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OSVALDO FEDERICO HEYDER GOYCOLEA

HEYDER GOYCOLEA, OSVALDO FEDERICO: 35 años, casado, capitán del Ejército de Chile, muerto el 5 de junio de 1975 en Talca.

Osvaldo Federico Heyder Goycolea murió ese día en Pencahue, Cerro de La Virgen, por herida de bala transfixiante del cráneo, según consta en el Certificado de Defunción.

En esa época se encontraba adscrito al Servicio de Inteligencia Militar y cumplía funciones en el Regimiento de Talca. El 5 de junio fue encontrado muerto por heridas de bala, en el interior de su automóvil, en el Cerro La Virgen de esa ciudad.

La versión periodística de entonces señala que el uniformado falleció como consecuencia de la acción de extremistas. En cambio, la Dirección de Personal del Ejército, por resolución Nº44 de 1975, lo dio de baja, por considerar que su muerte fue un "accidente en acto de servicio". La Subsecretaria de Guerra, por resolución Nº 877 de 1975, llegó a la misma conclusión.

Pese a no haberse podido establecer las circunstancias precisas de su fallecimiento, atendidos los antecedentes reunidos y las investigaciones realizadas por esta Corporación, el Consejo Superior declaró a Osvaldo Federico Heyder Goycolea víctima de la violencia política, por estimar que su muerte sólo pudo ser provocada por estas circunstancias, habiéndose descartado todo otro móvil posible.

(Corporacion)


Carta a los medios de comunicacion - de la hermana de Osvaldo Heyder:

Sr. Director

Algunos diarios chilenos ha partir de mayo del pasado año, han informado a la ciudadanía sobre el proceso en relación con la muerte del Capitán de Ejército Osvaldo Heyder Goycolea, cuyo cadáver fue descubierto en Talca en el cerro La Virgen con un disparo en la cabeza. El Capitán Heyder pertenecía al arma de Infantería, era intérprete oficial del Ejército en alemán, inglés y francés. Además miembro del Servicio de Inteligencia militar. (SIM).

El General en Jefe del Ejército de aquella época y Presidente de la República, Augusto Pinochet Ugarte, le dijo a mis padres en audiencia privada en el Reg. Guías: " Uds. Debieran estar orgullosos de haber perdido un hijo por la Patria" El Capitán Heyder era de Concepción,

Estoy extrañada que su diario no haya ido informando sobre esta querella criminal y los avances de la investigación del Departamenteo V. Para información de sus lectores y en memoria del Capitán que hoy 11 de abril cumpliría 63 años de vida quiero dar a conocer el estado actual de la investigación.

Después de investigar muchos años logré reunir antecedentes que me permitieron en abril del año pasado, presentar por intermedio de mis abogados Srs. Ciro Colombara, Hernán Fernández y Juan Pablo Olmedo, una querella criminal en el Tercer juzgado del crimen de Talca contra quienes sean resonsables de la muerte mi hermano, el Capitán Osvaldo Heyder G. Soy la única responsable de esta querella. Ésta fue aceptada y se dio orden al departamento V de iniciar la investigación.

Con respecto a la versión oficial del Ejército difundida incluso a través de los medios de comunicación en 1975, que relataba que murió producto de una emboscada de integrantes del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), hasta ahora se ha comprobado que tal enfrentamiento es falso. Nunca existió. Hay testigos que involucran su muerte con la DINA y la Colonia Dignidad.

Hay un documento protocolizado ante un cónsulado chileno en Europa, con fecha 23 de octubre 2002 donde un testigo declara que Hugo Bäar, (después de Paul Schäfer, era el segundo hombre importante en la Colonia Dignidad) y que se fugó de ésa en 1985. El documento relata que Hugo Baar, hizo en declaraciones a Amnistía Internacional Alemana como testigode un juicio que la Colonia Dignidad le hiciera a Amnistía en Bonn. El testigo europeo declara: "reconstruyendo pasajes importantes de sus responsabilidades en la colonia, entre otras cosas relató que en aquel entonces (a mediados de los años 70) él estaba encargado de administrar la armería de la colonia y de esta manera se enteró que en el invierno chileno de 1975, dos miembros de la Colonia Dignidad, a quienes identificó, participaron en un atentado en contra de un oficial del ejército chileno en la ciudad de Talca. Hugo Bäar recibió el arma de vuelta y estos dos miembros de la colonia se ocultaron temporalmente en el sur de Chile".

En declaraciones hechas al departamento V los ex agentes de la DINA, Fernando Laureani Maturana y Marcelo Moren Brito, ligaron al general Manuel Contreras en su calidad de máximo jefe de la DINA. En sus testimonios, Laureani y Moren Brito afirmaron que habían informado a su superior sobre las indagaciones realizadas en Talca cuando se registró el fallecimiento del Oficial. En las declaraciones ante la policía, estos dos ex agentes además reconocieron haber realizado gestiones en Talca a los pocos días de la muerte de Osvaldo. Incluso se efectuó una autopsia al cadáver. Los resultados son totalmente desconocidos en la investigación. En la actualidad no aparecen registros de estas indagaciones, ni peritajes, ni siquiera en los archivos de la justicia militar, solamente un certificado de defunción que certifica como causa de la muerte "herida de bala transfixiante en el cráneo", según la ficha de autopsia del Servicio Médico Legal, como único documento.
La magistrada subrogante del tercer juzgado de letras de Talca, ordenó al Departamento Quinto de la Policía de Investigaciones que realice un interrogatorio exhaustivo al ex jefe de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), General ( R ) Manuel Contreras Él deberá declarar conmo testigo y deberá entregar al tribunal todos los antecedentes que disponga en torno a la muerte de mi hermano Osvaldo.

Por este motivo, el mismo tribunal ordenó la exhumación del cadáver que se encuentra enterrado en un mausoleo militar en Santiago, diligencia que se efectuará en los próximos meses. En forma paralela, el tribunal dispuso también el viaje de agentes del Departamento Quinto a Europa con la finalidad de recoger el testimonio de un testigo clave, quien podría aportar nuevos elementos para avanzar en las indagaciones. Los agentes viajan el 14 de abril a Europa.

Osvaldo era un humanista, solidario y sensible. Él era un demócrata. Tras terminar el Colegio Alemán de Concepción, estudió dos años leyes en la Universidad de Concepción. En los últimos años de secundaria ingresó a los clanes juveniles y posteriormente a la masonería penquista. Fue miembro activo de la juventud radical de aquella época. Le gustaba el futbol, pero también la música y el teatro. Era un amante del jazz y como tal, incluso llegó a tener un programa en la radio de la Universidad de Concepción. Tocaba en un grupo y además estudió algún tiempo teatro en el famoso teatro universitario (el desaparecido TUC).

Ximena -una amiga de la juventud- me relata : "eramos un grupo de amigos y esa tarde en que nos propuso una ley de no agresión, porque había muchos y muy diferentes pensamientos religiosos, políticos, filosóficos, en fin, tantos como individuos. Así logramos conocer mucho más que lo que podían saber jóvenes comunes en nuestra época: convivíamos alegre y respetuosamente masones y cristianos, wagnerianos y verdianos, liberales y radicales".

Uno de los ex prisioneros del Regimiento Maipo (Enero 1975) actualmente residente en Holanda cuya pareja de entonces figura dentro de los 8 desaparecidos del Maipo , describe su encuentro con él como sigue: " Sólo puedo decir del Capitán Heyder, que según mi vivencia fue el único que no violo los derechos humanos y se ajusto a las normas jurídicas de trato a los prisioneros. No tiene nada que ver con el rol del interrogador bueno o blando, sino el de una persona que por su formación debía haber tenido muy enraizados los principios éticos y humanos. Esa cualidad, fue su talón de Aquiles.
Mónica (otra ex prisionera) hoy residente en Austria relata:-- tras haber estado en Villa Grimaldi, mi paso por el Maipo fue "una taza de leche", pues" el capitán se esmeraba en que todo estuviera dentro de las reglas legales". Luego de contarme detalles ella sigue su relato: dice que no recuerda mucho más, hasta que abrió sus ojos y descubrió que estaba en un hospital. Luego de eso volví al regimiento. Allá los de la DINA eran los que llevaban la voz cantante. Yo escuché que eran ellos tenían pugnas con el capitán Heyder, ya que él quería dejarnos en Valparaíso.

Hoy me pregunto qué hacía Marcelo Moren Brito y Fernando Laureani Matuana /DINA) en Talca en Junio de 1975. Especialmente cuando hay ex prisioneros que relatan haber sido testigos de una gran discusión entre Laureani y Heyder, éste último por proteger los prisioneros ( 27.01.1975). Más extaño es aún que el 6 de Febrero le llegue la orden de traslado del Reg. Maipo a Talca. El 13 de febrero ya esté trabajando en Talca. y poco antes de cumplir cuatro meses en esa guarnición es encontrado muerto.

Más extraño es aún que hasta el día de hoy ningún miembro del Ejército actual se ha dirigido a mis abogados o a mi como única querellante y responsable de ésta investigación para desmentir algunas de mis teorías sobre la muerte de mi hermano. Yo sólo ando en busca de la verdad, no pretendo hacer procesos ni condenar a nadie, tampoco pretendo hacer demandas por indemnización.

Por lo tanto,me dirijo los señores militares de entonces, a aquellos, que por uno u otro motivo, tengan interés en alivianar su a conciencia, es la oportunidad de hacerlos y dirigirse a los tribunales en Talca, a uno de mis abogados o por correo electrónico a mi persona.

Tengo mucha confianza en la nueva justicia chilena y en aquellos militares que aún llevan enraizados en su espítu militar los principios éticos y humanos.

La vida del Capitán Osvaldo Heyder Goycolea terminó a los 35 años un día 5 de junio en Talca.

Le saluda fraternalmente

Adriana Heyder Goycolea
 


24 de febrero 2004 La Nacion

SML entrega a sus familiares restos de ex capitán Heyder

 El Servicio Médico Legal (SML) entregó esta mañana a sus familiares los restos del ex capitán de Ejército Osvaldo Heyder, quien murió en extrañas circunstancias el año 1975 en la ciudad de Talca.

Heyder habría fallecido en una presunto enfrentamiento con integrantes del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). Su cuerpo apareció con un disparo de bala en la cabeza en junio de 1975 en el cerro La Virgen.

Sin embargo, versiones posteriores indican que se habría tratado de un falso enfrentamiento en el que estarían involucrados miembros de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) e integrantes de la ex Colonia Dignidad.

Mediante un comunicado, el SML informó que dichos restos habían sido exhumados desde el mausoleo militar del Cementerio General de Santiago el 16 de diciembre de 2003 para ser sometidos a los peritajes requeridos por orden del titular del 27 Juzgado del Crimen de la capital, José Santos Pérez Anker.

El magistrado recibió los resultados de las diligencias tanatológicas el 10 de febrero pasado.

La causa de muerte -según consta en su certificado de defunción- sería una herida de bala transfixiante del cráneo.

La Dirección de Personal del Ejército, por resolución número 44 de 1975, lo dio de baja al considerar que su muerte fue un "accidente en acto de servicio", conclusión a la que llegó también la Subsecretaría de Guerra.

No obstante, la hermana de la víctima, Adriana Heyder interpuso en abril del año 2002, a través de los abogados Ciro Colombara, Hernán Fernández y Juan Pablo Olmedo, una querella criminal en el Tercer juzgado del crimen de Talca contra los responsables de la muerte del oficial, al reunir una serie de antecedentes que acreditarían que el supuesto enfrentamiento con miristas era falso y que el crimen lo habrían perpetrado agentes de la disuelta DINA e integrantes de la ex Colonia Dignidad.

La acción legal fue acogida por la justicia, por lo que detectives del Departamento Quinto de la Policía de Investigaciones comenzaron a efectuar el año pasado las diligencias tendientes a esclarecer el caso.


Caso Heyder - La muerte del capitán y el silencio del general

Primera Linea - Domingo 5 de Mayo de 2002
Por un cuarto de siglo, los padres y hermana del oficial creyeron lo que les dijo el Ejército: que Osvaldo Heyder fue asesinado por el MIR. Sin embargo, el surgimiento de antecedentes que ignoraban los han llevado a convencerse de que el militar fue en realidad asesinado por la DINA. En el desgarrador descubrimiento, ha caído la fotografía de Augusto Pinochet que la madre de Heyder tenía junto a la de la víctima.

Por: Alejandra Matus

Lola Goycolea tuvo durante más de 25 años el retrato de Augusto Pinochet sobre su escritorio, junto a fotografías de sus nietas y de su hijo Osvaldo Heyder, un capitán de Ejército. Tenía razones personales para admirar al general, aparte de las políticas: él le dio personalmente el pésame por la muerte de Osvaldo, quien -según creyó por un cuarto de siglo- murió en un atentado de extremistas de izquierda.

Pero este verano, mientras su hija Adriana le leía uno de los testimonios que darían un giro radical a la versión sobre el asesinato de su hijo, Lola, de 87 años, arrancó de su marco la foto del general y la rompió.

“Fuimos engañadas por muchos años por esa institución llamada Ejército”, afirma Adriana Heyder Goycolea, quien reside en Alemania, en una entrevista con La Nación realizada en su último viaje a Chile, en febrero pasado.

En un café ubicado a un costado de los tribunales de justicia, Adriana cuenta que una carta anónima que recibió en 1995 la impulsó hacia la búsqueda de la verdad sobre la muerte de su hermano; verdad que hoy cree muy distinta de aquella que le dio consuelo por tanto tiempo.

La asistente y pedagoga social de 59 años vive desde 1970 en Europa. Cada año regresa para visitar a sus padres. En este último viaje, sin embargo, vino a hacer algo crucial: contratar a los abogados que presentaron hace unos días, por primera vez, una querella criminal contra quienes resulten responsables del homicidio del capitán Heyder.

En un vuelco total de la versión que su familia conoció, creyó y aceptó por casi 30 años, la querella -acogida a tramitación el pasado martes 30 de abril por el Tercer Juzgado del Crimen de Talca- apunta el dedo acusador hacia la Dirección de Inteligencia Nacional, DINA, y a la Colonia Dignidad.

Soldado desde niño

Osvaldo Heyder Montoya, hoy de 94 años de edad, es descendiente directo de alemanes y, como muchos de ellos, se estableció en el sur de Chile. Militante radical, fue gobernador de Coronel bajo el gobierno de Juan Antonio Ríos.

Allí se casó con Lola Goycolea, la administradora del hospital y a sus dos hijos, Osvaldo y Adriana, dio una formación laica. Al asumir Gabriel González Videla, Heyder Montoya abandonó la carrera política y se mudó a Concepción. En esa ciudad, como era de rigor, los niños fueron inscritos en el Colegio Alemán. Al terminar la enseñanza media, Osvaldo inició estudios de Derecho, por dar en el gusto al padre, pero se retiró a los dos años porque su vocación era realmente otra.

“Mi hermano aprendió a marchar antes que a caminar”, afirma Adriana. “De niño, seguía a los soldados en los desfiles y los imitaba. Siempre quiso ser militar”.

Osvaldo Heyder fue militante del Partido Radical en su juventud y masón, pero al ingresar a la Escuela Militar en Santiago abrazó el principio de no deliberación y renunció a la política. Abandonaría la masonería más tarde al convertirse en oficial de Ejército. Egresó en 1964, como subteniente en el arma de Infantería. En 1971, ascendió a capitán.

Su hermana Adriana estaba en Alemania cuando se enteró sobre el golpe de Estado. Su hermano le explicó, tres días más tarde, por teléfono, que la acción era necesaria “para salvar a la Patria”.

“En nuestro círculo social, todas nuestras amistades hablaban de ‘pronunciamiento militar’. Para nosotros no había duda sobre su validez”, afirma Adriana. “Mi hermano me decía: ‘Todo lo que se hace, se hace por Chile’”.

Tras el golpe, Heyder fue enviado al Regimiento Maipo, en Valparaíso, como oficial del Servicio de Inteligencia Militar, SIM, el organismo de seguridad tradicional del Ejército.

En el viaje que hizo para la Navidad de 1974, Adriana vio por última vez a su hermano con vida, pero sólo décadas más tarde reparó en el significado de las palabras que él le dijo en esa velada: “Yo soy un soldado, no un asesino”.

El 5 de junio de 1975, Osvaldo Federico Heyder Goycolea, a los 35 años de edad, fue hallado muerto en el interior de su automóvil, en Pencahue, en el cerro de La Virgen, en las afueras de Talca.
La autopsia determinó que había fallecido por “herida de bala transfixiante del cráneo”. El capitán, traductor de español-alemán para el Ejército, había llegado desde Valparaíso, tras sostener un altercado con personal de la recién creada DINA. Pero sobre sus desaveniencias con el organismo de seguridad no sabía ni siquiera su familia.

La versión oficial del Ejército fue que el capitán había muerto en un atentado del MIR, porque Heyder indagaba en Talca una supuesta internación de armas.

Aunque tal conclusión fue ampliamente difundida en la prensa en su momento, el Ejército no ahondó en las investigaciones del crimen, y fue reticente, en los años venideros, a exhibir su nombre entre los mártires de la institución. A fines de 1975, en documentos oficiales, se afirmó solamente que Heyder murió en un “accidente” en “actos de servicio” y su esposa y sus tres hijas –la última de las cuales había nacido apenas unos meses antes de su muerte— comenzaron a recibir una pensión de viudez.

El viaje de Adriana

El día que su padre la llamó para contarle sobre la muerte de su hermano, Adriana Heyder tuvo que emprender un viaje horrible desde Hamburgo. Pese a sus esfuerzos, no llegó a tiempo para los funerales y debió contentarse con visitar su tumba. Un grupo de militares y su cuñada, Cecilia Contador, la esperaban en el aeropuerto y la llevaron directo al mausoleo militar.

A la hermana del capitán le llamó la atención que el nicho de su hermano, muerto en un supuesto acto de guerra, estaba cubierto con cemento crudo y parecía que alguien había escrito su nombre pasándole el dedo, sin ninguna delicadeza. No se incluyó epitafio con ninguno de los elogios que el teniente coronel Hamilton Rosales Rerrueta, segundo comandante del Regimiento Talca, leyó en su funeral.

En los días posteriores, Adriana oyó por primera vez, en la voz de un oficial de alto mando del regimiento, una versión extraoficial que circuló también entre los compañeros de generación del capitán: que Osvaldo se había suicidado, pues le apremiaba haber robado dinero de la tropa o porque habría tenido “líos de falda”. Uno de los organizadores del velorio le dijo lo mismo al padre de Adriana. Este -según se describe en la querella que acaba de presentarse- reconocería hace muy poco, en fotografías de prensa, al hombre que le hizo esa afirmación: era Marcelo Moren Brito, uno de los jerarcas de la DINA en Villa Grimaldi y, precisamente, uno de los oficiales que viajó a Valparaíso en 1974 y cuyo poder Heyder habría desafiado.

Aunque los Heyder-Goycolea ignoraban estos detalles en 1975, la posibilidad del suicidio les pareció siempre la menos probable. No sólo porque no creían que su hijo hubiera robado o le hubiese sido infiel a su esposa, sino que porque, según Adriana, “significaba que mi hermano se puso un arma en la nuca para quitarse la vida y nadie se mata así”.

Empero, en cuanto al atentado del MIR, pese a que esa organización negó en su momento autoría en el hecho y a pesar de que a la fecha de lo ocurrido, la mayoría de sus dirigentes estaban escondidos, presos o muertos, la familia no dudó de la versión oficial del Ejército. “Tal vez porque era lo que más nos gustaba creer”, relata Adriana.

Esa convicción se les afianzó cuando, a fines de junio de 1975, el comandante en jefe del Ejército, designado ya Presidente de la República, general Augusto Pinochet, los convocó a una cita privada en el casino de oficiales del regimiento Guías de Concepción. “El nos mandó a buscar en un auto especial. Nos abrazó y nos dio el pésame. El le dijo a mis padres: ‘Ustedes debieran sentirse orgullosos porque han dado un hijo en defensa de la Patria’”, cuenta.

Por muchos años, los Heyder-Goycolea atesoraron el recuerdo de ese encuentro y valoraron el gesto de Pinochet. “Nos creíamos la muerte. Nos sentíamos orgullosos”, dice Adriana.

Una extraña muerte

Todos los compañeros de generación de Osvaldo Heyder –un curso más antiguo que el del actual comandante en jefe, Juan Emilio Cheyre- llegaron a generales y hoy están retirados. Entre ellos estaba el mayor general Víctor Lizárraga, quien llegó a ser jefe del Comité Asesor del Comandante en Jefe entre 1994 y 1998.
El nombre del capitán Heyder, en cambio, quedó inscrito por la Corporación de Reparación y Reconciliación –continuadora de la labor iniciada por la Comisión Rettig- como uno de los pocos militares víctima de la “violencia política”, descripción genérica que se usó para distinguir a quienes murieron en atentados de la izquierda de aquéllos que perecieron en manos de agentes del Estado durante el régimen militar.

No obstante, según Adriana Heyder, a partir de 1995 las piezas comenzaron a encajar de una manera totalmente distinta para ella. Ese año, recibió en su casa en Alemania un sobre anónimo que contenía un artículo publicado en La Epoca, en 1992, bajo el título: “La muerte de los duros. Las huellas de posibles ajustes de cuentas y venganzas en organismos de seguridad”.

Bajo el subtítulo, “un capitán sensible”, la nota narraba las posibles causas del asesinato de Heyder, sobre la base del testimonio del ex preso político, Erick Zott, quien había viajado a Chile, desde Austria, para testificar en una causa contra Colonia Dignidad.

El reportaje sostenía que la conducta humanitaria demostrada por Heyder hacia los prisioneros políticos en el Regimiento Maipo de Valparaíso, lo habrían hecho enfrentarse con un oficial de menor graduación, pero en ese momento, de mayor poder: el teniente Fernando Laureani, a cargo del grupo Vampiro de la DINA.

Al leer esa crónica, Adriana Heyder renegó de la versión que hasta entonces creía y se empeñó en investigar más sobre la muerte de su hermano. Recién hace unos meses consiguió comunicarse con Zott. Así se enteró de que su hermano pudo haber cometido un segundo gran pecado, a los ojos de la DINA: poco después de la partida de Laureani, el comandante del Regimiento Maipo reconoció, respondiendo a un oficio de los tribunales, que ocho prisioneros desaparecidos en Villa Grimaldi habían pasado por su cuartel. La DINA, que había negado toda participación en los hechos, se vio obligada entonces a admitir los arrestos.
El oficio que provocó tal bochorno al entonces coronel Manuel Contreras, director de la DINA, debió ser redactado contando con información proporcionada por el capitán Heyder.

Tras estos acontecimientos, describe la querellante, Heyder fue enviado a Talca en castigo y, unas semanas después, fue asesinado.
La última carta que el capitán Heyder escribió a su hermana está fechada el 23 de mayo de 1975, 13 días antes de su muerte. Al recibirla, ella se conmovió por sus palabras inusualmente cariñosas: “(…) Te recuerdo mucho pero por motivos de mi pega no te puedo escribir. Aunque tú no lo creas a diario te recuerdo y te quiero. Dios quiera que salgamos adelante con Chile. Te quiero más de lo que tú crees. Te recuerda tu hermano Osvaldo, ‘el viejo’”.

Derecho a la verdad

En su paso por Santiago este verano, Adriana Heyder contrató a los abogados Ciro Colombara y Hernán Fernández, quienes le ayudaron a reunir nuevas evidencias, como la declaración del ex cofundador de Colonia Dignidad, Hugo Baar.

Este dijo a Amnistía Internacional que, en una fecha imprecisa entre los años 1975-1976, esa organización dio apoyo y encubrimiento a un grupo de la DINA que partició en el atentado “a un importante oficial de Ejército”. El único hecho de ese tipo cometido en los terrenos cercanos a la entidad creada por Paul Shäfer fue el asesinato de Heyder.

Según el abogado Colombara, el crimen contra el capitán habría tenido un doble efecto: venganza contra el oficial que cuestionó los métodos, procedimientos y objetivos de la DINA en su época de afianzamiento; y amenaza contra otros oficiales que se oponían al estilo de Manuel Contreras.

El jurista argumenta, sobre la base del principio del “derecho a la verdad”, de reciente aceptación en la jurisprudencia internacional, que no se debe aplicar la Amnistía ni la prescripción a este caso. “En situaciones de violaciones masivas y sistemáticas de los derechos humanos, el Estado tiene el deber, y las personas el derecho, de conocer la verdad de lo que ocurrió”.

En la entrevista con La Nación, antes de regresar a Alemania, Adriana Heyder sostuvo que no busca el castigo contra los autores del asesinato, sino sólo saber la verdad. “No la verdad que más me guste, sino simplemente la verdad”.

El ídolo que tenían en Pinochet sus padres, dijo la mujer, se ha derrumbado. “El Estado me debe la verdad que escondió el comandante en jefe de la época. El tiene que haber estado informado de la valentía que tuvo mi hermano al oponerse a la brutalidad de la DINA”.

“A mí me interesa reivindicar la imagen de mi hermano y del Ejército, porque no todos sus miembros actuaron mal. Hay un Ejército con principios democráticos arraigados y hay que rescatarlo”, agregó. “Si mi hermano respetó las convenciones internacionales sobre trato a los prisioneros, lo hizo ciñéndose al juramento militar. Si murió por eso, el suyo fue un acto heroico y mis padres tienen derecho a saberlo antes de morir”.

La lista de Heyder

Guardando las proporciones y al igual que el alemán Schindler lograra salvar a unos 200 judíos de la muerte en los campos de concentración nazis, el capitán Heyder se jugó por retener en el regimiento Maipo y con ello salvarle la vida a una decena de presos políticos. Así lo reveló el reportaje publicado en diario La Epoca y que cambió las convicciones de la hermana y los padres del oficial sobre su muerte. De hecho, muchos ex agentes y oficiales murieron en extrañas circunstancias, por venganza hacia traiciones o conductas consideradas como “blandas”.

En el caso del capitán Heyder, según esa crónica, le correspondió recibir “al grupo Vampiro” de la recién creada DINA “que viajó desde Santiago, comandado por el entonces teniente Fernando Laureani, con la misión de detener a la directiva regional del MIR”.

Heyder era el encargado de proporcionarle los medios materiales a Laureani para que realizara su misión.

Erick Zott narró que conoció al capitán entre el 17 y el 25 de enero de 1975. “(Heyder) se acercó a hablarme una noche y me empezó a contar quien era él y qué hacía. Me detalló aspectos de su vida personal. Yo pensé que estaba tratando de ganar mi confianza, cumpliendo el rol del bueno. Después trató de hacerme entender que ése era su primer trabajo con la DINA y que no compartía lo que había visto hasta entonces y que no era partidario de las torturas ni los métodos de interrogatorios”.

Heyder le confidenció al detenido que había sido compañero de Laureani Maturana en algunos cursos de inteligencia y aunque éste era teniente, un grado inferior al suyo, era quien daba las órdenes. Según Zott, Heyder le demostró que era sincero en sus afirmaciones.

“En el Maipo había una veintena de detenidos y la DINA pretendía trasladarnos a todos a Santiago. Heyder se enteró un día antes de la operación y me preguntó qué podía hacer. Yo, para no mencionar a nadie, sólo le dije que tratara de dejar en el regimiento al mayor número de detenidos, pues ya estaba en conocimiento que era peor llegar a la Villa Grimaldi. Y él lo hizo”.

El capitán, arguyendo que necesitaba interrogar a los presos, se las ingenió para retener a la mitad, todos los cuales sobrevivieron. De los doce que se llevó Laureani, desaparecieron ocho.

Las acciones del capitán no pasaron inadvertidas para Laureani, quien, cuando se marchaba a Santiago, discutió a viva voz con él delante de los prisioneros. Al final, el capitán impuso su grado y el teniente se conformó con llevarse a los máximos dirigentes.


 

 

 

 


Esta pagina fue modificada el 28 Mayo 2007

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