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Maarten Melle Visser

3 de Marzo 2005 La Nacion

El holandés desaparecido en el volcán

A las 08:30 horas y a mil metros de altura en el volcán Osorno, el juez Juan Guzmán toma juramento a los brigadistas del Cuerpo de Socorro Andino, Zonal Sur. El juez viste parka azul, pantalón grueso y bototos.

Mil 600 metros más arriba, la punta casi perfecta del Osorno muestra su capucha blanca de nieve eterna. Y también sus grietas profundas, semiocultas bajo los glaciares. Paulus y Loes Visser, un matrimonio holandés, y el embajador de Holanda en Chile, Hinkynus Nijenhuis, acompañan al grupo y observan. También lo hacen funcionarios de la Brigada de Asuntos Especiales y Derechos Humanos de la Policía de Investigaciones que laboran junto al juez y su actuaria Malvina Pinto.

Abajo, la inmensidad del lago Llanquihue. Al norte, una densa niebla amenaza subir. Pero el sol platina el sombrero blanco del volcán. Un viento helado balancea las ramas de los coigües. Los rescatistas quedan juramentados en calidad de ministros de fe. Después de 20 años, se reinicia la búsqueda del joven holandés Maarten Melle Visser. Sus padres, Paulus y Loes, nunca lo abandonaron. Desde diciembre de 1985, cuando desapareció en el nevado un miércoles 11, viajan cada año a Chile para celebrar el rito de la ascensión del Osorno. Sienten que pondrán fin a su duelo sólo al encontrar el cuerpo de Maarten. El 2003 le contaron su dolor a la Reina Beatriz. Ella los escuchó y el asunto se transformó en tema de Estado.

El mapa de los brigadistas está zonificado. Esta vez la búsqueda será distinta. Cada zona de rastreo está marcada en una plastificada carta geográfica. Un helicóptero de Carabineros los transporta cada mañana hasta el refugio Teski, a mil metros de altura, y desde ahí peinan cada cuadrado numerado. El grupo comienza a subir. El terreno se torna agresivamente pedregoso, con una piedra áspera y filuda de lava que alguna vez brotó. Sobre todo afuera de la huella que lleva a la base de la punta, donde comienzan los últimos 600 metros de sus glaciares.

El sábado pasado acompañamos a los brigadistas hasta los mil 400 metros en el reinicio de la búsqueda. Las faenas de rescate no tienen límite, pero se les pondrá fin si no hay resultados en marzo. El peligrosamente cambiante microclima del volcán impide continuar más allá.

El juez Guzmán busca al joven en el marco del proceso caratulado “Volcán Osorno”. Pero su desaparición está rodeada de misterio. Probablemente pudo ser un accidente, como creen los brigadistas. Hasta ahora, los antecedentes del proceso no aportan pistas para establecer responsabilidad de terceros. En los padres ronda el fantasma del secuestro. Y una vez más el espectro se parece a Colonia Dignidad, definida en varios procesos penales en Chile como una asociación ilícita. Una secta de “beneficencia” que desde 1961 encubre objetivos criminales, con más de 70 procesos en su contra. Durante la dictadura, tras sus alambradas la DINA y la CNI escondieron prisioneros, instruyeron a sus agentes, y oficiales de toda gama y civiles encontraron la paz de la tarde y los manjares alemanes, de todo tipo, para vacacionar.

Itinerario

El joven VISSER llegó a Chile el 9 de diciembre de 1985 con 18 años. Lo atrajeron las maravillas del sur, especialmente el volcán Osorno. Ese lunes alojó en Puerto Montt en casa de María Torres y Luis Higueras. El martes se enfrascó en una discusión con los dueños porque criticó al régimen de Pinochet y el tipo de Estado policial que percibió en esas pocas horas. Nada serio, al parecer. El miércoles viajó hasta el refugio Teski del volcán y salió a excursionar, con ropa de calle. Sus pertenencias eran mínimas. En Puerto Montt dejó algunas cosas, pues regresaría pronto, dijo. Pero no volvió más. Todo se asemejó a un accidente. Permanentemente el volcán cobra la vida de los inexpertos que se aventuran en sus zonas más delicadas. Con Maarten, hasta ahora, han desaparecido seis personas en el nevado.

La telaraña de la secta “Dignidad”

Es imposible no vincular el caso Maarten Visser con la misteriosa desaparición, el 4 de enero de 1985, del matemático ruso-judío -nacionalizado estadounidense- Boris Weisfeiler, en la intersección de los ríos Ñuble y El Sauce en la precordillera de la comuna de San Fabián de Alico en la VIII Región. Al igual que con el alto funcionario de la embajada alemana en Chile, Hans Buss, desaparecido el 19 de diciembre de 1989 en el volcán Casablanca, a 77 kilómetros de Osorno.

En estos tres casos está la sombra de Colonia Dignidad, o su presencia directa, como en Weisfeiler. El estadounidense fue arrestado por una patrulla militar que lo entregó en el predio de la secta, al este de Parral. Así lo declaró en 1987 un integrante de la patrulla a un funcionario de la Embajada de Estados Unidos.

Hans Buss era el encargado de la documentación clasificada de la embajada alemana, entre ella todo lo relacionado con la organización de Paul Schäfer. Buss subió ese día al volcán de paseo. Un monte de mil 990 metros sin riesgo alguno. Abajo quedaron sus hijos y esposa. Pero nunca regresó. El sacerdote chileno-germano Vinzenz Gottschalk, dijo a la viuda que recibió información en confesión, respecto de la “mano” de Colonia Dignidad en el destino final del diplomático.

En una calle de Puerto Montt, hace algún tiempo, un extraño detuvo a los padres de Maarten Visser para decirles: “su hijo está vivo, pero prisionero en Colonia Dignidad”. En la época de la desaparición del joven holandés y Weisfeiler, colonos de Dignidad y agentes de la CNI realizaron búsquedas en la zona sur, tras los pasos de Hugo Baar, uno de los fundadores de la secta que se fugó y volvió a Alemania.


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