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Ex-Intendencia de Valparaiso

(actual Comandancia Naval de Valparaíso)

V Región

 

El edificio actualmente ocupado por la Comandancia Naval de Valparaíso, también conocido como la Ex Intendencia de Valparaíso, es un edificio de estilo neoclásico francés, de 5 pisos de altura y 7000 metros cuadrados, localizado en la Plaza Sotomayor de Valparaíso, fue otro de los recintos utilizado por la Armada de Chile para el encarcelamiento, interrogatorio y tortura de presos políticos de Valparaíso. Este recinto esta estrechamente ligado con la detención de varios miembros de Departamento de Investigaciones Aduaneras de Valparaíso, entre ellos, Juan Calderón Villalón, quien fuera mas tarde asesinado en el Campo de Concentración “Pisagua” por los militares.

El edificio fue inmediatamente escogido por la marina como la sede de la Primera Zona Naval y no se salvaría de la impronta de sangre impresa en otros recintos de la Armada. Hugo Maldonado, periodista detenido el 4 de octubre en La Calera por su conexión con los marineros que habían avisado del complot golpista, fue llevado al edificio por detectives y entregado a marinos, quienes lo torturaron antes de trasladarlo al cuartel Silva Palma.

Desde la madrugada que entraron los marinos al edificio de la Plaza Sotomayor, no han vuelto a salir. Ningún intendente de la transición se lo ha pedido.

 

Fuentes de Información: Informe Rettig; El Ciudadano; soyvalparaiso.cl; valparaiso-whitenoise.net; Archivo Memoriaviva;

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La Nacion
Sábado 12 de Mayo del año 2007

La confidente del torturador


Por primera vez la mujer de un implicado en crímenes durante la dictadura cuenta la experiencia de ser la confidente obligada de pasajes horrorosos de nuestra historia. Después de guardar un culposo silencio, Patricia Gallardo Callahan se atrevió a romper con el miedo que la inmovilizó por más de tres décadas. Su ex marido, Ricardo Monje Mohr, estuvo a bordo de la Esmeralda y actualmente es un alto funcionario de la ENAP.

Atormentada durante 34 años por las confesiones que le hizo su marido, el teniente primero (R) Ricardo Monje Mohr, uno de los infantes de marina que estuvo a bordo de la Esmeralda y el Maipo en los días posteriores al golpe militar, Patricia Gallardo decidió dar “un grito de libertad” y contar a LND esa verdad que hasta ahora le quita el sueño. Nunca pensó, cuando tenía 20 años, que el entonces gentleman de beatle rojo al que conoció en Punta Arenas se transformaría en asesino y agente de seguridad. Era Navidad y una prima la invitó a una celebración en el Club de la Unión de Punta Arenas donde le presentó a un marino de Osorno, con quien desarrolló una estrecha amistad casi inmediatamente. Ella se sentía protegida por su estirpe varonil y en 1971 contrajeron matrimonio en Punta Arenas, la ciudad natal de Patricia y lugar de destinación de Monje. Fue así como en 1972 por motivos de trabajo el matrimonio se trasladó a Viña del Mar. Allí Patricia comenzó a vivir la peor pesadilla de su vida, que se atrevió a contar a este diario una vez que leyó el artículo “El exorcismo a la Dama Blanca”, publicado hace tres semanas (edición del 22 de abril), donde se revelan detalles de la avanzada investigación sobre los crímenes cometidos en el buque escuela Esmeralda.

Mientras leía los nombres de algunos de los infantes de marina responsables de los tormentos contra los detenidos en el improvisado centro de torturas, Patricia se daba cuenta que los conocía a todos. Sin embargo, faltaba uno fundamental, su ex marido, quien habría sido el jefe directo de los marinos, y que a su vez había estado bajo las órdenes del capitán de navío (R) Ricardo Riesco. Éste ya reconoció en el proceso que presenció torturas en el buque escuela.

Patricia contó a LND que, aunque no tiene justificación, no se había decidido a hablar antes por miedo (está separada de hecho con Monje y en proceso de divorcio). Y durante años vivió, según asegura, violencia intrafamiliar. Quizás por eso, al iniciar la conversación, sus manos tiemblan y las ideas continuamente se pierden en su mente. Tiene demasiados recuerdos amargos, pero sin duda el más duro tiene relación con la muerte del jefe del departamento de investigaciones de Aduanas y militante socialista, Luis Enrique Sanguinetti Fuenzalida, ocurrida el 14 de septiembre de 1973. “Mi marido no tendría por qué haberme entregado una información de esa naturaleza. Yo no estaba preparada para una cosa así. No fui a la Escuela Naval, no era su par ni su compañera de armas, sino su esposa. Hasta ahora ha sido un cargo de conciencia terrible”, reflexiona la mujer antes de entregar los detalles que enriquecen y ponen rostro a la versión que hasta ahora se manejaba acerca de la muerte de Sanguinetti.

Según el informe de la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación, Sanguinetti se habría suicidado en “un rapto de desesperación” en la cubierta del carguero Maipo –buque que estaba atracado en el molo de Valparaíso junto al Lebu y a la Esmeralda-, producto del lamentable estado en que se encontraba luego de haber sido víctima de torturas.

La misión del 11 de septiembre

-¿Su marido le habló sobre el caso de Luis Sanguinetti?

-Me dijo que lo detuvieron en el edificio de Aduanas con un grupo de comandos. Según él, Sanguinetti y más funcionarios de ese departamento estaban acuartelados, intentando defender el lugar. Por eso los tomaron detenidos y me contó que los llevaron hasta la Esmeralda.

-¿Le entregó detalles sobre el trato que le dieron?

-Sí, lamentablemente me contó. Mi gran error debe haber sido preguntar cuál fue su misión la noche del 10 al 11 de septiembre. En forma muy despectiva me dijo que había visto morir a una persona por sus ideales, que obviamente no eran los de él.

-¿Cómo le relató el pasaje?

-Me contó que este hombre no quería seguir contestando más preguntas, que no tenía nada más que decir y que prefería morir. Entonces lo llevaron a la cubierta del Maipo y lo instigaron de tal manera para que se suicidara, diciéndole “que si era....”, (se detiene y piensa). Me reveló las palabras que usaron contra él, pero no quiero repetirlas para no dañar a la familia del señor Sanguinetti. Luego abrieron las compuertas de las tres bodegas que estaban vacías. Según, mi ex marido, Sanguinetti se tiró desde ahí.

-Usted tuvo la posibilidad de entregar esta información a organismos de derechos humanos ¿Por qué no lo hizo?

-Tendría que entrar en detalles que no corresponden, pero había miedo, siempre lo hubo. Ha intentado declararme loca, como cuando la Comisión Rettig pasó por donde vivíamos y hasta el día de hoy trata. Si es cierto, bienvenida sea mi locura, porque después de muchos años puedo gritar la verdad y hacerla pública. Y me he sentido cobarde por no hacerlo. No tengo excusa, seguramente para muchas personas no voy a tenerla, pero sí había razones.

-¿Qué tareas cumplió después Ricardo Monje?

-Entre el ‘73 y el ’75 estuvo a cargo de los comandos que salían todas las tardes, un convoy bastante grande de camiones. Él es quien iba a la cabeza del convoy a allanar todas las poblaciones de Valparaíso y Viña del Mar. Como me había comentado a la hora que salía, yo me paraba con el auto en la playa Los Marineros y lo veía pasar.

-¿Su ex marido le contó sobre su estadía en la Esmeralda?

-Lógico. Me contó cómo a la gente detenida la llevaban a la Esmeralda y que, debido a que se llenó, empezaron a llevarlos al Maipo y a otro buque.

-¿Usted le preguntaba otros detalles sobre las acciones que llevaba a cabo?

-Yo no podía hablar nada, lo correcto era lo que él hacía. La comunicación con él era muy difícil. No había explicaciones para eso, porque no debía preguntarlo. Él contaba lo que quería contar y yo no podía ir más allá.

-¿Le habló sobre más interrogatorios o torturas?

-No se refería en esos términos. Era algo mucho más suave. Nunca ocupó la palabra tortura, era mucho menos duro.

-¿Y cómo se refería a las personas que eran torturadas?

-En forma muy despectiva.

MENTIR EN EL FRÍO

Ricardo Monje fue contactado por LND en ENAP Magallanes, Punta Arenas, lugar donde reside actualmente. En conversación telefónica, explicó que se desempeña como jefe de seguridad de la compañía, también que fue infante de marina y confirmó que estuvo a bordo de los buques Esmeralda, Lebu y Maipo. Si bien reconoció a otros marinos que han confesado su presencia en torturas, negó cualquier participación de su parte. Respecto del caso de Sanguinetti, sólo se limitó a decir: “Desconozco esa parte y efectivamente es así. No estoy eludiendo la responsabilidad”.

En 1977 Monje pidió la baja de la institución aduciendo “pérdida de la motivación”. Difícil de comprender tomando en cuenta que se trataba de un hombre que mostraba un grado de “fanatismo extremo por la institución”, advierte su ex mujer. Sin embargo, en ese momento, Patricia le creyó y luego de una corta estadía en la capital, Monje fue contratado por ENAP Magallanes. De esta forma, el matrimonio volvía a la tierra natal de Patricia. Ella recuerda que su ex marido le propuso que ingresaran al movimiento religioso católico Schoenstatt. Patricia no tenía problema, pero le pareció incorrecto que su marido, siendo un luterano de origen alemán y oriundo de Osorno, le hiciera una propuesta de ese tipo. “Recuerdo que ahí la gente me preguntaba si él era agente y yo callé. Ricardo participaba de los retiros, hizo la primera comunión como católico. Pero en la casa en su vida diaria no rezaba. Cuando nos separamos (’87) volvió de inmediato a la iglesia luterana”, recuerda Patricia.

-¿En algún momento él le señaló que no se había alejado de la institución, sino que se había convertido en agente?

-No, pero no era evidente. Simplemente era así.

-Aparte del silencio que guardó respecto de mentiras evidentes de su marido ¿Le tocó ejercer alguna otra labor conspirativa?

-Hubo un tiempo en que Ricardo fue trasladado fuera de Punta Arenas y yo me quedé en la ciudad. Ahí sucedieron unos hechos tremendamente extraños, angustiantes para mí. Antes de irse me señaló que me iban a llamar por teléfono y que la persona al otro lado de la línea sólo hablaría si contestaba yo, nadie más de la casa. Efectivamente, me llamaban estas personas y me daban una cifra de cuatro dígitos y yo inmediatamente tenía que llamarlo a él dándole una clave de números. A las tres horas aparecía de vuelta en Punta Arenas.

-¿Alguna vez se enteró de los efectos de este trabajo de inteligencia?

-Una de esas ocasiones en que lo llamé por teléfono, él volvió a la casa y escuché que entraron unos tipos a la una de la mañana. Jamás se me ha olvidado. Le dijeron ‘mi teniente, tenemos orden de arrestar a José Ruiz de Giorgio’ (ex senador que entonces era dirigente de la ENAP). Su respuesta fue ‘están locos. En este momento sería como agarrar a un chancho por la cola. Yo les voy a indicar cuándo’ (ver recuadro). Al día siguiente partió de vuelta a su trabajo.

Para Patricia, la declaración policial entregada el jueves en la Brigada de Asuntos Especiales de Derechos Humanos no fue suficiente. Necesitaba también dar una entrevista pública porque hasta ese momento sentía una gran deuda con la familia Sanguinetti y con las mujeres torturadas en la Esmeralda. “Si hubiera declarado sólo con reserva de identidad habría sentido que mi labor no estaba completa y estaría actuando escondida, tal como él lo hizo”. LND

La detención de José Ruiz de Giorgio

Patricia Gallardo fue contactada por el Programa de Derechos Humanos del Ministerio del Interior, que evaluó su relato como “coherente” y el jueves pasado prestó testimonio ante la Brigada de Derechos Humanos de la Policía de Investigaciones, por lo que Ricardo Monje podría ser interrogado en los próximos días.

Contactado por este medio, el ex senador DC José Ruiz de Giorgio señaló que, aunque no conoció personalmente a Monje cuando éste llegó a ENAP Magallanes, no pasó inadvertido. En ese momento, Ruiz De Giorgio era dirigente sindical de la compañía refinadora de petróleo. “Sabía que Monje venía de la Armada y lo veía con recelo, ya que sospechábamos que la gente que estaba o venía de instituciones de las fuerzas armadas cumplía labores de inteligencia para el Gobierno. Además, en ese tiempo había muchos informantes que no estaban relacionados con instituciones castrenses, así que, en general la gente estaba muy atemorizada”, cuenta.

El domingo 26 de febrero de 1984, en medio de una visita de Augusto Pinochet a Magallanes, Ruiz De Giorgio fue detenido por Carabineros junto a 15 personas más. Ese día, el dirigente sindical junto a otros manifestantes culminaron una serie de protestas contra Pinochet en el llamado “Puntarenazo”, ocasión en el que ex dictador recibió bolsas con excrementos frente a la Catedral de Punta Arenas.

Patricia recuerda que cuando vio que Ruiz de Giorgio era detenido, el corazón se le apretó. “Yo había escuchado a mi marido decir que había que detenerlo en el momento adecuado, así que mi angustia fue muy grande”.

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El Ciudadano

23 de Enero 2008

Edificio de la Armada en Valparaíso: La Casa Cautiva


Las termitas se están comiendo el histórico edificio que fuera Intendencia de la Provincia de Valparaíso, hoy okupado por la Comandancia en Jefe de la Primera Zona Naval. Las termitas no tienen respeto. Tienen como colador hasta el piso de la Comandancia en Jefe, el mismo piso que hasta el 10 de septiembre de 1973 fuera sede del poder civil local y residencia de veraneo de los presidentes. La placa que designaba tal espacio fue arrancada y hoy yace acumulando polvo a la salida de los ascensores del piso 19 de la intendencia inaugurada por Pinochet en la plaza Aníbal Pinto.

PALACIO CON CÁSCARA DE YESO

El edificio no recuerda el nombre de nadie. Fue proyectado para reemplazar a otro construido en 1831 por el arquitecto inglés Juan Stevenson y proyectado originalmente como aduana. Santos Tornero, en Chile Ilustrado, impreso en París en 1872, recuerda que este tenía “en los altos, habitaciones del Intendente y departamentos destinados para alojamiento del Presidente de la República y sus ministros cuando se traslada el Gobierno a Valparaíso”. A la burocracia local, se sumaba en aquellas fechas el presidente, su prole y ministros.
Problemas en sus cimientos exigieron una remodelación a cargo del ingeniero Pedro Palma, los primeros años del siglo XX. Pero el terremoto de 1906 dejó por el suelo a la ciudad entera y al proyecto. Un año después se convocaría al arquitecto Ernesto Urquieta para que diseñara el actual edificio. Este sería una copia del Palacio Consistorial de París, de 3 pisos para la Intendencia, la Comandancia General de Armas, la Dirección de Obras Públicas y la Tesorería Fiscal. Sobre dichas oficinas estaría la casa del intendente y el departamento presidencial.
La obra fue inaugurada durante las fiestas del centenario de la Independencia en 1910. Tienen 8 mil mt2 de superficie en dos amplios niveles y un último piso con mansardas. Su fachada presenta una mezcla de ornamentos de yeso y piedra artificial; una escalera de mármol conduce desde el pórtico al segundo piso.. Terminaciones, lámparas y mobiliario fueron traídos desde la capital francesa para adornarlo. Todo fue coronado por un reloj y una cúpula.
El palacio sería un lugar de encuentro de la aristocracia porteña. El arquitecto viñamarino Tomás Eastman Montt, recuerda que a mediados de los años ’20 se hizo un baile en honor del príncipe heredero de Italia, Humberto de Saboya en el Salón Rojo, y a fines de los ’50 una recepción del intendente Rivas Vicuña, “quiso revivir fastuosas fiestas del pasado, por lo que se hizo un baile de máscaras en el Salón de Invierno, como se hacía en 1914”.
En 1929, en plena crisis, Carlos Ibáñez se aburre del puerto y manda edificar el palacio del cerro Castillo. En Valparaíso, por fin los intendentes podrían estar tranquilos.

LA LLEGADA DE LOS ROTOS

La primera gran fiesta que echó el palacio por la ventana fue la organizada por el intendente democratacristiano Enrique Vicente en 1964 cuando Wanderers salió campeón. Invitó al club deportivo, a los dirigentes y a parte de la hinchada. Con la llegada de Allende a la Moneda el edificio congregaba al gabinete durante los meses de verano. Sergio Vuskovic, alcalde de Valparaíso en esos años, recuerda que “cada vez que venía Allende a Valparaíso muchos porteños que pedían audiencia con el presidente entraban. En vez de los terratenientes que venían antaño se llenaba de dirigentes sociales”.
Por uno de los balcones se asomó Fidel Castro para saludar a una muchedumbre que lo vitoreaba en la Plaza Sotomayor. Pero ya los dados estaban echados y el olor a golpe estaba en el aire, aunque los funcionarios de la Unidad Popular ni siquiera sospechaban lo que se tramaba en las conversaciones de la Armada. “Compartimos con ellos varias actividades públicas y acciones del gobierno de Allende, como el inicio del camino costero de Playa Ancha, en el que nos ayudó la Infantería de Marina, también nos coordinamos luego del terremoto de 1971. Si hasta tuve una relación cercana con José Toribio Merino, que siendo vicealmirante el presidente Allende lo nombró Intendente”- recuerda Vuskovic.
En esa época la Comandancia en Jefe de la Armada estaba en calle Prat y en el primer piso de la Intendencia, pintada color pastel, funcionaba la Guarnición Militar.

El 11

La desesperada llamada del prefecto de Valparaíso, Luís Gutiérrez, al subdirector de Carabineros, general Jorge Urrutia, a las seis y media de la mañana del 11 de septiembre de 1973 da cuenta al entorno del presidente Allende que los barcos de la Armada que habían zarpado el día anterior para participar en la Operación Unitas, regresaban al puerto y que los marinos ocupaban las calles, la Intendencia y las plantas de la Compañía de Teléfonos. En Santiago, el Comandante en Jefe de la Armada, Raúl Montero, es detenido en su domicilio y Merino usurpa su puesto.
Minutos después el secretario regional del Partido Comunista, Gaspar Díaz, llama al alcalde Vuskovic para darles las malas noticias. Este va a la casa del diputado Carlos Andrade, al frente de la escuela Pedro Montt en la Plaza Bismark, desde donde pudieron ver como el molo se llenaba de marinos. “Como a las 10 nos juntamos unas 200 personas en la escuela y decidimos que se iba a resistir, pero cuando preguntamos quién tiene armas, yo era el único que tenía una pistola” – recuerda Vuskovic.
Hacia rato que los edificios públicos estaban tomados y en pocas horas detendrían al ex alcalde, quien en la Esmeralda sería torturado. El contralmirante Adolfo Walbaum sería nombrado Jefe de Zona en Estado de Emergencia por la junta.
El edificio pronto fue escogido por la marina como la sede de la Primera Zona Naval y no se salvaría de la impronta de sangre impresa en otros recintos de la Armada. Hugo Maldonado, periodista detenido el 4 de octubre en La Calera por su conexión con los marineros que habían avisado del complot golpista, fue llevado al edificio por detectives y entregado a marinos, quienes lo torturaron antes de trasladarlo al cuartel Silva Palma.

LA CASA PERDIDA

Desde la madrugada que entraron los marinos al edificio de la Plaza Sotomayor, no han vuelto a salir. Alberto Madrid comenta que tal hecho “lo podríamos designar como el especto de la casa perdida. La experiencia de la ruptura histórica del golpe nos dejó como imaginario el bombardeo a la casa de los presidentes, la Moneda. Se puede reconstruir todo un catastro a partir de esa imagen de la casa perdida, de la pérdida del ideario republicano”.
Carlos Ossa cree que “uno podría jugar con la metáfora de que la transición para poder hacerse del poder tuvo que dejar cautivo algo. Tuvo que entregar parte de lo público, tuvo que destruir algo para lograr supervivencia”.
Madrid también acusa un segundo momento: “El documental de Carmen Castillo, Calle Santa Fe, que nos trae a la memoria una imagen de Allende llegando a la Plaza Sotomayor, saludando a la gente que esta allí y de fondo se ve este edificio”.
Gabriel Aldoney, intendente de Valparaíso en los ‘90 reconoce que jamás se ha pedido la devolución del edificio a la Armada: “Nunca la intendencia en lo que llevamos de transición lo ha solicitado. Nunca se planteó el tema y nadie lo ha puesto en el tapete, además que no le caería muy bien a la Armada que se lo pidieran de vuelta”. Iván de la Maza, actual intendente, no quiso referirse al tema, aunque precisó que aspira a dejar el cargo con el edificio recuperado para el poder civil.
Para Madrid, “lo que pone de manifiesto esta no recuperación de este edificio que tenía un origen institucional local, corresponde a las deudas del Estado por rearmar esa historia y esa casa nación que se modificó”. La situación actual del edificio “se inscribe en esta historia de que el país no logra aún articular su pasado y ocurren constantemente temblores de la memoria. El imaginario chileno todavía sobrevive en la lógica de capas superpuestas, estratigrafía que aún no han asentado. No se ha hecho la reparación, todavía hay zonas cautivas y memorias pendientes por seguir reelaborando”.

Ossa añade que “esto pone en tensión el concepto de democracia como el mejor sistema posible, ya que en Chile sólo fue posible dejando en cautiverio características propias de los sistemas democráticos, como la autoridad del poder civil sobre el militar. El edificio de la democracia chilena está lleno de silencios”. Por ello le incomoda que “se ha oficializado un cierto tipo de pulso, de tiempo discursivo. Hay una memoria tolerada, simple, hueca, no conflictiva. Una memoria que celebra lo que tiene que borrar y que no reconstituye la densidad histórica como si no tuviéramos derecho a saber lo que pasó”.

Desde 1982 que la Intendencia funciona en un edificio de 19 pisos junto a la plaza Aníbal Pinto, donde a diario llegan mil 500 personas a hacer trámites y acceden a través de 3 ascensores; Vuskovic aún no se habitúa a usar placa ya que le arrancaron los dientes y quemaron las encías; Maldonado, luego de pasar cinco años preso fue amnistiado en 1978, aunque fue detenido el 2003 por una orden dictada por el juzgado de la Primera Zona Naval y, pese que hacía poco había entrevistado al presidente Lagos, los intentos de contactarlo en estas horas angustiosas fueron respondidos con un escueto “su Excelencia no puede interceder en acciones judiciales”.
Mientras tanto, en el antiguo edificio las termitas siguen su rutina.

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SoyValparaiso.cl

11.09.2012

Manifestantes arrojaron pintura roja a edificio de la Comandancia en Jefe de la Armada en Valparaíso

Un grupo de manifestantes que durante hoy marcharon por las calles de Valparaíso conmemorando un nuevo aniversario de la muerte de Salvador Allende, lanzó pintura roja al edificio de la Comandancia en Jefe de la Armada, ubicado al frente de la Plaza Sotomayor.

La actitud fue captada por carabineros, quienes en el lugar detuvieron a dos personas, quienes habrían lanzado el material hacia el edificio porteño.

Según se informó, el ataque de los manifestantes se produjo en recriminación por el actuar de la Armada en el Golpe Militar del 11 de septiembre de 1973.

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