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Entrevista

Enrique Lautaro Arancibia Clavel

Oficial de la Armada - Civil

Agente DINA

Alias: "El Dinamitero", "Luis Felipe Alemparte Díaz"

 

  

Enrique Arancibia Clavel ingreso a la Escuela Naval como cadete solo por un año 1961-1962, posteriormente ingreso a estudiar  ingeniería civil sin alcanzar de recibirse,

Inicia sus pasos terroristas colocando bombas en la Bolsa de Comercio, en la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile, en el Canal 9 de TV y en el Aeropuerto de Santiago. Arancibia Clavel formaba parte del grupo que asesinó al comandante en jefe del Ejército, René Schneider, en octubre de 1970.

La idea de las bombas era para crear el ambiente para secuestrar al general de ejército y culpar a grupos de Izquierda con el objetivo final de evitar la tomo de poder del presidente electo Salvador Allende.

Arancibia Clavel fue detenido por sus actos terrorista y durante la investigación, explosivo fue encontrado en su domicilio, pero a pesar de esas pruebas y de su confesión, fue dejado en libertad bajo fianza, oportunidad que utilizo para escapar hacia Argentina.

Dos meses después del Golpe de Estado, Arancibia Clavel se presentó en el DINA. Lo entrevisto Raul Iturriaga Neumann y le dio misión como  miembro del Servicio Exterior de la DINA  en Argentina, con un puesto en la representación del Banco del Estado en Buenos Aires como pantalla .

Cuando Michael Towley detona la bomba que mata al General Prat y su esposa, es la culminación de la buena labor como terrorista de Arancibia Clavel, ya que fue el quien organizo los preparativos y eligió el lugar y la hora para el crimen.

Años más tarde, este criminal tiene otro rol preponderante en la larga historia de represión de la dictadura chilena. El pasa a ser pieza clave en la organización de la “Operación Colombo” que intentaba hacer aparecer como asesinados por sus propios compañeros en el exterior a 119 detenidos desaparecidos chilenos.

Arancibia Clavel fue asesinado en Argentina el 28 de abril de 2011

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Entrevista


La tercera

08 de Octubre de 2000

La historia del único procesado por el atentado al general Prats, cuyo juicio comienza mañana en Buenos Aires: Arancibia Clavel se apresta para ser juzgado

Históricamente sindicado como agente de la Dina, este ex cadete ha sido acusado de extremista de derecha y espía. Preso en la bonaerense cárcel de Caseros, a partir de mañana intentará demostrar que no fue, como asegura la justicia, "autor necesario" del crimen contra el ex comandante en jefe y su esposa.
"El Dinamitero"
A finales de 1968, Enrique Arancibia Clavel se aglutinó en torno a la figura del general Roberto Viaux, tras su acuartelamiento en el Regimiento Tacna, como parte de un gran grupo de jóvenes nacionalistas que se unieron para impedir la constitución de un gobierno de izquierda.
En esa época Arancibia era conocido como el Dinamitero ,  y a mediados de 1970 el grupo protagonizó una serie de atentados explosivos y, en uno de ellos que luego resultó frustrado, cayeron detenidos varios de esos jóvenes, entre ellos él. Otros integrantes no fueron aprehendidos y siguieron adelante con la operación, lo que habría terminado, un mes después, con el asesinato al general René Schneider.
Antes de ese crimen, Arancibia ya había conseguido la libertad bajo fianza y huyó rumbo a Argentina, donde se convirtió en un gran opositor a la UP tras vincularse con grupos nacionalistas trasandinos.
Durante los años previos a su detención, en Argentina su nombre sonaba fuerte en el caso Prats. Incluso en 1989 se dictó una orden de detención en su contra y estuvo cerca de ser procesado, pero las autoridades de esa época no mostraron el mismo interés que hoy por reactivar la investigación del crimen de Prats.
Cuatro años y ocho meses es el tiempo que lleva detenido en la cárcel de Caseros, en Argentina, Enrique Arancibia Clavel, el único procesado en el crimen del general Carlos Prats y su esposa Sofía Cuthbert, asesinados en un atentado en la capital trasandina en octubre de 1974. Mañana comenzará para él la cuenta regresiva en su proceso, cuando se de inicio al juicio público en su contra en el Tribunal Oral Número Seis de Buenos Aires, tras la acusaciones como presunto partícipe necesario en el atentado.
El comienzo del juicio es visto con preocupación en Chile tanto en La Moneda como en el edificio de las Fuerzas Armadas. Durante el proceso, por el cual podrían ser en el corto plazo procesados varios otros ex oficiales, como los generales (R) Manuel Contreras y Raúl Iturriaga Neumann, se harán públicos los antecedentes recopilados durante al menos cuatro años por la juez argentina María Servini, quien contó con la colaboración de Estados Unidos e interrogó al propio Michael Townley, confeso autor del atentado, dentro de su investigación.
LA HISTORIA
Enrique Arancibia Clavel, la "punta del iceberg" del caso, es dueño de esas historias que parecen de novela. Ex cadete de la Escuela Militar como dictaba la tradición familiar, dejó la carrera para estudiar Ingeniería. Pero nunca ejerció, aseguran sus cercanos, debido la contingencia política.
Tras la llegada de Allende al poder su vida se transformó y comenzó a participar en un movimiento derechista. Si bien está sindicado como ex integrante de Patria y Libertad, su familia lo niega.
A Argentina llegó en 1971, prófugo de la justicia militar por un proceso pendiente en su contra por infracción a la Ley de Seguridad del Estado: se le acusaba de haber puesto artefactos explosivos después de la elección del Presidente de la UP.
En Buenos Aires y después del golpe militar, según antecedentes del proceso, comenzó a trabajar para la Dina mientras era el representante del Banco del Estado. En su calidad de agente, según ha establecido el proceso, utilizaba el alias de Luis Felipe Alemparte.
En el crimen de Prats se le acusa como partícipe necesario -que tiene la misma pena de un autor material, la perpetua-, es decir, de ser presuntamente quien efectuó las actividades preoperativas al atentado, como entregar información sobre los desplazamientos del general.
A la vez, se le imputa a través de su otro procesamiento, de haber sido parte de una asociación ilícita que actuó en Argentina con los fines de exterminar al ex comandante en jefe del Ejército.
En 1978, en pleno conflicto Chile-Argentina, fue acusado de espionaje junto a otras cinco personas, pero tras la mediación del Papa por Canal Beagle, fue indultado en los +80. De ahí para adelante, la vida de Arancibia se normalizó. No sólo obtuvo la nacionalidad y por tanto el derecho a voto, sino que llegó, como todo el mundo, a tener cuenta corriente, un departamento y armó una empresa de arreglos de oficinas en Buenos Aires.

SU DETENCIóN
Pero el 22 de enero de 1996, la vida de Arancibia tras haber tenido varios años medianamente tranquilos y cuando su paradero no era desconocido por las autoridades trasandinas, sufrió un golpe: la jueza Servini de Cubría ordenó su detención. La decisión de encarcelarlo fue anunciada por el propio ex presidente Carlos Menem, quien -junto con recibir al poco tiempo públicamente a las hermanas Prats- daba así una potente señal política de que el juicio continuaría hasta el final.
Ese hecho cambió el curso del proceso, porque la investigación del caso se reactivó y comenzaron los primeros indicios de que este proceso judicial empezaría a ser un dolor de cabeza para el gobierno chileno, tal cual lo fue la causa de Orlando Letelier en 1995 y como temen ahora fuentes de La Moneda.
Esta vez los dardos incluso alcanzan a Augusto Pinochet, porque la familia, apenas se resuelva el incidente de prescripción abierto en su favor, pedirá su procesamiento para lograr la extradición.
Tras su detención, en su departamento en Palermo fueron encontradas numerosas fotografías con importantes personeros chilenos y argentinos, civiles y militares, además de unos 40 disquetes con información.
En los cuatro años y ocho meses que ha estado detenido sin conseguir nunca la libertad bajo fianza, Arancibia ha perdido el contacto con la mayoría de sus conocidos en Argentina. Su madre, Violeta Clavel, se fue a vivir a Buenos Aires para estar cerca de él, pero en 1999 regresó a Chile a causa de una grave enfermedad. Sus hermanos lo visitan aproximadamente cada 15 días en la cárcel y aseguran que, pese a todo, está bien de ánimo. A tres de ellos les cuesta asistir, por su calidad de altos uniformados: el brigadier general Roberto Arancibia, el almirante Jorge Arancibia y el mayor de Ejército Claudio Arancibia.
Su familia asegura que hoy ante el tribunal sostendrá su versión en cuanto a que es inocente de los hechos que se le imputan. Los querellantes reconocen que su colaboración en el caso ha sido nula, pero sostienen que las pruebas acumuladas en su contra son, a la vez, demasiado contundentes como para que el tribunal revierta su situación judicial.


El Mostrador

Jueves 30 de Mayo  2002

Arancibia Clavel declara como imputado en casos de DDHH

Enrique Arancibia Clavel volverá a los tribunales federales argentinos para defenderse de las acusaciones de una ciudadana chilena, Laura Helgueta Díaz, quien durante el juicio oral y público por el asesinato del matrimonio de Carlos Prats y Sofía Cuthbert señaló al ex DINA como uno de los participantes en una sesión de torturas a la que fue sometida en un centro clandestino de detención. Tras ese testimonio, el Tribunal Oral que condenó a Arancibia Clavel en noviembre de 2000 a prisión perpetua ordenó que se abriera una nueva investigación a partir de la denuncia de Helgueta. Fuentes judiciales bonaerenses confirmaron a El Mostrador.cl que la audiencia de mañana será encabezada por el juez federal Juan José Galeano, ante quien será trasladado Arancibia Clavel desde el establecimiento penitenciario donde cumple prisión perpetua por el doble homicidio del matrimonio Prats.

Condena

En noviembre de 2000, la mayoría del Tribunal Oral Federal 6 responsabilizó a Arancibia Clavel por el atentado cometido el 30 de septiembre de 1974, y entendió que era miembro de una “asociación ilícita” formada por miembros del Departamento Exterior de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) Luego, un tribunal superior, la Cámara de Casación Penal, entendió que la "asociación ilícita" estaba prescripta, aunque mantuvo la condena por considerar a Arancibia como “partícipe necesario” del atentado contra los Prats, ocurrido en el barrio de Palermo, en la ciudad de Buenos Aires, el 30 de setiembre de 1974


La Tercera

20 de Agosto 2002

Arancibia Clavel procesado en Argentina por torturas

La resolución se fundamentó en el testimonio de una ciudadana chilena, detenida en el país trasandino durante la dictadura, la cual lo reconoció como uno de sus torturadores.

 El ex agente de la Dina, Enrique Arancibia Clavel, fue procesado hoy en Argentina con prisión preventiva por la privación ilegal de la libertad y torturas en campos clandestinos de detención, durante la última dictadura militar trasandina.

Actualmente el inculpado cumple una condena a cadena perpetua por el doble homicidio del general Carlos Prats y su esposa, ocurrido el 30 de setiembre de 1974 en la ciudad de Buenos Aires.

La resolución del juez argentino Juan José Galeano se fundamentó en el testimonio de Laura Helgueta Díaz -ciudadana chilena detenida en Argentina durante la dictadura-, la cual reconoció a Arancibia Clavel como uno de sus torturadores.

La denunciante estuvo recluida en el campo clandestino de detención El Olimpo o Club Atlético, que funcionaba a solo diez cuadras de la Casa de Gobierno.

"Operación Cóndor"

La causa por privación ilegal de la libertad y torturas surgió como una ramificación de la investigación sobre el asesinato del general Prats, cuando algunos testigos chilenos aseguraron que Arancibia Clavel dirigía las sesiones de tormento en los campos clandestinos de detención, que funcionaron durante la dictadura militar trasandina.

En el transcurso del proceso judicial el ex agente de la Dina fue acusado de participar en la desaparición de 119 chilenos opositores al gobierno de Augusto Pinochet en el marco del denominado "Operativo Cóndor".

Arancibia Clavel habría colaborado con estas desapariciones entregando información y delatando a los opositores chilenos que se había refugiado en Argentina, después del golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973.


El Mostrador

20 de Agosto del 2002 

Secuestro de chilena Laura Elgueta Díaz

El ex agente de la DINA fue señalado por la víctima como uno de los que participó de su secuestro y posterior interrogatorio en un centro clandestino de detención durante la última dictadura militar en Argentina.

El ex agente de la DINA Enrique Lautaro Arancibia Clavel fue procesado con prisión preventiva por la justicia argentina, que lo encontró responsable en primera instancia del secuestro de la ciudadana chilena Laura Elgueta Díaz.

Arancibia, condenado a prisión perpetua por el crimen en Buenos Aires del matrimonio formado por el general Carlos Prats y Sofía Cuthbert, fue procesado por el juez Juan José Galeano y embargado por 100 mil pesos argentinos, unos 19 millones 850 mil pesos chilenos.

En el juicio oral y público por el caso Prats, Arancibia fue señalado por Elgueta Díaz como uno de los que participó de su secuestro y posterior interrogatorio en un centro clandestino de detención durante la última dictadura militar en la Argentina.

De allí se abrió una nueva causa penal en la que ahora, Arancibia resultó procesado, por los delitos de privación ilegal de la libertad y asociación ilícita.

Esta última figura complica aún más la situación de Arancibia, ya que en este nuevo procesamiento se lo sindica como integrante del llamado “Plan Cóndor”, la coordinación de las dictaduras latinoamericanas en la década del '70.

El caso de Laura Helgueta

Durante el juicio oral contra Arancibia Clavel por el crimen del general Carlos Prats y su esposa, la chilena Laura Elgueta Díaz aseguró que el ex agente de la DINA participó en una sesión de torturas ocurrida en los centros clandestinos de detención "el Olimpo" o "Club Atlético", dos lugares donde fue ilegalmente detenida durante la última dictadura militar argentina.

Sin embargo, Arancibia Clavel, condenado por el asesinato del general Carlos Prats, negó haber participado en esa sesión de apremios ilegítimos contra la chilena.

La causa se inició por orden del Tribunal Oral Federal número 6, que que tras escuchar el testimonio de Elgueta Díaz durante el juicio oral que se siguió por la muerte de Prats ordenó que se extrajeran testimonios y se abriera un sumario para investigar esos hechos.

Arancibia Clavel está condenado a prisión perpetua como partícipe necesario en el atentado que el 30 de septiembre de 1974 costó la vida a Carlos Prats y su esposa, Sofía Cuthbert. Al ex agente se lo acusa de haber "preparado el terreno" para colocar el explosivo, mientras que Michael Townley aparece como el encargado de "armar y colocar la bomba" y su esposa Mariana Callejas como la encargada de detonarla.                


La Nacion

27 de Febrero 2003

Procesado en Argentina Enrique Arancibia Clavel ex agente de la DINA

La Cámara en lo Criminal Federal argentina confirmó hoy el procesamiento del ex agente civil de la disuelta Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) Enrique Arancibia Clavel, por la privación ilegal de la libertad de dos mujeres chilenas durante la última dictadura que gobernó al país trasandino

Arancibia Clavel fue responsabilizado por la privación ilegal de la libertad de Laura Ruth Elgueta Díaz y Sonia Magdalena Díaz Ureta, hecho ocurrido en la ciudad de Buenos Aires el 12 de julio de 1977, según informó la agencia Télam.

La Cámara consideró probado el secuestro de ambas ciudadanas chilenas como también su participación en la DINA y "su intervención en la República Argentina en aquella época".

Asimismo, el alto tribunal confirmó el embargo por 100.000 pesos (unos 31.000 dólares) sobre bienes de Arancibia Clavel, pero revocó el procesamiento que se le había impuesto como miembro de una asociación ilícita.

El ex agente de inteligencia cumple cadena perpetua por el asesinato del ex comandante en jefe del Ejército Carlos Prats y su esposa, Sofía Cuthbert, perpetrado en 1974 en Buenos Aires.


La Nación

30 de Septiembre

Condenan a doce años de prisión a Enrique Arancibia Clavel

La justicia argentina condenó hoy a 12 años de prisión a Enrique Arancibia Clavel, ex agente de la policía secreta chilena durante la dictadura, por el secuestro en Buenos Aires de dos ciudadanas chilenas en 1977.

A lo largo del proceso quedó probado que el ex agente de la DINA integró el grupo de represores que secuestró en la capital argentina a Laura Elgueta Díaz y Sonia Magdalena Días Ureta, ambas de nacionalidad chilena.

Las mujeres fueron trasladadas a un centro clandestino de detención, torturadas y liberadas al día siguiente.

Según denunciaron las víctimas, Arancibia Clavel fue quien las interrogó durante su cautiverio.

El ex agente cumplía tareas en Argentina en el marco del denominado Plan Cóndor, diseñado por las dictaduras militares sudamericanas durante la década de 1970 para perseguir opositores en la región.

En su descargo, Arancibia Clavel aseguró ser inocente de los cargos que se le imputaban. Pero la abogada Alcira Ríos, que representó a las víctimas, sostuvo que "lo dejó bien claro el tribunal con su fallo, hubo pruebas más que suficientes".

El fallo llegó el mismo día en que se cumplen 30 años del asesinato del general Carlos Prats causa por la cual Arancibia Clavel fue condenado en el 2000 a cadena perpetua.


El Mostrador

23 de Agosto 2007

Enrique Arancibia Clavel, de agente a espía para la ''casi guerra'' del 78

Supo los nombres de los detenidos desaparecidos de Chile y Argentina cuando los familiares luchaban en los tribunales por conocer su paradero. Participó de la Operación Cóndor, en el crimen del Prats, en el del general Schneider y espió a las fuerzas armadas vecinas para el conflicto del Beagle. Sus informes están guardados en la Universdidad Alberto Hurtado.

Enrique Arancibia Clavel. Chileno. Nacido en Punta Arenas el 13 de octubre de 1944; hijo de Eladio y Violeta, soltero, estudiante, domiciliado en general del Canto Nº 122 Santiago. Cédula de Identidad Nº 4.815.227 de Santiago.

Clasificación dactiloscópica 86444-68262-97434. 1, 73 de estatura, peso 70 kg; ojos café, pelo castaño.

Así versaba la primera ficha policial que tuvo el ex agente de la DINA en Buenos Aires, recientemente liberado, pese a las dos condenas que pesan en su contra –una de presidio perpetuo por la muerte del general Carlos Prats y a 12 años por torturas a Laura Elgueta- cuando fue requerido en 1970 por su implicancia en la muerte del ex comandante en jefe del Ejército René Schneider.

Desde Patria y Libertad, pasando por sus tendencias filo nazis, la homosexualidad de la que nadie habla, jefe de información clandestina de la DINA en Buenos Aires después del golpe, reciclado a momentos como espía de información militar para la casi guerra con Argentina en 1978, un poco empresario y con una familia conservadora, ligada a la derecha y al Ejército – su hermano llego a ser jefe de la Dirección de Inteligencia del Ejército (DINE)-  es un personaje a quien la realidad lo superó, como si se tratara de la mejor novela del género conspirativo.

Pero de sus actividades las nuevas generaciones poco saben, de sus informes que llegaban cada semana a las oficinas de la DINA, firmados por Luis Felipe Alemparte Díaz, su identidad operativa, de las informaciones sobre detenidos desaparecidos chilenos y argentinos que manejaba a los pocos meses, incluso días, van reflejando el perfil de un hombre que conoció de cerca los años más oscuros de los regímenes del conosur.

En los archivos que guarda la Universidad Alberto Hurtado se detallan sus actividades. Memos a Luis Gutiérrez, nombre supuesto del jefe del servicio exterior de la DINA, a quien llegó a informarle que el ministro de bienestar social de Eva Perón, el tristemente célebre López Rega, golpeaba a la presidenta. “La versión la entregó el edecán naval de ella”, escribió.

Imagen corresponde a uno de sus informes de inteligencia cuando era el jefe de información clandestina de la DINA en Buenos Aires.

Tanto fue el acceso y la importancia que llegó a tener para la DINA Arancibia Clavel que conoció pormenores de la llamada Operación Colombo que llevó a cabo ese servicio para la eliminación de disidentes al régimen militar.

De hecho, enviaba listas con los desaparecidos y eliminados en Argentina –por izquierda, según versan sus informes- que contienen nombre completos, números de identidad, en momentos en que las organizaciones de derechos humanos luchaban par saber qué sucedía con sus familiares.

Pero la suerte de Arancibia Clavel cambió en 1978 cuando fue detenido por espionaje. El resto es historia. En 2000 fue condenado por el caso Prats, años más tarde por las torturas a Laura Elgueta y hoy está libre por beneficios carcelarios.

Si bien la periodista Mónica González en su libro “Bomba en una Calle de Palermo” reveló todas sus actividades, aún falta escribir su historia.


La Nacion

12 de Febrero 2008   

Francia juzgará en ausencia a trece represores chilenos

Luego de casi diez años, desde que la justicia francesa se decidió a juzgar a un grupo de represores chilenos y un argentino por el secuestro y desaparición de cinco ciudadanos franco-chilenos, el Gran Tribunal Penal de París fijó fecha para el juicio entre el 19 y 23 de mayo próximo.

Los 13 chilenos y el argentino serán juzgados en rebeldía (según la figura legal francesa) pues ni Chile ni Argentina acogieron las demandas de extradición formuladas en su momento por Francia. Entre los chilenos están el ex jefe de la DINA, Manuel Contreras y el líder de la secta alemana Colonia Dignidad, Paul Schafer.

Cuatro de los chilenos requeridos inicialmente ya están muertos: el dictador Augusto Pinochet, el general Javier Palacios que comandó el asalto desde tierra a La Moneda el 11 de septiembre de 1973, el coronel de aviación Andrés Pacheco Cárdenas, comandante de la base aérea de Temuco, y el ex agente civil Osvaldo “Guatón” Romo.

Los oficiales chilenos (todos en retiro) que serán sometidos a juicio son, además de Contreras y Sch fer: Emilio Sandoval Poo, empresario sureño; Joaquín Ramírez Pineda, ex comandante del regimiento Tacna; Rafael Ahumada Valderrama; el teniente coronel de Carabineros Gerardo Godoy García (“El Cachete Chico”); Basclay Zapata Reyes (“El Troglo”), DINA suboficial de Ejército; Miguel Krassnoff Martchenko, brigadier DINA ex jefe de la brigada Águila; Marcelo Moren Brito, coronel DINA ex jefe de Villa Grimaldi; Pedro Espinoza Bravo, brigadier ex segundo jefe de DINA; Raúl Eduardo Iturriaga Neumann, general DINA ex jefe de su departamento exterior; José Zara Holger, brigadier DINA, ex jefe de su departamento exterior; y el ex agente civil DINA Enrique Arancibia Clavel, que el año pasado terminó de cumplir una pena de presidio en Buenos Aires por el asesinato en 1974 del general Carlos Prats y su esposa Sofía Cuthbert. También será juzgado el ex jefe de la inteligencia del Ejército argentino (SIDE) en Mendoza y Bahía Blanca durante la última dictadura, José Osvaldo Riveiro, alias “Balita”.

Los catorce criminales, la mayoría con un largo prontuario por delitos de lesa humanidad, serán juzgados por el secuestro y desaparición de Alfonso Chanfreau Oyarce, Jean Ives Claudet Fernández, René Marcel Amiel Baquet, George Klein Pipper, y Etienne Pesle de Menil.

Las cinco víctimas Chanfreau fue detenido en julio de 1974 en Santiago y su nombre aparece en la lista de los 119 desaparecidos de la Operación Colombo -preámbulo de la Operación Cóndor- por la que la dictadura chilena pretendió hacer creer que habían huido a Argentina.

Claudet fue detenido en Buenos Aires en noviembre de 1975 como parte de la Operación Cóndor, en la que también participaron los servicios de inteligencia de Argentina, Paraguay, Bolivia y Uruguay. En este caso, Arancibia Clavel o “Luis Felipe Alemparte”, envió desde Buenos Aires (noviembre de 1975) un memorándum dirigido a “Luis Gutiérrez”   -chapa del cargo de jefe exterior DINA, en ese entonces Iturriaga

Neumann- que decía: “A Claudet se le sometió a interrogatorio. .. Ya no existe, es RIP (Réquiem in pace)”.

El memo, junto a otros similares, fue pesquisado en Buenos Aires por la jueza María Servini y formó parte del expediente abierto allá por el crimen de los Prats-Cuthbert.

Amiel fue arrestado en Mendoza por agentes chilenos y argentinos en 1977. Klein era asesor de Allende y fue detenido en La Moneda el día del golpe militar. Pesle era un sacerdote secuestrado en Temuco en septiembre de 1973.


El Mercurio

12 de Febrero 2008  

Desaparición de cuatro franceses: Abogados de ex agentes de la DINA restan valor a juicio en Francia

"No tiene validez en Chile", dijo ayer el abogado Jorge Balmaceda, quien representa a dos de los ex miembros de la DINA que en mayo próximo serán juzgados por un tribunal francés, por su responsabilidad en los secuestros y apremios ilegítimos que sufrieron en Chile cuatro ciudadanos de ese país durante el régimen militar.

Ayer se informó en Francia que entre el 19 y el 23 de mayo próximo tendrá lugar en un tribunal criminal de París el juicio contra 17 ex miembros del organismo de inteligencia que encabezaba el entonces coronel Manuel Contreras, a quienes se responsabiliza por las desapariciones de Alfonso Chanfreau Oyarce, Etienne Pesle, Georges Klein y Jean-Yves Claudet Fernández.

Según se prevé, varios de quienes serán enjuiciados en ausencia podrían ser condenados a presidio perpetuo, si se comprueba la aplicación de torturas.

Para Balmaceda, quien defiende al brigadier (r) Pedro Espinoza y al general (r) Raúl Iturriaga -ambos en la lista de los 17- los tribunales franceses "no tienen competencia ni jurisdicción en Chile", y es la justicia chilena la única que puede pronunciarse por los hechos acontecidos en el país. "Además, no tienen cómo investigar los hechos; el juicio se hace sólo a base de suposiciones", agregó.

El abogado Enrique Ibarra, quien representa a Basclay Zapata, enfatizó que lo que pueda resolver la justicia francesa no tiene valor. "Es un tema simbólico", aseveró, porque no tiene efectos prácticos. Además, recordó que los casos por los cuales van a ser juzgados están siendo indagados por la justicia chilena, y en algunos ha habido resoluciones.

El abogado José Luis Sotomayor, quien representa al brigadier (r) José Zara y al ex jerarca de Colonia Dignidad, Paul Schaeffer, enfatizó que "ningún estado de derecho racional puede juzgar a nadie en rebeldía".

En tanto, la viuda de Alfonso Chanfreau, Erika Hennings, celebró la noticia.

"Creo que es espectacular, considerando que en Chile no ha habido avances", aseveró, en referencia al proceso que instruye el ministro Carlos Gajardo. La mujer, quien también estuvo detenida, no descartó viajar a Francia.


El Ciudadano

29de Abril 2011

A puñaladas muere ex agente de la DINA

El ex agente de la DINA, Enrique Arancibia Clavel, quien fuera condenado por el asesinato del general Carlos Prats y su esposa Sofía Cutberth en Buenos Aires, fue encontrado muerto de una puñalada en la capital trasandina.
El ex agente de la agencia secreta de Pinochet, Enrique Arancibia Clavel, quien se hallaba condenado por el asesinato del ex jefe del ejército chileno general Carlos Prats y su esposa en esta capital en 1975, fue encontrado muerto a puñaladas en su departamento ubicado a pocos metros del palacio de Tribunales, en Buenos Aires.
El cuerpo de Clavel fue encontrado la noche del jueves cerca de un escritorio “en posición cubito dorsal con más de 20 puñaladas en el pecho y en la espalda” por su pareja de 21 años, quien luego alteró a la Policía Federal del crimen. Según vecinos el cuerpo tiene más de 20 puñaladas.
Clavel estaba cumpliendo su pena bajo libertad vigilada desde julio del 2007.
Se rumorea que practicaba relaciones homosexuales en los últimos años, según consiga el diario Clarín.
En el departamento de la calle Lavalle 1438 1B “no había signos de robo o violencia aunque se encontró sangre seca”, informaron al diario Clarín fuentes policiales. La puerta de entrada “tampoco estaba violentada”, agregaron las fuentes. La sangre seca revela que el crimen habría sido cometido varios días antes del hallazgo del cadáver.
Si bien no está aclarado el móvil del crimen, no se descarta que sea por su actividad como agente secreto de la dictadura de Pinochet, como tampoco que haya sido de carácter pasional.
Espía y Anticomunista.
Clavel se instaló en Argentina en 1971, huyendo de la justicia militar por un proceso pendiente en su contra por infracción a la Ley de Seguridad del Estado, acusado de haber puesto bombas después de la elección de Salvador Allende, al que rechazaba debido a su profundo anticomunismo.
Después del golpe militar comenzó a trabajar para la DINA mientras era el representante del Banco del Estado, usando el nombre de Luís Felipe Alemparte. En 1978 había sido acusado de espionaje a favor de Chile durante el conflicto por el canal del Beagle. Según el proceso por la muerte de Prats fue quien hizo los preparativos al atentado, como entregar información sobre los desplazamientos del general.
Prats fue el Comandante en Jefe del Ejército del derrocado presidente Salvador Allende y se mantuvo fiel a la Constitución y rechazó el golpe de Estado dado por Pinochet, lo que le significó el exilio. Como su figura representaba para el Ejército el contrapeso moral a Pinochet fue mandado a matar a la capital argentina.
Arancibia Clavel fue condenado en el 2004 por la justicia argentina a doce años de prisión por el asesinato del general Carlos Prats y su esposa Sofía Cuthberth, quienes murieron luego de explosionar una bomba colocada por su auto en 1974 en el barrio de Palermo. El artefacto explosivo fue colocado por el ex agente de la CIA, el norteamericano Michael Townley por orden del jefe de la DINA, Manuel Contreras.
Clavel además había participado del secuestro de las chilenas Laura Elgueta Díaz y Sonia Díaz Ureta, en el marco del llamado Plan Cóndor instrumentado por las dictaduras sudamericanas.


Punto Final

Miercoles 1 de Junio 2011

Un clavel para Arancibia

Como ya había pasado Semana Santa, una noche, tal vez la del miércoles 27 de abril, Enrique Arancibia Clavel salió de su departamento en plena calle Lavalle, en el tranquilo y seguro barrio de Tribunales, a una cuadra de Avenida Corrientes. Los porteros que trabajan en el edificio, ocupado en su mayoría por estudios jurídicos, no notaron su salida, o tal vez no le prestaron atención. La pareja con la que vivía en Buenos Aires el ex agente de la Dina -quien había cumplido más de diez años de reclusión por el asesinato del general Carlos Prats y su esposa, Sofía Cuthbert-, no estaba y Arancibia quiso aprovechar la oportunidad. No importa en qué lugar abordó a un chico de veinte años, de profesión taxiboy. Según trascendidos policiales, después del encuentro sexual se le ocurrió invitarlo a cenar. Hasta aquí se portaba como todo un “caballero”. Como resulta evidente, el ex agente no ocultaba su homosexualidad, al contrario de su pareja al que le gustaba llamarle “padrino”.

Arancibia tenía una flota de taxis y ahorraba dinero para comprarse otros vehículos. Pagar una cena a un taxiboy estaba dentro de su presupuesto. Un ex agente de los servicios de inteligencia chilenos, un ex militante de Patria y Libertad, no podía equivocarse con ese muchacho. ¿Qué podría salir mal?

1. Ha pasado casi un mes desde el asesinato de Arancibia Clavel, y Lavalle luce la vorágine habitual. Entre la sucursal de un banco y un local de fotocopiados se yergue el número 1438. En la puerta exhibe un papelito que dice: “hay cámaras de filmación”. Parece un lugar seguro para vivir. De hecho los transeúntes se muestran atentos a cualquier hecho extraño o anormal, como puede ser una persona tomando notas afuera de un edificio. Una señora pasa a mi lado y, observándome con desconfianza, continúa hablando por celular: “Sí, che, vine a capital a hacer unos trámites, pero ya estoy terminando… Esperá un poco, que hay un pelotudo mirándome”.

Para concluir con las sospechas, decido tocar el citófono del portero. Sin embargo no resulta necesario, ya que cuando intento hacerlo un hombre canoso, delgado y amable, me abre la puerta. Saco una identificación de prensa, que me hace imaginar que soy un detective privado sacado de una añeja película. El portero me hace pasar. Se llama Roberto y me aclara que es ayudante de portero. Hablamos y lentamente me da la sensación de que la amabilidad más que nada es tontería. Así es que aprovecho y le consulto cómo era Arancibia Clavel.

“Nunca tuve problemas con él en los cinco o seis años que vivió acá”, dice y agrega: “A veces me daba plata para comprar cigarrillos”.

¿Entonces era una persona generosa?, pregunto.

“Sí, nunca tuve problemas con él”.

Le comento entonces por los problemas de seguridad del edificio que la muerte del ex agente de la Dina hizo evidentes.

“No, problemas de seguridad nunca ha habido”, aclara y luego me señala la custodia policial con la que el edificio ha vivido desde el crimen.

2. Arancibia Clavel no estaba preocupado por la seguridad de su edificio, lo daba por hecho. Además en su calidad de ex agente de la Dina no temía a la delincuencia, así que no dudó en invitar al taxiboy que a cada momento le parecía más atractivo. El chico aceptó. Tal vez Arancibia le invitó uno o dos tragos, y el joven se sintió halagado, más cuando el acusado de haber seguido y vigilado al ex comandante en jefe del ejército chileno comenzó a practicarle sexo oral. El taxiboy estaba protegiendo su culo, había comido bien y en ese momento lo estaba pasando estupendo. Sin embargo, algo sucedió. Quizá una discusión o un desacuerdo monetario, pero lo cierto es que el taxiboy no aceptó ser penetrado por Arancibia Clavel, por lo que al ex agente de la Dina no le quedó otra que drogar al chico y sodomizarlo. Aunque esto también pueden ser rumores de la policía de Buenos Aires. ¡Vaya uno a saber!

3. Arancibia, en los tiempos en que le agregaban el clavel, no era una buena persona. Tampoco lo era cuando violaba al taxiboy. En el pasado, cuando preparaba el asesinato del general Prats tenía sangre fría. Quizá se quedó observando a prudente distancia cuando aquella noche del 30 de septiembre de 1974 Michael Townley y su mujer, la escritora Mariana Callejas, hicieron explotar el Fiat 125 del general Prats, frente al número 3351 de calle Malabia, en Palermo. O quizá no estaba ahí, sino con otro taxiboy.

Michael Townley, principal ejecutor del asesinato de Prats y su esposa, reconoció en los interrogatorios el carácter fortuito de la explosión: “La calle estaba mal iluminada, pero lo que pensaba era que desde el viernes en la noche había un artefacto explosivo bajo ese vehículo y que pudo haber explotado en cualquier momento, en cualquier lugar por un sinnúmero de motivos, como una interferencia eléctrica, la radio de otra persona, etc. El vehículo se acercó, me pasó, se detuvo a la entrada de la cochera y lo hice explotar. Yo estaba sentado al volante y mi esposa al otro lado, y tenía la radio sobre las rodillas. La levantó y preguntó: ‘¿Qué hago’”.

¿Y qué hacía en ese instante Arancibia Clavel?

4. El agente del edificio de Lavalle 1438 está instalado en el lugar donde debería estar el portero, pero debido a las circunstancias él ocupa su sitio, saludando con una sonrisa a los pocos vecinos que residen en el edificio. Es igual de amable y me cuenta que está en ese lugar desde que la jueza “puso la consigna”. Como no le entiendo, me explica:

“Después de los peritajes y de la presencia de la jueza, los agentes estamos rotando, dependiendo de la disponibilidad en la comisaría”. Como no termino de comprender, el agente me lleva hasta el departamento que justo conecta con las escaleras y que está sellado con la siguiente consigna: “Secuestrado”. Y en letra a mano: “Arancibia/Homicidio”. Aaahh, ¡era eso! ¿Ven como por las buenas uno entiende?

Trato de preguntar otra cosa, pero la imagen que tengo en la mente es la de la consigna, y pienso en la paradoja que implica que el departamento de un ex agente de los servicios de inteligencia de Pinochet esté “secuestrado”. Enseguida pongo atención en el número del departamento: en todos los medios se dijo que era el 1B, pero es el 1D, ya que el otro es un estudio jurídico.

¿Nadie puede entrar al departamento, no es cierto? ¿Ni la pareja de la víctima?, digo para comprobar lo obvio.

“Desde que yo he estado, nunca lo he visto. A lo mejor ha venido en otro turno, pero es difícil. El mío es de cero horas hasta las seis de la tarde. Pero le reitero, nadie puede entrar a ese departamento después de instalada la consigna”.

5. Cuando el taxiboy despertó, Arancibia Clavel lo despidió porque pensaba que su pareja podía llegar en cualquier momento. El chico, aún confuso por la droga, bajó las escaleras y saludó al portero. Después de unos minutos bajó Arancibia y fue hasta el kiosco vecino a comprar un paquete de cigarrillos, como hacía habitualmente. El taxiboy, por su parte, al llegar a la pensión donde vivía -en el quinto piso de Avenida de Mayo 1385, a sólo cinco cuadras del departamento de Arancibia-, y contestar el interrogatorio de su pareja paraguayo, ¡otro taxiboy!, concluyó que había sido timado: el dinero ganado en toda una noche era poco y su hombría había sido dañada. Así que decidió regresar al departamento de Arancibia Clavel para aclarar las cosas, azuzado por su “colega” y pareja.

6. La larga noche es un libro de cuentos de Mariana Callejas que, según dicen malas lenguas, fue financiado por la CNI a comienzos de los 80, y requisado por Dinacos, o eso por lo menos contó la escritora y ex pareja de Townley en una entrevista al vespertino La Segunda. En ese libro, aparte de un cuento sobre un torturado, que da título al volumen, hay otro sobre el Estadio Nacional y uno que, en el momento que lo leí, llamó mi atención. Se llama “Un parque pequeño y alegre”. Trata sobre un sujeto que va a colocar una bomba al auto de una personalidad. El protagonista se llama Max, similar al nombre de su ex marido, Michael, y el tipo de explosivo usado es idéntico al empleado en el asesinato de los Prats-Cuthbert. En este relato, Callejas escribe: “(Tenemos dos kilos de C-4 para este trabajo. Ves que es importante. Dos kilos para el caballero. No puede fallar. Pero el trabajo de relojería lo tienes que hacer tú, de otro modo el peligro es tremendo, tú sabes. Pero qué pasa con las metralletas, dice Max, si el hombre vive tan tranquilo como ustedes dicen, le pueden dar cuando salga de su casa como de costumbre. No, Max, dicen ellos, lo que buscamos es el efecto psicológico. Un baleo es un baleo, ya la gente está acostumbrada. Tiene que ser algo grandioso, para que aprendan los otros como él, los enemigos)”.

7. Arancibia Clavel no era un tipo crédulo, pero igual abrió la puerta al chico y, como era de esperarse, reiniciaron la discusión de la noche anterior. Sin embargo, el ex agente de Pinochet no tenía miedo ni cuidado. Y ahí estuvo su error, porque en un momento de descuido el taxiboy se abalanzó y empezó a apuñalarlo, gritando por su hombría perdida, el poco dinero ganado y los problemas con su pareja, ¡porque vaya que son complicados los paraguayos! Arancibia cayó muerto, y el chico de veinte años tomó el dinero que el ex agente guardaba para comprar otro taxi y escapó.

Cuando llegó a la pensión de Avenida de Mayo, contó el dinero junto a su pareja y saltaron de alegría. El paraguayo se quedó con el celular de Arancibia Clavel.

8. Conocí al nieto de Carlos Prats, Francisco Cuadrado, a principios del año 2000. A primera vista me pareció un tipo loco pero simpático, de esos que sacan sonrisas e iluminan habitaciones. De pronto empezó a beber y la simpatía desapareció, dejando su lugar al rencor, la ira y el dolor, no tanto por el asesinato de su abuelo, sino por el de su abuela. Lo compadecí, pero también me dio rabia. Ese día, o tal vez el que siguió a ese primer encuentro, nos hicimos amigos.

Cuando Pinochet murió y lo velaban en la Escuela Militar, Francisco Cuadrado escupió la urna del ex dictador, y buena parte del país aplaudió ese gesto. Recuerdo que meses antes, en un asado en un parque pequeño y alegre, me dijo que haría eso. Pero yo tal vez pensaba en otra cosa porque no le puse mucha atención.

9. Estoy en Avenida de Mayo 1385, a unas cuadras del Congreso argentino, a cinco cuadras de la Policía Federal que detuvo a los dos jóvenes de veinte años. Los imagino gastando parte del dinero de Arancibia, comiendo pizzas en La Continental, justo en la esquina, o en cualquier boliche alrededor de Plaza Congreso.

El edificio en cuestión tiene un letrero que dice “Hostel (sic) La Pola 4º piso”, pero en realidad acoge a varios “hoteles” en cada piso. Un equipo de Canal 9 está apostado afuera y se prepara para hacer un despacho en directo. Converso con el periodista e ingreso al lugar de la detención de los taxiboys, aprovechando el descuido de unos turistas brasileños que dejan la puerta abierta.

Recorro piso a piso, golpeando puertas, preguntando si ahí había sido la detención, hasta que me detengo en una puerta. Toco el timbre. Nadie sale. De pronto el ascensor hace ruido, se detiene y desciende un viejito. Le consulto si este es el hotelucho de las noticias. “Algo había escuchado por la radio, pero nunca imaginé que fuera éste. Mirá vos”, contesta el viejo sonriendo. Le explico mis intenciones, le miento incluso (he venido especialmente de Chile para hablar con la encargada de este hotelucho), el viejo ríe y promete hacer todo lo posible. Después de un minuto exacto aparece una mujer joven, pequeña y morena.

 “Lamentablemente no podemos dar ninguna información. Me temo que tendrá que dirigirse al tribunal”, dice la mujer de acento raro, pero sin darme tiempo a preguntar nada.

Antes que cierre la puerta le sonrío y le digo si ella cree que la pareja de taxiboys era simpática o buena onda, usted me entiende, ¿no? Ella me mira fijamente, con ganas de sonreír por primera vez en la tarde, pero se sobrepone y con pena responde: “Lo único que le puedo decir es que era una pareja muy amable”, remata y cierra la puerta en mis narices.

A la mañana siguiente llamaré a la Fiscalía Nº 13, dirigida por Marcelo Roma, y le haré las mismas preguntas que ya le había hecho antes. Sin embargo, cuando uno hace las mismas preguntas las respuestas suelen repetirse: “Disculpe, caballero, pero no damos información por teléfono”. Nuevamente diré que no hay problema, que puedo ir hasta allá, que no estoy lejos. Por unos segundos habrá un silencio, hasta que el funcionario responda: “No, lo que sucede es que tampoco estamos entregando información en persona”. Colgaré el teléfono con esa respuesta, y al hacerlo, esta crónica llegará hasta este punto


Ciperchile.cl

01 de mayo de 2011

EX AGENTE DE LA DINA ASESINADO EN BUENOS AIRES

La historia que no se cuenta de Arancibia Clavel

Treinta y cuatro puñaladas recibió Enrique Arancibia Clavel el 29 de abril pasado. La noticia impactó en Argentina, donde pasó 11 años en prisión por el crimen del general Prats y su esposa. En Chile, su huella en las operaciones represivas más brutales de la dictadura marcó a miles de sobrevivientes y familiares de desaparecidos. Una historia oculta por el mismo manto de impunidad que cubrió al crimen de Prats por más de 30 años y que quedó plasmada en el increíble archivo que guardó el jefe de la red DINA en Buenos Aires, descubierto en 1986. Esta es su historia.

El peluquero y bailarín argentino Humberto Zambelli subió al auto Renault 12 y enfiló raudo hacia el aeropuerto de Ezeiza. Ese 4 de noviembre de 1978 iba al encuentro de su pareja, Enrique Arancibia Clavel, cuya tarjeta de visita indicaba que era agente del Banco del Estado en Buenos Aires. Una pantalla muy bien pagada para el jefe de la red clandestina de la Dirección Nacional de Inteligencia (DINA) en Argentina, quien regresaba conmocionado desde Santiago. El bailarín del ballet de Susana Jiménez no sospechaba que todos sus pasos eran observados y fotografiados.

Zambelli estaba nervioso. La despedida había estado marcada por la tensión. Más tarde diría que “un complicado estado emocional” afectaba a su amigo íntimo. Razones tenía, Arancibia. Un terremoto se vivía en ese momento en los servicios secretos del régimen luego que el general Manuel Contreras fuera enviado a retiro y después detenido en el Hospital Militar al abrirse un proceso presionado por Estados Unidos por su responsabilidad en el asesinato del ex canciller Orlando Letelier, en Washington (1976). La transformación de la DINA en CNI y la llegada del general Odlanier Mena como jefe, daban cuenta de su incierto futuro laboral.

De allí que Zambelli hiciera preparativos especiales para la recepción. El encuentro, dirían los hombres que observaban sus movimientos, fue muy efusivo. Arancibia regresaba además, de un Chile cargado de signos de guerra. En Buenos Aires y otras grandes ciudades argentinas se realizaban en esos días simulacros bélicos y oscurecimientos para prevenir ataques aéreos. Ambos países se preparaban para un enfrentamiento que parecía inevitable. Tan sólo dos días antes, el 2 de noviembre, las conversaciones que se desarrollaban en la Comisión Mixta chileno-argentina se dieron por clausuradas. La guerra era inminente.

El ministro de Relaciones Exteriores de Chile, Hernán Cubillos, comunicaba que su país recurriría al Tribunal de la Haya, mientras en el Vaticano se desataba una febril actividad con llamados a Chile y Argentina en un desesperado y último esfuerzo por evitar la catástrofe.

El efusivo abrazo de Zambelli y Arancibia fue observado desde cerca por los hombres diseminados en el terminal aéreo. Algunos, a duras penas lograron asfixiar una sonrisa. La pareja nada advirtió. En el mismo auto emprendieron el regreso hacia el elegante departamento que habitaban. Se habían conocido en el verano de 1974, y desde entonces ya no se separaron.

Poco alcanzaron a disfrutar, porque súbitamente el auto fue interceptado por los policías argentinos que los vigilaban. Arancibia fue detenido y acusado de espionaje. Poco después, su departamento era allanado por los mismos policías que no tardaron mucho en encontrar lo que buscaban.

En el doble fondo del aparador del comedor hallaron una voluminosa documentación cuyo contenido provocó la primera sorpresa. Porque lo que saltó ante los ojos del grupo de la Policía Federal trasandina fue un documento con información confidencial sobre el canciller de Chile, Hernán Cubillos, y su relación con la CIA y el diario El Mercurio durante el gobierno de Salvador Allende.

En los días en que la guerra con Argentina estaba a punto de estallar, el jefe de la red de agentes secretos de Chile en el vecino país se dedicaba a investigar al canciller que encabezaba las negociaciones. Ese sería el último informe enviado por Enrique Arancibia a Santiago bajo el nombre de“Luis Felipe Alemparte Díaz”, su identidad como agente DINA.

Lo que seguía al informe sobre Cubillos en los documentos cuidadosamente ordenados en carpetas de plástico negras, eran las copias y respuestas de las órdenes que recibió desde el cuartel central de la DINA en Santiago desde 1974, incluyendo cartas privadas con altos oficiales del mando del servicio secreto. Entre ellos, Michael Townley, quien acababa de ser expulsado (abril de 1978) por el régimen de Pinochet a Estados Unidos para ser juzgado y condenado como autor material del crimen de Orlando Letelier y su asistente Ronnie Moffit (Washington, 1976). Pinochet y Contreras insistían en que Townley nunca fue agente de la DINA. Y allí estaban las pruebas de su participación en las operaciones más secretas del organismo represivo.

Las carpetas contenían cuatro años de la historia de la represión desatada fuera del territorio chileno por el principal servicio de seguridad secreto, con una red de agentes desplegados por varios países y la colaboración estrecha con los otros servicios de las dictaduras del Cono Sur. Una parte de la historia de la “Operación Cóndor” que inexplicablemente Arancibia guardó en su aparador.

A los argentinos, ya involucrados en su propia masiva y brutal represión, el contenido no los sorprendió. Cómo lo usaron, es hasta ahora un secreto. Lo real es que al cabo de algunos meses, gran parte de los papeles quedó abandonado para luego ser prácticamente embutido a la fuerza en cinco cajas donde se condensó el proceso por espionaje. De allí pasaron a una oscura y solitaria sala del Archivo Judicial. Al olvido.

Ocho años más tarde, la autora de este reportaje iría a Buenos Aires a investigar el asesinato del general Carlos Prats y su esposa. En un pasillo, un hombre le diría casi al oído que buscara ese expediente. Fueron días intensos de tocar muchas puertas y que culminaron cuando con la ayuda del periodista argentino Horacio Verbitsky, un impávido funcionario finalmente sacó las cinco cajas del proceso y me dejó a puertas cerradas en esa gélida sala del Archivo Judicial. Lo que se abriría ante mis ojos provocó un frío mayor que el que en ese invierno de 1986 imperaba en Buenos Aires.

UN TERRORISTA A SUELDO

Dos meses después del Golpe de Estado, en noviembre de 1973, Arancibia Clavel se presentó en el cuartel general de la recién creada Comisión DINA. “Lo hice para saludar al entonces coronel Manuel Contreras y ofrecerme a su disposición para llevarle cualquier tipo de información”, declaró el propio Arancibia ante un tribunal argentino el 28 de noviembre de 1978.

“A los pocos días fui entrevistado por un oficial de la DINA al que por su cargo llamaban ‘Don Elías’ (Raúl Iturriaga Neumann) y que era uno de los jefes del Departamento Exterior. Me dio instrucciones de cómo debía hacer llegar la información a través del canal que considerara más idóneo, explicándome que no debía utilizar mi verdadero nombre ni tampoco divulgar mi condición de miembro del Servicio Exterior de la DINA”, se explayó.

Fue así que Enrique Arancibia Clavel se convirtió en agente de la DINA en Argentina. Su pantalla fue la representación del Banco del Estado en el vecino país, cargo para el que fue recomendado por su vicepresidente, Valentín Robles. Para contratarlo debieron obviar un obstáculo importante: Arancibia en ese momento era un prófugo de la justicia, acusado de actos terroristas, como integrante del grupo que asesinó al comandante en jefe del Ejército, René Schneider, en octubre de 1970.

Su huella como “El Dinamitero” –así lo llamaban– quedó en las bombas que se colocaron en la Bolsa de Comercio, en la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile, en el entonces Canal 9 de TV y en el aeropuerto de Santiago. Sólo el azar hizo que el artefacto más potente que colocó en el recinto aéreo no explosionara.

Así lo confesó ante los tribunales chilenos en el juicio por el crimen de Schneider (fojas 1.877), donde reconoció su participación. También acusó al general Roberto Viaux de ser el autor intelectual de la cadena de actos terroristas que él mismo ejecutó con otros miembros del grupo de ultraderecha. Se buscó, dijo, preparar el clima para el secuestro de Schneider, cuyo objetivo final era impedir que Allende asumiera como presidente de Chile. Por eso, después de cada atentado, se lanzaban panfletos de una hasta ese momento desconocida Brigada Obrero Campesina (BOC): “para hacer creer que los autores eran de un grupo de ultra izquierda y crear un clima adverso”.

Arancibia fue detenido. Tenía 26 años, y cursaba cuarto año de Ingeniería en la Universidad de Chile después de un breve paso por la Escuela Naval. Su padre, oficial de la Armada (r) y uno de sus hermanos oficial de la misma rama. Otro, era oficial del Ejército. A pesar de su propia confesión, de los explosivos que hallaron en su domicilio el 8 de octubre de 1970, y de las numerosas pruebas en su contra, fue dejado en libertad bajo fianza.

Esa misma noche huyó hacia el sur de Chile. Todo estaba organizado por alguien a quien nunca se quiso identificar. Porque lo ocultaron en la Hostería del Lago Ranco, y en febrero de 1971, el dueño de esa hostería (de apellido Provoste) lo trasladó al otro lado de la frontera por el paso Tromen (Mamuil Malal), saliendo del país con una cédula falsa. Allí lo esperaba el ex edecán del general Juan Carlos Onganía, cuando ejerció el mando de Argentina como dictador en los años 60.

En 1966, en la Conferencia de los Ejércitos Americanos realizada en Buenos Aires, Onganía propuso institucionalizar una fuerza interamericana de defensa permanente, de intervención regional contra el enemigo subversivo. Su principal detractor fue precisamente el general René Schneider, quien aún no asumía como jefe del Ejército chileno.

Tres años más tarde, el terrorista prófugo por su rol en la conspiración que culminó con el asesinato del comandante en jefe del Ejército, era contratado como funcionario público por el régimen que encabezaba otro general.

“Comencé a dar cumplimiento a las instrucciones que me diera el capitán Luis Gutiérrez”, declaró en 1978. Y así lo prueban los documentos que Arancibia guardó en su poder.

ELIMINAR A PRATS

El último día de septiembre de 1974 los autores intelectuales del crimen del general Carlos Prats creyeron haber eliminado un escollo clave para que Pinochet se hiciera del poder total en el Ejército y en la Junta Militar. Sacando del escenario al general que reivindicó hasta 18 días antes del Golpe el honor militar para impedir la dictadura y la represión, pensaron haber hecho desaparecer también el fantasma siempre presente del general René Schneider, su antecesor en la comandancia en jefe del Ejército, asesinado en octubre de 1970. Y los principios que ambos defendieron.

Pasarían casi treinta años antes de que se hiciera justicia. Y fue precisamente el rechazo de la Corte Suprema al desafuero del general Augusto Pinochet por su participación en el asesinato de Prats y su esposa Sofía Cuthbert, solicitada por la jueza argentina María Servini, el que provocó en 2003 la apertura histórica en Chile del juicio por el crimen del ex jefe del Ejército (Ver Nota 1).

Muy pronto el ministro a cargo del caso, Alejandro Solís, encontraría la prueba más importante que faltaba: el informe con el seguimiento de todos los pasos de Prats y los planos de su casa, entregados por el oficial de la DINA Juan Morales Salgado a Manuel Contreras (Ver documento). Un informe que se había mantenido en completo secreto y que permitió comprobar fehacientemente la autoría de la DINA. Y también la participación gravitante de Enrique Arancibia Clavel.

Porque la última pieza del puzzle descubierta por Solís provocó también que otros confesaran: el crimen se ordenó desde Santiago en junio de 1974, y los datos que recogió Morales Salgado y que permitieron poner la bomba que despedazó los cuerpos de Prats y su esposa en el lugar preciso y a la hora precisa, fueron aportados por Enrique Arancibia Clavel.

El cuadro se terminó de armar en Chile. Arancibia Clavel ya estaba condenado en Buenos Aires. Y de paso se probó que Michael Townley, el hombre que puso la bomba, nunca mintió. Su primera confesión la hizo ante policías chilenos –Nelson Jofré y Rafael Castillo, acompañados por el subcomisario Eduardo Riquelme González de la O.C.W. Interpol Chile– el 2 y 3 de septiembre de 1992, en Estados Unidos. Un interrogatorio que ordenó el ministro Adolfo Bañados:

–A mediados de 1974, Manuel Contreras da la orden a Pedro Espinoza para que se elimine a Prats en Buenos Aires. Se ofrecen 20 mil dólares a un grupo extremista argentino –TripleA– para ejecutar la misión. Pero los argentinos, luego de recibir el dinero, no tuvieron el valor suficiente como para matarlo. Ante esa circunstancia y bajo la presión del general Contreras y el brigadier Espinoza, se le asignó la misión al jefe de la DINA exterior, en ese momento, el comandante Raúl Eduardo Iturriaga Neumann, quien utilizaba el nombre falso de ‘Diego Castro Castañeda’; y al oficial Armando Fernández Larios. Recuerdo que tres días antes del atentado me encontré con el comandante Iturriaga en Buenos Aires. Este fue hecho con la cooperación de ciudadanos argentinos de la Triple A. El jefe de la DINA Exterior era el comandante Iturriaga y como segundo estaba el capitán José Zara –confesó Townley (Ver Nota 2).

Pero en 1992 Pinochet mantenía su poder político y su influencia en la Corte Suprema. El sello de la impunidad era inquebrantable. Más aún para el crimen de un jefe del Ejército. La confesión de Townley quedó archivada. Para muchos, Arancibia sería el único condenado.

El contrato de Enrique Arancibia Clavel en la representación del Banco del Estado de Chile en Argentina tiene como fecha de inicio el 1 de octubre de 1974, horas después de perpetrado el atentado que terminó con la vida del general Carlos Prats y su esposa Sofía Cuthbert en una calle de Palermo en Buenos Aires. Casi un premio.

Pero durante el proceso por su muerte en Argentina a nadie le llama la atención la fecha. Tampoco que el bailarín Humberto Zambelli, su pareja, declarara en el juicio por espionaje que se conocieron en el verano de 1974, en Argentina. Días en que Arancibia aseguró que estaba en Chile.

MIRTHA LEGRAND Y SUSANA JIMENEZ

De no haber sido por las famosas Mirtha Legrand y Susana Jiménez, Arancibia y Zambelli no se habrían conocido. Porque fue cuando el segundo se desempeñaba como peluquero de la casa Miguelito Romano de Mar del Plata, que le tocó atender a Legrand y también a su esposo, Daniel Tinayre, quien lo contrató para ser bailarín en la comedia musical “Hair”. Un éxito total. Corría 1973 y las funciones se prolongaron durante ocho meses. Cuando “Hair” bajó el telón, Zambelli volvió a Mar del Plata pero ya no como peluquero: actuaría en un local nocturno llamado “Hidrógeno”, donde conoció a Susana Jiménez. La diva argentina lo contrataría para bailar en el Teatro Astros.

Era el verano de 1974 y en una de esas noches que salía de la función su vida nuevamente daría un vuelco. Al menos eso fue lo que relató ante sus interrogadores en 1978:

–Me espera una persona joven, de sexo masculino. Me invita varias veces a tomar café y charlar. Con el correr de los días acepto la invitación e incluso lo llevo a la casa de mis padres, en Lanús. Así fue como entramos de lleno en una relación amistosa con quien resultó ser Enrique Arancibia Clavel –declaró en el juicio por espionaje en contra de Arancibia.

Cuatro años después, la historia volvería a dar un brinco. Caería Arancibia y con él, el archivo que guardó en el doble fondo. Allí donde están las pruebas que lo inculpan en la represión contra chilenos.

FAMILIA DE ESCRITORA ISABEL ALLENDE EN LA MIRA

Si bien el archivo de Arancibia Clavel muestra que el foco principal de su tarea son los exiliados, también está la prueba de que mantuvo vigilancia permanente sobre los otros chilenos que como él participaron de la conspiración para asesinar a Schneider y se refugiaron en Argentina.

Sobre Mario Igualt, cuñado de Roberto Viaux, informa el 21 de octubre de 1974: “Está trabajando para los servicios de seguridad argentinos de los cuales recibe una remuneración bastante alta. Su contacto es un oficial Schiaffino (del SIE)”. Cuatro días más tarde informa que Ramón Huidobro, embajador de Chile en Argentina hasta el 11 de septiembre de 1973, padrastro de la escritora Isabel Allende y la última persona –junto a su esposa, Francisca Llona– que vio con vida al general Carlos Prats, logró salir de Argentina. Estaba amenazado de muerte y lo buscaban para asesinarlo.

No era el único. En una orden perentoria enviada por “Luis Gutiérrez”, chapa que usa el jefe el Departamento Exterior de la DINA y que en esos días esconde la identidad del general Raúl Eduardo Iturriaga Neumann, se le pide “la ubicación de trabajo y domicilio particular de los más connotados del régimen pasado en Buenos Aires y Mendoza”. La primera nómina de los chilenos simpatizantes de la Unidad Popular viviendo en Argentina fue depositada personalmente por Arancibia en el escritorio de “Luis Gutiérrez” en Santiago.

Mario Igualt le sigue preocupando: “He sabido que Igualt utiliza en Chile una cédula de identidad falsa a nombre de Pino para negocios poco claros. En Argentina también tiene doble documentación. La falsa lleva el nombre de Horacio Pizarro”.

A medida que la represión recrudece en Argentina, Arancibia extiende sus nexos con los militares y civiles de la represión. El sacerdote salesiano Luis Gallo se trasforma a fines de 1974 en su blanco. Escribe: “Está en Santiago, es contacto de la guerrilla argentina de Córdoba con los extremistas chilenos. Deben cercarlo. Es muy hábil y peligroso”.

Uno de los puntos iniciales que demandaron mayor trabajo fue encontrar las vías más seguras para el envío de documentos desde y hacía Chile. Durante un tiempo se hizo a través de Sonia Montecinos, secretaria del encargado de negocios de la embajada de Chile en Buenos Aires, Carlos Osorio (Ver Nota 3). En Chile, los sobres los recibía en el Ministerio de RR.EE. Miguel Poklepovic Klamce, quien debía llamar a “Don Elías” (otra chapa utilizada por Iturriaga).

Lo anterior me fue confirmado por el propio Poklepovic, en declaración notarial, quien incluso me informó que la solicitud de ayudar en esta tarea la recibió en Santiago, en la cena en casa de un familiar de Arancibia.

La vigilancia de la DINA en Buenos Aires se concentró en los chilenos que trabajaban en la CEPAL y en la Fundación Ebert, de la entonces Alemania Occidental. En uno de los documentos se lee: “El representante de la Ebert es Klauss Dressel, domiciliado en Florida 716, octavo piso, departamento C. Actúa junto a Walter Nocker, delegado laboral de la embajada alemana en Chile. Walter actúa como correo y enlace de los dos países. Obtener el máximo de antecedentes de la fundación así como de los sujetos mencionados”.

La respuesta la entregó Arancibia en persona en la sede de la DINA en calle Belgrado en Santiago. Y también agregó datos sobre su otro objeto de vigilancia, el grupo de Mario Igualt, al que veía como una competencia: “El padre Ernesto Rojas, quien hizo las acusaciones en noviembre de 1974, va a Chile a fines de diciembre, les avisaré para que tengan entrevista. Tiene mayores antecedentes de la red que ha tratado de formar Igualt en la que estarían Enrique Rojas, Julio Fontecilla, Jorge Arce y Carlos Labarca (cuñado del almirante Martínez Bush y todos prófugos por el crimen del general Schneider) . Este último sería contacto de un comandante Carrasco de la DINA con oficinas en el Ministerio de Justicia”.

Arancibia se equivocó. Igualt ya trabajaba para la DINA. Labarca también. Ello coincidió con la llegada del jefe oficial de la red DINA en Buenos Aires: el coronel Víctor Barría Barría. En un documento despachado desde Santiago se lee: “El coronel Barría es nuestro representante oficial y tú eres un jefe de información clandestino. Tus relaciones con él deben ser totalmente encubiertas. No te debes quemar. Debes seguir trabajando en la misma forma en que lo has hecho hasta ahora”.

LA CONEXIÓN ARGENTINA

El anuncio de la llegada del coronel Barría impulsó a Enrique Arancibia a desplegar una mayor actividad. En diciembre de 1974, el ex estudiante de ingeniería informa de un socio clave para la actividad represiva de la DINA en el exterior y la “Operación Cóndor”. Martín Ciga Correa, jefe de seguridad de la Universidad de Buenos Aires, le ofrece información de todos los chilenos, docentes y estudiantes, en dicha casa de estudios (Ver Nota 4).

Pero Ciga era un viejo conocido de la DINA. Dirigente del grupo Milicia Nacionalista, participó del asesinato de Prats. No fue escogido al azar. Su historial terrorista habla de ello. Militó en los grupos de choque del nacionalismo argentino donde recibió el apodo de “Cristo” y en “Los Panzer”, un grupo armado de la llamada Juventud Nacionalista Socialista. Al morir Perón, el grupo de López Rega, fundador de la Triple A, convence a la presidenta Estela Martínez de designar ministro de Educación a Oscar Ivanisevich, quien pone como rector de la Universidad de Buenos Aires a Alberto Ottalagano. No fue un escándalo. La represión brutal lo impidió. Porque Ottalagano exhibe en su reseña académica ser el autor de un libro cuyo titulo es Soy fascista, ¿y qué?

El nuevo rector y autor del libro contrató de inmediato a Ciga Correa como jefe de seguridad de la universidad. Muy pronto sería identificado como autor del asesinato de Daniel Winier, estudiante de Ingeniería, secuestrado el 29 de noviembre de 1978. Pero no pasó un día en prisión. Es Ciga el que a fines de 1974 le entrega a Arancibia una nueva información que éste transmite a Santiago: “El grupo que eliminó a Prats tendría una lista de otros 8 chilenos”. Ciga también le informa que Ramón Huidobro y su esposa Panchita ya están en Estados Unidos. El matrimonio nunca supo que saliendo apresuradamente de Argentina escapó de una muerte segura.

Lo mismo habría ocurrido –de acuerdo a estos archivos– con María Isabel Camus, ex ejecutiva de Codelco en tiempos de la UP y una de las 8 personas sindicadas como “blancos a eliminar”. “Su dirección es la misma que la de nuestro agregado naval. Todos los antecedentes de sus movimientos los tiene la SIDE”, informó Arancibia.

Todo eso costaba mucho dinero. Porque así como Arancibia recibía un sobre mensual con dólares de la DINA, un complemento de su sueldo en el Banco del Estado, los servicios que prestaba Ciga no eran gratis. Tampoco la información que entregaba. En un oficio enviado por Arancibia a Santiago, se lee: “Envío fotocopia de cheque pagado por Ciga a María José Riesco Bezanilla, chilena, por informaciones que esta entregaba a Ciga sobre chilenos en la Universidad (de Buenos Aires, UBA)”.

El calor de febrero (1975) no impidió que Arancibia siguiera los pasos de otros sacerdotes “conectados con el movimiento subversivo”, a quienes identifica en relación con el cura “jesuita estadounidense radicado en Salta, padre Haas, rector de la Universidad Católica de esa ciudad y amigo personal de Allende. Este cura es visitado asiduamente por exiliados chilenos y bolivianos”.

El negocio de las armas, por encargo de sus jefes, lo mantuvo ocupado en marzo de 1975. Su interlocutor era Luis Sanies, el “contacto lo inició Jorge Ramírez del Bank of America”. Sanies es “mayor en retiro, del Estado Mayor Conjunto, Jefatura Dos de Inteligencia, subalterno del general Della Croce y quien servirá de enlace directo con el almirante Peyronnel, actual jefe de la SIDE”. El viernes 14 de marzo a las 15 horas se lleva a cabo la cita.

Por el informe que despachó se desprende que la SIDE no está respondiendo a la colaboración con la DINA. “Sanies está de acuerdo en que la colaboración se haga en forma extraoficial, sin embajada”. Y agrega “todos los antecedentes sobre los ‘juguetitos’ que tiene para vender, entre ellos una cotización de proyectiles”.

Un aumento de su sueldo es el premio por este negocio con Sanies y su segundo (Horacio Sturlla), que se concreta en Santiago. Arancibia cambia de foco y pide que se investigue al subgerente de comercio exterior del Banco del Estado, Alfonso Ubilla, al tiempo que informa del aumento de desaparecidos por la represión en Argentina: “Han caído hasta el 13 de abril 160 personas, lo que hace un promedio de un muerto cada 15 horas. En los últimos días han caído 8 chilenos. Se estiman R.I.P.”.

“OPERACIÓN COLOMBO” PASO A PASO

Abril seria un mes en que Arancibia mostraría a sus jefes la eficiencia de sus contactos. El supuesto cadáver del ingeniero chileno David Silbermann, ex gerente de Chuquicamata, secuestrado en octubre de 1974 desde la cárcel en Santiago y desde entonces desaparecido, fue hallado en un estacionamiento de Buenos Aires (Ver Nota 5). En el archivo de Arancibia están las hojas manuscritas con los datos de Silberman enviados desde Santiago para ese montaje. Sería el comienzo de una de las operaciones más brutales del régimen chileno: la “Operación Colombo”, que intentará hacer aparecer como asesinados por sus propios compañeros en el exterior a 119 detenidos desaparecidos chilenos. Arancibia jugará un papel clave en ese montaje.

“Adjunto material relacionado con los ejecutivos de las operaciones aparecidos en diferentes órganos de prensa. Va foto de Ubal Tahl, posiblemente RIP por coordinación federal. Las facturas que acompañan a Colombo se pagarán en el transcurso de la semana junto con 15 facturas argentinas”, dice el cable cifrado que le envió a “Luis Gutiérrez”, jefe del Departamento Exterior de la DINA. Las facturas son detenidos.

Pero no todo funcionó como estaba planeado. El 22 de abril, Arancibia le envió un informe al general Raúl Iturriaga: “Lamentablemente hasta el momento la publicidad para el caso ‘Colombo’ ha sido casi nula. Mañana me entrevistaré con Martín Ciga para saber exactamente qué pasó. Para esta semana están prometidos los dos restantes que aparecerán con 15 ‘criollos’. Espero que la publicidad sea mayor. Martín me solicitó atención de fotografía para aproximadamente siete personas. Espero llevarlas conmigo. También me ofreció un negocio con Isabel Camus”.

Isabel Camus estaba nuevamente en peligro. Como miles de chilenos y argentinos sobre los que se había desatado una cacería inédita. Arancibia viajó a Chile el 25 de abril para coordinar los detalles de la “Operación Colombo” en marcha. Los nombres de 7 prisioneros ya ejecutados, sobre los que Martín Ciga pide atención de fotografía (pasaportes o cédulas) se discutieron en el cuartel central de la DINA.

Como brazos operativos de la DINA, coordinados personalmente por Arancibia Clavel, se integró el grupo Falange de Fe, con sede en Córdoba y cuyo jefe era Jorge E. Flores Allende. Sanies también constituyó otro brazo operativo a sueldo. Dos brazos armados para actuar y reprimir en Buenos Aires y Córdoba según decidiera la jefatura de la DINA en Santiago.

LAS HOJAS MANUSCRITAS

La real es que ni Sanies ni Flores podían competir con el grupo de Ciga Correa, el principal brazo operativo que tuvo la DINA en Argentina. En las carpetas de plástico negras que conservó Arancibia quedó la huella macabra de esa sociedad. Con fecha 8 de mayo aparecen las listas manuscritas con los nombres de más de 100 detenidos chilenos a los que se debe hacer como ejecutados en Argentina. Son hojas de cuaderno simples, con borde azul y faltas de ortografía. Allí figuran nombres que jamás han tenido explicación porque no aparecen en ningún registro de prisioneros o desaparecidos: Samuel Ovando Abarca Molina, Gabriela Arredondo Andrade y Soledad Sepúlveda. (Ver documentos)

Ciga hacía su trabajo. Así se desprende del informe que despachó Arancibia el 16 de mayo sobre la primera fase de la Operación Colombo, “efectuada por el grupo de Martín Ciga en forma perfecta”, escribe. Un informe que estremece pues también allí detalló la eficacia de los grupos paramilitares que sembraban el terror en esos días en el país vecino. A los que Arancibia simplemente llama “comandos de ejecución”.

“Su ejecutor directo es el comisario Ramírez (a), ‘El Carnicero’, especialista en quemados y ahogados. Con los últimos acontecimientos políticos este grupo ha decidido unirse al grupo de Martín (Ciga)”, relató Arancibia a sus jefes al informarlos de su última adquisición: el grupo Arens.

La dirección del domicilio particular de Ricardo Lagos y de otros cinco investigadores de Flacso en Buenos Aires es la última anotación que agregó Arancibia en su detallado informe sobre los grupos paramilitares argentinos.

Pero algo ocurrió. El 23 de mayo despachó un informe con carácter de urgente: “Me ha llamado la atención el silencio con respecto a la ‘publicidad’ del caso‘COLOMBO’. Desde hace una semana que no se tiene ninguna información de ustedes al respecto. Me gustaría saber a qué determinación se llegó para saber como manejarme con el periodista Carlos Manuel Acuña que me llama casi todos los días. Mañana obtendré todos los antecedentes que se mandaron a Santiago por intermedio de la Interpol. Las copias se las consiguió Vicente (coronel Víctor Barría) ”.

Colombo tenía problemas. Aún así, la conexión de la DINA con su símil argentino (SIDE) quedó nuevamente establecida. Sanies fue el nexo con el coronel Spinetto, “segundo del SIDE interior, es decir del trabajo subversivo”, escribió Arancibia. Y agregó: “Lo que les interesa es el contacto por si tuviera que hacerse un operativo no oficial”.

EL EMBAJADOR DISCOLO

La última fase de la Operación Colombo era inminente. Y en esos precisos días el embajador de Chile en Argentina, René Rojas Galdames, le disparó a Manuel Contreras un misil que jamás fue público: les cortó la valija diplomática a los hombres de la Dina. Arancibia enfureció y buscó alternativa. Será Michael Townley quien la encontrará en pilotos de Lan Chile que por unos pocos dólares aceptaron el trabajo (Ver documento). Pero Rojas quedó en una lista negra con cuentas por cobrar.

Más tarde, como consta en sus archivos, Arancibia recurrirá a un alto jefe de inteligencia argentino para que vigile y espíe al embajador Rojas y a su familia. La vida privada de sus hijas fue descrita con procacidad en los informes de la DINA, mientras la tensión entre Rojas y el coronel Barría crecía. Arancibia escribe: “Es fundamental que este señor entienda para quién trabaja. El embajador viaja ahora a Santiago. Seguramente irá a mover su mafia radical en contra de los funcionarios leales. Pido a la empresa que se tomen las medidas drásticas correspondientes”.

Años más tarde, en la noche del 10 de noviembre de 1981, la CNI haría explotar un auto al frente del domicilio del embajador en Santiago (Las Vizcachas), con cuatro ocupantes en su interior. La versión oficial señaló que los cuatro jóvenes, que murieron calcinados, preparaban un atentado a la casa del ex embajador cuando las bombas por error explosionaron. Lo que comprobó el juez Joaquín Billard años después fue que los cuatro ocupantes del automóvil habían sido detenidos previamente por la CNI. Uno de ellos hasta hoy no ha podido ser identificado, pues le faltaban la cabeza, los pies y las manos. Muchos creen que fue una venganza de los ex Dina contra Rojas.

LA HUELLA DE TOWNLEY

En esos días de 1975, en los papeles de Arancibia aparece Michael Townley por Buenos Aires. Ambos se conocen. Y muy bien. Desde que coinciden en la operación en la que se asesinó al general Carlos Prats y su esposa en una calle de Palermo en Buenos Aires (1974). Esta vez Townley irrumpe con un rol relevante en la Operación Colombo. El propio Manuel Contreras lo ha enviado con una tarjeta firmada por él y dirigida al subsecretario de Seguridad Interior, Héctor García Rey, para finiquitar Colombo.

En ella Contreras le ofrece “incondicional apoyo que tendrá de nuestra parte en todas sus actividades” y le pide “dedicarle unos minutos a quien es ya un viejo conocido suyo”. En efecto, Arancibia y García Rey se conocen. La tarjeta es el sello de que la misión que lleva el primero es oficial. Y al más alto nivel.

La reunión entre Arancibia Clavel y García Rey tiene lugar el viernes 1 de agosto. “Sobre las listas de chilenos entrados a la Argentina por diferentes pasos, entregados en su oportunidad por el señor Diego Castro (identidad falsa de Raúl Iturriaga Neumann), me las entregará con sellos y firmas tal como se planteó en la entrega original. Contestó que estas listas estarán el 5 de agosto y las va a confeccionar su propio hermano presente en la entrevista. Le pedí pasaportes argentinos en blanco a lo cual se comprometió a entregarme cinco el mismo martes 5” (Ver Nota 6).

Lo que se le exige a García Rey son los papeles oficiales que acreditarán que los 119 chilenos a los que se quiere hacer aparecer como asesinados por sus propios compañeros en el exterior, efectivamente pasaron desde Chile a territorio argentino por distintos pasos cordilleranos. Son los mismos que aparecen en la lista manuscrita con más de 100 nombres de detenidos que estaba en su archivo.

Tras uno que otro inconveniente, y la oportuna intervención de otro socio importante de la Dina y protagonista de la guerra sucia argentina, Jorge Osvaldo Riveiro (alias “Rawson”, segundo al mando del SIE), la operación queda lista para su ejecución final. García Rey será mencionado en adelante como “Tito”. Meses más tarde, cuando García es amenazado de muerte, se le ofrece descanso y reposo en Chile para él y su familia. Lo mismo hace Riveiro, quien viaja a Santiago con su esposa con todos los gastos pagados por la DINA, el 2 de septiembre de 1975. Se embarca en Paraguay. Un tramo que será recurrente entre los hombres comprometidos en la Operación Cóndor, de los cuales Riveiro será pieza clave. (Ver documento)

Así lo prueba un informe fechado el 27 de agosto de ese año, en el que Arancibia le escribe a Iturriaga: “El teniente coronel Osvaldo Rawson tiene la idea de formar una central de inteligencia coordinada entre Chile, Argentina, Uruguay y Paraguay”.

La historia que sigue se ha escrito ya varias veces. Tras la aparición de la revista argentina Lea (60 nombres) y el diario Novo O’Día de Curitiba, Brasil (59 nombres), con la nómina de los 119 chilenos supuestamente asesinados en Salta por sus propios compañeros, llegaron los titulares de la prensa chilena. El 23 de julio, miles de chilenos leyeron con horror: “Exterminados como ratones” ( La Segunda), “El MIR asesina a 60 de sus hombres en el exterior” ( La Tercera), “Identificados 60 miristas ejecutados por sus propios camaradas” ( El Mercurio), “Sangrienta pugna del Mir en el exterior” ( Las Últimas Noticias).

Durante varios días se destacó que por todos ellos se había presentado recursos de amparo “lo que demuestra la mentira que los marxistas han fabricado sobre la acción de los servicios de seguridad”. Ese montaje, uno de los más estremecedores que se vivió en dictadura y que puso por primera vez la palabra “desaparecido” sobre la mesa, fue digitado desde el cuartel central de la DINA y lleva la huella clave de Enrique Arancibia Clavel.

El régimen de Pinochet insistió a través de todos sus canales diplomáticos y políticos que no tenía ninguna relación con el montaje de la Operación Colombo. Aun cuando los sobrevivientes de las cárceles iniciaran una huelga de hambre insistiendo en que a la mayoría de ellos los habían visto en alguna de las cárceles secretas en donde los mantuvieron detenidos. Aun cuando quedara demostrado que la revistaLea tuvo esa sola edición en Buenos Aires, y salió de una imprenta de López Rega, elfundador de la Triple A de Argentina y socio de la DINA. Y a pesar de que lo mismo ocurrió con el diario de Curitiba, pero articulado por el cónsul de Chile en Río de Janeiro, Gerardo Roa.

“OPERACIÓN EUROPA”

Las operaciones de ejecución no terminaron con las repercusiones de Colombo. Por el contrario. En los archivos de Arancibia Clavel está la prueba. Ciga Correa pidió más “trabajos” a ejecutar en Buenos Aires o en cualquier otra ciudad del mundo; y “una metralleta Sterling o del tipo, más silenciadores”. Y le puso un alto precio a su función.

Una acotación de Arancibia retiene la atención: “Martín pregunta si la ‘Operación Europa’ va a necesitar colaboración de parte de ellos”. El 15 de agosto, Ciga recibe una respuesta afirmativa: trabajará en el “tramo alemán” de la “Operación Europa”. Y sólo eso. Hoy sabemos que en ese momento faltaban sólo días para el atentado contra Bernardo Leighton y su esposa, ejecutado el 5 de octubre en Roma. Ambos sobrevivieron, pero con graves secuelas. Y también, del fallido intento de asesinar al terrorista venezolano Carlos “El Chacal” (Ilich Ramírez Sánchez) , a cambio de una gruesa recompensa que le pide Manuel Contreras al Sha de Irán. (Ver reportaje El día en que Manuel Contreras le ofreció al Sha de Irán matar a “Carlos, El Chacal”). ¿Cuáles fueron los otros atentados? ¿Cuántos tuvieron éxito? No hay respuesta aún.

Pero los archivos de Aranciba entregan otras respuestas. Como lo que ocurrió cuando el dirigente del Mir Jorge Isaac Fuentes Alarcón (“El Trosko”), fue detenido en Asunción y entregado por la policía secreta de Paraguay a la DINA. Cuando se entera en Buenos Aires el teniente coronel Riveiro “Rawson”, se enfurece. Está convencido de que Fuentes tiene información clave de la Junta Coordinadora Revolucionaria y lo quiere para ellos. Los servicios se disputarán las presas de la cacería humana haciendo trastabillar la incipiente cooperación.

No es el único problema que enfrentan la DINA y Arancibia en esos días. Porque Riveiro (“Rawson”) es informado de que Manuel Contreras ha organizado una reunión de coordinación de los servicios secretos de las dictaduras del Cono Sur en Santiago. La que consideraba su idea original debutaría en noviembre y él no estaba invitado. El oficial argentino estalla. Arancibia movería sus piezas en los días en que Manuel Contreras se preparaba para inaugurar oficialmente el 26 de noviembre la Operación Cóndor en Chile. Oficialmente, porque en los hechos hacía ya un tiempo que la coordinación para asesinar opositores estaba en marcha.

LA CAPTURA DE EDGARDO ENRIQUEZ

La actividad represiva no para. Días antes del estreno de Cóndor, el 17 de noviembre de 1975, Arancibia despacha el siguiente informe a Santiago: “Según informaciones del comandante Jorge Osvaldo (Riveiro), ‘Pollo Enríquez’ ubicado en Baires. Se esperan novedades. El tal Claudet (Jean Ives Claudet, detenido desaparecido) podría ser Humberto Sotomayor, enviar foto. Claudet es RIP. En últimas instrucciones de la Junta Coordinadora Revolucionaria aparecen involucrados Renán Fuentealba y Bernardo Leighton”. (Ver documento)

El jefe del MIR, Edgardo Enríquez, sería detenido en Buenos Aires. Su detención y eliminación marcaría un hito en la DINA. La participación del aparato del SIE en su captura no fue gratis. La DINA ofreció conectar los dos servicios en forma directa y permanente a través de un telex especial que la propia DINA financió y proporcionó. Manuel Contreras cumplió. En marzo, la coordinación de los servicios represivos secretos de Chile y Argentina pasa a un nivel superior. Un detalle sorprende. Revisando el archivo de Enrique Arancibia Clavel se advierte que en esos días de noviembre de 1978, con la guerra inminente entre ambos países, ese telex nunca dejó de funcionar. La guerra sucia no tuvo tregua.

NUEVOS SOCIOS PARA EL TERRORISMO

Los documentos que contiene el archivo de Arancibia Clavel, el único que finalmente se haya encontrado de la DINA, son un registro impactante del horror. Allí están las cédulas de identidad de algunos de los desaparecidos que siempre se negó que hubieran sido detenidos. Fotos de cuerpos despedazados, mutilados o carbonizados. ¿Qué hacían en Argentina? Un misterio. Porque Arancibia siempre rehusó hablar de ello.

Tampoco se sabe más que lo que está en esos papeles del seguimiento, detención y asesinato de Alexei Jaccard Siegler, quien aterrizó en Buenos Aires el 16 de mayo de 1977. Venía de Europa y traía consigo dinero para llevar a Chile a sus compañeros del Partido Comunista. Al día siguiente de su arribo fue capturado. Su rastro se perdió, pero en los informes figuran algunas claves sobre la tortura que sufrió y su ejecución, como también sobre la cacería que se desató y que terminó con otros 15 chilenos desaparecidos.

Un episodio que revela la otra cara de la represión: el robo permanente de dineros y objetos de valor de los que eran despojados los prisioneros. Al punto que los hombres de Ciga Correa, del italiano fascista Stephano Delle Chiaie y los cubanos Virgilio Paz y los hermanos Novo, más Arancibia y otros chilenos, terminan formado una sociedad cuyo objetivo será secuestrar empresarios para cobrar rescates y traficar armas. Un capítulo que ningún tribunal ni argentino ni chileno ha investigado hasta ahora.

En los archivos de Arancibia hay varios documentos que prueban la nueva incursión de los agentes de la represión. Como el que da cuenta de la reunión que Ciga Correa, Virgilio Paz y otros tienen en junio de 1976 en la casa cuartel que habita Michael Townley en Lo Curro, para “planificar una serie de secuestros a realizarse en Argentina dada la necesidad de conseguir fondos propios”.

EN LA MIRA DEL FBI

Hacia fines de 1976, la necesidad de dinero que revelan los hombres del terrorismo internacional se hace más evidente. Así también los lujos que se permiten. Enrique Arancibia Clavel no se queda al margen. Con su pareja Humberto Zambelli, se han convertido en socios como propietarios del departamento en el que viven juntos en Buenos Aires. Para los fines de semana, se han comprado un terreno en el sector residencial de Tortuguitas y allí se hacen construir un quinche, una especie de palafito con techo de paja, y una piscina. Un perfecto refugio de descanso. Todo aquello requiere dinero. Arancibia explorará nuevas vetas comerciales para su grupo. También coordinará compras más complejas.

Como la que informa en un misterioso sobre que despacha desde Buenos Aires dirigido a Alejandro Bontempi de Operaciones Lan Chile en Santiago. Al interior hay otro sobre más pequeño dirigido a “Luis Gutiérrez” y su número de teléfono en el cuartel general de la DINA: 31402. Arancibia espera impaciente la respuesta. Como no llega, se alarma. Y manda un telex.

En el sobre pequeño iba el informe de las compras de pertrechos efectuadas por “Javier” (el cubano Virgilio Paz, quien participó en el asesinato de Orlando Letelier, fue condenado por la justicia de EE.UU. y se refugió un tiempo en Chile), por encargo de la DINA: equipos de radio y otros elementos para la fabricación de bombas del mismo tipo que la que se utilizó para asesinar a Carlos Prats y su esposa en 1974.

Y se fabricaron. Y se usaron. Así lo demostró la justicia estadounidense en un terreno de experimentos: la misma bomba que asesinó a Prats en septiembre de 1974, se utilizó en septiembre de 1976 para hacer explotar el auto en que viajaba Orlando Letelier y su asistente en Washington.

Los elementos fueron comprados por Virgilio Paz, quien utilizó una cédula de Alejandro Bontempi, haciéndolo residir en Argentina. En los archivos de Arancibia está la huella.

Operaciones que terminaron con Enrique Arancibia en la mira del FBI. El 12 de octubre de 1977 queda registrado en la agenda del agregado del FBI en Buenos Aires, Robert Scherrer, su cita con Arancibia, quien se presenta como “amigo” del coronel Víctor Barría, el jefe oficial de la DINA en Buenos Aires. Le pide visa para viajar a California. Son días en que según los archivos están en marcha varios negocios para conseguir fondos. Y todos terminan en Estados Unidos.

La visa le costará caro. Porque más tarde Scherrer dirá que sin que se lo pregunte, Arancibia le cuenta que su trabajo en el Banco del Estado es sólo una cubierta para su trabajo real como jefe de la red clandestina de la DINA en el vecino país (Ver Nota 7).

El final de estos archivos coincide con la pérdida del poder total que gozó Manuel Contreras y sus hombres. La descomposición trasunta en cada informe. Mucho más en las cartas que oficiales le escriben a Arancibia desde Chile (Ver Nota 8). Un capítulo que lleva al entramado oculto de la gestación, financiamiento y desarrollo en Chile de la “Operación Cóndor”, que sirvió para desplegar en los ’70 y años 80, un enorme aparato de terrorismo de Estado internacional en concomitancia con los servicios de seguridad de las otras dictaduras del Cono Sur. Y todo ello bajo el alero logístico y financiero de la DINA.

Cientos de agentes desplegados por el mundo, sofisticadas redes de comunicación, fabricación de armas químicas y biológicas, viajes, pagos a agentes de otros países y muchos otros ítems requirieron de una estructura de financiamiento millonaria que salió de las arcas del Estado de Chile y de una compleja red de sociedades asentadas en paraísos fiscales (Ver reportaje Por qué Ovalle renunció a la Sonami: Fue socio del jefe financiero de la DINA).

Aún hoy esas redes mantienen contactos y vínculos de protección. Así lo reveló el asesinato del químico de la DINA, Eugenio Berríos, en Uruguay en 1993, quien trabajó precisamente para ese secreto Departamento Exterior fabricando armas químicas. Arancibia lo conoció muy bien. En su archivo hay varias referencias a “Hermes”, su nombre de batalla en la DINA y las réplicas que provoca su imprudencia al haberlo mencionado con nombre y apellido en uno de sus telex. Y también, una de sus tarjetas de visita.

La prueba de esa red de impunidad es la libertad de la que gozaba el propio Arancibia Clavel desde 2007 en Buenos Aires por un incomprensible interpretación legal de sus condenas. Más grave aún es la total impunidad de la que goza hasta hoy Martín Ciga Correa (Ver documentos). No sólo porque proporcionó la principal ayuda que permitió poner la bomba en el auto del general Prats, un doble crimen por los que nunca ha sido interrogado. Ciga posee la llave que conduce a los secretos del destino final de muchos detenidos desaparecidos de Chile y Argentina. Y también de qué se hizo con grandes cantidades de dinero que alimentaron la represión.

NOTAS

Nota 1

En julio de 2002, cuando la Corte de Apelaciones de Santiago debió pronunciarse sobre la petición de desafuero solicitada por la justicia argentina en su contra por su rol en el crimen de Carlos Prats y su esposa, Pinochet se encontraba de vacaciones en Iquique. En un publicitado periplo, el general demostró que poco había de su mentada demencia cortical irreversible, la causal del fin de su juicio por los crímenes de la Caravana de la Muerte. Pero esa nueva petición de desafuero encendió la alerta. Las vacaciones terminaron y Pinochet regresó bruscamente a Santiago para esperar el fallo de la Corte Suprema (diciembre 2002).
En 2003, y por primera vez, la justicia chilena actuó a través del ministro de fuero Alejandro Solís cuando procesó a la plana mayor de la DINA por el crimen del general Carlos Prats y su esposa Sofía Cuthbert: Manuel Contreras y Pedro Espinoza (ambos, en calidad de jefes); y a Raúl Iturriaga Neumann, Jorge Iturriaga Neumann y José Octavio Zara Holger, como miembros de la organización criminal. Un grupo que planificó “la eliminación física del general (r) Carlos Prats González por estimarse peligroso para la permanencia del gobierno militar de Chile”, dice el fallo. Todos ellos serían condenados.

Nota 2

El ministro Alejandro Solís incorporó en su fallo las salidas y entradas del país que registra el general Raúl Eduardo Iturriaga Neumann, condenado por su participación directa en el crimen del general Prats y su esposa bajo la identidad falsa de “Diego Castro Castañeda” entre el 16 y el 30 de julio de 1974. Además, aparece con doce salidas hacia y desde Uruguay a Chile desde abril del ‘74 a septiembre del ‘77. Su hermano Jorge, también condenado por el mismo doble crimen, registra otras tantas entradas desde Argentina entre el 5 de julio y el 3 de septiembre de 1974, inmediatamente después del asesinato. En cuanto a Michael Townley, éste utilizó para esa operación criminal un pasaporte que el régimen de Pinochet negoció con Estados Unidos en abril de 1978 y que nunca se investigaría: Kenneth Enyart entró a Chile el 30 de agosto de 1974 procedente de Argentina, salió el 10 de septiembre de ese mismo año rumbo a Buenos Aires y su ingreso a Chile se produce esta vez desde Uruguay el 1 de octubre de 1974, horas después de perpetrado el atentado.
El general Raúl Iturriaga registra otros movimientos, pero bajo otra identidad falsa: “Eduardo José Rodríguez Pérez”, con pasaporte diplomático. Movimientos que comprenden abril de 1975 y enero de 1976 entre Chile, Argentina y Brasil. La misma persona, pero sin pasaporte diplomático y diez años más joven registra salidas por tierra a Perú (enero de 1973), ingresos desde Ecuador vía aérea (febrero de 1973) y una salida rumbo a Argentina en febrero de 1974. Otra hebra sin explorar de las operaciones secretas de los militares golpistas.

Nota 3

Carlos Osorio Mardones fue testigo directo de las actividades de la DINA en Buenos Aires. En 1976, para el asesinato de Orlando Letelier, era Director de Protocolo de la Cancillería en Santiago y tuvo el control de la entrega de pasaportes falsos en la operación con que se intentó ocultar la autoría de la DINA. Osorio sabía demasiado. En octubre de 1977 murió en extrañas circunstancias jamás investigadas. El ministro Alejandro Solís hace mención del hecho en su fallo definitivo por el crimen del general Prats. Al menos un testigo ha dicho que manera fue eliminado con gas Sarín. Su muerte aun espera por justicia.

Nota 4

El periodista argentino Horacio Verbitsky investigó a fondo a Martín Ciga Correa: En marzo de 1976, los veteranos del movimiento Tacuara, de la Triple A, como Juan Martín Ciga Correa y José Luis Resio fueron asimilados a las fuerzas represivas de la dictadura como personal militar calificado. Reaparecen entonces en los grupos de tareas que secuestran, torturan y asesinan. Recibe el nombre de “mayor Mariano Santa María”. Fue asignado por el Ejército a misiones en el exterior del país, como instructor de contrarrevolucionarios en Centroamérica. Misiones en las que trabajaron a las órdenes de oficiales como los coroneles Santiago Villegas, Osvaldo Riveiro, Julio Cesar Durand y el mayor Hugo Miori Pereyra. Ciga Correa llevaba el dinero para pagar los sueldos de los soldados argentinos en Tegucigalpa. Fue detenido por robar un auto en Mar del Plata, pero su ex compañero en Tacuara, el entonces juez Eduardo Pettigiani, lo dejó en libertad. Su abogado defensor fue Roberto Falcone, quien integra el Tribunal Oral Federal de Mar del Plata y que también defendió al comisario Rozsicki, jefe de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires y, en su momento, mano derecha del represor Ramón Camps cuando éste fue jefe de esa policía en 1977 y se sucedieron en Mar del Plata los secuestros, desapariciones y asesinatos de abogados.

Nota 5

El rastro de David Silberman, quien fue condenado por un Consejo de Guerra en Calama por delitos que nunca se probaron, se perdió en la Cárcel de Santiago en octubre de 1974. Se lo hizo aparecer como secuestrado por un comando del Mir. Posteriormente se demostró en tribunales que todo fue una farsa, ya que fue sacado de allí por un grupo de la DINA que encabezaba Armando Fernández Larios, y luego brutalmente torturado y asesinado. La justicia logró identificar incluso al oficial que operaba en la Compañía de Teléfonos para interceptar teléfonos y crear números para que la Dina los utilizara según necesidades, lo que ocurrió el día que secuestraron a Silberman. Ese oficial es Marcos Derpich. Lo de Buenos Aires fue un burdo intento de hacer aparecer su cuerpo como el primero de los chilenos a los que se denunciaba como ejecutados o detenidos por el régimen de Pinochet y que en verdad habían sido asesinados por sus propios compañeros. La identidad del cuerpo al que se intentó hacer pasar por el de Silberman nunca se investigó.

Nota 6

Bajo la identidad de Diego Castro Castañeda, el general Iturriaga adquiere la casa de Lo Curro que sirvió de cuartel para la fabricación de armas químicas y domicilio de Michael Townley y Mariana Callejas. Allí también fue asesinado Carmelo Soria, como quedó demostrado en tribunales.

Nota 7

De la investigación que recoge el libro Laberinto, de Eugen M. Propper y Taylor Branch, Pagina 478.

Nota 8

Un ejemplo que grafica ese clima es la carta manuscrita que le escribe Christopher Willike Floe, oficial de Ejército del alto mando de la DINA, y que Arancibia guardó en sus archivos. Está escrita el 9 de mayo de 1978, cuando la expulsión de Townley de Chile, el retiro obligado del general Manuel Contreras del Ejército y la abrupta salida del comandante Eduardo Iturriaga de la antigua DINA transformada en CNI, provoca pánico entre los agentes: “Para tu tranquilidad me estoy desempeñando como Luis Gutiérrez segundo (segundo jefe del Departamento Exterior de la Dina). En lo que se refiere a Wilson(Townley), él está bien en USA, pero no te puedo contar más por razones de seguridad. Fue una mariconada lo que le hicieron, tanto de Pinocho, como de Mena y de IMA Ividben (en el original). No tiene nombre”.
“Elías (Raúl Eduardo Iturriaga Neumann) fue echado del servicio por problemas con Wilson y con Mena(Odlanier Mena) . La situación está más tranquila, pero aún falta mucho y costará un alto precio para ciertas personas, en forma especial en lo político. Hay que tener fe, este chaparrón tendrá que pasar luego. Te ruego te agilices al máximo, todo se hace para salvar a Wilson (Townley)”.
“Del trabajo no te puedo hablar mucho. Aquí ya nadie trabaja ya que la persona que hace una detención tiene que ir a declarar a la justicia. Nadie hace nada. Echaron a retiro al comandante Prado por no cumplir la orden de ir a detener al “Mamo”. La guerra es entre plomos. Parece que Brady(general Hermán Brady, entonces ministro de Defensa) reemplazará dentro de poco a Covarrubias(general Sergio Covarrubias, jefe del estado Mayor Presidencial)”.
La última carta y la más comprometedora, está fechada el 27 de junio de 1978. En ella Willike dice:“Acá el hueveo continúa y cada día se pone peor. Creo que estamos en un zapato chino. Mariana(Callejas) sigue con sus estupidas declaraciones. Lamentablemente el único que paga los platos rotos es mi compadre Wilson (Townley). Por las declaraciones de esta huevona salí a la palestra en el Gran Jurado, junto con nuestro compadre Joselo (Zara) , por haber conversado con ella durante el “festejo de los aires”, (denominación de la DINA para la operación Letelier), pero felizmente Orozco (general Héctor Orozco, juez militar) y Pantoja (coronel Jerónimo Pantoja, subdirector de la DINA y después de la CNI)me apoyaron y no estoy en el sumario. Lo bueno: a partir de esta semana iniciaré actividades en el regimiento motorizado No 1 de Buin ­Viva Chile Mierda! Feliz de volver a la libertad y de no trabajar más con estos huevones”.

Nota 9

Los archivos de Enrique Arancibia Clavel fueron sistematizados por el National Security Archive y donados a las universidades Uniacc y Alberto Hurtado, donde se guardan copias de los documentos


Esta pagina fue modificada el 15/07/2013

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