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Carlos Aburto Jaramillo

Suboficial de Carabineros

 

Carlos Aburto Jaramillo, Cabo de Carabinero de la dotación de la Subcomisaría de Paine, esta entre los responsables de los desaparecidos y ejecutados de Paine.

 

Fuentes de Informacion: El Siglo; “El Mostrador”, “El Nortino.cl”; Libros:“El callejón de las viudas”; “La pagina en Blanco”; Memoriaviva;


El Siglo

25 de Febrero 2003

El dolor y la esperanza de Paine

La localidad de Paine posee el triste record de tener el mayor número de ejecutados y detenidos desaparecidos en proporción a sus habitantes. Luego del golpe militar, allí operaron bandas de civiles, policías y militares, que dejaron una reguera de sangre y dolor, asesinado a campesinos de "asentamientos" nacidos con la Reforma Agraria. En Paine aún conviven víctimas y victimarios, bajo el manto de la impunidad y el olvido. En 1979, la Justicia Militar se encargó de sobreseer los procesos abiertos por los hechos de Paine en virtud de la Ley de Amnistía de 1978, aprobada por el propio general Pinochet para cubrir sus crímenes.

Luego de 29 años, la jueza María Estela Elgarrista se acerca a la verdad.

La Reforma Agraria iniciada en los años 1960 y acentuada bajo el gobierno de Salvador Allende y la Unidad Popular, permitió que muchas familias campesinas fueran beneficiadas con la asignación de tierras que, hasta entonces, pertenecían a un puñado de latifundistas. Así, los campesinos dieron vida a los "asentamientos", pero en Paine, como en el resto del campo chileno, el 11 de septiembre de 1973 volvió todo atrás. Bandas de civiles de extrema derecha, policías y militares cobraron "venganza", asesinando a dirigentes sindicales y campesinos "asentados". Los crímenes, la impunidad y el temor se extendieron por las pequeñas localidades de Paine, Hospital, Huelquén, Culitrín, Chada, Rangue, El Vínculo, Pintué y Laguna de Aculeo. Muchos campesinos y sus familias presenciaron cómo civiles de la zona guiaban a los uniformados por los "asentamientos" entregando nombres y, las más de las veces, participando directamente en la represión y crímenes.

Hace dos semanas, y luego de 29 años, la jueza de la Corte de Apelaciones de San Miguel, María Estela Elgarrista, citó a familiares y victimarios a diversos careos. Holanda Vidal, esposa del detenido desaparecido Cristian Cartagena Pérez, señala: "Fui citada con objeto de la querella por el secuestro y asesinato de mi esposo, desaparecido el 18 de septiembre de 1973. Nuestro objetivo es que se procese a los culpables: carabineros de la dotación de la subcomisaría de Paine y civiles, que actuaron en conjunto. Identifiqué a varios de ellos: sargento Retamal, cabo Ortiz, Albornoz y Víctor Sagredo; y a civiles: Darío González Carrasco, hoy comerciante, miembro de Patria y Libertad, y que reconoció que detuvo a mi esposo en la Casa Escuela de Chada donde vivíamos, llevándolo a la subcomisaría, a las seis de la mañana".

Los ex carabineros han negado su participación en los crímenes durante los careos, argumentando que "estaban de guardia". "Eso me produjo un schok con paralización de mis brazos, una crisis de llanto y angustia. Es terrible revivir todo lo que pasó, verlos tan cerca, su cinismo, su osadía de negar la verdad. Verlos tan soberbios, sin aceptar que lo que hicieron fue atroz. Son los primeros careos, luego de 29 años de denuncias, búsquedas y golpear puertas. Este paso se pudo dar por todo nuestro esfuerzo y trabajo como Agrupación. No hemos transado el juicio y castigo a los culpables, y que paguen con cárcel sus crímenes".

Después de los careos debieran venir los procesamientos. La jueza tiene una larga lista de civiles, carabineros y militares del Regimiento de Infantería de San Bernardo. "Uno de los asesinos es el teniente Magaña Baum, y entre los carabineros, el sargento Verdugo, un torturador que ahora se presenta como un anciano que no ha hecho nada", agrega Holanda Vidal.

"Todos los vieron"

Juan Maureira es hijo de René Maureira Gajardo, detenido desaparecido el 16 de octubre de 1973 junto a otros 22 campesinos de los asentamientos Campo Lindo, 24 de abril y Nuevo Sendero. Presidente de la AFDD de Paine, recuerda que en la represión y asesinatos también participaron militares de la Escuela de Infantería de San Bernardo: "La jueza investiga cerca de 40 querellas presentadas ante el juez Guzmán. En Paine hay más de 70 víctimas, de las cuales aún están desaparecidos unas 40. Son los casos recopilados en el informe Rettig, pero otros nunca fueron denunciados. Presumimos que son alrededor de 100 los asesinados en Paine, la mayoría campesinos de asentamientos. La ministra en algún momento va a tener que procesar a los carabineros, civiles y militares implicados. Es lo que esperamos y lo que hemos pedido, que se haga verdadera justicia y podamos encontrar a nuestros familiares... Sabemos que el teniente Magaña tiene antecedentes de qué pasó con mi padre y otros 22 campesinos, entre otros casos. Él mató a nuestro familiares... Los carabineros han negado su participación, pero son los mismos que todavía viven en el pueblo. ¿Cómo lo van a negar si todos los vieron? Lo mismo ocurre con los civiles que actuaron. Paine es un pueblo chico".

Según los familiares jueza ha actuado con rigurosidad, cautela e inteligencia. Confían en los testimonios y declaraciones que ha logrado recopilar. Para ellos, todo apunta a que se procesará a algunos implicados. "A muchos, incluso, se les vio entrando a las casas. Hay un sinnúmero de antecedentes recopilados desde ese tiempo".

Hasta el momento, están conformes con la investigación y las diligencias realizadas por la jueza. Para ellos, es la primera investigación luego de 29 años sin conseguir justicia. Hasta el minuto se ha citado a civiles y carabineros, y se han desarrollado algunos careos: "Lo que nos da un poco de satisfacción porque nunca antes se había logrado hacer. Por el momento no hay procesados, pero la ministra sigue trabajando. Y así lo hemos podido corroborar", dice Juan Maureira. Mientras, la mayoría de los civiles y carabineros que asesinaron a los campesinos de Paine continúan viviendo en la pequeña localidad rural, en completa impunidad. "Hasta donde hemos podido ver, por primera vez se da una investigación como debe ser. Los criminales van a tener entregar información de lo ocurrido. Son los mismos carabineros, civiles y militares los que aparecen mencionados en la mayoría de los casos", concluye.

Asesinos de Paine

Carabineros

Nelson Bravo Espinoza, capitán; Raúl Ortiz Maluenda, sargento 2º; Carlos Aburto Jaramillo, cabo 1º; José Retamal Burgos, cabo 1º; Víctor Sagredo Aravena, cabo 1º; Reyes, sargento; Luis Jara, teniente de Pintué; y los carabineros Samuel Ahumada Cabello; Raúl Donoso Figueroa; Alamiro Garrido Ubal; Jorge González Quezada; Víctor Labarca Díaz; Eduardo Molina Armijo; José Piñaleo Pérez y Jorge Verdugo, entre otros.

Civiles

Hugo Aguilera, Fernando Aguilera, Francisco Luzoro, Jorge Sepúlveda, Tito Carrasco, Claudio Oregón, Darío González Carrasco, Luis Guerrero, Mario Tagle, Ricardo Tagle, Yule Tagle, Jorge Aguirre.

Militares - Escuela de Infantería de San Bernardo

Leonel Köening Alternatt, Director; Samuel Rojas Pérez, teniente coronel; Mario Morales Durán, conscripto; Andrés Magaña Baum, teniente; Pedro Montalvo Calvo, coronel; Iván de la Fuente Sáez, mayor; Hernán Pizarro Collarte, mayor; Ciro Ahumada Miranda, mayor; Juan Carlos Nielsen Stambuck, capitán; Sergio Rodríguez Rautcher, capitán; Luis Cortés Villa, capitán; Víctor Pinto Pérez, capitán; Marcial Cobos Farías, capitán; Jorge Romero Campos, capitán; Luis Villarroel Contreras, capitán; Héctor Maturana Zúñiga, capitán; Luis Garfias Cabrera, capitán; Eduardo Silva Bravo, capitán; Sergio Valdivia M., capitán; y Julio Cerda Carrasco, capitán, entre otros.


Noticiero Virtual

02 de Diciebre 2014

Para no olvidar : Cuando el Cerro Chena fue un campo de detención

Entre el 4 y el 6 de Octubre de 1973 en los cerros de Chena se llevó a cabo el asesinato de una veintena de detenidos, entre los que se encontraban dirigentes sindicales, obreros, pobladores y jóvenes secundarios. Se ha logrado determinar que fueron horriblemente torturados y que, encontrándose en deplorables condiciones, se les hizo creer que si corrían podrían salvar sus vidas. Se les ordenó quitarse las vendas y, en la oscuridad, se les hizo correr hacía el cerro y se les disparó a discreción, recibiendo cada uno de los detenidos varios impactos de bala.

A mi compañero y amigo Manuel González Vargas, el "conejo" González lo encontró su esposa en el Instituto Médico Legal, y cuando unas horas después me describió como estaba, sólo atinamos a llorar abrazados junto a alguno de sus hijos.

A los obreros fusilados de la Maestranza de San Bernardo, con quienes tuve el honor de compartir sus últimos días de vida, a 34 años desde que fueran asesinados un día de Octubre de 1973, el recuerdo imperecedero, el homenaje sincero y la reiteración del compromiso de darlo todo por la clase trabajadora, en vuestro honor y el de todos los que cayeron.

A LOS HEROES DE SAN BERNARDO **

“Dice don Oscar Aguayo, en Vida y anécdotas de la Maestranza San Bernardo, de Rosana Ojeda:

“En el año 1939 se repite una vez más esa tendencia imperante a lo largo de la historia. Se intenta derrocar el gobierno democrático de don Pedro Aguirre Cerda.

Los ferroviarios suman fuerzas en cuestión de horas. Hay una visión unitaria y la movilización maestrancina es el primer síntoma de lucha.

Estaba en la Maestranza (Central de San Bernardo) informando lo que sucedía cuando llegó un auto, era de Santiago, venían tres ciudadanos, uno de ellos era Salvador Allende, ministro de Salubridad del gobierno de don Pedro Aguirre Cerda. Nos dijeron que nosotros éramos una fuerza importante y que teníamos que tomar medidas para abortar el golpe.

Con aproximadamente mil doscientas personas se formó el batallón maestranza, organizados por escuadras, todo se hizo rápido. Preparamos un tren blindado para ir al paso nivel, ahí estaba la parte armada de los militares de San Bernardo. Teníamos todo listo para ir a pelear cuando un jeep militar entra en la Maestranza con don Galvarino. Nos informa que el golpe está terminado.

Le dijimos, vamos a hacer un desfile.

Háganlo no más dijo, no hay problema.

Con el batallón maestranza y el orfeón Ferroviario salimos a desfilar por San Bernardo. Pasamos por la plaza, ahí estaba la escuela de Aplicación, ellos nos aplaudían.

34 años después, a fines de Septiembre de 1973, soldados de la Escuela de Infantería, armados hasta los dientes, ingresaron a la Maestranza Central con una lista de nombres.

Recorrieron los talleres llamando a viva voz a los requeridos y los fueron sacando de sus lugares de trabajo, separándolos de sus compañeros, quienes ignoraban en ese momento que los veían con vida por última vez.

Manuel González, “el conejo”, de herrería; Ramón Vivanco, del taller ruedas; Pedro Oyarzún, “el chueco”, de frenos de aire; Arturo Koyck, “El tata”, de eléctrico; José Morales, presidente del consejo; Joel Silva, “el negrito”, de Pabellón Central; al igual que Adiel Monsalves; Roberto Avila, de albañilería; Alfredo Acevedo, Raúl Castro, y Hernán Chamorro, llegaron tarde en la noche del 28 de septiembre al campo de prisioneros de Chena, lugar en el que ya se encontraban decenas de detenidos.

Al contrario de lo sucedido en 1939, en esta ocasión sí se produjo el golpe de estado y ni los ferroviarios ni ninguno de los gremios organizados pudo prepararse y resistir.

Conocedores los golpistas locales de la fuerza de la organización ferroviaria, no trepidaron en fusilar a los dirigentes detenidos.

Con tal acción daban una muestra de su actuar a los ferroviarios, y sembraban el terror en la población.

El apacible San Bernardo se transformó, entonces, en una comuna militarizada, vigilada de día y de noche por patrullas militares armadas, que se hacían notar disparando a discreción. El único interés que los movió durante esos años fue mantener a flor de piel el terror en la población.

El cerro Chena pasó de lugar de esparcimiento a centro de detención clandestino. Los militares, que formaban parte del paisaje de la ciudad, se transformaron en carceleros torturadores y verdugos” .

El Regimiento de Infantería de San Bernardo, al mando del coronel Leonel Koenig ocupó uno de los lugares más estratégicos durante el bombardeo y asalto a La Moneda. Estuvo a cargo de ocupar el recinto presidencial después del bombardeo y miembros de este grupo de asalto jugarían mas tarde un rol importantísimo dentro del aparato de represión de la dictadura. En los días y meses posteriores al golpe, y cuando el Estadio Nacional no daba abasto con tanto preso político, el Regimiento San Bernardo se convirtió en uno de los centros más brutales de represión de la zona y esta vinculado directamente con la desaparición de cientos de personas de la región de San Bernardo y Paine. Junto con miembros de la Comisaría de Carabineros de Paine y civiles de esa localidad, efectivos del Regimiento de Infantería de San Bernardo llevaron acabo una ola de represión sobre la población civil de Paine, la cual dejaría un saldo de mas de cien ejecutados y desaparecidos en la zona, incluyendo a Mauricio Cea Iturrieta, Iselcio González Sandoval, Roberto Avila Márquez, José Cabezas Bueno, Francisco Calderón Nilo, Héctor Castro Sáez, Domingo Galaz Salas, José González Espinoza, Juan González Pérez, Aurelio Hidalgo Mella, Bernabé López López, Héctor Pinto Caroca, Aliro Valdivia Valdivia, José Vidal Arenas, Víctor Zamorano González, Juan Nuñez Vargas, Donaire Rolando Rodríguez, Juan Ortiz Acevedo, Luis Ortiz Acevedo, Bautista Oyarzo Torres, Saúl Cárcamo Rojas, Ricardo Carrasco Barrios

Con relación al Regimiento de Infantería de San Bernardo el informe de la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación (Informe Rettig) dice:

"también fue usado como centro de detención, aún cuando nunca las autoridades militares lo reconocieron así, el Regimiento de Infantería de San Bernardo, en cuyo interior se encuentra ubicado el Cerro Chena, lugar de ejecución de un alto número de detenidos, provenientes de la zona de San Bernardo y Paine. Algunos de los cuerpos sin vida de estas personas fueron enviados al Instituto Médico Legal de Santiago, y se dejó establecido en los respectivos protocolos de autopsia que esos cadáveres provenían del mencionado Regimiento. En este lugar se practicaron numerosas formas de tortura ".

El Regimiento de Infantería de San Bernardo estuvo también a cargo del Recinto Militar de Cerro Chena, donde, en los meses posteriores al golpe fueron torturados y ejecutados un sin numero de presos políticos, entre ellos el pastor evangélico Roberto Segundo Avila Márquez y trabajadores de la Maestranza de Ferrocarriles de San Bernardo, algunos de los cuerpos aparecieron años mas tarde en el Patio 29.

Criminales y Cómplices:

Ejercito: (nomina de los principales oficiales que integraban este Regimiento en 1973)

Coronel Leonel Koenig Altternatt (en ese entonces a cargo del Regimiento de San Bernardo), Julio Cerda (actualmente General de la Sexta División del Ejército - en la foto)), Pedro Montalva Calvo (coronel), Ivan de la Fuente Saez (mayor), Hernan Pizarro Collarte (mayor), Ciro Ahumada Miranda (mayor),Juan Carlos Nielsen Stambuck (capitán), Sergio Rodríguez Rautcher (capitán), Luis Cortes Villa (capitán), Victor Pinto Perez (capitán), Marcila Cobos Farias (capitán), Jorge Romero Campos (capitán), Luis Villarroel Contreras (capitán), Hector Maturana Zúñiga (capitán), Luis Garfias Cabrera (capitán),Eduardo Silva Bravo (capitán), Sergio Saldivia M (capitán)

Carabineros: (nomina de carabineros en la Comisaría de Paine en 1973): Nelson Iván Bravo Espinoza (capitán), Raúl Ortiz Maluenda (sargento), uno de apellido Reyes (sargento), Carlos Aburto Jaramillo (cabo), José Osvaldo Retamal Burgos (cabo), Víctor Manuel Sagredo Aravena (cabo), Samuel Ahumada Cabello, Raúl Héctor Donoso Figueroa, Alamiro Rene Garrido Ubal, Jorge E. González Quezada, Víctor Manuel Labarca Díaz, Eduardo Molina Armijo, José Piñaleo Pérez.

Civiles: (todos residentes de la localidad de Paine y sus alrededores): Francisco Luzoro, Claudio Oregon, los hermanos Hugo Aguilera y Fernando Aguilera, Jorge Sepúlveda, miembros de la familia Carrasco.

General de la Sexta División del Ejército, Julio Cerda declaró en tres casos de desaparecidos

El general Cerda aparece mencionado en una declaración que realiza el ex conscripto Manuel Enrique Paredes, quien en 1973 realizaba el Servicio Militar en la Escuela de Infantería de San Bernardo y a pesar que la declaración no sindica al general como involucrado en las detenciones, lo incluye entre sus superiores en aquella época.

Según informaciones publicadas ayer por el diario electrónico El Mostrador el comandante en jefe de la Sexta División y cuarta antigüedad del Ejército, General Julio Cerda Carrasco declaró por tres procesos de desaparecidos que en la actualidad investiga la jueza especial de la Corte de Apelaciones de San Miguel, María Estela Elgarrista Las causas se encuentran hace un mes en manos de la jueza y según trascendió no descarta volver a citar a declarar al alto oficial. Según consta en una declaración efectuada por el propio general en diciembre del 2001, Julio Cerda fue miembro de la desaparecida Dirección Nacional de Inteligencia (DINA), desde el 2 de febrero de 1976 hasta fines del 77. Según el periódico, otro dato que se suma al currículum del general fue su permanencia en la sociedad Pedro Diet Lobos, organismo de fachada del régimen militar que se dedicaba al espionaje en el extranjero donde además estuvieron involucrados Enrique Arancibia Clavel y otros ocho chilenos.La revisión de antiguos antecedentes sobre procesos que datan de 1973 arrojan también la aparición de Cerda Carrasco, quien ascendió y asumió en el cargo de general de la Sexta División de Ejército el 4 de enero del 2002, ascenso que fue cursado por el ex comandante en jefe del Ejército Ricardo Izurieta.

Las diligencias dictadas por la jueza se concretaron gracias al ministro de fuero, Juan Guzmán Tapia, quien acumuló las causas de detenidos desaparecidos de San Bernardo, Paine y el caso del conscripto en el regimiento de Infantería, quien, en mérito de los antecedentes y de acuerdo a su investigación, fueron vitales para citar a declarar al alto oficial. De hecho, según publicó El Mostrador, Cerda fue interrogado el 29 de diciembre del año pasado por el juez Guzmán Tapia, quien se constituyó en la Escuela de Infantería de San Bernardo, trámite que fue adelantado debido a que Cerda ya estaba destinado a la Sexta División. Los casos El general, Julio Cerda aparece mencionado en tres procesos pendientes.

El primero es la desaparición del pastor evangélico Roberto Segundo Avila Márquez y otros detenidos desaparecidos y muerte de trabajadores de la Maestranza de Ferrocarriles de San Bernardo, ocurridas en el mes de septiembre de 1973. Por este caso existe una querella en el proceso, donde ya el 22 de mayo de 1991 Cerda y otros oficiales fueron citados a declarar por una orden emanada del Segundo Juzgado del Crimen de San Bernardo. El alto oficial aparece mencionado en una declaración que realizó el ex conscripto Manuel Enrique Paredes, quien en 1973 realizaba el Servicio Militar en la Escuela de Infantería de San Bernardo y a pesar que la declaración no sindica al general como involucrado en las detenciones, lo incluye entre sus superiores en aquella épocaAdemás el ex conscripto afirma que al recinto militar llegaron once detenidos de la Maestranza y que a uno de ellos le prestó ayuda. Se trataba de David Avila Márquez, hermano del pastor evangélico que también estaba detenido en el recinto, y a quienes le correspondió vigilar en algunas ocasiones. "Durante el tiempo que permanecí en el referido cerro sólo estuve dos o tres veces como vigilante de los detenidos, los cuales durante el día permanecían con la vista vendada", señaló Paredes al diario electrónico.

Sin embargo, en la declaración que prestó el general Julio Cerda ante Guzmán, el alto oficial negó que en el recinto militar, donde estuvo desde 1970 hasta el 2 de enero de 1976, haya visto ingresar o egresar detenidos durante el año 1973. Avila Márquez y sus compañeros fueron fusilados en 1973 y algunos de los cuerpos aparecieron en el Patio 29, fecha en que el general Cerda estaba destinado a la Escuela de Infantería de San Bernardo, donde tenía el rango de teniente y era jefe de un grupo de entre 30 y 40 soldados. Más casosCerda también aparece mencionado en las investigaciones que buscan aclarar la desaparición y posterior muerte de 23 campesinos en Paine, ocurrida en 1973. Los campesinos fueron conducidos también al cuartel número 2 de Cerro Chena y posteriormente fueron fusilados. Otra duda que también se espera dilucidar la justicia es la muerte de un conscripto del regimiento de infantería de San Bernardo, también en 1973, quién apareció acribillado días después del golpe militar.


Cambio21

10 de Diciembre 2014

Asesinatos en Dictadura: También hubo cómplices activos

No sólo “cómplices pasivos” hubo entre los que apoyaron la dictadura; también hubo civiles que ejecutaron a personas con sus propias manos. Eso ocurrió en Paine. Las víctimas: campesinos de asentamientos agrícolas. ¿Qué pasó con los asesinos? Hoy se pasean por la comuna como si nada hubiera ocurrido.

Múltiples causas judiciales dan cuenta de al menos 70 asesinatos cometidos por uniformados junto a civiles en esa localidad. Decenas de comuneros aún permanecen desaparecidos. Otros solo fueron identificados a partir de restos, pues los cuerpos fueron removidos en la operación "retiro de televisores".

Paine es la comuna que mantiene un triste record. Tuvo el mayor número de asesinados en dictadura en relación a su población. No es lo único en lo que destaca. Muchos terratenientes (incluso algunos vistiendo uniformes), participaron de las detenciones, torturas, secuestros y posterior ejecución de aquellos a quienes ellos mismos habían denunciado.

Otro elemento distingue toda esta trama de muerte y dolor: Uno de los campesinos que fueran fusilados, sobrevivió y denunció con valentía los crímenes y a sus autores. A pesar de haberse dictado numerosos procesamientos en contra de militares, carabineros e incluso algunos de los particulares, pero aún varios son los que aún se encuentran impunes.

El origen del odio

A partir del gobierno del Presidente Frei Montalva, en la zona había comenzado a aplicarse la Reforma Agraria, la que luego sería profundizada por la Unidad popular. Producido el golpe, los terratenientes se acercaron a los uniformados ofreciendo "listas" de campesinos "revoltosos". La ayuda brindada fue amplia, desde informes hasta vehículos se pusieron a disposición para acometer la tarea de detener y trasladar a los presos. Pero no fue solo eso.

Hasta el momento 20 civiles se encuentran procesados por los secuestros y asesinatos. Darío González participe de los secuestros, se refugia en "el secreto del sumario" para no dar entrevistas. "No puedo, la jueza me prohibió hablar", asegura. "Sólo trasladé policías nada más", afirma. Luego se excusa que fueron los militares quienes se llevaron a los hoy detenidos desaparecidos. "Aquí había tres escuelas de guerrillas", afirma a modo de justificación.

En realidad, de acuerdo a los testimonios y hechos consignados en los cerca de 40 expedientes judiciales, se trató de un crudo festín de sangre. Los apresaron en calles, en sus propias casas o en los asentamientos. Incluso los "citaron" para que comparecieran a la Sub Comisaría de Paine. A algunos, como al padre de la abogada Pamela Pereira, Andrés Pereira Salsberg, los detuvieron más de una vez.

Sobrevivió al fusilamiento

Los crímenes se siguieron extendiendo por las localidades de Paine, Hospital, Huelquén, Culitrín, Chada, Rangue, El Vínculo, Pintué y Laguna de Aculeo. A quien se ha sindicado como el líder de los civiles que secuestraron y asesinaron campesinos, es Juan Francisco Luzoro Montenegro. Se trata de un empresario ligado al transporte que ha sido procesado en múltiples causas y por distintos episodios del "Caso Paine".

Él fue quien "recibió" en las puestas de la sub comisaría de Paine a Alejandro Bustos, el campesino que sobrevivió a los fusilamientos. "Don Francisco Luzoro estaba también ahí, pero él que era civil, daba las órdenes, o eso parecía; harto raro. "Llegaste atrasado Colorín", me dijo, y mientras yo trataba de darle explicaciones, llamó a un carabinero a revisarme por si traía armas. "Aquí vai a tener que hablar todo lo que sabís, porque los otros ya nos contaron que erai vos el que llevabai la batuta", le dijo.

Alejandro Bustos jamás imaginó lo que acontecería más tarde. "Me obligaron a desnudarme y otros dos carabineros que no había visto, empezaron con que "cantara". Como yo les pregunté qué querían que cantara, me plantaron un palo en el espinazo y empezaron a darme también por los hombros con un "tonto de goma". "Habla", gritaban, "tenís que hablar", pero qué iba a decirles, y entonces, otro salió con que "a ustedes les llegaron más de cinco mil armas, tenís que decirme dónde las escondieron", y palo tras palo, "vos tenís que saber porque por algo estabai inscrito, te denunciaron, tenemos veinticinco ahí adentro y van a tener que llegar todos los otros".

Tortura y crimen

Mientras lo golpeaban sintió que lo levantaban del pelo. "Desde cuándo erís rojo" me preguntaron al oído, y yo respondí que siempre había tenido el pelo rojo. "No te hagai el estúpido", gritó el policía indignado, "los rojos son los comunistas, guevón". A partir de ahí comienzan otra sarta de palos. Meta palos conmigo en la espalda y la cabeza, pero un poco después perdí el conocimiento. Me despertaron con un balde de agua, no podía abrir los ojos, los tenía como pelotas".

Bustos recuerda que cuando empezó a oscurecer, los carceleros sacaron unas chuicas de vino y empezaron a prender fuego para un asado. "Había carabineros y civiles, casi todos camioneros. Estaban los Carrasco, el Tito y el Toño Ruiz Tagle, el peluquero Aguilera, el Pato Meza, Miguel González, Carlos Sánchez, el Jara, el Cristián Kast, Larraín, Suazo. Eran unos quince civiles y unos dieciocho carabineros, yo los veía desde mi rincón cómo se reían y emborrachaban, pero estaba muy quieto, porque cuando se acordaban de mí, se acercaban civiles o pacos a darme de puntapiés por las costillas", rememora.

Cerca de la una de la madrugada fueron sacados del calabozo todos los detenidos. "El paco Retamal abrió la puerta del calabozo, con él entraron Leiva y Manuel Reyes, carabineros también. Nos hicieron salir por detrás de la guardia mientras Claudio Obregón y Carrasco nos nombraban por una lista. Atrás de la guardia nos esperaba un furgón verde y el auto crema de los Carrasco, también estaba la camioneta verde de don Jorge Sepúlveda, la camioneta amarilla de Obregón, y el auto de González. Nos subieron al furgón y los autos partieron, los propios dueños los manejaban".

"Van a matarnos"

El furgón policial iba al final y lo conducía el carabinero Juan Valenzuela, según consta de los expedientes. "Nosotros nos preguntábamos mientras tanto que si estarían llevándonos al Estadio Nacional o al Chile o al Regimiento de Chena (...) a pesar de la sospecha tremenda, a ninguno se le ocurrió mencionar que nos llevaban a algún escondrijo para matarnos.

Mucho más allá, cuando el finao Ramírez que era evangélico empezó a orar, se me puso la carne de gallina; supongo que a todos les pasó lo mismo porque empezaron a encomendarse a Dios, a los santos; yo también recé porque soy católico, devoto de la Virgen".

Un largo silencio acompañó la caravana, "recién por Champa el finado Chávez lo dijo, estábamos todos rezando y él nos interrumpió, "van a matarnos", dijo enronquecido, después en voz baja agregó, "el que quede vivo que sea hombre y cuente dónde van a botarnos". Un momento más tarde, como si hubiera tenido una revelación, me dijo, "usted Alejo, que va salvarse, avise que estamos muertos".

Fueron violentamente bajados de los vehículos y puestos a la orilla del río. "Hasta allí yo todavía creía que podían estar amenazándonos solamente, pero empezaron a empuñar las metralletas, todos ellos, civiles y carabineros, nada más que hablar. El sargento (Manuel) Reyes nos condujo a empujones a la orilla del río, y burlándose de nosotros nos hizo levantar los brazos, "¡vamos a matarlos por no ponerse de acuerdo en sus mentiras!", sentenció.

"Lenguas de fuego"

"Sucedió todo en un segundo, lenguas de fuego salieron por los cañones y las ráfagas comenzaron a rugir. La noche pareció iluminarse con demonios y una quemazón en el brazo me echó al suelo, caí revolcándome, Orlando Pereira cayó encima mío, su sangre corrió por mi cuerpo. Quedé de costillas al lado del sargento Reyes y Pancho Luzoro gritó "éste ya está muerto!", entonces con Daniel Carrasco me tomaron de las piernas para arrojarme al agua. Pero no alcancé a caer, unas moras me detuvieron".

Desde ese lugar Bustos vio como remataban a los que aún estaban vivos. "Creo que casi todos ya estaban muertos, pero igual, pararon de disparar y empezaron a torturarlos. Vi cómo a Raúl Lazo le sacaban los ojos y la lengua, pero al menos gritaba, a los otros les aplastaban la cabeza con peñascos, con palos. Parece que ya no les quedaban balas, todo era ahora con piedras y cuchillos, y entonces los empiezan a empujar al agua como a mí. Tiran a Orlando Pereira pa'abajo y cae encima mío, y ahí sí que me fui abajo", recuerda.

En las turbulentas aguas era difícil sostenerse, más aun estando heridos. Él junto Orlando, el padre de la abogada Pamela Pereira, lograron llegar a un banco de arena. "En ese momento justo se limpió la luna y pude verlo clarito, entonces me dijo "hasta aquí no más Rucio, voy a morirme", y se echó sobre mis piernas tiritando y tiritando hasta que ya no se movió más.

Murió a mi lado sin que yo pudiera hacer nada, nada; me dejó ahí solo y no veía a ninguno de los otros, pero sí el resplandor de los autos de nuestros fusiladores que se retiraban", concluye Bustos.

Luego de huir de perros y perseguidores, de ser rechazado por vecinos que estaban atemorizados y ayudado por amigos y familiares e incluso por un oficial FACH, Bustos logró sobrevivir. Volvió a Paine donde fue constantemente asediado y amenazado. Seguro de cumplir la promesa hecha a los asesinados, relató judicialmente de lo que había sido testigo y víctima y aportó a los procesos.

Largos juicios y poca justicia

Si bien han evolucionado en el último tiempo con mayor celeridad las causas criminales abiertas como consecuencia de los 70 crímenes, la justicia plena aún no llega a las familias de las víctimas. Los procesados han aumentado y llegan a tocar a importantes oficiales y uniformados. Los particulares sometidos a proceso por los distintos jueces son ya cerca de 20.

Entre los civiles procesados se encuentran: Juan Francisco Luzoro Montenegro, Juan Quintanilla Jerez, Hugo Aguilera, Fernando Aguilera, Jorge Sepúlveda, Tito Carrasco, Claudio Oregón, Ruben Darío González Carrasco, Luis Guerrero, Mario Tagle, Ricardo Tagle, Yule Tagle y Jorge Aguirre, entre otros.

Los Carabineros procesados o imputados son los siguientes: Nelson Bravo Espinoza, capitán; Raúl Ortiz Maluenda, sargento 2º; Carlos Aburto Jaramillo, cabo 1º; José Retamal Burgos, cabo 1º; Víctor Sagredo Aravena, cabo 1º; Reyes, sargento; Luis Jara, teniente de Pintué; y los carabineros Samuel Ahumada Cabello; Raúl Donoso Figueroa; Alamiro Garrido Ubal; Jorge González Quezada; Víctor Labarca Díaz; Eduardo Molina Armijo; José Piñaleo Pérez y Jorge Verdugo, entre otros. Varios oficiales de la Escuela de Infantería de San Bernardo, también se encuentra requeridos judicialmente.

Mi hermano fue el primer detenido

"El 13 de septiembre mi hermano fue detenido por civiles y carabineros en el mercado El Sol. Algunos civiles estaban vestidos de carabineros", relata Silvia, hermana del DD.DD Pedro Vargas Barrientos. "A Pedro le pegaron cuando estaba en la cola del pan, en la calle, delante de toda la gente que esperaba comprar"

"Lo subieron a la camioneta amarilla de Oregón (Claudio Oregón Tudela, es uno de los civiles involucrados en la detención y posterior desaparición de varias personas de Paine), en la que andaban unos carabineros que eran pensionistas de mi mamá, gente conocida y lo tiraron boca abajo, sangrando y lo llevaron a la comisaría", relata Silvia.

Se pudo constatar por la familia que Pedro estuvo en esas dependencias policiales hasta al menos la mañana del 17 de septiembre. En la tarde ya fue negado que hubiera permanecido en ese lugar: "me dijeron que no había nada, que eran ocurrencias mías, que cómo podía tener la idea que mi hermano estaba ahí", relata la hermana. Nunca más le verían con vida.

"No, aquí no hay nada, nunca hubo nada, nunca hubieron detenidos acá", habían botado y quemado los libros, no había rastro. Le dije "Yo sé que hubo gente aquí, yo vine acá, vine a la puerta" - "No, usted está equivocada, no hubo gente detenida", le aseguró el capitán Nelson Bravo. La madre de Pedro, que era inválida y atendida por el muchacho, a esa época de 23 años, enloqueció al no poder entender ni aceptar lo que había acontecido. En esa familia persisten las tremendas heridas dejadas por la represión.

"Los civiles se tomaron el cuartel"

Así lo afirmó Guillermo Reyes, quien fuera alcalde de Paine entre 1953 y 1957 y uno de los testigos directos de los hechos acaecidos en aquella época: "Al principio, cuando el capitán (Nelson Bravo) pidió vehículos de apoyo, andaban dos carabineros y un particular. Después eran dos civiles y un carabinero; al final, puros particulares", aseguró.

Reyes nunca se explicó el actuar de algunos vecinos que se sintieron con el derecho de disponer de la vida o la muerte de otros seres humanos, a muchos de los cuales incluso conocían. "No lo entiendo... a lo mejor los mareó el poder que tenían en esos momentos, quizás actuaron por despecho o venganza... no lo sé. No encuentro una explicación, sólo sé que se metieron donde no debían y que tomaron represalias con quienes no correspondía", asegura el ex edil.

En esta localidad a diario conviven los familiares de las víctimas y sus victimarios. No es fácil superar miedos y rencores. También subsiste la complicidad de los victimarios acerca del destino de los desaparecidos. Niegan las detenciones, a pesar de las pruebas irrefutables y ocultan dónde los lanzaron. ¡Asesino! Se escucha en más de una oportunidad en la calle. ¡juro que yo no participé! Ha sido generalmente la respuesta, seguida de una rápida huida del lugar.


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