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Buque Lebu

Valparaíso; V Region 

    En el puerto de Valparaíso las embarcaciones "Lebu", "Esmeralda" y "Maipo" fueron utilizados como barcos-prisiones por al Armada de Chile. Torturas, violaciones y malos tratos se aplicaron en forma rutinaria a los presos político que se encontraban recluidos en estas naves. El buque “Lebu”, que pertenecía a la compañía de transporte marítimo Cía. Sudamericana de Vapores, fue expropiado por la Armada el 15 de Septiembre de 1973, para remplazar al buque “Maipo”, el cual había zarpado con rumbo al campo de concentración “Pisagua”, trasportando presos políticos. El buque “Lebu” fue utilizado como centro de detención y tortura desde Septiembre de 1973 hasta 1974. De acuerdo con la información otorgada por la Cruz Roja Internacional, en noviembre de 1973, habían alrededor de 324 presos políticos en el "Lebu". La Comisión Rettig informa que : “en estos barcos, algunos prisioneros estuvieron en camarotes, aunque la gran mayoría permaneció en sus bodegas, en condiciones de gran hacinamiento y total falta de higiene y servicios mínimos. Respecto del "Lebu", la Cruz Roja Internacional, después de su visita del 1º de octubre de 1973, confirmó estos hechos señalando: el aislamiento del exterior en que se encontraban los detenidos por ignorar su familia su permanencia allí; la regular calidad e insuficiencia de la comida; y, en general, las pésimas condiciones de detención. En dicha motonave se practicaron torturas y malos tratos a los prisioneros.

Testimonios de hombres y mujeres que permanecieron detenidos en el buque “Lebu” dan cuenta, en detalle, de los malos tratos y torturas padecidos, destacándose la agresión y vejación sexual a las mujeres. Los testimonios corresponden a personas que presenta, hasta el presente, secuelas físicas, algunas de extrema gravedad derivadas de las torturas recibidas durante su detención. Entre estas declaraciones se encuentra la de Dagoberto. Su detención se produjo el día 8 de octubre de 1973 cuando se encontraba en la calle Esmeralda, de Valparaíso, en su lugar de trabajo de ese entonces, la Optica Hammersley. A la misma hora de ser detenido había sido allanado su domicilio particular. Fue detenido por un grupo de uniformados, conformado por un oficial y cuatro soldados con la cara pintada, (Infantes de Marina) los que se movilizaban en un vehículo fiscal. Testigos de su detención fueron todos sus compañeros de trabajo. Al ser detenido fue esposado y vendado junto a otras dos personas que también fueron detenidas, siendo conducidos a la Academia de Guerra de Playa Ancha en Valparaíso, donde le llevaron a una sala grande, tirándolo al suelo junto a otras 50 personas allí detenidas. Un militar caminaba corriendo sobre sus cuerpos, para ser después interrogados y sometidos a las más crueles torturas. Desde ese recinto de torturas le trasladaron al barco Lebu, que se encontraba junto al molo de abrigo, a su llegada ya había unas 260 personas aproximadamente. En dicho barco se procedió a nuevas torturas consistentes en golpes en todo el cuerpo, aplicación de corriente eléctrica, especialmente, en la lengua y los oídos, siendo también sometido, junto a un grupo de detenidos, a falsos fusilamientos y amenazas de ser lanzados al mar. Desde el barco le sacaban, junto a otros detenidos, a hacer trabajos forzados en lo que después se transformarían en campos de concentración y torturas. Una vez en libertad estuvo firmando cada domingo, durante un año, en la Comisaría de Valparaíso.

A Humberto, sindicalista, lo detuvieron en Octubre de 1973 y luego de una interminable noche de tormentos en el Cuartel Silva Palma, fue trasladado al buque Lebu. " Parecía un barco pirata, con hombres hacinados en las bodegas del barco. Estaban barbones, algunos con el pelo cortado a cuchillo, con abrigos, frazadas, sucios y hambrientos. A veces nos tiraban pedazos de pan y lo compartíamos entre todos. Lo mismo hacíamos cuando, por milagro, aparecía una naranja. La comíamos entre seis, hasta la cáscara nos comíamos. Más adelante nos daban fideos, masas de fideos más bien. También porotos llenos de gorgojos. Cada comida era vigilada por marinos armados. No todos comían sí, había un compañero de apellido Villarroel a quien mantenían en una jaula desnudo y nunca le daban de comer. Los marinos nos obligaban a levantarnos a las seis o siete de la mañana. Subíamos a la plataforma del buque y nos manguereaban desnudos en el frío de la mañana. Está claro que no teníamos dónde hacer nuestras necesidades y, en algún momento, pusieron mitades de tambores de aceite -que llamaban 'chutes'- donde comenzamos a orinar y defecar".


Otro caso es el de María Eliana, estudiante de castellano, la cual relata lo ocurrido en el Lebu y otros centros de tortura: “ellos estaban pegados en todas las paredes, yo conté ocho infantes de marina, algunos encapuchados y otros con las caras pintadas de negro. Me dicen que me desnude. Yo empecé a desnudarme y me dejé puesta mi parte de abajo, porque tenía puesto el apósito de la menstruación. Entonces, cuando me obligaron incluso a sacarme el calzón yo dije que no podía, porque estaba indispuesta. Me obligaron a hacerlo y ahí ya viene toda la rebeldía femenina, la rebeldía del luchador, por mucho que nos quisieran hacer sentir como animales llegaba el momento en que la dignidad del ser humano se rebelaba contra todo eso. Y fue tal mi ira, la indignación, que me saqué los calzones, tomé el apósito con sangre y se lo puse en el rostro al teniente que estaba dirigiendo el grupo. Luego de eso, todavía desnuda, por orden del teniente, dos infantes de marina por detrás, me tomaron los glúteos y se agacharon para mirar por el ano". En la Esmeralda, recuerda María Eliana, " había violencia las 24 horas del día, sacaban a los compañeros, los golpeaban, los torturaban, volvían morados y vomitando sangre. Cuando me trasladaron al Lebu estábamos separados de los compañeros quienes se encontraban en las bodegas. Nosotras estábamos en los camarotes y éramos tantas que no podíamos respirar, teníamos que dormir sentadas en el suelo. Nos daban de comer una sola vez al día, a las 9 de la mañana. Eran unos porotos que hasta gusanos tenían, una vez que reclamamos nos dijeron burlándose que para qué nos quejábamos si nos daban 'carne'".

Pero la alimentación no era lo que más preocupaba a las prisioneras políticas, sino que el trato inhumano y cruel por parte de sus aprehensores, la mayoría jóvenes marinos. Aunque también las torturaban civiles y, como en el caso de María Eliana, carabineros. Ella había tenido el infortunio de haber sido detenida con ocasión de la retoma de la Universidad Católica en el puerto en los meses previos al golpe. Fue agredida por carabineros al mando de un teniente de apellido Pérez, sin embargo, logró defenderse y golpear a sus agresores. Obviamente jamás pensó que el devenir político le enfrentaría una vez más al sádico teniente, esta vez a bordo de la motonave Lebu. Pero así fue, en una oportunidad -relata María Eliana- " me llevaron a un camarote que había sido habilitado como sala de interrogatorios y allí estaba este teniente que me comienza a manosear y a gritar diciendo: ¡defiéndete ahora, pos, huevona! Me corrió mano de una manera espantosa, fue más de una hora de sólo eso. Estaba vendada y humillada por lo que estaban haciendo, impotente ante lo que estaba pasando, ante los gritos espantosos que se escuchaban". Pero no era sólo en el barco que se torturaba y degradaba a centenares de porteños. También sucedía en otros centros de tortura de la Armada. Por la Academia de Guerra Naval, en el cerro Playa Ancha, pasó también María Eliana. "Allí estuve como cuatro semanas, me sacaban todas las noches para interrogarme, me golpeaban los oídos con las manos, me ponían corriente en la lengua, en la vagina. Nos sacaban para divertirse con nosotros, para abusar sexualmente. Fueron violaciones masivas. Al final una se desconecta, trata de subliminar lo que está pasando, pero es imposible de olvidar, de hecho, cuando ya me encontraba en la cárcel, hice una seria infección, con vómitos y fiebre. Me enviaron al Hospital Naval y ahí dijeron que era sólo un ataque de vesícula y me enviaron de vuelta a la cárcel. No obstante, era algo mucho más serio. Era gonorrea, y era imposible saber cómo y dónde la había contraído, ¿en la Esmeralda, en el Lebu, en la Academia [de Guerra]? Lo único claro es que quedé con el endometrio total y absolutamente destruido".

Por los antecedentes recogidos puede concluirse que por el vapor “Lebu” debieron pasar unos 1.000 detenidos, con permanencia variable en el buque que iban desde unos días hasta varios meses.

Hasta hoy, nadie ha sido inculpado por estos hechos, los cuales la Armada de Chile continúa negando.
 


Criminales y Cómplices:
Teniente Luis Rebolledo (Infantería de Marina); Teniente Guillermo Morera (Infantería de Marina); Teniente Rafael Yussef (Infantería de Marina); Doctor Muñoz (urólogo, ex Hospital Deformes); Sacerdote de apellido García (Sagrados Corazones). un teniente de apellido Pérez (Carabineros)


Fuentes de Información: Informe Rettig; Libro: "Testimonios de Tortura en Chile"; Cruz Roja Internacional; Archivo Memoriaviva

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