Academia de Guerra Aérea (AGA)Santiago
Este recinto de reclusión y tortura funcionó desde fines de 1973 hasta comienzos de 1975, formalmente a cargo de la Fiscalía de Aviación, la que en la práctica se coordinaba estrechamente con el Servicio de Inteligencia de la Fuerza Aérea (SIFA). La Academia de Guerra Aérea (AGA), ubicada en la avenida Las Condes de Santiago, es sede de la Academia de Guerra de la Fuerza Aérea desde 1972. A partir del mismo 11 de septiembre de 1973, se la utiliza para mantener presos políticos. Principalmente allí queda confinado el grupo de civiles, suboficiales y oficiales de la FACH que sería enjuiciado en el Proceso 1-73 contra Bachelet y otros. Este grupo permanece en este recinto durante algunas semanas, siendo trasladado a fines de año a la Cárcel Pública de Santiago. El local se convirtió más tarde en el principal centro de detención de personas incomunicadas por el SIFA, reemplazando así a la Base Aérea de Colina. Los detenidos en esta última son trasladados al AGA. A cargo de la SIFA se encontraba el Comandante Edgar Ceballo, secundado por Roberto Fuentes Morrison. Los detenidos eran mantenidos en el subterráneo de la AGA, donde habían salas de clase y baños, que fueron habilitados como celdas, mientras las salas en la capilla y el segundo piso fueron utilizadas como recintos de interrogatorios y tortura. Durante 1974 se mantuvo en este local, en promedio, un total de 70 a 80 detenidos, en su gran mayoría militantes del partido comunista y del MIR. En este recinto se torturo a todos los detenidos. De acuerdo con testimonios las sesiones de torturas eran hechas con asesoría de la Fuerza Aérea del Brasil, incluyendo el uso de drogas, tales como pentotal y scopolamina. Entre las formas de tortura se encontraban golpes de todo tipo, golpes eléctricos, vejaciones y violaciones, enterrar objetos punzantes en las uñas, el colgamiento llamado "pau de arará" y la mantención del detenido encapuchado por largo tiempo, durante el cual no se les permitía dormir, comer o beber agua.. Todos los presos al momento de su detención eran asignados un numero y desde ese entonces solos se les referías a través de este. En virtud de su condición de incomunicados, se les mantiene vendados, sentados en una silla, con las rodillas pegadas a una muralla o parados por largos periodos. Además, se sometía a los detenidos a otros malos tratos. Por ejemplo, a muchos de ellos se les colgaba un letrero manuscrito con instrucciones para sus guardias, tales como "sin comida ni agua durante 48 horas", "una comida al día" o "de pie hasta nueva orden". En el testimonio del preso No 17 describe como que después de una sesión de tortura y cuando fue llevado al baño, constato que en su chaqueta había un papel pegado a su espalda que decía: “No17: PARADO - SIN COMIDA - SIN AGUA - SIN HABLAR - SIN DORMIR”. Este era exactamente al régimen que era sometido entre las sesiones de interrogatorios y torturas. Después de los largos procesos de incomunicación (que podían durar días o semanas) dentro del mismo recinto, los presos permanecen detenidos largo tiempo en las celdas construidas en los subterráneos de la AGA, algunos por períodos de hasta diez meses. En casos excepcionales son trasladados a campos de prisioneros o bien liberados. En 1973, el General Bachelet fue mantenido y torturado en este recinto. José Luis Baeza Cruces, actualmente desaparecido, también estuvo allí. Por este caso ha sido citado a declarar Fernando Matthei, a la fecha Director de la AGA. En declaración jurada de un testigo revela la participación directa de Matthei en la tortura de los presos políticos en este recinto: “....ahí pude comprobar que el Coronel Matthei dirigía y seleccionaba a los que tenían que ser torturados e interrogados. Él, junto a un teniente apodado "el loquillo", golpearon a dos prisioneros que estaban de pie y vendados...” Este recinto colinda con el Hospital de la FACH, al que eran llevados los detenidos que habían sido heridos durante la detención o cuya vida peligraba a causa de las torturas. Estas provocan en 1974 la muerte del detenido Alfonso Carreño Díaz, siendo su cadáver trasladado al hospital adyacente. Aparentemente, la AGA deja en enero de 1975 de ser ocupada para estos fines. Algunos de los detenidos son trasladados a la Base Aérea de Colina; otros, a centros secretos de detención y tortura (a Maruri No 650, y a Apoquindo No 3182). Hay también quienes fueron enviados a la Penitenciaría de Santiago (Proceso 80-74), Tres Alamos y Ritoque. Sin embargo, testimonios de algunos arrestados en 1975 aseveran que la AGA siguió siendo por ese entonces un centro de incomunicación, interrogatorio y tortura. Criminales: El general Orlando Gutiérrez Bravo, los comandantes Sergio Lizasoaín, Edgar Ceballos Jones, Jaime Lavín, Juan Bautista González y Humberto Velásquez Estay; los capitanes León Duffey, Juan Carlos Sandoval, Jaime Lemus, Florencio Dublé, Contreras y Fullogher (jefe de guardia permanente); los tenientes Juan Carlos Sandoval, Luis Campos, Matig y Pérez; el sargento Hugo "chuncho" Lizana, el cabo Eduardo Cartagena y el cabo 2º Gabriel Cortés (que se cambió el nombre). Fuentes de Información: Informe Rettig; Libros: “La Represión Política en Chile, los Hechos”; “ De academias y subterráneos”; Memoriayjusticia.cl; Archivo Memoriaviva;
Testimonios: Testimonio de Sergio Lontano Trureo. Sobreviviente de la AGA. Tenía, al 11 de septiembre de 1973, el grado de Cabo 1º: "...los torturadores del Academia de Guerra Aérea eran casi todos de la Especialidad de Aerofotogrametría, tanto oficiales como suboficiales. Pertenecían a los cursos egresados en 1967 y otros posteriores. Estaban directamente bajo el mando del Comandante Otaiza, llamado también el "pata de oso". También se encontraban interrogando los del curso de instructores militares de la Escuela De Especialidades egresados en 1968, el mismo año de mi egreso. Posteriormente, a mediados de 1974, también fui llevado a la Academia de Guerra Aérea desde la Cárcel Pública. Ahí pude comprobar que el Coronel Matthei dirigía y seleccionaba a los que tenían que ser torturados e interrogados. El, junto a un teniente apodado "el loquillo", golpearon a dos prisioneros que estaban de pie y vendados. "El loquillo" también me golpeó con la culata de un fusil. De la AGA fui llevado a la Academia Politécnica por 24 horas, en este trayecto se temía la aplicación de la llamada ley de fuga (ajusticiamiento por la espalda y abandono en algún sitio eriazo). De la APA se me trasladó de nuevo a la AGA, finalmente fui trasladado a la Cárcel Pública".
Para que Nunca Más: (Palabras de querellantes de la FACH; 14 de septiembre de 2003) "..Me corresponde hablar a nombre de los prisioneros civiles que estuvimos internados en la Academia de Guerra Aérea. Quiero decir en primer lugar, que la Academia de Guerra Aérea fue el primer recinto secreto en que los prisioneros fuimos incomunicados y aislados del mundo real, desde los primeros días del golpe de Estado. Permanentemente vendados, imposibilitados de comunicarnos entre los mismos prisioneros, fuimos condenados al silencio y a una vigilancia individual severa, digna de criminales peligrosos. En este recinto se torturó más de un centenar de aviadores y más de 140 civiles. Desde aquí desaparece Alfonso Carreño Días y José Luis Baeza Cruces; también aquí se preparó el asesinato de José Bordaz Paz. Todos hombres y mujeres idealistas que no aceptábamos la implantación de la barbarie sobre el pueblo de Chile. Aquí supimos de los aviadores que nos habían antecedido y que fueron sometidos a los peores tormentos por defender la Constitución y el gobierno legítimo de Chile. Sus propios camaradas de armas se encargaron de humillarlos y vejarlos, rompiendo los códigos y la ética de los hombres de armas. No deja de sorprender cuanta villanía y cuanta bajeza puede esconder el alma humana.Para con nosotros -los civiles- tampoco hubo consideración. La tortura sistemática de los y las prisioneras, la presión sicológica, el secuestro de las familias ara usarlas de rehenes, sin respetar edad ni estado de salud, son muestra elocuente de una ideología fascistoide que impregnaba a la oficialidad a cargo de este centro de tortura. Los oficiales de la Academia de Guerra Aérea: Oteíza, Gamarra, Ceballos Jones, Leigh Guzmán, Campos Poblete, Fuentes Morrison, López López mancillaron para siempre el honor de la Fuerza Aérea de Chile, pues usaron su institución como escudo para cometer todo tipo de ignominias. Otros, como el "Barba" Schneider, Sandra Alarma o Pola Vial, se unieron a ellos en esa misión criminal. Los "valientes" oficiales del Servicio de Inteligencia de la Fuerza Aérea no vacilaron en mantener detenido en este recinto a un niño de 12 años. Si a eso añadimos el saqueo de los bienes de las propiedades allanadas, tenemos ante nuestros ojos personas indignas, incapaces de reivindicar para sí los juramentos que proclamaron frente a nuestra bandera patria. Los hombres y mujeres que fuimos sometidos a crueles tormentos, tuvimos y tenemos nuestra frente en alto, podemos mostrarnos ante la opinión pública sin miedo y con orgullo por habernos opuesto a la implantación de la dictadura en Chile. Ellos, en cambio, sólo pueden ocultarse. Ninguno de ellos, empezando por Pinochet, ha sido capaz de reconocer sus hechos, siempre los han negado y se han ocultado con la cobardía que es la esencia de su comportamiento indigno. Aunque trataron de encubrir sus crímenes, la verdad se supo y hoy enfrentan ante los tribunales a sus víctimas, y sus siniestros manejos se les han devuelto cual boomerang para enjuiciarlos. Verlos hoy día en los careos frente a sus víctimas, en un espectáculo patético, balbuceando que no eran ellos, que no se acuerdan, que ellos no estuvieron. Cuanta diferencia con otra época en la que se disputaban medallas y Grados por haber cumplido las misiones de terror que les fueron encomendadas. La historia ya los ha condenado, todos ellos forman parte de la galería de monstruos que la humanidad repudia. Se ganaron un lugar destacado junto a Eichmann, Mengele o Beria. En la memoria de Chile serán recordados al lado del capitán San Bruno, siniestro oficial español, jefe del regimiento Los Talavera que cumplió misión idéntica a ellos, pero al servicio del rey de España y en contra de los patriotas. Nosotros, los militantes antidictatoriales, formamos parte de nuestra historia patria en otro lugar, en el lugar de la dignidad, encabezados por el presidente Salvador Allende, a quien hoy día Chile ha colocado en un sitial de privilegio de nuestra historia republicana. Su gesto patriótico de defensa de la democracia y de la dignidad del pueblo y de su cargo ya ha sido reconocido por la humanidad entera. Tan sólo unos pocos, sus enemigos, osan aún escupir sobre su cadáver, pero estos últimos tienen su lugar en la historia junto a los criminales que hemos venido a denunciar. Los Longueira, los Zaldívar, los Jarpa, se confunden con los Merino, los Pinochet o los Leigh. Nosotros formamos parte del contingente más esclarecido de nuestro pueblo que no aceptó ni acepta compromisos en contra de las clases populares. Nosotros nos sentimos orgullosos de pertenecer a las grandes mayorías nacionales y somos, antes que nada, luchadores por una sociedad mejor, más humana, más democrática, más igualitaria, centrada en el individuo y sus potencialidades. Estamos en contra de los modelos que pretenden imponer una masa de consumidores al servicio de un mercado donde parecieran intercambiarse bienes y servicios, pero que en realidad intercambian seres humanos cual modernos esclavos al servicio del capital. Y si hoy estamos aquí es porque en esta lucha por una democracia verdadera, por una sociedad mejor, precisamos que se haga justicia y se castigue a los culpables, pues todos ellos son una amenaza para la democracia. No podemos mantener a los asesinos circulando libres por las calles de Chile, gracias a unas leyes de amarre que condicionan el tránsito a la democracia plena, tránsito que perdura desde 1989, y gracias a las cuales, los asesinos han disfrutado de la mayor impunidad. Quiero rendir un sentido homenaje a Alamiro Guzman, fallecido hace unos días, compañero en la querella contra SIFA, quien tuvo el coraje de enfrentarse cara a cara con sus torturadores, exigiendo que el Estado reconozca la tortura como una acción masiva, planificada e institucional. Finalmente, quiero decir que es la hora de la justicia y llamo a todos a participar en las querellas que hemos abierto en contra de los criminales y continuar nuestra lucha hasta verlos condenados a presidio perpetuo, única pena que puede aliviar mínimamente los sufrimientos que hemos padecido nosotros, nuestros seres queridos y el alma de nuestro pueblo. Para que nunca más los asesinos puedan caminar libremente por las calles. |
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