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2º.- Que los elementos de juicio reseñados en la sentencia que se revisa y que se tiene por reproducidos y aquellos que se señala en este fallo, son constitutivos de instrumentos, testimonios, peritajes y presunciones que apreciados con arreglo a las normas jurídicas pertinentes, tienen fuerza probatoria suficiente para dar por establecido que en la mañana del día 11 de julio de 1983, en un dormitorio de la casa habitación Nº 2, ubicada en calle Montalbán de la Población O"Higgins, sector Miramar, Playa Ancha, fue encontrado por algunos parientes, el cadáver de Juan Alberto Alegría Mondaca, que yacía en posición de cúbito dorsal con la cabeza orientada hacia los pies de la cama, el que presentaba heridas cortantes en ambas muñecas. Su brazo derecho colgaba y en el suelo y debajo de él había una hoja de afeitar. Sobre un baúl había una nota manuscrita y firmada por el occiso en la que se inculpaba de la muerte de Tucapel Jiménez, hecho que habría perpetrado para sustraerle algunas especies, conducta que le provocaba remordimiento, por lo cual decidió quitarse la vida. Que en dicho lugar se encontró, además, una linterna y un arma de fuego.

3º.- Que tras el examen de los hechos investigados y la debida ponderación de la prueba acumulada en autos, este tribunal concluye, tal como sostiene el juez a quo, que Juan Alegría Mondaca fue víctima de un delito de homicidio calificado. Para llegar a esta conclusión tiene presente los siguientes elementos probatorios: a) el protocolo de autopsia, su ratificación y aclaración efectuada por el doctor Wilbert Robson Velarde. En aquel se consigna que el occiso presentaba en la cara anterior de la muñeca derecha una herida cortante penetrante profunda de 8 cms. de longitud, con sección de tendones flexores y de los vasos radiales y cubitales, ubicada a 3 cms hacia arriba de la comisura anterior y distal de la muñeca. Otra herida de igual característica en la cara anterior de la muñeca izquierda, a 2 cms hacia arriba de la comisura distal anterior de la muñeca, que mide 4,5 cms de longitud y que también presenta sección de todos los tendones flexores de los dedos y sección de los vasos radiales. El médico legista aclara a fojas 210 que al referirse a los vasos implicó el compromiso de las arterias y venas tanto radiales y cubitales derecha y radiales izquierda, pero a fojas 1569 precisa que al resultar afectados los tendones flexores, los dedos de la mano no tendrían movimiento y perderían la fuerza para coger y/o manejar algún objeto. b) el informe médico legal de fojas 205 suscrito por el doctor Raúl López, donde luego del análisis general de las diferentes hipótesis que se puede presentar con ocasión de este tipo de heridas, concluye que en el caso de autos en una situación análoga, con una lesión semejante a aquellas que se describe en la autopsia, es imposible que con la mano dañada pueda efectuarse movimiento o asirse objeto alguno y menos emplearse una hoja de afeitar. Informe que es ratificado por el facultativo doctor Raúl López Martínez, que lo emitió, no obstante haber sido firmado por otra doctora, Marcia Viviana San Martín Herrera, tal como se aclara a fojas 2264, 2292 y 2293. c) informes y testimonios de los médicos Juan Ritz Pérez y Carmen Cerda Aguilar, de fojas 1481 vuelta, 1590, 1588, quienes señalan que para acceder a los tendones de los músculos flexor superficial de los dedos y flexor propio del pulgar, hay que seccionar los nervios, al menos el mediano. d) el examen toxicológico practicado a nivel del hígado, que arrojó una alcoholemia en la víctima de 2,98 gramos por litro. Los informes periciales toxicológico de fojas 194 y 416 y de fojas 2241, evacuados por el Servicio Médico Legal respecto a la presencia de alcohol en el hígado en cantidad de 209 gramos y a los efectos de una alcoholemia de 2,98 grs/lt en un individuo; señalan, entre otros, que se produce incordinación respecto de movimientos finos, es decir, las funciones sensitivas y motoras están profundamente comprometidas. Las percepciones sensoriales están muy disminuidas y alteradas. La movilidad está considerablemente interferida, lo que hace al individuo tener un caminar vacilante y caerse. Aparece un estado de somnolencia que se convierte a menudo en sopor. Señala que dadas las profundas alteraciones neuropsíquicas de tales personas, es muy difícil que puedan maniobrar una Gillete y, menos aún, efectuar cortes de precisión. Y por aquellas mismas alteraciones que comprometen al individuo, sus condiciones para que escribiera la carta antes dicha son extraordinariamente precarias, puesto que se encuentraría en un estado de sopor o semi inconsciencia.

4º.- Que las informaciones recién destacadas, principalmente las de los acápites a), b) y c) no logran ser desvirtuadas por los informes agregados por la defensa de uno de los inculpados, confeccionados por los doctores Renato Navarro Silva y Alberto Teke Schlicht, a fojas 2104 vuelta, 2148 y 1392, que son categóricos al afirmar que se trata de lesiones de tipo suicida y que se asilan fundamentalmente en la ausencia de precisión del protocolo de autopsia respecto de la profundidad y naturaleza de las lesiones –cuestión ya abordada- en la existencia de la nota suicida– que se analiza enseguida - y, en general, en la descripción del sitio del suceso.

5º.- Que el valor de la nota suicida se encuentra desvirtuado, entre otros, por el informe pericial caligráfico de fojas 73, donde si bien se reconoce que fue confeccionada por la víctima, en el peritaje evacuado por el Instituto de Criminología de la Policía de Investigaciones de Chile agregado a fojas 2255 se establece que la misiva no corresponde a la carta o nota típica que dejan como testimonio de su última voluntad, aquellos que por propia iniciativa se quitan la vida y ello se infiere especialmente, debido a la presencia de una letra manuscrita uniforme, en cuanto a la dirección, precisión y tamaño, que no trasmite variaciones emocionales esperables para una situación en extremo calificada como estresante. Además, agrega que su mensaje no resulta confiable en cuanto a su veracidad por existir ambigüedades y contradicciones, como son: que en su inicio el destinatario es general y al final se dirige a su madre. Por otra parte la frase "no me lo van a creer" corresponde a una advertencia de reconocer lo inverosímil del relato, situación que resulta extraña que sea destacada en un individuo próximo al suicidio. Todavía, es inusual que se indique el destino de las especies supuestamente sustraídas, porque lo común es que el suicida se refiera a aspectos más importantes de su decisión. Por otra parte, la conducta observada por Juan Alegría, con antelación a su muerte era la habitual según su forma de vida. Esta última situación la reconocen, también, los vecinos, que lo señalan como un individuo alegre, buen vecino, que se encontraba trabajando y que no manifestaba en forma alguna su intención de quitarse la vida.

6º.- Que en consecuencia, tal como se señaló, el análisis de los antecedentes relacionados lleva a la convicción que la muerte de Juan Alegría Mundaca se debió a la acción dolosa de terceros, en la cual medió alevosía, puesto que en la comisión del hecho punible que privó de la vida a Juan Alegría se obró sobre seguro al existir un aprovechamiento de la desvalidez de la víctima, en la que se le colocó debido a una ingesta excesiva de alcohol, conclusión a la que se arriba luego de constatarse que en el sitio del suceso sólo se encontró una botella vacía de vino y otra con un tercio de su contenido, cantidades que según los peritajes efectuados no pudieron colocar al occiso en el estado de ebriedad que revela el análisis toxicológico del tejido de su hígado, situación que impide aceptar que dicha embriaguez la contrajo en la soledad de su domicilio, con el solo contenido de los envases encontrados en su casa y que en esas condiciones se provocó los profundos cortes de las muñecas, luego de escribir la supuesta nota suicida.

7º.- Que, asimismo, existió premeditación en el actuar de los hechores toda vez que la acción ejecutada evidenció una decisión firme y persistente, encaminada a lograr la consumación del delito, y no otra cosa puede colegirse de los variados antecedentes que se reunió en el proceso, tales como las declaraciones de las personas que vieron a Alvaro Corbalán cerca de la vivienda de Alegría, con anterioridad al deceso y del hecho de haber obligado a la víctima a escribir una misiva de tipo suicida con el propósito de vincular el deceso con el homicidio de Tucapel Jiménez.

8º.- Que, por consiguiente, la conducta típica y dolosa reseñada debe encuadrarse en el tipo penal que describe y sanciona el artículo 391 Nº 1 del Código Penal.

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