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TODAS  IBAMOS A SER REINAS - Extracto

Estudio sobre nueve mujeres embarazadas que fueron detenidas y desaparecidas en Chile  - Serie Verdad y Justicia - Volumen 1 - CODEPU  - 1990

MICHELLE PEÑA HERREROS.

 

Era hija natural de doña Gregoria Peña Herreros. A la edad de 9 años, la madre de Michelle había atravesado los Pirineos, junto a sus padres en pleno invierno, huyendo del franquismo. Era 1939. La guerra civil española habla terminado y los que hablan luchado defendiendo la República huían hacia Francia. En Francia los esperaban, los campos de refugiados y luego la segunda guerra mundial. A los 16 años de edad su madre Gregoria queda embarazada de un joven francés, quien no reco­noce a Michelle ni le da su apellido: “No dudé en ningún momento en te­ner a mi hija, a pesar de que el padre no quiso casarse conmigo”.

Michelle nació en Francia en la dudad de Toulouse, el día 27 de Julio de 1947. En 1952 llega a Chile con su madre y sus abuelos; venían a reunirse con la hermana de su abuela y su marido don Antonio García quién había llegado a Chile en el Winnipeg. Michelle creció rodeada de españoles refugiados, oyendo los re­latos de la guerra civil, las canciones de la resistencia y compenetrándo­se de los ideales de justicia e igualdad que todo ese ambiente transmi­tía. Desde niña se identificó con las ideas de la democracia y el socialis­mo.

 

La madre la recuerda: “sana pero malaza para comer, cuando al­go no le gustaba simplemente me amenazaba con vomitar y ¡o hacía. Muy inteligente, especialmente hábil y rápida para las matemáticas, pero floja para estudiar... Confiaba en sus capacidades, prefería leer, escuchar músi­ca y tocar guitarra. Alegre; pero rabiosa, eso sí nada de rencorosa. Tenía un carácter decidido y firme Cariñosa y amistosa con la gente que quería. Fumaba un cigarrillo tras otro, apasionada por muchas cosas; sin embar­go fácilmente abandonaba algo que había empezado... Era extraordinaria­mente generosa... Había tenido tres pololos, todos ellos más pobres y nece­sitados que ella.”

 

Michelle siempre vivió en Santiago, estudié en el Liceo No 1 de Niñas: “Dio excelente prueba de aptitud académica” y entró a estudiar me­dicina a petición de la madre, “pero a pesar de que era una apasionada de Freud prefería las matemáticas y por eso se decidió por ingeniería”.

 

Gregoria se casó en Chile y tiene una hija, Gabriela, 16 años me­nor que Michelle: “ella la quería enormemente, como a una verdadera her­mana.

 

Michelle era “alta, gorda, de tez blanca, ojos muy grandes de color café, muy expresivos y de mirada firme y alegre algo burlona, la nariz res­pingona. Sumamente expresiva, hablaba con sus gestos y sus manos... Era discutidora, no se quedaba callada sobre todo frente a las injusticias... No era española, se sentía profundamente chilena”.

Michelle se había ido a vivir con dos compañeras a un departa­mento en la calle Mosqueto, uno o dos años antes del golpe militar. Vi­sitaba a su familia a menudo. Por esa época cursaba el tercer año de in­geniería, había trabajado además como bibliotecaria en el Instituto Chi­leno Vietnamita de Cultura y como secretaria en los Sindicatos Obreros de Mademsa y Cristalerías Chile.

 

Seis meses antes de su detención Michelle empezó a ser busca­da. Gregoria, su madre, era vigilada constantemente. Hombres de civil hicieron punto fijo en la fuente de soda que Gregoria tenía frente a las Fiscalías Militares. Su casa fue allanada en dos oportunidades. Seguían a Gregoria constantemente. Era la persecución contra el Partido Socia­lista.

Diez o doce días antes del secuestro de Michelle, relata Grego­ria: “logre juntarme con ella, nos encontramos en el Drugstore de Providen­cia, Luego fuimos a comer un sandwich de lomito al “Kika”. La encontré  sumamente delgada, allí supe que estaba embarazada de ocho meses y me­dio. Habíamos hecho todos los trámites para asilada en la embajada de Francia. Michelle no aceptó, creía que la dictadura no podría <¡unir mu­cha tiempo. En esa oportunidad me contó que su compañero era Ricardo Lagos Salinas; joven militante del Partido Socialista”. Ricardo era hijo del ex Alcalde de Chillán quién junto a su esposa que se encontraba emba­razada, Sonia Ojeda Grandón, y a su hijo Carlos Eduardo fueron muer­tos durante un operativo militar realizado en su propio domicilio en la ciudad de Chillán, pocos días después del 11 de septiembre de 1973.

 

Ricardo de 24 años, ex Presidente de la Federación de Estudian­tes de la Universidad de Concepción, fue arrestado junto a Michelle el día 20 de junio de 1975 a las 15:30 hrs. en la Villa Japón, situada en el sector Las Rejas. El arresto fue practicado posiblemente por la DINA. No existe ningún testigo que haya aceptado hacer denuncia de este he­cho. Por esos días fueron detenidos altos dirigentes del Partido Socialista, Carlos Lorca y Exequiel Ponce, ambos desaparecidos.


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MICHELLE PEÑA HERREROS es la única que desaparece el año 1975, el día 20 de junio. A Michelle nadie la vio jamás en ningún cen­tro de reclusión. Por su madre, Gregoria, hemos obtenido antecedentes que nos indican que ella fue trasladada antes del parto al Hospital Mili­tar y luego al Hospital de la Fuerza Aérea, en donde habría nacido su hi­jo.

Como recordamos, doña Gregoria tenía una fuente de soda des­de hacía muchos años, frente a las Fiscalías Militares: “Yo conocía a mu­chos de los que allí trabajaban, los veía diariamente. Días después del de­saparecimiento de Michelle, en mi desesperación solicité a uno de ellos (lo reconocería inmediatamente si lo volviera a ver) me ayudara a buscarla. Días después me informó que Michelle estaba bien y que me mandaba a pedir algunas prendas de vestir y libros, especialmente uno, “Les Fables de la Fontaine”. Sólo ella podía pedir ese libro. Se sabía las fábulas casi de me­moria y en su último cumpleaños yo le había regalado una nueva edición. Días más tarde este hombre me informó que Michelle había sido traslada­da al Hospital de la FACH porque en el militar no había maternidad”.

 

Durante un año la madre fue todos los días de visita a pararse frente a la puerta de Tres y Cuatro Álamos y sólo una vez logró entrar; nadie vio nunca a Michelle y las informaciones eran “sólo rumores”. Gre­goria fue también a la cárcel de Pirque en la zona del Cajón del Maipo donde habían sido trasladadas las presas políticas. Todo fue inútil A Michelle y a Ricardo Lagos Salinas nadie los vio nunca en ningún lugar.

 

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El hijo de MICHELLE PEÑA HERREROS debió nacer 15 días después de su secuestro. Si el relato de su madre Gregoria es confirma­do el niño habría nacido en la maternidad del Hospital de la Fuerza Aé­rea a donde fue trasladada desde el Hospital Militar. Habría que inves­tigar en las fichas de ingreso y de alta de ambos recintos.

 

Según Gregoria su nieto debió nacer los primeros días de julio de 1975. No le cabe duda que ese niño vive y que debe estar en poder de otras personas, si así fuera debería tener ahora 15 años. Por otra parte, de las declaraciones del ex agente de la DINA Juan Rene Muñoz Alarcón hechas en la Vicaría de la Solidaridad a Mon­señor Cristian Precht Bañados, antes de ser asesinado el día 23 de Oc­tubre de 1977 destacamos el siguiente antecedente que en alguna forma pudiera estar relacionado con el destino de Michelle Peña, ya que ella desaparece junto a Ricardo Lagos Salinas y en relación con dirigentes del Partido Socialista: Exequiel Ponce y Carlos Lorca, los cuales tam­bién están desaparecidos. En esa declaración Muñoz Alarcón expresa lo siguiente en relación con las personas que están desaparecidas: « “que en la Colonia Dignidad hay 112 personas, en Santiago en Peñalolen y Colina se encuentran el resto. Ellos son alrededor de 145... los demás están muertos”.»

 

Más adelante agrega: « “Todos estos prisioneros están vivos, en ma­las condiciones físicas, muchos de ellos al borde de la locura por el trata­miento que les han dado”»; luego señala: «“Carlos Lorca y Exequiel Ponce están en el pabellón No 12 de Colonia Dignidad, también se encuentra alguien de apellido Tolosa militante de las JJCC. Los que están vivos no son más de 150... l4O  y tantas personas. En el archivo que tiene la DINA  figura sólo las chapas de ellos. Sus nombres sólo están en el archivo ofi­cial.»( “Chile, la memoria prohibida”. Tomo III. Cap. 1.- Pág. 37)

 

En otro lugar de su declaración Muñoz Alarcón afirma que las mujeres están en San José de Maipo, en donde están los enfermos del pulmón.

 

El 5 de agosto de 1988 Albert Schreiber, residente en la Colonia Dignidad y hombre de confianza Paul Shaffer, jefe de este recinto, reco­noció ante un Juez que efectivamente había llevado a Juan Muñoz Alar­cón y a su familia al interior de la Colonia Dignidad.

 

Gregoria Peña luego de 10 años de búsqueda y espera de su hija y de su nieto piensa que lo más probable es que Michelle haya sido ase­sinada y que su nieto está vivo ignorando por completo quiénes son sus padres.

 

“Yo exijo saber, ...primero saber todo lo que pasó con ella. Por su­puesto espero justicia, justicia limpia y pura... eso... Esa hija mía que tuve a los 16 años fue todo para mi a pesar de mi edad y de las dificultades... dura vida esta. La guerra civil,  el campo de concentración en Francia; la segunda guerra mundial, el miedo, el frío, el hambre, luego Chile... y aquí viví nuevamente una dictadura atroz que me tomó a mi hija”.

 

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Gladys Díaz Armijo, ex prisionera política, C.I.No: 3.520. 153-K de Santiago nos entregó el siguiente testimonio que habla del posible destino de Michelle Peña.

 

Gladys fue detenida el 20 de febrero de 1975 junto a Juan Carlos Perelman Ide en su domicilio. Allí llegó la DINA, la casa fue brutalmen­te allanada y ellos golpeados y vejados. Al cabo de un momento los ven­dan y esposan. Su casa fue saqueada. No quedó nada y en camiones los trasladan a ellos con todos sus muebles. Fueron conducidos directamen­te a Villa Grimaldi; allí Gladys fue sometida a brutales técnicas de tor­tura física e incomunicada por meses con privación de alimentos y agua, debiendo permanecer en pequeñas celdas de madera.

 

El 8 de mayo fue trasladada al pabellón de incomunicados de Cuatro Álamos y luego el 9 del mismo mes a libre plática. Había enfla­quecido 15 kilos y se encontraba extenuada. En numerosas oportunida­des fue sacada por la DINA desde Tres Álamos y conducida nuevamen­te a Villa Grimaldi para ser sometida a interrogatorios. Gladys Díaz nos asegura que el jefe de Villa Grimaldi era Marcelo Moren Britto quien personalmente la interrogó innumerables veces, la mandó torturar y también él mismo la torturó. Marcelo Moren seguía siendo el jefe, cuan­do el día 2 de julio de 1975, encuentra en Villa Grimaldi a Michelle Pe­ña y a Carolina Wiff (Modesta Carolina Wiff Sepulveda, militante del Partido Socialista, quien fue detenida junto a Carlos Lorca el 25 de Julio de 1975. Ac­tualmente desaparecida).

Con precisión Gladys nos relata ese momento: “ese día me sacan temprano de Tres Álamos, Pacheco autorizó mi salida y me entregó a la DINA. Iba sin los ojos vendados pues yo ya conocía ese lugar y a todos los aprehensores. Al llegar me dejaron por horas sentada en una banca en el jardín. Como a! mediodía me dijeron que fuera a comer algo y me hicieron pasara otro patio en donde había una mesa con 3 platos, allí condujeron a 2 mujeres que yo había dechado de pie debajo de un árbol con sus ojos vendados. Las hicieron sentarse a mi lado. Les hablé, desconfiaron de mí y guardaron silencio, una era más morena, pelo corto; la otra de tez muy blanca; nariz respingona. Les expliqué quien era y ellas me die­ron nombres que percibí eran al azar ambas estaban enflaquecidas  tristes y temerosas, especialmente la de tez más blanca. Conversaban entre ellas como ignorándome, pensarían que yo era una delatora; además no podían verme. Hablaban de Julio, decían que Julio (Nombre Político de Carlos Enrique Lorca Tobar Secretario Ge­neral de la Juventud Socialista, detenido el 25 de junio de 1975, y desaparecido hasta la fecha) estaba muy mal que se que­jaba continuamente y que el otro, que supongo sena Exequiel Ponce (Exequiel Ponce Vicencio, dirigente del Partido Socialista. Se en­cuentra detenido desaparecido desde su detención el 24 de junio de 1975), es­taba algo mejor. Insistí les dije que era importante que me dieran sus nom­bres pues yo volvería seguramente a Tres Álamos y que podía informar so­bre ellas, que no quería saber más que sus nombres; entonces una, la de pe­lo corto y morena; me dijo que se llamaba Carolina y la otra Michelle, no me dijeron sus apellidos. Luego siguieron ignorándome y hablando entre ellas; una comentaba que los guardias le habían dado la ropa de Julio, lle­na de sangre y que tenían que lavarla. En ese momento los guardias apre­surada mente vinieron a buscarme. No las vi más”.

“Cuatro o cinco días después, encontrándome en Tres Álamos va­rios presos políticos fuimos interrogados por una persona del Comité por la Paz no sé si era un abogado, quien había entrado en hora de visita y traía ocultas varias fotos de hombres y mujeres. Reconocí sin vacilar a las prisioneras que había visto en Villa Grimaldi. Le di sus nombres, él me dio sus apellidos”.

 

“No supe que Michelle estaba embarazada al momento de su de­tención el 20 de junio de 1975. Cuando la vi indudablemente ese hijo ha­bía nacido. Ella nada me dijo...”.


 

 

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