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JUAN ORLANDO ROJAS OSEGA

 

Rut       : 3.534.702-K (37.520, Calama)

F.Nacim. : 23-02-35, 38 años a la fecha de su detención

Domicilio : Ciudad de Antofagasta

E.civil   : Soltero

Actividad : Mecánico

C.Repres. : Sin militancia política

F.Detenc. : 2 de noviembre de 1973

 

                                                                  

 

SITUACION REPRESIVA

            Juan Orlando Rojas Osega, soltero, mecánico, fue detenido el 2 de noviembre de 1973, alrededor de las 03:00 de la madrugada, en el domicilio de su madre, ubicado en la calle 21 de mayo N°1047 de Iquique. Había llegado a visitarla el 31 de octubre, proveniente de Antofagasta.

            A esa hora ingresaron al hogar dos carabineros vestidos de civil y movilizados en una camioneta particular: el Teniente Juan Antonio Muñoz y el carabinero Blas Daniel Barraza Quinteros, quienes procedieron a aprehenderlo, conduciéndolo de inmediato a la 1a. Comisaría de Carabineros de Iquique, en donde fue visitado por sus familiares. El 6 de noviembre de 1973 se le recluyó en el Regimiento de Telecomunicaciones y el 17 de diciembre escribió a su hermana diciéndole que ese día le habían informado de su traslado a Pisagua, el que se concretaría el día 18 de diciembre alrededor de las 06:00 de la mañana.

            Un ex prisionero de Pisagua, que permaneció durante un mes recluido en una celda de incomunicación junto a Juan Orlando Rojas Osega, recuerda claramente el peluquín de un color rubio fuerte, casi rojizo, que usaba el afectado, como también recuerda que alrededor de mitades de enero de 1974 fueron separados, sin que volviera a saber de él.

            También en esa fecha otro detenido en Pisagua vio, el 15 de enero de 1974, alrededor de las 09:00 de la mañana, pasar un camión Mercedes Benz del Ejército en cuya parte trasera iban los presos acusados de tráfico de drogas. Tenían la vista vendada y un círculo rojo en el pecho. Un preso que se encontraba haciendo trabajos de carpintería en el casino de suboficiales, reconoció a Tomás Cabello, Luis Manríquez, a Hugo Martínez y a Juan Orlando Rojas Osega. El camión se detuvo a una distancia de 2 ó 3 kilómetros de Pisagua y después volvió sin los detenidos.

            Aunque no existen testimonios directos de la ejecución del afectado, hay, sin embargo, un sinnúmero de declaraciones hechas ante el Ministro en Visita Hernán Sánchez Marré relacionadas con el procedimiento que se seguía en Pisagua para ejecutar e inhumar a las víctimas.

            Un médico detenido en el penal, presenció el 11 de octubre de 1973 un fusilamiento realizado en el costado del cementerio antiguo de Pisagua. En ese lugar se encontraba casi la totalidad de la oficialidad, más suboficiales y clase, quienes estaban formados como para una ceremonia militar regular. Un pelotón de conscriptos integraba el equipo de fusileros, algunos de pie y otros hincados delante de ellos, armados con fusiles automáticos.

            El mismo testigo agregó que al lado había una zanja o excavación de unos 15 metros de largo y en cuyo fondo ya se encontraban seis cuerpos envueltos en sacos. Todo se hacía en extremo silencioso. Los detenidos que iban a ser ejecutados -estaban con la vista vendada- se les colocó a unos 10 metros frente al pelotón. Un oficial hizo un gesto con la mano y los fusileros procedieron a disparar.

            Los cuerpos fueron metidos en sacos de arpillera y lanzados a la fosa. En el mismo sentido del testimonio anterior, una persona que integró un pelotón de fusilamiento declaró en el Tribunal que recibió órdenes de disparar directamente al corazón y de recuperar, después, las vainillas. Agregó que las ejecuciones se realizaban al final del Cementerio en presencia del Comandante del Campo de Detenidos de Pisagua, Ramón Caupolicán Larraín Larraín y que la orden de disparar solía darle un capitán de Ejército. Posteriormente los mismos fusileros debían ensacar los cadáveres, poniendo un saco por la cabeza de la víctima y otro por los pies y cosiéndolos al medio con cáñamo. Cumplido ésto, los bultos eran acomodados en la fosa por conscriptos. Dieciséis años después, 20 cuerpos fueron recuperados, entre éstos el de Juan Rojas Osega, al abrirse la fosa de Pisagua. Dieciséis años después, en junio de 1990 sus familiares pudieron darle sepultura definitiva.

           

 

GESTIONES JUDICIALES Y/O ADMINISTRATIVAS

            Mientras Juan Orlando Rojas Osega se encontraba aún detenido en la 1a. Comisaría de Carabineros de Iquique, se presentó por él y otras personas un Recurso de Amparo en la Corte de Apelaciones de esa ciudad el 5 de noviembre de 1973 (rol N°109.868), señalándose que su detención se había producido sin orden de Tribunal competente, y que además no había sido puesto a disposición de Tribunal alguno.

            La Corte acogió el Recurso y pidió informe al Mayor de Carabineros Enzo Meniconi Lorca, Comisario de la 1a. Comisaría. El Mayor respondió, el mismo 5 de noviembre, que el afectado y los otros amparados se encontraban "a disposición del VI Juzgado Militar de Iquique con parte N°15 de fecha 3 del actual por elaboración de estupefacientes y cómplices en tráfico de armas y los detenidos fueron enviados al Regimiento de Telecomunicaciones".

            El 6 de noviembre de 1973 el recurso fue rechazado porque la detención "aparece efectuada por autoridad con facultad para hacerlo".

            Sin embargo, Juan Orlando Rojas Osega jamás fue puesto a disposición de algún tribunal, no se le procesó y, menos aún, condenó. No se volvió a saber de él hasta que el 31 de enero de 1974, día en que el diario "La Estrella" de Iquique informó que por orden del Jefe de Zona en Estado de Sitio, General de Brigada Carlos Forestier Haensgsen, Juan Orlando Rojas quedaba en libertad.

            Dado que el afectado no regresó a su hogar, la familia realizó innumerables gestiones para dar con su paradero. El mismo 31 de enero, Guillermina Raschio se presentó en la VI División de Ejército donde fue atendida por el Mayor Enrique Cid, quien le mostró un documento firmado por Juan Rojas en el que se decía que se le otorgaba la libertad por falta de méritos. Enviaron, entonces, comunicaciones a la Cruz Roja y en 1975 Guillermina Raschio visitó en Santiago los campos de detenidos de Tres y Cuatro Alamos en procura de información. Escribió cartas a las autoridades de la época y el 22 de julio de 1976 desde el Departamento Confidencial del Ministerio del Interior se le respondió que no registraban antecedentes del afectado lo que "no excluye la posibilidad de que hubiera abandonado subrepticiamente el territorio nacional usando identidad falsa".

            En octubre de 1979, el abogado Hugo Onetto Urzúa solicitó al VI Juzgado Militar que certificara que el afectado efectivamente había sido puesto a disposición de dicho tribunal por el delito de elaboración de estupefaciente y tráfico de armas, y que informara la fecha de iniciación y número de rol del proceso que se hubiera seguido en su contra. La respuesta, firmada por el Secretario del Juzgado, Mayor Jorge Valenzuela Bravo, fue desconcertante: "no aparece instruido proceso referente a Juan Orlando Rojas Osega... Este VI Juzgado devolvió el parte N°15 del 3 de noviembre de 1973 con el objeto de que los antecedentes pasaren al conocimiento de los Tribunales Ordinarios de Justicia, por no corresponderle competencia a los Tribunales Militares en Tiempo de Guerra".

            Sin embargo, el afectado murió en Pisagua sin que se le hubiese puesto a disposición de algún tribunal. El 15 de junio de 1990, Oscar Orlando Rojas Cazaluade, hijo del afectado presentó ante el Ministro en Visita Hernán Sánchez Marré una querella por Inhumación Ilegal de Juan Rojas en contra de todos aquellos que resultaren responsables.

            El proceso llevado por el Ministro Hernán Sánchez se inició cuando el 31 de mayo de 1990 se presentó una denuncia por Inhumación Ilegal de cuerpos en el Juzgado del Crimen de Pozo Almonte. En esa presentación se informaba que en la localidad de Pisagua, en un lugar cercano al cementerio, pero fuera del mismo, se había practicado la sepultación de aproximadamente 11 cadáveres, al margen de la legalidad vigente.

            Esos cuerpos -se decía en la denuncia- fueron enterrados en una fosa especialmente cavada al efecto, situada al costado poniente del cementerio, en una zona que presenta desniveles y a una distancia de unos 20 metros del muro del Camposanto.

            El Juez Nelson Muñoz Morales acogió la presentación rolándola con el N°3805 e iniciando las excavaciones el 1° de junio de 1990. Estas tuvieron como resultado el hallazgo de 20 cuerpos, de los cuales 19 pudieron ser identificados mientras que el cadáver N°20 -le faltaba el cráneo y presentaba sus extremidades superiores separadas- aún yace en la morgue.

            El 6 de junio de 1990, la Corte Suprema nombró a Hernán Sánchez Marré como Ministro en Visita para que continuara conociendo de este proceso, quien en el transcurso de su investigación pudo ir estableciendo lo ocurrido en Pisagua.

            A través de innumerables declaraciones fue posible rehacer las condiciones de vida de los prisioneros del Campamento de Pisagua; el funcionamiento de los Consejos de Guerra encabezados por el Fiscal Mario Sergio Acuña Riquelme; la realización de alrededor de 30 a 35 fusilamientos, con o sin proceso previo, y, en fin, los hostigamientos, interrogatorios y torturas a que fueron sometidos colectiva o individualmente los detenidos. Sin embargo, no fue posible llegar más allá en el conocimiento de lo sucedido. Justamente un mes después de presentada la denuncia, el 31 de junio de 1990 el juez del VI Juzgado Militar, Mayor General Luis Patricio Serre Ochsenius, solicitó al Ministro Hernán Sánchez que declinara su competencia, puesto que habría personal militar aparentemente involucrado en los hechos investigados. Aunque el Ministro en Visita no dio lugar a la solicitud, en noviembre de 1990 la Corte Suprema resolvió la contienda de competencia en favor de la Justicia Militar, dejando la causa en manos de la Fiscalía de Iquique, la que, en calidad de tribunal ad hoc, la roló con el N°321-90.

            El 5 de febrero de 1991, cuando el ex fiscal de Pisagua, Mario Acuña, concurrió en calidad de testigo al Tribunal Militar, pidió a éste que se aplicara lo dispuesto en el D.L. 2.191 de abril de 1978 y que amnistiaba todos los delitos, con excepción de unos pocos, cometidos entre el 11 de septiembre de 1973 y abril de 1978. Ese mismo día el Fiscal Militar, Juan Romo Aravena dispuso el cierre del sumario. El 26 de febrero, el proceso se sobreseyó total y definitivamente por aplicación del D.L. 2.191. La Corte Marcial confirmó el referido fallo.

            En la actualidad (diciembre 1992) los antecedentes se encuentran en la Corte Suprema esperando una respuesta a las apelaciones presentadas por los abogados de las familias de aquellas víctimas que fueron ejecutadas al margen de todo procedimiento legal.

 

23 de Julio 2004 La Nacion

Jueza procesa a edecán de Cámara de Diputados

La mesa directiva de la Cámara de Diputados pidió la renuncia al edecán, coronel (R) Jaime Krauss Rusque, y éste aceptó irse. La renuncia le fue demandada sólo horas después de que la ministra de fuero Carmen Garay lo procesó y ordenó su arresto como autor material de siete homicidios ocurridos en el campo de prisioneros de Pisagua, mientras Krauss cumplió en 1974 funciones como capitán a cargo de la Compañía de Vigilantes de los detenidos.

La información de la renuncia pedida al edecán, quien es hermano del actual embajador de Chile en Madrid Enrique Krauss, fue entregada ayer pasadas las 18:30 horas en el Palacio Ariztía en Santiago por el presidente de la Cámara de Diputados Pablo Lorenzini (DC).

Este expresó que la mesa de la Cámara acordó pedirle la renuncia porque, al haber sido procesado, cayó en la “inhabilidad sobreviniente” que señala el estatuto del personal de la institución en su artículo Nº23 letra c), que establece que “la persona que desempeñe labores funcionarias no podrá estar procesada ni condenada”.

El edecán se había declarado “inocente” en sus declaraciones en el proceso de Pisagua, y así también lo manifestó a La Nación Domingo que en su edición del domingo pasado publicó la crónica “El fantasma del edecán”.

El encausamiento del coronel (R) Krauss fue solicitado por el abogado querellante en la causa Pisagua Adil Brkovic. Este dijo ayer que “estamos muy conformes con esta resolución porque la verdad es que en el proceso existen suficientes antecedentes para acreditar la participación del señor Krauss en los homicidios de siete prisioneros”.

El abogado dijo que si bien a Krauss “no se le acusa de disparar él mismo contra los prisioneros, hay quienes lo sindican como quien impartió las órdenes como el segundo comandante del campo de prisioneros de Pisagua. Esta investigación ha tomado ya seis años y los hechos se encuentran totalmente acreditados”, dijo Brkovic.

Los hechos

El ahora ex edecán de la Cámara será notificado hoy a primera hora en el Palacio de Tribunales en Santiago, y luego será trasladado en calidad de detenido al Batallón de Policía Militar ubicado al interior del Comando de Telecomunicaciones del Ejército en la comuna de Peñalolén.

La ministra Garay sostuvo en su resolución que los siete homicidios ocurridos entre el 18 de enero de 1974 y el 30 de enero de ese año, sucedieron en Pisagua mientras el “capitán Jaime Krauss Rusque se encontraba a cargo de los efectivos militares que tenían por misión custodiar a los prisioneros políticos del Campamento de Pisagua, unidad militar que en definitiva dependía del comandante en jefe de la VI División del Ejército (en Iquique), general Carlos Forestier Haensgen”.

El coronel (R) Krauss reconoció en el proceso que efectivamente estos siete homicidios ocurrieron mientras cumplió funciones en Pisagua entre el 14 de enero de 1974 y al menos, según él, el 30 de enero de ese mes. Pero negó que ordenara las ejecuciones y también negó que su función fue la de comandante de la Compañía de Vigilantes de los prisioneros.

Dijo que su tarea fue “administrativa” inventariando y almacenando “serruchos, martillos, palas, estufas, queso, jamón y azúcar”, provenientes de una ayuda de la Cruz Roja para los prisioneros.

No obstante, según el abogado Brkovic la jueza “no le creyó” ese argumento, puesto que “no encaja” con lo realmente sucedido.

En Pisagua operó entre septiembre de 1973 y julio de 1974, como un reloj, un calendario rotativo de personal de oficiales que integraron la Compañía de Vigilantes de prisioneros, cada vez al mando de un oficial con el grado de capitán.

 A su vez este tenía bajo su mando a cuatro o cinco tenientes y subtenientes. La compañía era la responsable de lo que ocurriera con los prisioneros, y fueron sus integrantes los que siempre participaron en las ejecuciones extrajudiciales, como está establecido en la investigación. Por estas mismas funciones han sido encausados por otros homicidios otros oficiales (R) que a la fecha de sus funciones en Pisagua, de acuerdo al calendario de turnos, tenían también los grados de capitán y tenientes o subtenientes. 

El primero en afirmar que Krauss ordenó ejecutar prisioneros en Pisagua fue el mayor (R) Carlos Herrera Jiménez, quien cumple presidio perpetuo en la cárcel de Punta Peuco. Herrera admitió que Krauss le ordenó matar al prisionero Nelson Márquez Agurto, una de las siete víctimas del auto de procesamiento, porque éste había intentado fugarse para intentar evitar que lo siguieran torturando.

Krauss lo niega, pero careados ambos, Herrera mantuvo sus dichos.

El coronel (R) Krauss también fue encausado por los homicidios de Luis Manríquez, Nicolás Chánez, Tomás Cabello, Juan Rojas, Hugo Martínez y Juan Mamani. Todos ellos fueron declarados “dejados en libertad” por el general Forestier, sin embargo sus cadáveres aparecieron, junto al de Márquez, en la fosa clandestina descubierta en Pisagua en junio de 1990 con 19 cuerpos.

Los otros procesados

Por los siete homicidios también fueron procesados el general (R) Carlos Forestier, como autor intelectual; el mayor (R) Carlos Herrera Jiménez, como autor material; el coronel (R) Bernardo Martínez Téllez, como encubridor; y al suboficial (R) de Carabineros Manuel Vega Collao, también como autor material. Vega integró el pelotón de fusilamiento de los seis prisioneros ejecutados a fines de enero de 1974.

En contra de los argumentos de inocencia del coronel (R) Krauss respecto a que cumplió sólo funciones administrativas, están las declaraciones de algunos ex prisioneros, quienes afirman, coincidentemente, que el entonces capitán Krauss ingresó a la cárcel la noche del intento de fuga de Márquez, amenazando que si éste no aparecía en media hora se iban a matar prisioneros.

Uno de ellos, Luis González Vivas, dijo que “cuando matan a Márquez estaba el mayor Krauss, a quien yo le había hecho un mueble. Y él advirtió que si no aparecía Márquez hasta las cuatro de la mañana, iban a sacar prisioneros de las celdas para ser fusilados”. Lo mismo afirmó Freddy Alonso. Ambas versiones contradicen las tareas “administrativas” del entonces capitán Krauss.

 

13 de Septiembre 2005 El Mostrador

Juez sobresee a ex edecán de la Cámara en caso Pisagua

El ministro en visita Joaquín Billard sobreseyó por "falta de méritos" al coronel (R) Jaime Krauss Rusque, ex edecán de la Cámara de Diputados y hermano del actual embajador de Chile en España, Enrique Krauss.

El ex uniformado se encontraba procesado desde julio del año pasado como autor material del homicidio de siete presos políticos en la zona de Pisagua, Primera Región, en 1974.

La decisión de la jueza Carmen Garay -que entonces tramitaba la causa- obligó a Krauss Rusque a dejar su puesto como edecán de la cámara baja, labor que había desempeñado a partir de 1990.

Esto, porque el Estatuto del Personal de la Cámara de Diputado, era el que establecía que ningún funcionario que sea condenado o procesado por los tribunales de justicia podía permanecer en su cargo

"Como todo militar, me sometí a las reglas del juego y colaboré con la justicia, pero la presunción de inocencia no operó en mí. Ese derecho, que debe regir en Chile desde el Presidente de la República para abajo, me fue denegado", dijo el otrora edecán al diario La Segunda.

Krauss Rusque destacó los testimonios de “una decena” de detenidos que atestiguó a su favor en el transcurso del proceso. “Que a uno lo defiendan militares, es natural. Pero es verdaderamente reconfortante que lo hagan quienes han estado en la vereda de enfrente”, puntualizó el ex uniformado.

El ex uniformado estaba imputado por los asesinatos de Nelson Márquez Agurto, Luis Manríquez Wilden, Juan Rojas Osega, Hugo Martínez Guillén, Tomás Cabello Cabello, Juan Mamani García y Nicolás Chánes Chánes.

Por dichos casos también fueron procesados el general (R) Carlos Forestier, el fallecido suegro del actual jefe del Ejército, Juan Emilio Cheyre, y al mayor (R) Carlos Herrera Jiménez y Bernardo Martínez Téllez. Estos últimos no fueron favorecidos con la resolución conocida este martes.

 

 


Esta pagina fue modificada el 17/07/2010

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