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PABLO GAC ESPINOZA

Rut     : 45.831, Quillota
Nacim.   : 08  12  30, 43 años a la fecha de su detención
Domicilio : Diego Echeverría 693, Quillota
E.Civil : Casado, 3 hijos
Actividad : Oficial Administrativo del Instituto Nacional de Desarrollo Agropecuario (INDAP) de Quillota
C.Repres. : Militante del Partido Socialista, Regidor y Alcalde de Quillota
F.Detenc. : 17 de enero de 1974

Pablo Gac Espinoza, casado, 3 hijos, funcionario de INDAP de Quillota, ex Alcalde de Quillota, militante del Partido Socialista, fue detenido, tal como lo relató Rosa Eliana Becerra Flores, cónyuge del afectado. El 17 de enero de 1974, a las 14:45 horas, hasta su hogar que compartía con Pablo Gac, llegó un jeep verde con raya amarilla, lona y banquetas en la parte posterior, desde el que se bajó un civil. Este conversó con el afectado regidor y Alcalde de Quillota, además de militante socialista diciéndole que lo venía a buscar para una "pequeña interrogación" que se haría en el Regimiento de Ingenieros N°2 de Quillota.
Pablo Gac pidió tiempo para cambiarse de ropa, cosa que se le concedió. El civil dijo que regresaría más tarde pues tenía que ir a buscar a otras personas. Efectivamente, éste se retiró. Pablo Gac tranquilizó entonces a su esposa diciendo que lo conocía y que no se preocupara porque se trataba de un "buen muchacho". Tuvo tiempo para bañarse, afeitarse, cambiarse ropa e incluso debió esperar un rato antes de que llegara nuevamente el vehículo.
En esta segunda oportunidad, el jeep no venía ya vacío, además del aprehensor del afectado (un sujeto de unos 27 años, 1.75 m de estatura, moreno, pelo liso, esbelto, vestido con una camisa beige), y del chofer, venían cuatro detenidos a quienes Rosa Eliana Becerra no reconoció. Al despedirse, Pablo Gac dijo a su cónyuge que si no regresaba, fuera al día siguiente al Regimiento.
Así, el 18 de enero de 1974, como a las 07:00 de la mañana, Rosa Eliana Becerra se dirigió al Regimiento de Ingenieros de Quillota, enterándose en la calle que habían muerto a unos presos políticos, cuyos cadáveres estaban, tapados con papeles, bajo el puente que conduce a la Escuela de Caballería.
Durante el resto del día, la esposa de Pablo Gac logró averiguar muy poco más. Al concurrir a la Gobernación de Quillota y pedir hablar con el Gobernador, Coronel Angel Custodio Torres Rivera, éste sólo le dijo que su esposo estaba desaparecido y que lo andaban buscando.
El 17 de enero de 1974, no fue la primera vez que tenía problemas el afectado. Dos o tres días después del 11 de septiembre de 1973, fue despedido de su trabajo en el Instituto Nacional de Desarrollo Agropecuario (INDAP). También el 11 de septiembre, personal de la Embajada de Rumania le ofreció asilo. El lo rechazó. En la tercera semana de septiembre de ese mismo año, su domicilio fue allanado por personal de Investigaciones de Quillota, quienes lo detuvieron y condujeron hasta las dependencias de dicho Servicio, en donde permaneció un día, siendo trasladado después a la Comisaría de Carabineros de esa ciudad. Aquí se le maltrató e interrogó.
Fue puesto en libertad el mismo día, con la obligación de firmar una vez a la semana y con la instrucción de no abandonar la ciudad. Posteriormente, y en varias oportunidades, lo fueron a buscar civiles que lo conducían a declarar a la Gobernación o a la Comisaría de Carabineros. Sin embargo, al cabo de unas horas, era dejado libre. Cuando regresaba a su hogar, Pablo Gac daba la impresión de haber sufrido malos tratos, aunque él nunca contó nada y siempre pidió que no le preguntaran al respecto.
Así, cuando apareció el jeep ese 17 de enero de 1974, sólo pareció tratarse de una detención más.
El 18 de enero de 1974, Rosa Eliana Becerra se enteró que ese día, en la madrugada, una patrulla militar de la Escuela de Caballería de Quillota, al mando del Capitán Francisco Pérez E., había ejecutado a seis prisioneros políticos de esa ciudad, Víctor Enrique Fuenzalida (partido comunista), Manuel Hernán Hurtado (partido socialista), Osvaldo Mario Manzano (MIR), Julio Arturo Loo (partido comunista), Angel Mario Díaz (dirigente poblacional) y Hugo Hernán Aranda (dirigente vecinal), los que se encontraban detenidos en la Cárcel de Quillota desde los primeros días después del Golpe Militar. En cuanto a su esposo, sólo obtuvo algún antecedente a través de la información oficial entregada a la prensa por el Gobernador, Coronel de Ejército Angel Custodio Torres Rivera, y por unos afiches que aparecieron pegados en los árboles de la plaza de armas de Quillota. En estos afiches aparecían los nombres y las fotos de Pablo Gac y de Rubén Cabezas Pares con la leyenda "se busca".
El día 19 de enero de 1974, en la prensa local se publicó la versión oficial de los hechos, signada por el Coronel Angel Custodio Torres. Aquí se señalaba que el 18 de enero de 1974, a la 1 de la madrugada, cuando ocho detenidos eran trasladados desde el Regimiento de Ingenieros a la Escuela de Caballería, la patrulla militar que los conducía (perteneciente a la Escuela de Caballería) fue "atacada sorpresivamente por elementos extremistas". En la versión oficial de los hechos se agregaba que, en la confusión, huyeron Pablo Gac y Rubén Cabezas Pares (al igual que la víctima, éste es también un detenido desaparecido), resultando herido el Capitán Francisco Pérez E., Comandante de la patrulla. Enseguida se entregaban los nombres de los seis detenidos que habían resultado muertos, "dados de baja por intentar huir". En un siguiente Bando se advirtió a la población el peligro que significaba "hospedar en sus casas a personas cuyos antecedentes no sean conocidos, ya que puede tratarse de prófugos de la Justicia".
Alrededor del 20 de enero de 1974, Rosa Eliana Becerra conversó con un detenido que venía saliendo en libertad desde la Comisaría de Carabineros, de nombre Aliro, quien le informó haber visto al afectado en ese recinto policial el día 17 de enero de ese año. Lo vio ingresar hacia el sector de interrogatorios y, como a la medianoche, vio cuando lo sacaban en vilo entre dos personas, en muy malas condiciones físicas.
La cónyuge recorrió cárceles, viajó a otros lugares donde habían campos de detenidos, acudió a la Cruz Roja Internacional.
En esos días ella perdió un hijo que esperaba cuando tenía ya tres o cuatro meses de gestación. Hasta la fecha, Pablo Gac Espinoza continúa desaparecido. Su esposa, dada la indefensión absoluta en que quedó junto a sus hijos menores de 4 y 8 años de edad a la fecha de detención del afectado, no realizó gestiones judiciales.

GESTIONES JUDICIALES Y/O ADMINISTRATIVAS
En el Segundo Juzgado de Quillota en 1990 se inició una investigación por el delito de inhumación ilegal en terrenos de la Escuela de Caballería de Quillota. En la tramitación de este proceso, el 21 de diciembre de 1991, el juez don Raúl Beltramí fue impedido de ingresar a dicho recinto, por lo que éste inició proceso por denegación de auxilio a la justicia. El Comandante del Regimiento, Coronel Francisco Javier Pérez Egbert ante la Corte de Apelaciones de Valparaíso, cuestionó la competencia y sostuvo que el supuesto delito está afecto a la Ley 2.191 de 1978 (Ley de Amnistía).
Finalmente la Corte Suprema resolvió radicar ambos procesos en la Fiscalía Militar de Valparaíso. Dicho tribunal sobreseyó la causa por denegación de auxilio a la justicia y respecto del proceso por inhumación ilegal hasta finales de 1992 no se lograba ningún avance. Pablo Gac Espinoza continúa detenido desaparecido.

Resumen de noticias - 14 de abril de 2000
PRESENTAN QUERELLA 83 CONTRA PINOCHET
Una nueva querella en contra del ex dictador Augusto Pinochet fue presentada el jueves 13 de abril ante el ministro de fuero Juan Guzmán Tapia por la desaparición de tres personas y la ejecución de otras seis en la ciudad de Quillota en enero de 1974. De esta forma, el número de acciones judiciales contra el senador vitalicio ya ascienden a 83, desde que en enero de 1998 el Partido Comunista presentó la primera de ellas. En esta oportunidad, el ex dictador es acusado de los delitos de secuestro calificado, homicidios múltiples, genocidio, inhumación ilegal y asociación ilícita. Junto a Pinochet, también fue procesado el general (R ) Sergio Arellano Stark, quien es señalado como el responsable directo de las ejecuciones ocurridas en 1974. Los casos de desaparición, de los que ha dejado constancia del Informe Rettig, se refieren al ex alcalde de la ciudad de Quillota, Pablo Gac Espinoza, el obrero agrícola Levy Segundo Arraño y el fiscal de la Corporación de Reforma Agraria (CORA), Rubén Cabezas Pares.

El Mercurio 5 de Agosto 2000
Informan sobre tres fusilados en Quillota
Al obispo de Valparaíso, Gonzalo Duarte, fueron entregados los antecedentes sobre el fusilamiento y la inhumación ilegal de tres detenidos desaparecidos, ocurridos el 18 de enero de 1974, cuatro meses después del golpe militar que encabezó el general (r) Augusto Pinochet. Silva contó que un ex uniformado, quien mantiene su anonimato, reveló que las tres víctimas fueron fusiladas y luego sepultadas clandestinamente al interior de la Escuela de Caballería del Ejército ubicada en Quillota, a 100 kilómetros al norte de Santiago. Las víctimas fueron identificadas como el abogado de la Gobernación Provincial y militante del Partido Socialista, Rubén Cabezas; el ex alcalde de Quillota, Pablo Gac, y el dirigente campesino Levi Arraño.

El Mostrador 9 de Agosto 2001
Ministra Pérez se declaró incompetente en caso desaparecidos
La magistrada Gabriela Pérez, quien reemplaza al ministro Juan Guzmán, se declaró incompetente para conocer el caso de tres desaparecidos presuntamente sepultados clandestinamente en el recinto del regimiento de caballería de Quillota, en la Quinta Región. El proceso se refiere a la desaparición del abogado Rubén Cabezas, de Levi Arraño y Juan Carlos Gac, quienes habrían sido fusilados por personal de esa unidad militar el año 1974, de acuerdo a testimonios que recopiló la Comisión Rettig.
De acuerdo a esos mismos antecedentes, uno de los inculpados es el actual general (R) Francisco Pérez Eguert.


Primera Linea 20 de Agosto 2001
Caso Quillota: Conscriptos revelan inhumaciones de DD.DD
Cuando la ministra de la Corte de Apelaciones de Valparaíso Gabriela Corti reciba en los próximos días el expediente del caso conocido como "matanza de Quillota" se encontrará con importantes avances, pues constan en los cuadernos secretos del proceso los testimonios de dos ex conscriptos del Ejército que revelan que tres detenidos desaparecidos fueron asesinados e inhumados ilegalmente al interior de la Escuela de Infantería el 18 de enero de 1974 y confirman la participación en su secuestro de una serie de oficiales en retiro.
Los conscriptos, cuya identidad se mantienen en la más absoluta reserva, declararon que los hechos que culminaron con la muerte del alcalde de Quillota, Pablo Gac (PS), del dirigente campesino Levi Segundo Arraño (PS) y del militante del Mapu y fiscal del Cora, Rubén Cabeza Pares ocurrieron cerca de las 12:00 horas de ese día. Asimismo, dan fe que restos fueron enterrados en el mismo recinto militar.
Sin embargo, el informe que las FF.AA entregaron como conclusión de la Mesa de Diálogo establece que estas personas fueron arrojados al mar frente a las costas de Con Con, por lo que la magistrada deberá esclarecer si sus restos fueron removidos con posterioridad.
Los testimonios de estos dos testigos clave, y el interrogatorio a los familiares de las víctimas, responsabilizan de su secuestro calificado, delito por el cual está rotulado el proceso, al ex Comandante de la Guarnición y Director de la Escuela de Caballería, Fernando Paredes, quien hasta diciembre de 1973 ejerció como gobernador por la zona.
Asimismo inculpan al ex comandante de la Escuela, Angel Custodio Torres Rivera quien entonces tenía grado de coronel y se desempeñaba como Jefe de Inteligencia; al comandante de la patrulla, capitán Francisco Pérez Egert y el teniente coronel (r), Sergio Arredondo, procesado como uno de los principales inculpados en el caso Caravana de la Muerte.
Fuentes judiciales confirmaron que estos militares podrán ser procesados en su calidad encubridores por la responsabilidad de mando que tenían al momento de producirse las detenciones. Aclaran que en este caso la figura de secuestro calificado nuevamente cobra vigencia y afecta directamente a Arredondo, quien al arribar a la zona, solicitó de inmediato que los detenidos fueran trasladados hasta la Escuela.
La ministra Corti deberá asumir la investigación de la causa, luego que durante el período en que el ministro de fuero Juan Guzmán hizo uso de su licencia médica, su subrogante, Gabriela Pérez determinó que ésta fuera vista por un tribunal en la Quinta Región, declarándose incompetente y entregando los antecedentes a su jurisprudencia.
Pese a que esta noticia no fue bien recibida en un comienzo por los familiares de las víctimas, los abogados querellantes Julia Urquieta y Héctor Salazar señalaron que la investigación tiene mayores posibilidades de avanzar en manos de un juez que esté menos saturado de causas y reconocieron que las indagaciones permitirán la pronta dictación de las primeras encargatorias de reo.
Para el abogado Héctor Salazar, representante de los familiares de Rubén Cabeza, sólo la investigación de la jueza Corti determinará la verdad de estos nuevos antecedentes, aunque no descarta que los detenidos fueran enterrados en la Escuela de Caballería de Quillota y posteriormente removidos y lanzados al mar.
Distinta es la opinión de la abogada Julia Urquieta, quien es tajante al momento de descartar que los cuerpos de los tres detenidos desaparecidos se encuentren en el lecho marino. Sostiene que los antecedentes recopilados por el ministro Guzmán y los aportados por una serie de testigos, ponen en evidencia que estas personas fueron fusiladas en el recinto militar y sus cuerpos siempre han permanecido allí.
Junto a estas tres desapariciones el proceso investiga las ejecuciones de otras seis personas al interior de la Escuela de Infantería, cuyos restos fueron entregados a sus familias con evidencia de haber sido sometidas a apremios ilegítimos durante su detención.
Al interior del regimiento de Caballería se ejecutó al jefe del Departamento Técnico del Cora, Víctor Fuenzalida Fuenzalida; al empleado de la Tesorería Manuel Hernán Hurtado Martínez; a los obreros textiles Osvaldo Mario Manzano Cortés y Julio Arturo Loo Prado y a los dirigentes poblacionales Angel Mario Díaz Castro y Hugo Hernán Aranda Bruna.
Quillota en manos de los militares
Los querellantes explican que luego del Golpe de Estado, Quillota quedó bajo la tutela del Comandante de la Guarnición y Director de la Escuela de Caballería, coronel Fernando Paredes Pizarro. Al igual que en otras zonas del país, los detenidos se presentaron voluntariamente hasta las comisarías, luego de escuchar los bandos militares que los conminaban a ello.
En el caso de Pablo Gac la reconstrucción de los hechos señala que "firmaba periódicamente en la Fiscalía Militar de Quillota. Su domicilio fue allanado el día 15 de septiembre y estuvo detenido 24 horas en Investigaciones. Regularmente era citado para interrogatorios tanto a la Gobernación como al Regimiento de Infantería, hasta que el día 17 de enero personal de civil lo fue a buscar a su domicilio para un nuevo interrogatorio".
Un testigo que se encontraba detenido en el recinto militar declara que lo vio descender de un vehículo castrense junto a Rubén Cabezas Pares, quien fue privado de libertad en su lugar de trabajo esa misma tarde.
Hugo Hernán Aranda Bruna, 30 años, agricultor, trabajaba junto a Levi Arraño en la Parcela Nº 29 de San Isidro. Ambos fueron citados en varias oportunidades a prestar declaraciones tanto a la Gobernación como a Investigaciones. Pero no es sino hasta después del 11 de enero de 1974 que fueron detenidos. El primero fue llevado a la Cárcel de Quillota y el segundo al regimiento.
Arraño no es mencionado en la versión oficial de los crímenes cometidos el 18 de enero y a su esposa le informaron que fue puesto en libertad el 17 de enero en la tarde. Sin embargo, un uniformado declaró que lo vio ese día al interior del regimiento y fue dejado junto a Pablo Gac y Rubén Cabezas.
El resto de las víctimas fue citada a la gobernación regional y quedó detenida de inmediato. En este grupo se encontraban Manuel Hernán Hurtado Martínez (PS), empleado de la Tesorería de Quillota; Julio Arturo Loo Prado (PC) obrero textil; Víctor Enrique Fuenzalida Fuenzalida (PC), jefe del Departamento Técnico de la CORA; Osvaldo Mario Manzano Cortés (FTR), obrero textil y Angel Mario Díaz Castro (FTR), dirigente poblacional.
El grupo fue trasladado hasta la Cárcel Pública de Quillota por orden del Departamento Segundo que operaba en la Gobernación local. Informaciones no confirmadas indican que a principios de octubre quedaron en mano de Gendarmería y fueron trasladados al recinto naval "Silva Palma", pero el excesivo número de prisioneros obligó a trasladarlos al barco "Lebu", bodega Nº3, a cargo de la Armada.
El jefe militar de la época y Gobernador de Quillota, Angel C. Torres Rivera informó que en la madrugada del 18 de enero de 1974 "elementos extremistas atacaron sorpresivamente a la Patrulla Militar de la Escuela de Caballería que llevaba detenidos del Batallón de Ingenieros a ese recinto. Ante esta emergencia la Patrulla repelió el ataque y en medio de la confusión huyeron Pablo Gac y Rubén Cabezas. Como consecuencia del enfrentamiento, los siguientes detenidos, que también intentaron escapar, fueron dados de baja: Hugo Hernán Aranda Bruna, Julio Arturo Loo Pardo, Eduardo Manzano Cortes, Víctor Enrique Fuenzalida, Angel Mario Díaz Castro, Manuel Hernán Hurtado Martínez.
Este gobernador militar dispuso la investigación sumaria correspondiente, por el Fiscal Militar, pero su versión es desmentida tajantemente en otros testimonios anexados al proceso. Así Eva Hurtado, hija de Manuel Hurtado, declaró que un documento oficial entregado en reemplazo del protocolo de autopsia se señala que su padre "murió por heridas múltiples de balas al intentar fugarse".
Pero esta versión contrasta con la de un testigo que vio en la morgue local el cuerpo del propio Manuel Hurtado con impactos de bala en la frente y masa encefálica expuesta, que demuestran que le dispararon a corta distancia. Sus manos aún estaban amarradas con alambre. La familia de otro ejecutado, que prefiere no identificarse, señala que en el caso de su deudo estaba degollado y le faltaban las uñas de manos y pies.
Para los querellantes estos antecedentes ponen en evidencia que luego del 11 de septiembre de 1973 asume la dirección de la Escuela de Caballería efectivos de los servicios de inteligencia. Por razones desconocidas Angel Custodio Torres accedió a que un oficial de menor graduación, el teniente coronel (r) Sergio Arredondo, tomará a su cargo los nueve detenidos mencionados.
Ello se explica porque Sergio Arellano Stark, delegado del general Pinochet, habría encomendado a Arredondo viajar a la zona para "agilizar procesos". La hipótesis aún no ha sido confirmada, pero los querellantes pedirán a la jueza Corti que la indague. Añaden que los antecedentes que manejan confirman que Arredondo ordenó a Pérez Egert que ejecutara su estrategia

Primera Linea 10 de Diciembre 2001
Caso Quillota: Jueza imparte orden amplia de investigar
En una línea paralela dentro de las investigaciones por violaciones a los derechos humanos en la Quinta Región, la ministra de fuero Gabriela Corti despachó una orden amplia de investigar al Departamento Quinto de la policía civil. La medida busca avanzar en los procesos por la desaparición de Jorge Eduardo Villarroel y Bernardino Rodríguez Cortés, detenidos en 1974, y del ex alcalde Pablo Gac, así como los dirigentes Levi Segundo Arraño (PS) y Rubén Cabeza Pares (MAPU), causa que estuvo en manos del ministro de fuero Juan Guzmán Tapia, quien se declaró incompetente de abrir sumario. Todos ellos estuvieron detenidos en la Escuela de Caballería de Quillota, último lugar donde fueron vistos con vida. Además, dentro de este mismo capítulo verifica el secuestro vivido por Raúl Iván Cárcamo Aravena (31 agosto de 1977), Luis Geraldo Otarola Valdés (30 de agosto de 1977), Sergio Jorge Hidalgo Orrego (31 de agosto de 1977) y Hernán Quezada (9 de octubre de 1977), ex trabajadores de la Empresa Constructora VEP (ex KPD) que fueron detenidos por efectivos del SIN y deambularon por el campo de prisioneros de El Belloto.
Con esta determinación, la magistrada busca avanzar a paso firme en las causas por las cuales realiza excavaciones en el Regimiento Número dos Maipo.

PrimeraLinea 18 de Abril 2002
Caso Aldoney: con nuevos enigmas se prolongan diligencias
Los fracasos registrados hasta el momento en las diligencias que efectúa la ministra de fuero Gabriela Corti en el desaparecido campo de prisioneros de Isla Riesco no han debilitado en absoluto la convicción de la magistrada, decidida a insistir por unos diez días más en las excavaciones en la zona.
Fijado preliminarmente para el 13, 14 y 15 de abril, la ministra cambió en el último minuto la fecha de los trabajos, trasladándose -por temor a intrusos- el martes de la semana pasada hasta el predio de la familia Matte en Colliguay. En el lugar, los peritos estuvieron hasta el jueves y reanudaron el lunes los trabajos que se extenderán por toda esta semana, aunque ya sin la presencia de la ministra.
Aprovechando la vía terrestre trazada por la maquinaria pesada que arrendó la jueza para efectuar esta crucial diligencia, arribaron hasta la Isla los expertos del Servicio Médico Legal -arqueólogos y antropólogos- junto a los peritos del Departamento Quinto de la Policía de Investigaciones que resguardan el acceso al lugar, para impedir que cualquier información se filtre.
En el más absoluto silencio la magistrada ha chequeado la información entregada por dos testigos secretos -uno civil que estuvo presumiblemente detenido en el recinto y otro perteneciente a la Armada- sin que hasta el momento se pueda confirmar la existencia de osamentas en sendos pozos que rodean el centro de reclusión clandestina.
Durante las pesquisas, una de las dos retroexcavadora con que cuenta la ministra para los trabajos sufrió una avería que detuvo temporalmente las tareas. Esto no fue obstáculo para que se pudiera inspeccionar uno de los puntos donde se aseguraba que existían osamentas humanas.
Rastreados la totalidad de los pozos de la Isla Riesco, se detectó sólo la presencia de heces humanas, antecedente que destruye la tesis de la existencia de osamentas en este punto.
Sin embargo, permite avanzar en otro de los testimonios que hablan que dentro de las prácticas de tortura del recinto era común enterrar a los detenidos en fosas con excretas, donde permanecían por horas para luego ser rescatados en precario estado de salud.

Demoras en caso Quillota
Se estima que sólo una vez que la ministra agote las diligencias en el recinto de la familia Matte, trasladará a los equipos hasta la Escuela de Caballería de Quillota, lugar emblemático en el que desde principios de 1990 se presume la posible existencia de fosas comunes con osamentas humanas. Pese al interés de agrupaciones de derechos humanos y jueces instructores de procesos sobre el tema, jamás se ha podido indagar el recinto.
Pero eso no es todo, porque la jueza también efectuará las excavaciones en el Regimiento Maipo, para saber si los cuerpos de detenidos desaparecidos de Quillota y Limache yacen en el lugar.
A la fecha las pesquisas de la ministra avanzan bajo el supuesto de encontrar a cualquiera de los 41 detenidos desaparecidos de la Quinta Región que señala el Informe Rettig. Sin embargo, se prefiere no entregar nombres pues en primer lugar no existe certeza plena que las osamentas se encuentren en el recinto abandonado ni se descarta que allí también se haya aplicado la técnica de las remosiones.
Por ello fuentes ligadas a la causa son claras en señalar que al menos en lo que respecta al ex interventor de la Compañía de Cervecerías Unidas (CCU) Jaime Aldoney -proceso que desencadenó la serie de diligencias en la Isla Riesco- existen datos fundados sobre que alguna vez sus restos estuvieron en el recinto, pero no así en el caso del sacerdote británico Michael Woodward.
En cuanto a la causa de Quillota que indaga la ejecución de seis prisioneros el 18 de enero de 1974, se trata del jefe del departamento técnico de la Corporación de Reforma Agraria (Cora) Víctor Enríquez Fuenzalida, el empleado de la tesorería Manuel Hernán Hurtado, Osvaldo Mario Manzano Cortez (obrero textil), Julio Arturo Loo Prado (obrero textil), Angel Mario Díaz Castro (dirigente poblacional) y Hugo Hernán Aranda (dirigente poblacional), quien según la versión oficial habría sido ultimado tras un intento de fuga. Estos cuerpos fueron entregados, sin incluir los restos de los fiscales de la Cora Pablo Gac Espinoza y Guillermo Cabezas Pares, quienes estarían aún sepultados en el regimiento.
En este proceso, la orden amplia de investigar decretada a principios de año por la ministra sigue ejecutándose y resta aún la toma de declaración de presuntos implicados en el caso. Se estima que justamente por este motivo la magistrada prefirió retornar a las actividades de la Corte de Apelaciones de Valparaíso, donde junto con integrar sala debe tomar las últimos interrogatorios en este proceso que -según fuentes ligadas al caso- se encuentra policialmente aclarado


EL Mostrador 14 de Junio 2002
Siguen excavaciones en instalación militar en Quillota
Los trabajos realizados por peritos del Servicio Médico Legal (SML) buscan determinar la posible existencia de restos de detenidos desaparecidos en ese recinto militar
Las diligencias están a cargo de la ministra de fuero Gabriela Corti, y comenzaron ayer en el terreno que ocupa la Escuela de Caballería Blindada de Quillota.
Las pesquisas son apoyadas por un equipo de rastreo electrónico capaz de penetrar el terreno para hallar anomalías. Nueve peritos del SML participan en las pesquisas.
La búsqueda se centra en los restos del alcalde Pablo Gac Espinoza, el abogado fiscal de la CORA Rubén Cabezas Parés y el dirigente campesino Levy Arraño Sancho.
Todos ellos fueron ejecutados en enero de 1974, y desde entonces el paradero de sus restos no ha sido ubicado
 


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El auto de procesamiento, de sólo seis fojas –se esperaba un documento de al menos 15- no abunda en detalles sobre los hechos establecidos por la magistrada, limitándose a un escueto resumen que, sin embargo, permite confirmar muchas de las sospechas y antecedentes que manejaban tanto los familiares de las víctimas como este periodista.

Tras el detalle de las declaraciones, careos, informes y documentos tenidos a la vista, somete a proceso a Sergio Carlos Arredondo González (teniente coronel y director de la Escuela de Caballería en 1974; había llegado a fines de 1973 después de haber participado como oficial operativo en la Caravana de la Muerte), Francisco Javier Pérez Egert (entonces capitán, dirigió personalmente las “operaciones” para asesinar a las nueve víctimas), Pedro Alberto Durcudoy Montandón, Daniel Javier Walker Ramos (ambos oficiales de la Escuela de Caballería, con directa participación en los asesinatos), Leonardo Quilodrán Burgos (suboficial, uno de los más crueles represores que conoció la zona), Sergio Placencia Sepúlveda (suboficial, especializado en “inteligencia”, participó en la planificación y detenciones) Raúl Aurelio Muñoz Gutiérrez (suboficial de Ejército, participó activamente) y Laureano Enrique Hernández Araya (suboficial de Carabineros, también caracterizado por la crueldad de sus acciones represivas).

El documento detalla que los ex uniformaos ya mencionados son encausados “como autores del delito de homicidio calificado en carácter de reiterado, de Hugo Hernán Aranda Bruna, Julio Arturo Loo Pardo, Manuel Hernán Hurtado Martínez, Eduardo Manzano Cortés, Ángel Mario Díaz Castro y Víctor Enrique Fuenzalida Fuenzalida, previsto y sancionado en el Art. 391 del Código Penal, y como autores del delito de secuestro calificado, en carácter de reiterado, de Pablo Gac Espinoza, Rubén Guillermo Cabezas Parés y Levi Segundo Arraño Sancho, previsto y sancionado en el Art. 141 Inc. 4º del mismo Código”.

En una primera lectura, los párrafos antes descritos dejan de manifiesto que los seis crímenes perpetrados en el Paso bajo Nivel de San Isidro y las tres ejecuciones cometidas al interior de la Escuela de Caballería, desde donde los restos fueron hechos desaparecer, fueron consumados por los mismos uniformados.

18 de Julio 2003 Zonaimpacto.cl

Escalofriantes detalles de la masacre de 1974 en Quillota

Uno de los seis ejecutados en el montaje montado por efectivos del Ejército el 18 de enero de 1974 no murió inmediatamente en el lugar de la masacre sino fue trasladado junto a los cinco cadáveres de sus compañeros hasta el Regimiento de Ingenieros, a donde llegó muerto. Los cuerpos fueron entregados a sus familiares en ataúdes amarrados con alambres de púa y se les obligó a sepultarlos en nichos consecutivos en el Cementerio de El Mayaca, donde quedaron custodiados por militares armados, que por algún tiempo impidieron a los deudos acercarse aunque fuese para dejarles flores...

Esos son algunos de los escalofriantes detalles contenidos en la Resolución dictada por la ministra Gabriela Corti al someter a proceso a ocho uniformados en retiro como autores de los delitos de homicidio calificado de seis militantes de izquierda y el secuestro calificado y reiterado de tres dirigentes políticos: el ex alcalde Pablo Gac Espinoza (PS), el abogado y dirigente socialista Rubén Cabezas Parés y el dirigente campesino, militante del MAPU, Levi Arraño Sánchez.

La ministra Corti concurrió hasta el Segundo Juzgado del Crimen de Quillota para notificar a los abogados querellantes sobre los autos de procesamiento dictados el sábado pasado contra ocho ex uniformados implicados en la matanza. Originalmente se habló de diez procesados, porque la ministra sólo los notificó uno a uno, enviándolos detenidos a unidades del Ejército y Carabineros, pero no se dio a conocer los nombres ni cargos.

Ministra en visita

La ministra de la Corte de Apelaciones de Valparaíso, Gabriela Corti, ya no tiene la calidad de Ministra de Fuero para este caso, porque al ser definitivamente sobreseído el ex dictador y ex senador vitalicio Augusto Pinochet, no hay ningún querellado ni acusado con fuero especial (en este caso, parlamentario).

En tal circunstancia y como Ministra en Visita, la jueza Corti fijó como asiento para su labor, el Segundo Juzgado del Crimen de Quillota, donde se hicieron efectivas las primeras denuncias y querellas en torno a este caso.

En esta oportunidad, la ministra Gabriela Corti se reunió con todos los abogados patrocinantes de las diversas querellas acumuladas en su investigación: Héctor Salazar, Hugo Gutiérrez, Nelson Caucoto, Julia Urquieta e Hiram Villagra. A ellos se unieron ayer la abogada de Quillota Elmita Puebla, quien patrocinó las primeras demandas inmediatamente después de ocurridos los hechos, y el procurador del CODEPU, Federico Aguirre.

Los procesados

El auto de procesamiento, de sólo seis fojas –se esperaba un documento de al menos 15- no abunda en detalles sobre los hechos establecidos por la magistrada, limitándose a un escueto resumen que, sin embargo, permite confirmar muchas de las sospechas y antecedentes que manejaban tanto los familiares de las víctimas como este periodista.

Tras el detalle de las declaraciones, careos, informes y documentos tenidos a la vista, somete a proceso a Sergio Carlos Arredondo González (teniente coronel y director de la Escuela de Caballería en 1974; había llegado a fines de 1973 después de haber participado como oficial operativo en la Caravana de la Muerte), Francisco Javier Pérez Egert (entonces capitán, dirigió personalmente las “operaciones” para asesinar a las nueve víctimas), Pedro Alberto Durcudoy Montandón, Daniel Javier Walker Ramos (ambos oficiales de la Escuela de Caballería, con directa participación en los asesinatos), Leonardo Quilodrán Burgos (suboficial, uno de los más crueles represores que conoció la zona), Sergio Placencia Sepúlveda (suboficial, especializado en “inteligencia”, participó en la planificación y detenciones) Raúl Aurelio Muñoz Gutiérrez (suboficial de Ejército, participó activamente) y Laureano Enrique Hernández Araya (suboficial de Carabineros, también caracterizado por la crueldad de sus acciones represivas).

El documento detalla que los ex uniformaos ya mencionados son encausados “como autores del delito de homicidio calificado en carácter de reiterado, de Hugo Hernán Aranda Bruna, Julio Arturo Loo Pardo, Manuel Hernán Hurtado Martínez, Eduardo Manzano Cortés, Ángel Mario Díaz Castro y Víctor Enrique Fuenzalida Fuenzalida, previsto y sancionado en el Art. 391 del Código Penal, y como autores del delito de secuestro calificado, en carácter de reiterado, de Pablo Gac Espinoza, Rubén Guillermo Cabezas Parés y Levi Segundo Arraño Sancho, previsto y sancionado en el Art. 141 Inc. 4º del mismo Código”.

En una primera lectura, los párrafos antes descritos dejan de manifiesto que los seis crímenes perpetrados en el Paso bajo Nivel de San Isidro y las tres ejecuciones cometidas al interior de la Escuela de Caballería, desde donde los restos fueron hechos desaparecer, fueron consumados por los mismos uniformados.

Interrogatorios y careos

Durante sus casi dos años de indagaciones, la Ministra Corti interrogó a más de treinta testigos, imputados, sospechosos, acusados y familiares de las víctimas, muchos de los cuales son nombrados en el auto de procesamiento.

Gran responsabilidad en el éxito de las indagaciones recae sobre los detectives de Investigaciones, tanto del departamento Quinto como de la Interpol. Mientras los primeros tuvieron a su cargo un enorme cantidad de diligencias en el país, los últimos ubicaron e interrogaron testigos en diversas ciudades de Estados Unidos, Canadá y Europa.

La participación de algunos de los procesados era hasta ahora desconocida por los familiares de las víctimas, como los oficiales Pedro Durcudoy y Dabniel Walker y el suboficial Raúl Muñoz.

También varias de las personas que prestaron declaraciones tanto en el país como en el exterior resultan desconocidas para los familares. Tales son los casos del oficial de Ejército en retiro Mario René del Carmen Díaz Pérez, interrogado por Interpol en Estados Unidos y Ángel Rafael Muñoz Pavez, interrogado en Amsterdam, Holanda, cuya declaración quedó resguardada en cuaderno separado del expediente principal.

También se desconoce la relación de Marcelino Bugeño Bugueño, Segundo Aladino Jofré Morales, Ismael Enrique Villavicencio Carrasco y José Arnoldo Escobar Ojeda, todos declarantes en el proceso, algunos de los cuales serían militares. Como Carlos Varas Frederick, que fue oficial en la Escuela de Caballería, donde destacó como equitador.

En fojas 572 consta la declaración del civil Osvaldo Romo Mena, ex militante de izquierda que se convirtió en uno de los más crueles torturadores en los operativos y centros de reclusión en santiago, pero cuya relación con los hechos de Quillota se desconocía hasta ahora.

Sucinta relación de los hechos

La relación de los hechos establecidos por la investigación judicial es sucinta en el documento que procesa a los ocho ex uniformado. Por lo mismo, los abogados querellantes solicitaron a la Ministra en Visita tener acceso al sumario, lo que podrán hacer recién desde este viernes; es decir, un día después que venza el plazo para que los procesados apelen o interpongan algún recurso legal.

Sin embargo, obviando algunos antecedentes, revela detalles escalofriantes sobre lo acontecido en la madrugada del 18 de enero de 1974.

En documento precisa que en base a los antecedentes, interrogatorios, careos e informes acumulados, “se puede establecer” que el 17 de enero de 1974 “efectivos militares sacaron de la Cárcel Pública de Quillota a seis personas, dirigentes sindicales, todas militantes o simpatizantes de izquierda, las que fueron conducidas por éstos al Regimiento de Ingenieros Nº 2 ‘Aconcagua’ de dicha ciudad, donde quedaron detenidas; lugar al que ese mismo día se presentaron voluntariamente otras tres, también militantes de izquierda previa citación que se les hiciera en sus domicilios y lugares de trabajo por efectivos militares, esta vez vestidos de civil, quedando también detenidas, siendo estas últimas el Alcalde de la ciudad, el Fiscal de la Corporación de Reforma Agraria (CORA) con asiento en la ciudad de Quillota, y el presidente del Comité de Campesinos del sector San Isidro”. Estos últimos son Pablo Gac, Rubén Cabezas y Levi Arraño, respectivamente.

 “Podría llamarse emboscada”

La relación e los hechos establecidos prosigue señalando que en las últimas horas del día 17 o primeras del 18 de enero e 1974, todos los detenidos fueron subidos a vehículos que, “en número de cuatro y fuertemente custodiados por contingente militar, los trasladarían a la Escuela de Caballería Blindada de Quillota, a la que dicha columna militar no llegó”.

La trayectoria fue interrumpida, según el documento, “debido a que al cruzar ésta por el Paso bajo nivel denominado de San Isidro, en lo que podría llamarse emboscada pues se produjeron ‘explosiones de granada’ y ‘ráfagas de metralleta’ desde ambos lados del Paso, que alcanzaron a los vehículos que la componían” se verificó después que uno de los jeeps se había incendiado.

Igualmente se comprobó que “del contingente militar sólo uno resultara con una lesión cuya naturaleza no se acreditara”.

En efecto, recordamos que el capitán Pérez Egert apareció con una mano vendada y se informó que fue el único militar herido en el “asalto extremista” e “intensa refriega con terroristas”.

Un detenido no murió de inmediato

La relación contenida en la Resolución judicial agrega que después del estallido de granadas y las ráfagas de metralleta, en cambio, entre los detenidos, “uno de ellos se encontraba herido y cinco se encontraban fallecidos a consecuencia de las múltiples lesiones provocadas en sus cuerpos por proyectiles” (las palabras en negritas han sido así resaltadas en el documento judicial).

En Quillota se supo, días después, que los protocolos de autopsias –realizadas por los doctores Oracio Bruzzone y Jorge Abde- establecieron que todos presentaban decenas de impactos de bala efectuados desde la espalda.

La Resolución de los procesamientos detalla que después del ataque con fuego graneado de los militares contra los civiles desarmados y maniatados, los cuerpos de los cinco asesinados y el herido “fueron llevados de vuelta en los mismos vehículos hacia el Regimiento del cual habían salido momentos antes, lugar desde el cual todos fueron trasladados por personal militar hacia la morgue local, por haber fallecido también el detenido que quedara herido”.

No se detalla en qué circunstancias murió la sexta víctima, la que pudo haber sido ultimada con un tiro de gracia o haber muerto en el trayecto por desangramiento o efectos de los proyectiles.

Se señala a continuación que todas estas víctimas fueron entregadas por el Gobernador Militar (coronel Ángel Torres) a sus familiares “en ataúdes cerrados y amarrados con alambres de púa, dejando al descubierto la cara de cada una de ellas para su reconocimiento, las que luego fueran sepultadas en nichos contiguos en el Cementerio local, permaneciendo dichos nichos abiertos por espacio de dos o tres días, siempre custodiados por efectivos militares, para efectos que los familiares pudieran obtener autorización de la Gobernación para su sepultación en bóvedas familiares”.

Todo lo anterior, según la Magistrado, “configura el delito de homicidio calificado, en carácter de reiterado” de los seis militantes de izquierda ya enumeraos.

Tres detenidos desaparecidos

En cuanto a los detenidos desaparecidos, el documento expresa que “los otros tres detenidos Pablo Gac Espinoza, Rubén Cabezas Parés y Levi Arraño Sancho, se vieron allí –Paso bajo nivel de San Isidro- por última vez, situación que perdura hasta hoy, por lo que desconociéndose su actual paradero queda establecido que la detención de éstos se ha prolongado por más de quince días, configurándose así el delito de secuestro calificado, en carácter de reiterado”.


Gac, Cabezas y Arraño fueron arrojados al mar 

21 de enero 2004 Zonaimapcto.cl

 

El entonces capitán de Ejército Daniel Walker habría dado el "tiro de gracia" a un prisionero que quedó con vida. Los cuerpos de las nueve víctimas habían sido llevados desde el lugar de la masacre al Regimiento de Ingenieros. Según un oficial que entregó su testimonio, cuando Walker se percató que uno seguía con vida, dispuso subirlo a un jeep y llevarlo al lugar donde habían realizado el montaje del falso "asalto a la patrulla" y allí, sobre un montó de tierra, le disparó para darle muerte. Después regresaron con el cadáver al Regimiento. Hasta ahora no se sabe cuál de las víctimas fue tan fríamente ultimado por el uniformado.

Esos y otros espeluznantes detalles se encuentran establecidos -gracias a declaraciones de testigos- en el voluminoso expediente de la Causa Rol Nº 35.738 que instruye la ministra en visita Gabriela Corti por secuestro y homicidio calificado, referida al episodio mal llamado "asalto a la patrulla", que en la madrugada del 18 de enero de 1974 dejó un saldo de nueve militantes de izquierda muertos en Quillota.

Los antecedentes fluyen de una treintena de fojas del proceso, cuya fotocopia fue entregada a este medio por el hijo de una de las víctimas de la masacre.

En la ocasión, la autoridad militar realizó un montaje para dar muerte a los nueve dirigentes y luego sostener que los detenidos eran trasladados desde el Regimiento de Ingenieros a la Escuela de Caballería, y que en el trayecto la patrulla había sido asaltada por "elementos extremistas" dejando como saldo seis prisioneros muertos. Los tres restantes -el ex alcalde socialista Pablo Gac Espinoza, el abogado y dirigente socialista Rubén Cabezas Parés y el dirigente campesino Levi Arraño Sancho, del Mapu- havbrían escapado, según el bando emitido en la época.

 

Todo fue planificado

De acuerdo a los antecedentes recopilados durante los dos años de indagaciones a cargo de la ministra Corti, la orden de detener a los militantes y dirigentes de izquierda Manuel Hurtado, Hugo Aranda, Arturo Loo, Eduardo Manzano, Ángel Díaz y Víctor Fuenzalida (algunos de los cuales ya se hallaban en prisión) junto a Pablo Gac y Rubén Cabezas, la habría dado el coronel Sergio Arredondo González, quien había sido jefe operativo de la "Caravana de la Muerte" -que dejó un centenar de muertos por todo Chile-, quien en la época era director de la Escuela de Caballería. Levi Arraño se habría encontrado detenido desde antes en la misma Escuela.

La masacre habría sido planificada con anterioridad, con participación -incluso- de civiles, quienes asesoraron a los militares y colaboraron apoyando las acciones.

Los nueve prisioneros fueron concentrados en la noche del 17 de enero de 1974 en el Regimiento de Ingenieros, hasta donde también fueron llegando los oficiales y suboficiales citados para esos efectos. A cargo de todo el operativo habría estado el entonces capitán Francisco Pérez Egert.

Algunos de los participantes reconocen que se les citó "sólo para colaborar en el traslado" de los prisioneros de una a otra unidad militar.

Granadas y ráfagas de metralleta

Lo que está establecido es que en el mismo Regimiento fueron separados los tres detenidos que serían dados por fugitivos de los seis restantes. Todos salieron pasada la medianoche en una caravana de cuatro vehículos que enfiló por Yungay hasta Freire y de ahí al Camino a San Isidro, que da a la Escuela de Caballería. Pero a metros del paso bajo nivel de la vía férrea, la caravana se detuvo y el capitán Pérez dispuso que bajen todos los detenidos, maniatados como se encontraban, ubicándolos a un costado de los vehículos. A cada lado del camino, unos 80 metros del lugar, efectivos militares fueron ubicados para impedir el paso de vehículos. Detrás del escenario de la masacre, un civil observaba desde la casa de su parcela, con la misión de avisar a la Escuela de Caballería apenas ésta hubiese concluido.

A la orden del capitán Pérez, se inició el estallido de granadas y las ráfagas de metralletas orientadas hacia los nueve prisioneros. Fueron escasos segundos; lo suficiente para asesinar a los nueve dirigentes e incendiar uno de los jeeps de la caravana, con lo que se pretendió hacer aparecer la masacre como un "asalto extremista a la patrulla" que transportaba detenidos.

Remoción de los cuerpos

Finalizada la balacera, el capitán Pérez ordenó levantar los cuerpos y llevarlos de vuelta al Regimiento. Allí, tras percatarse que uno de los ejecutados permanecía con vida, el entonces capitán Daniel Walker ordenó subirlo a un vehículo militar para trasladarlo personalmente al lugar donde se efectuó el montaje. Allí lo hizo ubicar sobre un montón de tierra y le habría disparado el tiro de gracia.

Devuelto el cadáver hasta el Regimiento de Ingenieros, se dispuso que los cuerpos de los tres que serían dados por fugados, fueran llevados a la Escuela de Caballería, desde donde antes de las diez de la mañana siguiente, fueron retirados por un helicóptero de la Armada para ser lanzados al mar, frente a las costas de Quintero.

Los restos de los otros seis dirigentes asesinados, fueron enviados a la morgue del Hospital de Quillota, donde los doctores Jorge Abde (ya fallecido) y Orazio Bruzzone -quien declaró ante la Ministra- les practicaron las autopsias. Posteriormente, los cadáveres fueron entregados a los familiares en ataúdes cerrados y sellados por una empresa funeraria escogida por los propios militares.

Todo este procedimiento se apartó absoluta y arbitrariamente de los que corresponden judicialmente, porque los militares levantaron los cuerpos sin esperar las pericias de Investigaciones, que debió intervenir inmediatamente en el sitio del suceso.

Todos niegan su participación

De las piezas del expediente a las que tuvieron acceso los familiares de las víctimas y ZonaImpacto.cl , fluye que cada uno de los involucrados y procesados en esta causa continúan negando sistemáticamente su participación, al parecer respetando el ya conocido "pacto de silencio". El coronel (r) Arredondo, que ordenó toda la operación, asegura haber llegado justo esa madrugada desconociendo todo lo sucedido. El entonces capitán Walker dice no haber tenido conocimiento de lo sucedido, igual que su colega Pedro Durcodoy, mientras el también capitán Pérez Egert asegura haber ido pasando casualmente por el lugar cuando fue sorprendido por el estallido de una granada, que desbarrancó su vehículo y le causó un traumatismo encéfalocraneano y graves lesiones en un brazo. Perdió el conocimiento -sostiene- y por tanto no sabe nada de lo ocurrido.

Sin embargo, la ministra Corti ha obtenido contundentes antecedentes que le permitieron establecer participación "en calidad de autores" de secuestros y homicidios calificados, de los siete ex militares y un ex carabinero a quienes sometió a proceso en julio pasado.

Ellos son los coroneles en retiro Sergio Arredondo, Francisco Pérez, Pedro Durcodoy y Daniel Walker; el mayor en retiro Raúl Muñoz; los suboficiales mayores Leonardo Quilodrán y Sergio Placencia, todos del Ejército, y el suboficial mayor en retiro de Carabineros Laureano Hernández. A excepción del coronel Arredondo, todos los procesados obtuvieron la libertad bajo fianza.

Treinta años más tarde

Al cumplirse ayer treinta años de la masacre que conmocionó -hasta ahora- la vida en la apacible ciudad de Quillota, los familiares de las víctimas se manifiestan muy acongojadas tras conocer detalles de lo sucedido, pero también algo aliviadas porque perciben que el acucioso trabajo de la Ministra en Visita está logrando acercarse decididamente al establecimiento de toda la verdad, lo que permitirá que los responsables sean sancionados.

Ayer domingo, día del trigésimo aniversario de esta cruel matanza, los familiares y organizaciones humanitarias de Quillota recordaron la fecha con una exposición audiovisual junto al Monumento a las Víctimas de Violaciones contra los Derechos Humanos, en la Plaza de Armas, y luego una "velatón" en el mismo lugar.

Sorpresivo encuentro de hijo de ex Alcalde asesinado y dos de los procesados como autores de crímenes

En la mañana del pasado miércoles 14 de enero, el profesor Pedro Pablo Gac concurrió a un local comercial de Quillota para fotocopiar parte del expediente sobre los homicidios de su padre –el ex alcalde Pablo Gac- y otros ocho militantes de izquierda, perpetrados el 18 de enero de 1974.

Había comprometido entregar dicha fotocopia a este periodista para la redacción de reportajes para este y otros medios de comunicación, con motivo del trigésimo aniversario de la masacre.

 

Durante la noche y la madrugada previas, había leído una y otra vez las fojas del sumario, y aún estaba conmocionado por los espeluznantes detalles allí descritos.

Mientras una dependiente del negocio sacaba sus fotocopias, se percató con inusitada sorpresa que en otra máquina, la funcionaria a cargo, fotocopiaba idénticos escritos y partes del mismo expediente.

Tras vacilar unos minutos, preguntó a los clientes que llevaban esos documentos quiénes eran.

Momentos más tarde, aún excitado por el inusitado encuentro y en la calma de una mesa de un café, intentaba reponerse de la impresión y ordenar sus ideas.

 “Se trataba de un sujeto bajo, de bigotes, de unos 65 años, y otro más alto, algo menor –relató a ZonaImpacto.cl-. Les pregunté quiénes eran y se me presentaron, dándome la mano: uno era el suboficial en retiro del Ejército Sergio Placencia y el otro, suboficial retirado de Carabineros Laureano Hernández”.

Dos de los procesados como autores del secuestro calificado de su padre, cuya condición de desaparecido aún se mantiene. También se les procesa por el secuestro de Rubén cabezas y Levi Arraño, junto con el homicidio de otros seis militantes de izquierda.

Lo niegan todo, todo…

A Pedro Pablo Gac le impresionó sobremanera la actitud de los dos procesados.

- Se les veía demacrados, disminuidos. Nada refleja en ellos a los sujetos altaneros y prepotentes de antes, aquellos que detenían y torturaban, según tengo entendido.

¿Los conocías de antes?

- Para nada. Había escuchado sobre ellos y visto sus nombres en el auto de procesamiento. Nada más.

¿Se manifestaron humildes?

- Diría que sí, aunque más bien fueron extremadamente amables conmigo. Me relataron las funciones que dicen haber cumplido en la época de la masacre y aseguraron que no tuvieron absolutamente nada que ver con los crímenes.

¿Qué explicación tienen?

- No sé, no retuve mucho, estaba muy impresionado y además confieso que no les creí lo que decían.

¿No te parecieron sinceros?

- En realidad, se esforzaban por parecerlo; me dijeron que estaban a mis órdenes, que les gustaría volver a conversar… pero la Ministra Corti ha investigado minuciosamente por dos años, ha ido atando cabos y los procesó como autores. No tengo dudas sobre el trabajo de la Magistrado, de tal modo que debo sospechar que ellos no dicen la verdad.

¿Te pidieron perdón?

- ¡No, pues! ¡Si ellos aseguran que son inocentes! Entonces lo único que hicieron fue justificarse, argumentar que no tuvieron participación y ponerse a las órdenes de nosotros, los familiares, para “ayudarnos” a descubrir la verdad.

Pero ellos deben saberla…

- Sostienen que no saben nada de lo acontecido, que nunca se les ocurrió averiguar, que no escucharon nada, que no les correspondía investigar.

¿Ni siquiera reconocen haber tenido participación colateral?

- En ex carabinero Hernández dice que sólo actuó como chofer en varias detenciones, pero no sabe quiénes fueron los detenidos y no se acuerda el nombre de los aprehensores.

 ¿Qué sensación te queda después de esta experiencia?

- Que se trata de personas cobardes que no quieren asumir sus responsabilidades y no están dispuestos a pagar con cárcel su participación en los delitos tan graves en los que participaron. Creo que ellos estaban convencidos que jamás les caería encima la mano de la justicia y temo que hace treinta años alguien –o más de alguien- les debe haber garantizado la total y eterna impunidad. Da la impresión que ahora se sienten desconcertados, temerosos y abandonados. Quedé con la sensación que tienen miedo… mucho miedo.

Proceso estableció participación de civiles en la planificación de los homicidios

Una cantidad indeterminada de civiles participó en la planificación y ejecución de los homicidios perpetrados por militares el 18 de enero de 1974.

El expediente registra interrogatorios a varios de ellos, tanto en Chile como en el exterior; los primeros realizados directamente por la Ministra instructora y los demás, por efectivos del Departamento Quinto de Investigaciones.

Las piezas del sumario conocidas por ZonaImpacto.cl demuestran no sólo el minucioso e incansable trabajo cumplido por la magistrada Gabriela Corti sino también por los funcionarios de la policía civil, que no dejaron diligencia alguna sin cumplir.

Civiles

Un suboficial de Ejército, en su testimonio, menciona al empresario agrícola Claudio Monreal Navarro, sosteniendo que “esta persona era un ‘ayudista'del Ejército, quien presenció estos hechos, además él mismo me comentó que estaba en conocimiento con antelación de la planificación de cómo iba a ocurrir el ‘asalto a la patrulla'; a él lo prepararon para esto y le correspondió hacer la llamada telefónica a la Escuela de Caballería para informar de lo sucedido, como asimismo facilitó vehículos e incluso coordinó con la funeraria que transportó a los fallecidos. Esta es una persona mayor de edad y me ha señalado que está dispuesta a colaborar, pero está asustado”.

Al parecer, tuvo que superar el miedo, porque finalmente declaró como testigo, al igual que Osvaldo “Guatón” Romo e Ismael Villavicencio Carrasco.

El mismo suboficial dice haber reunido una serie de antecedentes sobre este episodio, “enterándome que no fue un asalto sino un ‘show' realizado por camaradas militares de esa época para eliminar a una serie de personas políticas contrarias al gobierno militar, simulando un enfrentamiento entre una patrulla militar que transportaba detenidos políticos y elementos subversivos”.

También menciona nombres de otros militares que tuvieron participación: Eladio Lara Valenzuela, René Olivares Faúndez, Carlos Retamal Salazar, René Gutiérrez Herrera. También a un carabinero: Orlando Tapia Tapia.

El general Juan Arenas Franco, en tanto, menciona a un tal “Pepe” como otro de los ayudistas de los militares: “Lo único que yo recuerdo de esa noche (la de la masacre) es que anduve de patrullaje acompañado de un civil de nombre Pepe, que era dueño de una parcela ubicada frente a la Escuela de Caballería, que facilitaba su camioneta para este tipo de diligencias”.

¿Existió la cena de delatores?

Al conocer estos detalles, junto a la demostración de que la matanza de dirigentes quillotanos fue fríamente planificada, cobra vigor la denuncia formulada hace algunos años por Pablo Cabezas Salamanca, hijo del abogado Rubén Cabezas.

Pablo Cabezas aseguró tener conocimiento de una cena “social” que se realizó días antes de este episodio, poco después de la llegada del entonces teniente coronel como Director de la Escuela de Caballería.

El nuevo jefe militar habría seleccionado un grupo de civiles que eran empresarios –especialmente agricultores- y dirigentes políticos de derecha o personas adineradas que habían engendrado odio hacia la gente de la derrocada Unidad Popular.

En esa ocasión, los asistentes habrían elaborado para Arredondo una fatídica lista de los dirigentes políticos de izquierda “más peligrosos” de la zona.

Esa habría sido la sentencia de muerte para nueve destacados dirigentes sociales de la ciudad.

Son muchos los nombres que circulan sobre los asistentes a esta reunión “social”, pero las versiones destacan la de un agricultor que fue alo ejecutivo de una empresa estatal durante el régimen de Pinochet.

Otros detenidos desaparecidos

En todos los interrogatorios a militares, la magistrado Corti no dejó de preguntarles si conocían el destino de dos detenidos desaparecidos cuyo paradero final desea establecer.

Invariablemente, todos los interrogados aseguran no tener idea ni haber escuchado antes esos nombres.

Se trata de Jorge Eduardo Villarroel Vilches, de Limache, entonces dirigente del MOPARE (organización afín al gobierno de Salvador Allende), quien fue detenido el 19 de abril de 1974 cuando se presentó en el Retén de Carabineros de San pedro, a donde había sido citado.

El segundo desaparecido es Bernardino Rodríguez Cortez, talabartero que vivía en el Cerro Mayaca, militante del Partido Comunista, detenido el 6 de marzo de 1974 al interior de una suelería de calle O'Higgins de Quillota. La detención la practicaron funcionarios de Investigaciones de Quillota, entre los que estaban el subinspector Omar Mercado y los detectives Juan González y Hugo Olivari.

Ex gobernador militar

Ha llamado la atención que el entonces Gobernador, Jefe militar de Quillota y comandante del Regimiento de Ingenieros, Ángel Custodio Torres, no haya declarado ni fue procesado. La autoridad pudo no haber participado directamente, pero al menos sería encubridor, ya que firmó el bando engañando a la comunidad con la versión del asalto extremista.

Las partes del expediente conocidas por este medio no arrojan plenas luces sobre el detalle, pero fuentes allegadas al proceso nos aseguraron que el ex gobernador está afectado por demencia total. En el expediente hay un certificado médico que acusa pérdida parcial de memoria debido a su pronunciado alcoholismo.

Las confusiones de Placencia

Una curiosidad del proceso es la afirmación inicial del suboficial mayor (r) Sergio Placencia en el sentido que el ex capitán Daniel Walker le dio el “tiro de gracia” a una de las víctimas que no murió instantáneamente.

Pero careados ambos, a Placencia le entra la duda: “Mantengo lo declarado anteriormente en lo que respecta al herido en el asalto a la patrulla que posteriormente fue rematado por un oficial en el Camino Internacional. Pero ahora viendo a mi mayor Walker no puedo precisar con certeza de que éste haya sido dicho oficial, manteniendo al respecto las dudas que expresé anteriormente; es decir, si era éste o era Jaime Bachler…”+

Pero luego enfrentado con este último oficial, nuevamente se “confunde”: “Mantengo mis anteriores declaraciones. Ahora que tengo frente a mí al Oficial Bachler no puedo decir que éste era el oficial que remató al herido. Insisto la duda persiste si era éste o el Mayor Walker y para despejar dicha duda me remito al careo que se me efectuó con este último”.

 

 


Fallo primera instancia - Caso Quillota - 2008


Esta pagina fue modificada el 17/07/2010

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