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Julio Carlos Santibañez

Carlos nació  un 16 de febrero; nació en la casa. A mi madre le ayudó la buena señora Rosita, mujer con experiencia en esto de traer niños al mundo. Entonces yo
la conocía, esa señora alta y gordita con una cara mujer buena Sentía por ella una sensación de gratitud y cariño.

Asi entonces ahora éramos cinco en la familia: el abuelo el tío Carlos, mi madre, yo y mi hermanito que se llamaría Julio Carlos. Cuando mamá volvió a trabajar,  a mi hermano y a mi  nos cuidaba una tía. Pronto yo estaría más grande y me encargaría de cuidar a hermano .
Entonces mí madre trabajaba en esa fábrica donde el sueldo siempre nos dejaba con deudas.  Un día mama se empezó a sentir enferma, sus piernas, sus pobres piernas. El médico decía que debía estar en reposo y que necesitaba dejarla inmovilizada. Eso significaba ponerle yeso en toda la pierna. La acompañábamos al hospital, donde debíamos esperar horas y horas hasta que por la tarde llegaba una ambulancia que nos transportaba a la casa.

Allí quedaba mamá acostada primero, después podía estar sólo sentada. Eso significaba que tendríamos menos dinero en estas semanas. Cerca de casa estaba un cine rasca, pero muy conocido en ese tiempo pues como nadie todavía tenía TV. Se nos ocurrió un día la brillante idea de incursionar en los "negocios". Comprábamos maní, dulces. NE madre y yo envasábamos éstos en
pequeñas bolsitas, Carlos y un amigo suyo iban a venderlos a la entrada del cine. Pero si algo les fascinaba y eran su debilidad eran los dulces y sus derivados, entonces todas las bolsitas eran capadas en un dulce o unos maníes o quizás 2 dulces... (bueno, eso lo confesaría él años más tarde).

Después seguimos buscando otros caminos dentro de este comprar y vender, pero todo era un fracaso; no teníamos, como dicen algunos, "dedos pal piano" en esto del comercio.

Ya desde el primer año en la escuela Carlos pasa a destacar, no tan sólo en sus buenas notas, sino como un niño al cual le gustaba hacer chiste, contar chistes,
cantar, animar fiestas en el colegio. Al principio era tímido, se escondía detrás de una puerta y cantaba o imitaba personas y cantantes con la escoba como guitarra.

Su gran interés por participar en diferentes actividades y junto a sus buenas notas en el colegio lo llevó a obtener diversas becas para salir a diferentes campamentos a la costa o fuera de Santiago. Esto era una gran alegría para todos, indudablemente más para él que lo gozaba. Pues podía así tener vacaciones en la playa; para el resto de la familia esto era prohibitivo, pues con el salario de mi
madre, y pese a la ayuda de mi abuelo y el tío Carlos, era imposible salir todos por unos días.

Así pudo conocer diversos balnearios. Lo máximo decía él fue el ir por una semana a la cordillera. Allí pudo esquiar o por lo menos aprender un poco de este deporte
que sólo lo puede practicar una minoría privilegiada por su dinero. Siempre cuando volvía, mi madre y toda la familia escuchábamos todo lo que él nos contaba. Su
alegría se veía en el brillo de sus ojos. Cuán expresivo fue siempre; con sólo mirarlo podía saber siempre si era triste, alegre o intranquilo.

Tenía muchos amigos con los que jugaba alas bolitas, a la pelota, a echar comisiones con los volantines. Pero le tenía especial cariño a un niño con el cual cursaba el mismo curso, se llamaba Guillermo. Muchas veces él estaba en casa a la hora de comer, él comía con muchas ganas. Yo lo observaba cómo él podía comer tan rápido.
Cuando terminaba se ponía hacia atrás en la silla, se cruzaba sus brazos en la nuca y le decía a mi hermano "¿Carlos, vamos a jugar una pichanguita ahora?"

Mi madre rabiaba siempre conmigo por mi desorden; era lo contrario con Carlos, él siempre tan ordenado que yo nunca sabía cómo él podía ser así. Sus calcetines por
la noche los doblaba y los ponía en sus lustrosos zapatos.
Debíamos lustrar todas las noches los zapatos para el colegio, los míos siempre menos relucientes.

Pero si en otras cosas rabiaba mi madre con él, cuando el esperado domingo llegaba y podíamos comer de postre duraznos en conserva, eso nos alegraba mucho.
Pero cuando se abría la tapa: ¡paff! nada de jugo, él, él que no se resistía a los dulces, había hecho un pequeño orificio por donde chupaba todo el rico jugo. Otras veces con el manjar. De repente se acababa. ¿Quién era...?
Por la enfermedad de mi madre, quien debía estar por mucho tiempo con su pierna inmovilizada, Carlos era su gran compañía; a todas partes, él está allí con ella. Ahora nos hemos quedado sin el tío Carlos. Él se ha casado.
Nos cambiamos también pronto de casa. Por primera vez tendremos una nueva casa, que será la casita propia.
En este nuevo barrio también tendremos nuevos amigos. Carlos termina su enseñanza básica más que satisfactoria y así en la segunda etapa de escolaridad comienzan a florecer en él sus dotes para la pedagogía. Estando todavía cursando la secundaria comienza a hacer clases en el Colegio Industrial de Renca, en el departamento de electricidad. Allí despliega sus grandes habilidades para transmitir sus conocimientos a jóvenes como él. Paralelo a esto también empieza su trabajo como dirigente estudiantil; así rápidamente salen a su paso grandes responsabilidades que lo mantienen ocupado y entregando todo su tiempo. A su ingreso a la universidad lleva con él la rica experiencia acumulada como dirigente poblacional y estudiantil. Cuán difícil puede ser estudiar para un joven de una familia pobre. El estudiar con el crédito fiscal no resuelve en su totalidad el problema. A mi madre hipotecar la casa o todas las cosas de algún valor.
Puede ser un sobresalto más a los ya normales de subsistencia.

Tuvo por un tiempo una beca de alimentación que era para un pequeño almuerzo en el casino de la universidad, pero muchas veces o todas ésta fue compartida con otros compañeros que también necesitaban comer algo y no podían comprarlo.

Su gran vitalidad lo llevaba a realizar múltiples actividades, entre las cuales destacaban su pasión por el folklore. Integra el Ballet Folklórico de la UTE (Universidad Técnica), el BAFUTE. El resto de su tiempo lo dedicaba a escribir poemas y pequeños cuentos, además de compartir con la familia entregándoles a sus sobrinos su amor de tío, enseñándoles, jugando con ellos. Así repartía su vida organizadamente.

En el año 80 se realiza la Convención de la UTE, actividad que marca el inicio de innumerables luchas para conseguir lo que es hoy la Federación de Estudiantes de la UTE. Según palabras textuales de sus compañeros, "Julio Santibáñez fue un dirigente muy nombrado y se la jugó en la Convención". Debido a esto fue amonestado por escrito y amenazado de expulsión. Comienza entonces la escalada represiva en masa a los estudiantes, relegando a numerosos dirigentes a lejanos rincones del país.

En el año 82 se logra unir a todas las universidades en un trabajo conjunto de trabajos voluntarios "Cautín 82".
Para esto se hacen mancomunados esfuerzos en todo Santiago para reunir los fondos para esta actividad hacia el pueblo Mapuche. Se participó en innumerables tareas con el fin de obtener recursos incluso en la televisión.
Julio en esta ocasión canta, pero como se trataba de un tema en el cual primero recitaba y después terminaba cantando, lo echaron en la segunda parte del concurso.
(Esta no era su gracia).

"¡SEÑORES PASAJEROS! Somos estudiantes universitarios y estamos en una campaña de recolección de fondos para financiar los trabajos voluntarios de verano.
No contamos con la ayuda de las autoridades y por ello solicitamos vuestro apoyo a pesar de estar conscientes de la difícil situación económica por la que atraviesa nuestro país. Por eso mismo se hace más necesario que lleguemos hasta el sur para entregar nuestro aporte a mineros, campesinos y al pueblo Mapuche."

Esto era repetido en todos los trayectos de micros, incansablemente. Así parten los trabajos voluntarios con todo el empeño, empuje. Sin un peso pero con una gran fuerza.
Ya en el año 84 ocupa grandes responsabilidades dentro  de la Juventud Comunista. Al igual que la gran preocupación por su carrera, en la cual destacaba como uno de sus mejores alumnos, merito que lo llevó ocupar la cátedra de ayudantía en su especialidad, actividad que fue bastante corta. Debido a palabras textuales del vicerrector académico: un alumno con su participación política no puede este ocupando la responsabilidad de hacer clases en este plantel."

Julio ya por esos días contaba con dos detenciones por carabineros en el centro de Santiago y otra al interior de la universidad, dicho sea de paso fichado por Carabineros, Investigaciones y la CNI.

Así transcurre el año 84 en medio de una gran efervescencia estudiantil, y surge de allí el primer gran paro nacional de estudiantes de Chile, con tomas de liceos,
asambleas universitarias, tomas de campus universitarios. Esto trae represión, combate y lucha de parte de los estudiantes.

Julio Carlos al medio del torbellino de actividades que implica vivir en carne propia el acontecer nacional por aquellos días en nuestro país. Finalizado el año 84 quedan como secuela marxista para, el gobierno las grandes batallas ganadas por los estudiantes chilenos, La unidad que se plasma en la acción universitaria trasciende a todos los sectores sociales del país con importantes acciones de masas en las universidades exigiendo  la renuncia de los rectores designados por Pinochet, exigiendo el término de la intervención militar en ellas.   Impactaron a toda la población con la fuerza con que se desarrollaron, también por la unidad de los diversos sectores ideológicos participantes.

El año 85 se presenta con flujos y reflujos de la oposición, continúa la ola de los asesinatos. El degollamiento de los profesionales Nattino, Guerrero y Parada estremecen a la población. En abril es asesinado en la calle Oscar Fuentes, estudiante de la UTE. Los meses posteriores se ven enmarcados por una gran abatida de los servicios de seguridad, empañando de lágrimas y muerte los hogares de los más desprotegidos. Así a casi 13 años hay acumulada una enorme experiencia, dolorosa, desgarradora, desangrante. Una experiencia ganada por hechos concretos, dolores y amarguras sufridas en carne propia, como la de nuestra familia.
Septiembre, mes de volantines, mes negro en la historia de nuestro país. Aprovechando los días feriados por "Fiestas Patrias" toda nuestra familia, excepto Carlos, se fue a la costa; allí gozando del sol y la compañía familiar. No podíamos imaginar la horrible suerte de Carlos.

El día del regreso por la noche, quizás ya al abrir mi puerta, mi corazón me avisaba del peligro. Sólo dije ¿Carlos? ¿Qué pasó, dónde está?

La búsqueda, este deambular por hospitales, postas de primeros auxilios.
En el último de éstos un hombre que veía quizás mi rostro angustiado dijo: "Vaya a la morgue, quizás allí..."
Yo me quedé sin aliento, mi corazón y mis sienes saltaban, tuve una gran rabia con el hombre primero por sugerir algo así. Mas pensé que es un trámite rutinario que uno debe hacer para seguir después golpeando las puertas de la policía preguntando por él. Pero mi corazón también se estaba comprimiendo más y más.

Después de toda una larga noche de esperar, muy temprano me dirigí junto a mi padre y mi marido a ese temido lugar. Allí no había nadie con el nombre de mi hermano. Yo respiré pero insistí. Preguntando por sus características físicas el hombre dijo: "Bueno, esperen."
Después de una larga espera dijeron podíamos ver algunos cuerpos de NN que se encontraban allí. Yo como suspendida, flotando, mi cabeza a punto de estallar, no podía entenderlo, no quería entenderlo, no podía aceptarlo, mas no había duda: ¡Sí era él allí! Todo se borró, sólo mi voz ahogada por un grito que a mí misma me estremece y me vuelve a la horrible realidad...

Había desaparecido un 17 de septiembre de 1985 para ser encontrado el día 20 de septiembre en un lugar pre-cordillerano. Dicho lugar era un campo de tiro de las Fuerzas Armadas.

En el cementerio un fuerte contingente de carabineros estaba por todos lados dentro del recinto, violando la paz de ese campo santo. Con sus escudos, máscaras, vehículos preparados para su guerra, nos esperaba.

Familiares y una gran cantidad de amigos, vecinos, compañeros y profesores de la UTE acompañaban el cortejo. Había mucha gente. De pronto, gritos, carreras, golpes, bombas lacrimógenas, balines de goma; todo es muy rápido. El homenaje de sus compañeros para dar el adiós al amigo y compañero era interrumpido por las bombas y disparos. Este atropello a nuestro dolor hace crecer aún más nuestra impotencia. Dejamos el recinto todavía con el eco de los gritos:

-COMPAÑERO JULIO SANTIBAÑEZ
- ¡ ¡PRESENTE!!

-COMPAÑERO JULIO SANTIBAÑEZ
-¡¡PRESENTE!!

-AHORA

-¡Y SIEMPRE!
-AHORA

-¡Y SIEMPRE!

Un gran número de personas fueron detenidas dentro del cementerio. Todo era una horrible pesadilla, el comienzo de nuestra pesadilla. Declaraciones a la policía, un ministro en visita para esclarecer el hecho. Mas el ministro en visita cerraría el caso poco después por no contar con antecedentes. Nada había, ni testigos ni nada que pudiese ayudar a esclarecer.

A los 25 años se le arrebató su hermosa vida llena de entregas. Carlos había egresado en julio de ese mismo año y se hallaba preparando su memoria para titularse.
No alcanzó siquiera a recibir en sus manos su título de ingeniero, por el cual se esforzó y era el fruto de años de sacrificios. Unos meses más tarde, en diciembre, este diploma fue entregado por la universidad como póstumo. En abril del 1986 nacería su hija, una niña hermosa que pasa a ser su prolongación en rasgos y gestos. Ella no tiene su padre físicamente, pero aprenderá a conocerlo y amarlo a través de su familia y amigos.

Al margen de justicia o injusticia, queda este gran vacío, esta herida, esta pérdida irreparable.

Carlos, mi único hermano, mi orgullo, mi amigo, mi compañero, ya no está. A través de estas líneas quise contar, entregar un poco más de lo que fue este noble joven. He recopilado algunos de los versos que él hiciera. Estos los escribió en su infancia, adolescencia y algunos en sus últimos años. Son el vivo testimonio de su infinita ternura y su gran sensibilidad, y por sobre todo su amor al prójimo, a la vida y por la vida.

La muerte no existe, sólo existe el olvido. Carlos no morirá; su memoria, su recuerdo estarán siempre vivo para mis recuerdos, para mi madre, para los que lo amaron, para mis hijos y para su hija Javiera, que en alguna forma lo tendrá.
 


 

Este relato es parte del libro “Vivio y murio por la alegria”, que contiene escritos de Julio, recopilados por su hermana Soledad.

En un futuro no lejano, digitizaremos el libro completo y lo agregaremos a esta pagina.

 


Presentación de CODEPU acerca de casos muertos por explosión no reconocidos por Comisiones de Verdad.

 

 


Esta pagina fue modificada el 17/07/2010

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