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GERARDO POBLETE FERNANDEZ

Sacerdote Salesiano, Iquique

Nació en Santiago de Chile, en 1942. era estudioso, buen lector, de doctrina segura y mas bien conservador, ajeno a todo partidismo político. Profesor titulado de Filosofía. Trataba en su asignatura, de desarrollar en los muchachos una capacidad reflexiva frente a los acontecimientos, y sus clases eran muy apreciadas. Según testimonio de Mons. Tomas González, también salesiano, quien fue su confesor y director espiritual, su muerte fue el resultado de una calumnia irreflexiva de los poderosos y de una brutalidad de irresponsables. Era una persona llena de Jesucristo. Había sido uno de los iniciadores de la Semana Santa Juvenil en Santiago, tratando de hacer vivir a los jóvenes la Pascua de Cristo en los sucesos de hoy. 

Lo acusaron de marxista por unos libros que tenia como apoyo a los programas vigentes de Filosofía y de tener armas: tres o cuatro balines que uno conserva como curiosidad, y dos linchacos que como encargado de la disciplina, había requisado a los jóvenes. Algunos se habían enfurecido contra él porque se negó a hacer partidismo político en el colegio y prohibió una huelga contra el gobierno socialista. Falleció en Iquique, a consecuencia de los malos tratos y torturas, el 21 de Octubre de 1973, a los 31 años. Lo vieron mirando con prismáticos desde la terraza del colegio y lo acusaron de espionaje.  Al poco rato de interrogarlo se les murió.

            El Departamento  de Relaciones Publicas de la Zona de Estado de Sitio de la Provincia de Tarapacá, en la edición del 25 de Octubre de 1973 del periódico “El Tarapacá”, publicó: “El Domingo 21 de Octubre de 1973 a las 17:20 horas y ante una denuncia de que existía gente en actitud sospechosa en la parte alta del Colegio Don Bosco, carabineros procedió a revisar el lugar haciendo a su vez un allanamiento al recinto. En el registro, se encontró en el dormitorio del padre, numerosa literatura marxista, armas contundentes y alguna munición, motivo por el cual se llevó detenidos Gerardo Poblete Fernández, sacerdote, y a Francisco Salgado Torres, empleado, ambos profesores de este colegio.

          Frente a la Prefectura de Carabineros y al bajar del furgón que los conducía, el P. Poblete que iba esposado, resbaló en la pisadera cayendo pesadamente al pavimento, sin consecuencias iniciales aparentes, por lo que fue conducido al interior de la comisaría donde se le mantuvo en un calabozo mientras se interrogaba a Salgado. A las 19:50 horas del mismo día se le fue a buscar al calabozo para ser interrogado, encontrándosele inconsciente. Fue conducido a la enfermería donde se comprobó su muerte”.

          El mismo diario “El Tarapacá” del 25 de Octubre de 1973, afirmó que: “Ambos detenidos se declararon de tendencia socialista, afectos al gobierno de la Unidad Popular e incluso el P. Poblete manifestó ser de ideología marxista”, información que se contradice con la anterior en el sentido que no alcanzó a ser interrogado.

          Declaraciones múltiples y verosímiles prestadas por testigos presénciales a la Comisión Rettig, permiten afirmar que el padre Gerardo Poblete no iba esposado en el furgón de carabineros en que fue trasladado y que no cayó al pavimento, al resbalar de la pisadera del mismo vehículo.  Por lo contrario, llegó al interior del recinto policial en condiciones físicas normales y allí se le insultó y golpeó de manos y con elementos contundentes por varios de sus custodios, sostenidamente, hasta darle la muerte.

          La autopsia requerida por los padres, rebeló golpes. Uno de sus verdugos, declaró mas adelante: “Al padrecito lo golpeábamos, y decía: Padre, perdónalo porque no saben lo que hacen”. Así enlodaron la memoria de un sacerdote de gran dedicación a la pastoral juvenil, acusándolo de envenenar la mente de los jóvenes. Dio la vida por Cristo y rogó por sus torturadores.

    


30 de Marzo de 2003 La Nacion

LA HISTORIA ESCONDIDA DEL CRIMEN DEL PADRE GERARDO POBLETE

Ese domingo 21 de octubre de 1973, el padre Maximiano Ortúzar Cariola -director de la comunidad salesiana en Iquique- alcanzó a escuchar en la comisaría el susurro del sacerdote Gerardo Poblete Fernández, de la misma congregación: “Me están golpeando”, dijo.

El salesiano estaba esposado y revolcado. Eran cerca de las siete de la tarde. En la ciudad permanecía el general Sergio Arellano con su Caravana de la Muerte. Lo acompañaba el general Carlos Forestier, jefe de zona en Estado de Sitio y comandante de la VI División del Ejército, con asiento en Iquique. El general Augusto Pinochet había dejado esa ciudad la tarde del día anterior en dirección a Antofagasta. Allí lo enfrentó el general Joaquín Lagos para protestarle por los 56 crímenes que, horas antes, habían cometido Arellano y su comitiva en Copiapó, Antofagasta y Calama, como “oficial delegado” del propio Pinochet.

Cien kilómetros al norte, en el campo de prisioneros de Pisagua -bajo el mando superior de Forestier-, ya habían sido asesinados 11 prisioneros en falsos consejos de guerra y fugas inventadas. Ese mismo domingo 21 de octubre, Arellano y su gente habían viajado con Forestier a Pisagua en el helicóptero de la Caravana. A 40 días del golpe militar, el terror estaba instalado en Chile.

Ese mismo domingo, una hora después, el padre Poblete murió destrozado internamente por las torturas. Un reguero de sangre en un pasillo de la comisaría fue el último rastro que dejó. Ortúzar vio su sangre en el piso. Apareció el mayor de Carabineros Enzo Meniconi y le informó al superior salesiano de Iquique que Poblete había muerto. Ortúzar subió a la enfermería y lo vio tendido. “Le vi el pecho y el abdomen totalmente amoratados”, relató Ortúzar en la carta que el 19 de noviembre de 1989 le dirigió sobre el caso al provincial de los salesianos de Chile, Ricardo Ezzati.

LA PROPUESTA

Entonces Ortúzar, “queriendo salvar la honorabilidad de los carabineros jefes, que me parecían inocentes”, propuso a los oficiales de policía decir que el padre Poblete había muerto accidentalmente de un ataque al corazón, lo que obviamente fue aceptado.

Luego Ortúzar se comunicó al regimiento Carampangue con el comandante Martínez, encargado ahora de la “educación” en la provincia, y le preguntó qué debía informar sobre la muerte a los alumnos del Colegio Salesiano, a la familia del sacerdote y a sus superiores de la congregación en Santiago. El comandante habló antes con Carabineros y respondió a Ortúzar: “Diga que se murió de un ataque el corazón no más”. Así fue informado a todos por éste al día siguiente.

El miedo que sintió el padre Ortúzar fue superior al octavo mandamiento (“no mentirás ni levantarás falsos testimonios”) y venció su voto sacerdotal. Dice que por eso propuso esa mentira. “Sentí miedo de todo lo que estaba pasando, porque si me dicen ‘me están golpeando’, como me dijo el padre Poblete, pensé que querrían golpearnos a todos. No sabía qué estaba pasando”, fue su respuesta tranquila cuando lo visitamos en su casa de retiro en una dependencia salesiana de Lo Cañas, en La Florida.

 “Ese primer momento fue de angustia total para mi y no sabía qué decir. Encontraba que había habido brutalidad de los subalternos y merecían todo el castigo, pero internamente, no ante la opinión pública. La situación estaba muy tensa y ya las Brigada Ramona Parra se habían querido tomar el colegio. Me pareció que se iba a utilizar de muy mala forma y que no solamente se querría hacer justicia, sino tomar venganza y hacer un movimiento... no sé ...temía algo más grave”, agregó.

 “HAY QUE ECHARLE TIERRA”

Pese a la versión de Ortúzar, al miércoles siguiente el general Forestier dictó el bando “aclaratorio” Nº5, publicado en la prensa de Iquique el jueves 24 de octubre, en que comunicó que Poblete murió por lesiones “al resbalar en la pisadera, cayendo pesadamente al pavimento” desde el furgón que ese domingo lo trasladaba esposado desde el Colegio Salesiano a la comisaría. Esa fue la versión oficial.

Junto al sacerdote, quien era profesor de filosofía titulado en la Universidad Católica, ese día fue detenido el joven seminarista Ricardo Salgado Torres, igualmente torturado en la comisaría pero sobreviviente. Era otro testigo de la brutal muerte de su amigo, el padre Poblete.

Salgado permaneció 15 días en la cárcel de Iquique, acusado de ser un peligroso marxista, al igual que Poblete. Salgado contó a La Nación Domingo que unos meses después, cuando el verano de 1974 expiraba, Ortúzar se paró una tarde enfrente suyo mientras caminaba por la costanera junto al salesiano Giavonne Cavaggione, y le dijo “te tengo buenas noticias, vengo de la casa del fiscal militar (Mario Acuña Riquelme) y llegamos a un acuerdo, se cierra el caso en contra tuya, pero hay que echarle tierra a la muerte del padre Poblete”.

 “No fui capaz de darle un puñete, pero le eché un par de garabatos”, contó el ex seminarista rememorando ese encuentro, diálogo que el padre Ortúzar negó.

Salgado afirma que poco tiempo después, el Colegio Salesiano de Iquique sirvió de punto para espiar a los habitantes, admitiéndose en él la “visita” de militares vestidos de civil que husmeaban las casas vecinas.

 “En 1974, Ortúzar y Aliaga (Ulises, sacerdote subdirector de la comunidad salesiana de Iquique) autorizaron para que usaran el colegio como mirador para vigilar a personas que les parecían sospechosas. Había agentes militares del Ejército de civil dentro del colegio que pasaban adentro días enteros. Yo me cruzaba con ellos”, acusa Salgado. “Eso es falso”, replicó el padre Ortúzar cuando le consultamos.

El seminarista Salgado estaba acongojado con el crimen de su amigo, pero más le atormentaba el alma lo que estaba descubriendo entre sus superiores de la orden salesiana

COMISIÓN PINOCHET

El director Ortúzar informó de la muerte a sus superiores a Santiago: “Llamé a Santiago, si no me equivoco me atendió el padre Tomás González, vicario inspectorial. Le dije exactamente lo que me dijo el comandante Martínez. En esos momentos no me atreví a dar una información distinta a la que me ordenó el comandante”, relató Ortúzar en la referida carta a Ricardo Ezzati, tal como lo confirmó a nuestro diario. “No podía decir otra cosa”, dijo.

No obstante, el vicario González supo pronto la verdad y viajó a Iquique. Semanas después y por gestiones de la congregación en Santiago, el 8 de diciembre de 1973 llegaba a Iquique una “comisión investigadora” del caso Poblete, enviada por Pinochet a nombre de la Junta Militar. La integraban el coronel Nehemías Vega Hernández y el capitán Jorge Acuña Ahumada.

En tanto, si bien el informe de la autopsia al cuerpo -practicada por Pedro Pulgar Melgarejo, forense del Servicio Médico Legal de Iquique- se acercó a la verdad, al informar que la causa de la muerte de Pobrete fue por “anemia aguda generalizada debido a hemorragias agudas por desgarros pulmonares originados por fracturas costales torácicas, y hemorragia aguda del hemisferio cerebral izquierdo con inundación sanguínea”, se sumó a las filas del ocultamiento al agregar que esas lesiones fueron causadas “como consecuencia de accidente casual al caerse pesadamente al pavimento desde el furgón Nº693”.

Estaba claro. La verdad sobre la muerte del padre Poblete no se sabría, de ninguna manera. La excusa de su detención y la de Salgado fue que miraban con prismáticos desde lo alto del colegio hacia el regimiento Granaderos, y que en su dormitorio se encontraron libros de marxismo y “objetos contundentes”.

UN OBISPO AGRADECIDO

El obispo de Iquique, el diocesano José del Carmen Valle (hoy fallecido), ya estaba enterado de la verdadera causa de la muerte del padre Poblete cuando la comisión investigadora llegó a Iquique.

A pesar de su versión distorsionada, el padre Ortúzar dice que ya le había contado al obispo Valle lo que realmente le sucedió al salesiano. Lo hizo “muy enojado” -según él-, por el bando del general Forestier “que habló muy mal del padre Poblete”. Por ello, cuando el 17 de diciembre de 1973 Valle le dirigió una carta a los dos enviados de Pinochet a Iquique, ya sabía todo.

Sin embargo les escribió: “Distinguidos señores, al informarme ustedes sobre la comisión que les encomendara la Honorable Junta de Gobierno, no puedo más que comprobar una vez más la rectitud y buena voluntad de nuestra autoridad nacional en conducir los asuntos de la vida ciudadana, y mantener las mejores relaciones con la Iglesia. Prueba de ello es la diligencia y seriedad con que se ha acogido y con que se quiere dar plena satisfacción a la solicitud de la Conferencia Episcopal, sobre el lamentable suceso de la muerte del padre Gerardo Poblete”.

Valle fue más allá: “Aprovecho esta oportunidad para reiterar la disposición del clero y de su obispo de esta diócesis de Iquique, para colaborar en el bien común de Chile en armonía con sus legítimos representantes (…) Por fin, ruego a ustedes presentar respetuoso saludo y sincero agradecimiento a la Honorable Junta de Gobierno, cuyo veredicto (pareciéndome interpretar también así a toda la Conferencia Episcopal) espero con tranquilidad y confianza. Atte. y SS. José del Valle Gallardo, obispo de Iquique”.EL INFORME VEGA-ACUÑA

No obstante el tenor sumiso de la carta, el bofetón que recibieron el obispo Valle, la Congregación Salesiana y la Conferencia Episcopal, fue el mismo que siempre sintieron sobre sí los familiares de las víctimas en los años duros de la dictadura.

El informe de los oficiales enviados por Pinochet estableció que “la Comisión constató con especial satisfacción el celo investigador y acuciosidad en las investigaciones” de las autoridades militares y de Carabineros.

Agregó que “de los antecedentes acumulados, no resulta legalmente probado que haya existido apremios ilegítimos o maltrato de obra de Carabineros a los dos detenidos”. Respecto del padre Poblete y del seminarista Salgado, el texto afirmó que “ambos eran de ideas izquierdistas y simpatizaban con el régimen de la Unidad Popular”. Además, mantuvo como causa de muerte “oficial” del sacerdote “las lesiones por accidente casual al caer pesadamente al pavimento desde el furgón”.

O sea, el informe ni siquiera asumió la mentira del padre Ortúzar del ataque al corazón, que igual salvaba al régimen frente a la Iglesia, sino que se mantuvo fiel a la versión que el general Forestier dio en su bando, con la complicidad del médico legista.

Claro que el informe aportó un dato desconocido que hoy resultaría interesante indagar, mencionando “el criptograma Nº 572/6423 del 6 noviembre 1973, que informa del acuerdo de la HJG sobre el procedimiento a seguir en caso de detención de sacerdotes”.

A pesar de lo ocurrido con la verdad sobre la muerte del padre Poblete, a fines de 1973 las distintas iglesias habían creado el Comité pro Paz, que sería la antesala de la Vicaría de la Solidaridad de la iglesia Católica, que comenzó a operar en 1976. En ella se realizó una importante tarea de apoyo a los familiares de las víctimas, y luego en la búsqueda de justicia en los tribunales. El salesiano cardenal Raúl Silva Henríquez sería su principal creador.

Pero el juicio por el crimen del padre Poblete no aparecía, a pesar de las evidencias. Cuando preguntamos al padre Ortúzar por qué durante 28 años la congregación salesiana nunca abrió un juicio para que se investigara la muerte del sacerdote, respondió: “Usted sabe que en ese tiempo no se podía hacer nada”. Al recordarle lo que estaba haciendo la Vicaría de la Solidaridad, dijo: “Pero es que él no estaba detenido ni desaparecido. Era un caso en que había muerto y su cuerpo fue entregado. ¿Qué más podía hacerse?”.

Sentimientos

El cuerpo del padre Poblete fue entregado en Iquique a las pocas horas de su muerte y luego de una misa en su colegio salesiano, fue trasladado a Santiago. Después de una misa en la parroquia de la Villa Macul, donde aún vive su familia, fue sepultado en el mausoleo salesiano del Cementerio Católico.

La madre del sacerdote, Julia Fernández -hoy de 84 años-, preguntó al padre Ortúzar por qué el cuerpo de su hijo estaba de costado y su cara de perfil, lo mismo que vio su hermano Alfredo. “Como si hubiesen querido ocultar algo”, comentó su hermana Edmee cuando conversamos con la familia.

 “Yo le dije (a la mamá) que durante la misa nosotros lo vimos con la cara de frente, y que en la nariz se podía observar una herida o golpe en el hueso nasal”, dijo el padre Ortúzar en la carta a su superior Ezzati.

En la casa de la familia Poblete-Fernández la pena sigue instalada, pero sobre todo es fuerte el sentimiento de abandono que dicen sentir respecto de la congregación salesiana. “El era uno de sus hermanos”, dice Edmee. Aunque con su memoria afectada por el tiempo y la edad, Julia, su madre, todavía recuerda que habló con el cardenal Raúl Silva para que se hiciera justicia en el crimen de su hijo. “Pero nunca pasó nada”, dice.

Carta del Cardenal

Edmee Poblete muestra una carta que con fecha 13 de noviembre de 2000 recibió del cardenal Francisco Javier Errázuriz. Ella le había escrito para pedirle que la Iglesia hiciera algo por su hermano. “Al menos que él dijera algo en una misa, que la Iglesia reconociera públicamente su muerte”, dijo.

En su respuesta, el cardenal le escribió: “Yo estuve fuera del país entre los años 71 y 96, por lo que desconozco muchos hechos dolorosos. Todos reconocen que después del golpe militar se produjeron actos arbitrarios imposibles de justificar (...) En un viaje a Chile escuché que lo habían apresado solamente por estar mirando los alrededores con anteojos de larga vista, y que efectivamente había encontrado la muerte al caer del vehículo que lo transportaba preso”. El cardenal le dijo que oraba por la familia.

 “Los policías fueron sólo la causa material. Más culpables que los mismos verdugos son los que ocultaron la verdad con mentiras, los que presionaron con amenazas”, dijo el salesiano obispo de Punta Arenas, Tomás González, en uno de sus testimonios publicados sobre la muerte del padre Poblete. El obispo fue su confesor y director espiritual.

Todo lo vivido en aquellos años, llevó en 1976 al seminarista Ricardo Salgado a abandonar la congregación y su opción para ordenarse sacerdote. “Con todo lo que vi se me produjo una fractura en la institucionalidad de la Iglesia, más que en la fe”, dijo.

Epílogo judicial

En enero de 2001, el superior provincial de la Congregación Salesiana, sacerdote Bernardo Bastres Florence, interpuso una querella por “crímenes de guerra, lesiones y secuestro agravado con homicidio” en la persona del padre Poblete. La querella fue patrocinada por el abogado del Fasic, Nelson Caucoto. La Nación Domingo intentó varias veces comunicarse con el padre Bastres, pero en la congregación se informó que se encontraba fuera de Chile.

En octubre de 2002, Edmee Poblete se hizo parte de esa querella, dirigida en contra del general Carlos Forestier -hoy en retiro-; del entonces prefecto de Carabineros Rubén Romero y de varios oficiales de policía que ese día estaban presentes en la Primera Comisaría de Iquique. La familia Poblete-Fernández está representada por el abogado Fernando Astudillo Becerra.

En los últimos días, el ministro instructor Daniel Calvo Flores sometió a proceso -como autores de homicidio calificado en la persona del padre Poblete- a los miembros de Carabineros, coronel (R) Gustavo San Martín Ravanal y a los suboficiales (R) Blas Barraza Quintero y Froilán Moncada Sáez. En calidad de encubridor del mismo delito procesó al coronel (R) Enzo Meniconi Lorca. Todos permanecen bajo arresto.

A las 9 horas de mañana (hoy lunes 31 de marzo), los restos del padre Gerardo Poblete serán exhumados desde el mausoleo salesiano por orden del ministro Calvo. La diligencia tiene por objeto realizar peritajes médico legales a sus restos óseos, con el fin de certificar judicialmente su verdadera causa de muerte

 

 


Esta pagina fue modificada el 04 Junio, 2007

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