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Regimiento de Infanteria  No 17 "Los Ángeles"

VIII Región

 

 

En la provincia de Bio-Bio fueron detenidos, torturados y hechos desaparecer un alto número de obreros y campesinos. El Regimiento de Infantería N° 3 de Montaña " Los Ángeles" (actual Regimiento Infantería N° 17 de Montaña "Los Ángeles") esta estrechamente relacionado con sus detenciones y desaparición. Este recinto fue el principal centro de detención y tortura de la provincia.  A el eran llevados detenidos de toda la zona, aprehendidos tanto por militares como por carabineros. De acuerdo con el entonces subteniente Walther Klug Rivera, quien estaría a cargo de este centro de tortura "..cuando se habilitó el campo de detenidos, eran dos galpones los que se cercaron, efectuando un perímetro externo y otro menor al interior, éste estaba electrificado, el del exterior no estaba electrificado pero igual mantenía un cartel que advertía que ese sector estaba electrificado. Era un concepto de campo de concentración..de detenidos...."

El transporte de los detenidos se hacía colocándoles boca abajo sobre el piso de los camiones militares y luego se iba poniendo más personas, en la misma posición, unas sobre otras.  De esta forma los que se encontraban abajo llegaban a destino en muy malas condiciones o simplemente muertos. En este recinto fueron frecuentes las ejecuciones extrajudiciales y el uso de la tortura practicada por personal del Servicio de Inteligencia Militar (SIM), carabineros y civiles.  El lugar donde se practicaban los "interrogatorios" era la oficina de la Ayudantía del Regimiento.  Ese recinto llegó a tener centenares de detenidos, muchos de los cuales,  permanecen hasta esta fecha desparecidos. Entre ellos están Wilfredo Quiroz, Víctor Jerez, Plutarco Coussy, Mario Olivares, Mario Omar Belmar Soto, Manuel Antonio Aguilera Aguilera, Abel José Carrasco Vargas, Exequiel del Carmen Verdejo Verdejo, José Oscar Badillo García, Manuel Jesús Arias Zúñiga, Domingo Sepúlveda Castillo, José Yañez Duran, Celsio Vivanco Carrasco, Edmundo Vidal Aedo, Juan Laubra Brevis, José Guillermo Purran Treca, Juan de Dios Rubio Llancao, Julio Alberto Rubio Llancao, José Maria Tranamil Pereira

La mayor cantidad de presos políticos en el Regimiento Infantería Reforzada Nº 3 Los Ángeles (actual Regimiento de Infantería de Montaña Nº 17 "Los Ángeles")  se registró en 1973. La Cruz Roja Internacional (CRI) informó que en noviembre de 1973 se encontraban 323 detenidos. Un importante número de detenidos provenían de sectores rurales y habían sido apresados en operativos conjuntos de militares y carabineros. Algunos habían pasado previamente por comisarías o por otros recintos, como el Liceo de Hombres de Los Ángeles, entre otros. Asimismo, había detenidos que se presentaron voluntariamente luego de ser llamados por los bandos militares y otros tantos fueron traídos desde la cárcel al regimiento. La mayoría de los testimonios entregados por los presos políticos describen una situación de extremo hacinamiento y falta de comida al interior del regimiento, era habitual que las presos pasaran varios días sin alimentación alguna. El lugar donde se practicaban los interrogatorios era la oficina de la ayudantía del regimiento, habilitada para aplicar diversas técnicas de tortura: se utilizaba todo tipo de líquidos inmundos que los obligaban a ingerir o introducían por las fosas nasales; toallas y sacos con arena mojados para evitar dejar marcas al propinar golpes, sillas especiales para inmovilizar durante las torturas, máquina generadora de electricidad, y vigas de madera de las cuales los prisioneros eran colgados y golpeados simultáneamente. Siempre había una radio prendida para disimular los gritos. Los detenidos refieren que permanecían todo el tiempo con los ojos vendados, durante los interrogatorios. Los testimonios coincidieron en señalar que hubo presencia de civiles en los interrogatorios y torturas. Denuncian haber sido sometidos a torturas, tales como aplicación de electricidad, ingestión forzosa de inmundicias, amenazas, quemaduras con cigarrillos, golpes, simulacros de fusilamiento, obligados a escuchar como torturaban a otros prisioneros, violencia y agresión sexual.

Testimonios:

[Preso político detenido en septiembre de 1973] “...luego me ubicaron en una parrilla donde me aplicaron corriente (electricidad) en las manos, tobillos, cabeza y testículos, perdiendo el conocimiento por este hecho, pero con baldes de agua fría me hicieron revivir...”

Marcos Saavedra Brofman: Éramos 14 compañeros, algunos no nos conocíamos con anterioridad a este episodio, muchos habíamos estado en celdas separadas. Lo que había en común es, que todos habíamos sido detenidos dentro de los primeros días del golpe militar en la provincia de Bío Bío; habíamos permanecido unos seis meses dentro del Regimiento de Los Ángeles, un centro de tortura combinado con centro de detención, más hacinados que la peor cárcel de Chile, en todos los tiempos.- en celdas de 5 x 5 metros llegaron a permanecer por meses 120 personas.- sólo se podía permanecer sentados pegados de cadera a piernas unos con otros o de pie. Otra situación común era que llevábamos aproximadamente un mes en la Cárcel de Los Ángeles.

En la primera mitad del mes de abril de 1974, llegó a la cárcel una patrulla militar, traía una lista que leen, se trata de los 14 listados a continuación, muchos de los cuales ya llevábamos 7 meses de detención y tortura.-

Arturo Pérez Palavicino.- Fallecido en Los Ángeles-Chile.
José Erasmo Cáceres López.- Vivía en Panamá.
Raúl Arias Veloz.- Fallecido en México.
Jorge Munita Aravena.- Fallecido en México.
Manquel Tejeda.- Vivía en Alemania.
Sergio Lidid Céspedes.- Vive en España.
Angel Saavedra.- Vive en Coelemu-Chile.
Jorge Lobo Bueno.- Vivía en Lebu-Chile
Juan Flandes Oporto.- Vivía en Santiago-Chile.
Iván Moscoso Rodríguez.- Vive en México.
Mauricio Soler Fuentes.- Vivía en Chiguayante-Chile.
Armando Fernández Echeverría.- Vive en Chiguayante-Chile.
Mario Costa González.- Vive en Santiago-Chile.
Marcos Saavedra Brofman.- Vive en Temuco-Chile.

Pensamos que tendríamos que enfrentar de nuevo la tortura, interrogatorios, vejamen, amenazas…. y tal vez, la muerte. Nos hicieron entrar al gimnasio del regimiento y nos comunicaron que seríamos trasladados a otro lugar de detención, que no sabían lugar, fecha de traslado ni por cuanto tiempo.

Por otra parte, se nos dijo que nuestros familiares serían informado y que esa misma tarde tendríamos autorizada visita para que nos llevaran una serie de elementos que ellos dispusieron (frazadas, jarro, platos, cucharas, etc.).
Lo anterior nos hizo suponer que el mentado traslado sería al día siguiente y por alguna razón, muchos sospechamos que nos llevarían a Chacabuco pues ya sabíamos de su existencia.

Efectivamente, como a las 4 de la madrugada del día siguiente (no recuerdo bien la fecha, creo que el 13 o 16 de ese mes) nos hicieron levantar, nos ataron de a dos con alambre por la espalda y fuimos trasladados en camiones militares en dirección desconocida (para nosotros).

En la mañana de ese día llegamos al aeropuerto Carriel Sur de Concepción, según nos dimos cuenta, cuando el teniente Walter Klug Rivera.- el tipo más despiadado, sádico, cruel y asesino en la provincia de Bío Bío.- nos quitó las amarras de alambre y nos permitió orinar. En ese momento coincidimos que nos llevarían a Chacabuco. Esperamos casi todo el día en el aeropuerto pero al parecer hubo problemas con el avión… nos trasladaron a la Cárcel de Concepción, lugar en que encontramos casi todos a algunos amigos, compañeros y ampliamos un poco más la información de lo que había ocurrido y estaba ocurriendo… por lo que, ávidos de información permanecimos hasta muy tarde conversando. Ahí nos dimos cuenta que venían compañeros de otros lugares también, como Linares, Chillán…
Luego, al día siguiente de nuevo, con compañeros de otros lugares nos llevaron al aeropuerto, lugar en el que debimos esperar hasta la tarde nos llevaron a Antofagasta en un avión Hércules.

Dado que el número de plazas del avión era inferior al número de detenidos, algunos compañeros debieron viajar de pie. Llegamos al aeropuerto de Antofagasta anocheciendo. En el mismo avión regresaba a Santiago un grupo de compañeros que desde la apertura del campo de prisioneros habían estado en Chacabuco… se decía que entre ellos iba Ángel Parra. A nosotros nos llevaron en varios buses a Chacabuco esa misma noche.

El grupo de los 14 que habíamos sido detenidos, torturados y permanecido en condiciones infrahumana en las mazmorras del regimiento de la ciudad de Los Ángeles, nos asignaron una vieja casa de obrero (que contaba sólo con dos piezas de unos 4 x 4 metros), de la antigua salitrera, en una línea de unas 10 casas pareadas, conocidos como pabellón Nº 20. Como se pueden dar cuenta, hacinados también, pero mucho mejor que las mazmorras del regimiento angelino.

En la medida que el número de detenidos disminuyó, nuestro grupo se fue acomodando y se separaron en otros pabellones menos saturados.

A principios de octubre de 1974, llevaron a Chacabuco a un grupo de unos 200 delincuentes comunes que los habían mantenido en Pisagua, supuestamente dándole formación militar, como un método de reformarlos y utilizarlos como colaboradores en la represión al pueblo de Chile… parece que no les dio resultado… al menos masivo como esperaban.
A estas 200 personas las ubicaron en otras casas, que estaban fuera del campo de prisioneros, pero como los militares no vigilaban esa separación, “los patos malos” entraban al campo de prisioneros, entre otros, para robar pan, comida… estaban hambrientos. Así, entramos en diálogo con quienes entraban, compartíamos lo que teníamos y logramos evitar peleas.

Así permanecimos, hasta que entre finales del mes de octubre y primera quincena de noviembre de 1974 se cerró el campo de prisioneros de Chacabuco para nosotros, la mayoría fueron llevados a los campos de concentración de Ritoque en Quintero y Melinka en la comuna de Puchuncaví.
Quedaron en Chacabuco los 200 presos “para reformar” que trajeron desde Pisagua…. Nunca supe lo que pasó con ellos.

(Temuco 12 de Septimebre 2013)

Criminales y Cómplices:

Coronel Alfredo Rehren Pulido (Regimiento de Infantería de Montaña N0 17 “Los Ángeles”, y jefe de Zona en Estado de Emergencia en esa época); Capitán Gustavo Marzall (jefe del Campo de Prisioneros); Teniente Walther Krug Rivera, (jefe máximo del SIM). Teniente Alberto Fernández Mitchel (Carabineros); Capitán Pedro Rodríguez Cevallos (Carabineros); Evaristo Gercas (Carabineros); Juan Muñoz (Carabineros); Gerson Saavedra (Carabineros); Luis León (Carabineros); Mario Cerda (Carabineros); Juan Oviedo (Carabineros); Pedro Parra Utreras (Carabineros; José San Martín (Carabineros); Otárola (Carabineros); González (Carabineros); Montoya (Carabineros); Pedro Jarpa (Civil - Patria y Libertad);  Antonio Aretaga (Civil SIM); Humberto Garrido (Civil; Jefe de personal de la Papelera de Laja); Capitán Gustavo Marzall Silva (Ejército); Teniente Walter Rivera (SIM); René Paredes (SIM); Mario Pacheco  (SIM); Domingo Bascuñan (SIM). Médico Burgos Gregorio (DINA). Otros miembros del ejército y carabineros que participaron en estos crímenes no han sido identificados.

Torturadores: René Paredes, Mario Pacheco, Domingo Bascuñán.

 

Fuentes de Información: Libros: “No hay dolor inútil”; Informe Rettig; Informe Valech; Cruz Roja Internacional; Fortin Mapocho; Tribuna del Biobío, La Nación, biobiochile.cl, El Clarin; Memoriaviva


Fortín Mapocho

9 de Julio de 2007

TESTIMONIO DE UN SOBREVIVIENTE DE LA MASACRE DE LAJA, DEL 11 DE SEPTIEMBRE 1973

En este testimonio reproducido por Fortin Mapocho se menciona a civiles y militares, muchos de ellos sometidos a juicio y otros simplemente condenados por su conciencia. Esperamos que la acción de los unos y los otros haya calado profundamente en los chilenos que vivieron en esos años estos actos de barbarie y que en su momento se negaron a aceptar que estos hechos ocurrieran en Chile.

Para las nuevas generaciones, que nacieron en los años posteriores al golpe y que no tuvieron conciencia de lo que sucedía en su país, este relato servirá para alertarlos hasta donde es capaz de llegar el ser humano por conservar y desarrollar sus privilegios. El general constitucionalista Carlos Prats, advirtió a sus pares que cometerían un grave error si intervinieran y tomaran el camino del golpe. Agregó, que por muchos años la sociedad chilena los señalaría con su dedo crítico y les reprocharía esa determinación. Textualmente, y prosiguiendo con su opinión crítica, expresaba:
'tendría que ser [la intervención] implacablemente represiva. Para ello, las FFAA tendrían que transformarse en una policía especializada y refinada, y significaría convertir al pueblo en tupamaros. A la semana siguiente de los aplausos al dictador, los políticos de los bandos más encontrados estarían unidos gritándonos: 'gorilas', y pidiendo elecciones. Este no es un país de borregos. Los trabajadores representan un poder social. Están organizados. En este país hay dignidad vertical. En este país los dirigentes políticos mueven efectivamente a las masas. No nosotros los militares no acariciamos la idea de reemplazar al poder civil, ni es nuestra misión' [Revista Ercilla Nº 1950, Semana del 29 de noviembre al 5 de diciembre de 1972. Entrevista periodística al Comandante en Jefe del Ejército, General Carlos Prats. Reproducida en Héctor Vega, 'Crítica de la Unidad Popular'. Edit. Fontamara. Barcelona. España. 1975, ps. 121, 122]

El general Prats tenía razón cuando decía que los trabajadores no se engañarían. Se equivocaba trágicamente cuando apreciaba el rol de los dirigentes políticos. Muchos de ellos comprometidos con el golpe, y algunos dirigentes, hoy, de la Concertación, no sólo buscaron la caída del gobierno de la Unidad Popular desde sus asientos parlamentarios, sino que golpearon la puerta de los cuarteles. No hablemos de aquellos que militan en la Alianza y que hoy profesan de demócratas, directos discípulos del pinochetismo. En fin, unos y otros, constituyen una generación que nunca ha creido en la democracia y menos aún en que los trabajadores tomaran su destino en sus propias manos y que buscaran los caminos de una democracia auténtica y participativa.

TESTIMONIO
El 11 de septiembre de 1973 me encontraba como trabajador de la COMPAÑIA MANUFACTURERA DE PAPELES Y CARTONESA DEL PUEBLO DE LAJA [500 kms. al sur de Santiago]. Monopolio perteneciente a la familia Alessandri. Familia de reconocida trayectoria política defendiendo los intereses de la burguesía, aplastando al pueblo y participantes activos en el golpe militar de 1973.

En los días previos al golpe militar la empresa, los grupos de derecha [Patria y Libertad y Partido Nacional, Democracia Cristiana] y la policía ya hacían sentir la represión en los trabajadores y campesinos, más aun en los dirigentes de éstos, con amenazas de palabra y de hecho. Los carabineros patrullaban la fábrica y sus alrededores atemorizando a los trabajadores. Eran los síntomas de los horrores de los que seríamos testigos más tarde, el 11 de septiembre de 1973, cuando Pinochet y un grupo de generales asesinos decidieron poner fin al gobierno que representaba los intereses de las masas desposeídas que hasta ese entonces habían sido cruelmente explotadas por la burguesía, de la cual un digno exponente es la familia Alessandri.

Aquí es necesario destacar que el general WASHINGTON CARRASCO estaba a cargo de la III División del Ejercito con asiento en la ciudad de Concepción. Por tanto, los hechos que a continución describiré son de su responsabilidad, así como de sus superiores, el general Pinochet y su camarilla asesina.

El día Martes 11 de septiembre de 1973 yo me encontraba trabajando en la fábrica cuando observamos, con nuestro compañeros de trabajo, que la policía y grupos paramilitares de extrema derecha, fuertemente armados, encabezados por CARLOS FERRER GOMEZ [Superintendente de la compañia CMPC] patrullaban el recinto de la empresa.

A las 16 horas del mismo día, hora de término de faenas, a la salida de la fábrica, nos esperaba un pelotón de carabineros acompañados de los grupos paramilitares de extrema derecha, encabezados por PEDRO JARPA, hombre de confianza de la PAPELERA, quien con una lista en sus manos denunciaba los compañeros que defendieron con más fuerza los intereses de la clase obrera.

Producto de esta infame delación fuimos detenidos 22 compañeros e inmediatamente, en presencia de todos los trabajadores de la fàbrica [400], fuimos salvajemente golpeados,en esta acción de brutalidad policíaca. En esta acción se destacaban dos reconocidos criminales el teniente ALBERTO FERNANDEZ MITCHEL y el sargento PEDRO RODRIGUEZ CEBALLOS.

Antes de ser trasladados a la comisaría, en vehículos facilitados por la Papelera, el Teniente Fernandez Mitchel Salgado se dirige a los trabajadores diciendo que seré asesinado en cuanto llegue al recinto policial y que será la última vez que me verán.

Una vez en la comisaría fuimos brutalmente golpeados y amenazados de muerte. Luego en estado semi-inconciente, producto de los golpes, fui arrojado violentamente al interior de una pequeña celda en calidad de incomunicado.

No satisfecho con mi estado lanzaron al interior de la celda una bomba lacrimogena, producto de esto perdí totalmente el conocimiento. A las 19 hrs., por orden del teniente FERNÁNDEZ MITCHEL dos compañeros me sacaron de la celda y fui conducido a la sala de guardia,donde estaba el resto de mis compañeros de detención, y nuevamente fuimos salvajemente golpeados.

Mientras esto ocurrió pude ver al profesor y militante del Partido Socialista RUBEN CAMPOS LOPEZ quien es uno de los mártires de LAJA- y SAN ROSENDO.

Nuevamente queda de manifiesto la participación activa de la Papelera de LAJA en estos bárbaros actos, cuando uno de los directores [jefe de personal] HUMBERTO GARRIDO, pone a disposición del teniente FERNANDEZ MITCHEL SALGADO un bus de la empresa,así como cuerdas para atarnos. En este bus fui trasladado a la cárcel de los Angeles [ciudad cercana a la LAJA]. Cabe destacar que este mismo bus fue utilizado para transportar a los 19 asesinados por carabineros con la complicidad de civiles.

Cuando fui conducido por carabineros junto al resto de mis compañeros a la cárcel de los Angeles y cuando entramos al puente del salto de LAJA el teniente MITCHEL SALGADO y el sargento PEDRO RODRÍGUEZ CEBALLOS ordenó al chofer de detenerse en la mitad del puente y fui llevado a golpes hacia la puerta atado de manos y tomado del cuello comenzó a empujarme con la clara intención de lanzarme del puente hacia el precipicio todo esto acompañado de insultos y amenazas, no conforme con esto me ordeno que me arrodillara a sus pies.

Cuando llegamos a la cárcel de los Angeles el teniente MITCHEL le indicó al capitán responsable del penal que yo era peligroso, extremista perteneciente al MIR y que fuera incomunicado hasta nueva orden ya que en mi casa se había encontrado una pistola y planos para asaltar la comisaría de LAJA cosa totalmente falsa.

La cárcel estaba llena de campesinos y obreros de los diferentes campos y fabricas de la provincia, allí permanecí encarcelado hasta diciembre de 1973, recibiendo constantemente un maltrato càrcelario.

A fines de septiembre recibimos nuestra primera visita. Se trataba del párroco de LAJA, FELIX ELCHER, quien nos comunicó la muerte de los 19 compañeros de LAJA Y SAN ROSENDO.

El teniente WALTER KRUG RIVERA, jefe del campo de prisioneros de los Angeles, fue otro de los criminales del régimen de Pinochet, quien visitaba constantemente la cárcel buscando compañeros para trasladarlos al regimiento donde eran torturados, asesinados y desaparecidos.

Fue este personaje quien nos confirmó la muerte de 19 compañeros ya que se entretenía botando y destruyendo los alimentos que los famliares de estos les hacían llegar creyéndolos detenidos. La verdad era que los habían asesinado. Se trataba de un criminal sádico, quien insultaba y golpeaba a los detenidos cuando se le ocurría.

En el mes de diciembre de 1973 fui trasladado junto a 10 compañeros por el caso de LAJA, al campo de concentración del regimiento de los Angeles por orden expresa del capitán GUSTAVO MARZZAL, [jefe del SIM] quien era además jefe máximo del campo de prisioneros. Se nos dijo que esta medida era para ser puestos en libertad.

De los 11 compañeros sólo yo quedé detenido en calidad de incomunicado por orden del SERVICIO DE INTELIGENCIA MILITAR [SIM], los otros fueron puestos en libertad.

En la tarde del 11 de diciembre de 1973, fui trasladado al SIM.,a las salas de interrogatorios, que en realidad era una sala de amedrentamiento y desgaste anexa a una segunda sala de torturas. Los interrogatorios estaban a cargo de DOMINGO BASCUÑAN, PATRICIO Abarzúa [el PATO], MARIO PACHECO, RENÉ PAREDES, y el médico pediatra, GREGORIO BURGOS [DINA].Todos ellos pertenecientes al SIM.

La sala de torturas semejaba una clínica, con jeringas, un grupo electrógeno, un catre, y un armario de madera que semejaba una portería de fútbol donde fui colgado de pies y manos mirando hacia el suelo, además había música para acallar los gritos de dolor. El piso de la sala era de madera y estaba salpicado con la sangre de los presos que habían sido torturados. Llamaba la atención que hubieran fotos de Miguel Enríquez y Salvador Allende. Allí fui golpeado de cara a las fotos.

Cuando se cansaron de los golpes y botaba sangre por boca y nariz me botaron al piso donde me sacudieron a patadas por todo el cuerpo.

Duré entre 3 y 4 horas en esa sala. A los golpes siguió la corriente eléctrica y las quemaduras con cigarrillos. No contentos con ello, uno de los torturadores se colgó de mi espalda mientras me suspendían de la horizontal de la “portería”.

Las secuelas son de imaginarse pues hasta el día de hoy sufro de fuertes dolores en la espalda.

Luego de las torturas fui trasladado en calidad de bulto por dos soldados a una sala secreta [motel] de incomunicación del SIM, donde se encontraban otros 24 compañeros en pésimo estado de salud debido al exceso de las torturas.

Las secuelas sicológicas de este tratamiento aún perduran en mi mente.

El motel estaba retirado del campo de prisioneros y las condiciones en que allí vivimos fueron inhumanas. No veíamos la luz del día. No había otra manera de hacer las necesidades elementales sino en un tarro grasero que cada tres días, en las noches, era vaciado por nosotros. Nunca hubo atención médica para aquellos que venían de la tortura. Los guardianes robaban los alimentos que traían los familiares. Peor que todo, estábamos sometidos a volver a la tortura según plugiera a los torturadores.

Producto de ello me vinieron principios de epilepsia, no podía caminar, no podía ponerme los zapatos, ni siquiera sentarme o flectar la espalda, los compañeros me daban la comida en la boca. Nos llenamos de pulgas y piojos pues no podíamos lavarnos.

Un día llegó la CRUZ ROJA INTERNACIONAL, al campo de concentración. La administración del campo nos ocultó. Sin embargo, después de 3 meses, gracias a la Acción del Arzobispado de los Angeles y de la CRUZ ROJA INTERNACIONAL, los detenidos.

Después de un tiempo y por orden del SIM, fui trasladado nuevamente, al centro de torturas para ser interrogado por el caso de LAJA. Bajo promesas de libertad inmediata y salida del país, pretendieron que firmara una declaración con relación a la muerte de los 19 compañeros asesinados en un fundo de la Papelera.

Con mi negativa volví al régimen de golpes e incomunicación.

Cuando estuve en el campo de concentración me tocó presenciar un cobarde asesinato. Un campesino perdió la razón producto de los golpes y de la vida que llevábamos, por esto tomó un día una tabla de madera de pequeñísimas dimensiones y golpeó con ella a un soldado en su casco ,esto lo vio el teniente Walter Krug Rivera, reconocido torturador y asesino,  ordenó que todos los prisioneros que estábamos cerca nos diésemos vuelta para no ver, y ordeno que nos fuéramos a nuestras celdas, entonces el sacó su pistola y la descargó en el pobre campesino demente. CRUZ ROJA INTERNACIONAL supo de este cobarde asesinato pues se le mostró el lugar de la muerte en donde aún se veían las manchas de sangre estampadas en el cemento.

A mediados de 1974 fui trasladado a la cárcel pública de los Angeles ya que tenía que pasar a proceso por el caso de LAJA. Luego de algunos días fui visitado por el SIM, quienes me ofrecieron quedar en libertad inmediata, siempre y cuando firmara una declaración falsa, a lo que nuevamente me negué. Producto de mi negativa, fui nuevamente, incomunicado en muy mal estado de salud.

A fines de 1974 fui llevado ante un CONSEJO DE GUERRA POR EL CASO DE LAJA ,junto a 8 compañeros, donde al no comprobarse ningún cargo en mi contra fui puesto en libertad condicional con una pena de 345 días ya que siempre se sostuvo que el proceso se mantenía abierto, es decir permanecí 1 año y tres meses en cárcel y el campo de concentración de los Angeles.


La Nación

18 de Noviembre de 2010

DDHH: Dictan condenas por ejecutados de Endesa

El ministro en visita Jorge Zepeda Arancibia dictó sentencia definitiva en la investigación por homicidios y secuestros durante la dictadura de 23 empleados y trabajadores de las centrales hidroeléctricas El Toro y El Abanico, en el marco del llamado caso Endesa.
Los homicidios fueron cometidos en los últimos días de 1973 y comienzos de 1974, en la comuna de Los Ángeles, Región del Biobío. Los opositores fueron detenidos tras el golpe militar y los restos de varios de ellos fueron hallados en 1990 al interior del fundo La Mona, que en la actualidad es de propiedad de la forestal Mininco.
Entre los condenados figuran el general (r) Patricio Martínez Moena, jefe del Departamento II de Inteligencia del Regimiento de Los Ángeles, quien recibió una pena de 6 años de cárcel; Asimismo, sentenció a Ismael Espinosa Silva a 5 años por el secuestro de Manuel Arias Zúñiga. En este caso se concedió el beneficio de la libertad vigilada.
Además, aplicó por primera vez en Chile lo reglamentado en el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional, al absolver a l coronel (r) Walter Klug Rivera por la eximente de obediencia debida.
La sentencia considera también un sobreseimiento por fallecimiento en el caso del comandante del Regimiento, Alfredo Rehren Pulido.
El juez Zepeda además acogió las demandas de indemnización por perjuicio en contra del Fisco. Este deberá pagar 50 millones de pesos a cada uno de 9 familiares de las víctimas que presentaron acción judicial.


Radiouchile.cl

28 de octubre 2013

Justicia dicta condenas contra represores de la dictadura por violaciones a los derechos humanos

 Las cortes de Apelaciones de Santiago y de Puerto Montt dictaron sentencias relacionadas a investigaciones por violaciones a los derechos humanos, las que fueron indagadas por ministros en visita.

En el primer caso ,se dictó sentencias por los secuestros y homicidios calificados cometidos entre diciembre y enero de 1974, en las cercanías de las centrales hidroeléctricas El Toro y El Abanico, proceso que instruyó en primera instancia el ministro Jorge Zepeda.

El tribunal de alzada determinó condenar a los siguientes agentes de Estado:-Patricio Martínez Moena: 20 años de presidio, sin beneficios, Walter Klug Rivera: 10 años y 1 día de presidio, sin beneficios.

La justicia también condenó a Ismael Espinoza Silva: 5 años de presidio. Se le concedió el beneficio de la libertad vigilada. En el aspecto civil, el tribunal ratificó que los condenados y el Fisco deben pagar  50 millones de pesos a nueve familiares de las víctimas.

En el segundo caso, la Corte de Apelaciones de Puerto Montt dictó cuatro  sentencias en proceso que instruyó el ministro de la Corte de Apelaciones de Coyhaique Luis Sepúlveda Coronado (casos Coyhaique, Aysén, Puerto Cisnes y Los Torreones).


Tribunadelbiobio.cl

29 de octubre de 2013

Aumentan penas a responsables de secuestro y muerte de 21 trabajadores de Endesa en 1973

A penas que van desde los 20 años de presidio en su grado máximo, hasta los 5 años de presidio, fueron condenados tres agentes del estado como responsables de los delitos de homicidio calificado y secuestro calificado de 21 trabajadores de las centrales hidroeléctricas El Toro y El Abanico de Endesa, situadas en la provincia de Bío Bío, hechos ocurridos entre el 14 de septiembre y el 6 de noviembre de 1973.

La resolución fue dictada por la Undécima Sala de la Corte de Apelaciones de Concepción, luego de tramitar recursos de casación y de apelación a la sentencia dictada en primera instancia por el ministro Jorge Zepeda, el 18 de noviembre de 2010.

Casi tres años después de deducida la casación y la apelación, el tribunal de alzada santiaguino dictaminó elevar la pena impuesta a Patricio Martínez Moena de un total de seis años de presidio a veinte años de presidio mayor en su grado máximo, sin beneficios, por los delitos de homicidio calificado en contra de Juan Miguel Yáñez Franco; Cesar Augusto Flores Baeza; Víctor Jerez Meza; Mario Belmar Soto; Mario Samuel Olivares Pérez; Juan Eladio Ulloa Pino y Víctor Adolfo Ulloa Pino, y los delitos de Secuestro Calificado de José Abel Coronado Astudillo; Abel José Carrasco Vargas; Alamiro Segundo Santana Figueroa; Luis Leopoldo Sepúlveda Núñez; Plutarco Coussy Benavides; Wilfredo Hernán Quiroz Pereira; Exequiel del Carmen Verdejo Verdejo;  Domingo Norambuena Inostroza; Luis Eduardo Vergara Corso; Benjamín Antonio Orrego Lillo; José Oscar Badilla García; Manuel Antonio Aguilera Aguilera; Manuel Sepúlveda Cerda y Bernardo Samuel Meza Rubilar.

Del mismo modo, se revocó la absolución que beneficiaba a Walter Klug Rivera, condenándosele a 10 años y 1 día de presidio, sin beneficios, por los mismos delitos que el condenado Martínez.

Respecto de Ismael Espinoza Silva, se mantuvo su condena en 5 años de presidio, aunque se le concedió el beneficio de la libertad vigilada.

En cuanto a la participación de Patricio Martínez Moena , en el fallo se indica que está comprobado que “con posterioridad al 11 de Septiembre de 1973, formó parte de un Comité Asesor, que entre otras misiones tenía, el disponer estrategias de eliminación de personas y establecer publicitariamente estrategias de justificación, causas aparentes de los futuros fallecimientos, y que, las personas que luego de ser detenidas por las fuerzas de Carabineros y del Ejercito, eran llevadas al campo de detención organizado al interior del Regimiento N° 3 de Los Ángeles, sólo podía salir con la autorización de referido imputado. Así las cosas, previo concierto con las autoridades del Regimiento, con su autorización de salida de los detenidos que resultaron muertos y desaparecidos, facilitaba los medios para la ejecución de los delitos sub lite, cuestión que no podía ignorar al estar al mando de Servicio de Inteligencia Militar (SIM) en dicha época”.

Respecto de la situación de Walter Klug, las declaraciones que el acuso formuló constituyen para los sentenciadores “una confesión calificada” por cuanto si bien niega que en el campo de detención que el organizó en las caballerizas del Regimiento N° 3 de Los Ángeles, se hubiere torturado, asesinado o hecho desaparecer detenidos, como también niega saber de las víctimas de autos, el hecho es que el campo de detención que implementó tuvo el evidente propósito de que tales detenidos fuesen mantenidos al margen de los centros de detención que permitía la Ley, posibilitando con ello que varios de los detenidos llevados a dicho Regimiento por funcionarios de los retenes de carabineros de los sectores de las Centrales de Endesa en la zona precordillerana de Los Ángeles, y por militares que se instalaron en dicha zona después del 11 de septiembre de 1973, fueren sacados del campo de prisioneros a su cargo, por agentes y miembros del ejército, los que al margen de todo proceso y por mera represión política, fueron muertos o hechos “desaparecer”.

Es más reconoce haber recibido la orden superior de asumir la responsabilidad administrativa de todos los recintos donde existían detenidos y que los detenidos sólo podían salir por disposición expresa de Patricio Martínez Moena, a quien reconoce como miembro del Comité Asesor que se formó después del 11 de septiembre de 1973, comité que como declara, tenía entre otras misiones "ordenar estrategias de eliminación de personas", en relación con la "Ley de Fuga".

También en esta resolución, se revocó la sentencia en alzada que había rechazado las demandas civiles deducidas por Ester Pamela Sepúlveda Huayco y Alejandro Olivares Pérez en contra de Walter Klug Rivera, y en su lugar se resuelve: condenar a Walter Klug Rivera a pagar solidariamente con el Fisco de Chile y Patricio Gustavo Martínez  Moena, una indemnización de $ 50.000.000 a cada uno de los demandantes.


Tribunadelbiobio

4 de Mayo de 2014

Insisten en solicitud de procesamiento de ex militar por desaparición de estudiante angelino

En el cuarto lugar de la tabla de la Tercera Sala de la Corte de Apelaciones de Concepción para ser visto este lunes, se encuentra la apelación interpuesta por el Programa de Derechos Humanos del Ministerio del Interior en contra de la resolución dictada por el ministro instructor, Carlos Aldana Fuentes, que no dio lugar a procesar al jefe del campo de prisioneros del Regimiento de los Ángeles, Walter Klug Rivera.

Según los datos aportados por el Programa, Klug Rivera junto a los integrantes del Servicio de Inteligencia de esa unidad militar, serían responsables de la desaparición del estudiante de Topografía, Luis Cornejo Fernández, militante de las juventudes comunistas y presidente del Centro de Alumnos de la sede Los Ángeles de la Universidad de Concepción.

El joven fue detenido el 18 de septiembre de 1973 y  conducido al Regimiento angelino donde fue torturado brutalmente según refieren numerosos testigos, sin que hasta la fecha se tenga noticias de su paradero.

De acuerdo a lo explicado por la abogada del Programa, Patricia Parra, en el proceso criminal que se tramita por la desaparición del dirigente estudiantil, están procesados Patricio Martínez Moena, quien era Mayor de Ejército y Jefe del Servicio de Inteligencia (SIM), y el miembro del movimiento Patria y Libertad, Patricio Abarzúa, que cooperó abiertamente en la delación de opositores al gobierno de facto, como en las torturas que se infringían a estos cuando llegaban detenidos a ese recinto militar.

Tanto Patricio Martínez Moena, como Walter Klug Rivera habían sido condenados por el ministro Jorge Zepeda por su responsabilidad penal en el homicidio calificado y secuestro de, al menos 20 personas, entre trabajadores de la planta Endesa del sector Antuco, campesinos del lugar, y dirigentes políticos de Los Ángeles que llegaron prisioneros al Regimiento de Los Angeles entre septiembre y octubre de 1973, de los cuales nunca más se ha sabido de ellos, en lo que se conoce como la causa ENDESA.

La condena dictada por el ministro de fuero e impuesta a ambos militares fue ratificada por la Corte de Apelaciones de Santiago, quien los condenó como autor y cómplice a la pena de 20 años, y 10 años y un día de presidio efectivo, respectivamente. Este fallo del tribunal de alzada capitalino fue recurrido de casación en el fondo, y está para su vista ante la Corte Suprema de Justicia.

Sin embargo, en la causa del estudiante Cornejo, el ministro que sustancia las causas de derechos humanos en la zona, negó la petición del Programa de Derechos Humanos, se someter a proceso a Walter Klug, razón que llevó a la abogada Parra a apelar ante el tribuna de alzada, recurso que debiera ser visto este lunes en la Tercera Sala.


Biobiochile.cl

5 mayo 2014

Corte de Concepción escucha alegatos por desaparición de estudiante UdeC en Los Ángeles en 1973

Pendiente dejó la Corte de Apelaciones de Concepción el fallo por el recurso del Programa de Derechos Humanos, a través del cual pide procesar a un alto oficial en retiro del Ejército, a quien se le acusa por su presunta responsabilidad en la desaparición de un estudiante universitario en Los Ángeles en 1973.

A los ministros de la Tercera Sala del tribunal de alzada les correspondió escuchar los alegatos de la abogada Patricia Parra, quien en nombre del Programa de Derechos Humanos pidió encausar por secuestro calificado al coronel en retiro del Ejército, Walter Klug Rivera.

La profesional pidió a la corte revocar la resolución del ministro Carlos Aldana, quien junto con cerrar el sumario, negó procesar a Klug por la desaparición en 1973 del estudiante de la Universidad de Concepción en Los Ángeles, Luis Cornejo Fernández.

La abogada Patricia Parra espera que la resolución de los jueces les sea favorable, subrayando en la cantidad de antecedentes aportados.

Uno de los testigos contra el ex uniformado, sindicado como jefe del campo de prisioneros en que fue convertido el regimiento angelino tras el golpe de Estado, es Osvaldo Rojas, quien junto a otros presos políticos acudió a los alegatos en la Corte de Apelaciones.

Actualmente, Walter Klug está condenado a 10 años de cárcel por el homicidio calificado y secuestro de 20 personas, entre ellos trabajadores de la planta Endesa del sector Antuco, campesinos del lugar y dirigentes políticos de Los Ángeles, sentencia que deberá ser revisada en los próximos días por la Corte Suprema.


El Clarin

24 Octubre 2014

Suprema dicta sentencia definitiva por secuestros y homicidios de 23 trabajadores de las centrales El Toro y El Abanico

La Corte Suprema dictó sentencia definitiva en la investigación por los delitos de secuestro y homicidio calificados de 23 trabajadores de la centrales hidroeléctricas El Toro y El Abanico; siete de ellos fueron ejecutados y el resto hechos desaparecer. Ilícitos perpetrados entre el 11 de septiembre y el 17 de noviembre de 1973, y que investigó en primera instancia, el ministro Jorge Zepeda Arancibia.

En fallo dividido, la Segunda Sala del máximo tribunal -integrada por los ministros Milton Juica, Carlos Künsemüller, Haroldo Brito, Lamberto Cisternas y Andrea Muñoz- rechazó los recursos de casación presentados en contra de la sentencia de la Corte de Apelaciones de Santiago que condenó a:

- Patricio Martínez Moena, general de Ejército en retiro, a la pena de 20 años de presidio, sin beneficios;
- Walter Klug Rivera, coronel en retiro, a 10 años y 1 día de presidio, sin beneficios, y
- Ismael Espinoza Silva (Oficial) a 5 años de presidio, con el beneficio de la libertad vigilada.

Condenas que deberán cumplir por su responsabilidad en los homicidios de: Juan Miguel Yañez Franco, César Augusto Flores Baeza, Víctor Jerez Meza, Mario Belmar Soto, Mario Samuel Olivares Pérez, Juan Eladio Ulloa Pino y Víctor Adolfo Ulloa Pino; además de los secuestros calificados de: Abraham López Pinto, José Abel Coronado Astudillo, Abel José Carrasco Vargas, Alamiro Segundo Santana Figueroa, Luis Leopoldo Sepúlveda Núñez, Plutarco Coussy Benavides, Wilfredo Hernán Quiroz Pereira, Exequiel del Carmen Verdejo Verdejo, Domingo Norambuena Inostroza, Luis Eduardo Vergara Corso, Benjamín Antonio Orrego Lillo, José Óscar Badilla García, Manuel Antonio Aguilera Aguilera, Manuel Sepúlveda Cerda, Bernardo Samuel Meza Rubilar y Manuel Jesús Arias Zúñiga.

En el aspecto civil, la Sala Penal ratificó la sentencia que condenó al fisco a pagar una indemnización de $50.000.000 (cincuenta millones de pesos) a cada uno de los nueve familiares de las víctimas que fueron ejecutadas o desaparecidas en 1973, en el sector cordillerano de Los Ángeles, Región del Bío Bío.

De acuerdo a la investigación del ministro Zepeda, se logró determinar la siguiente secuencia de hechos:

"a) Que en el sector cordillerano, al oriente de la ciudad de Los Ángeles, se encuentran ubicadas las centrales hidroeléctricas de El Toro y El Abanico, pertenecientes de la Empresa Nacional de Electricidad, ENDESA.

b) Que los trabajadores de dichas centrales hidroeléctricas, al 11 de septiembre de l973, en su mayoría residían con sus familias en pequeños poblados rurales de dicha área, formando los pueblos de "Los Canelos", "Rayenco", "Polcura", "Antuco", además de campamentos de trabajo de las Centrales Hidroeléctricas de "El Toro", "El Abanico", y más al oriente, atrás de la laguna del Laja, el de "Cuatro Juntas", sector que era denominado "Mallines del Sol", perteneciente al cajón de Alto Polcura", patronímico del río "Polcura", que corre por lugar, donde también los trabajadores pasaban algunos períodos cumpliendo sus labores habituales.
Que con posterioridad a la fecha antes indicada, al producirse violentamente el cambio de gobierno debido al Golpe de Estado del 11 de septiembre de l973, los trabajadores antes mencionados, como también el resto de la población civil de dichos pueblos, partidarios del gobierno anterior que es depuesto en ese día, en aplicación y conocimiento de una política del nuevo régimen y en un ataque flagrante de la dignidad humana y de la noción de humanidad misma, fueron perseguidas y detenidas por los agentes del Estado, bajo pretexto de que las víctimas pretendían atacar recintos de detención para liberar a personas privadas de libertad por la autoridad militar y/o atentar en contra de las centrales hidroeléctricas en las que muchos de ellos trabajaban, siendo el destino final de ellas, su encierro o privación de libertad en el Regimiento situado en la ciudad de Los Ángeles o en lugares dependientes de esta unidad, y en definitiva muertas y, en otros casos, hechas desaparecer hasta el día de hoy".

La sentencia de la Corte Suprema se adoptó con el voto en contra -en el aspecto penal- del ministro Lamberto Cisternas, quien fue partidario de acoger minorantes de responsabilidad en el caso del condenado Klug Rivera; y la opinión disidente de la ministra Muñoz, quien fue partidaria de acoger la prescripción de la acción civil en el caso.


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