Jose TOHA GONZALEZ 27 de Abril 2005 La Nacion Las convicciones del doctor Chelén en la pieza 303 del Hospital Militar El 15 de marzo de 1974 el médico cirujano y perito criminalista de la Brigada de Homicidios (BH) de Investigaciones, Alfonso Chelén Araya, tomó el cuerpo sin vida de José Tohá y lo regresó a la cama de la pieza 303 del Hospital Militar. Había tantas cosas extrañas que se convenció de que no se ahorcó voluntariamente sino que fue estrangulado. Incluso verificó torturas por quemaduras de cigarrillos en los brazos. La pérdida de los medios de prueba le confirmó su certeza. Por ello, aunque arriesgaba la vida, se negó a firmar un informe falso. -¿Por qué se convenció de que el ministro Tohá no se suicidó? -El estaba en un estado de desnutrición en grado máximo y no tenía fuerza para levantarse. Permanecía en cama. Incluso trató de levantarse un par de días antes y cayó al suelo. Tuvieron que recogerlo. Una persona en esas condiciones no tiene la capacidad física para suicidarse colgándose. -¿Qué vio cuando concurrió al Hospital Militar a estudiar el sitio del suceso? -Un cuerpo acomodado en un closet, sin tocar el suelo, con las piernas y pies flectados, apoyándose en el piso. Era claro que el cuerpo había sido instalado por alguien, para simular un suicidio. -¿Qué elementos le llamaron la atención? -El nudo con que el cinturón estaba atado a la cañería que pasaba al interior del closet, era tan frágil que cuando le di un leve tirón se desató. Era imposible que el señor Tohá se hubiese ahorcado con ese corto cinturón porque - a pesar que pesaba 45 ó 47 kilos- el nudo no habría resistido. -La ex agente Luz Arce, que estuvo internada en la misma pieza, dijo en el proceso que esa cañería a ella, con una estatura media, le llegaba a los ojos... -Y el señor Tohá medía más de un metro noventa centímetros, por eso era imposible que el cuerpo hubiese podido colgar sin apoyo en el suelo. -¿Cómo quedó marcado el cinturón en el cuello del ministro? -En medicina legal se sabe que en el cuello de quien se ahorca queda un surco incompleto, pues la soga o cinturón nunca puede marcarse totalmente alrededor del cuello. Y él tenía un surco completo. Además, me llamó la atención que un quiste sebáceo en la región cervical estaba roto. Y jamás pudo romperse si él se hubiese colgando. El quiste se rompió porque una fuerza lo reventó. -¿Notó algo más? -Que tenía quemaduras de cigarrillos en los brazos. -¿No pudo ser otro tipo de marcas? -No, eran quemaduras de cigarrillos. El fue torturado, física y sicológicamente. -¿De qué forma fijó esos detalles para complementar el informe que se esperaba que redactara? -Pedí al fotógrafo de Investigaciones que tomara todos esos detalles que le relato, pero las fotos se perdieron. Esperé diez días que me llegaran para hacer el informe, pero nunca me las entregaron. Incluso desapareció el dibujo que hizo el planimetrista para fijar el lugar y los detalles del cuerpo. Entonces no tenía nada para acompañar al fiscal. -¿Cómo hizo el informe? - Después de unos quince días apareció una hoja con cuatro fotos del lugar en general que no decían nada. Fotos anodinas, sin lectura explicativa. En la hoja estaba escrito: conclusión suicidio. Al pie estaba mi nombre para que yo firmara. No firmé. -¿Quién redactó ese informe? -Nunca lo supe. -¿Quiénes eran sus jefes en la BH? -Un señor Cancino y el segundo un señor Araya. -¿El nuevo director de Investigaciones, el general Ernesto Baeza, pudo ordenar falsear el informe? -No sé. Pero además había un coronel de Ejército que era el interventor de Investigaciones, pero no recuerdo su nombre. -¿Es imposible que el ministro Tohá se ahorcara? -Imposible. Hay muchos elementos que impiden un suicidio de esa manera. Si no hubiese tenido ese convencimiento, nunca me habría arriesgado a no aceptar la idea del suicidio y a no firmar el informe que ya venía hecho. Estábamos en 1974 y ese día no sabía si iba a salir del hospital. -¿Está convencido de que lo estrangularon? -Absolutamente, por todo lo que pude examinar. Si no, no habrían ocultado tantas pruebas, incluyendo el propio expediente del proceso que instruyó el fiscal (de Ejército de la Segunda Fiscalía, Rolando Melo Silva). Ocultaron verdades fundamentales y medios de prueba muy importantes. -¿Por qué estima que lo mataron? -Porque creían que se transformaría en un peligro. Como sucedió con Orlando Letelier, Bernardo Leighton, el general Prats y después el mismo ex Presidente Eduardo Frei Montalva. Un peligro para lo que podía suceder más adelante. -¿Cuál fue la consecuencia de no firmar el informe? -A los pocos días me echaron. Un decreto firmado por la Junta Militar estableció que yo no era un hombre de confianza. 21 de Abril 2005 El Mostrador Juez Zepeda procesó a dos coroneles (R) por torturas contra ex ministro Tohá El juez de fuero Jorge Zepeda sometió a proceso a dos coroneles (R) de la Fuerza Aérea de Chile (FACH) por el delito de aplicación de tormentos reiterados contra el ex ministro de Defensa y militante socialista José Tohá. Se trata de los ex uniformados Sergio Contreras y Ramón Cáceres, otrora asistentes del fallecido ex fiscal de la FACH Horacio Otaíza. Ambos fueron notificados este jueves por el magistrado, para posteriormente ser trasladados a un recinto de la rama de las Fuerzas Armadas, presumiblemente en la base aérea de Colina. El abogado de la familia Tohá, diputado Juan Bustos (PS), manifestó su plena satisfacción por el nuevo rumbo que toma la causa y previó que los próximos meses vendrán más encausamientos. Según estimó el representante, las imputaciones del magistrado Zepeda apuntarán a los autores materiales y cómplices de lo que calificó como el "homicidio" del ex titular de Defensa. Junto con resaltar la virtual retipificación de la causa de muerte de Tohá, explicó que éste mal podría haberse suicidado, considerando que su deteriorada condición física (47 kilos de peso y una estatura de 1,90 metros) se lo impedía. Según los antecedentes que proporciona el denominado Informe Rettig, el secretario de Estado del gobierno de Salvador Allende murió el 15 de marzo de 1974 en el Hospital Militar de Santiago. El día 11 de septiembre de 1973, Tohá fue detenido en el Palacio de la Moneda junto a un grupo de autoridades y colaboradores del gobierno depuesto. Posteriormente, fue trasladado junto a ellos a la Escuela Militar, desde donde pasó a la isla Dawson, lugar donde fue sometido a malos tratos reiterados y apremios ilegítimos por parte del personal militar que estaba a cargo del recinto. Con un estado de desnutrición crítico y una condición psicológica bastante deteriorada, el ex ministro acabó suicidándose en su habitación del hospital castrense, según argumentaron las autoridades de ese entonces a la familia. Los motivos de Zepeda En uno de los considerandos, en el cual Zepeda da cuenta de los antecedentes para procesar a los ex uniformados, establece que en la investigación no se encuentra acreditado el hecho de que Tohá se haya suicidado. Esto, porque el sumario a cargo de la Segunda Fiscalía de Ejército y Carabineros respectiva no fue adjuntada a este proceso, pues fue imposible encontrarla. Sin embargo, el magistrado sí estableció que Tohá estuvo privado de su libertad durante más de seis meses, sin que en ese prolongado período se haya instruido un juicio o se hayan formulado cargos en su contra. Junto con ello, determinó que durante su cautiverio fue objeto –por parte de agentes del servicio de inteligencia de la FACH- de actos “crueles y degradantes”, con el propósito de perjudicar su integridad psíquica y física. Indirectamente, establece en su documento el magistrado, los tormentos reiterados pretendían infundir temor a un sector de la población. Por otro lado, Zepeda confirmó que el ex ministro fue trasladado secretamente desde el Hospital Militar hasta el recinto de la Academia de Guerra Aérea para ser cruelmente interrogado, ya que se le consideraba “una fuente de información”. Estos apremios ilegítimos también se le aplicaron en el mismo recinto asistencial, “como lo comprueban los manuscritos descubiertos en la presente investigación, encontrados en la habitación donde Tohá murió”. Tales documentos habían sido confeccionador por el propio colaborador del Presidente Allende y por el agente que lo apremiaba y formulaba las preguntas por escrito. 23 de Abril 2005 La Nacion Testimonios judiciales revelan los últimos díasde Tohá El primer auto de procesamiento dictado en el juicio por la muerte en prisión en 1974 del ex ministro de Allende, José Tohá, estableció quienes lo interrogaron y torturaron, o al menos quienes dieron las órdenes de los tormentos, pero dejó en el aire una gran duda, la más importante del caso, pues no dio luces sobre la verdadera causa de muerte: suicidio -como afirmó la versión oficial- o asesinato, como incluso lo indican partes relevantes del propio dictamen del juez Jorge Zepeda. Aun así, en el fallo de 22 páginas surgieron detalles de los últimos días de Tohá desconocidos hasta ahora, que lanación.cl relata a sus lectores. Entre ellos, se cuentan las amenazas que el entonces doctor Patricio Silva Marín hizo a los familiares de esta alta autoridad del gobierno de Salvador Allende. (Marín según la resolución, aunque el entonces director, o subdirector del Hospital Militar sería Silva Garín, probablemente el mismo que, con esos dos apellidos, todavía es director de Gestión Clínica de ese recinto). De acuerdo al hermano del ex ministro, Isidro Tohá, el “director” del Hospital Militar Patricio Silva, le aconsejó a su cuñada Raquel Morales Etchevers, que no visitara a su esposo en el recinto. Dice Isidro Tohá en el proceso que a él, el doctor Silva le señaló que “las gestiones que han realizado ante diversas autoridades, sólo han agravado la situación de su hermano, quien ahora es tratado con mucha más dureza y aún interrogado con la ayuda de un siquiatra de apellido Sepúlveda”. De acuerdo al expediente del proceso y al documento de encausamiento dictado por Zepeda, el doctor Silva lanzó a Isidro Tohá otra advertencia aún más dura, cuando éste le demandó que “el Hospital Militar debe velar por la vida de mi hermano”. “Mire, el señor Tohá ahora debe atenerse a las consecuencias de sus actos políticos”, sostiene que le respondió Silva. Pero el entonces enfermero y cabo segundo Juan Cabello Leiva, quien se desempeñaba en el cuarto piso del recinto médico, donde se encontraba el ministro, le aconsejaba a la esposa de Tohá todo lo contrario: “tiene que visitarlo, porque para él tiene mucha importancia eso”. El enfermero conocía el delicado estado de salud del personero. Y sabía cómo lo regresaban cada noche al Hospital Militar, después de haberlo llevado casi en forma clandestina a la Academia de Guerra Aérea para aplicarle tormentos. “El señor Tohá llegaba muy mal, me contaba que lo trataban mal, que no lo torturaban físicamente, sino que sicológicamente”. “Recuerdo que el señor Tohá era admirable por la educación que tenía, yo conversaba bastante con él y trataba de consolarlo”, agrega. Contradicciones de la versión oficial La autopsia al cadáver realizada por el forense Alfredo Vargas Baeza por la tarde de ese mismo día 15 de marzo de 1974 (la muerte del ministro Tohá ocurrió antes de las 12 del día) siguió la línea de la versión oficial, de la Segunda Fiscalía de Ejército con su fiscal Rolando Melo Silva, y de la Junta Militar con Pinochet a la cabeza: el suicidio. Un extraño suicidio con los pies apoyados en el suelo, atado por el cuello con su cinturón a una cañería que pasaba por dentro del closet de la habitación, la que a una persona de estatura normal, como la de la ex agente Luz Arce Sandoval, le llegaba “apenas a los ojos”, como lo declaró en el proceso. De hecho, Luz Arce ocupó la misma pieza de Tohá en el Hospital Militar, la 303, unos meses después, cuando Manuel Contreras la mandó a internar para que la curaran de un balazo que le habían dado durante una sesión de tortura, “ablandándola” para que de militante socialista se transformara en una colaboradora de la DINA. Los elementos científicos que contradicen la versión oficial, están publicados. El ex dictador Augusto Pinochet estuvo permanentemente enterado de la suerte que corría el ministro Tohá. “Pero si no pasa nada, no pasa nada”, les dijo Pinochet a Moy de Tohá e Isabel Morel de Letelier un día de septiembre de 1973, después de que el sábado 15 habían trasladado a Tohá desde la Escuela Militar a la Isla Dawson. Ambas se habían encontrado con Pinochet en un pasillo del Ministerio de Defensa. “Cómo que no pasa nada, si a mi marido lo trasladaron a Isla Dawson”, le respondió Moy, según lo declaró en el proceso. Pinochet se sorprendió de que ella supiera lo del traslado, porque se suponía que era secreto, y le dijo que volviera al otro día para “hablar”. Pero al día siguiente Pinochet se ofuscó porque ella llegó además con la esposa del ex canciller Orlando Letelier y con Irma de Almeyda, la esposa del dirigente socialista Clodomiro Almeyda. Los tres habían sido enviados a Isla Dawson. Ellas pudieron enviarle a cada uno una maleta con ropa de abrigo. Lunes 15 de junio de 2009 La Nación Piden reconstitución de escena por extraña muerte de José Tohá La petición fue formulada al juez Jorge Zepeda el viernes 12. En la investigación se han acumulado numerosas contradicciones que impugnan la versión oficial de un suicidio en el antiguo Hospital Militar. Son demasiadas las contradicciones acumuladas en la investigación por la muerte del ministro del Presidente Salvador Allende, José Tohá. Por ello, para el abogado querellante, Nelson Caucoto, llegó la hora de efectuar por primera vez la reconstitución de lo que ocurrió el 15 de marzo de 1974 en la habitación 303 del entonces Hospital Militar. El lugar, que hoy es el Hospital Metropolitano, está igual que entonces en su estructura e incluso queda parte del mismo mobiliario. Caucoto pidió el viernes 12 al ministro Jorge Zepeda que efectúe a la brevedad la reconstitución del extraño suicidio de quien fuera ministro de Interior y Defensa de la Unidad Popular. "Realizar esta reconstitución es extraordinariamente valioso, porque permitirá al juez situar a todas las personas en el mismo lugar donde ocurrieron los hechos. Hay muchas versiones contradictorias y existen en la investigación múltiples antecedentes que apuntan al homicidio del ministro Tohá, por eso la hemos solicitado al juez", explicó Caucoto a La Nación. Serias contradicciones entre algunos médicos militares y civiles. Profundas discrepancias entre funcionarios policiales de ese tiempo y el médico criminalista de la Brigada de Homicidios de Investigaciones, Alfonso Chelén, respecto de la apreciación del lugar del hallazgo del cuerpo sin vida de Tohá. Discrepancias entre informes policiales actuales y médicos militares de la época en cuanto al lugar donde se realizó la autopsia al cadáver. Señas de estrangulamiento que a juicio del doctor Chelén presentaba el cuello, versus la versión oficial del suicidio por ahorcamiento con su propio cinturón. Además, desaparición de las fotos policiales tomadas ese día a la habitación y el cuerpo aún dentro del diminuto clóset donde se habría ahorcado un hombre de un metro noventa de estatura. Un nudo en el cinturón que no resistió el primer tirón del médico criminalista para descolgar el cuerpo. Un expediente perdido en el que quedaron registradas las diligencias realizadas por el fiscal militar de la época, Rolando Melo Silva, que hoy afirma no recordar casi nada de lo que hizo entonces por "lagunas mentales". Desfile de militares y médicos castrenses ingresando frecuentemente a la habitación de Tohá vistos por soldados que montaban guardia al ingreso del cuarto, mientras los visitantes identificados lo desmienten. La ficha clínica de Tohá desaparecida. Versiones absolutamente contradictorias entre algunos médicos militares acerca del estado físico del ministro: mientras uno dice que se encontraba en "muy buen estado físico", otros sostienen que "apenas podía caminar". Al perito Chelén, la Brigada de Homicidios de Investigaciones, dirigida por el general en retiro Ernesto Baeza, le presentó para que firmara un informe pericial no redactado por él acerca del hallazgo del cuerpo. En el texto, lo obligaban a concluir que Tohá se suicidó por ahorcamiento, cuando Chelén sostuvo que lo mataron estrangulándolo. Por ello a Chelén lo echaron de la policía. El entonces fiscal Melo afirma en el proceso que, a poco andar, sobreseyó la investigación de acuerdo con el dictador Augusto Pinochet, que ejercía como comandante en jefe del Ejército. Melo sostiene con insistencia que la autopsia se efectuó en el Servicio Médico Legal de avenida La Paz, pero el médico que la hizo, Alfredo Vargas Baeza, señaló en el proceso que la realizó en el mismo Hospital Militar. Cuando el perito criminalista Chelén se negó a firmar el informe que le pusieron en su escritorio con el "suicidio" de Tohá, convencido de que lo que vio fue un crimen, su principal contradictor en la apreciación del día de la muerte en el Hospital Militar fue el entonces funcionario de la Brigada de Homicidios Juan Saldías Valdés. En los procesos por violaciones de los derechos humanos que instruía el juez Juan Guzmán, Saldías fue reconocido años después por sobrevivientes del MIR que estuvieron en centros clandestinos de detención como un comisario de Investigaciones y agente DINA, integrante de las agrupaciones Tigre y Vampiro con el alias de "Harry el sucio". El doctor Chelén fue el primero en ingresar a la habitación donde estaba el cuerpo de Tohá, aún dentro del clóset, "colgado", pero con las piernas flectadas y los pies apoyados en el piso debido a su altura. Las primeras observaciones las realizó solo en la pieza antes de que llegaran los otros funcionarios de la Brigada de Homicidios. Cercano a Allende José Tohá, más que un militante del Partido Socialista -que sin duda fue su tienda política-, era un fiel aliado de Salvador Allende. El Presidente lo escogió en 1970 como su primer ministro del Interior y fue objeto de la primera acusación constitucional que hubo durante el régimen de la Unidad Popular. Más tarde, el Jefe de Estado lo puso en Defensa. Fue llevado a la isla Dawson y después trasladado al Hospital Militar. Tohá, padre de la ex diputada y hoy ministra portavoz, Carolina Tohá, pertenece a una tradicional familia de Chillán. Por ello fue, en 1969, candidato a senador por la entonces circunscripción de Ñuble, Concepción y Arauco. Sin embargo, no fue elegido. Uno de sus hermanos, Isidoro, fue en 1990 diputado por Chillán, mientras que otro de ellos, Jaime, es hoy intendente de la Región del Biobío. Coroneles procesados por tortura Actualmente, en la causa están procesados por el delito de tortura en contra del ex ministro Tohá los coroneles (R) de la FACh Ramón Cáceres Jorquera y Sergio Contreras Mejías. Ambos torturaron al colaborador de Allende en la Academia de Guerra Aérea (AGA), adonde Tohá fue llevado en reiteradas oportunidades desde el Hospital Militar, regresando en muy malas condiciones físicas y sicológicas de acuerdo a lo dicho por testigos. Los mismos coroneles aparecen vinculados con múltiples casos de tormentos en el proceso que se instruye por los crímenes cometidos en la AGA, los mismos que causaron la muerte del general Alberto Bachelet. Sin embargo, al juez Zepeda le resta establecer lo más importante en el caso: si al ministro Tohá lo mataron o se suicidó.
Domingo 21 de junio de 2009 La Nación “Quiero que me ayuden a encontrar la verdad” La viuda de José Tohá tiene confianza en que el juez Jorge Zepeda logrará establecer la verdad del crimen, porque jamás creyó en el suicidio de su marido. Aguarda a que el magistrado reconstituya ahora aquel día en el antiguo Hospital Militar. En una sentida carta, el general Carlos Prats le explicó por qué lo mataron. La solicitud del abogado Nelson Caucoto para que el juez Jorge Zepeda reconstituya, en el ahora antiguo Hospital Militar, aquel 15 de marzo de 1974, el día de la muerte del ministro de Interior y Defensa de Salvador Allende, José Tohá, volvió a remover en Moy de Tohá todos los recuerdos más profundos de aquel primer tiempo del terrorismo de Estado. La viuda dice tener plena confianza en la capacidad investigadora del juez Jorge Zepeda y espera ahora a que el magistrado fije la fecha para la diligencia y cite a todos los que allí deben estar. En la investigación judicial se han acumulado una gran cantidad de contradicciones entre los actores uniformados y civiles, presentes y testigos de aquellos días en ese hospital del Ejército. Tras la muerte de su esposo, Moy estuvo cinco años exiliada en México con sus hijos. Pero regresó a Chile en 1979, "a ayudar a la recuperación de la democracia". Luego del fin de la dictadura, fue nombrada embajadora en Honduras, después fue agregada cultural en México por siete años, y volvió a ser embajadora, esta vez en El Salvador. Hoy trabaja en el Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas en Chile. -¿Cuál es su sentimiento ante la reconstitución de escena solicitada? -Es algo que, a pesar de los años, me remueve el alma y los recuerdos nuevamente. Pero son pasos que hay que dar, que queremos dar, y que es bueno que estemos avanzando. -¿Hasta dónde cree que se podrá avanzar? -A la verdad que hemos esperado tantísimos años. Todo se vuelve a juntar y produce una profunda emoción interna que es difícil ponerla en palabras. Hay que haber vivido lo que se ha vivido, para darse cuenta de lo doloroso que es todo esto. -¿Cree en la versión oficial del suicidio de su esposo? -No. Si estamos donde estamos en el juicio, es porque no creo que haya sido un suicidio. -¿Piensa que, además de la verdad de los hechos, se podrá llegar a identificar al o los autores materiales e intelectuales? -Yo tengo plena confianza en el juez Jorge Zepeda. Es uno de los jueces más profesionales y acuciosos que tenemos en Chile. Tengo además una enorme confianza en el abogado Nelson Caucoto, de una gran experiencia en todos los juicios de derechos humanos. -¿Se sabrá toda la verdad producto de la investigación judicial? -Creo que vamos a llegar a una verdad, no creo que lleguemos a toda la verdad. Han pasado demasiados años y los autores intelectuales están muertos, o con algún daño producto de la edad. Sabremos parte de la verdad. Y por último, que quede al descubierto que no fue un suicidio, sino uno de los tantos asesinatos que se cometieron en Chile, encubiertos por muchos años con la impunidad que daba el régimen autoritario. En democracia tenemos una obligación con la historia y el futuro de nuestro país, para descubrir esta verdad como absoluta. -¿Sólo la verdad le interesa? -La verdad es lo más importante, y la justicia que opere hasta donde pueda operar. -¿Usted quedaría conforme con conocer que fue un crimen y cómo sucedió? -Eso me dejaría en paz con José, porque hicimos todo lo que estuvo en nuestras manos para llegar a la verdad. Siento que los pasos que se han dado este último tiempo con lo de Víctor Jara y el ex Presidente Frei Montalva ayudan a pensar que es posible llegar a esa verdad parcial. -¿Independientemente de que los autores intelectuales y materiales no vayan a la cárcel? -Insisto, en este momento para mí lo fundamental es saber la verdad. Si la justicia llega a los autores intelectuales y materiales, mejor aún, pero yo con la verdad quedo más tranquila y en paz, y creo que mis hijos también. -¿Qué diría a quienes todavía guardan información valiosa para aportar en esta investigación? -Yo le rogaría a la gente que vivió la situación de José en el Hospital Militar, en el Hospital de la FACh, y en los centros de tortura donde lo llevaron para vejarlo, humillarlo y torturarlo, que hable, que nos dé información. Yo no ando en caza de brujas, no persigo a nadie. Quiero que me ayuden a encontrar la verdad, porque creo que esta familia se merece saberla y nuestro país también. -¿Cómo pueden entregar esa información? -Mi teléfono está abierto, y también el del abogado Caucoto y el de mi hija Carolina. Y los canales que ellos quieran usar para entregar una información o una denuncia, van a ser bienvenidos y profundamente agradecidos. -¿Está convencida de que no es poca la gente que sabe lo que realmente ocurrió ese día? -Hay gente que sabe, los enfermeros de entonces lo saben. Cuando José murió, uno de ellos que estaba muy conmovido, tuvo la imprudencia de llamarme por teléfono a mi casa desde el Hospital Militar cuando José estaba en la urna en la casa, para decirme "señora, no crea que él murió como dicen, yo quiero hablar con usted y decirle toda la verdad, juntémonos mañana a las cinco de la tarde en el puente Pío Nono". -¿Y usted fue? -Sí, yo fui pero él no llegó. Presumo que como estábamos todos vigilados, y con mayor razón un centro como el Hospital Militar, seguramente la llamada fue interceptada y no sé qué pasó con esa persona, a quien yo conocí físicamente porque nos recibía cosas para José, como la pasta de dientes, dulces o cigarrillos. Entonces, yo sé que hay gente que sabe más y que puede ayudarnos. Quiero que me digan lo que saben y si quieren guardar reserva de su nombre, no me importa, lo que me importa es que hablen. -¿Por qué cree que se ordenó la muerte de su esposo? -Yo no sé cuáles fueron los motivos de los militares en ese momento, pero le voy a entregar una carta personal que me escribió el general Carlos Prats, en que él hace una interpretación de por qué cree que mataron a José. Es importante el juicio de un militar democrático, no comprometido entonces con la Unidad Popular en lo profundo e ideológico, que hace un análisis, creo, tan certero como el que hace Prats en esa carta. Eso tiene mucho más valor que elucubraciones que yo pueda hacer como viuda y una persona herida con la situación. De esa carta se pueden sacar las conclusiones necesarias. -¿Fue una carta que él le escribió desde el exilio en Buenos Aires? -La escribió unos días antes de morir en Buenos Aires. (La carta tiene fecha 29 de agosto de 1974, justo un mes antes de que lo asesinaran junto a su esposa Sofía Cuthbert). -¿Cree que Augusto Pinochet ordenó asesinar a su esposo? -Por los rangos que José tenía, por la relación personal que Pinochet tenía con nosotros, porque había sido un general segundo en la jerarquía del alto mando durante el período en que José fue ministro de Defensa, y por último porque José había sido vicepresidente de la república, no creo que Pinochet haya delegado en mandos menores una decisión de esa envergadura, de eliminar a una persona así como así. -O sea, cree que efectivamente fue Pinochet quien ordenó su muerte -Creo que él tuvo que haber tomado la decisión. -¿Cómo es esa escena cuando Pinochet se entera en un banquete en Brasil de la muerte de su esposo? -Fue en el banquete oficial del cambio de mando en Brasil, en 1974. Cuando después del golpe de Estado Orlando Letelier volvió a Venezuela, luego de pasar por las cárceles en Chile, allí se encontró con una autoridad del gobierno venezolano que asistió a ese banquete estando Pinochet presente. Fue el 15 de marzo de 1974, el día en que murió José. Esa autoridad venezolana le contó a Orlando que en un momento Pinochet le comentó que estaba muy conmovido, porque en Chile recién se había muerto un amigo personal suyo, y que por eso estaba tan afectado. -¿Cree en esa conmoción que habría demostrado Pinochet? -Me cuesta pensar que alguien a quien tuvieron en la situación de José, haya conmovido tanto a Pinochet como para no saber lo que estaba pasando con él. Pinochet tuvo que saber perfectamente qué pasaba con él en el Hospital Militar. -No salvó Pinochet de las torturas a su tan querido amigo personal -Por supuesto, eso es todo parte de la teatralización de la vida de Pinochet. -En estos 35 años transcurridos desde la muerte de su esposo, ¿dónde guarda su recuerdo? -En el primer lugar. Le voy a mostrar mi casa para que lo vea. (Efectivamente, impresiona la retratada presencia absoluta del fiel amigo de Allende en los lugares más íntimos de ese silencioso lugar La carta del general Prats Querida Moy: Escuché tu triste mensaje y creo poder dar respuesta a las dudas que tanto te atormentan y que -lo comprendo muy bien- hacen más dolorosa la herida incicatrizable que, para ti y tus hijos, constituye la pérdida de José. ¿Por qué ellos se ensañaron con José? Porque a cada uno de los cómitres de hoy les torturaba la evidencia de que, dentro de la UP, José era quien mejor los conocía. Los observó humildes y obsecuentes, los vio hacer genuflexiones y supo de sus miserias íntimas, de sus celos interarmas, de su concupiscencia y frivolidad, de sus limitaciones intelectuales y culturales y de la farsa de su lealtad. José Tohá tenía mucho que decir y cada palabra suya, avalada por su incuestionable autoridad moral, habría tenido la fuerza suficiente para derribar de su autoerigido pedestal a estos apóstatas del profesionalismo militar. ¿Y cómo podrían contraatacar a José? ¿Cómo podrían vituperarlo si hasta la mención de sus convicciones ideológicas iba a serles contraproducente, porque no les resultaba tolerable ni compatible exhibir como marxista a un ser de tanta sensibilidad social, de tanta nobleza y dignidad personal y de tanta misericordia humana? Ten la certeza de que si hubieran encontrado el más mínimo cargo afrentoso contra él, les habría convenido dejarlo vivir. En cuanto a la conducta de Pinochet, puedo decirte que su traición no tiene parangón en la historia de Chile. ¿Cómo puede entenderse su trayectoria bonachona y dúctil entre marzo y septiembre de 1973, si él mismo ha reconocido su compromiso, bajo firma, para derrocar a Allende desde aquel mes? La explicación está en que en su personalidad -como en el caso de un Duvalier- se conjugan admirablemente una gran pequeñez mental con una gran dosis de perversidad espiritual, como lo ha estado demostrando con sus inauditas declaraciones recientes. Finalmente, quiero referirme a tus acotaciones de que yo podría hacer muchas cosas “sin quemarme o dar la cara” y de que “trate de entender el problema de la gente que lucha contra las armas”. Recojo el cargo que tan sutilmente me formulas. Mi silencio no se debe a que no quiera “quemarme”. Un político no quiere quemarse cuando espera cosechar los frutos que otros siembran. Tú sabes que no soy político. Ni quiero serlo. Sin embargo, tal vez no entiendas que, ante el futuro, sólo siento un gran anhelo: que llegue cuanto antes el día en que la masa de mis ex compañeros de armas se convenzan, por sí mismos, de que han sido engañados y que han incurrido en la equivocación histórica más tremenda, al convertirse en los verdugos del pueblo de su patria; porque sólo en ese momento se puede empezar a recorrer el camino de la liberación. Toda acción perturbadora mía sería contraproducente para tal propósito, porque daría buenos dividendos a la junta. No te imaginas los esfuerzos que han desplegado para procurar enlodar mi imagen profesional y, especialmente desde enero, ha sido persistente la campaña solapada en mi contra, dentro y fuera de las filas. Incluso, procuraron, sin resultado, involucrarme en el juicio contra Lazo y Schnake. Por otra parte, recuerda que cuando clamé por una solución política -que pudo evitar todo lo ocurrido- no fui escuchado ni por la UP ni por la oposición. Si se me hubiera creído, no tendríamos que lamentar el martirologio del Presidente ni el calvario de José. De modo que me considero liberado de compromisos políticos, lo que, a la vez, me obliga a concentrarme en trabajar muy duramente para vivir. Mis compromisos, Moy, son los del afecto personal por personas como tú y la prueba la tienes en esta respuesta que, por su franqueza, te demostrará la confianza que deposito en tu amistad. No pierdo la esperanza de volver a verte. Entretanto, te deseo de todo corazón la mayor paz espiritual. Sofía me encarga transmitirte sus más cariñosos recuerdos y de mi parte recibe un fuerte abrazo de tu amigo, Carlos.
16 de Noviembre 2010 25 de Noviembre 2010
27 de Noviembre 2010 27 de Noviembre 2010
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