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Víctor Hugo Barría Barría

Coronel de Ejercito

Agente DINA

Alias: "Vicente"; "Chicote"

 

Víctor Hugo Barría Barría aparece en listado de agentes de la DINA publicado por Cambio 21 en abril de 2012

El 11 septiembre 1973 tenía el grado de coronel y era subdirector del Servicio de Inteligencia Militar del Ejército (SIM). En aquella época, negó tener antecedentes sobre el destino del doctor Eduardo Paredes, detenido en La Moneda el 11 de septiembre de 1973 y luego conducido al regimiento "Tacna". En 1974 y 1975, fue agregado militar en la Embajada de Chile en Buenos Aires y fue el jefe de la DINA en Buenos Aires, usaba las chapas de "Vicente" y "Chicote". En la misma época, la DINA cometió el asesinato del general Carlos Prats y de su esposa.

En noviembre de 2000, en el fallo del caso Prats, el Tribunal de Buenos Aires estableció que la plana mayor de la DINA fue la responsable de los crímenes.

Asimismo, señaló que el Departamento Exterior de la DINA y sus miembros, respondían ante su director, el coronel Manuel Contreras, quien a su vez se reportaba directamente a su superior jerárquico, el general Augusto Pinochet.

El fallo que condenó a reclusión perpetua al ex agente de la DINA Enrique Arancibia Clavel establece, con nombres y apellidos, quiénes formaban parte del Departamento Exterior de la DINA en Argentina. De acuerdo al documento, el responsable del Departamento Exterior de la DINA era el mayor Raúl Iturriaga, secundado por el coronel Pedro Espinoza. Asimismo, identifica a los civiles Jorge Iturriaga, Michael Townley y Mariana Callejas, al coronel (R) Armando Fernández Larios y al coronel Víctor Barría Barría - miembro de la embajada chilena en Buenos Aires en 1974- como integrantes de este organismo.

Ha quedado demostrado en esta causa que Arancibia Clavel era, como lo titula el propio Iturriaga Neumann "Jefe de información clandestino" en Buenos Aires, con dependencia jerárquica del coronel Barría Barría y formando parte del Departamento Exterior de la DINA, lo cual se desprende del intercambio epistolar entre Arancibia Clavel y la estructura administrativa de la DINA en Chile: Memorando Nº 3 de fs. 220 dirigido por Luis Gutiérrez  (chapa del jefe exterior de la DINA, en este caso Iturriaga Neumann) desde Santiago al procesado: "El Cnel. Víctor Barría Barría , ha sido designado Delegado de la Inteligencia Nacional en Buenos Aires, ocupando el puesto de consejero en nuestra Embajada. El coronel Barría Barría es nuestro representante oficial y tú eres un Jefe de Información Clandestino, tus relaciones con él deben ser totalmente encubiertas, no te debes quemar..." Posteriormente trabajó en el Registro Electoral hasta mediados de 1990.

Inculpado en Operación Cóndor, víctimas acreditadas en la causa 2182-98:

Martín Almada                                                   José Campos Cifuentes,                        Cristina Carreño Araya,

Ismael Chávez Lobos,                                        Ruiter Enrique Correa Arce,                  José De La Maza Asquet,

Edgardo Enríquez Espinoza,                               Jorge Isaac Fuentes Alarcón,                 Juan Hernández Zaspe,

Alexei Jaccard Siegler,                                      Luis Muñoz Velásquez,                          Celestina Pérez de Almada,

Matilde Pessa Mois,                                           Ricardo Ramírez Herrera


Fuentes: Libro Páginas en blanco, El 11 de septiembre en La Moneda, Cambio 21; Archivo Memoriaviva

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El Mercurio,  19 de Octubre de 2000
JUICIO EN CASO PRATS:
Ordenan Investigar Falso Testimonio


Testigo sorpresa exculpó a Arancibia Clavel y responsabilizó a Víctor Hugo Barría Barría. Otro indicó que "la clave" está en una misteriosa Chevy blanca que se detuvo tras la explosión.

BUENOS AIRES.- El Tribunal Oral N.o 6 anunció en la mañana de ayer (miércoles) que había solicitado la apertura de una investigación para determinar si el bailarín argentino Hugo Zambelli cometió o no falso testimonio durante su declaración del martes pasado.

Lo anterior supone que la Cámara Federal sorteará un juez, quien se abocará a determinar la posible comisión del delito antes citado. De comprobarse que Zambelli mintió, se verá debilitada la posición de la defensa de Enrique Arancibia Clavel, el ciudadano chileno acusado de ser partícipe en el asesinato del general Carlos Prats y su esposa Sofía Cuthbert, ocurrido hace 26 años.

El bailarín es un testigo importante para determinar si Arancibia estuvo o no viviendo en Buenos Aires antes de octubre de 1974. Y en su declaración dijo haberlo conocido en 1975, desmintiendo afirmaciones previas donde refería el encuentro como ocurrido en 1974.

Durante la sesión de ayer el acusado sufrió un revés, cuando el calígrafo Miguel Moreno aseveró que la firma de un carné de identidad chileno - que se encontraba físicamente en el tribunal- "ha sido realizada por Enrique Lautaro Arancibia Clavel", siendo que la firma dice "Luis Felipe Alemparte", una identidad falsa que Arancibia habría usado como agente de la DINA.

El perito afirmó que no tenía dudas al respecto, como tampoco que los textos manuscritos y firmas de dos carpetas secuestradas en su domicilio (con informes políticos y envíos al organismo de inteligencia) "pertenecen al puño y letra" de Arancibia.

También estuvieron citados dos peritos en explosivos de la Policía Federal de Argentina (Ricardo Pezzoni y Guillermo Mongiardino), que realizaron informes sobre el hecho en ese momento. Ambos coincidieron en que no creían que la bomba fuese activada por control remoto y que, de haberlo sido, no quedó ninguna evidencia material concreta y el mecanismo tendría que haber sido traído desde el extranjero.

En diálogo posterior con "El Mercurio" los dos aseveraron que no hubo un rastreo de partes de lo explosado en un sitio eriazo adyacente; es más, no recordaron la existencia de tal lugar.

Pezzoni recordó también que al llegar - siete horas después del hecho- al lugar, los vecinos habían lavado las veredas adyacentes.

Mongiardino terminó - por su parte- de enterrar la versión de que Prats tuvo protección policial, al indicar que desconocía totalmente la existencia del subcomisario Gattei, quien numerosos testimonios anteriores adjudican el haberse presentarse como encargado de su seguridad.

Finalmente, en contra de la profundidad de las conclusiones de sus pericias, juega la admisión de los expertos de no haber investigado un hecho similar antes, aunque en esa época - afirmaron- se producían unos 20 atentados explosivos diarios.

Testigos inesperados 

Durante la tarde se presentaron dos testigos espontáneos. El primero se identificó como Juan José Soto Vargas. Dijo haber nacido en 1954 en Palena y haber cambiado su ciudadanía de chilena a argentina.

Aseguró que desde el año '74 "iba con frecuencia a la DINA, a la Brigada de Inteligencia Ciudadana", la cual operaba en oficinas del ex Congreso Nacional y la misión de sus "200 a 300 integrantes" era infiltrar organizaciones y grupos civiles.

Allí trabajaba, dijo, el mayor de Carabineros Víctor Tórres Pinto y el coronel Andrés Cardolier Sanhueza. Dijo que trabajaba como junior. Allí trabó relación - según afirmó- con Víctor Hugo Barría Barría, "que era subdirector de Inteligencia del Ejército y vivía en Camino de la Fuente 8346".

Luego empezó a trabajar en Argentina. Aquí tuvo contactos con el suboficial mayor Jaime Ortiz Jorquera "El Indio" (sic), que lo enviaba a dejar documentación al inspector argentino Roberto Gutiérrez de la Policía Federal. También dijo tener contacto con el agregado militar coronel Osvaldo Hernández Pedrera y con el suboficial Carlos Losarbo.

Vinculó a Barría y otros uniformados a la desaparición de una estudiante chilena, en la ciudad argentina de La Plata. Y también con un posterior viaje y trabajo en Brasilia de donde fue expulsado. Calificó a Barría de "siniestro" y dijo que del crimen de los Prats "el responsable es Víctor Hugo Barría Barría (...) el vino a asesinar gente (...) y como me utilizó a mí (...) pudo haber utilizado a este hombre" (en referencia a Arancibia), de quien dijo no haber escuchado nunca su nombre ni seudónimos en ambientes de la DINA, la embajada de Chile o el consulado. Sobre este último se declaró "amigo" del cónsul Eugenio Droguett ,"El fierro" (sic).

Los jueces fueron duros con este testigo e indicaron que si sus afirmaciones eran denuncias, debía realizarlas en otro lugar.

Soto Vargas aseguró que había estado exiliado en Alemania y su testimonio resultó extraño, en el sentido que mencionó en distintos momentos al ex dictador brasileño Carlos Figueiredo y al actual ministro del Interior argentino, Federico Storani.

Se declaró soltero, pero luego dijo tener esposa y varios hijos en Chubut. Periodistas argentinos dijeron a "El Mercurio" que Soto Vargas había dicho sufrir persecución por parte de la policía de la provincia del Chubut, que le impedía ver a sus hijos.

Con mucha mayor tranquilidad declaró Cymric Bridges. Argentino, se presentó como comerciante y ex vecino del general Prats. Aseveró que en 1974 era gerente de la empresa Perkins y que ya antes del atentado percibió que un automóvil marca Falcon, color verde, estaba siempre estacionado a unos 50 metros de la entrada del edificio de los Prats, con una o dos personas en su interior. También que se instaló un puesto de venta de flores a pocos metros "y parecía que los floristas no eran floristas". Ambos desaparecieron después del crimen.

La Chevy Blanca 

El testimonio más novedoso que aportó fue el hecho de que apenas ocurrió la explosión, él salió al balcón de su departamento y desde allí pudo ver como un station wagon ("estimo que era un vehículo consular") venía por la calle Seguí (perpendicular a la que ocurrió el crimen, Malabia) y se detenía en el cruce: "Se bajaron dos personas (...) las dos eran parecidas, cara ovalada, morochos (pelo negro) y tez mate (...) 15 ó 10 segundos se quedaron mirando el incendio y siguieron".

En un diálogo aparte con este diario, Bridges dijo que la camioneta era una Chevy blanca y que "la clave está ahí". Sobre las personas indicó que "mi conclusión es que eran chilenos, la gente de más al norte de América Latina es distinta, son más bajos".

Agregó que tenían "30 a 35 años" y "uno se parecía bastante a este (Arancibia) de acá, el imputado, por eso vine", pero que no podía afirmarlo en el tribunal, ya que no quería responsabilizarse de que alguien fuera preso 25 años por lo que a él le parecía.

Los abogados de la parte querellante restaron valor a estos dos testimonios, diciendo que no aportaban nada sustancial nuevo e investigable. En particular sobre los dichos de Juan José Soto Vargas, de quien no descartaron que estuviese involucrado en un antigua lucha interna dentro de la DINA dado el evidente deseo de venganza que mostró hacia Víctor Hugo Barría Barría.

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