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Marta Lidia UGARTE ROMAN

 

 

Marta Lidia Ugarte Román nació en Santiago el 29 de julio de 1934. Fue profesora, modista, miembro del Comité Central del Partido Comunista de Chile, secretaria de la diputada Mireya Baltra, Encargada Nacional de Educación del PC, jefa provincial en Santiago de la Junta de Abastecimientos y Precios (JAP) de DIRINCO, durante el Gobierno de Salvador Allende.

    El 9 de agosto de 1976 fue detenida por agentes de la DINA la militante del PC y miembro de su Comité Central, Marta Lidia UGARTE ROMAN. Según testigos, la afectada permaneció recluída en el sector denominado «La Torre» de Villa Grimaldi, muriendo posteriormente a consecuencia de las torturas de que fue objeto. Su cadáver fue arrojado por sus captores al mar, pero no obstante las precauciones que éstos tomaron para evitarlo, fue encontrado semidesnudo y dentro de un saco amarrado a su cuello con un alambre, el 9 de septiembre de ese año en la playa La Ballena, ubicada en Los Molles. Según el informe de la autopsia, la afectada sufrió en vida una luxo fractura de columna, traumatismo tóraco abdominal con fracturas costales múltiples, ruptura y estallido del hígado y del bazo, luxación de ambos hombros y cadera, y una fractura doble en el antebrazo derecho, habiendo fallecido el 9 de septiembre de 1976.

La Comisión llegó a la convicción de que Marta Ugarte fue detenida y hecha desaparecer forzosamente por agente del Estado, quienes violaron así sus derechos humanos, lo que se confirma por el hecho de que fortuitamente haya aparecido su cadáver que sus captores intentaron ocultar arrojándolo al mar.

Informe Rettig


La Nacion

23 Noviembre de 2003

Angeles de la Muerte

Una exhaustiva y larga investigación del juez Juan Guzmán y su equipo de detectives del Departamento V logró develar el mejor secreto guardado por la DINA: el destino de sus desaparecidos en la Región Metropolitana. La operación sistemática fue realizada por los pilotos y mecánicos de los helicópteros Puma del Comando de Aviación del Ejército entre los años 1974 y 1978.

Desde los sacos paperos sobresalían las pantorrillas y los pies. A las mujeres se les veían los zapatos con tacones altos o bajos. A veces se les asomaba el ruedo de la falda. A los hombres se les veían los zapatos y el extremo de los pantalones. Cada saco contenía un cuerpo amarrado con alambre a un trozo de riel. Algunos cuerpos todavía mostraban sangre fresca. Otros expelían el olor de la primera descomposición. Otros sacos estaban impregnados de aceite humano, señal de que los cadáveres habían permanecido algún tiempo enterrados. Algunos de los bultos, los menos, no tenían la forma de un cuerpo sino que eran de un tamaño más reducido, sólo parte de los restos.

Fueron al menos 40 viajes. En cada uno subieron de ocho a quince bultos a bordo de los helicópteros Puma. De los 12 mecánicos del Ejército que al final terminaron reconociendo las operaciones, cada uno hizo al menos un viaje. En algunos casos fueron dos, tres e incluso más. Hay otros mecánicos que también participaron en estas operaciones pero que todavía lo niegan. Casi treinta años se guardó el secreto entre pilotos y mecánicos en el Comando de Aviación del Ejército (CAE), estamento responsable de la operación. Al comienzo todos negaron, varias veces. Los pilotos niegan hasta hoy. Pero los mecánicos quebraron el juramento sellado con la sangre de otros. El juez Guzmán y los detectives que lo asisten tomaron esta hebra y la investigaron silenciosos y pacientes durante más de un año, en el marco del proceso por la cúpula comunista desaparecida de Calle Conferencia.

Interiorizarse de los detalles de los vuelos de la muerte sobrecoge. Ahí está al fin la respuesta, detallada, y esta vez relatada desde adentro, del destino de los prisioneros de la DINA en Santiago.

Entre 400 y 500 fueron los cuerpos lanzados al mar en estas operaciones realizadas principalmente entre 1974 y 1978, aunque también habrían ocurrido en las últimas semanas de 1973.

El informe de las Fuerzas Armadas que surgió de la Mesa de Diálogo sobre Derechos Humanos en enero de 2001 con información del destino de 200 detenidos desaparecidos (49 en tierra y 151 al mar), apenas consignó 29 casos atribuidos a la DINA. De ellos, sólo 23 aparecieron como arrojados al mar. En la mesa de diálogo el Ejército del entonces general Ricardo Izurieta afirmó que no contaba con más información. Otorgando el beneficio de la duda, el Ejército esa vez no logró romper el secreto de los juramentados. Pero tampoco lo ha hecho hasta hoy.

Las cifras oficiales del Informe Rettig y las entidades continuadoras indican que los desaparecidos de la DINA en la Región Metropolitana entre 1973 y 1978, fueron 590.

La razón del mamo

Al final se confirmó la verdad. La confirmaron los mismos ejecutores, o parte de ellos. Como viene ocurriendo con otros casos espeluznantes, como los ejecutados de La Moneda en Peldehue, los que hablaron fueron los de abajo, no los altos oficiales. Los mecánicos son todos suboficiales hoy retirados.

Hay que admitir que el ex jefe de la DINA, Manuel Contreras, tenía por una vez la razón. “No hay detenidos desaparecidos de la DINA, están todos muertos” dijo recientemente a una documentalista del Canal+ de la TV francesa. Lo que Contreras nunca ha reconocido es que la macabra y sistemática operación de lanzar los cuerpos al mar existió. Y que nunca pudo ser planificada sólo por quien fue el jefe del Comando de Aviación del Ejército entre enero de 1974 y diciembre de 1977, coronel Carlos Mardones Díaz. Éste, junto a otros cuatro ex pilotos del CAE, fue procesado el viernes 14 de noviembre de 2003 por el juez Guzmán en calidad de cómplice y encubridor en el sumario por la muerte de Marta Ugarte. El de esta dirigente comunista fue el único cuerpo de las víctimas arrojadas al mar que afloró desde las profundidades del Océano y que en septiembre de 1976 varó en la playa La Ballena, cerca de la caleta Los Molles en la V Región. Fue la única falla del sistema de exterminio, la pista que permitirá ahora condenar a los culpables. Ningún otro cuerpo lanzado al mar apareció. El “culpable” de la defectuosa atadura del peso que permitió que el cadáver de Ugarte subiera a la superficie y se convirtiera en una evidencia fundamental, está identificado y confeso de su criminal error.

Pero Guzmán también procesó por este caso en calidad de autores de secuestro y homicidio a Contreras y a su propio primo, el brigadier (R) Carlos López Tapia, quien en 1976 era el jefe de la Brigada de Inteligencia Metropolitana de la DINA y a la vez jefe de Villa Grimaldi. Éste fue el principal centro clandestino de reclusión y tortura en el país, y desde allí fue sacada la mayor cantidad de los cadáveres que iban al mar. El juez fue respaldado el viernes 21 de noviembre de 2003 por la Quinta Sala de la Corte de Apelaciones de Santiago, que confirmó los procesamientos. Aunque revocó el del piloto Emilio de la Mahotiere “por encontrarse en Francia” cuando desapareció Marta Ugarte.

Tobalaba-peldehue

La operación “Puerto Montt” (código con el que en los centros clandestinos de la DINA se marcaba en el registro de prisioneros a quienes serían ejecutados y lanzados al mar) tuvo un protocolo de actuación que se repitió. Antes de cada vuelo los mecánicos recibían la orden de sacar los asientos del Puma (18 a 20) y el estanque de combustible adicional. La autonomía de vuelo de este helicóptero sin el segundo estanque es de dos horas y media. Cada viaje era ordenado por el jefe del CAE al jefe de la Compañía Aeromóvil de ese comando de helicópteros. Todos los vuelos quedaban registrados.

Las máquinas partían cada vez desde el aeródromo de Tobalaba en la comuna de La Reina, donde durante esos años funcionó el Comando de Aviación del Ejército. La tripulación la conformaban un piloto, un copiloto, y un mecánico. El vuelo se iniciaba con destino a Peldehue, en Colina. Allí, en terrenos militares, descendían y eran esperados normalmente por dos o tres camionetas Chevrolet C-10, casi siempre de color blanco, cuya sección trasera estaba cubierta por un toldo. A cargo de estos vehículos estaban dos o tres agentes de civil. Los civiles descorrían los toldos que ocultaban los cadáveres amontonados y los descargaban para ponerlos dentro del helicóptero. A continuación el Puma volvía a elevarse con los agentes civiles a bordo. Normalmente se orientaba hacia la costa de la Quinta Región, y a la altura de Quintero la máquina tomaba dirección mar adentro. La menor de las veces los vuelos se fueron mar adentro a la altura de San Antonio o Santo Domingo.

Alcanzada una distancia adecuada, el piloto daba la orden para iniciar la descarga de los cuerpos. El lanzamiento se efectuaba a través de la escotilla de más o menos un metro cuadrado ubicada en el medio del helicóptero, donde se encuentra el gancho de carga que baja por dentro a la altura del rotor principal. Pero la descarga también se hacía a veces desde una escotilla de popa, de 1,80 metros de alto por casi un metro de ancho. El lanzamiento lo efectuaban los agentes civiles, que eran los responsables no sólo de llevar los cuerpos a Peldehue y ponerlos dentro de la nave, sino de supervisar que los bultos llegaran al fondo del mar.

Las identidades de los cuerpos arrojados al océano en esta operación no están establecidas, puesto que los testigos dicen no haberlas conocido nunca, salvo la de Marta Ugarte. Quienes sí las conocen, como el ex jefe de la DINA Manuel Contreras, niegan que esta operación existió.

 “Brillaban”

Los rieles “recién cortados, por lo que brillaban por los lados cortados” como los vio preparados el comisario de Investigaciones y agente de la DINA Nibaldo Jiménez Santibáñez, entregaban, en principio, la seguridad de que la prueba del crimen se iría con el pedazo de metal al fondo del océano. Dice Jiménez en una de sus declaraciones procesales que cuando preguntó un día para qué eran esos rieles cortados en trozos, recibió por respuesta “esos son pa’ los paquetes”. Cuando preguntó ¿qué paquetes?, sostiene que le respondieron “los que se van cortados todos los días de aquí, un lote grande al mar, los envuelven en un saco bien amarrados con alambre, echan el cuerpo y el riel, y con el peso del riel se van al fondo”.

Ya no eran ex prisioneros que hablaban de los rieles, ni sólo el campeón de pesca submarina Raúl Choque, que una vez en la década de los años 80 declaró a la prensa que vio osamentas en el fondo marino frente a Pisagua, pegadas a trozos de rieles. Ahora los fragmentos de vía eran una realidad vista por uno de los propios agentes que lo contaba a un juez.

Tampoco había enloquecido el coronel retirado Olagier Benavente Bustos, cuando el 24 de junio de 1999 declaró en una entrevista a La Nación que el “piloto de Pinochet, su regalón, Antonio Palomo”, le contó un día de verano un par de años después de 1973 en Pelluhue, donde ambos tenían casa de descanso, que le había correspondido hacer viajes pilotando un Puma para lanzar cuerpos al mar. “Partían desde Tobalaba”, dijo el coronel (R) Benavente que le había dicho Palomo. Era la primera vez que un alto oficial retirado revelaba parte del secreto. Pero esa vez todo quedó allí, sólo en las declaraciones. No existían todos los antecedentes descubiertos ahora. Por supuesto, Palomo desmintió las declaraciones de Benavente cuando el juez Guzmán lo interrogó.

La limpieza

Cumplida cada misión de vuelo, los helicópteros regresaban al lugar en Peldehue donde habían quedado estacionadas las camionetas C-10. Allí descendían los agentes civiles, montaban en las camionetas y se iban.

El helicóptero volvía a elevarse y se dirigía a su base del CAE en Tobalaba. Desocupada la máquina de su tripulación, los mecánicos realizaban la operación de limpieza del piso, que la mayoría de las veces quedaba con sangre impregnada y con un penetrante olor a carne descompuesta. Manguereaban el piso y el interior y dejaban ventilarse la máquina. Cuando el olor y la sangre desaparecían, los mecánicos volvían a instalar los asientos y el estanque de combustible adicional, a no ser que ya se supiera que al día siguiente ese mismo helicóptero debía cumplir una tarea similar. Normalmente esta limpieza no era realizada por los mismos mecánicos que habían participado del vuelo. Entre los limpiadores estuvo más de una vez E.A.O., el mismísimo mecánico personal del Puma Nº 256 del comandante en jefe del Ejército, general Augusto Pinochet. Aunque éste sostiene en el proceso que “nunca” le tocó realizar alguno de estos vuelos a alta mar. Su jefe fue por muchos años el ahora brigadier (R) Antonio Palomo.

La mayor parte de los desaparecidos que salían de Villa Grimaldi con la marca “Puerto Montt” partían del aeródromo de Tobalaba.

 “Cuando conversábamos entre los mecánicos, pude ver que varios de ellos habían realizado este tipo de viajes”, declaró en el proceso otro mecánico que participó en los vuelos y a quien nombraremos “Rotor 1”.

Las identidades de los mecánicos que finalmente contaron al juez las tenebrosas historias que permitieron conocer estos hechos, LND las mantiene en reserva. El hijo de uno de ellos fue secuestrado por algunas horas el viernes antepasado, el mismo día en que el juez Guzmán dictó los primeros procesamientos por el caso de Marta Ugarte contra cinco ex pilotos de los Puma, además de Contreras y López Tapia. Dos individuos lo obligaron a subir a un auto, lo amarraron, le pusieron una capucha en la cabeza, lo golpearon, y le dijeron que le dijera a su padre que “cierre el hocico”. Luego lo botaron en una calle de Santiago.

Otro de los mecánicos, “Rotor 2”, relató en la investigación que apenas se iniciaron estos vuelos, el comandante del CAE Carlos Mardones reunió a pilotos y mecánicos y les ordenó que “estas son misiones secretas que ustedes no deben comentar con nadie que no participe en ellas. Ni siquiera deben hablarlo con sus familias”.

El tribunal

El comisario (R) Nibaldo Jiménez, ex agente DINA con funciones en Villa Grimaldi y en el recinto de José Domingo Cañas, sostiene que “quienes enviaban a los individuos al mar era una reunión que se hacía con los jefes de grupo de esa época, los capitanes Miguel Krassnoff Martchenko, Maximiliano Ferrer Lima, y otros, porque había varios cuarteles. Se reunían en algo así como un tribunal, donde decidían qué detenido se salvaba y quiénes se iban al mar con el código anotado Puerto Montt. Esos “otros” a quienes se refiere Jiménez eran los de siempre, Marcelo Moren Brito y Pedro Espinoza Bravo, ambos jefes rotativos de varios de los centros clandestinos de la DINA.

El resultado de cada una de esas reuniones, continúa Jiménez, “era enviado al general Contreras, jefe máximo de la DINA (...) El general Contreras era quien revisaba las listas y en definitiva era quien decidía la suerte de los detenidos”.

Otra de las víctimas de la DINA fue el periodista Máximo Gedda Ortiz, hermano de los Gedda que realizan el programa de televisión “Al sur del mundo”. Detenido en julio de 1974, desapareció en el recinto de Londres 38. Jiménez cuenta el estado en que vio su cuerpo antes de que, presumiblemente, engrosara la lista de lanzados al mar. “Un sujeto de apellido Gedda estuvo detenido. Le habían sacado con cuchillo la carne de la pierna y se le veía el hueso. Estaba colgando, lo tenían colgando. Lo habían flagelado”.

Jiménez describe otra figura del horror y la brutalidad contra otro de los desaparecidos de la DINA. Se trata del fotógrafo Teobaldo Tello Garrido, quien había sido funcionario de Investigaciones durante el gobierno de Salvador Allende. Fue detenido en agosto de 1974 y permanece desaparecido. “Fui a verlo a un cuarto abarrotado de detenidos, al abrir su boca vi que estaba ensangrentada. Sus dientes habían sido removidos con un alicate por parte del señor Marcelo Moren (...) El coronel Moren era bastante bruto”.

Pilotos de la caravana

Entre los cinco ex pilotos de helicópteros Puma que el juez Juan Guzmán procesó por el secuestro y homicidio de Marta Ugarte están quienes fueron los pilotos de la Caravana de la Muerte. Antonio Palomo fue el piloto durante el tramo sur de este operativo, actuando como su copiloto Emilio de la Mahotiere González. Por el tramo norte de la caravana, el piloto fue el mismo De la Mahotiere y el copiloto, Luis Felipe Polanco Gallardo. El quinto piloto declarado reo es el coronel (R) Oscar Vicuña Hesse.

Una segunda fase de este método de desaparecimiento de detenidos arrojando sus cuerpos al mar, se inició después de 1978 y duró al menos hasta 1981-82, una vez que a fines de 1978 fueron descubiertos los cadáveres de 15 campesinos en un horno de Lonquén y el Ejército y Pinochet se alarmaron.

Esta segunda fase conocida como “las remociones” clandestinas, fue admitida incluso por el ex director de la Central Nacional de Informaciones, general Odlanier Mena, y sobre ella han prestado también declaraciones algunos ex agentes que participaron en el operativo. A esta operación pertenecen, entre otros, los prisioneros de Chihuío en la X Región; los ejecutados de La Moneda desenterrados desde Peldehue; y las 26 víctimas de la Caravana de la Muerte enterradas clandestinamente en el desierto de Calama. Estas no fueron víctimas de la DINA.

Probablemente, dada la experiencia adquirida, esta segunda fase fue realizada por los mismos pilotos y mecánicos del Comando de Aviación del Ejército. Este episodio no está totalmente aclarado judicialmente. En todo caso, los comandantes del CAE después de Carlos Mardones fueron: el coronel Hernán Podestá Gómez, entre enero y diciembre de 1978; coronel Fernando Darrigrandi Márquez, entre enero de 1979 a julio de 1981; y el coronel Raúl Dinator Moreno, entre agosto de 1981 y febrero de 1982.


La Nacion

20 de Julio 2004

Procesados cuatro ex mecánicos del Ejército

Por el delito de obstrucción a la justicia, el juez Juan Guzmán procesó a cuatro ex mecánicos del Comando de Aviación del Ejército que se negaron a aportar información sobre los llamados “vuelos de la muerte”, por los cuales a partir de 1974 helicópteros Puma transportaron cuerpos de prisioneros para arrojarlos al mar. Por estas operaciones se estima que desaparecieron unos 400 prisioneros de la DINA.

Esta es la primera vez que un juez encausa a militares (R) por el delito reciente de “obstruir la justicia”, al negarse a revelar información acerca de ilícitos cometidos durante la dictadura. La resolución afectó a los suboficiales (R) Juan de Dios Alberto González Dubó, René Meier Chávez, Sergio Castro Cano, Marco Cáceres Rivera y Rigoberto Saavedra Navarro.

La resolución fue dictada en la investigación por secuestro y homicidio de Marta Ugarte, cuyo cuerpo fue devuelto por el mar y apareció en 1976 en una playa cerca de Los Molles en la Quinta Región. Esta investigación se enmarca a su vez en el episodio calle Conferencia que indaga el ministro Juan Guzmán. En la causa están además procesados algunos pilotos que comandaron los vuelos de los helicópteros.


El Mercurio

1 de Diciembre 2004

Caso Conferencia: Corte deja en libertad a tres pilotos procesados

Los pilotos son el mayor (r) Luis Felipe Polanco, el capitán (r) Antonio Palomo y el subteniente (r) Oscar Vicuña, quienes habían sido encausados en calidad de encubridores por el homicidio de la militante comunista Marta Ugarte Román.
 

La Quinta Sala de la Corte de Apelaciones de Santiago, en forma unánime, le otorgó la libertad bajo fianza a los tres procesados como encubridores del secuestro con homicidio de la militante comunista Marta Ugarte Román en el denominado caso Calle Conferencia.

Los tres pilotos del comando de aviación del Ejército -entre 1973 y 1978-, el mayor (r) Luis Felipe Polanco, el capitán (r) Antonio Palomo y el subteniente (r) Oscar Vicuña, habían sido encausados por el ministro Juan Guzmán Tapia en calidad de encubridores por ese delito.

Según lo determinado hoy por el tribunal de alzada capitalino los uniformados, quienes estaban detenidos en el Comando de Telecomunicaciones, quedarán en libertad después de pagar una fianza de 500.000 pesos cada uno, informó Radio Cooperativa.

Marta Ugarte tenía al momento de su detencion 42 años y fue primeramente detenida por agentes de la disuelta Dina y luego trasladada a Villa Grimaldi, donde habría fallecido a raíz de una serie de apremios ilegítimos.

Según consta en el proceso, su cuerpo fue lanzado al mar desde un helicóptero Puma y sus restos luego aparecieron en la playa Los Molles de la Quinta Región.


La Nación

 

25 de Marzo 2007
 

El estrangulador de Marta Ugarte
 

El ex agente de la DINA Cristián Álvarez Morales tiene miedo. Está detenido y procesado por el juez Víctor Montiglio. Es el culpable, o el benefactor, de que la dirigente comunista se convirtiera en el único testimonio de una vía de exterminio, cuando su cuerpo atrozmente ultrajado fue devuelto por el mar en 1976.
 

El agente se dio cuenta de que uno de los sacos se movía. En Peldehue, todos estaban nerviosos y apurados. El ruido del helicóptero Puma, listo para elevarse, aportaba otra cuota de suspenso. El mismo agente sacó un cuchillo y abrió el saco. Marta Ugarte aún sobrevivía a la inyección. Entonces, el miembro de la DINA, con sangre fría, cortó uno de los alambres que ataban el trozo de riel al cuerpo de la dirigente comunista y la ahorcó. Luego, volvió a rehacer la amarra del saco como pudo, porque su jefe, Germán Barriga, gritaba apurando para que cargaran el último cuerpo a bordo de la nave.
 

Mar adentro, en la costa de la V Región, el piloto hizo una seña y Cristián Álvarez Morales, el estrangulador, tiró unos ocho bultos al vacío. La falta de una de las amarras del riel permitió que en el fondo del mar éste se desprendiera, liberando su cadáver hacia la superficie. Por eso, Marta Ugarte salió desde el océano, transformándose en la única testigo de esa vía de aniquilamiento de casi mil prisioneros de la dictadura.
 

Ahora, en la nueva fase de la investigación del proceso denominado Calle Conferencia, se conoció que ella también estuvo en manos de la Brigada Lautaro de la DINA, en el desconocido cuartel de calle Simón Bolívar 8630, en uno de los barrios de La Reina, en Santiago. Fue otra de las víctimas del batallón de exterminio, cuya historia recién comienza a develarse.
 

Cristián Álvarez tuvo valor para matar, pero también lo tuvo después para enfrentarse cara a cara con los que fueron sus jefes, que le dieron las órdenes. No los confundió al identificarlos, como lo han hecho intencionadamente varios otros ex agentes con barbilla trémula. Pero tiene miedo, porque sostiene ante los jueces que “los brazos del Ejército son largos, por eso tengo mucho miedo”.
 

Cristián Álvarez fue su chapa en la DINA y luego en la CNI. Y aunque fue un criminal frío, si bien por encargo, preferimos proteger su identidad. Hoy se encuentra procesado y detenido por orden del juez Víctor Montiglio por el secuestro y homicidio del secretario general, en la clandestinidad, del Partido Comunista, Víctor Díaz. Pronto debe correr la misma suerte por lo ocurrido con Marta Ugarte.
 

En las últimas semanas se supo que Álvarez fue uno de los integrantes del grupo de elite del exterminio comunista, gestado al interior o adjunto a la Brigada Lautaro, conocido como el Grupo Delfín, a cargo del entonces capitán de Ejército y agente DINA Germán Barriga.
 

Finalmente, con los estremecedores nuevos antecedentes descubiertos en esta última investigación, acerca del destino final de un grupo de líderes comunistas clandestinos secuestrados en 1976, que ya tiene 51 procesados, la vida y muerte de la integrante del Comité Central del PC quedó definitivamente ligada a la suerte de las víctimas de la calle Conferencia 1587, y del conocido grupo de “Los 13”.
 

Cuando “Don Jaime” (alias de Barriga en la DINA) llegó el 16 de enero de 2005 al santuario de Sor Teresa de los Andes para confesarse, nunca se sabrá si de verdad contó todos sus crímenes antes de suicidarse, al día siguiente, lanzándose desde un edificio del barrio de Las Condes en Santiago. Lo que sí se conoce hoy, con las nuevas revelaciones surgidas en el proceso Conferencia, es que Barriga fue todavía más brutal de lo que se suponía, y dirigió la matanza comunista desde el cuartel de Simón Bolívar al mando del Grupo Delfín. Todo pasó por sus manos, en comunicación directa con su jefe operativo en la DINA, Manuel Contreras. Torturó y mató de propia mano, según los últimos relatos de quienes fueron sus subordinados. “Don Jaime” nunca lo admitió ante juez alguno. Todo lo contrario, siempre quiso pasar como un inofensivo agente dedicado a cuestiones de análisis e inteligencia.
 

Aquella mañana en que Cristián Álvarez estranguló a Marta Ugarte, en los terrenos del Ejército en Peldehue, previamente los prisioneros fueron inyectados para morir, o sólo para adormecerlos en el viaje final hacia alta mar. Hasta ahora continúan existiendo contradicciones en ese sentido. Dentro del cuartel de Simón Bolívar la norma fue inyectar cianuro para acelerar o asegurar la muerte, a cargo de la “enfermera” teniente de Ejército Gladys Calderón Carreño. Sin embargo, no hay explicación por qué la dirigenta comunista todavía estaba viva dentro del saco.
Cuando el 12 de septiembre de 1976 su cuerpo varó en la playa La Ballena, entre Los Molles y Los Vilos, en la costa de la V Región, en su cuello tenía todavía el alambre con que el agente la estranguló. Prensa de la época que adhería a la dictadura creó la versión de un crimen pasional.
 

El 18 de noviembre de 1976, Manuel Contreras respondía al juez Rafael Mera que Marta Ugarte “nunca ha sido detenida por personal DINA”. Por otra parte, el ministro de Interior, general César Benavides, había afirmado lo mismo quince días antes al magistrado. Salvo que éste fue más tajante, y le recordó al juez las instrucciones expresas que existían “para que los tribunales se abstengan, por razones de seguridad nacional, de requerir informes a la DINA sobre la situación de personas arrestadas o desaparecidas”.


Odontologia.uchile.cl

Martes 5 de octubre de 2010

Dr. Luis Ciocca rememora Caso Clínico de Sra. Marta Ugarte Román: Odontólogo aporta en reconocimiento de desaparecida en 1976

Ad portas de la Presentación del libro "Odontología Médico-Legal", su autor, el Dr. Luis Ciocca Gómez, académico del Departamento de Patología de la Facultad de Odontología y Director del Departamento de Medicina Legal de la Facultad de Medicina, ambas de la Universidad de Chile, recuerda cómo su participación en la identificación de la Sra. Marta Ugarte Román, le abrió las puertas de su actual desempeño como odontólogo forense.

Conmovido, el Dr. Ciocca se traslada a la época en que ejercía su primera especialidad, la Ortodoncia, atendiendo a numerosos pacientes, entre ellos la familia Ugarte Román, "a los padres y a Doña Berta, Doña Eliana y Doña Marta", especificó. Al poco tiempo, continuó, "Marta Ugarte llegó a trabajar al Ministerio de Economía, en un cargo que fue colocada por el Presidente Salvador Allende".

Luego del Golpe de Estado, recordó el académico, "seguí atendiendo a las hermanas Ugarte, pero en algún momento, Marta me pidió que fuera muy cuidadoso con su ficha porque estaba viviendo una situación muy particular, ya que mantenía un trabajo político como miembro del Comité Central del Partido Comunista". El Dr. Ciocca le aseguró a su paciente la discreción no sólo como su dentista, sino también por tratarse de un asunto ético.

Un llamado telefónico de las hermanas Ugarte, un día viernes, preguntando por el paradero de Marta alertó al cirujano dentista; acto seguido, le solicitaron dirigirse al Instituto Médico Legal (IML), con el fin de identificar al único cuerpo femenino que, aunque no había sido posible reconocer, sí se le observaba tratamientos dentales más o menos recientes. El Dr. Ciocca accedió a la solicitud de las hermanas Ugarte y se dirigió, el día lunes al IML con la ficha, radiografías y modelos realizados a Marta, "y después de examinar los restos del cadáver entero, ver las condiciones en que se encontraba, con muchas lesiones, fracturas, incluso mandibulares, presumiblemente, por golpes, resultó que era ella", confirmó el Dr. Ciocca indiscutiblemente.

-Su paciente, ¿era inconfundible?

"Era inconfundible. Si bien, nunca me había interesado en la Odontología Legal y no había visto un cadáver desde los tiempos de Anatomía en la Universidad, me hice un esquema y traté de ser lo más directo y breve posible al ver los restos; primero, busqué la corona que le había hecho en la pieza 11 y una extracción de la pieza 4, aparte de otras obturaciones, pero con los dos primeros detalles, estaba seguro que era ella. El propio Director del Instituto Médico Legal me pidió que le diera la noticia a la familia y fui muy cuidadoso para informarles que, desgraciadamente, era mi paciente. A partir de entonces, comenzó el proceso de investigación judicial".

El Caso fue titular de los medios de prensa de la época, sin embargo, cuando se conocieron antecedentes que identificaban a Marta Ugarte como la primera detenida política que apareció, "y dadas las circunstancias en que lo hizo, en la Playa de la Ballena, causó gran revuelo", sobre todo en organismos internacionales, como la Asamblea General de las Naciones Unidas. "Me fui enterando de todos estos detalles, a lo largo del tiempo, porque la gente que venía de afuera, amigos que habían sido exiliados o pacientes que escuchaban radios extranjeras me los contaban", reveló el docente, por lo que, dada su connotación política, el Caso fue acallado rápidamente.

Desde el punto de vista odontológico, el Dr. Ciocca pensó describir su trabajo de identificación en un artículo corto, en formato de Caso Clínico, "pero, a poco andar, me di cuenta que todo esto era Odontología Legal y que se refería a todo lo que podía hacer un dentista en este ámbito". Durante su peritaje al cuerpo de la Sra. Marta Ugarte, constató la ausencia de Protocolos Clínicos para Identificación, además, que las lesiones máxilo faciales eran evaluadas por médicos y no por dentistas, por lo que ante sus ojos se desplegaba un fértil terreno científico que explorar.

Entonces, cambió de dirección y escribió un primer libro denominado "Elementos de Odontología Legal", cuyas 280 páginas han contribuido a formar cirujanos dentistas en el área de Odontología Legal, durante más de 30 años.

En 1977, el Dr. Ciocca se acercó al IML para ponerse a disposición del Dr. Alfredo Vargas Baeza, más tarde trabajó con el Dr. Roberto von Benewitz. En 1981, se reunió con el ex Decano de la Facultad de Odontología, Dr. Jaime Mery, en el Departamento de Medicina Legal, en Medicina; mientras que, en 1992, comenzó a dictarse la asignatura de Odontología Legal en la Escuela de Pregrado de nuestra Facultad.

La Medicina Legal, sostuvo el Dr. Ciocca "es muy apasionante, pero por otra parte, no tiene mucho atractivo económico. La disciplina es interesante, necesaria y contiene elementos de misterio, pues se busca resolver un enigma". Reconociendo su pasión por la docencia, el académico distinguió un área "donde había mucho que hacer", por lo que pronto "fueron apareciendo otros alumnos y discípulos míos, y fuimos haciendo más cosas".

Desde 1979, el Dr. Luis Ciocca coordinó los cursos que el Departamento de Medicina Legal le ha impartido a la Policía de Investigaciones y a Carabineros de Chile. En 1983, se ejecutó el 1º Curso de Odontología Legal, donde se recibió a 20 alumnos.

Cuando apareció el ADN, señaló el docente, "mucha gente pensó que todos los otros métodos ya no iban a servir para identificar, pero son metodologías distintas y complementarias; nuestra disciplina se basa en el reconocimiento y en la seguridad que dan las piezas dentarias y los materiales que utilizamos, los que resisten muchas formas de agresión, incluso altas temperaturas, además, con un buen respaldo reflejado en fichas y radiografías, yo identificaría a un paciente mío, aunque un examen de ADN no coincidiera. Tendría que tratarse de un error instrumental o de laboratorio". El académico agregó que "desde el punto de vista odontológico, contamos también con otras señales que nos diferencian a unos de otros, como las huellas de los labios, las huellas palatinas, las cavidades paranasales, e incluso los alveolos vacíos, que nos entregan información del paciente", puntualizó.

La historia: Caso Marta Ugarte Román

Marta Lidia Ugarte Román nació en Santiago el 29 de julio de 1934. Fue profesora, modista, miembro del Comité Central del Partido Comunista de Chile, secretaria de la diputada Mireya Baltra, Encargada Nacional de Educación del PC, jefa provincial en Santiago de la Junta de Abastecimientos y Precios (JAP) de DIRINCO, durante el Gobierno de Salvador Allende.

El 9 de agosto de 1976 fue detenida por agentes de la DINA y, según testigos, permaneció recluida en el sector denominado La Torre, de Villa Grimaldi. El 16 de agosto, se interpuso recurso de amparo en su favor y se iniciaron numerosas gestiones destinadas a lograr el reconocimiento de su detención y lugar de reclusión.

La Cruz Roja Internacional pidió a la Secretaría Nacional de Detenidos, SENDET, información por la detención; en la ocasión, el Presidente de la Corte Suprema sostuvo que el Servicio de Inteligencia no tenía ninguna persona detenida con ese nombre.

El 12 de septiembre de 1976, apareció en las páginas de la ‘crónica roja' de la prensa de Santiago, la noticia sobre el descubrimiento del cadáver de una mujer desconocida, que había sido encontrado por un pescador en la playa de La Ballena, en Los Molles. Según la información, la mujer habría sido asesinada por varios delincuentes como también, se hablaba de un crimen pasional. Presumiblemente, habría muerto días antes de ser encontrada.

En la tarde del 23 de septiembre, las hermanas Ugarte fueron al Instituto Médico Legal a solicitar que se les mostrara el cadáver que habían traído desde La Ligua. Ésta fue una corazonada, ya que sólo el color de su pelo coincidía con las fotografías que habían publicadas.

A comienzos de marzo de 1991, la publicación del Informe de la Comisión de Verdad y Reconciliación, o Informe Rettig, se refirió al caso de Marta Ugarte, señalando que su cadáver "fue arrojado por sus captores al mar, pero no obstante las precauciones que éstos tomaron para evitarlo, fue encontrado semidesnudo dentro de un saco amarrado a su cuello con un alambre, el 9 de septiembre de ese mismo año en la plaza La Ballena, ubicada en Los Molles. Según el informe de la autopsia, la afectada sufrió en vida una luxo fractura de columna, traumatismo toraco abdominal con fracturas costales múltiples, ruptura y estallido del hígado y del bazo, luxación de ambos hombros y cadera, y una fractura doble en el antebrazo derecho, habiendo fallecido el 9 de septiembre de 1976.

La Comisión llegó a la convicción de que Marta Ugarte fue detenida y hecha desaparecer forzosamente por agentes del Estado, quienes violaron así sus derechos humanos, lo que se confirma por el hecho de que fortuitamente haya aparecido su cadáver que sus captores intentaron ocultar arrojándolo al mar".


El Mostrador

23 de Diciembre 2011

Ministro Zepeda dicta acusación en causa por muerte de Marta Ugarte

El ministro en visita de la Corte de Apelaciones de Santiago, Jorge Zepeda Arancibia, dictó acusación en la investigación por el secuestro y homicidio calificado de Marta Ugarte Román, cuyo cuerpo fue encontrado en septiembre de 1976, en la playa La Ballena, en las cercanías del balneario Los Molles, Región de Coquimbo.

El magistrado formuló cargo en contra de los ex agentes de la Dirección de Inteligencia nacional (DINA): general (r) Manuel Contreras Sepúlveda y el mayor (r) Carlos López Tapia, como responsables de los delitos.

De acuerdo a la acusación, los agentes de la DINA, bajo el mando directo de ambos acusados, dieron muerte a Marta Ugarte Román, tras detenerla y torturarla en recintos del organismo represor; su cuerpo fue arrojado desde un helicóptero al mar, que fue encontrado el 12 de septiembre de 1976, en la playa La Ballena, en las proximidades del balneario Los Molles, en la IV Región.

De la acusación, se otorgó trasladó a los querellantes, a la Oficina de Derechos Humanos del Ministerio del Interior y al Consejo de Defensa del Estado, que son parte de la causa.


Boletinrojo

13 de Julio 2013

Una Heroina llamada Marta Ugarte

Desde la fecha misma del golpe fascista del 11 de septiembre de 1973 fue buscada por agentes de la dictadura. Marta Ugarte, como muchas heroicas compañeras y compañeros pasaron a la clandestinidad para luchar por reconquistar la democracia para Chile. Para eludir la persecución de los esbirros de la tiranía, dejó su domicilio y se fue a vivir en Villa Catamarca calle Nº 42195-D, en compañía de una anciana quien la quería mucho. Una de las compañeras con quien trabajó en esos difíciles momentos fue Sola Sierra.
El 9 de agosto de 1976, llamó a una hermana, comunicándole que iba al médico, que saldría de la casa alrededor de las 14,30 horas y que después la llamaría para contarle como le había ido. Fue ésta una medida de seguridad.

EN MANOS DE LOS VERDUGOS
No hubo tal llamado. Al día siguiente la hermana se dirigió a donde vivía Marta. Viajaba en un vehículo de la locomoción colectiva, cuando cerca de la casa, divisó a Marta que iba dentro de un auto de Investigaciones, en el asiento trasero entre dos hombres de civil. Llevaba lentes oscuros. La hermana supuso que debajo de los lentes llevaba los ojos tapados, pues a corta distancia no la reconoció y parecía no ver nada.
La hermana esperó que se alejara el auto y conversó con la dueña de casa, quien le informó que después de salir el día 9 no había regresado. Hizo muchas diligencias en compañía de otra hermana.

LA “JUSTICIA” CÓMPLICE DE LA DICTADURA
Con fecha 16 de agosto de 1976 se interpuso un recurso de amparo a favor de Marta Lidia Ugarte Román, con el rol 761-76, que no fue acogido ni por la Corte de Apelaciones ni la Corte Suprema. Los antecedentes fueron remitidos al Juzgado del Crimen de San Miguel, donde los familiares presentaron otro escrito por presunto secuestro, reiterando que la desaparecida había sido buscada por agentes de civil Se llevaron a cabo un sinfín de gestiones destinadas a lograr de parte de las autoridades el reconocimiento de la detención y el lugar de su reclusión.
No se obtuvo ningún dato. La dictadura jamás reconoció su detención.
El Presidente de la Corte Suprema se negó a recibir en audiencias a las hermanas de Marta, aduciendo que el Servicio de Inteligencia había comunicado que no existía ninguna persona detenida con el nombre de Marta Ugarte.

EN LA PLAYA LA BALLENA
El 12 de septiembre de 1976, apareció en las páginas de la ‘crónica roja’ de la prensa de Santiago, especialmente en “La Tercera”, la noticia sobre el descubrimiento del cadáver de una mujer desconocida, que había sido encontrado por un pescador en la playa de La Ballena, en Los Molles. Según la información, la mujer habría sido asesinada por varios delincuentes. Presumiblemente muerta días antes de ser encontrada. Su cuerpo estaba quemado, los brazos y cuello amarrados con alambres; un brazo quebrado y todas las vértebras rotas, dando la impresión que su cuerpo había sido lanzado desde una altura considerable.
Las noticias continuaron apareciendo en los días siguientes. Se afirmaba que la identidad de la víctima ya era conocida, que se mantenía en reserva ‘para no entorpecer el desarrollo de la investigación’. Se adelantaba que seguramente se trataba de un crimen pasional y el asesino sería, presumiblemente el marido o el amante.

UNA CORAZONADA DE LAS HERMANAS
En la mañana del 23 de septiembre, las hermanas fueron informadas en la Vicaría de la Solidaridad que la denuncia por secuestro en el caso de Marta Ugarte, presentada en el Juzgado de San Miguel había sido rechazada, declarándose el juez ‘incompetente’
Ese mismo día, en la tarde, las hermanas fueron al Instituto Médico Legal a solicitar que se les mostrara el cadáver que habían traído desde La Ligua. Ésta fue una corazonada, ya que sólo el color de su pelo coincidía con las fotografías que habían publicadas.
Fueron recibidas por el asesor jurídico a quien le explicaron la razón de su ida. Él les pidió una foto de su hermana y después de una larga conversación con el Director del Instituto, fueron recibidas por éste. El Director les preguntó que eran ellas de la mujer de la fotografía.

VIERON SU CUERPO MARTIRIZADO
Luego las interrogó sobre detalles relacionados con Marta. Finalmente les afirmó que el cuerpo que tenían correspondía a la foto. Les dijo que debían tener valor para pasar a ver el cuerpo, que estaba en muy malas condiciones debido al tiempo transcurrido.
Las hermanas contemplaron el cuerpo martirizado de Marta Ugarte. Sus manos, pequeñas en vida, estaban muy largas y sin uñas, lo mismo ocurría con sus pies. Las piernas estaban casi desprendidas a la altura de la ingle; la piel, en muchas partes presentaba huellas de quemaduras recientes y heridas punzantes. Les permitieron ver sólo el lado izquierdo. Observaron que le falta una parte de la lengua.

UN VALIOSO TESTIMONIO
La dictadura seguía negando haber detenido a Marta Ugarte. El 24 de agosto de 1976, el dirigente sindical Pedro Jara Alegría entregó el siguiente valiente testimonio:
“Que la Junta Militar diga que nunca ha tenido detenida a la compañera Marta Ugarte es una vulgar mentira, como todas las que acostumbra a decir la Junta. El que habla puede decir esto con todo conocimiento de causa, porque yo estuve al lado de la compañera Marta Ugarte.
“Y voy a relatar mi caso para que vean que no estoy mintiendo, porque hay documentos que certifican que lo que voy a decir es verdad. Yo fui detenido el 18 de agosto de 1976. Me llevaron con tela adhesiva en los ojos, como acostumbra esta gente.
Allí, en Villa Grimaldi, me cambiaron la tela por una venda, porque allí todo el mundo andaba vendado y me metieron en una cajoneta...
“Voy a relatar la forma como me encontré con Marta Ugarte. Un día antes de salir de allí, de Villa Grimaldi, fui trasladado a una celda más cómoda, pues la que teníamos era una especie de cajoneta de un metro y medio cuadrado, donde uno duerme así encogido. Un día antes de salir fui trasladado a una celda más grande, junto con dos compañeros más. Cuando me trasladaron a esa celda me encontré con la novedad que quien tenía a mi lado era la compañera Marta Ugarte, que la conocía durante muchos años y que también la conocía en los actos que hacíamos en el Partido...
“Ahí estuvimos charlando. Me contó que la colgaban por horas, casi día por medio, cuando la sometían a interrogatorio. También me contó que el compañero Víctor Díaz estaba en otra celda. Había sido sometida ella a un careo con Víctor Díaz. Eso fue en Villa Grimaldi.”

EL CORONEL ORDENA
De Villa Grimaldi, Marta Ugarte fue trasladada al sector de Peldehue, en terrenos del Ejército, donde –por órdenes del oficial de la DINA, coronel de Carabineros Germán Barriga Muñoz- debía ser asesinada por medio de una inyección que el ‘doctor’ Osvaldo Pincetti, conocido como ‘el brujo’ en la DINA, debía colocarle.
Un ex agente, de iniciales E.V.T., que perteneció a la Brigada Tucán mandada por el coronel Barriga, relató ante un tribunal de justicia: “La inyección que el doctor Pincetti le puso a Marta Ugarte parece que no la dejó totalmente muerta o adormecida. Nos percatamos que, al momento de ensacarla, todavía se seguía moviendo.”
La orden que dio el coronel Barriga fue terrible: “Todos estábamos ahora apurados porque el helicóptero venía. Entonces abrimos el saco, cortamos uno de los alambres que ataban el trozo de riel al cuerpo de la dirigente comunista y la ahorcamos con él. No se movió más. Después amarramos nuevamente el saco con el mismo alambre. Llegó el helicóptero Puma del Ejército. Y Barriga ordenó subir los cuerpos a bordo”.

FONDEADOS DESDE UN HELICÓPTERO
E,V.T., el cabo Leyton y otro par de agentes ayudaron a cargar los cuerpos.
El Puma se dirigió a alta mar, llevando al piloto, un copiloto y un agente Luego de percatarse que no había testigos, lanzaron los bultos al mar. Cayeron al fondo del mar. Pero uno de ellos, el de Marta Ugarte, al que faltaba una de las amarras del riel de tren, permitió que éste se desprendiera, liberando el cadáver de la dirigente comunista hacia la superficie. El agua lo llevó hacia la costa, depositándolo en la playa La Ballena.
La campaña publicitaria de la prensa pro dictadura culminó y cesó el 27 de septiembre con la aparición de una clara fotografía que permitía fácilmente identificar a la víctima.
Demoraron en entregar el cadáver. Sólo el 8 de octubre de 1976 fue sepultada en el Cementerio General Marta Lidia Ugarte Román.

INFORME RETTIG CONFIRMA EL CRIMEN
A comienzos de marzo de 1991 la publicación del Informe de la Comisión de Verdad y Reconciliación, o Informe Rettig, permitió la comprobación parte de la verdad de los crímenes cometidos por la dictadura de Pinochet.
Refiriéndose al caso de Marta Ugarte, señaló:
“El 9 de agosto de 1976 fue detenida por agentes de la DINA la militante del Partido Comunista y miembro de su Comité Central, Marta Lidia Ugarte Román. Según testigos, la afectada permaneció recluida en el sector denominado ‘La Torre’ de Villa Grimaldi, muriendo posteriormente a consecuencia de las torturas de que fue objeto. Su cadáver fue arrojado por sus captores al mar, pero no obstante las precauciones que éstos tomaron para evitarlo, fue encontrado semidesnudo dentro de un saco amarrado a su cuello con un alambre, el 9 de septiembre de ese mismo año en la plaza La Ballena, ubicada en Los Molles. Según el informe de la autopsia, la afectada sufrió en vida una luxo fractura de columna, traumatismo toraco abdominal con fracturas costales múltiples, ruptura y estallido del hígado y del bazo, luxación de ambos hombros y cadera, y una fractura doble en el antebrazo derecho, habiendo fallecido el 9 de septiembre de 1976.
La Comisión llegó a la convicción de que Marta Ugarte fue detenida y hecha desaparecer forzosamente por agentes del Estado, quienes violaron así sus derechos humanos, lo que se confirma por el hecho de que fortuitamente haya aparecido su cadáver que sus captores intentaron ocultar arrojándolo al mar”.


El Clarin

13 Septiembre 2012

“Te recuerdo Marta”: En memoria de Marta Lidia Ugarte Román

El próximo año se cumplirán cuatro décadas desde el fatídico golpe militar que tiñó de sangre nuestra historia, y aquí estamos los que no olvidamos. Provistos de claveles, venimos a rendir homenaje a las compañeras y compañeros caídos, precisamente en esta costa donde emergió la Verdad y desde donde quiero invitarlos a un viaje a la Memoria.

El cuerpo de Marta Lidia Ugarte Román no fue encontrado en esta bahía, pero si los rieles que al igual que ella, surgieron desde las profundidades del mar para convertirse en testimonio de los crímenes que sus perpetradores creyeron ocultar en sus aguas.

Marta era miembro del Comité Central del Partido Comunista y fue detenida por agentes de la DINA el 9 de septiembre de 1976. Sus aprehensores la condujeron a lo que se denominaba “La Torre” en el centro de prisioneros Villa Grimaldi, el principal cuartel operativo de la DINA, y más tarde sabríamos también de su paso por el clandestino cuartel Simón Bolívar, siendo en ambos lugares brutalmente torturada.

Sólo un mes más tarde, el 12 de septiembre de ese mismo año, su cuerpo apareció en Playa La Ballena, entre las localidades costeras de Los Vilos y Los Molles. Su columna se encontraba fracturada, presentaba traumatismos abdominales varios, ruptura y estallido de hígado y bazo, luxación de hombros y caderas, además de una fractura en su antebrazo derecho. Lo que habla de la brutalidad con la que actuaron sus captores.

El autor material de su muerte, fue el agente de la DINA Cristián Álvarez Morales, quien en terrenos del ejército en Peldehue participaba de uno de los tantos operativos con los que, mediante sobrevuelos de helicópteros Puma, se arrojaron los cuerpos de nuestros compañeros al mar. Todo transcurría en forma “rutinaria”, cuando Álvarez se percató que uno de los sacos se movía, pese a la inyección letal administrada por la enfermera militar Gladys Calderón. Abrió entonces el costal, cortó parte de los alambres con los que Marta iba atada y con total sangre fría, la estranguló.

Las órdenes en este operativo fueron entregadas por el capitán de Ejército Germán Barriga Muñoz, jefe de la Brigada Lautaro en el cuartel Simón Bolívar. Conocido como “Don Jaime”, tras una acción de la Comisión FUNA para evidenciar los múltiples crímenes en los que participó, se suicida el 16 de enero de 2005 arrojándose desde un edificio en Providencia.

La aparición del cuerpo de Marta fue presentada como un crimen pasional, con la ayuda cómplice de los periodistas Pablo Honorato (en ese entonces en LUN) y Beatriz Undurraga, esta última también funada en dependencias del diario EL Mercurio, tras comprobarse que había girado boletas de honorarios a empresas que luego, en procesos judiciales seguidos por crímenes de la dictadura, se supo eran utilizadas para las operaciones de la DINA. Bajo el titular “Asesinada hermosa joven”, la nota hablaba de una mujer de 23 años (Marta tenía 42) supuestamente muerta por razones amorosas, pese a que Undurraga estuvo en presencia del cuerpo, y que éste aún conservaba el alambre alrededor de su cuello. Pero como no hay Verdad que pueda ser ocultada por siempre, ni responsabilidades que no sean perseguidas, años más tarde el Tribunal de Ética del Colegio de Periodistas siguió la condenó por estos hechos, así como por su participación en el encubrimiento de la Operación Colombo, junto a varios otros periodistas que sirvieron al régimen militar.

Años más tarde, el 20 de julio de 2004, el entonces juez Juan Guzmán proceso por “obstrucción a la justicia” a cinco miembros del Comando de Aviación del Ejército (los suboficiales Juan de Dios González Dubó, René Meier Chávez, Sergio Castro Cano, Marco Cáceres Rivera y Rigoberto Saavedra Navarro) precisamente en la causa por el homicidio de Marta Ugarte, dado el conocimiento que tenían de estos hechos y de la práctica de desaparición en el mar aplicada por la dictadura.

Fue en tiempos de la misma investigación, que pescadores de esta hermosa bahía encontraron los rieles de ferrocarril a los que eran amarrados los sacos, para que éstos actuaran como anclas y llevaran los cuerpos al fondo del mar. Los mismos que una vez cerrada la causa, fueron entregados al ahora Sitio de Memoria Villa Grimaldi, donde están expuestos. El mismo lugar donde Marta estuvo prisionera.

No puedo dejar de mencionar, al concluir este relato, una información de la que tomé conocimiento hace muy poco tiempo, cuando asistí al lanzamiento en el Puerto de San Antonio del libro “La Danza de los Cuervos”, del periodista especializado en temas de Derechos Humanos, Javier Rebolledo. Donde uno de los asistentes dio cuenta de lo comentado por un guardia de seguridad que era conscripto en tiempos del golpe, que aseguró que todos los años se organiza una reunión a la que son invitados con gastos pagados, siempre en distintos puntos del país, para “fortalecer las confianzas”. O dicho con todas sus letras, para evitar que delaten a los autores materiales de los crímenes de la dictadura y se haga Justicia.

Porque, ¿qué es la Verdad, sin la Justicia? ¿Pero de qué nos sirve la Verdad, incluso la Justicia, sin la Memoria?

Agradezco la invitación al Colectivo de Familiares y Compañeros de los 119 y la oportunidad de entregar este relato, pero en especial agradezco la Memoria que en ellos no claudica.

Hoy soy en Marta Ugarte. Hoy somos en los 119. Hoy somos todos los compañeros y compañeras que encontraron en el mar, el inicio de una existencia que no perece.

NI PERDÓN, PERO SOBRE TODO, SIN OLVIDO

Texto reseñado en el Homenaje “Un Clavel” a los detenidos desaparecidos arrojados al mar Memorial Bahía de Quinteros, 01 de septiembre de 2012



Vino del Mar
Vino del mar
envuelta en agua azul,
la trajo el viento del más allá,
dormida en las
olas de espuma y sal
sobre su propia herida mortal
.
Patricio Manns

(12 de septiembre de 1976, Playa La Ballena)


Esta pagina fue modificada el 18/01/2014

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