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Wagner Eric  SALINAS MUÑOZ



 

Antes de la muerte del Presidente Allende y previo a que salieran del Palacio de la Moneda el ministro Flores y sus dos acompañantes, se produjo el suicidio de Augusto OLIVARES BECERRA, periodista, militante del Partido Socialista, Director de Prensa del canal Nacional de Televisión y asesor del Presidente Allende. Se encontraba en el primer piso del edificio, junto a algunos civiles. De acuerdo a los antecedentes reunidos por la Comisión, es posible establecer que se retiró a un cuarto de baño ubicado bajo una escalera, pudiendo escucharse el disparo. La bala penetró por la sien, quedando en estado agónico. Uno de los doctores que se encontraban al interior del Palacio, relató a esta Comisión el momento en que puso la cabeza sobre sus piernas, constatando momentos después su fallecimiento.
La situación de acoso a La Moneda en que Augusto Olivares se quita la vida llevan a la Comisión a considerarlo una víctima de la situación de violencia política.

El grupo que abandonaba el Palacio por calle Morandé fue detenido por las fuerzas militares, obligándoseles a tenderse boca abajo en el suelo. Este grupo estaba conformado por asesores del Presidente, miembros del GAP, médicos que prestaban servicios en La Moneda y funcionarios del Servicio de Investigaciones. La mayoría de los médicos que se encontraban presentes (con excepción de algunos que se desempeñaban como asesores del Presidente y que serán mencionados más adelante), fueron liberados en esos momentos. El resto de los detenidos fueron luego trasladados a la vereda, permaneciendo tendidos.

A las 18:00 horas, este grupo fue conducido al Regimiento Tacna, en dos vehículos militares. En ese Recinto permanecieron tendidos en el suelo, boca abajo, con las manos detrás de la nuca, desde el día 11 de septiembre, en la tarde, hasta el 13 de septiembre a mediodía. El 12 de septiembre son liberados los miembros del Servicio de Investigaciones, excepto uno que también permaneció en este Recinto hasta el mediodía del día 13, momento en que fue liberado.

De acuerdo a los antecedentes reunidos, la Comisión puede afirmar que el grupo que permaneció hasta el día 13, a mediodía, en el Regimiento Tacna estaba compuesto, por una parte, por nueve asesores y miembros de la Presidencia de la República y por otra, por quince miembros del GAP. Como ya se indicó más arriba, los antecedentes reunidos permiten afirmar que el ex Director de Investigaciones Eduardo Paredes, también estuvo detenido en el regimiento Tacna, hasta el 13 de septiembre. Para esta Comisión es inverosímil, la versión publicada en la prensa de esa época, que sostenía que Paredes había muerto en un enfrentamiento.

De este grupo eran asesores y miembros de la Presidencia de la República:
Jaime BARRIOS MEZA
Daniel ESCOBAR CRUZ
Egidio Enrique HUERTA CORVALAN
Claudio JIMENO GRENDI
Georges KLEIN PIPPER
Eduardo PAREDES BARRIENTOS
Egidio Enrique PARIS ROA
Héctor PINCHEIRA NUÑEZ
Arsenio POUPIN OSSIEL

En el mismo grupo se encontraban los siguientes miembros del Dispositivo de Seguridad del Presidente (GAP):
Manuel CASTRO ZAMORANO
Sergio CONTRERAS
José FREIRE MEDINA
Daniel GUTIERREZ AYALA
Oscar LAGOS RIOS
Oscar MARAMBIO ARAYA
Juan MONTIGLIO MURUA
Julio MORENO PULGAR
Jorge ORREGO GONZALEZ
Oscar RAMIREZ BARRIA
Luis RODRIGUEZ RIQUELME
Jaime SOTELO OJEDA
Julio TAPIA MARTINEZ
Oscar VALLADARES CAROCA
Juan VARGAS CONTRERAS

Todos ellos eran, además, militantes del Partido socialista.

Los miembros del grupo compuesto por los asesores del Presidente e integrantes del GAP, amarrados de pies y manos, son subidos a camiones militares y sacados del Regimiento con destino desconocido. Testimonios coincidentes señalan que el vehículo militar se dirigió a Peldehue, al predio destinado al Regimiento Tacna, donde habrían sido ejecutados y sepultados. Desde esa fecha permanecen todos ellos en calidad de detenidos desaparecidos. La Comisión tomó conocimiento que uno de los miembros del GAP logró burlar a sus captores, cambiándose del grupo de sus compañeros a otro y siendo luego liberado. Es altamente improbable, que sea uno de los recién mencionados.
Considerando que este grupo de colaboradores del Presidente abandonó el Palacio de La Moneda por calle Morandé, aproximadamente a las 14:00 horas, donde fueron detenidos por agentes del Estado, recluidos en un Recinto Militar y desde allí llevados por estos con destino incierto, esta Comisión tiene convicción sobre la calidad de víctimas de todos ellos, pues su desaparición es responsabilidad de los agentes del Estado que los mantenían detenidos.
 

Otra situación, ligada a la anterior, es la de un grupo de personas que fueron detenidas fuera del Palacio de La Moneda alrededor de las 08:45 de la mañana. Todos ellos eran integrantes del GAP y llegaron a esa hora en una camioneta, siendo detenidos por efectivos de carabineros.

Los antecedentes reunidos permiten afirmar que fueron detenidas en esas circunstancias, al menos, las siguientes personas:
Domingo BLANCO TARRES
Carlos Alfonso CRUZ ZAVALLA
Gonzalo JORQUERA LEYTON
; todos ellos militantes del Partido Socialista.
 

Igual situación ocurre con Enrique ROPERT CONTRERAS
Todos estos detenidos fueron conducidos a la Intendencia de Santiago y de allí sacados, aproximadamente a las 11:00 horas de ese mismo día, para ser conducidos a la Sexta Comisaría de Carabineros.
Sus cuerpos sin vida fueron encontrados en las riberas del Mapocho, bajo el Puente Bulnes, a fines de septiembre de 1973, con la excepción de Domingo Blanco Tarrés. Este último, fue conducido por personal de Investigaciones al Centro de Detención Preventiva de Santiago, de donde egresó el 19 de septiembre de 1973, por orden de la Segunda Fiscalía Militar de Santiago. Desde entonces se encuentra en calidad de desaparecido.
Considerando que existen antecedentes suficientes para afirmar que todas estas personas fueron detenidas por agentes del Estado y que posteriormente, tres de ellas fueron encontradas muertas por heridas a bala, en el Puente Bulnes del río Mapocho y uno de ellos desaparecido, después de haber sido sacado del Centro de Detención Preventiva de Santiago, también por agentes del Estado, a esta Comisión le asiste convicción sobre su calidad de víctimas de violación a los derechos humanos, atribuible a esos agentes, en las personas de Domingo Blanco Tarrés, Carlos Cruz Zavalla, Gonzalo Jorquera Leyton y Enrique Ropert Contreras.

Por otra parte, el mismo día 11, y cuando pretendían viajar desde Talca a Santiago a integrarse al grupo de Dispositivo de Seguridad del Presidente, en la carretera Panamericana, cerca de Curicó, fueron detenidos por una patrulla militar dos miembros de dicho grupo,
Francisco LARA RUIZ
Wagner Herid SALINAS MUÑOZ
, 30 años, ambos militantes del Partido Socialista.
Ambos se encontraban en Talca y al enterarse de lo sucedido decidieron dirigirse a Santiago. En las afueras de Curicó fueron interceptados por una patrulla militar, quienes al ver documentos que acreditaban su pertenencia al GAP, procedieron a detenerlos y trasladarlos hasta la Cárcel de Curicó. El Servicio de Gendarmería informó que el 30 de septiembre de 1973 se les dejó en libertad desde ese recinto penal, pero que fueron entregados a agentes del Estado “con una grilleta corta y un candado, ambos reos engrillados”. Los restos fueron entregados a los familiares en la Morgue de Santiago, habiéndose certificado la muerte con fecha 5 de octubre de 1973 y señalándose como causa de la misma, heridas a bala.

De acuerdo a estos antecedentes, la Comisión tiene convicción sobre la responsabilidad que le cabe a los agentes del Estado, en la muerte de Francisco Lara Ruiz y Wagner Herid Salinas Muñoz.

Informe Rettig


HispanicLA.com

01 de Enero 2011

Wagner Salinas y Francisco Lara: las sombras armadas del Presidente

-¡Váyanse! –dijo una voz desde las alturas-. Ellos ya no están, se los llevaron a las seis de la mañana.

Sentados sobre la banca de la alameda que les brindaba la panorámica completa del frontis de la Cárcel de Curicó ni Carmen, Arturo ni María pudieron distinguir el rostro del uniformado que les acababa de dirigir la palabra. Tampoco si se trataba de un militar, un policía, un gendarme o un ánima del cementerio colindante, apiadada ante semejante postal de desamparo.

Sentir que la vida de Wagner y Francisco ya no era una certeza, los llenó de escalofrío. Carmen, mujer del primero, optaría por el recuerdo y el compromiso. No podría hacerlo de otra forma, ya que del hijo que crecía dentro suyo se encargaría de mantener viva la historia de ese hombre a quien cariñosamente llamaba Wally, por más doloroso que fuera su epílogo.

María, esposa de Francisco, por el contrario, se dejó llevar por el olvido furioso. La utopía tan ansiada que hablaba del paraíso de los pobres, de la república de los trabajadores, del pueblo unido que jamás sería vencido acabó por arrebatarle a su compañero, al padre de su hijo, dejándole a cambio puro sufrimiento.

Arturo, padre de Francisco, protegió su dolor con un manto de silencio que mantuvo inalterable por largos años.

Ratones en sus agujeros

Wagner Salinas fue cuestionado en numerosas oportunidades por intentar congeniar su militancia en el Partido Socialista y la profesión de la fe Evangélica. “Tú tienes dos dioses –le reprochó un cercano-. Dios Padre y dios Allende”.

Jamás se preocupó de ocultar su cercanía con el “Chicho”. Lamentó en el alma su tercera derrota consecutiva por alcanzar la Presidencia de la República, en 1964, en manos del demócrata cristiano Eduardo Frei Montalva.

Su buena condición física y su metro noventa y dos le permitió coronarse campeón latinoamericano de boxeo. Paralelamente, tras obtener el cartón de técnico agrícola, se desempeñó como sereno de la Corporación del Cobre en el yacimiento de El Teniente, en ese entonces Provincia de Cachapoal. Allí conoció a su novia y después esposa, Carmen Órdenes. Junto a ella regresó a Talca para trabajar en labores agrícolas con su padre, claro que sin dejar de empuñar los guantes, ahora bajo la preparación rigurosa de Lautaro Contreras.

Ante la disyuntiva de aspirar a un título mundial o pasar más tiempo con su familia, optó por esto último. La llegada de dos retoños volvió sus incursiones al cuadrilátero cada vez más esporádicas, lo que no pareció alterar demasiado su espíritu.

Uno de los hechos que marcarían su vida –y también su muerte- sería su rol de líder en la toma de unos terrenos cercanos a la Panamericana Sur, bautizados por los propios pobladores como campamento Pedro Lenin, en homenaje a un joven izquierdista fallecido mientras intentaba ingresar clandestino a Cuba.

Mientras improvisaba un acalorado discurso sobre la tierra polvorienta, Wally pronunció aquella frase que le hizo ganarse para siempre el odio de sus adversarios políticos: “… esos ratones que se esconden en sus agujeros…”. Se trataba de una referencia evidente a un conocido comerciante talquino y militante del opositor Partido Nacional.

Junto a él, un joven alto y de risa fácil, lo vitoreaba y aplaudía a rabiar.

El Presidente o yo

El único medio de subsistencia con que contaba el matrimonio Salinas consistía en un quiosco de intercambio de revistas en la población Manso de Velasco. Con la llegada de Salvador Allende a la Presidencia de la República, en 1971, su hermano Daniel, diputado socialista, le ofreció a Wally la posibilidad de trabajar para el Gobierno.

Contrario a lo esperado por Carmen, fueron días de sacrificios aún mayores. Además de que la estrecha situación económica no varió ni un ápice, no obstante el nuevo trabajo de Wally “ligado a las altas esferas”, sólo podía compartir con su familia fines de semana y, para colmo de males, cada quince días. A pesar de todo, su esposa lo recuerda siempre feliz, compartiendo el poco tiempo que disponía entre los suyos y con aquellos amigos que se dejaban llevar por el desaliento pequeño burgués.

-Las cosas van a cambiar –repetía-. Para eso estamos trabajando con el compañero Presidente.

A Carmen siempre le llamó la atención el abultado portadocumentos, tipo James Bond, que Wally traía consigo. En cierta ocasión, él extrajo de su interior una infinidad de mapas. Tratando de no parecer indiscreta, ella decidió preguntarle a qué se debía todo ese papeleo.

–Lo que pasa es que yo tengo que saber adónde va el Presidente, revisar ese lugar, en que condiciones está… –le contestó su marido con naturalidad.

Palabras simples para resumir su condición de GAP –Grupo de Amigos Personales, como fue bautizado por la prensa de derecha el polémico dispositivo de seguridad de Salvador Allende– y así justificar sus frecuentes viajes a lugares remotos como Argelia, Cuba y la Unión Soviética.

Cuando su esposa le manifestó preocupación por el riesgo de que estuviera siempre al lado de un personaje que generaba amor y odiosidad en igual medida, Wally fue claro: “Mira, yo quiero que te grabes una cosa: si viene una bala, si no soy yo, es el Presidente”, en alusión a los posibles atentados de los cuales Allende podría ser víctima por parte de comandos antimarxistas, especialmente de Patria y Libertad.

La noticia de un nuevo embarazo de Carmen fue tomada como una bendición. Sin embargo, cuando ella se disponía a cumplir cuatro meses de gestación, Wally realizó el último viaje del cual ni él ni Allende regresarían. Su único consuelo fue una carta de despedida escrita sobre una servilleta con manchas de café en un campo de concentración.

Pionero

El quinto de once hermanos, Francisco Lara -Pancho para sus cercanos- aprendió a leer antes que abrocharse los zapatos. En vez de perder el tiempo en clases, prefería sentarse bajo una parra del patio de su casa a devorar literatura, sobre todo aquella que le inflamaba el pecho de compromiso social. Bienvenidos los textos de un Marx, Gramsci, pero también Verne, Salgari y Dickens, Nicomedes Guzmán y Manuel Rojas. Ya los 13 años se integró a los pioneros, querubines que cambiaron las bolitas, los trompos y los volantines para adherir a las filas del Partido Socialista. No conforme con esto, aprovechando su histrionismo y labia envolventes, se dedicó a incubar las ideas revolucionarias en cuanto muchacho tuviera por delante.

Cuando sus padres o hermanos mayores lo reconvenían para que se preocupara más por sus estudios, respondía risueño pero seguro:

-Todo lo que tenía que aprender, ya lo sé y ahora me toca ponerlo en práctica.

Junto con esta inquietud intelectual, comenzó a desarrollar, como por arte de magia, un físico portentoso, a pesar de que jamás había manifestado interés alguno por los deportes ni por nada que lo distrajera de sus intenciones de cambiar el mundo.

Ya veinteañero, con su metro 84 de estatura, ocupó un lugar destacado en la toma del campamento Pedro Lenin, además de vitorear los encendidos discurso en contra de los “ratones que se esconden en sus agujeros” pronunciados por un tal Wagner Salinas.

La admiración recíproca hizo que ambos se volvieran amigos entrañables. Salinas, identificado dentro del GAP como Silvano, no tardó en darse cuenta de que Pancho era el hombre indicado para sumarse al equipo encargado de cuidar las espaldas de Salvador Allende. Sin embargo, dado que la clandestinidad formaba parte del espíritu de la cofradía izquierdista, para su familia no pasó de ser un funcionario más del Servicio Agrícola y Ganadero.

El 11

–Aquí vamos a ir a la pelea –dijo Pancho convencido, mientras palpaba su arma de fuego– Si no, estos huevones nos van a matar.

El día anterior le había prometido a su hermana María regarle un par de aritos con motivo de su santo. Ella jamás los había usado y estaba emocionada. Pero bajo su jovialidad y entusiasmo aparente, Pancho estaba preocupado. Presentía que algo malo estaba por suceder, si es que ya no estaba pasando en ese preciso momento. Había demasiadas amenazas de que las fuerzas golpistas acabarían por derrocar al gobierno de la Unidad Popular. La noche del 10 de septiembre decidió sincerarse con su padre.

-¿Qué me aconseja que haga?

-Lo que su corazón le diga, mijo –le contestó.

–Si tengo que hacerle caso, me voy donde el Presidente, no más –dijo Pancho- Aunque eso significa estar preparado para lo que sea.

Por eso, a las seis de la mañana en punto estaba golpeando la puerta de la casa de Wally para emprender, junto a su socio y amigo, rumbo a la capital. Pero la patrulla de carabineros les cortó el paso y su impulso por batirse a duelo fue detenido por la mesura de Wally.

-¡No! ¡Baja tu arma!

La camioneta roja doble cabina se mantenía estacionada a un costado de la carretera en el cruce Panguilemo, mientras decenas de agentes policiales se acercaban apuntándoles con sus carabinas. Los sacaron a la fuerza del interior y los pusieron con las manos abiertas sobre la carrocería para registrarlos y confiscar las pistolas.

-¡No tienen nada más, mi capitán! –gritó un cabo que revisó el interior del automóvil.

-¿Y que andai buscando, huevón? ¿Acaso querís fruta?

La insolencia de Pancho fue respondida con un culatazo en plena cara. Wally, por primera vez, lo sintió vulnerable. Él, igual que su amigo, también había llegado a Talca alrededor de las seis de la tarde del día anterior. Tomó once con Carmen y la invitó a Maule para visitar a su padre y llevarle de paso unos regalitos, entre ellos, unas frazadas para el frío. Carmen no se sentía bien del todo por el embarazo y prefirió quedarse en la casa. Wally regresó a las 10 de la noche y por primera vez su esposa lo notó nervioso.

-¿Qué te pasa? –le preguntó Carmen.

-No nada… pero en que el cruce Maule estaban quemando unos neumáticos.

-¿Quiénes?

-No sé. Parece que eran milicos. A ellos les gusta hacer esas cosas…

A lo minutos, golpearon la puerta. Era Pancho. Tras discutir unos minutos, acordaron regresar a Santiago a las seis de la mañana del día siguiente. Él lo pasaría a buscar allí mismo. Carmen dejó lista la maleta de Wally para que no perdiera tiempo, la misma maleta que ahora el cabo destruía a puntapiés y culatazos.

Historial

Wagner Salinas y Francisco Lara (29 y 22 años respectivamente) fueron detenidos el 11 de septiembre de 1973 en las cercanías de Curicó. Durante su cautiverio se les sometió a sesiones de tortura que incluyeron la privación de alimentos. Posteriormente, se les derivó al Regimiento Tacna, Región Metropolitana, donde fueron fusilados el 5 de octubre de 1973 por decisión del general Sergio Arellano Stark, quien en ese entonces comandaba el grupo de represión conocido como “Caravana de la Muerte”.

Gracias a la intervención del hermano de Wagner Salinas, integrante de la Brigada de Homicidios de la Policía de Investigaciones, fue posible encontrar sus cadáveres.


Esta pagina fue modificada el 01/01/2014

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