Quienes somos ] Boletin ] Busqueda ] Pinochet en Londres ] Centros Detencion ] Complices ] Empresas ] Fallos ] Criminales ] Tortura ] Exilio ] ecomemoria ] Desaparecidos ] Ejecutados ] Testimonios ] English ]

Miguel Humberto Enríquez Espinoza

El 5 de octubre de 1974 la casa donde se ocultaba Miguel Enríquez, en la comuna de San Miguel, fue rodeada por un nutrido contingente de agentes de seguridad, el que incluía una tanqueta y un helicóptero, quienes comenzaron a disparar. Entre los ocupantes del inmueble se encontraba una mujer embarazada que resultó herida. Miguel Enríquez cayó en el enfrentamiento recibiendo, según el protocolo de autopsia, diez impactos de bala, los que le causaron la muerte.

Conforme a lo expresado en el capítulo II de la Primera Parte de este Informe, la Comisión no puede en rigor calificar la muerte de Miguel Enríquez de violación de derechos humanos. Estima, en cambio, que pereció víctima de la situación de violencia política, ya que murió resistiendo ser detenido por un organismo del que cabía esperar fundadamente, de ser detenido, la tortura y la muerte.

(Informe Rettig)


El Mercurio

Domingo 6 de julio de 2003

Miguel Krassnoff Martchenko. Declaraciones exclusivas: Cómo murió Miguel Enríquez?

Con su versión - nunca antes publicada- sobre cómo murió el secretario general del MIR, Miguel Enríquez Espinosa, Krassnoff contradice las informaciones entregadas por agrupaciones de izquierda y por la Comisión Rettig. Se respalda en la investigación que el Ejército realizó durante dos meses antes de decidir entregarle - en la persona del general Pinochet- la medalla al valor militar, con lo cual se convirtió en el único en recibirla desde la Guerra del Pacífico.

El hecho ocurrió el 5 de octubre de 1974 en una vivienda ubicada en la comuna de San Miguel. En el lugar estaban, además de Enríquez, su pareja Carmen Castillo y otros individuos que consiguieron huir.

Éste es el relato de Krassnoff:

"Ese sábado, cerca de las 14 horas, recorremos en dos vehículos varias veces las calles. Van conmigo dos agentes, más una ayudante de 19 años que operaba como mi secretaria. No obtenemos nada, pero cuando nos retirábamos vecinos nos dicen que en una casa entran y salen vehículos, escriben a máquina toda la noche y hay un señor que parece inválido porque entra sin bajarse".

"La información había que comprobarla tocando el timbre y si salía una señora diciendo que no pasa nada, nos íbamos, así de simple. Pongo a la mujer a cargo de los vehículos, a un segundo en una esquina y voy con el otro integrante hacia la puerta de la casa. Cuando cruzábamos frente a la ventana, quien iba a mi lado me dice '¡Cuidado Miguel!' y me empuja y me tira al suelo. Había escuchado el movimiento del cierre de un fusil cargándose. Entonces pasa sobre nosotros una andana de tiros impresionante".

"No disponíamos de ningún tipo de comunicación y la única manera de llamar a la central era por teléfono. Mandé a ubicar uno y mientras disparé mi fusil Aka parapetado en un poste frente a la casa. Escuché tiroteo en otro lado, pero no vi a ningún adversario. De repente apareció un fulano en la azotea con un lanzacohetes soviético antiblindaje y me dispara. Afortunadamente, por la poca distancia, el proyectil no alcanza a desarrollar su máxima explosión y vuela una moto y parte de la casa que tenía detrás, pero a mí no me pasó nada. En eso se me acaba la munición y me tengo que retirar".

"Cuando vuelvo, un equipo de Investigaciones se introducía en la casa. Lo detuve porque podría haber cazabobos y explosivos, y entro. Me encuentro con una mujer embarazada desangrándose, tendida en el piso con su fusil. Creí que estaba muerta, pero vivía. Con su ropa traté de parar la abundante sangre de su hombro y antebrazo. Y cuando me avisaron que llegaron ambulancias la tomé bajo mi protección, la puse en una de ellas con un ayudante mío y la llevaron urgente al Hospital Militar. Sobrevivió gracias a la oportuna atención médica. Era Carmen Castillo Echeverría, conviviente de Miguel Enríquez, sobrina de Jaime Castillo Velasco, actual presidente de la Comisión de Derechos Humanos e hija del actual alcalde de La Reina".

"En eso, el hombre que dejé a un costado de la casa se enfrentó con Enríquez. Estaba herido, trató de subir por una pared y, al asomarse, fue conminado a levantar las manos y a no moverse. Pero siguió, se le volvió a insistir y sacó un revólver calibre 38. El agente reaccionó en defensa propia y Enríquez cayó muerto".

"A las cuatro o cinco de la tarde (más de dos horas después) llegaron fuerzas de Carabineros y militares para cercar el perímetro. Yo estaba en el hospital verificando el estado de Carmen Castillo. Cuando comenzó a recuperarse tuvimos conversaciones muy largas hasta que se fue a Inglaterra (yo mismo la fui a dejar al aeropuerto) y nunca más supe de ella. En 1992 me llamó por teléfono, pero no la atendí. Me mandó un mensaje a través de un personaje político importante en el gobierno militar. A éste le impresionó cómo se refería a un adversario. Quería tomar contacto para agradecerme. No acepté porque cumplí con mi deber y no tenía que aceptarle agradecimientos a quien me quiso asesinar".

Una extraña relación

La historia hasta ahora conocida contradice la versión de Krassnoff.

Según el Informe Rettig, "la casa donde se ocultaba Miguel Enríquez fue rodeada por un nutrido contingente de agentes de seguridad, el que incluía una tanqueta y un helicóptero, quienes comenzaron a disparar (...) Enríquez cayó en el enfrentamiento recibiendo, según el protocolo de autopsia, 10 impactos de bala".

En el libro "El rebelde de la burguesía", de los periodistas Daniel Avendaño y Mauricio Palma, se asegura que "eran cerca de 50 hombres que se aprestaban a atacar al líder del MIR (...) Sintiéndose desesperado, abrió fuego, siendo inmediatamente replicado por las fuerzas militares (...) Agentes de la Dina arrojaron una granada al interior del hogar. Enríquez fue herido".

En su libro "Un día de octubre en Santiago", Carmen Castillo protagonista del enfrentamiento, describe: "De pie sobre el muro de adobe, a cien metros de la casa celeste de Santa Fe, Miguel gritó: "Detengan el fuego... ¡Hay una mujer embarazada, herida!" Los hombres al acecho se irguieron y avanzaron sobre la humilde casa. Miguel saltó el muro y empujó el arma: una ráfaga de metralleta desgarró el aire. De todas partes resonaron balazos. La mujer que lava la ropa lo vio a través de la rendija de los tablones. Miguel disparó una ráfaga. Miguel se desplomó sobre la artesa, el lavadero".

Según ella, ignoraban que una esquirla de granada lo alcanzó a los 15 minutos de iniciarse el enfrentamiento, "y no sabrán que peleó solo, durante más de dos horas".

Sin embargo, algo sorprendente ocurre en Castillo, quien escribe en tercera persona. Ella se impresiona con Krassnoff. Reconoce en la publicación haber creído que "fue el bueno de la historia".

Fueron muchas las visitas que recibió de Krassnoff en el Hospital Militar, donde se restablecía de sus heridas. "¿Cómo hablar del capitán Miguel Marchensko (sic)? Aún hoy esto es lo que más difícil me parece". Y Carmen Castillo hace una confesión por lo menos ambigua: "Desea su llegada, sus preguntas. Ella lo espera".

El último consejo de Krassnoff, cuando, con Manuel Contreras, la fue a dejar al aeropuerto: "Jamás lo olvides: tú no fuiste torturada".

Extracto


Difundimos la respuesta de Carmen Castillo, desde Paris:

A propósito de una entrevista del Coronel Miguel Krasnoff Marchenko. 

Son las tres de la tarde en París. Mi madre me llama desde Santiago. Me lee las declaraciones de Miguel Krasnoff Marchensko. La arrogancia del torturador permanece en ese individuo, treinta años después, intacta.

Miguel Krasnoff Marchensko, uno de los jefes de la DINA, responsable de tortura, muerte y desaparición, jefe de Halcón 1 y Halcón 2, persiste en declararse un « no » torturador. A partir de ahí, de esa « declaración », el resto de sus palabras son lo que son, nada.

Frente a la « nada » no se siente ni emoción ni rabia. 

En agosto de 1993, se filmó en Santiago el documental « La Flaca Alejandra ». Durante esas dos semanas intentamos obtener una entrevista de Krasnoff Marchensko, confrontarlo con la memoria de sus víctimas y frente a mi cámara. No respondió, pero ese silencio emite ruido y un claro significado. Ese film, que intenta desmontar el espacio del miedo, del dolor y del horror, ha sido una de mis respuestas a la política de la amnesia y el olvido del poder en Chile. ¿Por qué ese documental, diez años después, aun no ha sido emitido en nuestro país ? 

No respondo, por lo tanto, hoy, ni a sus declaraciones, ni a aquellos que siempre han hecho suya la versión de la dictadura

Me dirijo a los sobrevivientes, a mis compañeros, al pueblo de Chile. Nuestra vivencia de lucha y de resistencia se encuentra cada día viva en mi, aunque les escriba desde lejos.

He escrito tres libros, dos pueden leerse en Chile : « Un día de octubre en Santiago » y « Santiago/París, el vuelo de la memoria », co-escrito con Mónica Echevería, mi madre. He intentado en ambos trasmitir la versión de los vencidos. En esos textos, Miguel Krasnoff Marchensko aparece como lo que es: un torturador, un tornillo más de la maquina de matar. Los testimonios recogidos constituyen pruebas irrefutables que pueden ser consultadas por quien lo desee.

En cambio hay algo que no se conoce y de lo cual no hemos hablado suficientemente. Si alguien salvó mi vida no fue ninguno de los peones del aparato represivo. Fueron seres humanos que sí me maravillan, que realizaron un gesto gratuito porque sí, para salvarle la vida a alguien que no conocían. Fue la suma de lo que se llama « una buena acción » lo que logró extraerme de la prisión y de la tortura : la vecina Gladys de la casa de enfrente a la nuestra en calle Santa Fe que, viéndome tirada en la vereda y desangrándome, llamó al Hospital Barros Luco. El joven médico de guardia que se encontraba en la ambulancia y que se enfrentó a la DINA trasladándome a Urgencias del Hospital. La vieja enfermera de ese mismo servicio que me preguntó « qué puedo hacer por usted » y que le avisó a mi tío Jaime Castillo de que estoy herida pero viva. El médico que me operó en el Hospital Militar, que por casualidad se encontraba allí y que decidió unas semanas después que si podía viajar. El enfermero del mismo hospital que me susurraba algunas noticias de mi familia… y sí, todo el movimiento de solidaridad en Chile y en el extranjero que exigía mi liberación, horrorizado por la muerte en combate de Miguel Enriquez, de la cual son responsables Augusto Pinochet, Manuel Contreras y Krasnoff Marchensko.

En aquel cuarto del Hospital Militar, custodiada permanentemente por tres hombres armados. Yo era una prisionera. Entraban los oficiales. Venian a interrogar. Una prisionera nunca se encuentra en una situación de « conversación » con su torturador, aunque en el juego de « roles », esa marioneta se ponga la mascara del « bueno » de la historia. Sobre esto no hay ambigüedad en mis textos.

En la lucha cotidiana somos muchos, y aunque no se nos escuche, existimos. Existimos, resistimos y creamos a partir de nuestra memoria, sin nostalgia y con un inmenso deseo de vivir. Vale la pena continuar, porque Chile no se puede permitir el lujo de olvidar la valentía de quienes defendieron la legalidad y la democracia. 

En los juicios que Chile todavia debe realizar a los represores y torturadores de la dictadura de Augusto Pinochet, mi pelicula « La Flaca Alejandra » y mis libros tendran que ser incluidos como unas de las incontables pruebas de los cargos contra ellos.

Es responsabilidad de El Mercurio publicar la totalidad de esta respuesta.

Carmen Castillo, París, 10 de julio de 2003.


El Mostrador

1 de Octubre 2004

Miguel Enríquez comienza su regreso, a 30 años de su muerte

Por estos días, la figura de Miguel Enríquez vuelve al presente. El secretario general del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) fue abatido 30 años atrás en un enfrentamiento con agentes de la DINA mientras desde la clandestinidad intentaba levantar una resistencia contra el régimen militar. Las conmemoraciones ya comenzaron a desplegar la creación de un nuevo mito de la izquierda chilena, el tercer hombre al lado de Salvador Allende y Víctor Jara.

Iniciadas oficialmente el 26 de septiembre pasado bajo el lema “Con Miguel Forjemos el Futuro”, varias organizaciones están recordando al dirigente de izquierda con diversas actividades que culminarán a treinta años de su muerte con un acto masivo en el estadio Víctor Jara (ex Chile). A las conmemoraciones se han sumado y llamado a integrarse, ex dirigentes del MIR, la Asociación de Familiares de Detenidos Desaparecidos (AFDD) personajes de la cultura como Tomás Moulian, Gonzalo Rojas, el senador socialista Carlos Ominami –casado con la madre de un hijo de Enríquez, Manuela Gumucio-, entre otros.

Entre esos otros, se cuenta también Carmen Castillo, la pareja de Miguel Enríquez al momento de su muerte y quien de hecho ha participado activamente en la organización de todos estos eventos. Radicada en Francia desde hace años, hoy la autora de Un día de octubre en Santiago, se encuentra en Santiago y asegura que más que una conmemoración, las acciones son para una figura que aun está viva. “Miguel Enríquez está presente en la mente en el cuerpo, en los brazos, en las manos, con él pensamos” señala.

 “No es un homenaje a alguien que se murió, es un momento de encuentro entre los compañeros y sobre todo con un país, un pueblo, una situación en la que hay tanta amnesia y en que el reconocimiento a la resistencia y a los combatientes ha sido inexistente. Entonces es un momento importante para recordar el acto de resistencia del hombre libre que combate y muere”, agrega Castillo.

Santa Fe 725

Cerca de las 13:00 horas del 5 de octubre de 1974, Carmen Castillo llegó hasta la casa donde se refugiaban junto a Enríquez y Humberto Sotomayor desde hacía menos de un año ubicada en la calle Santa Fe 725, San Miguel.

Las cabezas del MIR quemaban documentos y tenían sus armas a la mano: dos autos sospechosos habían merodeado por la casa durante la mañana. Horas más tarde, la DINA abriría fuego contra los dirigentes –José Bordas, el "Coño Molina'', entre ellos- de la resistencia, armados con una tanqueta y la observación de un helicóptero. De la "ratonera'' sólo salvaron con vida Sotomayor y Bordas, que escaparon por el fondo de la vivienda, mientras Carmen Castillo, herida, fue trasladada hasta el Hospital Militar.

Con treinta balas en el cuerpo, Enríquez terminaba a los 30 años una labor que había comenzado en la Universidad de Concepción hacia 1965. Nelson Guitiérrez, alto dirigente del partido y hoy Investigador Centro de Estudios Estratégicos para el Desarrollo Humano, recuerda que éste fue la cabeza intelectual del partido. “Miguel era el gran articulador de la dirección histórica del MIR, de ese grupo de cuadros que constituyeron entre 1965 y 1973-75 el factor cohesionador y centralizador principal del movimiento a escala nacional”, plantea.

Bajo la guía de Enríquez, el MIR llegó hasta 1970 quedándose al margen de la Unidad Popular y, según plantea tanto Carmen Castillo como Gutiérrez, se dedicó a trabajar en las bases sociales. El sector de marginados desde donde la cabeza del partido, veía la oportunidad de crear una resistencia contra el sistema.

 “Se ha hecho pasar siempre al MIR, como un grupo simplemente radical extremo sin hurguetear en lo que eran los fundamentos del pensamiento político de la izquierda revolucionaria de los años 60, 70 que Miguel encarnó: que son el poder popular, la creación local de poder y autonomía de lo que se llama hoy día la sociedad civil, que es a mi juicio la respuesta política más fuerte que le podemos hacer hoy al sistema”, plantea Castillo.

Vigencia de Enríquez

Por supuesto, la pregunta es qué puede ofrecer Miguel Enríquez hoy, más que una leyenda de resistencia. Para Nelson Gutiérrez el sistema económico dominante en el mundo entero no ha logrado resolver los problemas que hace 30 años ya era el centro de las preocupaciones de la izquierda mundial. “Los valores que encarnó y expresó Miguel hace 30 años, la lucha por un orden social humano, sin explotación, sin exclusión, sin hambre ni miseria; sustentado en la libertad, la autonomía, la igualdad y la solidaridad, se mantienen plenamente vigentes”, asegura.

Castillo es optimista, pero cautelosa. Según ha podido observar, la ideología que legó Enríquez hoy puede rastrearse claramente en el movimiento zapatista mexicano , como también en “comunidades de la población Villa Francia, en la lucha mapuche, en grupos Aymaras, en jóvenes okupa en Valparaíso. “Pero cuando uno atraviesa la calle y hace el primer recorrido, se da cuenta que está ahí mismo”, observa Castillo.

Sin embargo, se apura en plantear que si bien la huella de Enríquez es una realidad potente, también es frágil. “No estamos hablando de que hay un movimiento estructurado u organizado; hay para mí una postura radical de resistencia muy fuerte. No es que se plantea contra, sino fuera del sistema”, añade.

En ese sentido, Nelson Gutiérrez añade que antes que empezar a revisar donde está hoy la ideología de Enríquez, se hace necesario “resituar su rol en una época de la historia de Chile y su contribución a la autoconciencia y organización de las clases subalternas. Lo segundo, es rescatar su pensamiento político y difundirlo; lo tercero es transmitir los valores que guiaron su vida y su compromiso”.

En medio de ese recorrido político, la figura de Miguel Enríquez ha logrado entrar de forma tangencial hasta la cultura popular teniendo fuerte eco sobre las juventudes de izquierda e inesperadamente, inspirando al personaje central de la teleserie pasada de Canal 13 Hippies -un estudiante de medicina con alta conciencia social- Martín Hidalgo.

Menos superficial, en todo caso, el legado de resistencia del hombre del MIR podrá apreciarlo el público general el 5 de octubre próximo cuando tras una romería a su tumba, se estrene un documental y un libro sobre su vida en el Cine Arte Alameda.


La Nacion

4 de Octubre 2004

El día que murió Miguel Enríquez

Desde muy temprano, el sábado 5 de octubre de 1974 la DINA se preparó para lo que buscaba desde hacía meses: capturar o matar al líder del MIR Miguel Henríquez. Junto a su compañera Carmen Castillo, embarazada de un hijo común, se habían sumergido en la clandestinidad ocupando desde poco después del golpe militar la casa de calle Santa Fe 725 en la comuna de San Miguel.

Una ciudadana británica amiga de la madre de Carmen, Mónica Echeverría, prestó su nombre para que compraran la casa y se fue de Chile. Todo quedó en orden en una notaría. Pero la vida pendía cada día de un hilo. La represión estaba desatada, especialmente en contra del MIR. El país estaba en manos de la DINA, donde llegaban los recomendados por Pinochet y los más feroces de su estado mayor. Entre ellos Pedro Espinoza y Marcelo Moren Brito.

En Rocas de Santo Domingo, ya a fines de 1973, uno de los instructores de los jóvenes agentes escogidos era el capitán Cristián Labbé, hoy coronel retirado y candidato a la reelección como alcalde de la comuna de Providencia.

La mañana del 5 de octubre no se presentaba distinta a las anteriores en la casa de Santa Fe. Pero desde antes de la una de la tarde comenzó un movimiento poco común y al sector llegaron tres vehículos. En uno de ellos llevaban a Cecilia Jarpa, enlace de Miguel Enríquez, torturada y amarrada. En los autos iban, entre otros, Moren Brito, el teniente Miguel Krassnoff, y el agente civil Osvaldo Romo. Con el tiempo, los tres quedarían registrados entre los agentes más crueles, a pesar de que los dos primeros hoy se hacen pasar por “analistas” de la DINA.

Junto a Miguel Henríquez y Carmen Castillo, en la casa estaban los dirigentes del MIR Humberto Sotomayor y José Bordaz.

No demoró mucho en iniciarse el combate, porque desde dentro de la casa el MIR resistió con armas el ataque. Pasados unos veinte minutos, esquirlas de una granada hirieron a Carmen Castillo en varias partes del cuerpo y alcanzó también al líder del Movimiento de Izquierda Revolucionaria. La DINA se dio cuenta de que las fuerzas que llevaba no le bastaban para abatir a los ocupantes y pidió refuerzos. Cerca de las dos de la tarde aparecieron más vehículos con agentes y personal de Ejército.

Por el aire volaron algunos helicópteros. El intercambio de disparos continuaba. La refriega duró casi dos horas. Cerca de las tres de la tarde, Miguel Enríquez salió de la casa para intentar subir a un muro de la casa contigua de calle San Francisco 5959. Ese fue el momento de su muerte, alcanzado por una decena de disparos.

Carmen Castillo recuerda que algunos vecinos dicen que escucharon que éste gritó “¡paren el fuego, aquí hay una mujer herida embarazada!”. Pero en verdad, ese día Miguel Enríquez resistió sólo.

Carmen quedó herida tirada en el suelo dentro de la casa. Al entrar, Moren Brito la pateó. Ella no se explica por qué la dejaron tirada y no se la llevaron. Había perdido mucha sangre.

La DINA y los refuerzos se retiraron. Romo se llevó un recuerdo que luego comenzó a mostrar a los prisioneros en los recintos clandestinos: el reloj de Miguel Enríquez. El “guatón” Romo fue uno de los que más robó a las víctimas que iban cayendo.

Un vecino del sector, Manuel Díaz, buscó una ambulancia y llevó a Carmen Castillo al Hospital Barros Luco. Desde allí la DINA la llevó al Hospital Militar, hasta donde llegó el mismo Manuel Contreras.

Carmen salió después a Gran Bretaña donde nació su hijo, Miguel Ángel, que murió a poco de nacer por secuelas de lo acontecido a su madre ese día de octubre.

La casa de Santa Fe

Entre los sueños que hoy tienen Carmen Castillo y los que siguen siendo miristas de distintas maneras, está recuperar la casa de calle Santa Fe. Esta fue ocupada un tiempo por la DINA, pero después la recuperó Clotilde Toro, que la había vendido a través de la ciudadana británica. Hoy vive en ella un hijo suyo, Francisco Benítez. La casa está avaluada en poco más de 8 millones de pesos, pero por ella quieren 40 millones.

Pero para Carmen Castillo la historia de lo que realmente pasó en Santa Fe ese día de octubre de 1974 “todavía no está contada, nadie la ha investigado, y sólo conocemos la historia oficial de la dictadura”. Sus recuerdos se pierden una vez que cayó herida.

Sotomayor y “el coño Molina”, nombre político de Bordaz, encargado de las tareas militares del MIR que meses después murió en un enfrentamiento con fuerzas militares, huyeron a poco comenzar el combate. Una parte de esta historia se ha ido rearmando por los recuerdos de los vecinos que todavía viven en el lugar.

Programa

Los 30 años desde la muerte de Miguel Enríquez contemplan varias actividades. De ellas, las principales son una romería el 5 de octubre desde el Memorial de los Desaparecidos y Ejecutados a la tumba del líder del MIR en el Cementerio General, y el acto central de homenaje el 8 de octubre en el Estadio Víctor Jara. Esta será una fiesta masiva con participación de grupos musicales, teatro, danza y la presentación de un documental.


Esta pagina fue modificada el 17/07/2010

Si posee cualquier información sobre este caso,  nuevas o mejores imágenes, relatos, testimonios, etc., escribanos a info@memoriaviva.com

 

 

 

  Estas paginas han sido preparadas y son mantenidas por: Proyecto Internacional de Derechos Humanos - Londres © 1996 - 2015