Eduardo Frei MontalvaEL PAIS- 13 OCTUBRE 2000 5 de Marzo 2003 El Mostrador
9 de Enero 2004 La Nacion La secreta pesquisa del camposanto Sigiloso, reservado y al amparo de los últimos días del 2004, el ministro en visita Alejandro Madrid -que tramita el proceso por la misteriosa muerte del ex Presidente Eduardo Frei Montalva- llegó hasta el Cementerio General y enfiló sus pasos hacia la tumba del ex Mandatario, ubicada en el patio 6 del recinto. Pero no llegó solo.
Premunido de un encendedor y una cajetilla de cigarros, el magistrado iba acompañado de su detective de confianza, Nelson Jofré, el actuario y algunos peritos para realizar una diligencia que desde hacía semanas venía preparando en el más absoluto secreto. Madrid y los antes mencionados bajaron hasta donde reposan los restos de Frei Montalva y realizaron una “diligencia planimétrica”, en la que se “fijó” el lugar y sus dimensiones. Además, se tomaron fotografías para dejar establecida en el proceso la ubicación de la bóveda mortuoria. La pesquisa ordenada por el juez contó con la venia de la familia Frei. Pero ¿adónde apunta Madrid? Una diligencia de este tipo, dicen peritos especializados, se realiza cuando el magistrado estima que la exhumación de un cuerpo podría llegar a resultarle útil en la indagatoria de un homicidio. Más allá de la pesquisa judicial, el hecho arroja luces sobre el grado de convicción del ministro Madrid de que Frei pudo haber sido asesinado con un veneno. Sobre todo porque de los nueve tomos que tiene esta investigación, sólo a tres tienen acceso tanto el Consejo de Defensa del Estado (CDE), como el abogado de la familia, Álvaro Varela Walker. Los otros seis son hasta ahora un misterio que sólo el juez conoce. La guerra bacteriológica Eduardo Frei Montalva falleció el 22 de enero de 1982, en la Clínica Santa María, como consecuencia de una sospechosa infección post operatoria. Pero ¿qué pruebas tiene en su poder Madrid para haber realizado esta diligencia? Las primeras pistas apuntan al descubrimiento del Laboratorio de Guerra Bacteriológica del Ejército. El recinto -maquillado bajo el inocente rótulo de Laboratorio de Diagnóstico del Ejército- estuvo ubicado en calle Carmen 339. Hoy alberga a las oficinas del Archivo Judicial. Una de estas pistas la obtuvo del actual profesor de la Universidad de Chile y coronel (R) del escalafón de veterinaria del Ejército Sergio Rosende Ollarzu, quien trabajó activamente en este proyecto. En su declaración ante el ministro, Rosende relató la primera prueba que tuvo Madrid en su poder para comenzar a sospechar. “En 1977, aproximadamente, oportunidad en que estaban malas las relaciones con Argentina, recuerdo que me llamó a su oficina el médico Eugenio Tastest Solís (hoy fallecido) y me presentó al médico de sanidad de nuestra institución militar, el doctor Eduardo Arriagada Rehren, donde me enteré que este último estaba a cargo de un proyecto para crear el antídoto contra el ántrax. Por información de inteligencia se sabía que Argentina tenía una Escuela de Guerra Bacteriológica y se temía que, si existía una eventual guerra con ese país, se podía contaminar a la población animal o las aguas. Fue así que mi jefe me pidió que trabajara con el doctor Arriagada para crear un suero anti-carbunclo. Este proyecto duró hasta 1991, para lo cual el doctor Arraigada me visitaba periódicamente en mi laboratorio. Tomé conocimiento que, cuando comencé a trabajar en este proyecto, en el año 1977 Arriagada Rehren trabajaba para el servicio de inteligencia de la época”. Poco tardó el magistrado en averiguar que uno de los militares que trabajó en el otrora Bacteriológico (hoy ISP) le confirmara quiénes eran Rosende y Arriagada Rehren y pudiera, como si se tratara de una coctelera, mezclar los sabores que le entregaron esas declaraciones. El ex uniformado fue el jefe del Bacteriológico, coronel (R) Joaquín Larraín Gana. En su declaración reveló el rol de Rosende y Arriagada. Y agregó un dato mayor, la existencia de la toxina botulínica (que provoca el botulismo), comprada en Brasil a petición de este último.
“Con relación a la toxina botulínica que se me consulta, recuerdo que en una ocasión en mi oficina, el entonces coronel Arriagada Rehren -acompañado de un veterinario que me dijo que era el futuro jefe del Departamento de Guerra Bacteriológica- me solicitó cepas de clostridium botulinum. Como el instituto no las tenía, fueron solicitadas a Sao Paulo, Brasil”, declaró Larraín Gana. Arriagada Rehren llegó a ser general del Ejército y el jefe de Sanidad bajo el mando del general Ricardo Izurieta. Para el ministro fue muy difícil interrogarlo: debió esperar un año para realizar la diligencia. Cómo llegó la bacteria a Frei ¿A qué convicciones llegó el ministro con estos datos? La respuesta podría esbozarse así: existe un laboratorio secreto. Está vinculado a la inteligencia de la época. Es 1977. ¿Pero cuándo llega la toxina botulínica a Chile? Fue en julio de 1981 y fue retirada desde el Bacteriológico por Arriagada Rehren y Rosende. ¿Y qué más sucedió en 1981? En diciembre los miristas Ricardo y Elizardo Aguilera permanecían detenidos en la galería Nº 2 de la ex Cárcel Pública, por Ley de Seguridad Interior del Estado. En la misma situación estaba quien fuera el jefe de las milicias de resistencia del MIR, Guillermo Rodríguez Morales, El Ronco, junto a Adalberto Muñoz Jara. Con ellos estaban los reos comunes Víctor Hugo Corvalán Castillo y Héctor Pacheco Díaz. Todos cayeron misteriosamente enfermos de botulismo. Sólo se salvaron los presos políticos. Corvalán y Pacheco fallecieron por “intoxicación aguda inespecífica”. Nunca se hicieron análisis de sus restos. Pero había más. Madrid tenía otra declaración a la que echar mano. Se trata de Marcos Poduje Frugone, quien fuera jefe del Departamento de Liofilización del Bacteriológico durante los ochentas. Él fue quien retiró la toxina desde la Cancillería, proveniente de Brasil. La liofilización es un procedimiento que consiste en deshidratar sustancias sin utilizar calor. Es decir, se congela, se somete a un alto vacío, se sublima el hielo y se deja seco el producto y convertido en polvo. ¿Y luego qué? La conexión sigue así: el botulismo comprado en Brasil se habría probado en los presos antes de usarlo para “otros cometidos”. Pero había más en un informe policial preparado por los detectives Nelson Jofré y Palmira Mella. “Es dable señalar la fecha del día 8 de diciembre de 1981, día en que se intoxicaron cuatro reos comunes y cuatro reos subversivos -miristas- en la ex Cárcel Pública de Santiago por toxina botulínica. Ése es el mismo día en que el ex Presidente de la República Eduardo Frei Montalva sufrió una grave infección, donde fue intervenido, nuevamente con diagnóstico de peritonitis aguda”, señala el documento. El botulismo es una grave enfermedad que paraliza los músculos y puede llevar a la muerte por un paro respiratorio. Pero ¿cómo se podría haber inoculado una toxina de este tipo a los reos en la cárcel? La respuesta para Madrid vino de otra declaración prestada por el mismo Poduje Frugone, donde reconoce que fue a dejar el liofilizador al mismo laboratorio secreto de Carmen 339. La línea de Madrid es clara. Si se liofilizó la toxina botulínica, bien podría haberse echado en los alimentos de los miristas que estaban en la ex Cárcel Pública y eventualmente a Frei. Pero ¿cómo inoculársela a Frei? Y aquí entran las sospechas de Madrid sobre Luis Becerra, quien fuera chofer y hombre de confianza del ex Presidente. Éste fue informante de la CNI, durante muchos años, hasta la muerte del ex Mandatario 9 Octubre 2003 Tercera Ex agente entregó nombre del posible asesino de Frei Montalva Andrés Valenzuela, alias "el Papudo" y ex miembro del Comando Conjunto, reveló cómo y quién habría provocado la muerte del Presidente Eduardo Frei Montalva mientras estaba internado en la Clínica Santa María en enero de 1982. El ex cabo de la Fach, que desertó y que vive hoy en París bajo protección del gobierno francés, reveló que durante su estadía en Perú -donde realizó labores de espionaje- se enteró que la esposa de un colega y amigo, una enfermera que trabajaba en la clínica Santa María, vio cómo un kinesiólogo ingresó a la habitación donde estaba internado Frei y refregó un apósito infectado con una "bacteria resistente" sobre la herida post operatoria del ex mandatario. El apósito habría sido preparado por el ex químico de la Dina, Eugenio Berríos, posteriormente asesinado en Uruguay por agentes de seguridad. Esta versión es parte de la declaración tomada a Valenzuela por Investigaciones a mediados de septiembre a las afueras de París. Otra parte de esta revelación la constituye una entrevista realizada por el ex militante del MIR, Oscar Espinoza, al ex agente y que será transmitida en el programa "Enigma" de TVN. Según la información la indagatoria había sido ordenada por el ministro de fuero Juan Guzmán Tapia en el marco de la investigación sobre las acciones de represión realizadas por la DINA y el Comando Conjunto en contra el PC en 1976. Sin embargo, el abogado de la familia Frei, Alvaro Varela, dijo luego de reunirse con Guzmán que el magistrado desmintió que estuviera en antecedentes de esa declaración. El ministro aclaró que es la titular del Noveno Juzgado del Crimen de Santiago la que puede haber ordenado tal indagatoria. Senadora Carmen Frei: "Estoy impactada" La senadora DC Carmen Frei se mostró impactada con los nuevos antecedentes y señaló que será el juez que lleva la causa, Alejandro Madrid, quien deberá constatar la veracidad de la declaración. "Cada día se confirma más lo que vengo planteando hace mucho tiempo de las dudas cada día más fundadas de que hubo manos de terceros en la muerte de mi padre", dijo la parlamentaria. Carmen Frei, quien reiteró que tras la muerte de su padre recibió llamados anónimos que hablaban de un envenenamiento y que tiene antedecedentes de que personal de la Dina trabajaba en la clínica Santa María, dijo no tener los detalles de la revelación entregada por el ex agente, ni el nombre de que sería el homicida del ex mandatario. 8 de Julio 2004 El Mostrador Autopsia de Eduardo Frei Montalva habría sido adulterada La sospecha comenzó cuando el patólogo Hermal Rosemberg aseguró que mantuvo guardado un manuscrito de la autopsia por más de 10 años y recién en los 90 fue agregado al informe sobre la muerte del ex mandatario. A la revelación le siguieron otras, como la declaración de una secretaria que negó haber transcrito la autopsia que se le mostró. La autopsia hecha al ex presidente Eduardo Frei Montalva habría sido adulterada en el Hospital de la Universidad Católica por terceras personas. Esta es una de las convicciones que maneja el ministro a cargo del caso, Alejandro Madrid Crohare, y para lo cual ha dictado ya varias diligencias en esta línea de investigación. Así lo confirmó a El Mostrador.cl una fuente vinculada a la causa. Todo comenzó a principios de 2003, cuando este diario publicó la existencia de una autopsia de Frei en la UC, que había estado misteriosamente guardada durante más de 20 años. El magistrado, entonces, se dio a la labor de establecer la veracidad del informe, pero a medida que fue indagando y profundizando en este punto, aparecieron dudas sobre las hojas agregadas al expediente “Autopsia 1-100 1982”, denominado en la investigación como “Informe Nº9-82”. Por esta razón, y como manda la lógica de la investigación, el magistrado comenzó interrogando a los médicos que participaron en la autopsia, que son los mismos que realizaron el embalsamamiento del cadáver del ex Mandatario, a saber Helmar Rosenberg y Sergio González. Eduardo Frei Montalva falleció el 22 de enero de 1982, en la Clínica Santa María, como consecuencia -según ha aparecido hasta ahora- de una casual infección post operatoria. Sin duda, uno de los testimonios más concretos y detallados que existen hasta ahora sobre el particular se encuentra en el libro Eduardo Frei Montalva y su Epoca, del historiador Cristián Gazmuri. También una de las últimas pruebas documentales sobre las sospechas de la familia Frei, de que la muerte podría no haber sido casual, sino que homicida, están contenidas en el libro del autor de esta nota, Crimen Imperfecto, que contiene un documento preparado por Investigaciones sobre las oscuras actividades en el Instituto de Salud Pública (ISP), durante la dictadura militar. El informe dudoso Pero a poco andar, aparecieron situaciones que no cuadraban, como por ejemplo, quién pidió hacer la autopsia y por qué el Informe 9-82 fue agregado 10 años más tarde al expediente general. Las primeras explicaciones causaron más sospechas que aclaraciones en Madrid y en la subinspectora de Interpol, Palmira Mella, según se desprende de los informes enviados al magistrado. Con las declaraciones de los profesionales comenzaron a reconstruir la historia. Así lograron establecer que el jefe de Patología de la UC, doctor Roberto Barahona –hoy fallecido-, fue quien habría dado la orden para que Rosenberg fuera hasta la clínica Santa María a realizar la autopsia y embalsamamiento de Frei. Sin embargo, Rosemberg entregó un elemento sospechoso en su declaración, cuando señaló que a su jefe (Barahona) le interesaba hacer un estudio morfológico de los restos del ex Mandatario, porque “le inquietaban las posibles secuelas de una tuberculosis que habría sufrido Eduardo Frei en su juventud”, dijo el profesional a los detectives. “Días después de realizar el estudio microscópico de las muestras tomadas, incluyendo la microscopía electrónica el 10 y 17 de marzo de 1982, y de efectuar un análisis de las alteraciones morfológicas encontradas, confeccioné un protocolo manuscrito de todo lo encontrado. El examen de la microscopía electrónica 82-41 (riñón) y 43 (hígado) no aportó datos de utilidad para la interpretación de los hallazgos, por lo que no figura en el protocolo”, agregó Rosenberg. Sin embargo, este último párrafo siguió manteniendo las dudas de los investigadores. Pero la guinda del postre vino después. Rosenberg no sólo había realizado la autopsia, sino que había guardado un manuscrito de este informe por más de diez años, es decir hasta principios de los 90, aunque en el expediente no se clarifica la fecha exacta. La secretaria Con esta pista, los detectives que trabajan con Madrid se centraron en saber quiénes eran las personas que transcribían los informes en Patología de la UC. Fue así como llegaron a Carmen Victoria Barahona Solar, hija del jefe de esta misma unidad antes mencionado. “Respecto al procedimiento de cómo se confeccionan los Protocolos de Autopsias, debo señalar que éstos, una vez que el médico realiza su autopsia, se utilizaba el método del dictáfono, en donde se grababa en un microcassette todo el procedimiento y luego se me entregaba la cinta para mecanografiarla. Esto se hacía generalmente al día siguiente, la parte histológica, que corresponde a las muestras de vísceras que se insertan en las placas de vidrio para un posterior análisis, la que quedaba pendiente, por lo que se mecanografiaba una vez que estuvieran listos los resultados y se agregaba al Informe, el que una vez terminado era entregado al médico que lo había solicitado para su firma y después se archivaba hasta que se juntaban cien Informes para enviarlos a empastar. En ese tiempo yo misma me encargaba de enviar a empastar cada uno de los tomos, con las respectivas autopsias, las que eran en orden correlativo por cada año; cada tomo contiene un total de cien autopsias, por lo tanto, era la encargada de insistir a los médicos de los protocolos de autopsias que faltaban. Era la encargada de rescatar los informes restantes, por ejemplo, estudios de cerebro que lo hacían distintos neurólogos”, relató la mujer. Hasta ese momento el testimonio de la mujer era meramente informativo, pero cuando le mostraron el mentado Informe 9-82, aseguró no reconocerlo. “Con respecto al Informe de Autopsia N° 9/82, que corresponde a don Eduardo Frei, no lo reconozco como los Informes que yo mecanografiaba, ya que no corresponde el tipo de escritura de la máquina que yo usaba y tampoco el tamaño del papel utilizado, ya que yo en ese entonces, como era lo acostumbrado, utilizaba el papel tamaño oficio. Al revisar el informe de la Autopsia N° 9 del señor Frei, me percato que su letra corresponde a la de una impresora, presuntamente realizada por un computador. Pero en 1982 no existía en el Departamento un computador, lo que queda en evidencia en los demás informes de autopsias del citado tomo, que los confeccionábamos en máquina de escribir eléctrica”, dijo la mujer. Con respecto a estas contradicciones se dictaron varias diligencias, entre ellas al Laboratorio de Criminalística de Investigaciones (Lacrim), que concluyó que efectivamente hay una parte del informe de autopsia que corresponde a otra época. Sin embargo, los peritos no adelantaron juicios en sus conclusiones, a la espera de nuevas diligencias que puedan revelar otros detalles. Este medio intentó obtener una versión del doctor Rosemberg, pero éste no devolvió los llamados. También se contactó al abogado de la familia Frei, Alvaro Varela, pero éste declinó hacer comentarios sobre el tema, aduciendo que debía guardar un celoso secreto del sumario.
29 de Abril 2005 El Mercurio La búsqueda judicial de qué causó el deceso del ex Mandatario: Diligencias cruciales sobre la muerte de Frei Han pasado cuatro años desde que la senadora Carmen Frei habló por primera vez en el Senado sobre las "dudas" que inquietaban a su familia acerca de la causa de muerte de su padre, el ex Presidente Eduardo Frei Montalva, ocurrida el 22 de enero de 1982, tras ser operado de una hernia al hiato. Y a estas alturas, asegura el abogado de la familia Frei, Álvaro Varela, existen "presunciones fundadas" de que el ex mandatario pudo haber sido asesinado mientras se hallaba internado en la Clínica Santa María, en una acción planificada por la Dirección de Inteligencia Militar (DINE). La investigación judicial la inició en 2002 el ministro en visita Alejandro Madrid, como un anexo al caso del secuestro y muerte del agente de inteligencia, el químico Eugenio Berríos, en Uruguay. Y a mediados de mayo, Madrid se apresta a incorporar los resultados de diligencias cruciales. Se trata de los informes de las pericias en la tumba del ex mandatario del 22 de diciembre pasado, según relata el abogado Varela. "Se sacó el ataúd, se abrió y tomaron muestras. Hay pericias científicas en curso", confirma. Esos análisis, dice, son además clave para precisar si los restos corresponden o no al ex mandatario. La más dramática de las dudas le surgió a la familia porque Frei fue enterrado en un ataúd de madera y ahora se encontró en uno metálico y en otra posición. Y según desliza el abogado Varela, en diciembre se tomaron muestras de unos restos que "difieren" de lo que se esperaba encontrar. La inteligencia militar Otra diligencia crucial es el interrogatorio vía exhorto al ex agente de la Dina, Michael Townley, aprobado por la Corte Suprema. Dispuesto a cooperar, podría revelar información acerca del manejo y uso de sustancias letales (químicas y bacteriológicas) en la eliminación de personas. Todos los extraños sucesos que rodean la muerte de Frei Montalva y el posterior manejo de su cadáver refrendarían la hipótesis que baraja la familia e investiga el tribunal en 5 mil fojas y 9 tomos: que hubo una operación de inteligencia para infectarlo con una sustancia letal, en la que habría participado Berríos, quien hizo varios "trabajos" con bacterias y químicos letales. El hilo a la inteligencia militar, o sea, al DINE, alcanzó su máxima tensión recientemente, cuando la senadora Carmen Frei acusó en el hemiciclo al Ejército de no estar cooperando con la investigación y habló de "ocultamiento" y encubrimiento. La bancada DC la respaldó y hasta el ministro de Defensa, Jaime Ravinet, debió pedirle disculpas luego de haberla criticado por usar su cargo público con intereses personales. La molestia de Frei apuntaría a esclarecer una discordancia entre el Ejército y médicos y otras personas que han señalado al tribunal que trabajaron y ejecutaron ciertas acciones en un laboratorio bacteriológico de inteligencia en la calle Carmen. Tras consultar al Ejército, responde a través de su Departamento Comunicacional que no desea referirse públicamente a estas acusaciones sobre un supuesto ocultamiento de información. Y precisa que "el Ejército ha entregado todos los antecedentes que le han sido requeridos a esa autoridad judicial (el magistrado), quien es la encargada de determinar las responsabilidades y eventualmente decretar las condenas a que haya lugar". Actualmente, trascendió, hay un cuestionario judicial en curso, dirigido al Comandante en Jefe, general Juan Emilio Cheyre. Extraña autopsia Según relata el abogado Varela, en el proceso judicial también se ha podido comprobar la existencia de una "autopsia clandestina". Explica que en el proceso se ha establecido que dos médicos del Hospital Clínico de la UC llegaron el día de la muerte de Frei a la Clínica Santa María, y una vez que la familia sale de la pieza se encierran con llave por tres horas y le practican una autopsia no autorizada por los Frei. Los dos conocidos anátomo- patólogos le sacan los órganos, toman muestras y botan los restos. Rellenan el cuerpo con gasa y le inyectan ocho litros de formalina para su conservación. No obstante, el Hospital Clínico de la UC, cuando apareció la carpeta de la autopsia en ese plantel, en 2003, aseguró que los profesionales actuaron bajo petición del equipo médico tratante, que pidió un embalsamamiento del cuerpo. La versión fue negada por ese equipo. Y Varela pidió el procesamiento de los dos facultativos por obstrucción a la justicia, pero el juez no dio lugar por ahora. Pero no son los únicos médicos vinculados a este proceso. Habría otros cinco, que cumplían funciones de inteligencia en esa época en la Clínica Santa María y que también han declarado en el proceso. Mientras, las preocupaciones de los Frei apuntan al término de los plazos para la investigación de los casos iniciados en el antiguo sistema, el que vence el 25 de julio, y significa el cierre del sumario. Por eso, Eduardo y Carmen Frei pidieron hace pocos días al presidente de la Corte Suprema que el Pleno estudie ampliar los plazos. ¿A qué se llegará? Determinar las causas de la muerte es factible, dice el abogado Varela, pero si se logra comprobar la intervención de terceros, cree difícil llegar a los autores materiales. "Hay un círculo de personas entre las cuales pensamos que está el posible autor, pero son personas adiestradas en inteligencia y van muy preparadas a declarar. Y por otro lado, el Ejército señala que no tiene antecedentes en elementos claves. De manera que es muy difícil, pero no imposible". "El temía por su vida" El senador Gabriel Valdés cenó con Eduardo Frei Montalva en casa de Hernán Santa Cruz, pocos días antes de que el ex mandatario se sometiera a la operación que terminó en su desenlace fatal en 1982. Ahí, Frei ya tenía mucho malestar y les contó que se iba a operar, antes de viajar a Kuwait. Sobre si él temía por su vida, no le cabe duda: "Yo creo que sí... Lo vi varias veces en Europa y en Estados Unidos, y él andaba siempre muy preocupado. Porque no era extraño que habiéndose atentado contra Letelier, contra Bernardo Leighton, en contra de Altamirano y en contra mía, él estuviera también en peligro. Había gente de la Dina que se atrevió a matar al general Prats. O sea, hubo una liquidación de los opositores. En ese cuadro, no era de extrañarse que algo pasara".Valdés dice que "era una operación corriente. Y es tal el cúmulo de antecedentes extraños, que uno se siente inclinado a pensar que el Presidente Frei fue objeto de un atentado que le causó la muerte". Los hilos del proceso Secuestro y muerte de Berríos: La familia Frei se hace parte del proceso en octubre de 2002 por las sospechas de que el químico, asesinado en 1992 en Uruguay, haya eliminado en una operación de inteligencia a Frei Montalva. En el caso Berríos, en 2003, fueron sometidos a proceso dos ex generales de la DINE y tres militares uruguayos, de quienes se tramita su extradición. Bacterias y toxinas: Se investiga la llegada de estas sustancias al Laboratorio Bacteriológico (hoy ISP), en agosto de 1981, que dirigía un militar, las que habrían sido traspasadas a la inteligencia militar. Berríos estaría ligado a un laboratorio secreto que experimentaba con estas sustancias que, según el abogado de la familia Frei, se habrían aplicado en un par de crímenes y para envenenar a presos políticos en la cárcel pública. Seguimiento y acoso de Frei: El ex mandatario era objeto de seguimiento de la DINE y la CNI en sus actividades y nexos con el sindicalismo (Tucapel Jiménez). Su teléfono estaba intervenido, e incluso su chofer, según consta en el proceso, fue reclutado por la DINE. Nexos médicos con Inteligencia Militar: Se habría logrado determinar que unos cinco médicos que tenían nexos con organismos de inteligencia militar cumplían funciones en la Clínica Santa María al tiempo en que Frei Montalva fue intervenido. El posible error del equipo tratante: Los Frei aseguran que se determinó judicialmente que no hubo "error médico" y que no hubo circunstancia alguna de la operación que pudiera causar el rápido proceso infeccioso. La autopsia no autorizada: Dos médicos del Hospital Clínico de la Universidad Católica embalsamaron el cuerpo y extrajeron los órganos en la Clínica Santa María.La familia dice haberse enterado en 2003, cuando se halla una carpeta en ese centro asistencial. Las dudas del historiador "No hay pruebas concluyentes hasta ahora de que haya sido asesinado, aunque no puedo descartar que aparezcan", dice el historiador Cristián Gazmuri, de la Universidad Católica. El académico investigó la vida del ex Presidente Frei Montalva y escribió su biografía en 1999, sobre la cual la familia tuvo algunos desacuerdos. "Las circunstancias fueron extrañas, pero no hay ninguna prueba concreta (de que fuera asesinado). Por el momento es simplemente una hipótesis, una sospecha", comenta Gazmuri. Y añade que "el informe de la autopsia que fue hallado en la Universidad Católica hace unos dos años no prueba nada". La versión histórica hasta aquí, afirma, es que Frei murió por un "shock séptico", sin que mediara intervención de terceros. Al menos, dice, hasta que no se pruebe lo contrario. Domingo 8 de marzo de 2009 La Nación La autopsia de Frei paso a paso “¿A quién protege Patricio Rojas?”, preguntó Carmen Frei en agosto de 2006, revelando el quiebre de su familia con el ex ministro de Frei Montalva. Sus palabras adquieren hoy otra envergadura luego de que Rojas fuera reinterrogado por el ministro Alejandro Madrid, quien investiga el asesinato del ex mandatario. Ciper reconstituyó paso a paso la autopsia al ex mandatario, develando una secuencia estremecedora y llena de sugerentes interrogantes. El reloj marca las 17:20. La hora exacta en que el corazón de Eduardo Frei Montalva se paraliza. A su lado, una enfermera y el doctor Alejandro Goic. El segundo piso de la Clínica Santa María se agita como un panal de abejas. Minutos después, la noticia estalla por las calles de Santiago y el hall central de la clínica se va convirtiendo en un hormiguero. La gente llega corriendo, se abraza, se escuchan sollozos. La conmoción crece a cada minuto. Tras la extirpación de una hernia al hiato (el 18 de noviembre de 1981), una operación que parecía simple, las cosas se complicaron dramáticamente hasta precipitarse este 22 de enero de 1982. Ahora todos esperan ansiosos noticias del cuarto piso, donde la viuda, Maruja Ruiz-Tagle, rodeada de sus hijos y algunos nietos, inicia el camino de la pérdida. Nadie mira hacia abajo, hacia el subterráneo, allí donde en esos mismos minutos se inicia una extraña operación. Dos hombres esperan impacientes en el estacionamiento subterráneo. Antes de las 6 de la tarde, una ambulancia aparece. Tres hombres con delantales blancos descienden. Transportan una escalera de tijera y algunos bultos. No hay apretones de mano. Sin perder un minuto, los hombres de blanco son conducidos hasta el ascensor. Descienden en el segundo piso. La pequeña comitiva va directo hasta el único acceso de la Unidad de Cuidados Intensivos de la Clínica y traspasan la puerta sin que nadie los detenga. Nadie presta atención a que, a diferencia del resto del personal médico, ellos no llevan distintivo alguno que indique a qué institución pertenecen y tampoco su nombre. El civil que los guía se detiene frente a una habitación. Los tres hombres de blanco ingresan. La antesala se despliega ante los ojos de los recién llegados. Allí susurran no más de cinco personas. Un breve intercambio de palabras y con la misma rapidez, el trío traspasa la puerta de la habitación habilitada para un paciente especial. En la cama yace Eduardo Frei Montalva. Aún está cubierto por un pijama y sobre su abdomen conserva una venda elástica. El que se comporta como jefe del trío visitante cierra la puerta. Ninguno de los tres hombres pide la ficha clínica del fallecido, ni a los médicos del establecimiento ni a sus facultativos particulares. Antes de las 18 horas se inicia la intervención. Lo primero que sacan es la venda del abdomen que cubre la herida infectada de la operación. Sin mediar tregua, proceden a colgar el cuerpo del ex presidente con ayuda de la escalera de tijeras. Uno de ellos coloca agujas en las arterias del cuello, brazos y piernas y le inyecta un líquido que han traído preparado para la ocasión. Dos horas más tarde, ocho litros de formalina inundan el cuerpo de Frei Montalva, expulsando los restos de sangre y el último calor de su cuerpo. Es entonces que dos de los tres hombres, los doctores Helmar Rosenberg y Sergio González, ejecutan un corte preciso en el tórax y otro en el abdomen. Y comienza el despojo: el riñón, el hígado, el corazón, el páncreas, los pulmones, el bazo En ese momento, el tercer hombre en la pieza se percata de que el bazo tiene adosado un apósito. Dos pisos más arriba la señora Maruja Ruiz-Tagle no sospecha lo que está ocurriendo en ese preciso momento en la habitación especial donde está el jefe de familia recién fallecido. En el hall de la clínica, entre los dolientes que llegan en una procesión creciente, se desplazan inadvertidos dos agentes de la unidad especial de la Dirección de Inteligencia del Ejército (DINE), cuyos integrantes han seguido paso a paso los movimientos del que hasta ese día era el líder indiscutido de la oposición a Pinochet. Sólo unos minutos bastan para confirmar el impacto demoledor provocado por la noticia de su muerte. En el segundo piso, el trío continúa su tarea. Cada uno de los órganos extraídos por los dos facultativos va siendo entregado al auxiliar Víctor Chávez, quien los deposita en una bolsa plástica, la que luego acomoda en un container o balde metálico. Cuando el despojo termina, el cuerpo ahora vacío es rellenado con gasa. Todo se hace en forma precisa y rápida. Cierran primero el abdomen, luego el tórax y, por último, proceden al maquillaje. Han trascurrido casi cuatro horas. Aproximadamente a las 22 horas los tres hombres salen tan silenciosamente como llegaron. La llegada del doctor Max Muller Vega, que le saca una máscara mortuoria al rostro del ex presidente, ha sido una de las pocas interrupciones experimentada por el trío. Casi no sintieron a la enfermera que ingresó y se retiró en puntillas. Tampoco detienen su labor cuando se asoma la hija del difunto, Carmen Frei. Pero nadie los interpela. El doctor Goic, quien aún está bajo el shock de la muerte del hombre que respeta y quiere, no puede olvidar el instante mismo en que debió constatar su fallecimiento. Con mano trémula firmó el certificado respectivo. Y entre la familia y la multitud que acude para expresar sus sentimientos, el doctor ve a dos personas en la habitación donde acaba de morir Frei, preparándose para ejecutar "un embalsamamiento". Eso fue lo que dijeron. No se inquieta. Alguien de la familia debe haberlo pedido El cuerpo del ex presidente es entregado cerca de las 23 horas a sus hijos. A esa misma hora, el doctor Rosenberg, ya de regreso en el Hospital Clínico de la Universidad Católica, donde trabaja, tiene todo preparado para iniciar el examen microscópico electrónico de las muestras. Las introducen en bolsas transparentes, las que procede a sellar sin rotular. Otras muestras las guarda en pequeños cubos de parafina sólida. Y lo más importante: hasta hoy nadie sabe lo que hizo con las vísceras. Secretos sin respuesta Cuando la familia de Eduardo Frei recibe su cuerpo, su rostro no tiene huellas de ninguna intervención. Es la misma cara, ahora con los ojos cerrados, que los ha acompañado durante toda su intensa vida familiar. Y ello porque lo único que el equipo del doctor Rosenberg dejó intacto fue el cerebro. Todos ignoran que el corazón de Frei, así como su hígado y otros órganos, ya están en tubos con formalina. El doctor Rosenberg guardará rigurosamente el secreto de lo que hizo aquella calurosa tarde del 22 de enero de 1982, y que lo tuvo ocupado hasta el amanecer del día siguiente. Lo mismo que el doctor González. Diez años transcurren y nadie pregunta nada. Es el tiempo que tarda Rosenberg en decidirse a transcribir los resultados del procedimiento. Y diez años más deberán pasar hasta que alguien decida revelar la existencia del documento. Porque dos décadas después de la muerte de Frei Montalva se recibe el mensaje de que existe una autopsia hecha al ex presidente minutos después de su muerte, en la misma habitación donde murió. Carmen Frei, la hija del ex mandatario y ex senadora, la mujer que iniciara en 2000 la investigación sobre su posible asesinato ante la mirada escéptica de todos, de inmediato recoge la hebra. Sabe que es una pieza clave del proceso. Tiene la plena convicción de que nadie de su familia autorizó una autopsia. Lo primero será rehacer cada minuto a partir de la muerte del padre. Y lo hace. Finalmente, se llega al Hospital Clínico de la UC, el establecimiento hospitalario al que pertenecerían los patólogos que realizaron la autopsia. Dos años transcurren entre el primer indicio del informe hasta ese momento desconocido y su confirmación. En el primer documento escrito que habla de una autopsia, aparece la firma del doctor que dirigió la intervención: Helmar Rosenberg. Además la familia recibe un dato que la dejará sin aliento, el del nombre del hombre que la pidió: el pediatra Patricio Rojas, el ex ministro del Interior de Frei Montalva hasta el día en que le entregó el bastón de mando a Salvador Allende en 1970. El fiel colaborador de Patricio Aylwin entre 1990 y 1994. El hombre que en esos días dramáticos ofició de nexo entre el equipo médico y la familia Frei. La indignación en la familia Frei se acrecienta. ¿Cómo fue posible que se le hiciera al ex presidente una autopsia en la clínica y nadie les pidiera la autorización, condición indispensable para su materialización? Pero más importante aún: ¿por qué realizar la intervención en la habitación donde murió Frei? ¿Por qué no llevarlo a un lugar habilitado con mesa de mármol o de metal y agua corriente para que la autopsia se hiciera con un mínimo de garantías de salubridad? ¿Por qué la rapidez, el secreto, la violación de varios reglamentos médicos y legales? No hay respuesta. Una de las primeras tareas que surgen entonces es identificar al médico de la Clínica Santa María que entre las 17 y las 23 horas de ese 22 de enero de 1982 está a cargo del pasillo donde estaba ubicada la habitación donde Frei muere. Porque ese facultativo tenía la responsabilidad de resguardar el cuerpo del ex presidente. Y es el único que debió haber impedido o al menos interpelado a cualquier extraño que quisiera acceder a su cadáver. Ocho páginas que acusan A partir de ese momento se inicia un carrusel de contradicciones. El doctor Rosenberg dice que realizó "el embalsamamiento", y no una autopsia, por orden del doctor Roberto Barahona, a quien individualiza como el entonces director del Departamento de Anatomía Patológica de la Escuela de Medicina de la Universidad Católica. Y agrega que casi tres meses más tarde, en abril, también por orden de Barahona, le informó de los resultados a los médicos que él identifica como los tratantes de Frei: Patricio Rojas, Patricio Silva y un tercero de cuyo nombre extrañamente todos se olvidaron. Se equivoca, porque Rojas, como él mismo lo ha repetido, nunca ofició de médico de Frei. Pero en los inicios de la investigación esto no tiene importancia. Los doctores Rojas y Silva niegan toda relación con la autopsia y tampoco recuerdan la reunión de abril. El doctor Barahona nada puede decir. Al momento de la muerte de Frei, él estaba enfermo en su casa. Murió siete meses después que el ex presidente. ¿Quién dirigía entonces el Departamento de Anatomía Patológica de la Escuela de Medicina de la Universidad Católica al momento de la muerte de Frei? Otro misterio a resolver. Los dichos de Rosenberg son nuevamente despedazados cuando finalmente una copia completa del "embalsamamiento" que le hizo a Frei, llega a manos de la familia. Porque en la primera página de ese documento se lee: AUTOPSIA N 9/82. NOMBRE: EDUARDO FREI MONTALVA. PATÓLOGO: Dr. H. Rosenberg. RESIDENTE: Dr. S. González. FECHA Y HORA: 18 horas (ver facsímil). Es la primera prueba de que sí hubo autopsia. Tanto así, que fue archivada en los mismos libros en los que se guardan cuidadosamente empastados de cien en cien todos los informes de autopsia que allí se practican. Ese documento marca también el comienzo de otros descubrimientos. Porque cuando se procede a periciarlo, y casi a simple vista, se percibe que tiene características totalmente distintas a los otros informes que ese empaste contiene. Rosenberg explica. Dice que guardó sus apuntes y la grabación de los análisis por aproximadamente diez años. Y que fue entonces que decidió transcribir los resultados, tarea que le encomendó a Carmen, la secretaria del Departamento de Anatomía Patológica e hija del extinto doctor Barahona. Esa es la explicación del cirujano y patólogo Helmar Rosenberg Gómez, 74 años, de por qué el "Informe de autopsia N 9/82" a Eduardo Frei Montalva, que se despliega en ocho páginas, no tenga el mismo tipo de letras que las otras empastadas en el mismo tomo. Y que sea evidente que fue pegoteada a destiempo. Más curiosa es la anexión del examen histológico, que se hizo en época totalmente distinta. Las fotografías de microscopía electrónica también desaparecieron. Un pequeño desorden por cambio de sede afirma está en el origen. Y no existe ficha médica adjunta. Para esa irregularidad no hay respuesta. Tampoco hay explicación para la inexistencia de un diagnostico clínico. ¿Dónde están entonces los resultados que afirma haber informado en abril de 1982 a los doctores Patricio Rojas y Patricio Silva? La sociedad Rosenberg-González Si la autopsia de Frei demoró 20 años en ser descubierta, los misterios que la rodean han sido menos resistentes. Porque la versión de Rosenberg tuvo una contraparte brutal. Y ello porque Carmen Barahona no reconoció el informe de autopsia archivado. Y hubo otro recuerdo importante: su padre efectivamente estaba enfermo al momento de la muerte de Frei, por lo que no era el director del departamento. El jefe era el doctor Benedicto Chuaqui. Un problema: Chuaqui nunca vio el informe de la autopsia practicada a Eduardo Frei. Así lo afirmó en una muy temprana indagatoria. Peor: el doctor no podrá decir lo que logró descubrir cuando quiso saber por qué le habían ocultado el informe de Frei. Murió en 2003. Un misterio que sigue sin resolver es cómo se explica que el equipo médico encabezado por Rosenberg llegara a la Clínica Santa María sólo minutos después de la muerte de Frei (17:20). Porque lo que Rosenberg y su equipo confirman es que partieron desde el Hospital Clínico de la UC a la Clínica Santa María alrededor de las 17 horas de ese 22 de enero. Y el informe de autopsia consigna la hora de inicio: 18 horas. Un apoyo importante le ha brindado a Rosenberg el doctor Sergio González Bombardiere. Los recuerdos de este patólogo de 55 años, jefe desde 2000 del Departamento de Anatomía Patológica de la Escuela de Medicina de la Universidad Católica y quien lo secundó en la autopsia practicada a Frei, son casi idénticos a los de Rosenberg. Lo que no calza es que Rosenberg, con 33 años en el Departamento de Anatomía Patológica de la Escuela de Medicina de la UC, y González, con 27 años en el mismo, insistan en que no hay nada extraño en el embalsamamiento que se le hizo a Frei. Primero, fue una autopsia. Incompleta, pero autopsia. Segundo, los datos ciertos de ese centro médico indican que no hay registro de que alguna vez se haya hecho una intervención similar a la de Frei en otro establecimiento hospitalario y menos en la habitación del paciente. ¿Por qué la excepción y la urgencia? No hay respuesta. La solidaridad entre ambos podría explicarse porque no sólo son compañeros de trabajo desde 1981, tres años después de que González se titulara, sino también socios desde 1993. La última empresa conjunta lleva por nombre Profesionales e Inversiones Médicos Patólogos Asociados. En cuanto a Patricio Rojas, los recuerdos de Carmen Barahona han sido lapidarios. Porque sin titubear afirmó que, al momento de la muerte de Frei, su padre estaba en su casa enfermo, y que Patricio Rojas lo llamó para solicitarle la autopsia al cuerpo del ex mandatario. En su declaración judicial de 2003, publicada por "La Tercera", Patricio Rojas reconoce el hecho que calló por dos décadas: "Efectivamente se hizo un protocolo de autopsia, realizado por un médico del Hospital Clínico de la Universidad Católica, tuvimos el cuidado de hacer el examen anatomo-patológico y tuvimos los informes de este examen. Como yo no era el médico tratante, no fui yo el que recomendó a la familia que se practicara la autopsia, pero cuando me consultaron no me opuse, pudo ser el doctor Goic o el doctor Silva. También, comenté la necesidad de contar con exámenes tanatológicos para tener la certeza de la causa de su muerte, pero ignoro si se hicieron o no, y si así fue no tuve acceso a los resultados". La información oficial, que recibió también Rojas de parte de los médicos de la Universidad Católica, fue que la causa de muerte del ex presidente fue una septicemia no controlada. Pero el documento que lo acredita no aparece, sino que sólo se conoce el informe anatomo-patológico. Ante de la duda creciente de que pudo haber sido contaminado por agentes químicos en forma deliberada, su cuerpo fue exhumado en 2005 y las muestras enviadas a FBI, sin obtenerse resultados positivos. Pero después, otros importantes análisis se han practicado. Y de su resultado sólo sabe el ministro Alejandro Madrid, quien decretó desde entonces que ninguna de las partes tiene acceso al sumario. Patricio Rojas se ha defendido de las dudas sobre su rol en los procedimientos que tuvieron lugar en las horas posteriores a la muerte del ex presidente. Y ha descartado las evidencias de una posible intervención de terceros, diciendo que sólo son "conjeturas". La réplica más dura que ha tenido Rojas ha sido de parte de Carmen Frei. El 31 de agosto de 2006, en entrevista con Radio Cooperativa, afirmó: "¿Conjeturas? ¡Por favor! Más que evidencia: yo vi la escalera en la pieza y me sacaron de ella porque a mi papá le estaban haciendo una autopsia". Y concluyó reiterando una frase que aún hace eco: "¿A quién protege Patricio Rojas?". Dos años y medio más tarde, ninguna de las declaraciones de Patricio Rojas han convencido a los hijos Frei, los que no entienden cómo uno de los hombres de máxima confianza de la familia les ocultó por más de 20 años que se había hecho una autopsia cuyo procedimiento está lleno de irregularidades. Por ello, el próximo paso que la familia Frei pedirá será la reconstitución judicial paso a paso de la autopsia. Una diligencia que seguramente podría despejar misterios y unir las pocas piezas que aún faltan para que el juicio sea caratulado como "asesinato".
Esta pagina fue modificada el 17/07/2010 Si posee cualquier información sobre este caso, nuevas o mejores imágenes, relatos, testimonios, etc., escribanos a hhrr_project@hotmail.com
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