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TODAS  IBAMOS A SER REINAS - Extracto

Estudio sobre nueve mujeres embarazadas que fueron detenidas y desaparecidas en Chile  - Serie Verdad y Justicia - Volumen 1 - CODEPU  - 1990


REINALDA DEL CARMEN PEREIRA PLAZA.

 

Era de mediana estatura, delgada, de hermosos ojos verdes, de cabello muy fino, color castaño oscuro, liso, con una sonrisa permanen­te en los labios. De movimientos rápidos y cortantes. Muy altiva, intro­vertida, reservada y exigente con las amistades, pero con las pocas que tenía, establecía lazos muy profundos. Muy ordenada y meticulosa. A ve­ces ligera de genio. En general no era buena para bailar ni era muy amiga de las fiestas, pero según su madre “bailaba en forma muy especial la cueca.”

Reinalda había nacido el 5 de mayo de 1947, tenía 29 años cuan­do fue secuestrada y se encontraba en su sexto mes de embarazo. La re­cuerdan como una niña muy serena.

 

Su padre Luis Pereira Lobos provenía de una familia humilde del pueblito de Viluco al interior de Maipo y su madre Luzmira Plaza Me­dina era de origen campesino.

 

Cuando Reinalda tenía 4 ó 5 años, sus padres se trasladan con ella a Santiago a fin de darle una buena educación. Ella era la única hija. Muy pobres, la madre debía trabajar en diferentes oficios para ganarse la Vi­da: “Trabajé de todo, de empleada; de ama de llaves, en fin de cualquier cosa para educar a Reinalda’. Arrendaban una casita en Quinta Nor­mal.

 

El padre de Reinalda falleció cuando ella era aún una niñita; la madre continué trabajando duro para educarla.

 

Reinalda responde a estos esfuerzos con inteligencia, dedicación, alegría, aprende de oído a tocar la guitarra, se esfuerza en ser la mejor alumna, brillante para las matemáticas. Egresa a los 16 años como la me­jor alumna de humanidades del Liceo No 11. Su deseo era estudiar me­dicina, pero su situación económica se lo impide. Finalmente estudia Tecnología Médica especializándose en Hematología y Transfusión San­guínea. Al egresar de la Universidad, en 1969, trabaja en la Escuela Den­tal y luego en el Hospital Sótero del Río.

 

La madre no sabe exactamente cómo Reinalda fue adquiriendo su compromiso ideológico. “El padre que era de izquierda, le hablaba al­go... de las injusticias, de la explotación, pero a mí eso no me gustaba, ade­más siempre que le preguntaba algo ella me respondía haciendo el gesto, lo que sabe esta mano no lo puede saber la otra”. Nos cuenta doña Luzmira.

 

En julio de 1973 Reinalda del Carmen se casa con Max Santeli­ces. “Previamente había tenido tres pololos, pero ella era exigente y ningu­no la había convencido”.

 

Max era kinesiólogo y, al igual que ella, trabajaba en el Hospital Sótero del Río, “Se adoraban... siempre juntos”

 

Para el día del golpe “salieron nuevamente a su trabajo, no pudie­ron volver hasta el cuarto día, ella venía triste pero serena”. Advirtió a su madre “si nos pasa algo trata de no desesperarte”.

 

Siguieron trabajando normalmente pero el 29 de septiembre ambos fueron detenidos en el Hospital, junto a otros funcionarios, por sol­dados del Regimiento Ferrocarrilero de Puente Alto. Durante todo ese día estuvieron en el cuartel, Reinalda fue liberada en la noche, con el compromiso de firmar semanalmente. Max fue conducido al Estadio nacional

 

Reinalda concurrió todas las semanas a firmar al Regimiento; al cabo de un año decidió no ir más. Max fue liberado luego de unos me­ses. En noviembre de 1973 ambos fueron exonerados de sus cargos en el Hospital. Reinalda no descansé hasta conseguir nuevamente trabajo; lo hizo como secretaria en varias consultas médicas, en breves reemplazos como tecnóloga médica y además entró a Inacap a estudiar dibujo téc­nico. Cuando fue detenida trabajaba como auxiliar en un laboratorio par­ticular. Ese día habla salido de su casa a las 15.30 hrs. a realizar diligen­cias por su embarazo que ya cursaba su sexto mes.

 

Su esposo, Max Santelices declaró, ante el Ministro en Visita, de­signado por la Corte de Apelaciones de Santiago, para investigar el de­saparecimiento de Reinalda: “logramos determinar que su amiga y cole­ga, doña Cristina Arancibia Caballero, la había dejado, el día de su desa­parecimiento, siendo aproximadamente las 19 hrs., en el paradero de bu­ses situado en San Joaquín con Sierra Bella, donde tomó un bus Lo Plaza. Ese y otros antecedentes nos llevaron a sostener que ella había sido deteni­da en los alrededores de Lo Plaza con Irarrázaval; pues bien, a partir del mes de marzo año en curso nos empezaron a llegar diversos recados, los primeros que teníamos de testigos presenciales de su privación de liber­tad.  Los testimonios aludidos indican de manera constante que ella fue vio­lentamente tomada a viva fuerza por dos sujetos e introducida dentro de un automóvil Peugeot azulino, d día 15 de Diciembre de 1976 a las 20:30 hrs. en la intersección de calle Rodrigo de Araya con Exequiel Fernández”.

 

Las afirmaciones de Max Santelices fueron más tarde corrobora­das por algunos de estos testigos, cuando concurrieron a prestar decla­ración ante el Ministro en Visita.

 

Max Alejandro Zuñiga Fernández, C.I.No: 335.430 de Concep­ción, declaró: “trabajo en la carnicería ubicada en Rodrigo de Araya 2171, esquina con Exequiel Fernández. A mediados del año pasado (1976), no recuerdo el día exacto, alrededor de las 20:30 horas, me encontraba al in­terior de mi negocio, cuando vi que un automóvil, al parecer de marca Peu­geot, de color oscuro, que transitaba por Exequiel Fernández, de norte a sur, viró hacia el oriente por Rodrigo de A raya, deteniéndose en la esquina sur-oriente de estas calles, siempre por la calzada de la última arteria nom­brada. Del vehículo se bajaron dos hombres altos, macizos, bien vestidos, quiénes tomaron a una mujer por los brazos y la arrastraron hacia el auto. Esta trató de gritar pero uno de los individuos le tapó la boca y la metió en el asiento delantero y enseguida subió al vehículo, continuando por Rodri­go de Araya hacia el oriente.., detrás del automóvil indicado iba otro de si­milares características, con cuatro o cinco individuos más en su interior, el cual también se detuvo en dicha esquina y luego siguió al otro en que lle­vaban a la mujer por calle Rodrigo de A raya hacia el oriente”.

 

La testigo, Doña Alda Richi, C.I.No: 1.294.851-4 de Santiago, ex­presó: “En la tarde, cuando aún no se entraba el sol me encontraba en mi negocio de verdulería de Rodrigo de A raya 2877, cuando vi que dos perso­nas tomaban a una niña que estaba en Rodrigo de Araya con Exequiel Fer­nández y la subieron en un autito chico y se la llevaron. En dicho automó­vil que al parecer era de color verde oscuro o azul oscuro iban unas cinco personas.

 

Más adelante manifestó: “debo agregar a lo ya expuesto que en el auto venían varias personas; se detuvo cerca de la camioneta de mi mari­do en la cual yo estaba sentada, vi que de él se bajaron dos hombres, uno de ellos es descrito como gordo y de bigotes espesos, y me pareció haberles oído decir ‘ahí viene; se acercaron a una niña que al parecer estaba en el paradero de las liebres esperando movilización, la tomaron entre los dos por los brazos, la llevaron hasta el vehículo, la introdujeron en él y partie­ron... Me parece que en el momento de ocurrir los hechos la dama tenía un poco más largo el pelo del que aparece en la fotografía”.

 

 

Al igual que los testigos ya citados, doña Manuela Mónica Ban­da, C.I.No: 5.631.895 de Santiago, relaté al tribunal lo que había presen­ciado: “en los momentos en que estaba empezando a oscurecer, me encon­traba en mi casa de Exequiel Fernández 1940, al lado de adentro de la puer­ta de calle cuando me di cuenta que algo sucedía en la calle por el movimiento de la gente que estaba afuera. Yo salí y vi que el auto se alejaba”. Tiempo después cuando el tribunal se constituyó en el lugar de la deten­ción, la señora Banda manifestó que sintió gritos de mujer provenientes de un automóvil que se alejaba hacia el oriente, por Rodrigo de Araya.

 

Doña Eliana Azunta Irene Bucchiazzo Caviglia, C.I.No: 99.602 de Ñuñoa, declaró también ante el Tribunal, corroborando lo dicho por los otros testigos: “Era verano, yo iba hacia la casa de mis padres ubicada en Rodrigo de A raya con Exequiel Fernández. Me desplazaba por esta úl­tima arteria al norte, y como a una cuadra relativamente corta de dicha es­quina me percaté que en sentido contrario al mío se desplazaba un auto­móvil marca Peugeot, color oscuro, el que pasó frente a mí y más atrás dio la vuelta y se devolvió y al llegar a la esquina de Ezequiel Fernández con Rodrigo de Araya este automóvil se detuvo, y como el mismo vehículo me obstaculizaba la visibilidad, no pude percatarme bien de lo que ocurría pe­ro sí vi que al parecer se bajaba una persona y posteriormente vi un bulto que se subía al automóvil y el automóvil partió rápidamente, por Rodrigo de A raya hacia la cordillera”.

 

No tenemos ningún testigo de lo que sucedió luego del secuestro de Reinalda. Nadie la vio nunca en ningún centro de detención.


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REINALDA DEL CARMEN PEREIRA PLAZA debería haber tenido a su hijo en el mes de marzo de 1977.

El Ministro en Visita Carlos Cerda Fernandez, que investigó la desaparición de 10 dirigentes comunistas ocurrida en 1976, encargó reos el día 14 de agosto de 1986 a un total de 40 personas, como autores en distintos grados, de los delitos de privación ilegítima de libertad y de aso­ciación ilícita en las personas de Edras de las Mercedes Pinto Arroyo y de Reinalda del Carmen Pereira Plaza, ambos desaparecidos en diciem­bre de 1976. Treinta y tres de los reos pertenecen, en retiro o en activi­dad, a las Fuerzas Armadas; dos son civiles y otros siete de la Policía de Investigaciones.

 

« En la nómina dada a conocer por el Ministro Cerda Fernández figuran varios altos oficiales de Carabineros y de la FACH, entre ellos, el ex Comandante en jefe de esta última institución, General Gustavo Leigh Guzmán, reo como autor del delito de asociación ilícita.»( Diario La Cuarta del 15 de Agosto de 1986)

 

El magistrado explicó que había cursado las respectivas órdenes de detención, a todos los que eran funcionarios en retiro de Investiga­ciones y Carabineros, Armada y Fuerza Aérea. Así mismo dijo que ha­bía oficiado a los respectivos comandos para que fueran arrestados en sus unidades, todas aquellas personas que se encuentran en servicio ac­tivo en las Fuerzas Armadas.

 

La investigación llevada a cabo por el Ministro Cerda Fernández le permitió conocer de otros 27 casos de detenidos desaparecidos. Sin embargo, la Corte Suprema rechazó la petición que él hacía para exten­der la investigación judicial a estos 27 casos. En esa nómina iba el nom­bre de otra mujer detenida desaparecida, la señora María Flores Barraza de Araya, secuestrada el 2 de abril de 1976, posiblemente por el mis­mo grupo que secuestró meses después a Reinalda del Carmen.

 

El Ministro Carlos Cerda acusaba al General Leigh por presunto delito de asociación ilícita referente a la supuesta creación de un de­nominado “Comando Conjunto”.

 

La madre de Reinalda del Carmen conjuntamente con otros fa­miliares de detenidos desaparecidos concurrieron llenos de esperanza a conocerlos resultados de la investigación llevada a cabo por el Ministro Carlos Cerda, investigación que desentrañaba los secretos de la repre­sión efectuada por la dictadura entre los años 1975 - 1976.

 

Sin embargo, la acusación del Ministro fue rechazada por la Cor­te de Apelaciones de Santiago, y las familias una vez más debieron vivir la absoluta indefensión; además el Ministro fue castigado por la Corte Suprema. Este castigo se sumaba a las amenazas y seguimientos de que habla sido objeto desde que asumió en 1985 la investigación sobre los 10 detenidos del Partido Comunista de diciembre de 1976. A pesar de las amenazas y los castigos a que fue sometido, el Ministro Cerda continuó investigando; a través de recursos de casación interpuestos en contra del fallo dictado por la Corte, en los cuales se alegaba vicios en la forma y en el fondo, solicitó la dictación de un fallo de reemplazo. Recién en agosto de 1989 los recursos interpuestos por el Ministro Cerda fueron vistos por el tribunal

 

La tercera Sala de la Corte Suprema por decisión unánime de los 5 magistrados que la integran: Emilio Ulloa, Estanislao Zúñiga y Her­nán Cereceda; más los abogados integrantes Ricardo Martin y Juan Co­lombo, rechazaron los recursos de casación y sobreseyeron definitiva­mente la causa, argumentando que los hechos denunciados e investiga­dos estaban afectos a la Ley de Amnistía dictada en abril de 1978.

 

De este modo la investigación de la desaparición de Reinalda del Carmen junto a otros detenidos desaparecidos, habría quedado defini­tivamente e sobreseída y archivada, cuatro meses antes de la derrota de Pinochet en las urnas. En la parte final del fallo se expresa: « “Que los delitos no podrán ser reabiertos posteriormente aún cuando surjan nuevos antecedentes que ameritaran reanudar la investigación, porque ellos no tendrían el carácter de punibles por efecto natural de la Ley de Amnistía”.»

 

La madre de Reinalda del Carmen en el curso de esta investiga­ción nos ha dicho al relatarnos sus sentimientos y esperanzas: “para mí ha sido algo indescriptible, lo más profundo... indescriptible. Lo peor que puede pasar.... tengo la esperanza de que pueda estar viva, pero me rebelo al mismo tiempo de que ¿sí sea. ¿Si estuviera viva, en manos de quién es­tá?. ¿Y si la están utilizando profesionalmente, y tal vez la maltraten?... ¿y el niño que nació... dónde?, ¿cómo se llamará?, ¿dónde están él y su ma­dre’.

 

Al preguntarle por qué desea saber la verdad, responde: “confírmame no más”, y agrega: “¿se da cuenta de la importancia?, saber con certeza que está muerta... que me entregaran algo... aunque sólo sean sus huesos”. Sentada frente a nosotros con su cabeza baja, hace un gesto de tomar algo entre sus manos y llevarlo a su corazón.

 

Usted compren de, no puede haber impunidad El caso de ella y de otros deben reabrirse con o sin Ley de Amnistía, debemos exigirlo. Para es­te crimen no puede haber olvido nunca. Si no supiera la verdad podría que­darme en el camino sin saber de mi hija, otros familiares han muerto des­garrados porque no supieron la verdad.  Además, ¿cómo amnistiar a asesi­nos que nunca se reconocieron como culpables?’.

 

 


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