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José Gregorio LIENDO VERA

 

 

Los días 3 y 4 de octubre de 1973, fueron ejecutados en cumplimiento de una sentencia del Consejo de Guerra de Valdivia, las siguientes personas, en su mayoría militantes del MIR‑MCR (Movimiento Campesino Revolucionario), todos acusados de asaltar el Retén de Carabineros de Neltume el día 12 de septiembre de 1973:

Pedro Purísimo BARRIA ORDOÑEZ, 22 años, estudiante;

José René BARRIENTOS WARNER, 29 años, estudiante de Filosofía, músico de la Orquesta de Cámara de la Universidad Austral;

Sergio Jaime BRAVO AGUILERA, 21 años, obrero maderero;

Santiago Segundo GARCIA MORALES, 26 años, obrero maderero;

Luis Enrique del Carmen GUZMAN SOTO, 21 años, obrero maderero;

Fernando KRAUSS ITURRA, 24 años, estudiante universitario, Secretario Regional del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR);

José Gregorio LIENDO VERA, 28 años, ex‑estudiante de agronomía, militante del MIR y líder del Movimiento Campesino Revolucionario (MCR) del Complejo Maderero y Forestal Panguipulli, también conocido como "Comandante Pepe";

Luis Hernán PEZO JARA, 29 años, obrero maderero,

Víctor Eugenio RUDOLF REYES, 32 años, obrero maderero;

Rudemir SAAVEDRA BAHAMONDES, obrero maderero;

Víctor Segundo SAAVEDRA MUÑOZ, 19 años, obrero maderero; y

Luis Mario VALENZUELA FERRADA, 20 años, obrero maderero. 

Múltiples versiones de prensa de la época hacen referencia a la tramitación de este Consejo de Guerra.  Una comunicación oficial de sus ejecuciones señala que se les habría acusado de varios delitos, entre ellos, el asalto al Retén de Neltume.

La Comisión no pudo tener acceso a ninguna pieza del proceso, a pesar de haber sido solicitadas a las autoridades militares correspondientes, sin perjuicio de lo cual pudo llegar a la convicción que los ejecutados fueron víctimas de violación de derechos humanos cometida por agentes del Estado.

Sustenta esa convicción los antecedentes comunes a todos los juicios de guerra del período expuesto en la parte general del Informe, y las siguientes consideraciones específicas:

No se ha podido determinar si las víctimas tuvieron algún tipo de asistencia legal, aunque es un hecho cierto que los familiares nunca supieron de la existencia de un abogado;

En cuanto a la tramitación misma, se ignora si se cumplió con el procedimiento legal, dado que no se tuvo acceso a la causa;

Los malos tratos recibidos por los prisioneros invalidan cualquier confesión que éstos hubieren podido prestar en el eventual juicio, en cuanto privan de libertad y voluntariedad a sus declaraciones;

La irregularidad que significa el que la sentencia de muerte, se haya cumplido de un modo distinto para José Gregorio Liendo Vera, quien fue fusilado el día 3 de octubre de 1973, y para el resto de los condenados, que lo fueron el día 4 de octubre de 1973, tratándose de un solo proceso, con una misma sentencia para todos los condenados, todo ello en desconocimiento de las autoridades militares vinculadas al proceso;

Se aplicó a los reos un procedimiento y una penalidad de tiempo de guerra, que a la época del ataque del que se les acusó, el 12 de septiembre de 1973, no se encontraba decretado en el país, que lo fue por el DL Nº 5, publicado el 22 de ese mes.

(Informe Rettig)


IN MEMORIAM

Punta Arenas, 3 de octubre de 2013.

El día 3 de octubre de 1973, fue ejecutado por miembros del Ejército, acusado de asaltar el Retén de Carabineros de Neltume el día 12 de septiembre de 1973.

GREGORIO JOSÉ LIENDO VERA
(Q.E.P.D.)

Magallánico, nacido en la ciudad de Punta Arenas, en el sector de calle Ignacio Carrera Pinto, donde su padre Isidoro Liendo, tenía una lechería.

Gregorio José, fue un activo militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), estudió en la escuela pública del sector y en el Liceo de Hombres de Punta Arenas, donde además trabajó como Inspector, posteriormente estudió Ingeniería en Agronomía. No obstante, su clara vocación por la justicia social y su compromiso con el socialismo, lo decidieron a trabajar organizando al campesinado y a los trabajadores madereros del sector de Panguipulli y Liquiñe, donde hace cuarenta años fue ejecutado. Hoy, como todos los luchadores sociales y ejecutados políticos anónimos, no reclama para sí ni un lápida ni una placa ni el nombre de una calle, no tuvo la oportunidad de pedir un perdón oportuno y conveniente, como otros, de dar explicaciones, no tuvo un juicio ni defensa, no dejó nada excepto su entrega y la confianza que depositó en otros, muchos de los cuales, indignos de ella, sólo atinaron a refugiarse o exiliarse, traficando y profitando del sufrimiento de los caídos.

En Chile, no existirá reconciliación porque no existe verdad, no hubo justicia y no puede haber reencuentro porque los muertos no perdonan y la reconciliación entre quienes fueron cómplices pasivos o autores mediatos o fusileros, no sirve.

El pueblo de Punta Arenas, necesita reencontrarse con su historia, con sus muertos, desaparecidos y torturados. Después de cuarenta años parece oportuno que la comunidad del Liceo de Hombres hoy Luis Alberto Barrera, asuma a sus caídos, sus ideas y principios, que no importa compartirlos, sino sólo entender que la reconciliación sólo es posible si somos capaces de reconocer en el otro a un prójimo, a jóvenes siempre generosos y dispuestos al compromiso, ojalá, hoy más sagaces para descubrir a los falsos profetas.

En tiempos de confusión, elecciones y promesas queda el compromiso de quienes pagaron con sus vidas un compromiso: el MIR no se rinde ni se exilia, este es un testimonio de vida respetable, que perdurará en el tiempo con más fuerza y vigor que la cruza imposible entre una calle Jaime Guzmán y Gladys Marín, como si ello enseñara algo, demostrara algo o tuviera algún sentido ético.

Gregorio José Liendo Vera, hoy tendría 68 años, dejó un testimonio y una familia. Le sobreviven en Cuba su esposa Yolanda Ávila, su hijo Vladimir Liendo Ávila y dos nietos Camila y Pepe.
Tu sobrina, Mónica Liendo Aguilar.


La Nacion

20 de abril de 2003

NELTUME EN LA MEMORIA

Como en un recurso del cine, 30 años después, canosos y envejecidos los protagonistas de aquella madrugada, civiles y carabineros ya retirados, volvieron la semana pasada tras sus pasos para reconstituir minuto a minuto los sucesos. La Nación Domingo siguió cada minuto de la extensa jornada que duró cuatro días.

José Liendo, el comandante Pepe, llamó por teléfono al juez de Panguipulli Juan Guzmán. "Le comunico juez que vamos a ocupar otro fundo pero, como siempre, todo será pacífico", le dijo. Recibida la información el magistrado habló con Carabineros y partió aperado a caballo bajo la lluvia con un piquete, a encontrarse con los hombres de Liendo en el lugar señalado. Ambos bandos permanecieron unas horas mirándose frente a frente, casi sin palabras, y sin acciones de fuerza. Luego el juez y el piquete se retiraron. El joven juez Guzmán sabía que no era posible impedir la nueva ocupación, a no ser con el inicio de una verdadera guerra en el área. El Complejo Maderero y Forestal Panguipulli había crecido ese día en otras decenas de miles de hectáreas. Corrían los meses de 1972 en los alrededores de Neltume, en la precordillera de la X Región, 170 kilómetros de Valdivia al este.

Ese año el Presidente Salvador Allende había llegado por primera vez hasta la zona de Neltume para conocer la experiencia del Complejo, que ya se extendía en una amplísima zona precordillerana de la provincia de Valdivia. La mítica y temida leyenda estaba instalada. Allí, el poder popular se olía, vivía y crecía.
Desde fines de la década de los años 60 un fortalecido movimiento campesino de la zona inició una lucha de ocupación de fundos o "recuperación de tierras" como la entendían. El Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR) instaló allí algunos cuadros que pronto cosecharon la formación del Movimiento Campesino Revolucionaria (MCR). La lucha estaba en su apogeo.

El trabajo y la férrea organización del Complejo también. Por primera vez los campesinos no tenían patrones, sino la organización y ordenada estructura del Complejo. El liderazgo de Liendo era indiscutido. El comandante Pepe era un hombre instruido, con cuarto año de Ingeniería en Agronomía. De carácter muy firme. Pero quienes lo conocían apreciaban en él su gran humanidad e ideales en la lucha junto a los que siempre habían sido explotados y empobrecidos.

EL ONCE
El golpe del 11 de septiembre de 1973 tomó por sorpresa al movimiento campesino, columna vertebral del Complejo Maderero. En una asamblea de mediodía en la sede del Complejo en Neltume, las recriminaciones de unas y otras corrientes políticas del movimiento -MIR, comunistas y socialistas- se entrecruzaron en agitadas intervenciones. Sin embargo, al final reinó la unidad para defender al gobierno de Allende, pero sobre todo su propia organización. Al final de cuentas, era la nueva vida que se habían ganado para ellos y sus hijos. El plan quedó trazado. Había que tomarse el retén de Carabineros de Neltume, lograr la rendición de sus ocupantes y su paso al bando de los campesinos, y apoderarse de las armas que allí existieran. Por la tarde se preparó la acción. Se fabricaron decenas de cócteles molotov, algunas granadas caseras, y se recolectaron tres o cuatro rifles de calibre 22 y algunas escopetas. Pasada la medianoche del día 11 estaba convocada una nueva reunión en la sede de la Asociación Deportiva de Neltume, Asoden. Allí se planificaría el curso de la acción. A las dos de la madrugada del día miércoles 12, unas 60 a 80 personas iniciaron la acción divididas en cuatro o cinco grupos que se desplazaron por distintos sectores.

Menos de un mes después, entre los días 3 y 4 de octubre de 1973, por ese ataque fueron ejecutados en Valdivia el comandante Pepe y otros once dirigentes y militantes del MIR, o miembros del MCR o del Frente de Trabajadores Revolucionarios (FTR), también creado por el MIR.

El general Sergio Arellano Stark con su Caravana de la Muerte asistirían en masa al anochecer del 3 de octubre al campo de tiro de Llancahue, para presenciar la ejecución de José Gregorio Liendo Vera.
El mayor Carlos López Tapia, integrante de la Caravana en su recorrido por el sur y primo del juez Juan Guzmán, también vería caer al comandante Pepe esa noche bajo las balas.

La semana pasada, treinta años después, canosos, envejecidos, pero hasta emocionados y con la memoria clara como el cielo limpio del sur, los protagonistas de aquella madrugada en torno al todavía existente retén Neltume, civiles y carabineros ya retirados, volvían a reconstituir los hechos. También volvía el juez Juan Guzmán. Fue él quien ordenó esa reconstitución de escena, ahora como magistrado de la Corte de Apelaciones de Santiago y juez instructor de la causa Valdivia. La Nación Domingo siguió cada minuto de la extensa jornada que duró cuatro días entre el 8 y el 11 de abril, con interrogatorios en el tribunal de Panguipulli y dos días de recreación del enfrentamiento en Neltume.

LOS RECUERDOS
"Armas hubo, intercambiamos disparos, no lo vamos a ocultar, fue una acción directa de resistencia. El objetivo era que los carabineros se rindieran y ocupar el cuartel, tomar las armas, y sumarlos a nuestra lucha", rememora el ex militante del MIR Jorge Durán Delgado, frente al antiguo retén de madera. El integró el grupo que logró llegar más cerca de la frágil construcción, a unos 40 metros frontalmente. En 1973 tenía 19 años.

Cuenta que Liendo estaba a unos metros suyo, en otro grupo por el flanco izquierdo. "El Pepe les gritaba a los pacos que se rindieran, que no temieran por sus vidas. Que pelearan junto a nosotros para defender el gobierno de Allende", dice.

Pero desde el retén de madera el sargento Benito Carrasco Riffo, entonces jefe del cuartel, recuerda que gritaba "¡no nos rendimos, Carabineros no se rinde mierda!". Con dos fusiles automáticos SIG y dos carabinas, los cuatro policías de Neltume repelían desde ambos pisos con fuego nutrido a los trabajadores del Complejo, impidiéndoles el avance.

La noche era oscura y caía una tupida llovizna. Los atacantes instalados en los flancos y el frente se parapetaban en el terreno que los favorecía porque tenía la forma de quebrada. Los escasos disparos de los trabajadores no alcanzaban a impactar con fuerza la dura madera nativa del rústico cuartel. Por la distancia, las molotov no daban en el objetivo y se apagaban con la llovizna. Una que otra granada casera tampoco daba en el blanco.

"Eran unas balitas no más las que ellos disparaban", le dijo Carrasco frente al retén al fiscal militar, mayor de Ejército de Justicia Mauricio Scheuch, autoridad de Valdivia necesaria en la diligencia por tratarse de un recinto militar.
"¡Manden la caballería aérea!", gritaba turbado en la radio el cabo Juan Campos pidiendo refuerzos al retén de Choshuenco, 20 kilómetros al oeste. Las balas de grueso calibre de los policías retumbaban sin cesar. Las esposas de los carabineros con sus hijos temían lo peor. Ellas estaban dentro del mismo retén y en casas adyacentes.

En uno de los grupos que intentaba avanzar para sorprender por la retaguardia, estaba Jorge Lleufumán, el segundo testigo que participó en la diligencia. Recuerda que no pudieron seguir avanzado. El fuego de Carabineros era intenso. "Habremos disparado unos cien tiros", comentaba Carrasco en su relato.

Cerca de las tres de la madrugada llegaron los refuerzos. "Veníamos cuatro en una camioneta, incluso los carabineros nos dispararon pensando que éramos atacantes", recordó el carabinero Carlos Godoy en terreno. Los cuatro refuerzos coincidieron en que cuando ellos llegaron, casi todo ya había terminado.

SIN RASTROS
Los peritos no encontraron huellas de bala disparada hacia el retén. No hubo muertos. No hubo heridos. No hubo incendio ni daño de consideración al retén. Pero en Valdivia fusilaron a Liendo, a Fernando Krauss, René Barrientos, Pedro Barría, Luis Pezo, Santiago García, Víctor Saavedra, Sergio Bravo, Rudemir Saavedra, Enrique Guzmán, Víctor Rudolph y Luis Valenzuela. Krauss y Barrientos, dirigentes del MIR, estaban en Valdivia la noche del enfrentamiento. Igual los mataron como "autores intelectuales".

El entonces comandante de la IV División de Ejército en Valdivia, general (R) Héctor Bravo, declaró en el proceso que hubo dos Consejos de Guerra por los que se condenó a los 12 fusilados. Y dijo que Arellano firmó las sentencias de muerte junto a él en Valdivia. Hasta hoy los expedientes de esos consejos y las sentencias no aparecen. La eventual comisión de ilícitos en este amplio espectro de hechos es lo que indaga el juez Guzmán.

Guzmán es cauto a la hora de hacer declaraciones sobre los hechos reconstituidos en Neltume, e interrogados por él y sus dos actuarias, Millaray Durán y Malvina Pinto, a todos los testigos previamente en el Juzgado de Panguipulli.
"En mi concepto no podía existir un enfrentamiento verdadero", afirma el juez, destacando la diferencia de las armas utilizadas por unos y otros, que no hubo bajas ni heridos, y relevando "la respuesta profesional de Carabineros, disparando al aire o sobre las cabezas, y porque está claro que lo que se pretendía por la otra parte era plegar a la fuerza policial para apoyar al gobierno que defendían".

Pero en Valdivia un mes después de las 12 ejecuciones, el 3 de noviembre de 1973 los jóvenes Víctor Romero, Cosme Chávez y Víctor Gatica, eran ejecutados por otro Consejo de Guerra, acusados de asaltar el cuartel de Carabineros de Gil de Castro en esa ciudad. "Creo que el asalto fue prefabricado. Es terrible, porque se condenó a tres jóvenes p or un supuesto asalto", declaró al respecto el general Bravo reservadamente a la Comisión Rettig en 1990.


Resumen.cl

7 de Febrero 2015

Proceso a Santiago Sinclair: Las implicancias criminales de un protegido de Pinochet y la derecha

El día de hoy se supo que el pasado 16 de enero la Quinta Sala de la Corte de Apelaciones de Santiago decidió someter a proceso a 5 militares en retiro que tuvieron responsabilidad directa en el Episodio Valdivia de la Caravana de la Muerte. El suceso alude a la serie de homicidios cometidos los días 3 y 4 de octubre de 1973 sobre 12 personas que se encontraban detenidas en poder de los militares y ejecutados en dependencias del Ejército de la ciudad de Valdivia.

En aquella oportunidad, mediante ejecuciones sumarias, y luego del arribo a la zona valdiviana de la comitiva de Sergio Arellano Stark, su helicóptero y sus matones, fueron ejecutados 12 militantes del MIR de la región de los lagos. El día 3 fue ejecutado José Gregorio Liendo Vera, el líder del MCR y dirigente del MIR en la zona del Complejo Forestal y Maderero de Panguipulli. El día 4 fueron ejecutados Pedro Purísimo Barría Ordoñez, José Barrientos Wagner, Sergio Bravo Aguilera, Santiago García Morales, Enrique Guzmán Soto, Víctor Fernando Krauss Iturra, Luis Pezo Jara, Víctor Rudolph Reyes, Rudemir Saavedra Bahamondez, Víctor Saavedra Muñoz y Luis Valenzuela Ferrada. El primero de los asesinados tenía la particularidad de ser minusválido y se desplazaba apoyado en muletas; la casi totalidad eran trabajadores de CFMP.

El 13 de mayo pasado la ministra Patricia González determinó procesar como autores del homicidio de José Liendo Vera a los ex miembros del Ejército Sergio Arellano Stark, Pedro Espinoza Bravo, Marcelo Moren Brito, Carlos López Tapia y Juan Chiminelli Fullerton; como cómplices fueron procesados Antonio Palomo Contreras y Emilio De La Mahotiere González.

En otra resolución la magistrada procesó además a los ex miembros del Ejército Pedro Espinoza Bravo y Marcelo Moren Brito como autores de los homicidios de los 11 prisioneros asesinados el día 4.

Ahora, la resolución de la Quinta Sala de la Corte de Santiago procesó a Santiago Sinclair Oyaneder, Juan Carlos Michelsen Délano, José Feliú Madinagoitía, Mario Rafael Manterola Garrido y Hugo Alberto Guerra Jorquera y revoca así la decisión de la ministra González que en septiembre pasado había negado el procesamiento de los mencionados ex oficiales de ejército.

De acuerdo a la resolución: "el día 03 de octubre de 1973, aterrizó en Valdivia un helicóptero "Puma" con un grupo de militares bajo el mando del entonces General de Ejército, Sergio Víctor Arellano Stark, delegado por quien a la fecha era Comandante en Jefe del Ejército, Augusto Pinochet Ugarte, con el objeto de cumplir labores de coordinación de criterios institucionales de gobierno interior y de procedimientos judiciales o de revisar y acelerar los procesos; Que, a raíz de la llegada de los militares mencionados, el día 04 de octubre de 1973, se ordenó sacar desde la Cárcel Pública de Valdivia, a Rudemir Saavedra Bahamondez, Víctor Eugenio Rudolph Reyes, Víctor Segundo Valeriano Saavedra Muñoz, Santiago Segundo García Morales, Luis Mario Valenzuela Ferrada, Sergio Jaime Bravo Aguilera, Luis Hernán Pezo Jara, Víctor Fernando Krauss Iturra, Pedro Purísimo Barría Ordoñez, Enrique Del Carmen Guzmán Soto y a José René Barrientos Warner, a quienes se les condujo al predio militar de Llancahue, específicamente en el polígono de tiro de la Guarnición Militar de Valdivia, lugar en donde se les fusiló a consecuencia de una sentencia pronunciada en un supuesto Consejo de Guerra, cuya materialidad no existe"

Para el caso de Liendo Vera se determinó que: "A raíz de la llegada de los militares mencionados, se ordenó sacar desde la Cárcel Pública de Valdivia a, Gregorio José Liendo Vera, estudiante de Agronomía, militante del MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria) y dirigente del Movimiento Campesino Revolucionario, a quien se le condujo al predio militar de Llancahue, específicamente en el polígono de tiro de la Guarnición Militar de Valdivia, lugar en donde se le fusiló a consecuencia de una sentencia dictada en un supuesto Consejo de Guerra cuya materialidad no existe".

El protegido de la derecha.

A la época de los crímenes, Santiago Sinclair tenía el grado de coronel y comandaba el Regimiento Blindado Cazadores N°2 de Valdivia. El comportamiento de este sujeto en las acciones represivas cometidas tanto en Valdivia como en Chihuío y Liquiñe, le valieron las adulaciones de Pinochet y su séquito; en 1975 lo designan agregado militar en Corea en donde permaneció por un período de dos años. En 1977 fue nombrado Director de Operaciones del Ejército y luego Director de Personal; en 1979 es designado como Ministro Jefe del Estado Mayor Presidencial, una función y entidad que solo es entendible en el marco de una dictadura, y en 1982 Pinochet lo designa Ministro Secretario General de la Presidencia, otra entidad y función surgida de la constitución e institucionalidad dictatorial.

El próximo paso en el ascenso del protegido fue el de Vice Comandante en Jefe del Ejército cargo en el que fue asignado en 1985; en esa ocasión es ascendido al pomposo título de teniente general del ejército.

Con ambos títulos encima en noviembre de 1988, luego de perdido el plebiscito por el dictador y su séquito, Sinclair asume como miembro de la Junta Militar en representación del dictador, permaneciendo en ese puesto hasta 1990.

En 1990 el protegido de Pinochet es designado por los dictadores como Senador Institucional, ocupando un puesto en el enclave que dictadores y derechistas establecieron en el Congreso para mantener sus políticas y controlar el poder. En esta situación se mantuvo hasta 1998 cuando comenzó la debacle de su amo detenido en Londres.

Hasta ahora, Sinclair había logrado conservar la impunidad que él y sus iguales urdieron en la maraña institucional y judicial para evitar responder por delitos cometidos al amparo del terror y bajo el imperio de las armas. El año 2008 ya estuvo procesado por el Ministro Mario Carroza por la responsabilidad que le cabía en la detención y desaparición de 5 militantes del FPMR ocurrido en septiembre de 1987. Es de esperar, que esta vez, las infames redes de la impunidad no vengan de nuevo en auxilio de un criminal miserable.

 


 

Cambio21, 09 de febrero de 2015

Ni la edad salva a militares que asesinaron a doce campesinos: ex segundo de Pinochet y ex senador procesado por matanza en Valdivia

El general (r) del Ejército Santiago Sinclair estuvo detenido por 48 horas en el Caso Caravana de la Muerte junto a otros uniformados retirados por su participación en el homicidio de 12 personas en Valdivia. Sinclair fue vicecomandante en jefe del Ejército y la justicia espera que la impunidad geriátrica o biológica no sea una causa para que los criminales que usaron uniforme queden sin penas de cárcel

El general (r) Santiago Sinclair fue detenido y acusado de participar en el asesinato de 12 personas en Valdivia en el marco de la Caravana de la Muerte entre el 3 y 4 de octubre de 1973. Junto a él se arrestó también a tres ex uniformados por el mismo crimen, Juan Carlos Michelsen, José Feliú Madinagoitía y Mario Manterola Garrido, todos ellos coroneles y mayores sin embargo quedó pendiente la detención de Hugo Guerra Jorquera, también militar en retiro.

Todos los cinco ex militares antes nombrados tienen cerca o más de ochenta años. Y los jueces decidieron que la impunidad biológica o geriátrica no tiene razón jurídica si los involucrados cometieron crímenes de lesa humanidad. Igual que los nazis que participaron "en limpiezas" y matanzas de decenas personas en la segunda guerra mundial. Incluso un nazi de 94 años, fue detenido y encarcelado la semana recién pasada.

La matanza de doce campesinos

La ministra Patricia González Quiroz sometió a proceso y ordenó la prisión preventiva del ex vicecomandante en Jefe del Ejército, exintegrante de la Junta Militar y exsenador designado, general (r) Santiago Arturo Ariel de Jesús Sinclair Oyaneder, en calidad de autor de 12 homicidios calificados.

Sinclair permaneció preso en el Batallón de Policía Militar en la comuna de Peñalolén en espera de que la Corte de Apelaciones de Santiago decidiera si debía continuar en prisión preventiva o le concedía la libertad. Este sábado quedó en libertad por 200 mil pesos, pero el juicio seguirá y tendrá que declarar nuevamente por los crímenes.

En la época en que se sucedieron los hechos, Santiago Sinclair, quien era coronel y comandante del Regimiento de Caballería N°2 Cazadores de Valdivia y la segunda autoridad militar en la zona, integró un supuesto Consejo de Guerra en el cual se condenó a muerte a 12 campesinos y militantes del Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR), quienes fueron falsamente acusados de "asaltar" el retén de Carabineros de Neltume, en la precordillera al este de Valdivia, la noche del 12 de septiembre de 1973.

Con anterioridad Sinclair fue investigado por el juez Juan Guzmán en 1998, momento en la que el general (r) declaró: "Recuerdo el Consejo de Guerra que se hizo con respecto de Liendo y otro, un sujeto muy conocido de apellido Krauss, junto a otras personas que no identifico (...) Una vez terminados los alegatos nosotros votamos. El voto se depositó en una caja y el presidente del Consejo hizo el escrutinio".

El fatídico escuadrón Caravana de la Muerte llegó a ciudad de Valdivia el 3 de octubre de 1973 y fue recibido por el Comandante en Jefe de la IV División de Ejército con asiento en Valdivia, general Hugo Bravo Muñoz y el coronel Sinclair, quienes dispusieron a sus subalternos la búsqueda y el arresto de estas 12 personas.

La resolución judicial ratifica los doce fusilamientos que dio la orden Sinclair

"El día 03 de octubre de 1973, aterrizó en Valdivia un helicóptero "Puma" con un grupo de militares bajo el mando del entonces General de Ejército, Sergio Víctor Arellano Stark, delegado por quien a la fecha era Comandante en Jefe del Ejército, Augusto Pinochet Ugarte, con el objeto de cumplir labores de coordinación de criterios institucionales de gobierno interior y de procedimientos judiciales o de revisar y acelerar los procesos; Que, a raíz de la llegada de los militares mencionados, el día 04 de octubre de 1973, se ordenó sacar desde la Cárcel Pública de Valdivia, a Rudemir Saavedra Bahamondez, Víctor Eugenio Rudolph Reyes, Víctor Segundo Valeriano Saavedra Muñoz, Santiago Segundo García Morales, Luis Mario Valenzuela Ferrada, Sergio Jaime Bravo Aguilera, Luis Hernán Pezo Jara, Víctor Fernando KraussIturra, Pedro Purísimo Barría Ordoñez, Enrique Del Carmen Guzmán Soto y a José René Barrientos Warner, a quienes se les condujo al predio militar de Llancahue, específicamente en el polígono de tiro de la Guarnición Militar de Valdivia, lugar en donde se les fusiló a consecuencia de una sentencia pronunciada en un supuesto Consejo de Guerra, cuya materialidad no existe", señala el fallo.

Para el caso de Gregorio Liendo Vera se determinó:

"A raíz de la llegada de los militares mencionados, se ordenó sacar desde la Cárcel Pública de Valdivia a, Gregorio José Liendo Vera, estudiante de Agronomía, militante del MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria) y dirigente del Movimiento Campesino Revolucionario, a quien se le condujo al predio militar de Llancahue, específicamente en el polígono de tiro de la Guarnición Militar de Valdivia, lugar en donde se le fusiló a consecuencia de una sentencia dictada en un supuesto Consejo de Guerra cuya materialidad no existe".

Casi todas las víctimas eran obreros del Complejo Maderero Forestal Panguipulli, que la noche del 12 de septiembre de 1973 se manifestaron frente al retén Neltume pidiendo a los carabineros que no se plegaran al golpe militar y entregaran sus armas. Ahí se informó que el retén fue "asaltado" por los miristas, resultando heridos los cuatro carabineros que permanecían en su interior, lo que resultó ser falso según demostró la investigación. De la misma forma, las indagatorias acreditaron la falsedad de los daños producidos a la estructura del cuartel, según informó el Programa de Derechos Humanos del Ministerio del Interior.

Los 12 campesinos fueron ejecutados al interior del predio militar de Llancahue. Liendo Vera fue asesinado la noche del 3 de octubre de 1973 y los otros 11 lo fueron al atardecer del día siguiente.

La magistrado Patricia González estableció que los crímenes fueron planeados por Sinclair, el general (r) Sergio Arellano Stark (declarado inimputable por demencia senil) y Hugo Bravo (ya fallecido).

El ministro de Justicia, José Antonio Gómez, al ser consultado respecto de la detención de Sinclair, expresó "la justicia tarda pero llega, y si hay una investigación de esa naturaleza en materia de derechos humanos y hoy día existe esa detención, serán los tribunales los que van a determinar cuál es la responsabilidad".

A ello, el secretario de Estado agregó que "el avance que hay en los tribunales es importante para que se conozca la verdad. El caso particular lo resolverán las instituciones que corresponden y los abogados querellantes" y que se trata de "hechos de hace muchos años en que todos queremos que haya verdad y justicia".

En este tipo de situaciones ya es común que por la avanzada edad de los acusados la justicia les permite recibir algún tipo de beneficio en el que pueden cumplir sus penas en la casa o una cárcel especial para los exagentes de la dictadura o incluso apelan a la media prescripción, lo que sea que les permite rebajar el tiempo de condena.

En entrevista con Cambio21 la presidenta de la Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos (AFEP), Alicia Lira, preguntada sobre esta detención expresó que "para nosotros es un avance muy importante la detención de Santiago Sinclair que tiene que ver con la Caravana de la Muerte y los 12 asesinados en Valdivia. Además, Sinclair está involucrado en otras causas".

 "Es una alegría que uno de los importantes que se mantenían en la impunidad, quien fue miembro de la Junta Militar y tuvo varios cargos en la represión del terrorismo de Estado de nuestro país haya sido detenido", mencionó Lira.

En cuanto a lo que esperan de la justicia, la presidenta de la AFEP expresó "lo único que pedimos es que Sinclair no se lleve la pena remitida y pase por la cárcel, sino que la pena se condiga con la gravedad de los delitos, porque fueron 12 personas a las que le quitó la vida. Que se busque el mecanismo en que los jueces no den la pena remitida ni apliquen la media prescripción".

En cuanto qué ha cambiado en la justicia para lograr atrapar a quienes estuvieron tanto tiempo en la impunidad, el abogado del Programa de derechos humanos del Ministerio del Interior, Rodrigo Lledó, declaró que "hoy entendemos que estamos en otro escenario, que ha habido varios gobiernos de la Concertación, hubo un gobierno de centro derecha y estamos discutiendo una nueva Constitución y estas causas de derechos humanos tienen que avanzar porque así lo dispone el derecho internacional en el que nuestro país está inserto".

En relación dónde debieran cumplir sus condenas los exoficiales y qué pasa con algunas de las garantías con las que cuentan cuando son sentenciados, Lledó dijo "evidentemente que nosotros no estamos satisfechos con eso, porque nosotros hacemos todo lo posible para que se haga justicia y cuando llega el momento de cumplir la pena se hace en condiciones de privilegio y eso no corresponde porque estamos en un país que tiene que respetar la igualdad ante la ley".

A esto también se refirió el abogado de la causa, Tomás Pascual, quien explicó que "hoy tenemos una respuesta de la justicia diciendo que estos oficiales de Valdivia tuvieron y hay presunciones fundadas de que, a través de disponer de una serie de medios, permitieron que se ejecutara sumariamente a 12 personas el 3 y 4 de octubre de 1973".

Sobre la posibilidad que tiene Santiago Sinclair de cumplir una condena, el abogado dijo "uno de los elementos inherentes a los delitos de lesa humanidad es que estas personas no pudieron ser perseguidas durante un largo periodo de tiempo, por lo tanto, valerse de eso, de la edad para que no pueda exponerse a ninguna pena, sería doblemente injusto".

Finalmente, sobre los avances en el caso Caravana de la Muerte, Pascual mencionó "en el corto plazo pediremos el cierre de la investigación a objeto de que se acuse a los procesados y se les condene de acuerdo al mérito del proceso como reivindicación de los 12 ejecutados en Valdivia y de sus familiares después de 41 años, porque así podemos empezar a llegar a la verdad".

 


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