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ANDRE JARLAN POURCEL

Sacerdote diocesano, La Victoria, Santiago

Nació en Rodez, Francia, el 16 de Mayo de 1941. Se ordenó sacerdote en 1968 y fue asesor de la JOC en Francia. Llegó a Chile y trabajaba como vicario cooperador de la Parroquia La Victoria, en la Zona Sur de Santiago, donde alcanzo a vivir solo 18 meses. Su muerte aconteció en circunstancias muy particulares, lo que hizo que este modesto sacerdote, saltara a la escena mundial y sea ahora reconocido como una de los mártires del compromiso de las Iglesia por los Derechos Humanos.

          Llegó el 4 de Septiembre de 1984 y la protesta, una de tantas que fueron comunes en esos años, derivó en tragedia. En esas jornadas hubo en Chile 10 muertos y centenares de heridos. Uno de los primeros muerto fue Hernán, un drogadicto de la Victoria, atendido por André, quien no para en su labor de socorrer a los heridos: gente que entra y sale, heridos y llamadas telefónicas. A las 18 horas se oyen en la esquina unos disparos. Eran carabineros. Después de una hora llega el P. Dubois buscando a André. Sube a su pieza y lo encuentra en su cuarto con la cabeza descansando sobre su escritorio y las manos puestas también encima. Y sobre el escritorio, la Biblia abierta en el Salmo 129, que dice: “Desde el abismo clamo a ti Señor / escucha mi clamor / El Señor dejará libre a Israel / de todas sus maldades”. Dubois lo remece:  “¡André!” ... Estaba muerto. En el cuello tenia una herida de bala con salida detrás de la oreja derecha.

          Hay constancia de mas de 10 casos como éste en Santiago, de niños y dueñas de casa muertos en sus hogares por balas intimidadoras disparadas por patrullas militarizadas.    

          El DIA anterior, Pierre Dubois había comentado con André: “Mañana cualquier cosa puede pasar”. Lo que caracterizaba la opción de André era el estar con su pueblo y con sus jóvenes pase lo que pase, acompañándolos física y espiritualmente para que no sufrieran desgracias ni se sobrepasaran los limites de la no-violencia o de la justa defensa.

          El P. Dubois, en un testimonio que dio la vuelta al mundo en los teletipos relata los hechos del siguiente modo: “En los momentos en que murió se encontraba el furgón Z-711 de carabineros que estaba parado en la esquina. Había varios periodistas y lo que pasó fue una cosa tremenda de sencilla. Al final de la tarde, como a las 6 o algo asi, André subió a su pieza. Se sentó en una mesa para rezar, para leer la Biblia, para descansar un poco de toda la tensión que había tenido durante el día, puesto que había sido sumamente duro. Empezó con la muerte de un joven de 25 años en la mañana y siguió con muchos golpes, con muchos heridos, incluso con gente de la comunidad cristiana. El clima de tensión era muy fuerte y André subió a su pieza a leer la Biblia, y en esos momentos habo disparos que venían de la calle 30 de Octubre con Ranquil, y uno de esos disparos le atravesó la nuca. La bala no fue disparada contra André, en particular pues no sabían que estaba en su pieza en este momento, pero sí contra quien la pudiese recibir. Así que André compartió plenamente la suerte de los pobres de este sector”.

          La muerte de André Jarlan rebela en definitiva el nuevo estilo de martirio por la defensa de los DD.HH. tan común hoy en nuestra América Latina.  


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