerpos. Los botan al mar. Ahora, quién da la orden para que despegue un avión y los lleven al mar... Este tema me complica un poco, por lo del secreto del sumario.

Me queda claro que usted lo sabe, pero ¿se conocerá públicamente? ¿Cuándo?
-Sí, se va a saber, pero eso está en plena investigación. Se han interrogado generales...

De acuerdo, pero una orden de este tipo, ¿quién la podría dar?
-O la da el comandante en jefe de la Fach, o un general que tenga mando muy cercano al comandante en jefe, como el director de inteligencia, por ejemplo.

¿Estamos hablando de las cinco primeras antigüedades?
-De los cinco de arriba. Uno de ellos tiene que ordenar. Piense que se necesita un helicóptero para ir al mar a "botar munición", porque los cuerpos los metían en cajas de municiones y los lanzaban.

¿Cuántos vuelos de ese tipo de realizan?
-Me parece que son dos. Ahora, ¿quién los ordena? Tiene que haber existido una combinación a muy alto nivel. Ya le dije... busque dentro de los cinco generales.

¿Se han podido identificar los cuerpos que fueron lanzados al mar?
-Los que participan en las ejecuciones son los que tienen que decir: nosotros matamos a tal persona y la enterramos allá. Sé de hechos propiamente tales...

A "Wally", finalmente, lo mata el Frente Patriótico Manuel Rodríguez.
-Sí, pero existe una teoría en la que concordamos muchas de las personas que hemos estado metidas en estos sistemas.

¿Cuál es?
-Que hay otras manos que participan ahí, manos interesadas, del mismo lado nuestro. Había un riesgo si "Wally" hablaba. Manejaba demasiada información, a todo nivel. Aquí hay "manos negras" metidas, manos institucionales, coordinaciones a otro nivel.

De acuerdo a las investigaciones judiciales, en el Fuerte Arteaga también hubo exhumaciones.
-Es que ahí mataron gente. "Papudo" incluso da nombres de los que van a matar allí.

¿Cuáles?
-Uno que "Papudo" dice que se despide, porque habían hecho amistad, no me acuerdo el nombre. Está también Ignacio González, el "caricaturista". Era re simpático, estuvo en Remo Cero. No recuerdo más. Lo que pasa es que hay un autobloqueo hacia los nombres y las caras. Me cuesta muchísimo hacerlo, además que trataba en lo posible de no involucrarme.

Pero en algún momento, ante la justicia, tendrá que hacerlo.
-Lo estoy haciendo, ya me he acordado de varios nombres.

¿Se siente un delator?
-No, en absoluto.

Usted está corriendo dos riesgos. Uno, el personal, el corporal; el otro, el de la justicia, las penas que le podrían imponer.
-Ante la justicia asumo mi responsabilidad sin temor, con los cojones bien puestos. La responsabilidad que se me asigne la voy a asumir sin reclamar, calladito no más. En cuanto a los que dicen que va ha haber un ajuste de cuentas... y ellos saben perfectamente a quienes me refiero... ellos lo van a entender perfectamente cuando lean estas palabras... ese riesgo lo voy a enfrentar cara a cara. No me siento héroe ni nada, pero si lo que he hecho ante la justicia, y ahora hago ante ustedes, sirve para el país, listo... no hay más que hacer.



"COLMILLO BLANCO"

Otto Trujillo, "Colmillo blanco", es un nombre que reiteradamente aparece en los legajos de los procesos incoados por violaciones a los derechos humanos. Con increíble frialdad ha relatado ante las cámaras de televisión sus crímenes y torturas. Recientemente, sus declaraciones al diario La Nación tuvieron como corolario la salida del comandante en jefe de la Fach. Declaraciones por las que -asegura Contreras- "recibió cinco millones de pesos. Por esa plata, creó una cantidad de mentiras, que lo único que hizo fue perjudicar. Al final, un juez tiene que sobreseer esto, porque no tiene ni pies ni cabeza".
Nuestro entrevistado conoce sus andanzas desde los inicios del Gobierno militar. "Si no me equivoco, era parte de la seguridad del ministro (Sergio) Crespo, de Agricultura, que era muy amigo de Leigh. Por ahí anda; él mete a 'Wally' y empiezan a funcionar juntos. Siempre he dicho que Otto Trujillo es un mercenario, un hombre que ha tenido muchas dificultades: giro doloso de cheques, estafas, falsificación. Le gusta la plata fácil. Perdió credibilidad porque se transformó en mitómano. Escucha cosas, las hace historia, y las entrega a los tribunales. Y eso enreda más y hace perder el tiempo a la magistrada".
Hasta se escapó de que lo mataran...
-Claro. El año 75 estuvo detenido junto con el soldado Bratti y "Juanca" (Carol) Flores, por orden de "Wally", y seguramente de la superioridad, por entregar información a la Dina. Fue torturado e interrogado por "Wally" y su equipo. Después, usted sabe, aparecen muertos Bratti y Flores, pero a él lo salva "Wally" por la amistad que tenían. Allí debió haberse quedado tranquilito, pero tiene ese gustito por meterse y buscar problemas. A mí me ha involucrado en un par de cosas...
¿En cuáles?
-En otros hechos que son del año 77 o 78, cuando yo dejé esto en enero o febrero del 76. El piensa o se imagina cosas, y después entrega listados de personas que se fueron en helicóptero, o esto o lo otro, pero no tiene nada que ver. Es cierto que sabe mucho... si es del equipo de los torturadores que andaba con "Wally"... Y después recibe la misma dosis".


AMENAZAS

No ha sido fácil la vida de "Loquillo" en estos últimos meses. El, su familia, sus tres hijos, han sido objeto de "llamados telefónicos, amenazas de bomba, amenazas de esto, lo otro. Si cuando una noche no me llamaban, hasta los echaba de menos. Incluso tuve un par de situaciones bastante directas, muy fuertes, a las que no me voy a referir en detalle, pero esas personas saben de qué estoy hablando... son conocidas por mí. Todo eso hizo que la justicia determinara un servicio de protección que duró cuatro meses".
Esa protección la cumplió la brigada especializada de la Policía de Investigaciones, la Bipe, a cargo del "prefecto Tapia. Me saco el sombrero ante esta gente, tan profesional, todo el día junto a mí, con gran parte de mi familia, mirando para acá, para allá. Gracias a ellos estoy vivo. De inmediato bajó el nivel de amenazas, y a mí me dio más fuerzas para seguir cooperando".
¿Cree necesario volver a la protección policial?
-Pienso que esto se va a agudizar cuando comiencen los procesamientos y, sobre todo, cuando se lea este reportaje. Pero, mientras tanto, hay que seguir viviendo. Gracias a Dios encontré un trabajo, y voy a seguir funcionando hasta que llegue el momento. Ahí habrá que enfrentar y asumir, pero no niego que igual ando mirando espejos, preocupándome si siento un ruido. Es el costo de no haber hablado antes.


EL GENERAL CAMPOS
Contreras Mejías asegura la total inocencia del general Patricio Campos, en relación a los problemas que tuvo con la entrega de información a la Mesa de Diálogo, lo que finalmente le significó su salida de la institución, y también la del comandante en jefe de la Fach de ese entonces, el general Patricio Ríos.
"El entrega la información correcta. Nosotros decimos que Rivera Matus está enterrado en el Fuerte Arteaga, pero el Ejército, el señor (Jorge) Molina, específicamente él, cambia eso y aparece que está arrojado al mar. Se lo cambia al general Campos, y como después lo encuentran en el Fuerte Arteaga... Ese es uno de los problemas que tiene Campos hoy día".


"PAPUDO"
Andrés Valenzuela Morales, "Papudo", fue uno de los primeros agentes de la Fach y del Comando Conjunto que contó su verdad. En julio de 1985, la desaparecida revista Cauce publicó su testimonio, el mismo que detalladamente entregó también a la Vicaría de la Solidaridad. Después partió a Francia, desde donde ha seguido prestando declaración en diferentes procesos. Contreras Mejías fue su superior.
"Era un conscripto igual que todos, quizás un poco más despierto que el resto. Me llama la atención su capacidad recordatoria. No era desordenado ni insubordinado; sí, recuerdo, un poquitín cargado al alcohol. Más de alguna vez terminó en una comisaría por andar curado. Después se desbalancea mucho, y ya participa directamente con "Wally" y la CNI en las cosas que están en sus declaraciones".
Nuestro entrevistado no cree que lo de "Papudo" haya sido un "arrepentimiento eficaz. En verdad, el alcohol lo tenía complicado. Sí hay que reconocer que las historias que cuenta tienen mucha verdad. El problema está en los nombres. Si uno analiza sus declaraciones, se contradice, los va cambiando una y otra vez".
¿Involucró a mucha gente?
-A mucha, según el grado de amistad que tiene. Por ejemplo, dice que Roberto Flores, "El huaso", es aquí y allá. En realidad, termina enojado con él porque se suponía que los dos contarían y se irían juntos a Francia, pero Flores no se decide. También, con un conscripto hay un problema de faldas de por medio, y lo mete en otras cosas, pero después se desdice y embarca a otras personas en el mismo hecho.
Este cambio experimentado por Valenzuela, de ser un conscripto común y corriente a uno más participativo en torturas y hechos de sangre, Contreras lo grafica con un "hecho que puede resultar bastante cruel. Cuando dejo a Rivera Matus en su celda, muerto, vestido, me retiro a mi casa. El estaba de guardia; lo saca de su celda, se lo echa al hombro, y va abriendo las puertas de otras celdas diciéndoles a los detenidos: 'Esto les va a pasar si no colaboran'. Esto demuestra el grado de desequilibrio que tenía".
¿Qué pensó usted cuando desertó?
-En ese momento pensaba que no debió haberlo hecho; hoy, estoy de acuerdo.



 


21 de Abril 2005 El Mostrador

Juez Zepeda procesó a dos coroneles (R) por torturas contra ex ministro Tohá

El juez de fuero Jorge Zepeda sometió a proceso a dos coroneles (R) de la Fuerza Aérea de Chile (FACH) por el delito de aplicación de tormentos reiterados contra el ex ministro de Defensa y militante socialista José Tohá.

Se trata de los ex uniformados Sergio Contreras y Ramón Cáceres, otrora asistentes del fallecido ex fiscal de la FACH Horacio Otaíza.

Ambos fueron notificados este jueves por el magistrado, para posteriormente ser trasladados a un recinto de la rama de las Fuerzas Armadas, presumiblemente en la base aérea de Colina.

El abogado de la familia Tohá, diputado Juan Bustos (PS), manifestó su plena satisfacción por el nuevo rumbo que toma la causa y previó que los próximos meses vendrán más encausamientos.

Según estimó el representante, las imputaciones del magistrado Zepeda apuntarán a los autores materiales y cómplices de lo que calificó como el "homicidio" del ex titular de Defensa.

Junto con resaltar la virtual retipificación de la causa de muerte de Tohá, explicó que éste mal podría haberse suicidado, considerando que su deteriorada condición física (47 kilos de peso y una estatura de 1,90 metros) se lo impedía.

Según los antecedentes que proporciona el denominado Informe Rettig, el secretario de Estado del gobierno de Salvador Allende murió el 15 de marzo de 1974 en el Hospital Militar de Santiago.

El día 11 de septiembre de 1973, Tohá fue detenido en el Palacio de la Moneda junto a un grupo de autoridades y colaboradores del gobierno depuesto.

Posteriormente, fue trasladado junto a ellos a la Escuela Militar, desde donde pasó a la isla Dawson, lugar donde fue sometido a malos tratos reiterados y apremios ilegítimos por parte del personal militar que estaba a cargo del recinto.

Con un estado de desnutrición crítico y una condición psicológica bastante deteriorada, el ex ministro acabó suicidándose en su habitación del hospital castrense, según argumentaron las autoridades de ese entonces a la familia.

Los motivos de Zepeda

En uno de los considerandos, en el cual Zepeda da cuenta de los antecedentes para procesar a los ex uniformados, establece que en la investigación no se encuentra acreditado el hecho de que Tohá se haya suicidado.

Esto, porque el sumario a cargo de la Segunda Fiscalía de Ejército y Carabineros respectiva no fue adjuntada a este proceso, pues fue imposible encontrarla.

Sin embargo, el magistrado sí estableció que Tohá estuvo privado de su libertad durante más de seis meses, sin que en ese prolongado período se haya instruido un juicio o se hayan formulado cargos en su contra. Junto con ello, determinó que durante su cautiverio fue objeto –por parte de agentes del servicio de inteligencia de la FACH- de actos “crueles y degradantes”, con el propósito de perjudicar su integridad psíquica y física.

Indirectamente, establece en su documento el magistrado, los tormentos reiterados pretendían infundir temor a un sector de la población. Por otro lado, Zepeda confirmó que el ex ministro fue trasladado secretamente desde el Hospital Militar hasta el recinto de la Academia de Guerra Aérea para ser cruelmente interrogado, ya que se le consideraba “una fuente de información”.

Estos apremios ilegítimos también se le aplicaron en el mismo recinto asistencial, “como lo comprueban los manuscritos descubiertos en la presente investigación, encontrados en la habitación donde Tohá murió”.

Tales documentos habían sido confeccionador por el propio colaborador del Presidente Allende y por el agente que lo apremiaba y formulaba las preguntas por escrito.

 

23 de Abril 2005 La Nación

Testimonios judiciales revelan los  últimos días de  Tohá

El primer auto de procesamiento dictado en el juicio por la muerte en prisión en 1974 del ex ministro de Allende, José Tohá, estableció quienes lo interrogaron y torturaron, o al menos quienes dieron las órdenes de los tormentos, pero dejó en el aire una gran duda, la más importante del caso, pues no dio luces sobre la verdadera causa de muerte: suicidio -como afirmó la versión oficial- o asesinato, como incluso lo indican partes relevantes del propio dictamen del juez Jorge Zepeda.

Aun así, en el fallo de 22 páginas surgieron detalles de los últimos días de Tohá desconocidos hasta ahora, que lanación.cl relata a sus lectores. Entre ellos, se cuentan las amenazas que el entonces doctor Patricio Silva Marín hizo a los familiares de esta alta autoridad del gobierno de Salvador Allende. (Marín según la resolución, aunque el entonces director, o subdirector del Hospital Militar sería Silva Garín, probablemente el mismo que, con esos dos apellidos, todavía es director de Gestión Clínica de ese recinto).

De acuerdo al hermano del ex ministro, Isidro Tohá, el “director” del Hospital Militar Patricio Silva, le aconsejó a su cuñada Raquel Morales Etchevers, que no visitara a su esposo en el recinto. Dice Isidro Tohá en el proceso que a él, el doctor Silva le señaló que “las gestiones que han realizado ante diversas autoridades, sólo han agravado la situación de su hermano, quien ahora es tratado con mucha más dureza y aún interrogado con la ayuda de un siquiatra de apellido Sepúlveda”.

De acuerdo al expediente del proceso y al documento de encausamiento dictado por Zepeda, el doctor Silva lanzó a Isidro Tohá otra advertencia aún más dura, cuando éste le demandó que “el Hospital Militar debe velar por la vida de mi hermano”. “Mire, el señor Tohá ahora debe atenerse a las consecuencias de sus actos políticos”, sostiene que le respondió Silva.

Pero el entonces enfermero y cabo segundo Juan Cabello Leiva, quien se desempeñaba en el cuarto piso del recinto médico, donde se encontraba el ministro, le aconsejaba a la esposa de Tohá todo lo contrario: “tiene que visitarlo, porque para él tiene mucha importancia eso”.

El enfermero conocía el delicado estado de salud del personero. Y sabía cómo lo regresaban cada noche al Hospital Militar, después de haberlo llevado casi en forma clandestina a la Academia de Guerra Aérea para aplicarle tormentos. “El señor Tohá llegaba muy mal, me contaba que lo trataban mal, que no lo torturaban físicamente, sino que sicológicamente”. “Recuerdo que el señor Tohá era admirable por la educación que tenía, yo conversaba bastante con él y trataba de consolarlo”, agrega.

Contradicciones de la versión oficial

La autopsia al cadáver realizada por el forense Alfredo Vargas Baeza por la tarde de ese mismo día 15 de marzo de 1974 (la muerte del ministro Tohá ocurrió antes de las 12 del día) siguió la línea de la versión oficial, de la Segunda Fiscalía de Ejército con su fiscal Rolando Melo Silva, y de la Junta Militar con Pinochet a la cabeza: el suicidio.

Un extraño suicidio con los pies apoyados en el suelo, atado por el cuello con su cinturón a una cañería que pasaba por dentro del closet de la habitación, la que a una persona de estatura normal, como la de la ex agente Luz Arce Sandoval, le llegaba “apenas a los ojos”, como lo declaró en el proceso.

De hecho, Luz Arce ocupó la misma pieza de Tohá en el Hospital Militar, la 303, unos meses después, cuando Manuel Contreras la mandó a internar para que la curaran de un balazo que le habían dado durante una sesión de tortura, “ablandándola” para que de militante socialista se transformara en una colaboradora de la DINA.

Los elementos científicos que contradicen la versión oficial, están publicados.

El ex dictador Augusto Pinochet estuvo permanentemente enterado de la suerte que corría el ministro Tohá. “Pero si no pasa nada, no pasa nada”, les dijo Pinochet a Moy de Tohá e Isabel Morel de Letelier un día de septiembre de 1973, después de que el sábado 15 habían trasladado a Tohá desde la Escuela Militar a la Isla Dawson. Ambas se habían encontrado con Pinochet en un pasillo del Ministerio de Defensa. “Cómo que no pasa nada, si a mi marido lo trasladaron a Isla Dawson”, le respondió Moy, según lo declaró en el proceso.

Pinochet se sorprendió de que ella supiera lo del traslado, porque se suponía que era secreto, y le dijo que volviera al otro día para “hablar”. Pero al día siguiente Pinochet se ofuscó porque ella llegó además con la esposa del ex canciller Orlando Letelier y con Irma de Almeyda, la esposa del dirigente socialista Clodomiro Almeyda. Los tres habían sido enviados a Isla Dawson. Ellas pudieron enviarle a cada uno una maleta con ropa de abrigo.

19 de Diciembre 2006 El Mostrador

Procesan a nueve oficiales (r) FACh por asociación ilícita genocídica

Corte de Apelaciones de Santiago revocó la decisión adoptada por el ministro Juan Eduardo Fuentes, quien desestimó la petición de encausar a los ex uniformados. Además, el tribunal de alzada procesó a tres de ellos por un secuestro calificado.

La Sexta Sala de la Corte de Apelaciones de Santiago acogió la petición de someter a proceso a nueve oficiales (r) de la Fuerza Aérea (FACh) bajo la figura de asociación ilícita genocídica, debido a los antecedentes que los sindican como autores de detenciones ilegales, torturas y desapariciones al interior de la Academia de Guerra Aérea, AGA, luego del golpe de Estado de 1973.

Con el voto en contra de la ministra Rosa María Maggi, el ministro Carlos Cerda y la abogada integrante Andrea Muñoz estuvieron por revocar la decisión de primera instancia, adoptada por el ministro Juan Eduardo Fuentes, quien no dio lugar a estos encausamientos.

De esta forma, el tribunal de alzada procesó a Ramón Pedro Cáceres Jorquera, Sergio Fernando Contreras Mejías, Juan Bautista González Figueroa, Orlando Gutiérrez Bravo, Omar Arturo Insunza Melo, Juan Luis Fernando López López, Víctor Manuel Mattig Guzmán, Roberto Francisco Serón Cárdenas y Luis Campos Poblete, en calidad de autores del delito de asociación ilícita genocídica.

"Se encuentra justificado que en el año 1974, un grupo de individuos se organizó para trabajar coordinadamente en la persecución de personas que pudieren sustentar ideología marxista o activismo de izquierda extrapartidaria, con el objeto de exterminar a estos grupos sociales, atentando criminalmente en contra de sus miembros o seguidores", sostiene el fallo.

Con este fin, "procedieron a la detención de los mismos sin previa orden impartida por autoridad legítima, para luego recluirlos en la Academia de Guerra de la Fuerza Aérea de Chile, ubicada en la comuna de Las Condes de esta ciudad, donde se los mantuvo incomunicados por prolongados períodos y se los sometió a tratamientos crueles y degradantes y otras variadas formas de tortura física y psicológica", añadió.

Asimismo, la Sexta Sala ordenó dictar órdenes de detención en contra de todos estos uniformados, dado que la gravedad del delito imputado hacen necesaria su detención preventiva.

Secuestro calificado

Por otra parte, el tribunal de alzada encausó a Sergio Fernando Contreras Mejías, Juan Bautista González Figueroa y Víctor Manuel Mattig Guzmán, en calidad de coautores del delito de ilegítima privación de libertad de José Luis Baeza Cruces.

Según se consignó en la resolución, los antecedentes del proceso son también suficientes para justificar la existencia de la ilegítima privación de libertad de la mencionada vícitma, ilícito que a la época de su perpetración se encontraba descrito y sancionado en el artículo 141 inciso tercero del Código Penal.

José Luis Baeza Cruces, casado, 2 hijos, dirigente de la Central Unica de Trabajadores (CUT) y del Partido Comunista, fue detenido el 9 de julio de 1974 por efectivos de seguridad pertenecientes a la FACH, presumiblemente en la vivienda ubicada en El Mirador 1868, Santiago. Tras su captura fue trasladado a la AGA, donde se le ve hasta el 29 de agosto de ese mismo año, en muy mal estado físico producto de las torturas a que era sometido. (Fuente: memoriaviva.com)

 

La Segunda, 08 de junio de 2013

Alberto Bachelet: Cómo el expediente judicial reconstruye la muerte del general Fach

Cómo fue arrestado; los vejámenes a manos de quienes fueran sus subordinados; las contradicciones del caso por su tortura y muerte y los pasos que daría el ministro en visita de la causa, Mario Carroza. Los testimonios relacionados con el general (r) Fernando Matthei: La próxima semana el magistrado podría reabrir la causa para eventuales careos.

Aunque podría ser reabierto la próxima semana para carear al ex comandante en jefe de la Fach, Fernando Matthei, con testigos de la causa, el caso por las torturas con resultado de muerte del general Fach Alberto Bachelet -padre de la candidata de la Concertación- fue cerrado hace dos semanas por el ministro en visita Mario Carroza.

«La Segunda Sábado» accedió al contenido total del expediente, el que revela a lo largo de sus más de 2.000 páginas la vida de quien estuviese a cargo del abastecimiento de bienes básicos durante el gobierno de Salvador Allende, a través de la Secretaría General de Distribución. Una responsabilidad que hizo que algunos oficiales -ya antes del 11 de septiembre de 1973- pidieran a sus subalternos no rendirle honores por "upeliento".

En ese clima, subalternos le habrían enterrado objetos en las uñas; vendado; pateado; le hicieron pasar sed y hambre. Parte de las narraciones corresponden a testimonios que él dejó por escrito y verbalmente con sus compañeros de infortunio.

Hoy la causa tiene sólo a dos procesados por "torturas con resultado de muerte": los entonces comandantes Edgar Ceballos Jones y Ramón Cáceres Jorquera, aunque la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos va por más (ver nota relacionada sobre Matthei).

A patadas por las escaleras

Si en algo coinciden víctimas y posibles victimarios, es que Alberto Bachelet era empático; deportista; de carácter fuerte y débil de salud, pues corría con un par de ataques cardiacos a cuestas.

Enfermo, continuaba sus labores, que, por encargo de Allende, más tenían que ver con apoyo a la administración de la UP, que con el desarrollo de la Fach.

A cargo de la sensible área de abastecimiento, tenía contactos con líderes de la izquierda, sin que nadie señale que fuese parte de un Plan Z o algo semejante, que luego fue "investigado" por la Fiscalía Militar Aérea. Sí, como muchos en la época, vendió dólares en el mercado negro, para una operación menor.

El 11 se presentó a su puesto en Defensa, a pesar de no estar en la conjura. Ahí fue arrestado por su compañero de curso y que a la postre lo enjuiciaría, el general Orlando Gutiérrez, secundado por el procesado Ceballos. Aunque este último niega cualquier trato humillante, una de las ex secretarias de Bachelet, Myriam Heilig Pérez, relató que el chofer del general le confidenció que "fue bajado a patadas por las escaleras del ministerio hasta el subterráneo".

Su esposa, Angela Jeria, recuerda que llegó a casa habiendo renunciado "por la forma en que fue vejado".

Detenido y con 7 kilos menos

El 14 de septiembre lo arrestaron de nuevo y fue llevado al Regimiento Antiaéreo de Colina, del cual el comandante de grupo (r) de la Fach, también detenido, Ernesto Galaz, dijo que daba "un trato muy deferente".

Pero luego, junto a Bachelet fue trasladado el 20 de septiembre a la Academia de Guerra Aérea (AGA), donde "se nos dio el trato que era de un torturador. Bachelet sufrió el mismo trato: antes de entrar (a declarar a la Fiscalía de Aviación en el AGA por el proceso de "traición a la patria") hubo una sesión de ablandamiento , que consistió en golpes, ponernos con las manos apoyadas en la pared y semiflectados con bayonetas bajo el cuerpo".

Con la capucha le perdió el rastro al general, pero relata que "durante el interrogatorio ante el fiscal fuimos nuevamente torturados. Nos enterraban un objeto en las uñas y nos levantaron con cordeles por los testículos".

A través de un escrito que dejó a su abogado Alfredo Etcheberry , el padre de la candidata recordó: "Cuando alguien pedía agua, se le decía que no había y se echaba a correr un grifo... cuando el dolor de espalda era insoportable, las manos eran amarradas adelante, pero por arriba, en un poste metálico". Su esposa, Angela Jeria, lo vio regresar a mediados de octubre con 7 kilos menos.

Así inició un periodo de arresto domiciliario, pero todo cambió por motivos poco claros: su mujer dice que pidió permiso para asistir a un matrimonio a Talca, donde la conversación con terratenientes se tornó desagradable cuando se refirió a las torturas que padeció. Cree que lo habrían acusado.

Según el procesado coronel (r) Ramón Cáceres Jorquera, el mismo general que le dio el "beneficio" del arresto domiciliario se lo encontró frente a frente en un supermercado del "barrio alto" y revocó la medida el 18 de diciembre de 1973, fecha a partir de la cual Bachelet permaneció en la Cárcel Pública.

Los crueles "repasos"

Fue acomodado en la galería 2, destinada a unos 60 "prisioneros políticos" de la Fach y en la celda número 12, la que compartía con otros oficiales. De ahí, era sacado de tanto en tanto con destino a la AGA para ser "repasado ".

"Iban a buscar regularmente a detenidos (y cuando les avisaban que pasarían por ellos) se ponían muy nerviosos y asustados . Siempre llegaban con hambre... Manifestaban que los golpeaban", recuerda el ex gendarme Daniel Soto Sepúlveda .

¿Qué tan malo era ir a la AGA? El coronel (r) Pedro Guerrero Rojas dice que allí fue electrocutado, colgado y golpeado: "Lo más fuerte que viví fue cuando me introdujeron dos palos con filo en ambos canales auditivos , reventándome el tímpano derecho, mientras que (en el lado) izquierdo los huesos interiores debieron ser reconstruidos en Alemania".

Gran parte de los torturados vieron por accidente o escucharon a Ceballos y Cáceres , aunque los aludidos niegan los malos tratos y hasta señalan que se les daba la misma comida que a los oficiales que trabajaban en el lugar . Otros presentes en la fiscalía, como el hoy coronel (r) Sergio Lizasoaín, sostienen que " ellos tenían derecho a tener un abogado presente "; el encargado de seguridad, Víctor Mattig, habla de que hasta " algunos se repetían el plato " y en otro proceso por torturas, el ex fiscal ya fallecido, Orlando Gutiérrez , indicó que los únicos apremios fueron desnudar a los detenidos y aplicarle unas gotas de éter , que al evaporarse rápido producían la "sensación" de estar siendo quemados, pero que " en realidad es sólo una sensación ".

El ex fiscal reconoció que los detenidos eran interrogados previamente por oficiales "sin mi presencia" y que se los llevaban con los escritos ya hechos. Se limitaban a ratificar "confesiones de que tenían planeado un movimiento para reafirmar el gobierno de Allende y que tenían planificado matar personas".

Bachelet desesperado

Unos dicen que Bachelet no fue tan torturado y que tenía una pieza aparte en el 2º piso del AGA.

Pero lo cierto es que el doctor Alvaro Yáñez recuerda que estando en la Cárcel, el día antes de morir, fue notificado de que lo llevarían a un repaso, "noticia que le impactó de tal manera, que le provocó un estado de ansiedad y desesperación".

Para trasladarlo a la Academia lo fue a buscar el hoy comandante de escuadrilla (r) Sergio Fernando Contreras Mejías , quien dice que "el día antes de su muerte" concurrió antes del mediodía y que el interrogatorio duró sólo 20 minutos, sin tormentos". Curiosamente, esa diligencia no quedó en el libro de Gendarmería y los demás presos relatan que en realidad volvió a medianoche.

Las versiones de su muerte

A su regreso, el suboficial Gustavo Lastra Saavedra dice que desde la celda 14 le gritaron a la 12, preguntándole cómo le había ido "y nos respondió que venía mal, pero utilizando una frase más popular".

Su compañero de celda, capitán Jorge Silva Ortiz, asegura que "antes de proceder al descanso, estando acostado uno junto al otro, me narra que las personas que habían sido interrogadores ese día y que le propinaron las agresiones fueron Ceballos y Cáceres".

Pero lo que más le habría dolido es que encapuchado se lo mantuvo horas de pie, mientras una mujer gritaba al ser torturada: le preguntaban por él. "Me comentó que le afectó mucho, que se sentía muy mal y que su pulso estaba un tanto alterado", dice Yáñez.

Poco después, el capitán (r) Carlos Carbacho Astorga indica que "estaba al lado de él, instante en que lavaba algunos vasos y platos y me señala que se sentía muy mal, cayendo desmayado".

Existe también una versión minoritaria respecto de que jugaba básquetbol cuando se produjo el ataque. Incluso el doctor Fach, Wladimir Rosales Barrueta, se aventuró a decir que "tengo la sensación que el general quería morir", por la forma en que practicaba deporte.

Fue atendido por sus compañeros, hubo quejas por la lentitud de Gendarmería, pero tampoco estaban los medios. En la galería 2 de la cárcel, el 12 de octubre de 1974, el padre de la ex Presidenta moría.

El día antes de morir fue obligado a escuchar las torturas de su ex secretaria

Tres secretarias tenía el general Alberto Bachelet hasta el 11 de septiembre de 1973 y los lamentos de una de ellas le habrían roto el corazón y precipitado su muerte.

Tras ser sacado el 11 de marzo de 1974 de la cárcel y llevado a la Academia de Guerra Aérea (AGA), volvió abatido, en gran parte, porque mientras estaba encapuchado sentía los sollozos y los gritos de desesperación de una mujer a la que torturaban a metros de él , preguntándole por detalles de su vida laboral y de sus nexos políticos.

Todas las consultas a ella estaban relacionadas con Bachelet, quien inmovilizado y encapuchado nada podía hacer. Fue tal el estrés emocional y el maltrato físico, que al día siguiente murió de un ataque al corazón. Al menos así lo indican los peritajes realizados por el Servicio Médico Legal.

La solicitud que la hundió

En sus indagaciones, el ministro Mario Carroza habría dado con la identidad de la misteriosa víctima: Georgina del Carmen Manquián Grandón , la secretaria encargada de las tareas más complejas que el alto uniformado tenía en la Dirección de Contabilidad, durante el gobierno del Presidente Salvador Allende.

La ex funcionaria comenzó a laborar junto a Bachelet el 1 de abril de 1972 y continuó con sus labores después de la detención del militar. "Trabajé en forma normal hasta principios de enero de 1974, momento en que fui detenida en las mismas dependencias de mi trabajo por un capitán que no conocía, diciéndome que tenía que ir a declarar a la AGA".

Aunque sus otros subalternos también fueron a declarar en la Academia, el trato con ella fue especialmente duro. Quizás ello fue así porque el propio general habría pedido que durante su reclusión pudiese ser visitado por quien consideraba como su amiga , al menos según uno de los presuntos vejadores del oficial, el coronel (r) Ramón Cáceres Jorquera .

Cuando él estuvo en la cárcel y en el hospital, " solicitó como favor especial a los fiscales una autorización escrita a nombre de su amiga Carmen Manquián para que lo visitara ", declaró Cáceres.

"Tengo secuelas sicológicas y físicas, que me impiden caminar en forma normal"

Pero la mujer no pudo verlo más: "Estuve en ese lugar (AGA) durante tres días, donde se me preguntaban por las actividades del Sr. Bachelet. Me dejaron en libertad, pero después de unos dos o tres días me detuvieron nuevamente".

A su casa llegó una patrulla de noche y comenzó lo peor .

"Fui encapuchada y esposada inmediatamente. Estuve detenida más de un mes, tiempo en el cual fui brutalmente torturada física y sicológicamente. Me colocaban corriente eléctrica en los genitales y en los pechos, me amarraban con un palo en la espalda, por lo cual hasta el día de hoy tengo secuelas sicológicas y físicas, que me impiden caminar en forma normal ", confidenció al ministro.

Los maltratos además coincidían con el anochecer. "Las preguntas eran todas dirigidas sobre las actividades que realizaba el general Bachelet, incluso mientras me torturaban me decían que el general estaba afuera de la puerta escuchando todo y se reía de lo que decía ".

El alto oficial no reía y no estaba tampoco presente, al menos hasta la última vez que pisó el AGA en la víspera de su muerte.

Cuando hace poco Carmen se enteró de que su ex jefe se había desesperado al escuchar los gemidos "de una mujer" pensó inmediatamente que era ella. "Estoy casi segura de que esa mujer era yo" , sentenció la ex funcionaria, a quien hoy se la puede ver caminando con dificultad cerca de su residencia en los alrededores del Estadio Español, en Las Condes. La misma a la que forzaron firmar un papel, señalando que jamás fue torturada .

¿Simulando demencia?

La defensa de uno de los principales sospechosos por las torturas con resultado de muerte en contra del general Bachelet, Edgar Ceballos Jones, presentó exámenes de profesionales del SML con los que se pretende señalar que el oficial en retiro padece de demencia vascular, lo que le imposibilita enfrentar a la justicia.

Sin embargo, peritajes conducidos por otros especialistas del mismo Médico Legal, solicitados por el juez, concluyen que "no presenta sicosis ni demencia, posee una inteligencia normal y simula patología cognitiva". Otro similar agrega que " el examinado está simulando un cuadro de deterioro orgánico".

 

 

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